Hola, bueno siento el retraso pero es que mis amigas me han raptado toda la semana yendo pa un lao y pa otro
Hada: Todas pensais lo mismo de Boromir :P, en este capitulo cambia radicalmente, te va a sorprender.No te gusta Legolas:O, creo q eres de las únicas xD, bueno espero que sigas leyendo que me alegra :D
Amazona Verde: Jaja, Faramir, quien sabe, a lo mejos lo meto mas adelante :D, a ver que me dices del comportamiento de Boromir en este capitulo ;)
Litel Gandalf: En la fiesta te vas a reir mucho, espero hacer más peleas así de interesantes mas adelante :D
Andraya TheLat: Jaja, yo tambien me quiero desmayas asi :P, sobre Boromir, veras que se va a hacer un grupo muy interesante. Solo digo una cosa Pisom-Boromir-Gimli, imaginate
Ely-Chan: Hola Ghani! xD A veces me parece que me habla la misma Pisom :P, lo comprendes todito. Ebony e Ivory, casi se puede decir q es negro y blanco, en el proximo capitulo tienen mas protagonismo y veras lo que significan. Pisom es una máquina peleando :D como lo comprobó Boromir y en la fiesta te vas a reir con ellos y Gimli, lastima q no hay cerveza, pero tienen vino, ya veras :P Sobre Legolas, ya lo dije en el anterior, pasará mucho tiempo para que tengan algo, entre medio puede haber otro xD
CAPITULO 9. LA FIESTA Y EL CONCILIO
Me estoy acostumbrando a llevar trajes. Dos días que llevo fuera de la celda y dos trajes que he usado, muy bonitos.
Arwen no se había quedado atrás con su vestido. Era de color blanco, como su piel, haciendo contraste con su pelo negro. Su traje dejaba los hombros al descubierto también, pero tenía mangas que nacían a medio brazo. No tenía escote ni la espalda al aire, lo que si tenía era una gran abertura que empezaba en el muslo derecho. En conclusión, bonito.
- Estás muy guapa Arwen, pero el mío es más mono.
- Claro Nayra, lo que pasa es que tu no tienes a un padre controlándote como vistes. Nada más hay que ver como vistes para pelear, si no acabas con tus enemigos los matas con tu cuerpo mientras te miran embobados.
- ¿De verdad? – pregunté curiosa -. Es lo más cómodo para luchar. Pero ahora que lo pienso, a más de uno los he ganado sin que ellos se movieran porque me estaban mirando fijamente.
Las dos nos echamos a reír. No me había dado cuenta, pero lo que decía Arwen era verdad, aunque sólo con algunos, porque ayer no pareció servir de mucho.
- ¿Estará Boromir en pie ya? – pregunté cuando estábamos bajando por las escaleras hacia la entrada de la casa.
- No lo se. No vi el golpe que le diste para saber cuanto tiempo estará inconsciente.
En el comedor no había prácticamente nada de gente, algo extraño. En la mesa principal estaban Gandalf con Frodo, un poco más alejados estaban Aragorn y Legolas hablando.
- ¿Dónde está la gente? – pregunté cuando llegué con Gandalf, Arwen se había ido con Aragorn.
- Estamos mandando a la gente al jardín – sonrisa -. Hace un buen día para hacer una fiesta el aire libre.
- Elrond los está recibiendo afuera – siguió Frodo.
- Lo bueno de esta fiesta – habló Gandalf como si estuviera pensando en voz alta -, es que si se alarga mucho y se oscurece demasiado – hizo una pausa y me miró -, tenemos a una antorcha que nos iluminará.
- ¡Gandalf! – le grité enojada. Aragorn, Arwen y Legolas nos miraron -. A veces pienso que nada más me quieres para divertirte burlándote de mi.
- Claro que no – dijo abrazándome y tratándome como un bebé -. Imagina la noche que bonita sería si iluminaras con unas cuantas bolitas el ambiente – siguió molestando.
Aunque lo hacía en broma, para seguirle el juego me hice la enfadada y salí del comedor en dirección al jardín. Tras de mi escuchaba alguna risa y no pude aguantar la sonrisa que salió en mi cara, aunque no volví con ellos.
Cuando llegué a las puertas del comedor choqué con alguien que estaba entrando.
- Vaya – levanté la cabeza, era Boromir quien hablaba -. Mira quien está aquí.
Las risas al final de la sala se apagaron. Volví la cabeza y los vi a todos muy serios. Aragorn y Legolas estaban atentos, parecía que en cualquier momento iban a venir corriendo.
- La primera mujer que logra ganarme – siguió Boromir haciendo que lo mirara de nuevo. Tensión en el aire -. Incluso, la primera en dejarme inconsciente. Ni un hombre lo había logrado.
Más tensión. Boromir estaba con los hombres que habían venido desde Gondor con él, si intentaba hacer algo, seguro que contra todos lo iba a tener un poco difícil. Pero para mi asombro, Boromir se arrodilló, cogió mi mano y la besó.
- Tienes todo mi respeto – dijo cuando se levantó -. Perdona mi comportamiento en la pelea, no se que me pasó, cuando me tumbaste la primera vez sentí que algo entraba en mí y ya no sabía lo que hacía, sólo sentía un extraño frío.
Volví a mirar a las personas al final del comedor, Gandalf de nuevo con su sonrisa, Frodo con la boca abierta, al igual que Arwen. Aragorn había relajado el cuerpo y tenía una media sonrisa mientras que Legolas fulminaba a Boromir con la mirada. Parece que no mintió cuando dijo que no le caía bien.
- Boromir – dijo Gandalf alzando la voz para que lo oyera -, la fiesta se ha trasladado al jardín.
El gondorita afirmó con la cabeza hacia Gandalf y luego me miró a mi. Nada de arrogancia en sus ojos. Para mi asombro me alzó el brazo como hizo Legolas tiempo atrás.
- ¿Me permite acompañarla al jardín? – preguntó caballerosamente.
Todo me pilló por sorpresa. La pregunta me había dejado estática, no imaginaba este comportamiento. Todo era confuso.
Sin darme cuenta, Boromir había pasado su brazo por el mío, cogiéndolo, y cuando reaccioné ya estaba de camino al jardín.
El tiempo pasaba, y yo, aquí me encuentro bailando estos raros bailes élficos con Boromir. No se como, pero extrañamente nos hemos hechos muy buenos amigos entre beber y bailar, aunque de vez en cuando nos lanzamos miradas que matan cuando nos pisamos.
Los elfos nos miran un poco entre raros y divertidos. Imagino que será normal. Ver a dos personas, que no tienen ni idea de sus bailes, intentar bailarlos sin parar de reír.
En toda la noche he notado la mirada de Legolas clavada en mi, y creo que después, aprovechando un poco mi estado de beber tanto vino, le diré unas cuantas cosas.
Sigo bailando, Boromir ya está cansado, pero sin dejar de reír me haces señas para salir de la pista de baile. Decepcionada por durar tan poco el hombre, nos dirigimos a la mesa de bebidas.
Busco la botella de vino. Un misterio.
- Si antes estaba la botella aquí – digo intentando poner cara de confundida, pero la risa no me deja -. ¿Por qué ahora no está?
- Será porque la tengo yo – dijo alguien detrás nuestra.
El propietario de esa voz, para nuestra alegría, no era otro que Gimli. Riendo ante esa maravillosa respuesta por encontrar nuestra botella, Boromir coge tres copas y Gimli les sirve vino.
- Por la joven señorita – dijo Gimli levantando su copa. Un brindis sin duda.
- ¡Eso! – siguió Boromir, quien se estaba yendo hacia un lado -, por esta diosa que está entre nosotros – continuó tras equilibrarse.
Yo sólo reía, hasta estuve a punto de tirarme la copa encima. Con mucho esfuerzo, para que chocaran las tres copas a la vez, brindamos. Todo de golpe, como si fueran chupitos.
- Ahora con las baterías repuestas – dejo la copa en la mesa -, prosigamos bailando.
- Me temo que no – negó Boromir apoyándose en mi hombro -. Ya no se ni donde estoy. ¿Por qué no bailas mejor con el señor enano? Yo creo que me retiraré al dormitorio.
Mis ojos se iluminaron por un momento, los de Gimli sin embargo, se abrieron como platos. Antes de que el enano se me fuera de campo de visión, que era pequeño y difuso, lo cogí por el brazo y lo llevé a la pista de baile con quejidos de parte de Gimli.
Llegamos a la pista y lo miro antes de soltarlo. Más risas de parte mía. Al pobre lo había cogido por la barba, y yo que creía que era el brazo.
- Lo siento señor enano – dije sin parar de reír -, le confundí su gran barba con el brazo.
A mi alrededor rieron personas, ni les eché cuenta. El enano, como yo, no paraba de reír, parece que tiene una copa de más ya.
La música empezó de nuevo y mi pareja alzó los brazos para bailar con cara de serio.
- Veo que no va a bailar al estilo de los elfos – dije serenándome y seria. El enano negó rotundamente con la cabeza y estuvo a punto de caer a un lado -, pero hay un problema, no llega a mi altura.
Gimli empezó a reírse a carcajada suelta, yo caí al suelo de la risa, después me acompañó el enano también.
Al final no bailé con el enano, pero nos fuimos a por otro trago a la mesa, que estaba más lejos de lo que me acordaba. Otra vez, la botella no estaba.
- ¿Qué demonios...? Gimli saca la botella.
- Siento desilusionarla, pero yo no la tengo.
- La tengo yo – dijo Aragorn que sorprendentemente estaba a mi lado.
- Dameee - quitó la botella de mi alcance
- Lo siento Pisom –dijo serio -, pero ya has bebido bastante.
- Jo¿dónde está Boromir cuando lo necesito?
- Hagamos un trato – dijo Arwen que apareció de la nada igual que Aragorn – Consigue bailar un baile entero con quien quieras, si lo logras, te damos la botella.
- Eso es injusto – saltó Gimli -. No va a durar ni medio baile.
Pero yo lo tenía decidido, aceptaría y conseguiría la botella y
- Acepto.
En la pista de baile se estaban yendo los elfos, ya era demasiada entrada la noche y no se veía nada, pero yo quería seguir con la fiesta. Todo se iluminó en el momento, por encima de las cabezas aparecieron mis mágicas bolitas.
- ¡Sigue la fiesta! – grité -. Vamos Aragorn te tocó.
Aragorn me echó una mirada de ¿Qué? Estas loca ´. Miró a Arwen con una mirada de súplica pero no obtuvo ayuda porque lo arrastré a la pista, que casualmente tenía una melodía romántica.
Me abracé a Aragorn, aunque más que un abrazo estaba literalmente sujetada por él, sino, estaría en el suelo.
Intentaba mantener la risa, pero las rodillas no me ayudaban. Se me doblaban solas y me hacía gracia.
- Vamos chiquilla – gritó Gimli no se desde donde -. A por la botella.
Este baile consistía en dar vueltas por la pista, me estaba mareando. Cuando íbamos por la mitad de la canción, o lo que yo creía, tropecé con el pié de Aragorn, y aunque no me caí, desató mi risa, la que finalmente sí me tiró al suelo.
Empecé a reír y a reír. Pensé que no iba a poder parar. Aragorn me levantó del suelo, pero otra vez caí por la risa. Ni si quiera podía abrir los ojos y tampoco oía mucho entre mi risa y la de Gimli.
Alguien me cogió en brazos y me sacó de la pista, yo seguía riendo.
- ¿Dónde me llevas Aragorn? Le pregunté secándome las lágrimas de los ojos.
Aragorn no respondió.
Miré el camino por donde me estaban llevando, era el camino hacia la cascada de los niños.
- A estas horas los niños tendrán una pulmonía encima – pensé en alto. Que comentario más gracioso para mi gusto. Otra vez empecé a reír sola.
De pronto, tras un doloroso momento me encontré sentada en el suelo. Aragorn me había soltado de los brazos y me había dejado caer. Algo doloroso para mi trasero.
- ¿Qué te pasa? – pregunté intentando enfocar la cara de él.
- ¿Qué es lo que te pasa a ti? – contestó algo raro.
- Esa no es la voz de Aragorn – murmuré -, ni tiene el pelo rubio – continué cuando logré identificar el color rubio en la cabeza de aquella persona – Jaja, alguien me ha raptado y no se quien es.
Estuve a punto de mearme encima, y es que tanta bebida y tanta risa es lo que tienen, pero yo lo veía divertidísimo.
- Ay, la naturaleza me llama – dije poniéndome de pie y dirigiéndome hacia los arbustos.
Escuche un suspiro de la persona que estaba conmigo y lo vi sentarse en algo que no vi muy bien lo que era.
- No deberías beber más – me habló el rubio cuando regresé de hacer mis necesidades -. Mira como estás, no tienes responsabilidad.
- ¿Eres acaso mi padre? – pregunté molesta – por que si es así te felicito, encontraste la manera de tener cuerpo.
- ¿Qué? – preguntó extrañado el rubio. Recordé que mi padre nunca enseña su cuerpo ni su cara, siempre estaba con su armadura.
- Me gustaría saber – contuve la risa - ¿quién eres?
- Legolas.
- Leggy – salté encima abrazándolo – no estabas en la fiesta. No te vi para sacarte a bailar.
- Si estaba – dijo quitándome de encima – tú eras la que no veía. Tomaste demasiado.
- Venga ya, te pareces a los padres que están todo el día vigilando a sus hijos. Como mi padre, que seguro tiene el ojo aquí – dije mosqueada otra vez-. El ojo... porque sólo tiene uno – murmuré, otra vez a reír.
Legolas se estaba desesperando. Se puso en pie y se acercó al río .Yo me acordé que tenía que hablar con él.
- Tengo algo que decirte – dije caminando hacia él con el dedo en alto intentando apuntarle al pecho, aunque para mi parecer, el elfo se estaba moviendo -. Me incomoda que estés todo el día mirándome y vigilando lo que hago. Ni que fueras familia mía o mi novio o mi marido para controlarme.
La mirada que me echó Legolas no me gustó. Se había molestado. Pero si yo no le dije nada malo. Su mirada estaba fija mirando a mis ojos, por un momento me parecieron de hielo y me acordé de esos ojos. Un escalofrío me atravesó.
- Sólo me preocupo por ti – soltó mordazmente.
- Yo soy libre – dije dando vueltas sobre mi, aunque paré porque me mareé demasiado -. Desde que no estoy con mi padre soy libre de hacer lo que quiero.
De nuevo otra mirada rara de parte de Legolas.
- Tú deberías de hacer lo mismo – dije más hablando conmigo que con él -, aprovecha que no estás con tu padre y disfruta, no dejes que te manipulen, como creo que hizo conmigo.
- Pues entonces yo soy libre de hacer esto – miré a Legolas, se estaba acercando a mi, y no con cara de buenos amigos.
Legolas me cogió en brazos y me lanzó al agua del río, que estaba helada. Luego empezó a caminar de regreso a la fiesta mientras murmuraba:
- Yo soy libre dice, claro que me preocupo¿y quién no, pero ya no te digo más nada. ¿ME OYES? – gritó -, YA NO ME PREOCUPARÉ MÁS POR TI.
- ESTÚPIDO – le grité yo toda mojada desde la orilla – ESTA ME LA COBRAS.
Legolas no volvió a hablar, pero si me agitó la mano sin volverse mientas seguía caminando con los puños cerrados.
El baño me había despertado de golpe. Estaba furiosa, ya nada me parecía gracioso. Mojada, me encaminé a mi habitación muy enfadada.
La fiesta ya había acabado, no había nadie en el lugar donde se estaba haciendo y el fuego ya se había consumido mucho dejando el lugar siniestro.
A oscuras entré en la casa y avancé por los pasillos. Ahora me sentía cansada. Nada más llegué a mi habitación me quité el vestido y la ropa interior que estaban chorreando. Sin molestarme en ponerme algo me metí en la cama. Sin darme cuenta me dormí.
Me atreví a abrir uno de mis verdes ojos. La abundante luz hizo que lo cerrara al momento. Me llevé una mano para taparme los ojos, la luz me ciega aún con ellos cerrados.
La mano no fue lo único que llegó, junto a ella vino un terrible dolor de cabeza también. ¿Hubo fiesta anoche?.
A ciegas, no porque estuviera oscuro, porque luz era lo que más había, logré llegar al baño con los ojos cerrados, lo primero que vi es que estaba desnuda y otro dolor, esta vez en la garganta, me empezaba a molestar.
En el baño, la tina estaba preparada para un baño, que momentos después, averigüé que ya llevaba demasiado tiempo. Estaba completamente helada.
Con lo habilidosa que soy, con un poquito de calor la puse a mi gusto y me metí sin preocupaciones. Eché algo en falta.
Demasiado silencio. Ni siquiera Ghiki estaba en la habitación, aunque ese mono ya me cambió por Frodo, pero aún así, no se oye ninguna voz por los pasillos.
- Me parece que me voy a pasar el día entero de relajación – digo después de estar una media hora en el agua -. Y ahora, a comer.
Regresé a la habitación y me vestí con mis desgastadas ropas. Por la ventana pude apreciar que ya era mediodía, dentro de poco será la hora de almorzar, pero yo tengo mucha hambre y no voy a soportar hasta entonces.
Caminé por los pasillos hacia el comedor, ni siquiera vi a un sirviente caminando o a cualquier elfo paseando. Cuando estaba cerca del comedor por fin, delante de la entrada, logré ver a varias elfas en los jardines comentando algo, que por lo que vi, debía ser demasiado gracioso por la manera en que se reían.
Entré en el comedor, no había mucha gente, está claro que por que no es la hora de la comida todavía. En una rápida mirada, capté que no había ningún pez gordo de ninguna de las razas. Sólo habían simples elfos.
En la mesa principal estaba Arwen con cara de aburrimiento mientras miraba una manzana y de vez en cuando le daba un mordisco.
- ¿Y ese aburrimiento? – pregunté cuando me senté a su lado sin que se diera cuenta.
Arwen se sobresaltó levemente. Su mirada era sorprendida, pero después se transformó en una de confusión.
- Tengo un hambre espantosa – continué yo cogiendo una manzana también –. Tuve que abandonar el debate que estaba presenciando – comenté recordando el dilema que tuve en la bañare con mi estómago. ¿Bajar a comer o no bajar, se estaba tan rico en el agua.
- ¿Saliste del debate sólo para venir a comer? – más que preguntar, exclamó. Parecía muy muy sorprendida.
- Claro, llevaba ya media hora, tenía hambre – continué confusa por la reacción.
- A mi padre le tuvo que dar algo – murmuró Arwen, pera claramente yo la escuché perfectamente.
- ¿A tu padre, que me importa lo que piense tu padre.
- Pues deberías, el debate era muy importante – dijo muy seria -, que dijeron mientras estuviste allí?
- Nada, media hora en vano depende de cómo se mire – dije sonriendo -, mi cuerpo lo agradeció, pero mi estómago me estaba matando.
Arwen me miró de forma rara. ¿Qué le pasaba, la verdad es que sus preguntas eran un poco rara¿por que le daba tanta importancia a mi debate de placer y comer?
- Allá tú – dijo cuando cogí una segunda manzana -, pero lo que ellos están debatiendo es muy importante. Me extraña que Gandalf te dejara salir del consejo para comer.
Me atraganté con el mordisco que le pegué a la manzana¿consejo¿era hoy?.
Arwen me miró sorprendida por la expresión que tomó mi cara, por la seguridad que lo había dicho y la poco gente que había..., todo encajaba, el consejo era hoy y yo llegaba tarde.
Manzana en mano salí corriendo hacia los patios de la casa donde me había dicho Gandalf que iba a ser la reunión.
Llegué al lugar y me situé al lado de un árbol para recuperar la respiración, todos estaban en silencio viendo a Frodo que estaba de pie con Ghiki en la cabeza.
- Iré contigo siempre y cuando seas tú el que lo cargue – dijo Gandalf poniéndose al lado de Frodo.
¿A dónde iban, la verdad es que no sabía de lo que estaban hablando y estaba un poco desorientada. Cuando volví a mirar hacia Frodo estaba en compañía de Sam también.
- ... cuentas con mi espada – logré escuchar a Aragorn.
- Y con mi arco – continuó Legolas. No se porqué pero ahora odio a ese elfo¿que habrá pasado ayer? Ahora que lo pienso, no recuerdo mucho.
- No dejaré que un elfo se luzca en la compañía – refunfuñó Gimli levantándose -. Chico, cuentas con mi hacha.
Parecía que iban a hacer una expedición o algo, así que decidí entrar en acción.
- Muchacho, no dejaré que te lleves a mi mono sin saber si eres lo suficientemente capaz para cuidarlo – dije caminando hacia ellos -, cuentas con mis cuchillas.
Todos me miraban sorprendidos. Gandalf con una sonrisa, como siempre, y a Frodo se le veía feliz. ¿Será por que voy con ellos a no sé donde?
- ¡Eso es! – exclamó Gimli alegremente -,me divertiré como ayer si tú vienes conmigo.
- ¿Cómo ayer? – pregunté confusa. A la mente me vinieron fragmentos de lo que imagino sería lo que pasó ayer.
Yo bailando con Boromir, yo bebiendo, yo bailando otra vez, yo bebiendo con Gimli, bailando con él, con Aragorn. ¿Bailé con Aragorn?
- Con ustedes dos está claro que no me aburriré – comentó Boromir acercándose al grupo con una sonrisa pícara -. Mediano, tú cargas con nuestros destinos.
Boromir se puso al lado mía y me pasó un brazo por mis hombros. ¿De dónde son estas confianzas?. Como un reflejo, miré a Legolas, el cual, me estaba matando con la mirada. ¿Y a este que le pasa?
- ¡Nosotros también vamos! – gritaron al unísimo Merry y Pippin saliendo de unos arbustos cerca de donde estaba yo.
- Vaya – exclamó Elrond -. Parece que no os va a faltar diversión – comentó mirándome, sentí que se estaba riendo por dentro y lo miré ceñuda, lo que hizo que su risa apareciera en el aire -. Recordad que no es una misión para divertirse – siguió cuando paró de reír -, es una misión muy seria, y por el bien de la Tierra Media, espero que la llevéis a cavo.
- Y ¿a dónde vamos? – preguntó desconcertado Pippin. No recibió respuesta porque todo el mundo se echó a reír.
- Parece que no escuchaste nada Pippin – lo regañó Merry.
- Vamos a Mordor – contestó Gandalf por fin.
- ¡QUÉ? – grité yo.
Espero que os guste, estoy trabajando en el siguiente capitulo y la verdad es que se me fue un poco la inspiracion, pero da igual, la semana que viene lo tendreis puesto :D Besos!
GHiKi
