HOUSE MD: "LOS DIEZ MANDAMIENTOS"
¡¡¡AVISO!!!:No sé muy bien la calificación que debería este capítulo , o si debería cambiarsela a todo el fic conforme a las reglas establecidas en la web. Particularmente, creo que no. Supongo que ya adivinais por el título el contenido. Aunque no hay lenguaje escandaloso ni nada por el estilo, el argumento es el que es. Lo digo para no pillarme los dedos ni herir susceptibilidades. En cualquier caso, para algo existe la supervisión paterna.
Advertir también que es un tres en uno. Es decir, desarrollado en tres partes integradas en la misma temática pero diferentes y que no me ha sido posible justficar el documento.
CAPíTULO 9 (TRÍPTICO): "No cometerás actos ni pensamientos impuros"
PRIMERA PARTE HUDDY 1/3 (para Lentejoncita, Anne, Eli y Mariana)
Oyó la puerta tras de sí y no supo qué hacer. Bajó las escaleras despacio, para no caerse y porque segundos antes comprobó, envuelto en el miedo, que ella seguía erguida, alargando sus músculos, su esqueleto, para volver a buscar sus labios. Con el paso del tiempo, había aprendido cuándo debía parar. Ése fue el momento. Se preguntó si el constante desear no lo estaría volviendo loco. Todo podía ser. Arrancó su moto, acelerando para escaparse de ella y también de esa sensación asfixiante y placentera que le hacía feliz y desgraciado. No era un sentimiento nuevo. Bien lo sabía él. Desde que podía recordar, sus relaciones con las mujeres siempre se basaban en tres premisas, a cual más descabellada:
La primera, añorar lo que fue
§[FLASHBACK : "- ¡¡¡Pecaaaaaaaas!!!!!!!! ¡¡¡¡Pecaaaaaaaas!!! - gritó nada más verla
- Larguirucho...- farfulló Lisa
- ¿No quieres almorzar conmigo, pecas? - inquirió él.
- Tengo planes...- desveló haciéndose la interesante
- Ah ya, el listillo que te estaba comiendo la boca hace un rato – dijo sacando sus conclusiones.
- El mismo...- admitió la chica con un tonillo cantarín muy divertido.
- ¿Te lo ha hecho ya? – interrogó Greg sin más preámbulos.
- Sí.- se limitó a contestar.
-¿Y qué tal? – indagó intrigado.
- A ti te lo voy a contar – dijo, dejándole con las ganas mientras se daba la vuelta para irse.
Le faltó el tiempo para poner en marcha una pseudo agencia del amor en el campus.
- Hola, ¿eres Luigi, verdad?
- Sí, y tú House. Lisa ya me dijo que posarías tus tentáculos sobre mi cabeza.
- Las noticias vuelan.
- Las respuestas correctas son, y toma nota, para que te quede claro, si, no, sí, no, sí, no.
- ¿Podrías darme también los resultados para la quiniela de esta semana?
[…]
- SÍ me besó y, aunque NO es mi novio, cuando me invitó a cenar le dije que SÍ. NO nos acostamos pero SÍ me hizo un capuchino – resumió Lisa.
- Mira qué majo...Falta una...¿A que NO piensas repetir?
- No lo tengo claro
- Pues es una pena...A lo mejor es el chico de tu vida
- No creo...
- Yo tampoco...En todo caso, creo que es tu sino – aseguró haciendo un ingenioso juego de palabras.
[…]
No hizo falta un milagro para que Luigi Marchello y Gregory House se convirtieran en compañeros de póquer. Lisa compartía apartamento con otra joven, que sí resultó ser la novia formal del italoamericano y que ayudaba a su amiga a preparar la presentación de su tesis. Mientras las dos chicas trabajaban sin descanso, los hombres disfrutaban de noches interminables, en las que el fútbol se acompañaba con regueros de cerveza y cigarrillos, no precisamente de tabaco.
[…]
- He bebido demasiado…No quiero que saques ventaja de la situación – aclaró ella, viendo que se había puesto en plan mimoso.
- Demasiado tarde, pecas – dictaminó él, acorralándola con sus brazos.
- ¿Es lo que buscas? – interpeló retórica mientras hundía su cara en la de él
- Es lo que siempre hemos buscado – aseguró Greg –, y yo encontré esto – dijo, mostrándole la ropa interior que la acababa de quitar.
- ¿No te parece que vas demasiado rápido? – replicó más cautelosa de lo que la situación podía requerir.
- No necesito verte para ponerte a tono, date la vuelta – ordenó el médico sin responder a las dudas de su pareja
Estaba en lo cierto. Se hicieron un reconocimiento a ciegas. Para ella, la primera visión fue la pared monocromática de la habitación del estudio que él tenía en los aledaños de la Johns Hopkins. Suspiró. Realmente, había esperado esta situación desde que le conoció en Michigan, cuando era apenas una recién llegada y él estaba por terminar su formación.
Se quedó prendado de sus sandalias.
- ¿Dónde has comprado eso? ¿Se las mangaste a Janis Joplin (1) de la tumba? – cotilleó, sin ni siquiera preguntar su nombre
- No.
- La época hippie pasó, pecas. Estamos ya en otra Era – dijo impertinente, burlándose de ella.
- Porque tú lo digas. Y no me llamo pecas. Mi nombre es Lisa.
- Yo soy House
- Ya lo sé. Gregory.
- Encantado de conocerte, pecas.
- Ya veremos.
[...]
Pero ahora estaba en un cuartito pequeño, en un modesto piso al Este de Baltimore, completamente desnuda y con una sombra pidiendo paso a su espalda. Un alguien que era un desconocido, que podía ser cualquiera. Al fin y al cabo, seguía sin verle el rostro.
Lo sabía. No le había dado el cambiazo aprovechando su oscuridad impuesta. Era él. La persona que ella quería. Reconoció sus dedos. Los que tantas veces había admirado deslizarse entre las teclas del piano, cuando ambos se colaban a hurtadillas en el salón de actos para profanar, en un tête à tête, el imponente Steinway & Sons (2) que dormía aburrido en una esquina destacada de la tarima principal. Esos mismos que estaban procesionando como diez penitentes por su cuello y a lo largo de toda su columna vertebral. Llevándola inexorablemente al borde de un precipicio de feroces dimensiones.
Clamoroso temblor. Agitación extrema que se hace más evidente cuando da un paso al frente, obligándola a separar las piernas lo suficiente como para que sus cuatro peanas se planten alineadas, en una disciplinada fila. Escalofrío en su piel al notar su boca lamiendo su oreja derecha, mientras sus manos le abarcaban la pechera, troquelándola exigentes y, sin detenerse, bajaban dispuestas a hacer noche en el andén de su ombligo.
Pensó que continuaría su incesante peregrinar y vio la gallina en sus carnes. Pero no. De repente, tomó su diestra por la muñeca y la condujo hacia atrás. Hacia el lugar más prohibido, el punto de partida. Kilómetro cero situado entre las ingles de su guerrero. Capturó su presente al tiempo que le oía exhalar un gemido. A pesar de su creciente inquietud, pudo seguir acariciándola y, al poco, la dejó bien claro que también tendría que ser ella quien se procurara su sustento. Que nada conseguiría si no ponía todo su empeño en el interés. Para que no hubiera lugar a dudas, determinó ocupar también su palma izquierda perdiéndola hasta el fondo en una anatomía. La suya propia. Excitándole y excitándose a la par.
- Te lo dije. No necesito verte para llevarte al éxtasis – dijo en un sofocado susurro, sintiendo como la sangre secaba su cerebro y emigraba a otra estación -. Ni tú tampoco a mí.
- ¿Vas a seguir? – preguntó, porque no estaba muy segura de lo que pretendía - . Preferiría que entraras por la puerta principal, deja la otra para los ladrones – sugirió con toda la intención.
- A ver si te crees que tienes ahí la cueva de Ali Babá…(3)-musitó él arrullándola el trasero.
- Compruébalo de una vez…- le incitó completamente dispuesta.
- Lo haré. Aunque sé que, a éstas alturas, ya no hay tesoro ni nada que pueda robarte – declaró cuando se aseguró de que no le quedaban motivos para hacerse de rogar.
- Nada – repitió ella-. Excepto mi alma.
- Pues…¡¡¡Ábrete Sésamo!!! – ordenó diciendo las palabras mágicas.
Y en ese instante, la agarró por los hombros, girándola 180º sobre su eje, para hacerla suya por derecho."]§
(1) Mítica cantante de rock norteamericana ( 1943-1970), que alcanzó su mayor éxito póstumamente.
(2) Marca de pianos
(3) Personaje de uno de los cuentos de "Las Mil y Una Noches".
