NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRBIENDO ESTAS HISTORIAS.
Curioso me quedó este capítulo, que es más de relleno, aunque ambienta mejor la situación de la historia. En el próximo, comenzarán los problemas.
Revisión de Respuestas:
NisseBlack: imagínate a un Aang de once años, más cachetón, sonrojado ¡Da más ternura! ^^
VvalexX: Muchísimas gracias =
Valee: gracias, lamento si dejo mucho suspenso, pero así es como va la trama.
Lizmi: opino lo mismo... ya verás como se le complica la vida en los próximos capítulos a la maestra.
Capitulo 9.
Con las manos sobre las caderas, Suki caminaba de un lado al otro, el rostro crispado de pánico. Zuko, sentado en una silla al fondo de la habitación, la miraba nerviosamente mientras Mai intentaba calmar a su marido poniendo su mano sobre la rodilla de él. Toph estaba cerca, parada con los ojos cerrados, más pensativa de lo normal.
Todos rodeaban a Aang, quien estaba sentado en posición de loto, con el collar de Katara (el que fue de su madre) en sus manos. Los tatuajes del Avatar resplandecían, como lo hacían cuando estaba en el Mundo de los Espíritus.
Esporádicamente, los tatuajes brillaron con mayor intensidad, todos voltearon para verlo y comprobaron que Aang estaba regresando, el brillo quedó opacado y pronto, Aang abrió los ojos. Estrechó el collar en sus manos.
-¿Qué pasó?—inquirió Suki, con una voz desesperadísima—Aang ¡¿Qué pasó?
El joven sacudió ligeramente la cabeza, como si acomodara sus ideas. Se paró lentamente antes de mirar de frente a todos; no había persona que no tuviera su mirada posada en él.
-La vi—dijo entonces—Pero muy poco. No pude detectar dónde estaba… creo que Katara estaba haciendo también un viaje al Mundo de los Espíritus, que poco le duró.
-¿Y qué hay de los recuerdos? ¿Siguen por ahí?—preguntó Toph.
-Muchos—contestó—Tengo borrosas memorias de Katara mostrándome si Agua-Control, y Sokka su dominio de la espada.
-¿Crees entonces que viajaron al pasado?
-No estoy seguro—Aang bajó la mirada—Le pregunté a Roku y él mismo me confirmó que era factible… pero complicado a la vez.
-¿No puedes viajar tú al pasado?—La voz de Zuko sonaba algo desesperada—Así acabaríamos con todo el problema.
-Pregunté sobre eso, como Roku no sabía tuve que preguntarle al Avatar Yangchen. Y ella me dijo que es casi imposible.
-¿Por qué sería imposible? ¡Si Sokka y Katara fueron al pasado! ¿Por qué tu no?
-¡No lo sé, bien!—colapsó, estaba ya algo enojado como para mantener la calma—Ni mis vidas pasadas entiendes del todo cómo es que Katara y Sokka fueron al pasado. Es probable que algún espíritu sepa, pero encontrarlo será complicado.
-¿Qué espíritu?
-Un espíritu llamado Gio-Ra. Se supone que es el espíritu protector del tiempo.
-¿Puedes contactarlo?
-Recen por que sí—suspiró—Pero más tarde, estoy cansadísimo.
-¿Qué? ¿Por qué no ahora?
-Por que al menos quisiera comer algo—replicó, cruzando la puerta sin esperar respuesta alguna.
Lejos de ir a la cocina, Aang fue a la habitación de Usagui. Su hija estaba jugando muy entretenida con una muñeca; sus primas, dormidas en la cama.
-¡Papá!—le llamó, corriendo para abrazarlo.
Aang recibió a su hija, cargándola y abrazándola fuertemente, sin dejar de besar sus mejillas. Usagui recibió esos gestos, pero como cualquier niña inquieta, los despreció tras un rato para que su padre la bajara y así seguir jugando.
-¿Mamá vendrá ya pronto?—preguntó de repente.
-Claro tesoro. Ella vendrá, pero tardará un poco más.
Súbitamente la niña se puso triste.
-La extraño mucho… se ha tardado más de lo que dijo… ¡Quiedo ver a mamá!
Al ver sollozar a su hija, inmediatamente la consoló abrazándola.
-No tesoro, no llores. Mamá vendrá, pero como hay mal tiempo en el norte, su barco navega lento…
-Pediré a los espíritus que llegue pronto.
El Avatar solo pudo sonreír ante la inocencia de su hija.
-Como quieras, amor.
Besó la frente de Usagui antes de cargarla para recostarla en su cama. Era ya de noche y la niña debía dormir. Aang estaba triste y angustiado. No sabía cómo traer a Katara del pasado—si es que en verdad estaba allá—ni tampoco a Sokka. Mai y Mei estaban dormidas en la cama de al lado, por lo que Aang pudo verlas mientras le cantaba a Usagui para que durmiera.
¿Qué harían esos tres angelitos si perdían repentinamente, unas a su padre, la otra a su madre? No podía imaginárselo. Mai y Mei necesitaba la guía de Sokka, el amor paternal era necesario a esa edad y más considerando el impetuoso carácter de ambas niñas. Aang no solo extrañaba mucho a Katara, ya que la amaba, si no que también pensaba ¿Qué haría su hija si creciera bajo la ausencia de una madre? Todos en el mundo necesitan el cariño de una mamá.
Decidió que, le costara lo que le costara, traería a su amigo y esposa del pasado. Se les necesitaba demasiado en el presente.
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Katara despertó con un ligero dolor de cabeza, la noche pasada había estado llorando hasta caer dormida y seguramente esas eran las consecuencias.
Se levantó y estiró un poco los músculos, antes de vestirse y cepillarse el cabello. Un nuevo día en ese pasado había iniciado ¿Qué hacer con el nuevo Aang? Mientras pensaba en eso, escuchó que tocaban la puerta de su recámara.
Era Gyatso.
-¿En qué te puedo ayudar?—inquirió, dejando al Monje entrar en la habitación.
-Lamento molestarla tan temprano, Si Fu Katara
-No hay molestia alguna—contestó ella con voz dulce—Dígame Monje ¿En qué le puedo servir?
-únicamente venía a levantarla, Maestra. Aquí en el Templo es común amanecer con el alba y consideramos pereza el no hacerlo. Comprenderá que, estando en el Templo, debe seguir nuestras costumbres.
-No me habían dicho nada de eso…-murmuró pensativa—Pero comprendo perfectamente. Pierda cuidado, me levantaré más temprano. Aunque no pueda asegurarlo por parte de mi hermano.
Gyatso sonrió como si hubiera adivinado que ella diría algo similar.
-He hablado ya con el Maestro Sokka y créame cuando le digo que seguramente se levantará en la hora convenida.
-Bueno, si es así entonces no deberá ya angustiarse, no se repetirá más. Solamente avíseme de las demás costumbres ¿Quiere?
-Mi pupilo Aang ha sido encomendado para enseñarles las costumbres dentro del Templo. Los guiará.
-Claro—lo dijo con una sonrisa, pero nerviosa en su interior. ¡De todos los monjes y niños que había en ese Templo! ¿Tenía que ser precisamente Aang quien les guiara en el Templo? ¿Cómo iba a mantener sus distancias con Aang si lo veía a cada rato? No dijo nada sobre eso ni mostró la más mínima señal de esos sentimientos en su rostro; Gyatso no debía darse por enterado.
-Bueno, ya que no hay nada más por decir—continuó el Monje—Me marcharé a meditar. Aang no tardará en venir, pueden recorrer los pasillos si gustan. Lo que deseen, siéntanse como en su casa.
-Gracias.
Gyatso se retiró tras una breve reverencia, desapareciendo a lo largo del pasillo. Curiosa, Katara cruzó el mismo pasillo para tocar con los nudillos de la mano la puerta que conectaba a la habitación de Sokka. En un principio no hubo respuesta, después de tocar otra vez, se abrió mostrando a un nervioso guerrero de la Tribu Agua.
-¡Ah, Katara, eres tú!—dijo rápidamente—Pensé que sería otra persona… o cosa… o animal… o… ¡Lo que sea!
-¿Qué tienes?
-¿Yo? ¡Nada! ¿Debería tener algo?—se mordía las uñas de manera nerviosa, dirigiendo sus ojos acrecentados por el nerviosismo hacia todas partes.
-Bueno… pensaré que nunca vi esto me limitaré a seguir una conversación normal… Buenos días hermano ¿Has dormido bien?
-¿Dormir bien? ¡Ja! ¿Con qué se come eso? ¡He pasado la peor noche de mi vida en años y años!
-¿Y eso porqué?
-No quieres saber.
-¿Yo no quiero o mejor dicho, tú no quieres decirme?
-¡Las dos!
Retrocedió por la firmeza con la que Sokka gritó.
-Oh, bueno, como digas. Ya no insistiré más.
-¡Buenos días!—ambos hermanos saltaron del susto cuando la angelical voz infantil de Aang saludó detrás de ellos.
-¡Haz más ruido, niño, o me harás morir de un paro cardíaco!—dijo Sokka, sus nervios ya crispados.
-Bueno…-estaba de más decir que Aang no comprendía ese humor en Sokka. Ignorándolo, saludó a Katara—Buenos días Maestra, ¿Ha pasado buena noche?
-Si, algo—contestó, sin querer recordar aquel fugitivo viaje al Mundo espiritual y sus consecuencias.
-Me alegra eso—dijo él—Síganme.
-¿A dónde vamos?
-Al comedor, imagino que deben tener hambre ¿No?
-¡Mucha!—gritó Sokka.
-Vengan conmigo.
Y así, los guió a una enorme sala llena de mesas de madera que se extendían infinitamente a todo lo largo y ancho de la sala, quizá la más grande que nunca antes habían visto ¡Ni siquiera en un Palacio! Solo una mesa estaba acondicionada, con charolas llenas de comida para dos personas. Katara y Sokka se sentaron ahí y comieron; notaron poco después que la habitación estaba sola y que Aang no comía nada.
-¿No comerás?
-No, estamos en ayuno.
-¿Por qué ayunan?
-Es el mes sagrado.
Aang río ante las expresiones de Katara y Sokka.
-En este mes celebramos que los bisontes voladores enseñaran por primera vez a nuestros ancestros el arte del Aire-Control. Hacemos meditaciones, ayunamos, rezamos y entrenamos muy duro.
-¿No comen nada?
-Ni en el desayuno ni en la cena. En la comida, media ración.
Bueno, eso explicaba porque todos estaban tan flacos.
Terminaron de comer y se levantaron ambos hermanos de sus asientos, dispuestos a irse al jardín.
-¿Y bien, Aang? ¿Alguna tradición más que debamos saber?
-Básicamente, una.
-¿Cuál es?—el desdén de Sokka se notó a leguas.
-Todas las tardes se medita y ora.
-¿Dónde y cómo?
-En el patio trasero, a las cuatro de la tarde.
-¿Obligatorio?
-Si
-¿Aún para visitantes?
-Absolutamente.
Katara río, su hermano jamás cambiaría.
-Vayamos al jardín antes de que se haga más tarde—propuso.
-Bien.
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Ella estaba parada, con los ojos cerrados debajo de un árbol, sintiendo el viento golpear su rostro y moviendo el cabello en una ondeante danza que iba en sincronía con sus holgadas vestimentas.
Noté que movió sus manos delante de ella, fluidamente y de manera circular; un pequeño flujo de agua de formó pronto y ella comenzó a moverlo, adoptando curiosas posiciones para el dominio del agua que jamás había visto antes. Siguió, en completa armonía con su elemento, sin notar ni importarla la presencia de otras personas cerca. De reojo, noté que Sokka hacía lo mismo, pero con su espada, cosa que me tenía sin cuidado. En ese momento, solamente tenía ojos para la maestra agua, Katara.
Aang presionó sus manos contra la cabeza, en un desesperado intento de mitigar el dolor. Toda la tarde le venían repentinamente recuerdos borrosos y lejanos, asociados todos con Katara y Sokka; cada uno equivalía a millones de punzadas en su cabeza, como tornillos encajándose lentamente hasta penetrar su cerebro entero y quedarse ahí, antes de salir y dejar su herida cabeza chorreando sangre.
No atinaba a comprender lo que pasaba. Que ellos estaban en el pasado era ya un hecho, pero ¿Cómo contactarlos? ¿Cómo traerlos al presente? Por el momento, trató de dormir. Con esa migraña ni de chiste podría cruzar el mundo de los espíritus.
¿Qué creen que le diga Roku a Aang? ¿Qué pasará cuando Katara y Sokka mediten al atardecer?
Esto y más en el próximo capítulo! jaja xD
Nos leemos
chao!
