NA: Dicen que solo cuando tocamos fondo es cuando logramos descubrir lo mejor que hay en nosotros. Lo que no nos dicen, es que también existe la posibilidad de que en lugar de eso nos encontremos con lo peor que podemos ser.


Capítulo 8: Agonía

Pitido agudo. Molesto. Muy molesto.

Dolor. Dolor insoportable. Viene del abdomen. ¿Por qué duele?

Manos tiemblan. Piernas se adormecen. Algo malo sucede.

Estaba soñando. Era un mal sueño.

Era el sueño.

Levantar sábana cuesta trabajo. Pensar cuesta trabajo. Todo cuesta trabajo.

Venas negras. Esto es malo.

Me corrompo.

Medicamentos. ¿Dónde están?

Caer de la cama no sirve de mucho. Al menos es algo.

Sacar cajones de forma desesperada solo tira las cosas al piso. Medicamentos deben estar ahí.

Solo hay cosas que no son medicamentos.

¡Necesito medicamentos ahora! ¡La corrupción empeora!

La vista se nubla. El tacto se entumece. El oído se deteriora.

Eso no me puede volver a pasar. No... puede...

¿Dónde... están... gemas...?

Estoy... muriéndome...

Ropa... aprieta... mucho...

Me... so-foco...

Frasco... blanco... ¡Medicina!

Debo... tomar...

Dedos... ne-gros... no... a-yudan...

A-plas-té... fra-sco... Tra-gar... to-do...

Es... tar-... de... Es...

*THUD*

...

..

.

Perdónenme.

...

Nunca quise hacerles esto.

Nunca quise convertirme en esto.

Pero supongo que esto es lo que soy ahora.

Soy caos, soy rabia, soy dolor. Soy una abominación.

Me he convertido en algo colosalmente monstruoso, y la vez, me he reducido a nada.

...

Esperen... estoy pensando. Otra vez puedo pensar.

¡Los medicamentos funcionan!

El dolor disminuye.

Mi vista regresa.

Mis manos recuperan su forma y color.

Creo que estoy a salvo, por el momento.

Ahora tan solo me duele el corazón.

Quizá luego también el estómago, por haberme tragado hasta el desoxigenador.

...

Sin embargo, estoy tan cansado...

El velo del sueño me envuelve con cierta melancolía.

Necesito descansar.


Oscuridad, un frío vacío a su alrededor que se esparce hasta hacerse omnipresente, alcanzando aún dentro de él.

Steven estaba absolutamente exhausto. No le quedaban fuerzas aún para procesar lo que le había sucedido, ni para renegar a causa de tantos malos recuerdos. Todo era tan frío y desalentador como la muerte misma. Incluso podría jurar que no había logrado sobrevivir, de no ser porque no sentía su cuerpo desintegrándose. Eso era señal de que al menos algo dentro de éste todavía funcionaba.

En el interior de la casa de playa, más allá de toda percepción del ahora inconsciente Steven, el hombre yacía tirado en el suelo. Su apariencia había cambiado, regresando a la que había tenido en aquél entonces. Algunas manchas oscuras todavía quedaban en su rostro y el resto de su cuerpo, las cuales se iban desvaneciendo muy lentamente. A su alrededor había variedad de cosas tiradas y ralladuras que parecían haber sido hechas por enormes garras, así como su frazada, tendida a medias sobre él. Todo esto en el primer piso. En algún momento de su frenesí debió haber caído, pues nunca pusieron una valla o algo, después de todo.

Y así como el caos se había desatado, se desvaneció. Nuevamente el silencio se adueñó del lugar. Un silencio funesto, como aquél que queda tras un entierro, cuando ya nadie queda para contemplar con ojos apagados la lápida del difunto.

Tras un buen rato, algunas imágenes regresaron a su mente. Imágenes borrosas, ininteligibles. Fragmentos obtenidos por el ínfimo hilo de consciencia que le había quedado tras su transfiguración años atrás. Tantos daños causados, tanta confusión, sufrimiento y desesperación en los rostros de sus seres queridos, así como la lenta agonía antes de la primera vez en la que experimentara el colapso de su forma física y el regreso a su gema.

Finalmente, todas esas visiones se deshicieron tras un rojizo cielo de atardecer y un avión alejándose a la distancia, antes de que todo volviera a oscurecerse.


NA: Esto iba a ser parte del siguiente capítulo, pero decidí extenderlo un poco y ponerlo por separado. De ahí el que haya salido algo corto.

Gracias por leer.