Todo aquello que se esconde dentro de tu mundo,

es como me gusta.


—...es extraño, porque en el fondo siempre había pensado que cuando llegara este momento de mi vida las cosas serían asquerosamente normales, estaba preparado para la normalidad, para la casita de cuatro habitaciones y jardín, casado, con dos niños, quizá hasta con un perro. Nunca se me pasó por la cabeza encontrarme... así. Claro que nunca había conocido a nadie... así. Hay muchos adjetivos que se podrían aplicar aquí pero normal no es uno de ellos. Y... me encanta. Estaba preparado para la normalidad, mentalizado, peo de hecho nunca la quise, supongo que los que piensen que por eso entré en el ejercito y por eso acepté venir a vivir a Baker Street sin casi ni pensármelo tienen razón.

»A veces pienso que en realidad es como si viviera la vida de un agente secreto. Hace meses que vivimos una doble vida, hacemos ver que seguimos siendo tan solo compañeros de piso, yo voy a la consulta casi para cubrir las apariencias, pues con lo que nos pagan en algunos de los casos podríamos ir tirando (más o menos). El caso es que vivir aquí, nuestra relación... me ha permitido hacer de medico como entretenimiento, porque me gusta, pero a la vez me ha hecho entrar en un nuevo mundo: el mundo según Sherlock Holmes.

»Es cierto que la mitad de las veces no entiendo qué esté pasando, es cierto que mi vida ha estado en peligro más veces desde que volví a Londres que cuando estaba en Afganistán y, sí, es cierto que nuestra rutina diaria está repleta de gritos, de malas caras, de suspiros de resignación, de condescendencia... pero a pesar de todo, vale la pena, cada minuto que pasamos juntos, aquí o donde sea, trabajando o intentando vivir, o sobrevivir, es igual, todo vale la pena.

»He llegado a ese momento de la vida de un hombre en el que cuando se para y mira atrás ve que su vida es solo un puñado de decisiones tomadas sin pensar demasiado; Muchas erróneas, otras afortunadas, pero en mi caso todas, por suerte, todas libres de culpa. Casi me da miedo decirlo en voz alta, pero soy feliz. No había sido nunca capaz de imaginarme así de feliz. Vivo con un genio loco que por alguna razón me quiere y ha convertido mi vida en una gran aventura. La más grande de todas: vivir con él; Ver su mente funcionar, verle crecer como persona, ser capaz de entenderle a veces y el resto del tiempo ser capaz de maravillarme con su magnificencia.

»Me he vuelto adicto a la sensación que me provoca sentir que alguien tan trascendentalmente especial como él me quiere y, hasta a veces, me necesita a su lado. Es sobrecogedor ser partícipe de su vida porque él así lo ha querido. También es espeluznante, pero en eso prefiero no pensar. Porque si pienso en la posibilidad que nunca mi suerte acabe y le pierda o él me deje, de repente, la normalidad me parece la peor de las condenas. Cuando sé que no debería serlo.

»Seamos francos, la gente normal no puede, ni quiere, vivir en medio del peligro cada día. La gente normal no es capaz de ver el mundo más que de la forma en que se lo han enseñado. Por todos los dioses, la gente normal no es capaz de salvar vidas sentado en el sofá de casa con un teléfono móvil en las manos. La gente normal quiere ser normal. Yo antes también quería ser normal, y no puedo dejar de preguntarme si quería ser normal porque no había conocido la "anormalidad" o si por contra vivir fuera de la normalidad me ha cambiado. Ciertamente ahora hago cosas que antes no hacía, cosas que ni siquiera creo que sean nada buenas, como hablar contigo, calavera. Aún así, no creo que exista nada que en estos momentos prefiriera tener que no fuera él y su mundo extravagante y ecléctico, tan peligroso como excitante y avasallador. Y si esto no es amor, no sé qué es.

»Me pregunto qué diría Ella si supiera que la he substituido por ti. Pero no puedo ir a la consulta de una psiquiatra a explicarle que me he enamorado de Sherlock y que como más coses descubro de él más me gusta y que me horroriza pensar en tener una vida normal y que necesito hablar de ello con alguien o explotaré y que no tengo a nadie con quien hablarlo. Especialmente cuando Mycroft puede tener acceso a sus notas con total impunidad. Lo que siento por Sherlock es nuestro y de nadie más, así que solo puedo hablar de ello con él o contigo, y creo que su ego no necesita que lo hinche más de lo que ya está, además él sabe perfectamente qué siento, pienso y quiero solo con mirarme. Además, es más que probable que él no entendiera mi necesidad de hablar de ello, de decir en voz alta todo lo que siento por él, bueno y malo.

»¿Es posible que haya llegado al punto de estar justificándome por hablar contigo, calavera?


Grissina: Sigo con la sensación que éste queda un poco fuera de carácter, pero dicen que todo se pega menos la hermosura, no?