Hola! Lo sé, lo sé, no tengo perdón. Lamento mucho mucho mucho la tardanza. Pero tengo una excusa: Estaba castigada, Sin internet. Por eso tarde tanto en actualizar, pero prometo actualizar más prontito.
Srta. Tragalibros: i know right? :D
Adriana Mikaelson: Ya veremos si es Luke o no ;)
.710667: actualizo Pronto! :)
Pieri Alea: 12 habitaciones, 12 Dioses principales, y Hades es uno de los tres grandes y de los doce, so, tiene una habitación :3 hahaha bueno, estaba pensando en traer a Tritón a la historia..pero...I dont know :3 ya veremos. Actualizo Pronto! :)
Mar91: gracias, actualizo pronto.
Antgoncab: lo intentaré :) hahaha probablemente eso suceda ;)
Nisse Blackthorn: Creo que nunca te lo había dicho, pero me gusta mucho tu username, Blackthorne suena muy cool. :) No te preocupes por no haber comentado antes, entiendo. Hahhahaa yes, yo también pensé en Jasico en ese momento...Me alegra te haya gustado el capítulo! Actualizo Pronto.
Sophia: Hola! Bueno, mucho que contestarte. Tal vez haga un maratón de capítulos, para compensar todo el tiempo que tarde en actualizar, pero ya veremos :3. Con respecto a el "El" que dijo Apollo, no puedo decir mucho, pero espero que no te decepciones cuando te enteres. Gracias por comentar! Saludos.
Antgoncab: Lo intentaré!
Nuria13C: Vaya! Gracias :') me alegra te guste mucho la historia. Y si, todos los Fem Percy x Apollo que he leído son siempre en inglés, por eso decidí escribir esta historia en español :3 Actualizo Pronto. Besos
Antgoncab: Gracias por la preocupación :') pero no era nada malo, sólo estaba castigada...Pero bueno, actualizaré muy prontito. Saludos.
Capitulo 9
—¿Quién quiere leer?
Nadie se ofreció al principio. Y después de unos largos minutos en los que todos se miraron los unos a los otros, Nico rodó los ojos y tomó el libro.
—Capítulo 8 Capturamos una bandera.
Ares sonrió enormemente.
—Clarisse te partirá el trasero por haberla mojado con agua de baño—dijo.
Percy le dio una sonrisa socarrona.
—Ya veremos.
Los siguientes días me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que me daban clase sátiros, ninfas y un centauro. Cada mañana recibía clases de griego clásico de Annabeth, y hablábamos de los dioses y diosas en presente, lo que resultaba bastante raro.
—Seria rudo si hablaran de nosotros en pasado—dijo Athenea.
Algunos asintieron de acuerdo, otros se encogieron de hombros.
Descubrí que Annabeth tenía razón con mi dislexia: el griego clásico no me resultaba tan difícil de leer. Al menos no más que el inglés. Tras un par de mañanas, podía recorrer a trompicones unas cuantas frases de Homero sin que me diera demasiado dolor de cabeza.
—¿Es tan mala la dislexia?
Los semidioses que padecían de ella gruñeron.
—Peor.
El resto del día probaba todas las actividades al aire libre, buscando algo en lo que fuera buena. Quirón intentó enseñarme tiro con arco, pero pronto descubrimos que no era ninguna as con las flechas.
Apollo soltó una carcajada profunda y llena de diversión, causando que Percy se sonrojara y que Annabeth se carcajeara también. Algunos se vieron confusos, y Annabeth explicó:
—Percy es...fatal con el arco y flecha—dijo ella—Y cuando digo fatal...
—...Se refiere a totalmente desastrosa y peligrosa—rió Apollo.
Percy resopló.
—No todos somos enseñados por sus perfectos en arquería novios, Annie—rodó los ojos Percy, refiriéndose a Will Solange.
Annabeth medio sonrió, y alzó una ceja.
—Princesa, yo intente enseñarte...—le recordó Apollo.
—Oh, es verdad—dijo ella, recordando.
—Wow, mi hermano te enseño y aun así eres mala en la arquería—alzo las cejas Artemis—Eres un caso perdido entonces.
Antes que Percy pudiera decir algo, Apollo se le adelanto.
—¡Aja! Así que admites que soy mejor en arquería que tu...
—¡Yo nunca dije eso!
—Pero lo insinuaste.
—Claro que no.
—Lo hiciste.
—Claro que no.
—Lo hiciste.
—Oh no.
—Oh sí.
Zeus lanzó un rayo cerca de ambos, lo que hizo que efectivamente ambos se callaran.
No se quejó, ni siquiera cuando tuvo que desenmarañarse una flecha perdida de la cola.
Algunos rieron.
—¿Cómo...Cómo le llego una flecha a la cola?—preguntó Hestia lentamente.
—No quieres saberlo—dijo Apollo con expresión de dolor—Percy es maravillosa en todo, pero en arquería...—él se estremeció—Es horrible.
—Gracias—dijo sarcásticamente Percy.
—De nada, Princesa.
¿Carreras? Tampoco. Las instructoras, unas ninfas del bosque, me hacían morder el polvo. Me dijeron que no me preocupara, que ellas tenían siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados.
Los dioses más mujeriegos sonrieron, sin avergonzarse ni un poquito, mientras que algunas diosas, entre ellas Hera, rodaban los ojos y se cruzaban de brazos.
—No deberían—dijo Hera con tono de hielo.
Pero, aun así, era un poco humillante ser más lenta que un árbol.
¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que me acercaba a la colchoneta, Clarisse me daba para el pelo. «Tengo más de esto, si quieres otra ración, pringada», me murmuraba al oído.
Ares sonrió arrogantemente. Pero Percy sonrió con un suspiro, extrañaba eso, por más extraño que sonara, extrañaba a Clarisse. A todo el campamento en realidad.
En lo único en que sobresalía era la canoa, que desde luego no era la clase de habilidad heroica que la gente esperaba descubrir en la chica que había derrotado al Minotauro.
Algunos resoplaron.
—Muy, muy heroico—asintió Athenea con sarcasmo.
—Solo espera—dijo Annabeth con una sonrisa dirigida a su amiga.
Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observaban, intentaban decidir quién era mi padre, pero no les estaba resultando fácil.
—Fue muy difícil—asintió Annabeth.
Yo no era fuerte como los hijos de Ares,
—¡GRACIAS A LOS DIOSES!—exclamaron ambos al mismo tiempo.
ni tan bueno en el arco como los de Apolo.
—Gracias a los dioses—suspiró Percy.
Apollo la miró, medio herido.
—Oye, mis hijos son los mejores.
—Lo son—asintió Percy—Pero me alegra no ser una de ellas.
—¿Por qué? Seria genial—le dijo.
Percy lo miro con rostro de "¿Hablas en serio?", y Apollo pareció entender.
—Oh, cierto, Incesto—dijo—Malo.
Algunos se rieron de su tono de voz, mientras que Percy rodaba los ojos.
—Para los mortales—añadió Hermes con una sonrisa de las suyas.
Apollo le dio su propia sonrisa, asintiendo.
—Para los mortales.
No tenía la habilidad con el metal de Hefesto
Leo y Percy se miraron, considerando como hubiera sido ser hermanos, al final ambos negaron con la cabeza.
ni —no lo permitieran los dioses — la habilidad de Dioniso con las vides.
—Gracias a los dioses—dijo Dionisio de forma aburrida.
Luke me dijo que tal vez fuera una hija de Hermes,
Ambos sonrieron.
Hera miro con sarcasmo a Percy.
—¿De él no vas a decir nada?
—Nope—dijo Percy con una sonrisa enorme—Él me agrada.
Ambos se sonrieron los unos a los otros, mientras que los dioses a los que Percy había "insultado" al decir que no hubiera querido ser hija suya, rodaban los ojos.
una especie de comodín para todos los oficios, maestra de ninguno. Pero tuve la impresión de que sólo intentaba hacer que me sintiera mejor. Él tampoco sabía a quién adscribirme.
—Nadie sabia—dijo Annabeth.
A pesar de todo, me gustaba el campamento. Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche.
Todos los semidioses suspiraron, extrañando más que nunca a el Campamento.
—No hagas eso—le dijo Leo a Percy.
Ella lo miró confundida.
—¿Qué?
—No describas tanto el campamento...Me pone nostálgico.
—Lo siento.
Cenaba con los de la cabaña 11, echaba parte de mi comida al fuego e intentaba sentir algún tipo de conexión con mi padre real. No percibí nada,
Poseidon suspiró, dándole a Percy una mirada de "Lo siento". Ella solo se encogió de hombros, dándole una mirada de "No importa"
sólo el sentimiento cálido que siempre había tenido, como el recuerdo de su sonrisa. Intentaba no pensar demasiado en mamá, pero seguía repitiéndome: «Si los dioses y los monstruos son reales, si todas estas historias mágicas son posibles, seguro que hay manera de salvarla, de devolverla a la vida...»
Poseidon suspiró.
—Percy...
—Lo sé, lo sé, "No debes pensar así"—dijo Percy imitando la voz de su padre—Lo sé.
Hades, por otro lado se sintió culpable de haber secuestrado a Sally.
Empecé a entender la amargura de Luke
Todos miraron a Percy con ojos abiertos de par en par. Y ella suspiró.
—Él tenia un punto, saben—dijo ella suavemente.
Nadie dijo nada, pero muy adentro, los dioses empezaban a sentirse culpables.
y cuánto parecía molestarle su padre, Hermes.
Este suspiró tristemente.
Sí, de acuerdo, a lo mejor los dioses tenían cosas importantes que hacer. Pero ¿no podían llamar de vez en cuando, o tronar, o algo por el estilo? Dioniso podía hacer aparecer de la nada una Coca-Cola light. ¿Por qué no podía mi padre, o quien fuera, hacer aparecer un teléfono?
Los dioses miraron al piso sin decir nada.
El martes por la tarde, tres días después de mi llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría.
Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Supongo que no lo hice mal. Por lo menos, entendí lo que se suponía que debía hacer y mis reflejos eran buenos. El problema era que no encontraba una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas.
—La única que me sirve es Riptide—dijo Percy.
Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para pertrecharme, pero coincidió en que ninguna de las armas de prácticas parecía servirme. Después empezamos a enfrentarnos en parejas. Luke anunció que sería mi compañero, dado que era la primera vez.
—Buena suerte—me deseó uno de los campistas—Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años.
Hermes sonrió orgulloso.
—Tal vez sea suave conmigo—dije dudosa, después de todo él siempre era amable conmigo.
El campista rió.
Luke me enseñó los ataques, las paradas y los bloqueos de escudo a la manera dura. Con cada golpe, acababa un poco más machacada y magullada.
—Qué caballero—dijo con sarcasmo Apollo, mirando a Percy. Esta le dio una mirada que decía "No empieces"
—Mantén la guardia alta, Percy—decía, y me asestaba un cintarazo en las costillas—¡No, no tan alta!—¡Zaca!—¡Ataca!
—¡Zaca!—Ahora retrocede!
—¡Zaca!
Cuando paramos para el descanso chorreaba sudor. Todo el mundo se apiñó junto al refrigerador de bebidas. Luke se echó agua helada sobre la cabeza, y me pareció tan buena idea que lo imité.
Poseidon sonrió.
—Oh, no—dijo Frank medio sonriendo—Eso le dará fuerzas.
—Pobre chico—asintió Hazel.
Al instante me sentí mejor. Mis brazos recuperaron fuerzas. La espada no me parecía tan extraña.
—¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba!—ordenó Luke—Si a Percy no le importa, quiero haceros una pequeña demostración.
Apollo volvió a mirar a Percy, como diciendo "¿Ah y ahora que excusa tienes para eso?"
Ella rodó los ojos.
«Vale—pensé—vamos a ver cómo le patean el trasero a Percy.»
Algunos semidioses suspiraron. Habían pasado por eso y era...muy vergonzoso.
Los chicos de Hermes se reunieron alrededor de mí. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por ver cómo Luke me usaba como saco de boxeo. Le dijo a todo el mundo que iba a hacerles una demostración de una técnica de desarme: cómo girar el arma enemiga asestándole un golpe con la espada de plano para que no tuviera más opción que soltarla.
—Esto es difícil—remarcó—A mí me lo han hecho. No os riáis de Percy. La mayoría de los guerreros trabajan años antes de dominar esta técnica.
—¿Cuanto apuestas a que a Percy le sale de a la primera?—le susurró Leo a Jason.
Hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito.
Ares rió cruelmente.
—Obvio—dijo.
—Ahora en tiempo real—dijo en cuanto hube recuperado el arma—Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Lista, Percy?
Asentí, y Luke vino por mí. De algún modo conseguí evitar que le diera a la empuñadura de mi espada. Mis sentidos estaban alerta. Veía venir sus ataques. Conté. Di un paso adelante e intenté imitar la técnica. Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza.
La mayoría sonrió, otros se veían medio en tensión, y otros sorprendidos.
Me pesaba la espada. No estaba bien equilibrada. Sólo era cuestión de segundos que Luke me derrotara, así que me dije: «¡Qué demonios, al menos inténtalo!»
Intenté la maniobra de desarme. Mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada hacia delante. La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada estaba a tres dedos de su pecho indefenso.
Todos miraron a Percy.
—¿Y ese fue tu primer intento?
Ella asintió.
—A mi me tomo varias semanas lograrlo—dijo Jason.
Ella se encogió de hombros.
—Soy así de genial.
La mayoría rodó los ojos.
Los demás campistas quedaron en silencio.
Bajé la espada.
—Lo siento...Perdona.
—¿Por qué te disculpas?—le preguntó Hades incrédulo.
Ella se encogió de hombros.
—Todos me miraron como si huebra hecho algo malo o algo así, Así que solo...me disculpe.
Por un momento Luke se quedó demasiado aturdido para hablar.
—¿Perdona?—Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—Por los dioses, Percy, ¿por qué lo sientes? ¡Vuelve a enseñarme eso!
Algunos sonrieron.
—Tiene que haber sido increíble. El mejor espadachín derrotado por una principiante—sonrió Piper.
No quería. El breve ataque de energía frenética me había abandonado por completo. Pero Luke insistió. Esta vez no hubo competición. En cuanto nuestras espadas entraron en contacto, Luke golpeó mi empuñadura y mi arma acabó en el suelo.
Tras una larga pausa, alguien del público preguntó:
—¿La suerte del principiante?
Luke se secó el sudor de la frente. Me observó con un interés absolutamente renovado.
Apollo medio suspiro medio rodó los ojos, mientras que Percy daba una media sonrisa tristona. En cambio, Annabeth resopló.
—No seria la primera vez que ambos se miran así—dijo ella por lo bajo, pero varios la escucharon, y miraron a Percy confusos.
—Puede—dijo—Pero me gustaría saber qué es capaz de hacer Percy con una espada bien equilibrada...
El viernes por la tarde estaba con Grover a orillas del lago, descansando de una experiencia cercana a la muerte en el rocódromo. Grover había subido a la cima a saltos como una cabra montesa, pero la lava por poco acaba conmigo.
Poseidon se vio preocupado, mientras que algunos resoplaban.
—Ha, ya lo veo venir—dijo Nico—La heroína del Olimpo muere subiendo una montaña falsa, pequeña...
Todos rieron.
—Ah la ironía—dijo Annabeth.
—¿Cómo tu tobillo roto en Tártaro?—le sonrió Percy.
Annabeth rodó los ojos, pero asintió con una sonrisa divertida.
Mi camisa tenía agujeros humeantes y se me habían chamuscado los dedos. Estábamos sentados en el embarcadero, observando a las náyades tejer cestería subacuática, hasta que reuní valor para preguntarle cómo le había ido con el señor D.
Se le puso la cara algo amarilla y dijo:
—Guay. Genial.
—¿Así que tu carrera sigue en pie?
Me miró algo nervioso.
—¿Te ha dicho Quirón que quiero una licencia de buscador?
—Bueno... no. —No tenía idea de qué era una licencia de buscador, pero no parecía el mejor momento para preguntar—Sólo dijo que tenías grandes planes, ya sabes... y que necesitabas ganarte la reputación de terminar un encargo de guardián. ¿La conseguiste?
Grover miró hacia abajo, a las náyades.
—El señor D ha suspendido la valoración. Dice que no he fracasado ni logrado nada aún contigo,
—¡Pero si te llevo a salvo al Campamento!—dijo Piper incrédula—Bueno, más o menos.
así que nuestros destinos siguen unidos. Si te dieran una misión y yo te acompañara para protegerte, y los dos regresáramos vivos, puede que considerara terminado mi trabajo.
Me animé.
—Bueno, ¿no está tan mal, no?
—¡Beee-ee! Habría sido mejor que me trasladara a limpieza de establos. Las oportunidades de que te den una misión... Además, aunque te la dieran, ¿por qué ibas a quererme a tu lado?
—¡Pues claro que te querría a mi lado!
—Sin dudarlo ni un segundo—dijo Percy.
Annabeth asintiendo junto a ella.
Alicaído, Grover observó el agua.
—Cestería...Tiene que ser estupendo tener una habilidad que sirva para algo.
Intenté animarlo, asegurándole que poseía muchísimos talentos, pero eso sólo lo puso más triste.
—¿Por qué?
Percy no supo como contestar, por lo que simplemente se encogió de hombros.
Hablamos un rato de canoas y espadas, después debatimos los pros y contras de los distintos dioses. Al final, acabé preguntándole por las cabañas vacías.
—La número ocho, la de plata, es de Artemis—dijo—Juró mantenerse siempre doncella. Así pues, nada de niños. La cabaña es, ya sabes... honoraria. Si no tuviera una se enfadaría.
—No es cierto—dijo esta rodando los ojos—Pero necesitaba una para mis cazadoras cuando estuvieran en el Campamento.
Nico, Percy y Annabeth se estremecieron, recordando la estancia de la acabadoras en el campamento.
—Ya. Pero ¿y las otras tres, las del fondo? ¿Son ésas los Tres Grandes?
Grover se puso en tensión. Era un tema delicado.
—No. Una de ellas, la número dos, es de Hera, otra de las honorarias—dijo—Es la diosa del matrimonio, así que por supuesto no va por ahí teniendo romances con mortales.
—Por supuesto que no.
Esa es tarea de su marido.
Todos se rieron, mientras que Zeus se ponía un poco rojo, y Hera resoplaba.
Cuando decimos los Tres Grandes nos referimos a los tres hermanos poderosos, los hijos de Cronos.
—Zeus, Poseidón y Hades.
—Exacto. Veo que estás al loro. Tras la gran batalla contra los titanes, le quitaron el mundo a su padre y se echaron a suertes a quién le tocaba cada cosa.
—A Zeus le tocó el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo—dije.
—Aja.
—Pero Hades no tiene cabaña.
—No, y tampoco trono en el Olimpo. Digamos que se dedica a sus cosas en el inframundo. Si tuviera una cabaña aquí... —Grover se estremeció—Bueno, no sería agradable. Dejémoslo así.
Nico era quien leía, pero Percy y Jason notaron el cambio en su voz al decir eso.
—No es cierto—dijo Percy tan de repente que todos la miraron—Nico es genial, Bianca también lo era, y Hazel es la mejor.
Ella sonrió a Hazel, para voltearse a Nico y darle una mirada bondadosa. Pero para su sorpresa, Nico se veía molesto por algo, algo que tal vez solo Jason entendía.
—Pero Zeus y Poseidón... Los dos tenían infinidad de hijos en los mitos. ¿Por qué están vacías sus cabañas?
Grover movió las pezuñas, incómodo.
—Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes.
—No funciono—tosió Percy—Cough* Perdida de tiempo * Cough.
Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. La Segunda Guerra Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón por un lado, y los de Hades por el otro.
—¿En serio?—preguntó Hazel abriendo sus ojos de par en par.
Todos asintieron.
—Pero Hitler...
—Hitler era hijo de Hades, creo.
Hades asintió distraídamente.
—...W...o...w
El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales. Todos juraron sobre el río Estige.
El trueno bramó.
—Ese es el juramento más serio que puede hacerse—dije. Grover asintió—¿Y los hermanos mantuvieron su palabra?
La mayoría resopló.
—Irónico que tu lo preguntes, Princesa.
La expresión de Grover se enturbió.
—Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren.
Hera rechino sus dientes. ¿Por qué su esposo no podía serle fiel?
Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta... En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalia...
—¿Mi hermana?—preguntó Jason.
—Mjm.
Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible.
Jason se vio preocupado.
—¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña!
Grover vaciló.
—Percy, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos. Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del Tártaro para torturar a Thalia.
Hazel miro a su padre, horrorizada. Este no le devolvió la mirada.
Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga. Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. —Señaló al otro lado del valle, el pino junto al que yo había luchado con el Minotauro—Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalia le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos.
Los que no sabían la historia se veían muy sorprendidos y conmovidos.
Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. El sátiro no quería dejarla, pero Thalia no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. Así que se enfrentó a su última batalla sola, en la cumbre de la colina. Mientras moría,
—¿¡MORÍA!?—exclamó Jason—¿Thalia murió?
—No interrumpan más—gruñó Nico—Es tan agobiante, déjenme leer.
Zeus se compadeció de ella. La convirtió en aquel árbol.
—¿¡QUÉ!?—jadeó Jason—Pero...pero...pero...¿Cómo es que esta humana otra vez?
—Larga historia hecha corta...—todos miraron a Percy sororendidos, ¿En serio les va a contar algo? Ella no dijo nada hasta que todos la miraban y Jason se inclino hacia ella—Lo leerás en el segundo libro.
Todos gruñeron.
Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza.
—Ohhhhhhh.
Miré el pino en la distancia.
La historia me dejó vacía, y también me hizo sentir culpable.
—¿Por qué?
Una chica de mi edad se había sacrificado para salvar a sus amigos. Se había enfrentado a todo un ejército de monstruos. Al lado de eso, mi victoria sobre el Minotauro no parecía gran cosa. Me pregunté si de haber actuado de manera diferente, habría podido salvar a mi madre.
—Percy...
—No empiecen—rogó ella—Esto fue hace años. Olvídenlo.
—Grover—le dije—¿hay algún héroe que haya cumplido misiones en el inframundo?
—Algunos —respondió—. Orfeo, Hércules, Houdini.
—Percy.
—Y... ¿han traído de vuelta a alguien de entre los muertos?
—¡Percy!
—No. Nunca. Orfeo casi lo consiguió... Percy, ¿no estarás pensando seriamente en...?
—No —mentí—
—Percy—volvió a gruñir Poseidon.
Sólo me lo preguntaba. —Y cambié de tema—: Así que ¿siempre hay un sátiro asignado para velar por un semidiós?
Grover me estudió con recelo, poco convencido de que hubiese abandonado la idea del inframundo. —No siempre. Acudimos en secreto a muchas escuelas. Intentamos detectar los mestizos con potencial para ser grandes héroes. Si encontramos alguno con un aura muy poderosa, como un hijo de los Tres Grandes, alertamos a Quirón. Éste intenta vigilarlos, porque podrían causar problemas realmente graves.
—Y tú me encontraste. Quirón dice que crees que yo podría ser alguien especial.
—Y tenia razón.
—Eres muy especial, Princesa—le sonrió Apollo.
Percy le devolvió la sonrisa.
Grover hizo una mueca.
—Yo no... Oye, no pienses en eso. Aunque lo fueras (ya sabes a qué me refiero), jamás te asignarían una misión, y yo nunca obtendré mi licencia. Probablemente eres hijo de Hermes. O puede que incluso de uno de los menores, como Némesis, la divinidad de la venganza. No te preocupes, ¿vale?
Me pareció que lo decía más por confortarse a sí mismo que a mí.
Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre.
Por fin había llegado el momento de capturar la bandera.
Ares se acomodo mejor en su asiento. Eso si que quería escucharlo.
Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie.
Los campistas gritaron y vitorearon cuando Annabeth y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tenía pintada una lechuza encima de un olivo. Por el lado contrario del pabellón, Clarisse y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí.
Me volví hacia Luke y le grité por encima del bullicio: —¿Esas son las banderas?
—¿Por qué siempre le preguntas a Luke?—soltó Apollo.
Percy lo miró, la mirada de "No empieces otra vez" en su rostro, pero le contestó.
—Porque él era el único que era amigable conmigo, y que me contestaba mis incansables preguntas.
—¿Que hay de Annabeth?—preguntó Athenea.
Percy negó con la cabeza.
—No éramos amigas en ese entonces.
—Ni siquiera nos soportábamos—tosió Annabeth.
—Sí.
—¿Ares y Atenea dirigen siempre los equipos?
—No siempre—repuso—pero sí a menudo.
—Así que si otra cabaña captura una, ¿qué hacéis? ¿Repintáis la bandera?
Sonrió en mi dirección.
—Ya lo verás. Primero tenemos que conseguir una.
—¿De qué lado estamos?
Me lanzó una mirada ladina, como si supiera algo que yo ignoraba. La cicatriz en su rostro le hacía parecer casi malo a la luz de las antorchas.
Algunos se miraron. ¿Malo?
—Nos hemos aliado temporalmente con nochevamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos.
—No se como—dije medio nerviosa.
Luke me dio una sonrisa.
—Lo harás bien, ya veras.
Se anunciaron los equipos. Atenea se había aliado con Apollo y Hermes,
Apollo y Hermes chocaron las manos, vitoreando.
las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades. Ares se había aliado con todos los demás: Dioniso, Deméter, Afrodita y Hefesto. Por lo visto, dos chicos de Dioniso eran bastante buenos atletas. Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos.
La diosa sonrió ante la mención de sus hijos.
Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupaban demasiado; prácticamente evitaban cualquier actividad, miraban sus reflejos en el lago, se peinaban y cotilleaban.
—Como su madre—dijo Hermes.
Ella lo fulmino con la mirada.
Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefesto no eran guapos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día.
—Leo no—dijo Percy medio sonriendo al chico—El único hijo de Hefeso que es pequeño, flacucho y...
—¿Apuesto?—interrumpió Leo sonriendo.
—...Iba a decir no tan feo, pero bueno.
Todos se rieron de la cara que puso Leo.
Podrían ser un problema. Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chavales más grandes, feos y marrulleros de Long Island, y de cualquier otro lugar del planeta.
Ares le dio a Percy una mirada, pero Hermes y Apollo aguantaron una risa ante la descripción de Percy.
—¿Del planeta es algo...exagerado, no lo crees?
Ella negó con la cabeza.
—No del planeta—dijo—Me equivoque, lo siento.
Ares asintió satisfecho.
—Del universo—sonrió Percy.
Ares gruñó en su dirección.
Quirón coceó el mármol del suelo.
—¡Héroes! —anunció—. Conocéis las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Armaos!
Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.
—Eh...¿Muerte? ¿Mutilación?—pregunté insegura.
Luke me miró con una pequeña sonrisa, casi divertido por mi pregunta.
—No te preocupes, solo sucedió una que otra vez.
—Que reconfortante—dijo Poseidon con sarcasmo.
Ten. Quirón ha pensado que esto te iría bien. Estás en patrulla de frontera.
Mi escudo era del tamaño de un tablero de la NBA,
Algunos se rieron al imaginarse a Percy con algo tan grande ensima. Debió haberse visto ridícula.
con un enorme caduceo en el medio. Pesaba mil kilos. Habría podido practicar snowboard con él,
Apollo y Hermes rieron.
pero confiaba en que nadie esperara de mí que corriera muy rápido. Mi casco, como todos los del equipo de Atenea, tenía un penacho azul encima. Ares y sus aliados lo llevaban rojo.
—¡Equipo azul, adelante! —gritó Annabeth.
Vitoreamos, agitamos nuestras armas y la seguimos por el camino hacia la parte sur del bosque. El equipo rojo nos provocaba a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.
—Típico.
Conseguí alcanzar a Annabeth sin tropezar con mi equipo.
—Un verdadero logro—dijo Percy.
—¡Eh!—Ella siguió marchando—Bueno, ¿y cuál es el plan?—pregunté—¿Algún consejo o algún artilugio mágico que puedas prestarme?
Se metió la mano en el bolsillo, como si temiera que le hubiese robado algo.
—No me miren así, hasta ahora la única opción creíble era que ella era hija de Hermes—se excusó Annabeth ante algunas miradas incrédulas que recibió.
—Ojo con la lanza de Clarisse—dijo—Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo?
—Patrulla de frontera, sea lo que sea.
—Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Atenea siempre tiene un plan.
—Siempre—asintió la diosa.
Apretó el paso, dejándome en la inopia.
—Vale—murmuré—Me alegro de que me quisieras en tu equipo.
Era una noche cálida y pegajosa. Los bosques estaban oscuros, las luciérnagas parpadeaban. Annabeth me había ubicado junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras ella y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.
Allí de pie, sola, con mi gran casco de plumas azules y mi enorme escudo, me sentí como una idiota.
—Te veías como una idiota.
—Gracias, Annie.
La espada de bronce, como todas las espadas que había probado hasta entonces, parecía mal equilibrada. La empuñadura de cuero me resultaba tan cómoda como una bola de jugar a los bolos. Pero nadie me haría daño, ¿no? Vamos, que el Olimpo debía de tener algún tipo de responsabilidad a terceros, digo yo.
Algunos resoplaron.
En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.
«Vale—pensé—Como de costumbre, me pierdo toda la diversión.»
Entonces, en algún lugar cerca de donde me encontraba, oí un ruido —una especie de gruñido desgarrador— que me provocó un súbito escalofrío. Levanté instintivamente mi escudo, con la impresión de que algo me acechaba. Entonces los gruñidos se detuvieron. Percibí que la presencia se retiraba.
Todos se miraron confusos.
—¿Qué diantres...?
Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.
—¡Al agua con la pringada! —gritó Clarisse.
Sus feos ojos porcinos despidieron odio a través de las rendijas del casco. Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevaban las espadas de bronce típicas; tampoco es que eso me hiciera sentir mejor.
Cargaron a través del riachuelo. No había ayuda a la vista. Podía correr. O tratar de defenderme de la mitad de la cabaña de Ares.
Algunos se estremecieron.
—Estas muera, gamberra—sonrió Ares.
—Ya veremos—le sonrió Percy.
Conseguí evitar el lance del primer chaval, pero aquellos tipos no eran tan tontos como el Minotauro.
—Algunos si lo son.
Ares lo fulmino con la mirada.
Me rodearon y Clarisse me atacó con la lanza. Mi escudo desvió la punta, pero sentí un doloroso calambre por todo el brazo. Se me pusieron los pelos como escarpias y el brazo del escudo me quedó entumecido. Jadeaba.
Electricidad. Su estúpida lanza era eléctrica.
—Interesante...
—Oh, si, muy interesante—dijo Percy sarcásticamente—Tan interesante como que te lancen un rayo.
Me replegué.
Otro chaval me asestó un golpe en el pecho con la empuñadura de la espada y caí al suelo. Habrían podido patearme hasta convertirme en gelatina, pero estaban demasiado ocupados riéndose.
—Sesión de peluquería—dijo Clarisse—Agarradle el pelo.
Afrodita jadeo dramáticamente.
—No el pelo, oh, no el pelo.
Conseguí ponerme en pie y levanté la espada, pero Clarisse la apartó de un golpe con la lanza, que chisporroteaba. Ahora tenía entumecidos los dos brazos.
—Uy, uy, uy—se burló Clarisse—Qué miedo me da esta niña. Muchísimo.
—La bandera está en aquella dirección—le dije.
—¡Percy!
—¡Lo siento, ok! Pero en ese momento mi vida era más importante que un estúpido juego.
Traté de fingir que estaba enfadada de verdad, pero me temo que no lo conseguí del todo.
—Ya—contestó uno de sus hermanos—Pero verás, no nos importa la bandera. Lo que nos importa es una niña que ha ridiculizado a nuestra cabaña.
—Pues lo hacéis sin mi ayuda—respondí. Admito que quizá no fue lo más inteligente que pudo ocurrírseme.
—¿Tu crees, Princesa?
Dos chavales se abalanzaron sobre mí. Yo retrocedí hasta el arroyo, intenté levantar el escudo, pero Clarisse era demasiado rápida. Su lanza me dio directamente en las costillas. De no haber llevado el pecho protegido, me habría convertido en kebab de pollo. Como sí lo llevaba, el aguijonazo eléctrico sólo me dio sensación de arrancarme los dientes.
—Ouch.
Uno de sus compañeros de cabaña me metió un buen tajo en el brazo.
Ver mi propia sangre —cálida y fría al mismo tiempo— me mareó.
—No está permitido mutilación—farfullé torpemente.
—Anda ya—respondió el tipo—Supongo que me quedaré sin postre.
—Ares, estoy apunto de matar a tu hijo—dijo Poseidon con falsa calma.
Los demás se sorprendían de lo que le hacían a Percy.
Me empujó al arroyo y aterricé con un chapuzón. Todos rieron.
Esta vez Poseidon, y la mayoría, sonrieron arrogantemente.
—Oh. Oh. Poderes—sonrió Frank.
—Cuidado cabaña de Ares—sonrió Jason.
Supuse que moriría tan pronto terminaran de divertirse. Pero entonces ocurrió algo. El agua pareció despertar mis sentidos, como si acabara de comerme una bolsa de las gominolas de mi madre.
La mayoría cotorreo.
—¡Eso!
—¡Defiéndete!
Clarisse y sus colegas se metieron en el arroyo para acabar conmigo, pero yo me puse en pie dispuesto a recibirlos. Sabía qué hacer. Al primero le aticé un cintarazo en la cabeza y le arranqué el casco limpiamente. Le di tan fuerte que le vi los ojos vibrar mientras se derrumbaba en el agua.
—Ouch.
—Wow.
—Recuérdame nunca hacerte enojar.
El feo número dos y el feo número tres se me arrojaron encima. Le estampé el escudo en la cara a uno y usé la espada para esquilar el penacho del otro. Ambos retrocedieron con rapidez. El feo número cuatro no parecía con demasiadas ganas de atacarme, pero Clarisse llegaba embalada, y la punta de su lanza crepitaba de energía. En cuanto embistió, atrapé el asta entre el borde de mi escudo y la espada y la rompí como una ramita.
—¡Ohhhhhhhhh!
—¡Rompiste su escudo!—exclamó Ares, más sorprendido que molesto.
—¡Jo! —exclamó—. ¡Idiota! ¡Gusano apestoso!
Y me habría llamado cosas peores, pero le aticé en la frente con la empuñadura y la envié tambaleándose fuera del arroyo.
Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo. Un par de chavales de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos Apollo's se enfrentaban a las huestes de Hefesto.
—Fue una trampa—murmuró Ares de repente—Brillante, debo admitir.
—Gracias—asintió Annabeth.
—¡¿Brillante!? ¡Casi matan a Percy!
Annabeth dejo de sonreír.
—Esa no había sido mi intención.
Los de Ares se levantaron y Clarisse murmuró una torva maldición.
—¡Una trampa! —exclamó—. ¡Era una trampa!
Trataron de atrapar a Luke, pero era demasiado tarde. Todo el mundo se reunió junto al arroyo cuando Luke cruzó a su territorio. Nuestro equipo estalló en vítores. El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña 11. Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros. Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.
El juego había terminado. Habíamos ganado.
Algunos vitorearon, otros simplemente sonrieron.
Estaba a punto de unirme a la celebración cuando la voz de Annabeth, justo a mi lado en el arroyo, dijo:
—No está mal, heroína.—Miré, pero no estaba allí—¿Dónde demonios has aprendido a luchar así?—me preguntó. El aire se estremeció y ella se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees. Me enfadé. Ni siquiera me alucinó el hecho de que acabara de volverse invisible.
—A mi me hubiera alucinado—dijo Leo.
—Estaba muy molesta como para darle importancia.
—Me has usado como cebo—le dije conteniendo las ganas de arrancarle la cabeza—Me has puesto aquí porque sabías que Clarisse vendría por mí, mientras enviabas a Luke por el otro flanco. Lo habías planeado todo.
Annabeth se encogió de hombros.
—Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan.
Algunos rodaron los ojos.
—Vaya plan.
Annabeth se vio avergonzada.
—Un plan para que me pulvericen.
—Vine tan rápido como pude. Estaba a punto de saltar para defenderte, pero... —Se encogió otra vez de hombros—No necesitabas mi ayuda—Entonces se fijó en mi brazo herido—¿Cómo te has hecho eso?
—Es una herida de espada. ¿Qué pensabas?
—No. Era una herida de espada. Fíjate bien.
La sangre había desaparecido. Donde había estado el corte, ahora había un largo rasguño, y también estaba desapareciendo. Ante mis ojos, se convirtió en una pequeña cicatriz y finalmente se desvaneció.
—¿Te he dicho que adoro tus poderes?—le sonrió Jason a la chica.
Ella le sonrió.
—Gracias, yo también los adoro.
—¿Cómo has hecho eso?—pregunté sorprendida.
Annabeth reflexionó con repentina concentración. Casi veía girar los engranajes en su cabeza. Me miró a los pies, después la lanza rota de Clarisse, y por fin dijo:
—Sal del agua, Percy.
—Lo descubrió—sonrió Athenea.
—Chica lista—asintió Poseidon.
Ella se sonrojó.
—¿Qué...?
—Hazlo y calla.
Lo hice e inmediatamente volví a sentir los brazos entumecidos. El subidón de adrenalina remitió y casi me derrumbo, pero Annabeth me sujetó.
—Oh, Estige—maldijo—Esto no es bueno. Yo no quería... Supuse que habría sido Zeus.
—¿Por qué siempre yo?—rodó los ojos Zeus.
—Porque eres el más mujeriego—lo fulmino con la mirada Hera—Ago que no deberías ser.
Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque. Los vítores de los campistas cesaron al instante. Quirón gritó algo en griego clásico, y sólo más tarde advertí que lo había entendido a la perfección:
—¡Apartaos! ¡Mi arco!
Annabeth desenvainó su espada.
En las rocas situadas encima de nosotros había un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecían dagas.
—¡Hades!
—¡No fui yo!—dijo el dios.
—¿Entonces quien?
Nadie contesto.
Me miraba fijamente.
Nadie se movió, y Annabeth gritó:
—¡Percy, corre!
Intentó interponerse entre el bicho y yo, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima —una sombra con dientes— y se abalanzó sobre mí. De pronto caí hacia atrás y sentí que sus garras afiladas perforaban mi armadura. Oí una cascada de sonidos de rasgado, como si rompieran pedazos de papel uno detrás de otro, y de pronto el bicho tenía un puñado de flechas clavadas en el cuello. Cayó muerto a mis pies.
Poseidon casi se desmaya, pero al escuchar eso puso respirar tranquilamente.
Por algún milagro, yo seguía viva.
—Gracias a los dioses—suspiró Apollo.
No quise mirar debajo de mi armadura despedazada. Sentía el pecho caliente y húmedo, sin duda tenía cortes muy feos. Un segundo más y el animal me habría convertido en picadillo fino.
Quirón trotó hasta nosotros, con un arco en la mano y el rostro sombrío.
—¡Di immortales! —exclamó Annabeth—. Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están... se supone que no...
—Alguien lo ha invocado —dijo Quirón—. Alguien del campamento.
Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado.
—¡Percy tiene la culpa de todo! —vociferó Clarisse—. ¡Percy lo ha invocado!
—¡Cállate, Clarisse!—gruñó Piper.
—Es obvio que no ha podido ser ella, Percy era nueva.
—Cállate, niña —le espetó Quirón.
Observamos el cadáver del perro del infierno derretirse en una sombra, fundirse con el suelo hasta desaparecer.
—Estás herida—me dijo Annabeth—Rápido, Percy, métete en el agua.
—Sabes, eso sonó muy extraño. "Percy, estas herida, entra al agua" me confundiste mucho.—le dijo Percy a Annabeth.
Esta se encogió de hombros.
—No había tiempo para explicártelo mejor.
—Estoy bien.
—No, no lo estás—replicó—Quiron, mira esto.
Estaba demasiado cansada para discutir. Regresé al arroyo, y todo el campamento se congregó en torno a mí. Al instante me sentí mejor y las heridas de mi pecho empezaron a cerrarse. Algunos campistas se quedaron boquiabiertos.
—Bueno, yo... la verdad es que no sé cómo...—intenté disculparme—Perdón...
—¿Por qué te disculpas?
Percy se encogió de hombros.
—Es cierto—dijo Hazel frunciendo el entrecejo—Te disculpas mucho.
—Estaba acostumbrada a que todo era mi culpa, y siempre debía disculparme—dijo y Apollo y Poseidon rechinaron los dientes al recordar a Gabe.
Pero no estaban mirando cómo sanaban mis heridas. Miraban algo encima de mi cabeza.
—Percy—dijo Annabeth, señalando.
Cuando alcé la mirada, la señal empezaba a desvanecerse, pero aún se distinguía el holograma de luz verde, girando y brillando. Una lanza de tres puntas: un tridente.
—Tu padre—murmuró Annabeth—Esto no es nada bueno.
—Ya está determinado—anunció Quirón.
Todos empezaron a arrodillarse, incluso los campistas de la cabaña de Ares, aunque no parecían nada contentos.
—¿Mi padre?—pregunté perpleja.
—Poseidón—repuso Quirón—Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve, Persephone Jackson, hija del dios del mar.
—Siempre adoro cuando Quiron dice esas palabras, es tan genial—dijo Apollo.
Algunos asintieron de acuerdo con él.
—Ese es el final del capitulo, por fin—suspiró Nico, cansado de leer tanto y tantas interrupciones—¿Quién quiere leer ahora?
