El azote de la puerta resonó durante largos segundos entre las paredes de piedra labrada.
Hermione se mantuvo inmóvil, sumida en un mar de confusión. Su mente, usualmente práctica y analítica, no terminaba de procesar lo que acababa de ocurrir.
Escudriñó detenidamente su entorno. La luz blanca entraba por la ventana, iluminando con su resplandor irreal los muebles antiguos de madera pesada.
Una cama grande con dosel se situaba al centro, al lado un sillón de brocado oscuro y espaldar alto..y la chimenea pequeña, donde la leña se consumía sin prisa... las paredes estaban cubiertas de tapices antiguos y el suelo era de roca sólida.
La decoración ecléctica, mostraba elementos de diferentes épocas. Pero todos y cada uno de aquellos objetos se distinguían silenciosamente por su autenticidad.
Abandonó la cama, aun débil y mareada, sujetándose con ambas manos de uno de los poste de madera.
Se asomó a la ventana y colocó su mano derecha en el cristal atravesado por una cruz de hierro.
La retiró al instante. El frio opresivo le quemó los dedos, y mientras se la llevaba al pecho para darse calor, su vista continuó fija en el horizonte.
El fulgor del satélite rebotaba sobre los copos de los pinos cubiertos de nieve blanca.
Solo se veían arboles... árboles, rocas, montañas, y un cielo despejado de nubes en pleno invierno... algo demasiado bizarro para ser cierto.
Una vez más, Hermione temió que aquello fuera un sueño. Nada parecía tener sentido.
Se percató de las piedras enormes, de las vallas de metal y acero forjado que rodeaban el pedazo de patio que podía visualizar desde su ventana.
Por un instante la asaltó la idea de encontrarse en Hogwarts, pero la soltó al recordar el aroma del salitre y el agua salpicando en su rostro.
Era un castillo, uno antiguo y bastante grande... ¿Pero cuál?
Buscó en su memoria aquellos días ya muy lejanos en la primaria Nottigham. Arquitectura, historia, geografía de los cuatro países que conformaban el Reino Unido.. Castillos ubicados en la costa...
Su mente se quedó en blanco...
Eran cientos, y casi todos cerca del mar, era imposible adivinar o deducir donde se encontraba.
Sus esperanzas de escapar se borraron de un solo plumazo. Era una quimera, pensar en eludir la altura, las rejas, el invierno bestial y la oscuridad que de seguro regresaría luego que las nubes volvieran a cubrir la luna.
Y la impotencia llegó, apretándole el cuello e impidiéndole respirar.
Quiso llorar, sentarse en el suelo y secarse poco a poco... luego morir por falta de agua.
Pero su alma Gryffindor salió a flote, emergiendo sobre el miedo y la incertidumbre..
Respiró profundo, y con el mismo gesto que hacía cada vez que se enfrentaba a un examen difícil, se dispuso a armar el rompecabezas.
Hermione afinó la única arma con la que contaba por el momento, el discernimiento.
Severus Tobias Snape
Su exmaestro de pociones...
Jefe de la casa de Slytherin...
...Un traidor...
Sacó cada ínfimo recuerdo de aquel hombre, que siempre le había parecido un enigma complicado e interesante.
Se remontó al otoño de 1991, ocho años atrás, aquel día maravilloso en el cual llegó a Hogwarts, descubriendo que sus padres no le estaban jugando una broma con aquello de ser una bruja.
Y en aquel año fantástico, inició su amistad con Ron y Harry, y también el rosario de aventuras que los llevaría a ambos a orillas de la muerte, mientras ella luchaba porque mantenerlos unidos.
Recordó la noche del asesinato de Dumbledore, el cuerpo del anciano quebrado sobre la explanada del castillo, la marca tenebrosa tatuada en el cielo de la noche... y la huida del maestro en el cual ella había confiado...
Ron y Harry siempre tuvieron la razón. Ellos no se fiaron nunca del oscuro habitante de las mazmorras.
Y mientras luchabas con las lágrimas, entre la bruma trágica de aquella noche, no podía dejar de preguntarse ..¿Porque?
Harry se lo había contado todo, hasta el mas mínimo detalle..
¿Por qué Dumbledore no se defendió?
¿Por qué Snape no había cumplido con su propósito antes?
Creía en Harry, desde siempre lo consideró casi como un hermano, era la otra parte de ella, una mucho mas insensata y valiente... pero no podía evitar que las dudas le carcomieran el cerebro en aquellas noches eternas, buscando las piezas del alma de Voldemort.
El maestro de pociones había tenido tiempo de sobra, eso era verdad. Muchos años a la sombra, interpretando su papel a la perfección.
Sin embargo, durante su último año en Hogwarts, Dumbledore abandonaba el castillo con mucha frecuencia, dejándolo a la merced del espía que al final le quitaría la vida.
Snape tuvo oportunidad, mucho antes de lograr su objetivo real. El castillo estuvo a su merced en incontables ocasiones...y por ende también Harry...
Sacudió su cabeza, intentando ver lo invisible ante la luz de la noche.
Snape era un mortífago, un hombre de la entera confianza del Innombrable...
La tenía prisionera, encerrada en una recámara cálida y abrigada...
¿Por qué?
No pudo imaginarse una sola razón para que él le mostrara misericordia.
Recordaba claramente los días de encierro, la voz melosa y afrancesada de una mujer que fingía ser amable.. y la soledad, el hambre, el miedo...
Y también el calor de su cuerpo, esa agradable sensación de encontrarse por fin a salvo, cuando en realidad era él, llevándola a aquel lugar.
Al principio pensó que era un sueño, quizás el preludio de la muerte que tanto había anhelado, pero al verlo de espaldas al cristal helado de su ventana, comprendió que todo había sido genuino.
Y con un suspiro, Hermione se resignó a esperar. Supuso que dentro de poco tiempo descubriría la otra cara de su exmaestro de pociones.
No sabía cuan equivocada estaba...
Xxx
El agua tibia caía despacio, dibujando vetas sobre su tez pálida, creando caminos tranparentes sobre el vello fino y oscuro que salteaba la piel de su pecho desnudo.
El Slytherin apoyó ambas manos en la pared, y se rindió ante el avance cálido del liquido que acariciaba su espalda.
Se encontraba de nuevo allí, entre las mil paredes de aquella fortaleza que ahora debía llamar hogar...
Y eso era mentira, su único hogar había sido Hogwarts, durante mucho tiempo, desde aquel día en el cual llegó, arrastrando el viejo baúl heredado de su madre, de la mano de la chica que lo abandonaría para siempre, aquella que él asesinaría accidentalmente en su búsqueda de gloria y poder...
El lugar era inmenso, mas de 150 habitaciones, llenas de reliquias de los muggles de antaño.
Retratos pintados en óleo, pesados muebles del siglo XVII, bibliotecas con volúmenes de otros tiempo, pianos de cola desafinados... y una leyenda...
La historia se le había hecho interesante, ya rondaba en boca de mucho antes de que el mundo fuera entregado al ultimo heredero de Salazar Slytherin.
Lady Catherine de Arundel, hija de un Lord, había sido prometida para viajar a la corte del príncipe Luis XVI en Francia, quien más tarde seria conocido como el Rey Sol.
Su madre, Iracebeth, había hecho lo imposible por ocultar las "excentricidades" de su única hija.
Y era que en aquella época, la quema de brujas y herejes era cosas de todos los días. Nada más desastroso para la noble casa de Arundel que tener una niña cuyos dorado rizos cambiaban de color , desde rosa bermellón hasta azul cobalto y que hacia volar los platos y las cucharas con el simple sonido de su voz.
Y cuando las cartas empezaron a llegar, llenando de lechuzas todo el camino hasta el pueblo más cercano, Iracebeth canceló el viaje a Francia. Encerró a su hija en el calabozo mas apartado, y se tragó la llave...
Cuatro años pasaron, y los pájaros endemoniados no dejaron de pulular por todas partes, sembrando de incertidumbre el corazón de los sirvientes, y trayendo las historias mas fantásticas por parte de los campesinos de que trabajaban las tierras del Señor.
Las cartas eran amontonada y quemadas al instante que caían al suelo, mientras la mujer de rojos cabellos rechinaba los dientes, perdiendo gota a gota la cordura de sus 40 años de edad.
Y más temprano que tarde, sucedió.
Todo estaba planeado, la forma de mezclar el veneno con el vino, la historia que le contaría a su marido cuando regresara de su eterno viaje defendiendo la corona Inglesa en tierras lejanas, el silencio de sus sirvientes...
Pero Iracebeth no contaba con que su hija derramara el contenido de su copa sobre el suelo.
Aturdida, desesperada, ya completamente fuera de su juicio, la mujer sintió como la golpeaban con un pedazo de piedra... y la luz se le fue apagando, mientras la niña de los colores escapaba de aquella prisión húmeda y olorosa a sal.
Catherine corrió todo lo que pudo, pero sus piernas estaban fuera de forma por todos los años en cautiverio.
No se dio cuenta que su cuerpo había chocado con una pared alta, llena de rocas sobresalientes.
Anhelando la libertad, amparada por la luz del atardecer incendiándose sobre el horizonte, trepó su destino hacia la cima.
Y lo logró. El mar era tan hermoso como lo recordaba. Una sola línea de fuego que se unía con el cielo, llenándose de pequeñas chispas que saludaban a la noche naciente. Saboreó la sal en su boca, cerró los ojos y se dejó caer...
Su cuerpo de niña se estrelló contra las rocas afiladas.
Su alma se liberó de las ataduras de la carne.
Desde aquel día su fantasma rondaba los pasillos del castillo. Se alejaba por meses, aturdida por los muggles que deambulaban por todas partes, trayendo su aire de modernidad.
Pero siempre regresaba, silenciosa, etérea, libre... y más aun después de la llegada de aquel príncipe oscuro.
Severus la había descubierto, uno de los primeros días después de instalarse en la habitación principal.
Y era extraño, un fantasma.. pero nada que ver con los que había conocido en Hogwarts.
La sentía en los atardeceres muertos, cuando su fantasma silencioso se inclinaba sobre las páginas de los libros de magia oscura que él leía y releía, en el afán de encontrar la ultima respuesta al enigma del Señor Tenebroso.
Tenue, translúcida, eterna.. el espíritu de Catherine deambulaba por los pasillos, maravillada por la magia, sin comprender desde el limbo de su existencia, la naturaleza de aquel mortal de ojos negros.
Y a Severus no le importaba... incluso se mostraba a gusto con aquel espectro de ojos amarillos y voz ausente. Podía durar largas horas preparando viejas pociones, aprendiendo nuevas maldiciones y perfeccionando las viejas, mientras ella observaba con interés, mezclándose entre las sombras y la luz de aquella edificación antigua.
Aquella presencia femenina era la única indulgencia que el exdirector se permitía, en todo lo demás era austero y disciplinado.. genio y figura hasta la sepultura.
Cerró el grifo despacio, y agua tibia cesó. Severus recordó a la niña que de seguro estaba durmiendo, 200 metros más al sur, en el ala derecha del castillo.
Había pasado muchas horas tratando de decidir qué hacer con ella. En un principio consideró la idea de entregarse a Lupin y dar el asunto por terminado, pero al momento de la verdad no pudo hacerlo.
Sabía que era solo cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso descubriera a aquel grupo de niños jugando a la guerra, entonces todos morirían.
Y aunque hubiese sido muy fácil liberarse de aquella mocosa insolente, la conciencia no lo dejaba. Era como si el fantasma de Dumbledore le susurrara ordenes condescendientes desde el más allá. Deseando con toda su alma que al menos ella sobreviviera, echando de menos aquellos días en el cual nada le importaba en realidad, Severus tomó una decisión.
Resignado, sin saber como evitaría las preguntas que de seguro hervían en aquella cabeza de rizos desordenados, terminó de vestirse y llamó a su elfa domestica.
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Y lo días pasaron para Hermione.
La nieve continuó cayendo, tapizando cada centímetro del bosque lejano, mientras la gryffindor se preguntaba qué diablos pasaría ahora.
Dos semanas, dos largas semanas encerrada en aquella habitación. Cada día, la criaturita le traía tres comidas, calientes, deliciosas, nutritivas... y Hermione se preguntaba si la estaban engordado para luego sacrificarla.
Al principio se prometió no comer, iniciar de nuevo su huelga de hambre, hasta que su captor regresara a explicarle que tenía planeado para ella. Pero la elfa se limitó a encogerse de hombros, ignorando las preguntas .
Y todo era delicioso, los embutidos, las salchichas, el jugo de naranjas del desayuno, la tocinetas y los huevos humeantes.. era casi un sacrilegio negarse ante algo que no había probado en casi dos años.
Recordó la búsqueda de los horocruxes, y cuanta hambre había sufrido en aquellos días...
Y se rindió. La incertidumbre creció, mientras el oscuro habitantes de las mazmorras se encontraba a cientos de kilómetros de distancia. Pensó en decenas de teorias, pero cada una le parecía igual de improbable que la otra.
Y entonces llegó el día. Hermione se encontraba como siempre, mirando fijamente el horizonte a través de su ventana, deseando que apareciera un hipogrifo y se la llevara lejos.
Lolly se materializó en el centro de la alcoba, pero esta vez, en vez una bandeja con su cena, llevaba un vestido entre sus manos.
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Si, sé que me he tardado mucho para actualizar, y también que este capítulo me quedo medio vainilla. Pero les di DOS capítulos medianamente aceptables para que no me crucearan.
La historia de Catherine y su madre me salió sin pensarla, se que hasta el momento era innecesaria y que no tenía nada que ver con la historia, pero me pareció algo humano de Severus el verse interesado por una brujita de otros tiempos, víctima de la ignorancia de su familia.
Si en algún momento piensan que me he salido de la personalidad canon de nuestros protagonistas, por favor avísenme.
Un beso, gracias por seguir leyendo el fic. Espero que no se desilusionen y que sigan apegados a la historia. Ha sido difícil escribir en estos días, el trabajo me ha arropado completamente. Por favor díganme que les ha parecido, ¿no los he desilusionado aun? . Otro beso, y un abrazo. Ciao
Pd: Me sobra lo cursi.. verdad?
