DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.

ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, agresiones, lemon, un poquito de Faren porque puedo hacerlo :v


Esa noche hacía un frío de los mil demonios.

Eren exhaló aire, viendo como el vaho salía de sus labios, y frotó sus manos antes de acomodar sus pantis negras y transparentes, que se apegaban a sus piernas perfectamente. Podía escuchar a Hannes en el bar, su risa escandalosa, y soltó un chasquido de fastidio mientras sacaba las pelusas del tutú negro antes de acomodarse mejor el corsé. Aquella vestimenta le apretaba su cintura a más no poder y esos malditos tacos le estaban rompiendo los pies, pero sabía que no podía quejarse. Hannes le decía que vistiera eso por protección, y lo podía entender con claridad.

Si tuviera pechos, muy bien podría ser confundido con alguna mujer de cabello corto. Y aquello le servía bastante en caso de que la policía decidiera allanar el bar esa noche, aunque era poco probable considerando que varios de sus miembros se pasaban por allí una noche a la semana, como mínimo.

—Un hombre te busca, Eren —dijo una de las chicas entrando por la cortina.

Haciendo una mueca antes de poner su mejor sonrisa, se enderezó y entró al salón principal, caminando y contorneando su cintura, sin mirar a nadie, sabiendo que la persona que lo buscaba se le acercaría sin problema.

Se sentó en la barra, tratando de ocultar su mueca al sentir esas malditas bragas apretando su polla.

De pronto, sintió una caricia en su hombro, por lo que se volteó a ver al hombre que pidió su compañía esa noche.

Su sonrisa casi murió al ver al señor Walto sonriéndole con esa mueca lascivia que siempre tenía cuando compraba su compañía.

Odiaba a ese hombre y a sus ojos lujuriosos vagando por su cuerpo toda la noche, insistiéndole en que aceptara más dinero. Pero Eren no era tonto. Si aceptaba más dinero, eso significaba ir a parar a la cama, y Eren era bastante selectivo en eso. Por el momento, solo poseía dos clientes con los que tenía sexo, y eso solo dependía de su humor.

Hannes había sido bastante categórico cuando Eren comenzó a trabajar allí: él escogía los clientes, pero las ganancias no serían equitativas, yendo el sesenta por ciento al jefe y el otro cuarenta se lo quedaba Eren. Sin embargo, no le importaba mucho. Prefería ganar menos que seguir… que demostrar que el título de puta era realmente correcto.

—Hola, señor Walto —dijo en un ronroneo.

Walto sonrió, tomándolo del brazo y llevándolo a una mesa medio alejada, con unos amigos, y lo sentó en su regazo. Eren pudo sentir su miembro medio erecto contra su trasero, por lo que trató de no mostrar su desagrado.

Estaban jugando póker, así que observó el juego en silencio mientras dejaba que el hombre le acariciara el trasero y las piernas, susurrándole cosas sucias al oído, y Eren trataba de sonreír con diversión a pesar de que solo sentía asco y desprecio.

Luego de dos partidas ganadas, Walto metió la mano bajo el tutú, acariciando su miembro por sobre las bragas y pantis.

—Te daré el dinero de las partidas —susurró Walto sonriendo—, si me das esta noche, Eren.

El muchacho miró el dinero sobre la mesa, mordiendo su labio inferior, sintiendo su estómago pesado. Era mucho dinero. Con eso, podría pagar el arriendo retrasado que tenía y el del mes actual, junto con los materiales de arte de Isabel. Y si Farlan llegaba a ir dentro de esos días, y también Boris, podría pagar el colegio de la chica y le sobraría para comer sin problemas por dos semanas.

Pero tendría que soportar a Walto en su interior. Aunque, ¿qué era una noche, comparado con no tener que preocuparse por dos semanas de si tenían para comer o no?

—Vamos a una habitación —ronroneó a su oído enviando a lo profundo de su cuerpo el rechazo y asco que sintió al ver la amplia sonrisa del hombre.

Mientras esperaba a que Walto le pagara a Hannes, que le pasaría el dinero al terminar su turno, acarició superficialmente el anillo de oro que llevaba en su cuello gracias a una cadena.

Habían pasado cinco años desde la última vez que vio a Levi.

Cinco largos y penosos años.

Volvió a sonreírle a Walto mientras subían al segundo piso, reservado para las habitaciones, y cuando entraron se convirtió en una muñeca fácil de utilizar y desechar. Fácil de aplastar, rota, que recibiría todo con una sonrisa falsa y sus piernas abiertas.


Tambaleante, entró al camarín luego de ducharse, evitando ver su reflejo en el espejo, sintiendo náuseas y las piernas débiles. Mientras se vestía, pasó a ver su expresión, y desvió la vista enseguida.

El ojo morado. Las marcas alrededor de su cuello. El labio roto.

Si hubiera sabido que Walto era un sádico…

El dinero lo vale. Lo vale, se repitió buscando algo para cubrir el moretón que rodeaba su ojo. Se rindió luego de varios minutos, pensando en la excusa que le diría a Isabel al llegar a casa. Suspiró, saliendo del lugar ya vestido como un día cualquiera, y volvió al salón, ahora casi vacío. Eran las seis de la mañana.

Llegó a la barra, encontrándose con Hannes.

—El dinero —murmuró sin levantar la vista.

Antes de poder retroceder, el hombre le tomó la barbilla y le levantó el rostro, haciendo una mueca de disgusto al ver su expresión.

—Te dije que Walto no, Eren —reprochó Hannes con tristeza.

—Ya pasó —contestó temblando—. No lo volveré a aceptar. Ni siquiera para compañía.

—Paga bien por ti.

—No importa. No quiero que me vuelva a tocar —hizo una mueca—. No le bastó con una ronda.

—Está bien —Hannes abrió un cajón y le entregó un sobre—. ¿Te veré hoy en la noche?

—No, pero llámame si viene Farlan o Boris. A ellos no les importará esto —señaló su rostro antes de guardar el dinero y marcharse.

Al salir, leyó de reojo el nombre del prostíbulo y suspiró, agotado. Había empezado a trabajar en Eldorado(1) luego de estar un año sin poder conseguir algo estable debido a los rumores y al repudio general. Si no hubiera sido por Isabel, con toda probabilidad se habría suicidado, pero tener a la chica bajo su responsabilidad le hizo entrar a trabajar allí.

Era su único ingreso y con lo que podía sacar a la chica adelante. Él ya no importaba, le daba lo mismo lo que fuera a pasar con él, pero si podía lograr que Isabel sacara alguna carrera, todo estaría bien.

Frotó su cuello, tratando de aliviar un poco el dolor.

Estaba acostumbrado a amantes suaves, tiernos. Levi, Farlan y Boris lo eran. Pero otros, como Walto… solo veían a las prostitutas y prostitutos del lugar como objetos, haciendo con ellos lo que quisieran durante el sexo. Al parecer, a Walto le gustaba golpear y ahorcar con cada penetrada. Y sumado a eso, al tipo le gustaba correrse en su interior o su boca. Estuvo cerca de diez minutos bajo el agua tratando de quitarse todos los restos de él.

Entró al edificio medio destartalado donde vivía con Isabel, y se quedó quieto al ver lo que habían escrito en la puerta de su pequeño departamento.

Ramera de los rusos.

La pintura todavía estaba fresca.

De seguro fue la mujer de arriba, que siempre andaba gritando como loca. Entró, notando que Isabel todavía no despertaba, y aprovechó de sacar la pintura antes de que lo viera. Isabel sabía, por supuesto, cómo lo trataban, en qué trabajaba, y por qué le decían ello, y la chica realmente no lo juzgaba por nada, pero prefería evitar que lo viera en vivo y en directo.

El departamento donde vivían era pequeño, con la cocina y el comedor juntos, una habitación con una cama y un armario, un sofá y un baño. Eren había tratado de conseguir algo más grande, sin embargo, casi todos en esa ciudad de mierda ya lo conocían.

Y no, precisamente, por cosas buenas.

Había logrado arrendar el departamento luego de rogarle al casero y de pagar el doble de lo que realmente costaba el lugar. Tuvo, además, que chuparle la polla en su oficina.

Aquel recuerdo le hizo hacer un gesto de asco.

Fue a despertar a la chica, meciéndola con suavidad, y la muchacha abrió los ojos, bostezando.

—Llegaste tarde —reprochó ella, para luego enderezarse al ver su ojo morado y labio partido—. ¡Hermano mayor! ¿Qué es esto? ¡No me digas que fue un cliente! ¡Ya te dije que dejaras de trabajar allí!

Isabel, asustada, fue a la cocina con rapidez, sacando un pedazo de carne para ponérselo sobre el ojo. Eren se quejó, pero luego le sonrió con cariño.

—No te preocupes, no fue un cliente —mintió—. Me tropecé con los tacos y caí sobre–

—¡No me mientas, Levi siempre me dijo que cuando mientes tus orejas se ponen rojas!

El chico gimoteó.

—Vale, sí, pero no volverá a ocurrir —tratando de sonreír, el chico abrió su mochila—. Isabel, nos pondremos al día con el arriendo y podré comprarte esos materiales que tanto querías.

—Eren —la chica lo abrazó por la cintura, triste—, ya te dije que no eran importantes. Por favor, consigue otro trabajo, no me gusta verte allí —ella lo sacudió—. Deja que trabaje yo, por favor…

—Ya lo hemos hablado, Isa —Eren le acarició el cabello—. No me importa el trabajo, de verdad. Quiero que tú estés bien, quiero cuidarte, y quiero verte estudiando. Eso me hace feliz.

—Pero no me gusta que la gente hable de ti… —Isabel lo miró, sus ojos enormes y expresivos—, ayer, en el colegio, unos chicos me preguntaron si sabía cuánto cobrabas y quise…

—¿Es eso? —el castaño frunció el ceño—. Te da vergüenza lo que hago, ¿cierto? Está bien, no te preocupes, no me importa, solo no te metas en problemas, si vas a dirección pueden echarte, ya estabas condicional cuando entraste debido a mi trabajo —la chica lo observó con los ojos llenos de lágrimas—. Tal vez… tal vez deberías ir a una casa de acogida…

—¡No! ¡No digas eso! —Isabel enterró su rostro en el pecho de Eren—. ¡No siento vergüenza de ti, ¿cómo puedes decir eso?! ¡Eres la persona más… más genial y buena que conozco, de verdad! ¡Es solo que me da rabia que te juzguen sin conocerte, que todo… que tengas que hacer eso porque nadie más te contrata por una estupidez!

—¡Oye! —Eren le devolvió el abrazo, tratando de calmarla—. ¡No desprecies lo que hago! ¡¿Sabes cuán fabuloso me veo en pantis?! Levi siempre dijo que mis piernas son divinas, así que debo aprovecharlas.

Isabel soltó una risa ahogada, sollozando ahora, y Eren la estrechó con cariño, besándole la coronilla, tratando de no quebrarse por toda la situación que estaban viviendo.

—Está bien, Isa —murmuró con la voz temblando—. Estoy bien, lo juro. No pasa nada. Ya las cosas van a mejorar —tragó saliva, parpadeando para no romper a llorar, y le levantó el rostro—. Mira, ya son las siete, alístate para el colegio mientras yo preparo tu desayuno, y en la tarde te iré a buscar y podemos pasar a comer algo —la chica asintió, llorosa—. Y luego iremos a comprarte tus artículos de dibujo, y todo estará bien, lo prometo. Y esta noche me quedaré contigo, los dos, y si quieres te ayudaré con tus tareas.

Isabel volvió a asentir, tratando de sonreír, y fue al baño para ducharse.

Mientras lo hacía, Eren fue a la habitación, rompiendo a llorar apenas la puerta se cerró detrás. Tuvo que cubrir su boca con sus manos para que la chica no llegara a oír sus gemidos, y trató de secarse las lágrimas lo más rápido posible.

Todo estaría bien mientras Isabel estudiara y él pudiera pagar todo. Solo tenía que preocuparse de eso, de nada más.


Mientras se ponía el delgado abrigo, vio su reflejo en el sucio espejo, e hizo una mueca al ver su ojo todavía hinchado y morado. Walto lo había golpeado al principio, cuando estaba penetrándolo, y comenzó a hacer presión en su garganta. Había tratado de pararlo, tratado de quitar su brazo sobre él, y entonces el hombre lo golpeó, dejándolo aturdido.

Le hizo recordar a todos esos hombres en su interior, en el hotel Adlon, como lo golpeaban, como se burlaban de él. Y eso trajo los recuerdos con Levi a su mente otra vez, haciéndolo sentir más nostálgico y alterado que de costumbre.

Soltó un suspiro mientras salía, bajando al primer piso, sintiendo el frío calarse en sus huesos. Si sobraba el dinero suficiente, tal vez podría darse el lujo de comprar un mejor abrigo.

Tocó la puerta del departamento del casero. Dimo se asomó, esbozando esa horrible sonrisa burlona, y Eren trató de no mirarlo a los ojos.

—Le traje… el dinero del arriendo —murmuró bajando la vista.

—Estás retrasado —gruñó el hombre.

Se esforzó en no pensar en sus ruegos cuando Dimo le dijo que no había pagado el mes anterior y que debía marcharse. Agradeció que Isabel tuviera clases hasta las tres de la tarde, o si no habría visto de primera mano a Eren chupándosela a ese hombre.

—Sí, pero acá está lo del mes anterior y este mes —sacó el dinero, tendiéndoselo—. Trataré de no volver a retrasarme. Lo prometo.

Si me cobraras lo que vale tu departamento de mierda, no tendría por qué andar retrasándome, pensó furioso, tratando de contenerse para no darle un golpe que le cerrara la boca.

—No sé si seguiré dispuesto a tener en mi edificio a una prostituta de los rusos —comentó Dimo recibiendo el dinero—. Ya sabes, las cosas han estado peor últimamente, y estás en un sector declarado como oeste. Entiendes lo que eso significa, ¿cierto?

Por supuesto que lo entendía perfectamente. Luego de que la guerra ya hubiera acabado, en la conferencia de Postdam, Alemania se había dividido en cuatro zonas de ocupación: el noroeste quedó para Reino Unido, el suroeste para Francia, Estados Unidos con el sur, y la URSS con el este, y solo el año pasado, toda la zona occidental se convirtió en la República Federal de Alemania, mientras que la oriental pasó a ser la República Democrática de Alemania; Berlín, al mismo tiempo, se dividió en dos zonas (aunque la parte occidental tenía subdivisiones con Francia, Reino Unido y Estados Unidos), con la misma separación: oeste para la RFA y este para la RDA. El hotel Adlon y la Unter den Linden quedaron en el este, y Eren no había querido volver allí. No cuando las cosas entre estadounidenses y rusos habían estado tan tensas últimamente. Además, tenía claro que si volvía, los recuerdos lo iban a consumir.

Estaba seguro que si pasaba por allí se podría ver a sí mismo corriendo para tratar de alcanzar a Levi ese triste día de verano que despertó.

—Ya no me acuesto con rusos —dijo Eren antes de girarse con intención de marcharse.

—Pero lo hiciste antes —gritó Dimo—, y eso, chico, es algo que todo Berlín lo sabe, así como el lugar en donde trabajas —Eren no se volteó mientras se iba—. Todo Berlín sabe que no eres más que un traidor chupapollas de los rusos.

Al salir del edificio pudo soltar el aire que estuvo conteniendo. Cuando Isabel se fuera… cuando partiera a la universidad y se quedara allí, podría ir y golpear a ese asqueroso hombre para luego ser echado. No le importaba. Le daba lo mismo. Pero por ahora, debía contenerse.

Tembló de frío, viendo que la nieve comenzó a caer, y comenzó a caminar hasta el colegio de Isabel, el Französisches Gymnasium(2), que quedaba a varias cuadras del edificio. El director era hermano de una de las mujeres que habían estado en el hotel Adlon con él, por lo que el hombre sabía muy bien quién era Eren e Isabel. Sin embargo, a diferencia de su hermana –Rico–, el hombre había permitido que Isabel estudiara allí, aunque estuviera condicional, y Eren estaba agradecido de ello.

Sus manos pronto se enfriaron, por lo que las metió en los bolsillos del abrigo aunque no sirviera de mucho.

Frunció el ceño. Los inviernos siempre eran horribles para él, porque debía ya no solo hacerse cargo de los gastos básicos, sino también de comprar carbón y leña. El año pasado había tenido que pedirle prestado dinero a Farlan, para su vergüenza, o habrían muerto de frío.

Tal vez… tal vez debería ir a trabajar esa noche… y si Walto volvía a solicitarlo…

Había soportado a varios hombres jugando con él en el pasado, ¿qué sería uno más?

Mordió su labio inferior, apoyándose en un árbol al llegar al colegio de Isabel, viendo que había llegado diez minutos antes de que el timbre anunciara el fin de clases.

Si Walto volvía a ofrecerle buen dinero, la misma cantidad del día anterior –o incluso un poco menos– podría comprar leña y carbón para un mes.

Una vez más, y listo. Luego ahorraría para el resto del invierno. Y si volvía a agredirlo… bueno, iba a tener que utilizar maquillaje o algo para que Isabel no se pusiera histérica.

El timbre resonó y unos segundos después un montón de estudiantes salieron riendo, corriendo, hablando entre ellos. Pudo notar a Isabel inmediatamente gracias a su cabellera roja, y la chica se despidió de su único amigo para salir corriendo y abrazarlo, gritando.

—¡Viniste! ¡Viniste! —chillaba riéndose, llamando la atención de los estudiantes más cercanos con algunos padres.

Eren sonrió, divertido, tomándola en brazos, haciendo que riera más fuerte.

—Por supuesto que iba a venir, te lo dije en la mañana, ¿no? —preguntó pellizcándole la mejilla.

—¡La última vez te quedaste dormido!

Sonrió culpable, recordando a Isabel protestando por dejarla plantada, para luego acostarse a su lado en la cama, acurrucándose contra su cuerpo y rompiendo a llorar, diciendo que no debería sentirse enojada cuando Eren trabajaba hasta la madrugada y que era normal que se quedara dormido a veces. El chico la abrazó, dejando que se durmiera en sus brazos incluso, y esa noche, en recompensa, no fue a trabajar.

La dejó en el suelo, pasando un brazo por sus hombros, y la atrajo dándole un beso en el cabello, comenzando a caminar, ignorando los murmullos de algunas personas y estudiantes.

No tenía que preocuparse de nada, de nada excepto de que Isabel tuviera siempre esa sonrisa en su rostro.


Mientras Isabel parloteaba y echaba al carrito los materiales que necesitaba para seguir pintando, Eren la observó detenidamente, pensativo, recordando a la llorosa niña de diez años que lo había sostenido luego de que Levi se marchara, llevándose con él la pequeña burbuja de felicidad que experimentó esos cortos meses.

Había pensado, cuando pudo recuperarse de sus heridas, cuando ya podía mover su brazo, cuando respirar dejó de doler, que lo mejor para Isabel sería llevarla a algún orfanato u hogar de acogida donde tendría comida diaria y una cama donde dormir –esos primeros meses, Eren apenas podía hacer algo debido a las heridas e Isabel tenía que salir a pedir alimento, muchas veces regresando con las manos vacías. Pero cuando se lo sugirió a la pelirroja, vio como comenzaba a llorar y negar con la cabeza, diciendo que quería estar con él, con su hermano mayor, que no quería dejarlo solo, que él era lo único que le estaba quedando en el mundo y no quería tenerlo lejos.

Eren tampoco quería que se fuera. Isabel era el único recuerdo palpable de Levi –junto con el anillo y su carta– y no quería que esos recuerdos se fueran. Esos recuerdos, y la promesa de regreso, eran lo único que lo mantenían en pie.

—Creo que llevo muchas cosas, hermano mayor.

Parpadeando, Eren miró el carro para luego dirigir su vista al rostro de Isabel, notando su mirada avergonzada, su labio inferior mordido.

—Llévalo, si alcanza —contestó el castaño sonriendo, aunque por dentro se lamentaba porque no podría comprarse un nuevo abrigo.

Isabel negó con la cabeza.

—Sacaré unas cosas, es tú dinero, después de todo —replicó la pelirroja tomando el carrito y comenzando a seleccionar las cosas que no compraría.

—Dense prisa, están dejando mal parado mi local —gruñó la vendedora detrás de su puesto.

Isabel se detuvo y Eren desvió la vista.

—Vamos a pagar por lo que compremos —contestó la muchacha tratando de ocultar su rabia.

—No me preocupo de ti, cariño. Eres solo una niña —contestó la mujer con compasión—. Me preocupa esta puta que tienes por compañía. ¿Por qué no lo dejas? De seguro está esperando a que seas más grande para venderte a los rusos. Marica, y aparte amante de un ruso. Qué asco.

Isabel miró el carro, mientras Eren solo suspiraba, tratando de demostrar que las palabras de esa mujer –palabras a las que ya estaba acostumbrado– no le afectaran más de la cuenta.

—No quiero nada —dijo Isabel dándose vuelta—. Vámonos, hermano mayor. Ya no quiero nada de esta señora de mierda.

—¡Muchacha! —gritó la mujer ofendida.

—Isabel —la aludida salió del local con Eren detrás—, oye, olvídalo. No importa.

—¿No importa? —los ojos de Isabel se llenaron de lágrimas—. Hermano mayor, ¿por qué no te defiendes? No deberías dejar que te traten así. ¡Tú no eres una puta! ¡¿Y qué si amabas a un ruso?! ¡Levi fue el único que te protegió, y ellos no pueden entenderlo!

—Isabel, baja la voz —masculló Eren viendo como las miradas se dirigían a él—. Las cosas no son fáciles. Nunca lo han sido. Está bien si ellos creen eso. Me da lo mismo, de verdad. Lo único que me interesa es que la gente que quiero no crea esas cosas, ¿está bien? Si tú no crees en ello, entonces todo está bien.

La muchacha lo tomó del brazo, sonriendo tristemente, y comenzaron a caminar por las calles, yendo a la tienda más cercana para comprar algunas cosas para la cena.

—¿Y si Farlan lo creyera, Eren?

El castaño la fulminó con la mirada, logrando que soltara una risa baja, pero solo negó con la cabeza, suspirando, entrando a la tienda de comida.

—Farlan sabe que no soy su exclusivo —soltó tratando de mantener una expresión neutra.

Isabel frunció el ceño, sacando un paquete de té y azúcar.

—Farlan te quiere.

Aquello logró hacerlo ruborizar mientras echaba al canasto varios condimentos, además de arroz, fideos y vegetales.

—¿Y eso qué? De seguro si tengo algo con él me dirán puta de los rusos e ingleses —escupió yendo a la caja para pedir el pan junto con jamón, mantequilla, pollo y carne.

Isabel no contestó, viendo al vendedor pesando todo y sumando los productos.

—Ochenta y nueve marcos y cincuenta pfennigs —gruñó el hombre poniendo una mala cara.

Eren se quedó quieto, frunciendo el ceño, mirando las cosas que pidió y luego al vendedor, que sonreía con superioridad.

La economía en Berlín estaba mala, eso era claro, sin embargo…

—Estoy seguro que me está pidiendo más de la cuenta —gruñó Eren entre dientes.

El hombre eliminó su sonrisa, poniendo ahora una mala expresión.

—A las rameras de los rusos siempre se les cobra más —soltó con desprecio.

Isabel abrió la boca, pero Eren solamente le hizo un gesto para que callara. El castaño miró calculadoramente al vendedor, para luego sonreír de una forma dulce, aunque sus ojos eran fríos.

—Usted es el señor Steck, ¿cierto? —preguntó con suavidad—. Me pregunto qué diría su mujer si sabe que algunas noches se pasa por el prostíbulo —el hombre palideció—. Prometo quedarme callado si me cobra lo correcto, señor Steck.

El vendedor estrechó sus ojos, rabioso, y miró los productos.

—Setenta marcos y cuarenta y cinco pfennigs —escupió.

—Ahí está todo bien —Eren le entregó el dinero, tomando las bolsas—. Nos vemos por la noche, señor Steck.

El hombre soltó una maldición, pero el castaño simplemente se encogió de hombros, saliendo del lugar con Isabel detrás, tratando de aguantar la risa. Eren sacudió la cabeza, rodando los ojos, y atrajo a la muchacha en un abrazo enorme, besándole la frente, caminando con ella hacia su departamento, dejando que el frío aire de la noche los envolviera por completo.


—Tus ojos, esta noche, parecen dos luceros que iluminan mi camino.

Eren soltó una risa baja, negando silenciosamente, girando en la silla y enfrentando los ojos avellana de Farlan. El rubio se apoyó en la barra, dejándolo encerrado entre sus dos brazos, y se inclinó con la intención de darle un beso, sin embargo, Eren se corrió a último momento, los labios de Farlan tocando su mejilla.

A Eren no le gustaba que otra persona que no fuera Levi lo besara.

—Es el peor poema que he escuchado, Church —dijo Eren en inglés, tratando de aligerar el ambiente.

—¿Sí? —Farlan le ordenó algo a Hannes—. Veamos… Ahora que tengo tus ojos impregnados en mi vida, el olor y suavidad de tu cuerpo, los sabores que destilas, no puedo más que alegrarme por poder disfrutar ese regalo —Eren enrojeció, cubriendo sus manos, y Farlan sonrió con diversión, acariciando sus piernas cubiertas por las pantis negras—. Ahora que he sentido cada uno de tus orgasmos, y que en mi mente resuenan tus jadeos, tus otros sonidos, solamente con recordarlos palpita con fuerza mi deseo.

Eren comenzó a reírse, sintiendo su rostro colorado, y Farlan también se rió, mostrando todos sus dientes, exultante de ver esa expresión en la cara del más joven.

—Palpita con fuerza tu pene, querrás decir —dijo el castaño señalando el bulto en su pantalón.

—Me atrapaste —contestó Farlan sentándose a su lado—. ¿Cómo está Isabel?

Eren se acomodó mejor en el asiento, las bragas haciéndolo sentir incómodo otra vez. Esta vez, llevaba un vestido rojo y negro, la falda cubriendo un poco más abajo de su trasero, el escote con forma de corazón y un apretado corsé que remarcaba su cintura.

—Bien —frunció el ceño—, dejando todo el departamento sucio con sus pinturas.

—Si tuvieran un departamento más grande… —Farlan se interrumpió al ver la mirada furiosa del chico.

—Ya te he dicho que no, Farlan.

—¿No me quieres? —antes de poder contestar, el rubio lo tomó de la cadena que tenía alrededor de su cuello, tirando de ella y revelando el anillo—. Siempre te veo con él, ¿era de tu amante ruso?

—¿Y a ti qué te importa? —inmediatamente, Eren se puso a la defensiva—. ¿Y qué si era de él?

—Han pasado cinco años, Eren.

Desvió la vista, mordiendo su labio inferior.

Por supuesto que sabía que habían pasado cinco años. Cada dura mañana se daba cuenta de ello, cada duro día, cada dura noche en ese prostíbulo. A veces, en la bruma del sueño, cuando estaba despertando, creía que esos cinco años solo fueron una triste pesadilla, y al momento de abrir los ojos, se encontraría con los preciosos ojos grises de Levi, que estaría a su lado, acariciándole el cabello con cariño.

—Y yo sigo aquí, esperando como un idiota, teniendo que compartirte con otros hombres —gruñó Farlan decepcionado.

Eren no lo miró, observando el techo, tratando de contener las lágrimas.

Había conocido a Farlan hacia dos años, cuando el pobre soldado inglés lo confundió con una chica, llevándose una gran sorpresa al toquetearlo y notar la falta de pechos y el bulto en su entrepierna. El rubio se había retirado, avergonzado, para volver al día siguiente con una disculpa. Terminaron conversando toda la noche y el inglés no dudó en pagar el tiempo utilizado, aunque solo se sentaron a hablar de algunas cosas. Así, Eren se enteró de que Farlan estaba allí debido a los conflictos que estaba apareciendo con la zona este de Berlín, y no sabía cuánto tiempo estaría en aquella ciudad, por lo que el castaño pensó que no lo volvería a ver pronto.

Pero no fue de esa forma. A la semana siguiente, volvió. Y a la siguiente. Y a la siguiente.

Empezaron a acostarse una noche de borrachos. Farlan fue amable, dulce y tierno, algo que Eren olvidó con el tiempo y al resto de hombres que pasaron por allí, así que tener al rubio a su lado, de alguna manera, trajo un resquicio de luz a sus oscuros, deprimentes días. Al menos lo hizo hasta la noche en que en medio de un revolcón, Farlan le había murmurado que lo quería, que fuera a vivir con él, y trató de besarlo.

Farlan fue un escape para Eren, sí. Pero solo eso, nada más, porque su corazón todavía le pertenecía a Levi, a su promesa, a su capitán, a ninguna otra persona.

Y sentía una lástima terrible, horrible, por no poder corresponder los sentimientos de Farlan, porque sabía que el rubio lo haría feliz si le daba una oportunidad.

Sin embargo, no podía darle eso. ¿Y si Levi regresaba? Solo le rompería el corazón al inglés, y Eren no quería eso. No cuando Farlan fue su tabla en medio del mar tormentoso.

—¿Y si él no vuelve, Eren? —la voz de Farlan era triste—. ¿Hasta cuándo lo esperarás?

Por siempre.

Pero, ¿y si Farlan tenía razón? ¿Y si Levi no volvía, si solo escribió eso para que la despedida no doliera tanto? ¿Y si debía olvidar a Levi?

Cerró sus ojos, sintiendo de pronto los labios de Farlan sobre su cuello, y mordió su labio inferior, bajando su rostro, notando entonces la boca del rubio sobre la suya, sus manos en su cintura, su lengua acariciando sus labios, y jadeó, tratando de no pensar en Levi besándolo, en Levi tocándolo, en Levi haciéndole el amor de esa forma tan dulce que tenía.

Farlan lo llevó a una habitación, quitándole la ropa, sin dejar de besarlo, y antes de que pudiera protestar, le quitó la cadena alrededor de su cuello, el anillo dejando de tocar su piel, dejándolo sobre el velador. El inglés lo penetró, y Eren gimió, sus ojos entrecerrados posándose en el anillo de Levi.

Una sensación de culpabilidad se asentó en su estómago, por lo que cerró sus ojos, apretándolos, tratando de espantar las lágrimas que pujaban por salir, esforzándose en no quebrarse.

Volvió a gemir, y Farlan se separó.

—No hagas eso —susurró antes de besarle el cuello—. No sonrías… como una… una muñeca, Eren…

El castaño jadeó, aferrándose a la espalda de Farlan, y trató de ahogar los sentimientos culpables que comenzaron a consumirlo.

Pero aquella sensación no desapareció con facilidad por el resto de la noche ni los siguientes días.


—Quédate conmigo esta noche, hermano mayor —rogó Isabel haciendo un puchero, cruzándose de brazos.

El castaño sonrió, negando con la cabeza, mientras se ponía el abrigo.

—No puedo, necesito cubrir el arriendo de este mes —Eren se acercó, dándole un beso en la frente—. Si tienes mucho frío, pon un palo de leña más en la estufa, y duerme con alguna bufanda o un gorro —la miró preocupado—. No te expongas, Isabel, si pescas un resfrío…

—Lo sé, hermano mayor, lo sé —la pelirroja suspiró, dándole un beso en la mejilla.

Si alguno de los dos se resfriaba, las cosas iban a estar más duras para ellos porque tendrían que gastar en algún doctor y remedios.

Salió del departamento, viendo a la señora Rheinberger subir las escaleras. La saludó con la voz suave, recibiendo como respuesta un gruñido que fingió no oír –chupapollas de los rusos– y se encaminó al prostíbulo, el frío aire de la noche calando en sus huesos, haciéndolo temblar a pesar del abrigo que lo cubría. Definitivamente iba a tener que comprarse un nuevo abrigo, tal vez mañana podría hacerlo.

Luego de quince minutos llegó a Eldorado, viendo las luces de neón iluminando la calle. Fue recibido por el guardia, y entró al salón, caminando directamente hacia el fondo, cruzando la cortina. Todavía era bastante temprano, por lo que no había casi nadie, y saludó a las chicas y chicos que trabajaban con él.

Sayram se le acercó, extendiéndole el traje de esa noche. Eren gimió.

—Cambiemos —pidió el castaño viendo la prenda negra.

—Anteayer fui yo, hoy te toca a ti —el muchacho se rió, sacando también el cintillo, las orejas de conejo moviéndose con suavidad.

—Odio al conejo —masculló Eren tomando la prenda, comenzando a desvestirse.

—Todo el mundo cree que te queda bien —contestó Lauda tendiéndole los tacones negros—. Dicen que remarca bien tu trasero.

—¿Y eso es bueno? —soltó el castaño tomando las pequeñas bragas oscuras, haciendo una mueca.

—Hace que la cola se vea más arriba —los dos chicos hicieron gestos pervertidos, logrando que el castaño les tirara un cepillo para el cabello, y salieron riéndose a carcajadas.

Ya en silencio, procedió a ponerse el estúpido traje, maldiciendo en voz baja ese día, una sensación de ansiedad llegando a su estómago. Algo le decía que esa noche sería malísima, y soltó un chasquido, poniéndose los tacos. Tomó las estúpidas orejas, acomodándolas, y al salir se encontró con Hannes.

El dueño del local le echó una mirada, y Eren maldijo ahora en voz alta.

—Farlan y Walto te buscan.

Frunció el ceño.

Había pasado casi un mes desde que pasó lo de Walto y había rechazado acercarse a él otra vez. Al menos ahora tenía una excusa lo suficientemente buena como para ignorarlo.

Salió al salón, y distinguió a Farlan en la multitud. Antes de que el rubio pudiera decirle algo, Eren se sentó en sus piernas, dándole un beso para mostrar que ya estaba con alguien esa noche.

Al alejarse, vio la mirada divertida del inglés, sintiendo sus manos agarrando su cintura, y se aferró más a él.

No habían conversado de lo que pasó esa noche de semanas atrás. Ni lo que había pasado tampoco la última noche, cuando Eren volvió a permitir que lo besara en la boca. Sabía que Farlan quería sacar el tema a la luz, pero lo iba a evitar lo suficiente hasta que pudiera esclarecer todos sus sentimientos.

—Creo que me encanta verte vestido de conejito —ronroneó Farlan a su oído.

Eren le dio un manotazo, negando con la cabeza.

—No seas idio–¡No agarres mi cola, Farlan! —protestó al sentir un tirón en el trasero.

—Te ves encantador.

Se ruborizó, mordiendo su labio inferior, y tomó el vaso del rubio, poniéndose de pie.

—Iré a buscarte algo para beber, te estás calentando demasiado rápido —murmuró Eren. Farlan sonrió de medio lado, tirando de la cola otra vez y ganándose un nuevo chillido junto con un manotazo.

Murmurando más maldiciones por lo bajo, fue a la barra, ordenándole a Hannes dos whisky, y mientras se movía lentamente al suave ritmo de la música, miró el escenario.

Sintió a alguien observándolo, por lo que desvió la vista a su lado.

No pudo ni siquiera disimular la mueca desagradable que nació al ver a Walto observándolo con enojo.

—Te daré el doble de la otra noche si la pasas conmigo, Eren —gruñó el hombre viéndolo de arriba hacia abajo.

Los labios del chico temblaron, pensando en todo lo que podía hacer con ese dinero, pero se recordó que Walto lo agredía durante el sexo, y prefería ahorrarse aquello.

—Ya estoy con un cliente ahora —contestó tomando los vasos, esbozando esa horrible sonrisa de muñeca que ponía para fingir que las cosas estaban bien.

Dio unos pasos, sin embargo, Walto lo tomó del hombro, haciéndolo retroceder. Tuvo que hacer malabares para no botar los vasos ni tropezarse.

—El triple —escupió el hombre, el aliento alcohólico llegando a su rostro.

Trató de mantenerse indiferente, aunque sus ojos recorrieron toda la cara de Walto.

Se vio a sí mismo jadeando de dolor, tratando de buscar aire a medida que las manos enormes de ese hombre le apretaban la garganta.

—Lo siento, pero no —se soltó, molesto—. Y le pido, por favor, que deje de buscarme.

Nuevamente dio unos pasos, pero de pronto Walto lo agarró del brazo, girándolo con brusquedad.

Eren abrió la boca para decirle algo.

Pero de pronto estaba en el suelo, su cuerpo chocando contra una silla, los vasos quebrándose a su lado, su mejilla ardiendo, su ojo palpitando.

Levantó la vista, viendo los furiosos ojos del hombre, su mano levantada, y la sangre inundó su boca.

—¡¿Quién te crees tú, pequeña puta, para rechazarme?! —gritó Walto antes de darle una patada en el estómago—. ¡No eres más que una ramera, una prostituta, la perra de los rusos! ¡Deberías estar agradecido de que quiera pagar tanto por ti! —lo tomó del cabello, levantando su cara—. ¡Das asco, basura, chupapollas, abrepi–!

—Oi, suéltalo ahora.

De pronto, Walto ya no lo sostenía, su cuerpo en el suelo otra vez, y gimoteó al sentir el dolor en su estómago, en su rostro.

Quería levantar la vista, mirar de donde procedía esa voz.

Esa conocida voz.

—Tranquilo, Eren —susurró Farlan detrás suyo, cubriéndolo con su chaqueta, ayudándolo para que se pusiera de pie.

Jadeó otra vez, escuchando los gritos de Walto al ser golpeado.

Luego, vino otra vez esa voz.

—Si lo tocas de nuevo, maldito hijo de puta, te arrancaré los ojos y haré que te la comas —una pausa, seguido de otro golpe—. No te atrevas a tocar otra vez a mi solnyshka.

Algo latió con fuerza en el pecho de Eren.

Algo que creía seco y muerto.

Con todo el cuerpo temblando, sacudiéndose por la confusión, sintiéndose como si estuviera dentro de un sueño, levantó la vista, chocando con unos bellos, hermosos ojos grises que veía cuando dormía.

Cubrió su boca, sin dejar de temblar.

Levi esbozó esa preciosa sonrisa que solo tenía para él.

—Hola, mocoso de mierda.


Por supuesto, Eren reaccionó de la manera en que cualquier otra persona sensata habría reaccionado en su situación.

Se puso de pie y dio dos pasos, alcanzando a Levi, quien abrió los brazos para recibirlo con fuerza.

Antes de que Levi pudiera decir algo, Eren le dio una bofetada enorme que volteó su rostro.

Y luego rompió a llorar en los brazos del azabache, sintiendo, por primera vez en mucho tiempo, que las cosas estaban bien.

Que las cosas, por fin, habían vuelto a su lugar y que todo estaría bien de ahora en adelante.


(1) El cabaret/prostíbulo Eldorado existió realmente, fue fundado en 1929, y fue principalmente para las relaciones homosexuales. Desapareció cuando el nazismo estaba en su máximo apogeo, y recién el 2008 apareció otra vez. Por temas de narración, decidí incluirlo aquí.

(2) El colegio mencionado también existe, es la escuela pública más vieja de Berlín. Durante la Segunda Guerra Mundial el edificio recibió bombardeos y fue destruido, pero cuando la guerra acabó volvió a funcionar, solo que en otro lugar.


Me gustó mucho escribir este capítulo, ains, lo estaba esperando con ganas xD Quizás algunas personas se pregunten el por qué decidí alargarlo un poquito más, considerando que la despedida de Levi y Eren era inevitable, y quizás pude haber saltado directamente al epílogo luego de la partida de Levi, pero hay que recordar que la historia en sí se enmarca en un contexto de guerra y muerte, lo que provocó que, para sobrevivir, Eren se convirtió en el amante de Levi por protección, lo que claramente generó consecuencias más adelante, cuando el conflicto se dio por terminado. Las mujeres que fueron amantes del "enemigo", fueron luego rechazadas públicamente, recibieron insultos y muchas tuvieron que entrar a trabajar en la prostitución por esto mismo, ya que dicho rechazo provocó que no tuvieran oportunidades de trabajo, sumado eso a la crisis económica de Alemania los primeros años y la falta de alimentos. Quise retratar un poco aquello en este capítulo, por lo que espero que comprendan dicha decisión.

Con respecto al tema Faren, en realidad era algo que tenía pensado hace mucho. No se preocupen demasiado, de todas formas. Eren no lo ama como pareja, sino como amigo, como un pilar que lo sostuvo en los tiempos más malos. El corazón de Eren le pertenece solo a su capitán *suspiros*. Si no hubiera sido Farlan, habría puesto a cualquier otra persona, así que no es algo de último minuto. Me decidí por mi lindo rubio porque Faren es mi segunda OTP *chillidos*. Ya escribiré una historia entre estos dos, primero terminaré con esta y ahí veremos qué sucede :3

Muchísimas gracias enormes a las personas que están llegando al final conmigo, ¡son las mejores! Y también muchas gracias a las preciosas niñas que comentaron el capítulo pasado:

AstridHatakeAckermanJaeger: me divertí en mi viaje, pero llegué enferma :'c me gusta ser la dueña de tus emociones, beibi 7u7

Bossenbroek: bueno, al menos no fui la única que lloré con el final xD Fue muy triste, la verdad, yo igual estaba como tú, diciéndole a mi bebé mientras escribía "ay no, esto no, es demasiado triste, ¿por qué me hago esto?" :v Te envío pañuelitos y chocolates a la distancia :c Y sí, ya no hay más tristeza, ahora solo fluff, tanto que vomitarán un arco iris :D ¡Gracias por leer, preciosa, un beso enorme!

ChrisNovx: pegaré tu corazoncito con pegamento :c puse finalmente tu ErwinMin, son tan lindos los dos, no sé, me causan asfghjklñ xD Ya veremos si Levi llora, no sé para qué quieres más lágrimas, pero aun queda un capítulo y el epílogo, todo puede pasar :3 ¡Saludos, bonita!

lamontsilla: es que me gusta el dolor :c Pero espero haber reparado tu kokoro ahora (?)

Guest: ay no te mueras, cuando leí tu review dije "NOO, VOY A MATAR A ALGUIEN", por favor dime que todo está bien :'v ya tendrás tu reencuentro amoroso en el siguiente capítulo, lo prometo, no te mueras todavía xD

luciakkss: no te preocupes, tu vómito lleno de fluff será proporcional, ya hice sufrir demasiado a estos dos, llegó el momento de que tengan su momentito de felicidad xD ¡Un abrazo enorme, gracias por el comentario!

PaolaCoca92: gracias a ti por el review *corazones* Espero que el capítulo te haya gustado y no te preocupes, tendrá su final bonito y lleno de amor :3

MariChan224: carajo, yo quería hacerte llorar ;_; ¿soy tu amiga rompe kokoros? Ay, me gusta eso :3 ¡Saludos, bella!

MaryLynx: sí, me fui y dejé el capítulo ahí (?) xD tendrán todo el fluff que quieran, solo queda un capítulo y el epílogo, todo estará bien y ustedes serán felices (espero) :D

Hbl: gracias por tus palabras :3 la musa me acompañó, se me ocurrieron un montón de cosas malas en mi viaje :3 Okno xD se quedaron todas las mujeres que fueron abusadas, excepto las amantes de los hombres de Levi; e Isabel se quedó porque era solo una niña, Levi no la iba a llevar con ella considerando que iban a otro campo de batalla en China c: ¡Saludos y un fuerte abrazo!

Eloise1719: ya casi tienen su reencuentro, así que todo se pondrá bien (? Al menos eso pienso hacer, a no ser que me pique el bicho de la maldad :v xD

Monse-Uchiha: ¡no te preocupes, de verdad xD! estos dos son fuertes por el otro, los amo :3 sí, por eso decidí alargarlo un poquito más, para poner un poco más de historia, pero por lo demás, ya las cosas están bien y lindas c: ¡Gracias por el comentario, un beso!

Miri-Anath97: *le pasa un pañuelo* todas quieren vomitar arco iris xD las mujeres que trataban mal a mi lindo bebé quedaron libres, y espero poder tocar aquello un poco más en el último capítulo, así que no te preocupes :) gracias por el review, ¡saludos!

Fujimy: todo lo hago por el bien de ellos, aunque las cosas duelan xD de ahora en adelante todo será muy fluff, aunque Eren querrá pegarle más veces a Levi por dejarlo abandonado :v gracias por tus lindas palabras, ¡un fuerte abrazo!

gatitaphantera: lamento haberte echo llorar, no quería hacerlo :c Bueno, si quería, pero solo porque eso significa que la historia les llegó al kokoro xD Eren esperó sus cinco largos años a su capitán, ains, es tan lindo, quiero darle tanto amor *u* bueno, este capítulo no tuvo tanto fluff, pero tuvo lo suyo, así que espero que hayan quedado contentas xD El próximo tendrá más, lo prometo :v Y Erwin y Armin... bueno, es probable que Armin sienta algo más, pero Erwin solo lo ve como un buen rato *corazones rotos* Recordemos que la sociedad soviética siempre ha sido fuertemente homofóbica hasta la actualidad :'c ¡Saludos, un beso enorme!

Odalis Vasquez.J: Oda, te odio, eres la peor :v dhdbfdsdbhsfjd gracias mi linda niña, el epílogo será para ti, ¡cualquier cosa, ya tu sabes donde encontrarme! xD Te amo bella *corazones gays*

Annyel: al menos no lloré sola xD ¡Gracias por comentar!

Y bueno, con respecto al tema de Under Pressure... jiji, lamento no haberlo actualizado :v en mi defensa, puedo decir que viajé el miércoles y me devolví el lunes, llegando a mi tranquilo hogar a las 10 de la noche xD Y no llevé mi notebook donde fui, por lo que no pude siquiera subirlo. Había pensado en llegar a casa y subirlo el martes, pero mantuve una conversación con mi beta y decidí hacerle unos pequeños cambios al capítulo, así que me retrasé, y luego le envíe el texto a mi ayudante, que todavía no lo corrige, así que échenle la culpa a ella :D Okno xD No, ella anda un poco muy ocupada, así que le dije que no hay apuro, que subiré el capítulo el domingo, además, así me da tiempo igual para comenzar con los que vienen (?) xD Maldíganme si quieren, las comprenderé si lo hacen, yo igual maldigo a las autoras cuando prometen una fecha y no actualizan :3

Así que tendrán su capítulo el domingo, pero... bueno, sé que me van a odiar por ello, pero no me importa :D xD

Y también para contestar un poco si alguien tenía dudas, Camino Hacia el Dorado no lo abandonaré, es solo que tengo muchas historias por llevar a cabo, y quiero terminar esta primero. Cuando acabe con esta, espero actualizar CHD, lo prometo :3

Eso sería todo por ahora, ¡gracias otra vez por seguir leyendo, nos vemos!

Cotota~