CAPÍTULO IX

Era media mañana y Anne paseaba por los jardines de Kellynch. Sir Walter y Elizabeth se habían trasladado allí hacía varios meses, tras la partida de los Croft. Por supuesto, el que estaba pagando la factura era el futuro barón, que aunque oficiosamente también vivía allí, oficialmente, vivía en otro sitio. Había sido idea de Elizabeth.

Anne, había vuelto a casa de su padre, tras ser abandonada por su marido (detalle, este último que se había tenido especial cuidado de ocultar) y estaba, de cara a la galería, ayudando a su hermana a organizar los últimos detalles de la boda de ésta con Mr. Elliot. Eso también había sido idea de Elizabeth.

Anne sabía que la única razón que tenía Elizabeth para obrar así, era la propia Elizabeth pero en tanto sirviera para librarla de desagradables comentarios estaba de acuerdo con ella.

Poco tiempo después de marcharse Frederick había recibido una carta suya, explicándole todo lo sucedido (para entonces, ella ya estaba al tanto porque había recibido una carta de Sophie que, en línea generales, la había puesto en antecedentes). Sin embargo, a pesar de que Frederick reconocía el gran error de su marcha, en ningún momento decía que tuviera la menor intención de volver.

Y Anne, lo entendía. Ahora, después de casi seis meses, lo entendía. Ella también sentía que su relación no podía continuar. Tal vez porque su amor había sido tan brillante que cualquier cosa menos que eso palidecía. Tal vez, porque, aunque ellos se habían negado siempre a admitirlo, sus ocho años de separación sí que habían pasado factura y su tiempo ciertamente había pasado.

Anne, era consciente, que su situación actual no podía continuar. La farsa que Elizabeth había ideado, sólo duraría hasta la boda, que se celebraría en pocas semanas. Pronto se sabría todo. Se preguntaba si no seria mejor que Frederick volviera y tener una relación como la de otros muchos matrimonios. ¿Sería tan terrible? Sabía que entre Mary y Charles no había amor y ciertamente, no lo habría entre Elizabeth y Mr. Elliot. ¿Por qué habría de ser ella distinta? ¿Por qué había creído que ella podía ser distinta?

En aquel momento Anne vio como Mrs. Russell se acercaba hacia donde ella estaba. Había sido un gran apoyo para Anne. Había intercedido por ella ante su familia, aunque había sido a costa de Frederick.

Ahora, su familia estaba convencida de que toda la culpa había sido de éste, ya que qué se podía esperar de un hombre con semejantes orígenes. Cierto era que era un hombre atractivo, de buenas maneras y rico, pero su baja alcurnia evidentemente indicaba que sólo se podían esperar las peores cosas de él. Por supuesto, Anne, estaba completamente segura de que esto no sería ningún inconveniente para que, en el caso de de que éste apareciera por la puerta, la animaran fervientemente a volver con él pero valdría como explicación para la opinión pública en el caso de que eso no sucediera. Y si valía para otros, ¿por qué no habría de valer para ellos¿

- Anne, querida, ¿Cómo te encuentras esta mañana?- pregunto Lady Russell al llegar a su lado.

- Estoy bien, Lady Russell.

- ¿Ha habido alguna noticia nueva?

- No, no ha habido ninguna noticia.

- Entiendo pero tal vez esa falta de noticias sea indicativo de que su intención no es regresar. Quizás haya llegado el momento de tomar medidas al respecto.

- Puede que sea cierto, pero, estando la boda de Elizabeth tan próxima ¿Sería prudente?

- Tienes razón, un escándalo justo antes de la boda sería muy contraproducente, pero por otra parte las murmuraciones serán inevitables cuando ese día, tú no aparezcas acompañada de tu marido.

Por otra parte, el Capitán Wentworth siempre ha sido un hombre que nunca ha buscado el escándalo, tal vez se aviniera a asistir a la boda…si tú se lo pidieras.

Anne, sabía perfectamente a que se refería su madrina cuando afirmaba que Frederick nunca había sido muy dado a los escándalos. Se refería a lo sucedido hacía años. Sí, ciertamente Frederick había sido muy discreto en aquella ocasión.

Durante, el resto del día, Anne estuvo pensando, en esa posibilidad. Pero Anne no tenía nada claro que Frederick aceptara su petición. Por una parte sabía que Frederick no era partidario de los escándalos pero por otra parte su sentido del honor, le habría impedido participar en una farsa semejante. No, el Frederick que ella conocía, del que ella se había enamorado no lo hubiera hecho. Sin embargo ¿Cuánto quedaba de ese Frederick?

Decidió que no merecía la pena dilatarlo más y escribió la carta.

Cuando un par de días después esa carta llegó a manos del Capitán Harville, éste la recibió con gran preocupación pues bien sabía el efecto que ésta podía causar sobre su amigo. Sin embargo, no le quedaba otra opción que entregarle la carta, cualquier otra opción no hubiera sido admisible.

- Frederick, ha llegado una carta. Es de Anne.- dijo Harville entregándole el sobre.

Frederick la recibió con asombro y antes de abrirla le dijo a Harville:

- Me gustaría leerla a solas.

- Por supuesto.- dijo Harville que salió inmediatamente de la sala.

El corazón de Frederick, latía con fuerza cuando sus ojos empezaron a recorrer las primeras líneas, pero pronto la desolación se apoderó de él.

Durante meses había esperado un indicio de que Anne le hubiera perdonado, esa carta era la prueba de que ese perdón nunca se iba a producir. Tendría que aceptarlo.

Sin embargo su petición de asistir a la boda le abría una posibilidad. Tal vez, ella aceptara volver a vivir juntos. No es que tuviera ninguna esperanza de que su relación volviera a ser la de antes, pero en estos momentos hubiera dado cualquier cosa porque Anne durmiera el cuarto de al lado, aunque la puerta entre éstos nunca se volviera abrir.

No había más que pensar, iría. Sin esperar a más contestó la carta, no le llevó mucho tiempo.

Cuando un rato más tarde le comentó a Harville su intención de regresar, este último quedó seriamente impresionado por la noticia. A pesar de ello intentó disimularlo lo mejor posible. No es que importara, porque si Frederick le miraba, ciertamente no le veía.

Por fin, el Capitán Harville, decidió que aquella era una buena noticia, fuera cual fuera el resultado final, cualquier cosa que ayudara a sacar a Frederick de su estado actual, sería preferible al limbo en el que ahora se encontraba.

Se puso en camino en cuanto le fue posible, cuando abandonó Lyme, no puedo evitar pensar si su vida sería lo suficientemente larga como para poder pagar la deuda de gratitud que había contraído con Harville y su esposa.

No paró hasta llegar a su antiguo hogar. Había seguido pagando el alquiler todos estos meses con la esperanza de que Anne volviera a ella, pero sabía por Evans, que eso no había sucedido. Es cierto, que a veces se engañaba y se decía que lo hacía únicamente porque era su obligación como esposo, pero nunca se había creído su mentira.

- Bienvenido Capitán, es una alegría que esté de vuelta.- saludó Mrs. Norris

- Gracias, es usted muy amable.

- Disculpe la pregunta, pero ¿volverá también la señora?

- Es posible, la mantendré informada. Puede retirarse.- contestó Frederick con tono seco

Mrs. Norris se retiró inmediatamente dejando a Frederick en el recibidor. No había pensado en eso, ¿Querría volver a la casa durante las dos semanas que quedaban antes de la boda para completar la farsa?

Mientras subía por las escaleras hacia su habitación, intentó con todas sus fuerzas no imaginar a Anne en aquella casa pero fracasó estrepitosamente al ver la cama. Aunque sabía que de de todas sus fantasías esa era la que sabía con total certeza que no se iba a cumplir.

Se preguntó, si todavía podría sentirla al tocar las sábanas, y recorrió con las manos la almohada donde ella solía apoyar la cabeza. No sintió nada, por supuesto, no estaba en una de esas novelas.

Miró hacia la puerta que separaba las dos habitaciones, estaba cerrada. Aunque no con llave. Ésta se había perdido mucho tiempo atrás, en su noche de bodas. Habría que solucionarlo si Anne volvía.

No pensó si quiera en entrar en el otro cuarto a pesar de que sabía que allí no había nadie. Simplemente era demasiado doloroso para él. Aquel era el lugar donde había estado a punto de perder a Anne, para siempre.

Salió de la habitación y se dirigió a su despacho. Tenía una carta que escribir.