Se oyen risas a lo lejos mientras nos vamos adentrando en el bosque de Storybrooke. Poco a poco nuestros pasos nos guían hasta el pozo de los deseos donde anida un pequeño gorrión de un tono azul eléctrico, las risas se entremezclan con el murmullo de una lechuza que dormita allá en lo alto entre las ramas.
Pronto percibimos el sonido suave del agua del río mientras el sol nos saludaba tímido por entre las hojas, repartiendo salpicados rayos de luz que hacían que aquel lugar, a aquella hora de la tarde, pareciera mágico
Pronto descubrimos que aquellas risas pertenecían a dos mujeres que se encontraban de espaldas, sentadas sobre una manta de color azul junto a la sombra de un árbol, una lanzaba de vez en cuando una pequeña piedra al río, la otra se humedecía los labios cada vez que tomaba un sorbo de la copa que sostenía en una mano.
- Italia?
Regina sacudió la cabeza haciendo que su pelo también se moviera, sonriendo con los labios apretados mientras la miraba a los ojos.
- Tampoco París? - Emma la miró sorprendida
- Um Um - volvió a negar de la misma forma
- No puedo creer que no hayas estado en Europa
- Algo me dice que tu tampoco has estado
Ambas se miraron con complicidad y se volvieron a reír
- me has pillado
- Lo sabía
Emma sonrió a Regina - Me da miedo, la verdad, pero a veces te miro y pienso que me conoces mejor que yo
La alcaldesa sonrío y suspiró - puede ser - contempló los ojos de su amante
Emma volvió a sonreír pero algo más tímidamente y tomó una delicada margarita que encontró entre la hierba y empezó a jugar con ella entre sus dedos pensativa
- En que piensas? - preguntó Regina curiosa cuando se hubo creado un momento de silencio, el primer momento de silencio que habían tenido desde el par de horas que llevaban allí.
Emma exhaló aire por la nariz con la boca cerrada reprimiendo una sonrisa mientras seguía mirando aquella tierna flor.
- En que me encantas
Ante su respuesta Regina sintió un repentino cosquilleo en el estomago y tragó saliva sin dejar de mirarla, no se esperaba aquello y le sonrío.
- Tu también me encantas
Emma se humedeció los labios y alzó la vista hacia ella después de haberlo confesado con palabras, ya que hasta ahora solo habían sido hechos y aquello reafirmaba lo que habían estado dándose, aun tenía mucho que decirle pero prefería ir poco a poco.
- Llevo retrasando mi viaje a Paris toda mi vida , porque siempre he querido ir con alguien especial, Paris es la ciudad del amor - Emma no era tan empalagosa y aquello le sonó demasiado cursi así que intentó arreglarlo - o eso dicen, no se - sacudió la cabeza
- Que estás queriendo decirme? - le instó Regina inclinándose un poco más hacia ella y hacia atrás al mismo tiempo para apoyar la mano en la manta y girarse hacia ella, ladeó la cabeza.
Emma se armó de valor tras respirar hondo y la miró fijamente a los ojos
- Que me gustaría ir contigo - sentenció
El cosquilleo que Regina había sentido antes en su estomago se hizo más , mucho más persistente, sonrío entusiasmada imaginando que viajaba con ella, como una pareja, se lo llegó a imaginar, pero su sonrisa se borró por la oscuridad que había teñido aquel sueño y se mordió el labio superior por dentro, aun así asintió
- Puede que algún día -
Se colgó una sonrisa mientras pensaba en que aquello era imposible dado que estaba atrapada en aquel pueblo, Emma podía salir y entrar a su antojo, igual que Henry, pero ella no. Volvió a beber de su copa y miró hacia el río con la mirada perdida sin darse cuenta que Emma se había quedado contemplando su perfil hasta que sintió sus ojos clavados en ella y giró la cara hacia ella, Regina le sonrío y acarició su pierna
- Si sigues mirándome así vas a desgastarme
Emma volvió a sonreír y chasqueó la lengua dando una vuelta de ojos
- Dejar de mirarte es imposible
- Lo se, se lo digo a mi espejo todos los días - bromeó pero no sin un tinte de realidad en sus palabras
Emma soltó una carcajada
- Oye de que te ríes? - Regina frunció el ceño - Estoy hablando en serio , un respeto
- Si Majestad - ya que Emma había pillado por donde iba - lo que usted diga
Regina alzó una ceja y decidió seguir un poco más con aquel juego
- Siempre le pregunto quien es la mas guapa del reino, pero siempre me responde que es tu madre
Emma negó con la cabeza
- Ese espejo se equivoca
Se giró completamente hacia ella y apoyó la mano cerca de Regina inclinando la cabeza hacia un lado
- No hay nadie en el mundo que pueda parecerme más bella que tu
Una sonrisa sensual apareció en los labios de Regina y mirando a sus ojos buscó con sus dedos los de Emma, cuando llegó a ellos los entrelazó con los suyos
- que es lo que más te gusta de mi? - preguntó Regina con suavidad
- Pregúntame mejor ,que es lo que no me gusta
Ante su respuesta Regina dejó la copa a un lado y se acercó a ella, no pudo aguantar ni un minuto más sin besar los labios de su amante y Emma recibió sus labios con gusto. Ambas se soltaron las manos para sostenerse mutuamente y el ocaso bañó poco después sus cuerpos desnudos con su luz rojiza.
No habían terminado de amarse; nunca lo hacían, Regina acarició el cabello de Emma pasándolo por su oreja con una mirada urgente y la respiración entrecortada, hacía ya un rato que había llegado al orgasmo pero sentía algo dentro de ella que no la dejaba respirar. Emma se asustó al ver que no se calmaba.
- Que te pasa? - la miró de una pupila a otra y Regina la apartó pero sin brusquedad y empezó a vestirse
- Tengo que irme - Una extraña angustia la estaba desesperando y sintió unas ganas irrefrenables de echarse a llorar, no podía consentir que Emma la viera así porque ni siquiera ella misma sabía a que venía aquello o puede que si que lo supiera
- No, espera, deja que te lleve - se ofreció Emma pero Regina ya había salido corriendo - Regina!
Emma gritó llamándola, la rubia apenas conocía el bosque pero Regina parecía conocerlo bastante bien, apenas le había dado tiempo a ponerse los pantalones y a medio abrocharse la camisa, la perdió de vista durante un minuto pero entonces un ruido la hizo mirar hacia un lado donde la vio de refilón y aunque Regina conocía el bosque a la perfección, Emma, mucho más curtida físicamente consiguió alcanzarla en dos saltos echándosele encima y empotrándola contra un árbol solo con la brusquedad de la inercia, cuando sus ojos se quedaron fijos en su rostro lo encontraron empapado en lagrimas
- Doy por hecho que esto es el comienzo de algo y no voy a consentir que salgas corriendo a las primeras de cambio, si tienes un problema quiero saberlo.
Regina cerró con fuerza los ojos para evitar mirarla mientras nuevas lagrimas bajaban por su mejilla. Emma esperaba ansiosa por saber mientras sujetaba sus hombros
- Regina… estoy esperando
- Me he enamorado de ti… - abrió los ojos
Emma se quedó sin palabras y aflojó despacio la presión de sus manos
- … y tengo miedo - la miró de una pupila a otra
La rubia recibió sus palabras notando el temblor de su cuerpo, sintió su desesperación y el terror en sus palabras , quizás porque empezaba a conocerla supo exactamente lo que necesitaba y la abrazó contra su cuerpo llevando una de sus manos a su nuca, cerró los ojos y sintió como Regina rompía a llorar haciendo un descomunal esfuerzo por controlarse , lo que provocaba que su cuerpo convulsionara.
Emma no podía imaginar que solo podía ver de ella la punta de un iceberg, que Regina llevaba sobre sus hombros un peso enorme que no podía confesarle, que lo que podría parecer un juego era una realidad que tarde o temprano saldría a la luz y destruiría todo incluso la relación que ambas tenían. Por mucho que quisiera sabía que aquello sería imposible, no podía seguir, cerró los ojos y sintió la tibia piel de Emma a través de su ropa, su respiración poco a poco se acompasó con la suya al igual que sus latidos y recuperó el aliento sintiendo la firmeza de su abrazo
- tendremos Paris
Al oír las palabras de Emma Regina levantó la cabeza sin romper su abrazo mirándola los ojos
- Tendremos Paris, en París o en cualquier lugar, tu, yo, Henry , nosotros, ahora mismo, en este presente, somos Paris, tomémoslo solo como un símbolo.
Regina siguió contemplando sus ojos
- si, se que es demasiado cursi y como se lo cuentes a alguien te mataré - sonrío fugazmente de medio lado bromeando - pero es lo que has conseguido Regina - dijo volviendo a ponerse seria y sacudió la cabeza contemplándola - no dejo de pensar en ti, las veinticuatro horas del día y no puedo negar lo evidente, necesito tenerte cerca constantemente y se que esto no puede ser bueno, estoy enferma de amor por ti, no puedo más Regina, te juro que no puedo. - Emma construyó aquella frase sin aliento y se quedó sin aire nada más hacerlo
Regina inclinó la cabeza hacia un lado cuando dijo que la mataría si contaba aquellas cosas que estaba diciendo , palabras que a ella le aceleraron el corazón de nuevo, sentía sus latidos en la garganta y contempló su boca tras aquellas últimas palabras.
- Tu eres mi París - siguió Emma.
Regina pasó una mano por su mejilla retirando un rizo de su cabello situándolo tras su oreja despacio, con una suave caricia
- Y estoy tan segura de ello como de que el cielo es azul y de que tus ojos son los únicos en los que deseo sumergirme el resto de mi vida - susurró - yo también estoy enamorada de ti Regina, porque si esto no es amor no sé que otra cosa puede ser - la rubia arrugó la frente con un nudo en la garganta y tragó para hacerlo desaparecer
Regina bajó la mano por su cuello y luego por su camisa sin dejar de mirarla a los ojos, respirando lentamente, pensando en todo lo que acababa de oír y Emma decidió seguir esperando que Regina estuviera receptiva pero ya no podía más, porque ahora era ella la que tenía miedo a que todo acabara allí
- vivamos el presente, no pensemos más en lo que está por venir, disfrutemos de estos momentos - fue casi un ruego por parte de Emma y su voz antes segura ahora sonaba temblorosa por la emoción - por favor, no te vayas
Entonces la piel de Emma se erizó cuando los dedos de Regina bajaron por la piel desnuda que dejaba medio descubierta la camisa mal abrochada y Emma cerró los ojos volviendo a tragar con dificultad, cuando los abrió y levantó la vista a sus ojos ya tenía la respuesta que quería y su pecho subió al tomar aliento cuando vio como sus labios se aproximaban y el único botón que había conseguido abrocharse había sido separado de su ojal…
Regina había tomado una decisión, una decisión que cambiaría muchas cosas y que daría a su vida actual un giro radical, desde el picnic sabía que aquello sería decisivo, desde que sucedió pensó que ella nunca había buscado enamorarse, pero en realidad si que lo había buscado, su corazón anhelaba amor y lo había buscado en lugares equivocados, primero en Graham, se había servido de él sin conseguir llegar a llenar ese vacío en su corazón, David había sido una opción imprudente y había sido rechazada y ahora se encontraba con una mujer que le había entregado todo de una sola vez, ambas, se lo entregaban todo cada vez.
Caminaba por la calle, el día sombrío y triste amenazaba lluvia, a pesar de eso hacía calor y Regina llevaba una minifalda negra y una blusa de raso rojo, la chaqueta la llevaba sobre el brazo , el bolso en la mano y sus pasos la guiaban hacia el camino del cementerio donde iba cada día aunque solía hacerlo más bien de noche, aquella noche estaría demasiado ocupada como para hacerle una visita al féretro de su padre. Había aparcado a unos metros porque el camino era estrecho y no se podía acceder con el coche.
Cuando más absorta se encontraba en sus pensamientos el rugido de una moto la hizo mirar hacia atrás y vio a Emma subida en ella, le sonrió pero se giró y siguió andando, la moto se ralentizó yendo a su paso.
- Donde está mi "Buenos Días Sheriff Swan? - le reprochó bromeando lo que hizo que Regina la volviera a mirar de soslayo
- Tampoco me lo has dicho tu…. - una leve sonrisa apareció en sus labios - pero te he dado los buenos días con una sonrisa - volvió a mirar hacia delante - no te parece suficiente?
- No, quiero mi beso - exigió rotunda lo que hizo que Regina la mirara alzando una ceja
- Aquí?
- Aquí , allí, donde quieras, puedes elegir sitio, mejilla, labios… - ignorando a lo que se refería Regina , ya que ella quería decir "en la calle"
Regina se paró y se giró hacia ella mirando alrededor, al no ver a nadie se lo dio en la nariz y se separó de ella rápidamente volviendo a andar pero mirándola por el rabillo del ojo
Emma se quedó atontada y sacudió la cabeza
- muy graciosa… - frunció los labios y sonrío para sí , sus ojos se apostaron al final de su espalda observando el movimiento que su trasero hacía al andar haciendo que la falda se tensara, se distrajo tanto con aquel movimiento que aunque la moto iba lenta perdió un poco el equilibrio, Regina que la estaba observando con disimulo rió sintiéndose tan sensual en aquel momento que no pudo evitar morderse el labio, deseó poder besarla de verdad pero no podía hacerlo en medio de la calle
- Mejor que el ojo pon la intención Sheriff Swan - dijo de espaldas a ella como el que dice "está lloviendo"
- Luego te quejarás si te violo - bromeó Emma y Regina dejó escapar una risotada
- no me dejaré - replicó
- esa es la idea -
No hizo falta más para que la rubia reaccionara, miró la parte de atrás de la cabeza de Regina clavando los ojos en su nuca y como se le había adelantado pisó un poco y la pasó cortándole el paso y sacando un casco del Top box y se lo tendió mirando su minifalda- Espero que no montes como una abuela -
Regina se paró en seco cuando Emma le atravesó la moto delante, en un principio iba a negarse a montar con ella por si alguien pudiera verla pero en aquel camino no parecía haber nadie más, la miró sacando morritos cuando se hubo decidido - sabes Emma… aun hay muchas cosas que no sabes de mi - y dicho eso situó las palmas de las manos sobre sus muslos y se subió la minifalda lo justo para poder subir a la moto a lo amazonas, lo hizo con una agilidad aplastante y dio un pequeño bote pegándose completamente a Emma , tras ponerse el casco le rodeó la cintura
Emma aun estaba recreando en su mente los tres segundos que había tardado en subirse la falda Aquella mujer podía convertir cualquier cosa en sensual, la había visto comer manzanas y podía asegurar que no había visto antes nada más erótico.
Cuando se subió a la moto y sintió sus caderas contra las suyas y sus brazos rodeando la cintura sintió un hormigueo en el vientre.
- pues estoy deseando descubrirlas - contestó Emma mirándola de soslayo y Regina dejó escapar una suave carcajada abrazándose más fuerte aun a ella mientras la rubia arrancaba la moto.
Tras preguntarle hacia donde se dirigía Regina le contó que iba hacia el cementerio y cuando llegaron ambas se bajaron de la moto
- Te espero aquí
Emma supuso que Regina querría estar a solas, en un lugar así, pareció haber aceptado pues la Alcaldesa asintió con la cabeza y se dispuso a seguir su camino, pero al momento tras dar un par de pasos cabizbaja, se giró irguiendo la cabeza y la miró
- no, ven conmigo.
Emma sorprendida tardó un momento en reaccionar, despegó el trasero de la moto,
- como quieras - sonrío ante la posibilidad de conocer algo más de ella, guardó el casco que Regina había utilizado y se llevó el otro colgado del codo, cuando se acercó a ella vió como le tendía la mano y tras un intercambio de miradas se la cogió con la misma sonrisa de antes o más grande si cabe.
Ambas caminaban una al lado de otra con los dedos entrelazados y Regina no podía disimular su gran sonrisa, una sonrisa abierta llena de paz, como si se estuvieran adentrando en un lugar ajeno a todo lo demás, como si aquel cementerio fuera un mundo paralelo en el que ambas habían entrado para estar a solas, los árboles, algún banco y las flores silvestres ayudaban a olvidar que estaban en campo santo y en la mente de ambas que caminaban entre azaleas bajo la sombra de los cipreses les parecía un paseo por el parque, era la primera vez que ambas se cogían de la mano y a Emma le encantaba aquella sensación, por eso no podía al igual que Regina, dejar de sonreír, de vez en cuando, cada vez que Emma miraba hacia otro lado azorada cuando sus miradas se cruzaban, Regina le daba con su hombro un empujoncito al hombro de Emma y esta volvía a mirarla apretando después su mano con suavidad.
- Ya hemos llegado.
Emma miró la puerta del mausoleo donde estuvo con Graham el dia que le pidió que lo ayudara a recuperar su corazón, Emma tragó saliva mientras recordaba aquel momento, la pelea con Regina y poco después la muerte del propio Graham entre sus brazos.
Regina al ver que se quedaba parada tiró suavemente de su mano porque sabía o podía intuir en lo que estaba pensando. Ella había sido la causante de la muerte de Graham y ahora se arrepentía de ello, lo había matado por celos, que anduviera con Emma no le hacía ninguna gracia pero había comprendido "tarde" que aquel no era motivo para matarlo, aun así Emma no tenía ni idea de que ella había sido la causante y aunque se sentía culpable era algo que ya no tenía remedio, también tenía que pensar que si Graham aun estuviera vivo lo que ahora tenía con Emma no habría sucedido. Así que decidió por su bien no darle más vueltas al tema.
- ven - la miró haciendo un gesto con la cabeza hacia el mausoleo insistiéndole y Emma finalmente entró con ella.
Una vez dentro la Alcaldesa cerró la puerta y la miró, el haz de luz de la mañana entraba por un pequeño ventanal bañando el sarcófago que contenía los restos de su padre.
Emma pudo ver el nombre tallado y comprendió quien estaba dentro sin necesidad de hacer preguntas pero aun así Regina se lo confirmó
- Es la tumba de mi padre
Emma asintió pero se echó hacia atrás dando un pequeño salto cuando Regina hizo algo que no se esperaba, lo empujó con fuerza retirándolo y la rubia pudo ver como al hacerlo dejaba al descubierto una escalera secreta, a Emma se le secaron los labios y se le aceleró el corazón
Regina la miró y la volvió a coger de la mano
- va siendo hora de enseñarte algunos - dijo refiriéndose a los secretos que escondía y la arrastró escaleras abajo mientras la rubia seguía sin salir de su asombro.
Cuando llegaron abajo las recibió una pared de tono cobre similar a las taquillas de un banco o las que alquilabas con un apartado de correos, pero no había cerradura visible en ellas.
- Es por aquí, ven - Regina seguía sin soltarle la mano y Emma la siguió tras pasar una mesa de centro se situaron frente a un espejo, Regina posó la mano estratégicamente en algún punto y la pared se abrió
Emma se quedó boquiabierta cuando ambas entraron en aquella sala, miró alrededor con los ojos abiertos de par en par, era una sala diáfana, muy amplia, llena de espejos, sobre paredes blancas adamascadas en negro, desde luego si hubiera despertado allí jamás se imaginaría que estaba dentro de un mausoleo, era un lugar perfecto para mantener oculto a alguien de por vida.
- Esta es mi pequeña guarida y el único lugar donde nadie sabrá nunca que hemos estado.- le dijo Regina
- Woo...Esto es... - bajó la vista de la araña de cristal tallado, pestañeó un par de veces dando una vuelta completa y puso sus ojos en Regina - Increíble
- Y puede ser solo nuestro - Regina clavó sus ojos en los de Emma
Emma la miró en silencio al oír sus palabras imaginándose con ella en aquel lugar que a pesar de estar decorado con colores fríos parecía cálido, parecía más un refugio que una guarida. Un lugar donde sentirse protegida, sintió eso cuando entró. No para esconder a alguien, si no para esconderse uno mismo de los demás.
Regina inclinó la cabeza mirándola
- Te toca mover ficha Sheriff Swan - y sonrió abiertamente esperándola como si le estuviera gritando "a que estás esperando"
Emma sonrió aun sorprendida y poniéndose las manos en las caderas tras oir sus palabras fué a por ella tomándola de las caderas y pegándola a su cuerpo.
Tener un lugar en el que ambas sabían que no iban a ser sorprendidas por nadie era lo que conseguía relajarlas por completo, el cuerpo de Regina quedó lánguido entre sus brazos cuando Emma besó su cuello , la tomó de las piernas y Regina saltó subiéndose a sus caderas, cerró los ojos abrazada a su amante mientras esta la sentaba en el borde de una mesa barriendo todo lo que allí se encontraba y sin hacerla esperar le metió las manos bajo la falda deslizando sus bragas mientras Regina la miraba expectante.
La rubia alzó la mirada tras deshacerse de la ropa interior y volvió a meterle las manos entre los muslos separándole las piernas resoplando al mismo tiempo al sentir el calor que desprendían y la excitación que ambas empezaban a sentir prendiéndose en sus cuerpos.
Emma recorría sus piernas palpándola por completo con sus manos abiertas de arriba abajo colándose entre ellas pegando su cuerpo al de la morena jugando con la punta de sus dedos en el interior de sus muslos sintiendo como Regina se estremecía cuando se acercaba demasiado al centro de su cuerpo y suspiraba mirándola anhelante alzando la barbilla para buscar su boca.
Emma besó sus carnosos y deseables labios y Regina posó una de sus manos detrás de su cuello bajo su rubia melena para profundizarlo, empezó a jugar con su lengua entre suspiros que se convirtieron en un lamento cuando la rubia rozó su clítoris y se alejó al instante de el para subir por su ropa y tomar y tomar sus pechos entre sus manos por encima de la tela de raso de su camisa Regina gimió dentro de su boca cuando Emma los amasó haciendo que sus pezones se endurecieran
- no me rompas esta... es mi favorita - susurró sobre sus labios mirándola a los ojos provocativamente sonriendo de medio lado. Mientras Emma tras oír su petición le sonreía mirándola de igual modo, de una pupila a otra, sonriendo y desabotonándola con sumo cuidado y cuando la hubo abierto descubrió su pecho asomando vertiginosamente por encima de la lencería de encaje de color negro, Emma pasó sus dedos por el borde de esta con suavidad y a Regina se le erizó la piel. La rubia bajó su boca a ellos y los mordió lamiéndolos después. La alcaldesa cerró los ojos volviendo a suspirar mordiéndose los labios mientras Emma los dejaba libres sacándolos del sujetador sin desabrocharlo.
Recorrió su espalda por debajo de la blusa y levantándole el trasero le subió la falda del todo, Regina se humedeció los labios mirando a su amante y un gemido escapó de su garganta, Emma sonrío mirándola y se inclinó hacia ella pegando su nariz con la suya.
- porqué gimes si aun no te he tocado - susurró mirándola de una pupila a otra frente contra frente y le mordió el labio
la morena recorrió su mejilla con los labios y esperó hasta llegar a su oído para responderle
- Porque hasta mirarte me excita - le confesó mordiéndole después el lóbulo de la oreja y la miró con intensidad.
Emma le comió la boca, mordió su lengua y su mandíbula , atacó su cuello y su pecho y pasó la lengua por su ombligo
Regina cerró los ojos, se echó hacia atrás y respiró hondo sintiéndose cada vez más húmeda, la rubia le abrió las piernas más aún y la Alcaldesa se sintió morir cuando los dedos de Emma separaron sus labios mayores y su lengua entró en contacto con su clítoris, cuando aquel contacto se hizo más intenso Regina empezó a jadear descontrolada, Emma empezó a disfrutar de algo que nunca había hecho hasta ahora y pasó los brazos bajo sus muslos para levantarlos rodeándolos y hundir más aun allí su boca, la humedad lo iba inundando y Emma la repartió a lametazos recorriéndolo por completo e introduciendo la lengua en su entrada con movimientos circulares y volviendo a subir a su clítoris.
- Emma... - Regina gimió su nombre con la boca seca y la voz ronca, con la cabeza hacia atrás y el cuerpo en vilo, las piernas no habían dejado de temblarle desde el primer roce de la lengua de su rubia y las mejillas le ardían.
Oír su nombre en forma de jadeo y de la boca de su amante era más que un aliciente para seguir insistiendo sobre su clítoris mordisquearlo y lamerlo con desenfreno.
Cada vez que sus paredes vaginales se contraían Emma bebía de ella recogiendo su premio con la sed de quien sediento se encuentra un oasis en medio de un desierto, la rubia se deleitaba a cada movimiento acentuado por sus gemidos mientras notaba como se retorcía.
subió una mano por su cuerpo y agarró uno de sus pechos estrangulándolo y acariciando con el pulgar su pezón sintiéndolo endurecerse y la morena posó su mano sobre su amante acariciándola
- no pares... - le rogó
- no pienso hacerlo - contestó la rubia sin aliento al separarse de su sexo solo un instante para contestar mientras introducía su dedo y la penetraba observando su reacción
El pecho de Regina comenzó a subir y bajar y esta apretó la mano que aun acariciaba su pecho, gimió al sentir entrar su dedo y volvió a pronunciar su nombre una y otra y otra vez desesperada notando como se movía dentro de ella, volvió a notar su lengua que volvía a la carga disparándole las pulsaciones.
Emma sintió que Regina llegaba al clímax y llevó la lengua a su entrada, alejó la mano de su pecho para sujetar una de sus piernas y presionar con su lengua y su dedo un poco más, sintió sus músculos contraerse y su amante acabó corriéndose en su boca. Volvió a beber de ella , a lamer y a succionar su clítoris como despedida. Sacó la cabeza de entre sus piernas y las acarició inclinándose sobre una Regina exhausta y aun en ese pequeño momento de éxtasis tras regresar de la "petit mort" , buscó los labios de su amante y Emma la besó acariciando su pecho con una de sus manos y llevándola hasta su cuello apretándolo entre sus manos privando de oxigeno a su amante quien lo recibía de su boca, habían descubierto que aquello también las excitaba.
Emma presionó aún más y volvió a llevar la mano hacia el sur de su cuerpo penetrándola esta vez con dos de sus dedos y Regina arqueó la espalda
- Fuiste una chica muy mala el otro día… y aún no me he vengado de ti…
Regina miró intensamente a Emma que había encendido el fuego de su mirada con aquellas palabras , recordó el momento en el que se presentó en la comisaría con aquel salto de cama bajo su gabardina y llevó una de sus manos a la que Emma tenía en su cuello intentando que dejara de presionar mientras sentía sus dedos en su interior y como su cuerpo volvía a activarse y se le iba la cabeza al no poder respirar. cerró los ojos y sintió como la rubia aflojaba lentamente, Regina llenó de aire sus pulmones y se incorporó dándole un manotazo para apartar del todo la mano de su cuello, miró a sus ojos verdes y sonrió perversa
- eso no es ni la mitad de la mitad de lo mala que puedo llegar a ser… - volvió a sonreír jadeando levemente , alzó una ceja y sacó morritos levantando la barbilla mientras Emma se movía en su interior y Regina comenzaba a mover la pelvis a su ritmo sin apartar la mirada de aquella rubia que la tenia completamente loca. Se enganchó a su boca , le levantó la camiseta y el sujetador , acarició sus pechos
- Pues estoy deseando comprobarlo - le susurró sobre su boca y cerró los ojos al sentir sus manos en su pecho, su frente empujó la de Regina y Regina abrió su pantalón bajando con su mano hasta su sexo.
Poco después entre el último beso y abrazadas en la cama Regina se obligó a mirar el reloj de la mesilla.
- Tengo que ir a recoger a Henry
Emma le sonrió con ternura mientras rascaba con suavidad su espalda y apoyó su mejilla contra su frente y tomó su mano jugando con sus dedos
- Nos vemos esta noche?
Ella sonrió y cerro los ojos asintiendo cuando ella apoyó su mejilla contra su frente y tomó su mano
- Que te vas a poner?
- Mm.. Eso no te lo diré - sonrío abiertamente y río
La rubia frunció el ceño contrariada
- Entonces como voy a saber que eres tú?
Regina abrió los ojos y la miró a los ojos rozando su nariz
- Créeme, lo sabrás - confirmó con una sonrisa misteriosa y besó sus labios antes de separarse de ella y salir de la cama completamente desnuda
Emma la recorrió con la mirada y suspiró deseando poder echar aunque fuera una hora hacia atrás el reloj para poder seguir abrazada a ella.
- Será mejor que te vayas vistiendo también si no quieres que deje a tu hijo solo en la puerta del colegio - comentó mientras se vestía
Emma sonrío al oírla decir "tu hijo" parecían un matrimonio discutiendo y dejó escapar una carcajada
- vale, ya voy - contestó arrastrando las palabras y salió de la cama perezosamente
Regina que estaba frente al espejo miró a través de él su cuerpo desnudo y se mordió el labio mientras se ataba el lazo que la camisa roja llevaba al cuello sin dejar de mirarla mientras la rubia se vestía, de hecho incluso se quedó más tiempo del que necesitaba allí observándola.
- De que vas a ir tu?
Emma soltó una carcajada sarcástica
- Si no me lo dices tu, yo no pienso decírtelo tampoco - En realidad no tenía ni idea de lo que iba a ponerse
Regina la miró sonriendo de medio lado y no le contestó. Tomó su bolso, su chaqueta y las dos salieron del mausoleo
- He pensado que después de la fiesta podrías venir a casa y aunque me parece muy sexy verte subir por la ventana y salir de la misma forma quizás sea más cómodo para ti entrar por la puerta, tengo una llave en el felpudo, Henry se queda en casa de Paige, una compañera de clase, tenían que hacer un trabajo juntos, así que estaremos solas - le informó poniéndose la chaqueta y acomodándose el pelo mientras la miraba sonriendo - la fiesta empieza a las diez y el discurso es a las doce, podré escabullirme en cuanto acabe
- Te estaré esperando - le contestó sonriendo pensando en pasar con ella lo que quedara de noche incluso parte de la mañana, treparía hasta el Empire State si tuviera que hacerlo por ella, si ella estuviera esperándola al final de su camino.
- Será la primera vez que podremos despertarnos juntas - sin Henry en casa tenía esa tranquilidad pues la madre de Paige se encargaría de llevarlos al colegio
Emma se acercó a ella y tomó sus manos mirándolas y luego alzando la vista a sus ojos
- Te llevaré el desayuno a la cama - susurró mientras las dos intercambiaban una mirada de complicidad y se besaban.
- te quiero - le susurró Regina
Emma la miró fijamente de una pupila a otra y su cuerpo tembló al oírla decir aquellas palabras
- Yo también te quiero - le susurró también con firmeza y la besó mientras Regina que desde Daniel nunca se había atrevido a volver a decir aquellas palabras rodeó con sus brazos a Emma al verse correspondida, acarició su mejilla mirándola a los ojos y se despidieron después de que Emma la acercara hasta su coche con la moto.
Emma traspasó las puertas del ayuntamiento a las diez y media, aquello ya estaba lleno de gente, todos disfrazados, a pesar del antifaz que llevaba reconoció a Ruby nada más verla, llevaba un traje de Caperucita roja muy sexy, era inconfundible. Miró alrededor, sus ojos veloces recorrían todos los disfraces y a toda la gente y empezó a desesperarse al no reconocer en ninguno a Regina.
Los invitados vieron entrar a una mujer vistiendo una armadura y una espada enfundada en la cadera, llevaba un antifaz a juego con su vestimenta y parecía estar buscando a su acompañante.
Emma volvió a mirar insistente mientras se adentraba entre los invitados pensando que tal vez pudiera estar allí y ella no la reconocía, Regina estaba equivocada, Emma no la encontraría nunca ¿ como iba a darse cuenta de quien era ella? Había mucha gente y muchas mujeres morenas en la fiesta, otras incluso llevaban tocados o pelucas de época y se cubrían el rostro con abanicos o los propios antifaces o mascaras.
Regina Mills había vuelto al cementerio solo para poder recoger el vestido que pensaba ponerse para la fiesta y después de haber pasado el día con Henry en el parque disfrutando de la fiesta para los niños lo dejó con Paige y se marchó al ayuntamiento, Cuando llegó eran las nueve y media, la fiesta aun no había comenzado pero tardó mucho en ultimar los detalles y subió a arreglarse. Cuando por fin estuvo lista se dio cuenta que pasaban de las diez y media pero se miró al espejo y se encontró sublime, sonrío para si y abrió las puertas de su despacho, cruzó el Salón Ámbar y bajó las escaleras principales observando a los invitados de la fiesta a través de su antifaz
Cuando Emma la vio le dio un vuelco el corazón y comprobó y ahora si, que Regina tenía razón, la había reconocido al instante. Su silueta envuelta en aquel vestido de terciopelo negro con ribetes plateados de manga larga, de corte medieval, su cabello recogido en un moño italiano, sus inconfundibles labios pintados de rojo y sus ojos castaños tras el antifaz.
Emma no lo pensó un solo instante y tras su asombro , mientras la morena bajaba delicadamente y empezaba a mezclarse con el ambiente , se lanzó a por ella parándose delante.
Regina paró al encontrarse frente a ella a una mujer vestida con una armadura y su mirada se posó en unos ojos verdes que la miraban fijamente tras un antifaz de color plata. Ella sonrío reconociendo a Emma y le tendió la mano de forma elegante para que se la tomara.
Emma sin nombrar palabra tomó su mano y la besó en el dorso.
- Me concede este baile bella dama?
- Por supuesto amable caballero - respondió Regina sin dejar de sonreír y Emma tiró de ella con suavidad para apartarla de la gente hacia un rincón más o menos vacío y la pegó contra su cuerpo
- Sabía que me reconocerías
- Ahora estoy segura que podría hacerlo en cualquier parte - susurró
- Me gusta tu disfraz
- tenía preparado uno de policía sexy, con porra y todo
- y grilletes? - preguntó con picardía Regina mientras empezaban a moverse con suavidad
- y grilletes - sonrío Emma confirmándolo
- y porqué no te has puesto ese? - preguntó Regina con curiosidad
Emma se acercó a su oído.
- Lo guardo para esta noche - susurró rozándole al hacerlo, la oreja con sus labios
Regina se estremeció , cerró los ojos un instante y la miró a los labios y sin pensárselo buscó su boca y la besó , sin preocuparse por nadie más tras la libertad que le daba su disfraz.
Emma sujetó la mano que Regina había posado sobre su hombro y acarició su palma con el pulgar mientras la besaba.
Regina cerró la mano en torno a la suya acariciando con los dedos su dorso y Emma con la mano libre posada sobre la parte baja de su espalda la impulsó pegándola más a ella y se separó de sus labios besando su cuello.
Regina suspiró volviendo a cerrar los ojos rodeándola con sus brazos, con la barbilla sobre su hombro.
- Estoy deseando salir de aquí
- Yo también - suspiró Emma mientras la abrazaba moviéndose despacio con ella disfrutando de aquel contacto escondida entre todos los demás que andaban bailando también al ritmo de la música, todos eran anónimos en aquel momento - pero míralo como una prueba para intentar sentirnos cómodas delante de todos porque no voy a aguantar mucho más sin proclamar mi amor por ti.
Regina levantó la cabeza separándose de ella lo justo para mirarla a los ojos y Emma contempló sus ojos, unos ojos que embrujaban a través de aquella mascara negra.
- No temes que se pongan en tu contra?
- Lo que temo es perderte - confesó con los ojos vidriosos y Regina se inclinó hacia ella posando su frente en la suya cerrando los ojos en silencio mientras la música las envolvía
Sentían su respiración pausada danzando al ritmo de la música e incluso podían percibir al unísono el latido de sus corazones
Poco a poco aquel baile se fue animando y Emma tomó la mano de Regina girándola con suavidad y la inclinó hacia atrás, ambas sonrieron cuando la subió y sus labios se unieron y fueron dando vueltas en torno a la sala enredándose entre los demás, difuminándose, perdiéndose entre las luces de colores y las serpentinas, riendo y disfrutando de aquel momento insólito que ambas tenían antes de que a las doce todos descubrieran su rostro.
Cuando llegó la hora la Alcaldesa subió al escenario acercándose al atril para comenzar su pequeño discurso unos minutos antes de las doce mientras observaba sonriendo con disimulo como, un caballero con armadura, su caballero, se escabullía hacia la salida.
Tras el discurso todos descubrieron su rostro empezando por Regina y la fiesta siguió aun más animada cuando los rostros se reconocieron entre ellos y volvieron a charlar y a bailar esta vez con quienes deseaban hacerlo mientras la alcaldesa desaparecía entre bambalinas.
Regina salió presurosa levantándose el vestido y sin molestarse en cambiarse, deseando poder llegar a casa, cada minuto contaba para ella y el tiempo junto a su amante siempre pasaba rápido, sin embargo la espera hasta aquel momento se le había hecho eterna, deseaba estar a solas con ella, el resto del mundo nunca le había importado y menos ahora.
Cuando por fin abrió la puerta de casa
-¿Emma?
La llamó pero no obtuvo respuesta y se la imaginó arriba, en su habitación vestida como le había dicho que estaría, estaba deseando que jugara con ella y hacerse pasar por una criminal solo para que la atara a la cama. Cerró la puerta despacio e intentó escuchar algún ruido que la delatara pero tampoco sintió nada. Dio unos pasos y en la mesa de centro, justo antes de subir las escaleras se encontró una rosa roja y sonrió de medio lado pensando en aquellos detalles que la sorprendían.
Regina tomó la rosa en sus manos se la llevó a la nariz aspirando su perfume, sintió un pinchazo y cayó al suelo desplomada.
