Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto. Pero el drama sí me pertenece.
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Hinata creyó escuchar a alguien decir su nombre a sus espaldas, que sonó como un grito incriminador. Giró a en sus talones con violencia, pero a la vez con cierta desconfianza, sintiendo un escozor en el cuerpo al saber que le debía rendir cuentas a alguien. No vio a nadie reconocible en medio de la multitud estudiantil que se amontonó en los pasillos de la facultad. Se estremeció. Ahora presentía que la voz venía directamente de su propia conciencia, y eso no le gustó nada. Así que volvió a sus pasos otra vez, con la única intención de irse de allí cuanto antes.
Ya había pasado una semana desde que Naruto y ella habían estado en su apartamento, después de que él hubiera ido a terminar con Sakura. En todo ese tiempo, trató de no encontrarse con nadie de sus amigos, ni de contestar el teléfono. Ella lo sabía; estaba actuando como una cobarde, escurridiza para no afrontar la realidad de sus actos. Pero era lo mejor, porque no tenía el suficiente valor todavía para encontrarse con ella y ver su cara de desconsuelo, que sin más remedio, la haría sentir culpable.
Caminó con su bolso en el hombro, dirigiéndose a la salida de la facultad. Ya había contado los minutos de la última clase para que se terminara y así poder ver a su novio. Esa tarde se había metido en una falda de mezclilla que llegaba a la mitad de los muslos, se había puesto una camisa de manga larga a cuadros rojos y azules de botones al frente, unas botas beige de esquimal y había dejado su negrísimo cabello negro suelto y lacio, como era de costumbre.
Estaba ansiosa por verlo. Habían quedado de verse en la entrada del parque público, que estaba a cinco cuadras de la universidad. Sí, estaban siendo cautelosos, sus pasos eran cuidadosos, pues no querían dejar un eslabón roto en todo ese brillante plan. Ninguno de los dos había afrontado su situación con nadie más y preferían alargar un poco más el tiempo para dar a conocer su relación. Naruto le decía que primero quería organizar algunas cosas con sus estudios y cuando se hubiera quitado ese peso de encima, tenía toda la intención de estar con ella como debía de ser, sin tener que esconderse. Hinata estaba más que de acuerdo. Ella también quería esperar un tiempo para evitar las malas habladurías —cosa que seguramente no podría detener—, pero principalmente, quería impedir que Sakura terminara más lastimada.
Una vez que había llegado al lugar de encuentro, Hinata se sentó en una de las bancas del parquecito para esperar a su amante rubio. Giró la vista a su alrededor, cerciorándose que nadie que la conociera estuviera merodeando por allí. Todo eso le estaba causando una especie de adrenalina en el cuerpo, que se hacía más potente cuando lo veía a él aparecerse por allí.
Además de su padre, nunca antes tuvo la necesidad de esconderse de alguien, mucho menos de su amiga Sakura o algún otro conocido de la facultad. Ahora las cosas se habían tornado tan diferentes que eran paradójicas. Estaba dentro de un juego muy delicado y peligroso, lo que la hacía recordar la última llamada que Sakura le hizo, exactamente hace cuatro días.
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Hinata había salido de la ducha. Estaba en la casa de su padre, porque todavía no se mudaba a su apartamento. Con tantas ideas en la cabeza, se le había hecho un poco difícil hablar con su progenitor para decirle las buenas nuevas sobre su nueva independencia, así que prefería mantener ese perfil de incognito, hasta que encontrara el momento ideal, el cuál dudaba a veces que existiera.
Esa misma mañana, el móvil sobre su cama volvió a timbrar y el nombre de Sakura aparecía allí.
El corazón le golpeó duramente en el pecho. Otra vez, ella, buscándola. Ya había rechazado las llamadas los días anteriores de ella y de Ino; pero al parecer no se daba por vencida. Temía, claro estaba. Lo que más miedo le daba, era saber que Sakura lo había descubierto todo y que ahora la odiaba, por arruinarle su relación con Naruto. También por engañarla, por traicionarla como si se hubiera tratado de su peor enemiga. Era trágico y se merecía todo su odio. Aún así, no quería confrontarla. Más bien, no podía confrontarla, porque sabía que estaba desarmada. Su amor por Naruto era su única herramienta y sabía que por el momento Sakura no iba a racionalizarlo. Lo extraño fue que en ese momento sintió una chispa de valor que la impulsó a contestar. Era ahora o nunca, pensó.
Cuando se colocó el móvil en el oído, no se atrevió a hablar. Pero Sakura sí lo hizo.
—¿Hinata?
La escuchó claramente al otro lado de la línea y no reconoció su voz por un par de segundos. Pero era ella, y su tono era pasible, sin ninguna sazón de cólera. No esperaba escucharla de ese modo.
—Hinata, soy yo, Sakura —Insistió.
Hinata sintió entonces la tristeza de ella a través del auricular y en segundos la achacó la duda de su verdadero estado, notando que algo no marchaba como ella había pensado. Creyó que al menos iba a estar furiosa porque Naruto se había atrevido a romper con ella, o sea, ella, la mujer más inteligente y linda de su facultad, la habían dejado, y seguramente para Sakura lo peor era que la había dejado aquel idiota por quien no sentía nada de amor, más que pura simpatía. Debía estar gritando de rabia. Pero no sucedió así, porque esa Sakura que estaba al otro lado del teléfono estaba de todo menos rabiosa. Se escuchaba emocionalmente deshecha.
Todo se volvió de cabeza. Su presentimiento estaba muy lejos de existir y ahora la verdad era una muy desconocida. No lo entendía.
—Contesta, por favor.
La voz de la peli rosada iba quebrándose con cada frase que salía de su boca. Hinata nunca la había escuchado hablar de ese modo, casi era irreconocible. Aún así, había decidido contestar y tenía que decir algo.
—Sakura… —La melosidad de la ojiperla traspasó por la línea, dejando un hilo de miedo sonar.
—Hinata… —Su voz empezó a quebrarse más y más—, necesito verte.
No podía ser. Sakura Haruno se escuchaba totalmente rota.
No lo entendió del todo. ¿Qué estaba pasando? No podía imaginarlo. Recordó lo que Naruto le dijo, sobre que ella no lo había tomado tan mal, que no le importó del todo romper sus lazos, porque esos lazos no significaban lo suficiente como para prolongarlos. Y ahora, esa llamada la enredó por completo. No sabía que responder, no lo tenía contemplado. De todos modos no podía colgar.
—Ven, por favor, ven a casa —Le rogó la Haruno en un llanto entrecortado.
El corazón se le encogió al darse cuenta de la realidad, y esa era que Sakura estaba sufriendo.
Se quedó tiesa, inmóvil, cayendo en cuanta de lo que había hecho. La había herido profundamente.
Sus pupilas empezaron a vibrar, humedeciéndose, percatándose de la tragedia que le había hecho a su amiga. Era verdad, Sakura estaba mal, por ella y por su traición. Ahora la Haruno intentaba refugiarse en el centro de la perversidad, en su propia rival, sin saberlo. No podía con ello. El cuerpo le vibró y una lágrima cayó por su mejilla. No podía engañarla más, pero tampoco podía decirle la verdad. Lo único que podía hacer, era sentir su dolor, esconderlo y compadecerse.
—Sakura… —Trató de ahogar las lágrimas y la angustia para que ella no notara ninguna complicidad en aquel bajo acto, y aún así, no pudo dar más rienda a su farsa—…Lo siento… lo siento.
—Hinata… —
Un intento fallido por explicar su situación fue interrumpida cuando Hinata le colgó.
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En ese momento lo recordaba ya sin lágrimas, sólo con un lamentable pesar del que no quería ser participe. Después de pensarlo y analizarlo, decidió que necesitaba más tiempo para tranquilizar su propio espíritu y de encontrar una forma de quitarse la máscara de forma adecuada, si es que existía una manera. Aunque inmediatamente pensó que la que realmente necesitaba el tiempo, era su amiga. También había decidido no decirle nada a Naruto sobre la llamada. Quizás él también sembraría más sentimientos de culpa y no lo que menos quería era perturbarlo.
Miró sobre el firmamento, sin ver rastro del coche del rubio. Checó su reloj de pulso: tenía diez minutos de retraso. Pero no importaba, pensó con gracia; había esperado tanto tiempo para que Naruto fuera suyo, que ya ni diez ni veinte minutos podían hacer alguna diferencia relevante. Lo que agradeció, porque en ese momento apareció aquella negra chatarra clásica, estacionándose frente a la acera. Ella sonrió, tomando su bolso y dirigiéndose a su destino, mientras el estómago le hacía cosquillas.
Entró al vehículo y sus ojos se clavaron en su bronceado novio. Llevaba puesto jeans, una playera de Nirvana, una banda de rock, y zapatos deportivos. Naruto se veía tranquilo y feliz. Hinata titubeó un poco para acercarse a él. Quería darle un beso. Pero se permitió reprimir sus deseos, pensando que allí donde estaban ahora era una zona de mucho riesgo. No podían permitirse ningún chispotón en esos tiempos, por nada del mundo.
—¿Nos vamos? —Preguntó él alzando una ceja, con una ligera sonrisa.
—Sí, vámonos —Respondió ella con un sonrojo de mejillas y con los ojos chispeando de anhelo.
El coche arrancó por la avenida, perdiéndose en el tráfico.
Cuando el coche estuvo en marcha, Hinata sacó de su bolso una cajita de cartón con un moño en la tapa, extendiéndolo al aire. Naruto no pudo ocultar su sorpresa, no lo había esperado. Lo abrió cuando el semáforo se lo permitió, para descubrir una pequeña figurita de plástico. Si ya estaba sorprendido, pues ahora lo estaba más. El regalo se trataba de una figura de acción coleccionable, que inusualmente a él se le había hecho imposible de conseguir; sólo algunos afortunados podían tener una, y eso era por un considerable pago monetario. Aunque ahora el imaginar cómo lo había conseguido pasaba a último plano, porque él se había puesto feliz. Hinata se las había ingeniado para saber cual era su serie animada favorita, después de todas esas charlas en el coche cuando él iba a dejarla a su casa. Así que, agotando todos sus recursos, había conseguido esa pieza. De agradecimiento, Naruto le dio tremendo beso, que si no hubiera sido por el chiflido de cláxones del resto de los ansiosos conductores en el tráfico, ese beso hubiera sido épico. Antes de convertirse en épico, había sido muy apasionado, dejando a un Naruto ansioso y a una Hinata muy acalorada. Tratando de desviar ese ambiente fogoso que se había creado, a ella se le ocurrió preguntar a dónde se dirigían.
—Ah, quería que conocieras a mi antiguo tutor en la casa hogar —Expresó el chico todavía con una liviana sonrisita en los labios—, aunque no sé si prefieres que vayamos a mi casa.
—Oh, ¿A tu tutor? —Dijo extraña a la situación—. P-Pues, podemos ir a verlo y después podemos ir a tu casa.
—O podemos ir a mi departamento, y si queda tiempo, vamos a verlo.
La proposición del chico hizo que la de los ojos perlados se pusiera tensa, con una ligera sonrisa nerviosa. Naruto se dio cuenta que estaba siendo muy directo con sus invitación y prefirió irse tranquilo.
—Descuida, mejor haremos lo primero —Finalizó.
En el camino, él le contó un poco de su antiguo tutor. Su nombre era Kakashi Hatake y era un catedrático universitario. Se había hecho cargo de él después de que el último tutor lo entregara de vuelta al internado de huérfanos. Explicó a su manera que el penúltimo tutor era un idiota, estaba enfermo de la cabeza y siempre trató de manipularlo, cosa que no logró nunca. Cansado de batallar con él, optó por lo fatídico: decidió que simplemente no podían vivir juntos y lo regresó a la casa hogar. Ya no era un niño en ese entonces, tenía catorce años y una personalidad muy rebelde. Por suerte apareció un nuevo salvador; Kakashi, quién en ese momento se encontraba reclutando muchachos para un programa educativo. Podía sonar muy prometedor, pero cuando se enteraron de los pormenores, dudaron un poco en las habilidades de Naruto. El proyecto constaba de mucho ejercicio físico, donde la resistencia tenía la mayor importancia. Esa fue la oportunidad de Naruto para vivir fuera de ese loquero —como solía llamar a la casa hogar—. Tampoco funcionó, ya que la antigua agresividad de él —forma en la que se refirió a su "antiguo" estado mental violento—, volvió a imponerse, causando que el profesor Hatake le diera un nuevo rumbo a su vida, adoptándolo como discípulo e hijo, lo que lo ayudó a calmar su fuerte temperamento.
Hinata estuvo absorta en la historia. Jamás se hubiera imaginado nada de esa vida del pasado. Le causó admiración, un cierto dolor, pero mucha gracia, por la forma en cómo él lo contaba. Por dentro agradeció que todos esos malos momentos hubiesen terminado y que ahora él estuviera recibiendo el cariño y amor que se merecía. Ella se lo daría, todo, hasta que él se saciara. No le importaba si la dejaba vacía, porque esa era la forma en que quería terminar con su vida: dándole amor a la persona amada.
Al llegar a la dirección destinada, ambos bajaron del coche. Entraron a un edificio que parecía caro y lujoso. Subieron por el elevador para dirigirse al departamento de Kakashi. El desconcierto fue cuando tocaron el timbre varias veces, insistentemente, y nadie acudió a abrirles la puerta.
—Tal vez aún está en la universidad —Comentó la pelinegra.
—Maldita sea, creo que debí haberle llamarlo antes. No te preocupes preciosa, porque Naruto va a salvar esta tragedia —Dijo sacando un puño de llaves unidas al aro.
En menos de un minuto había abierto la puerta.
—¿Él te deja tener las llaves de su departamento? —Cuestionó curiosa, una vez que habían ingresado a la planta.
—Quizá no. Y no quiero averiguarlo.
Hinata se rió ante las ocurrencias del Uzumaki. Temió por un momento, meterse en problemas en una casa ajena. Era algo común en ella, las cosas solían darle paranoia. Le clavó los ojos a su chico, viendo cómo recorría la casa como si fuera suya, como si no le importara que alguien lo reprendiera, y eso le causó algún tipo de tranquilidad.
El departamento del catedrático tenía un gusto nada barato. Naruto no tuvo que decírselo, pues Hinata estaba algo familiarizada con la mueblería de lujo. Fuera de eso, era un lugar muy moderno y lindo, pensó ella. Los sillones de la sala eran de cuero negro y tenía una pequeña alfombra de cebra. Los ventanales eran enormes, dando la vista a la enorme ciudad. En el fondo había una cocina y al otro extremo, en un diminuto pasillo, estaba la puerta de un baño y la habitación del que vivía allí.
Aunque no era su estilo, le gustaba el lugar.
—¿Quieres tomar algo? —Le preguntó el rubio mientras se metía detrás de una barra de madera encerada, que acentuaba una pequeña cantina, con una alacena llena de licores. Hinata hubiera respondido que no, que estaba bien, pero Naruto ya estaba sirviéndole algo en un vaso de vidrio—. Tómalo despacio, es algo fuerte.
Hinata se puso el vaso en los labios, sin preguntar que era, y le dio un sorbo a la bebida medio transparente. Cuando el líquido le raspó por la garganta, cerró los ojos y frunció la cara debido a la acidez. Naruto se rió ligeramente y le dio un gran trago al mismo licor de su propio vaso. No hubo cara de mal gusto por su parte, se notaba claramente que ya estaba acostumbrado a ese licor.
—Es whisky y es el favorito de Kakashi. La primera vez que tuve una borrachera fue con este mismo brebaje. Todavía recuerdo la cara de dolor de Kakashi cuando encontró su botella vacía —Lo dijo como si todo fuera un chiste—. Quería romperme la botella en la cabeza, pero creo que se apiadó de mi estado ebrio y me dejó en paz.
—¿Puedes tomarte una botella entera en una sola noche? —Preguntó con curiosidad, como si pensara que eso fuera increíble. Le dio otro pequeño sorbo más a la bebida.
—Claro, nena. ¡Esta bebida ya no es un adversario para mí, 'dattebayó!
Hinata sonrió.
Naruto le pegó el último gran sorbo a su vaso, empinándoselo casi de forma exagerada, arqueando el cuello hacia atrás. Enseguida dejó caer el vaso sobre la barra, duramente. Hinata no se perdió ningún segundo de cada movimiento que él hizo. Tampoco se perdió el momento en que una gota de whisky logró escapar de los labios carnosos de su novio. Sintió de alguna forma, que todo ocurrió en cámara lenta, sencillamente mágico. Por inconsciente, casi esperándolo, vio cuando él recogió la gota escurridiza con la lengua y la regresó a su boca.
El cuerpo de la Hyuga se estremeció cálidamente en dos segundos y un tierno sonrojo adornó sus mejillas. Aunque para ser sinceros, la verdad es que el rubor de tierno no tenía nada, porque la sangre que se le subió a la cabeza, sólo era la respuesta que le dio su cuerpo cuando las pupilas se le idolatraron al mirar aquella escena genuinamente accidental de la gota escurrir por la cominura de los labios. La respuesta también se hizo presente dentro de sus piernas. Pero eso tampoco lo notó nadie, mucho menos Naruto, que empezaba a sentirse gracioso con aquel afanoso néctar.
Hinata se sintió perversa. Oh sí. Se reconoció a sí misma y a sus juguetonas emociones que danzaban dentro de sí. Pese a eso, no lo creyó prudente.
—Voy a entrar al baño un momento —Susurró, dejando su vaso casi lleno en la barrita.
Se escurrió por la puerta del sanitario y una vez que esta se cerró detrás de ella, soltó un respiro. Se recargó en la pared. Su cuerpo se relajó al verse sola. La tensión de hace unos segundos bajó, pero no del todo a su posición habitual. Tenía un inquietante y ligero choque eléctrico alborotado en todo su cuerpo, que se había activado por una cosa que no debía tener importancia. No había pasado nada, no había connotación sexual en aquel acto ingenuo del Uzumaki. Sorber una bebida y filtrársele una gota por la comisura de los labios. No tenía por qué inquietarse de esa forma por algo tan tonto. Aún así, ese simple acto la había hecho vibrar de deseo. Y se regañaba internamente por actuar de esa forma. Naruto no tenía intención de hacer nada con ella en ese momento, así que debía desviar sus desvaríos a lo racional, y eso era tranquilizarse. Así que sólo iba a salir a charlar con él. Como cualquier pareja, sí.
Frente al espejo, se mojó la frente, el cuello y parte del escote del pecho. Se sacudió la larga cabellera, que le quería hacer cosquillas debido al calor, y se puso ambas manos en las mejillas, para aminorar ese loco rubor.
Afuera en la salita, se encontró a Naruto de pie. Había encendido el estéreo y la música estaba algo fuerte. Sonaba una banda de rock melódico que ella logró reconocer. Claro, era esa banda de rock que había ido a ver en concierto hace días, con aquel pelirrojo.
Recordó entonces a Gaara. No había pensado mucho en él desde que Naruto y ella habían iniciado su relación. Tenía tantas cosas en la cabeza, que había olvidado llamarle al chico para disculparse por su tonta conducta ebria y por haberse ido de su casa como una demente. Se lamentó un poco, porque a pesar de la diferencia de mundos en que ambos vivían, Gaara realmente le agradaba. Pero no se quejaba. Sentía que había ganado mucho en ese tiempo. Un amigo como Gaara y al amor de su vida, Naruto. Ya que meditaba sobre ello, se daba cuenta que era sensacional. Más perfecto aún, era ese momento, cuando él le clavó las pupilas encima.
—Ven —Le pidió el rubio, extendiéndole la mano.
Tímida le obedeció. No quería moverse demasiado, los nervios volvían a querer atraparla y aún tenía una llamita de fuego que amenazaba con encenderle todo el cuerpo si no se controlaba.
Naruto le pasó el brazo por los hombros y la atrajo a sí, cariñosamente.
El rubor volvió a la cara de ella y agachó la cabeza, con pudor.
—¿Estás bien? —Quiso saber él, mientras bajaba el volumen de la música.
—S-Sí. No pasa nada.
Levantó la cabeza para encontrarse a Naruto a sólo unos centímetros. Sus ojos se engancharon y él le sonrió. Hinata se perdió en sus labios abiertos, que mostraban una blanca dentadura. Más allá de eso, se perdió en un pensamiento, imaginándose esos suaves labios sobre los suyos, sobre su carne, sus mejillas, en su cuello.
Negó con la cabeza, pensando que todo era una locura inventada de sus hormonas.
—¿Qué pasa? —Insistió él.
—Nada, no me hagas caso —Dijo abrazándolo.
Naruto la rodeó con sus brazos también y ella se sintió mejor. Levantó la cabeza para mirarlo, y lo encontró sonriéndole. Inmediatamente la besó, con suavidad y dulzura.
Por fin, Hinata estaba en donde quería estar, pero tal vez en donde no debía estar. No quería darse cuenta de lo que no debía estar haciendo. Así que simplemente le correspondió al beso; abrió los rosados y sedientos labios, y dejó que la frescura de esa boca ajena la llenara por dentro.
Estaban en un nuevo escenario pero no en una situación distinta. Estaban solos. Naruto la apretó con el brazo a él y la besó apasionado. El beso se extendió en una interacción de mieles y lenguas que querían atraparse. Parecía que la unión se volvería interminable mientras más presionaban sus labios. La música ruidosa los complementaba de una manera extraña.
Cuando se separó de él, todavía no quería abrir los ojos. Pero lo hizo con trabajo. Naruto le sonrió, pensando que se veía hermosa con las mejillas coloradas, los ojos entrecerrados y los labios medio abiertos.
—Eres preciosa, nena —Le dijo sin dejar de verla.
Ella sonrió con ternura.
Naruto volvió a besarla con la misma pasión que hace unos instantes, y ella se dejó conducir. Ahora sí, ya no era capaz de huir de esa candente situación. Más bien era imposible.
Dejó que Naruto bajara su mano hasta sus glúteos, por encima de su falda. Le dio pena, sin duda, pero se olvidó del pudor enseguida. Le permitió que la tocara como quisiera. Naruto empezó a bajar la mano hasta su piel desnuda y poco a poco subió la falda, hasta que sintió la fina tela de la ropa interior. Hinata se separó de él sabiendo que el tono de la situación iba subiendo muy rápido. Los ojos de Naruto le denotaron que le importaba un rábano qué tipo de situación era, porque él estaba ansioso por tocarla, por besarla y por hacerle quien sabe cuántas cosas más. Hinata sabía que no iba a ser capaz de detenerlo, así que intentó olvidarse de lo peligroso que era estar allí, en una casa ajena, a punto de hacer el amor.
Se besaron, nuevamente. Naruto la condujo hacia el sillón de piel y la empujó suavemente para que se sentara. Él se hincó frente a ella, para quitarle los zapatos.
Hinata tragó saliva.
El rubio pasó ambas manos por la suave piel de las piernas de su chica. Sintió como los poros se le estremecían al subir los dedos hasta la entrepierna. Hinata no se imaginaba lo que su mente le tenía planeado. Así que se coló por debajo de su falta y le bajó las bragas, pasándolas seductoramente por las piernas hacia afuera.
Hinata estaba totalmente expuesta y por inercia cerró las piernas, sonriendo tímidamente. Pero él no se lo permitió. Le separó las rodillas y se interpuso entre ellas.
Naruto se quitó la playera para dejarse el pecho descubierto. Hinata enrojeció, más aún cuando con un levantamiento de cejas de él, le pidió que lo imitara. Y lo hizo. La chica empezó a desabotonarse la camisa, y se deshizo de ella, para dejar al descubierto la blanca piel de su abdomen y el fino sostén, que protegía aquellos enormes senos que tanto hacían babear al Uzumaki. Las pupilas celestes se clavaron fijamente en esas dos porciones de carne redonda con los que soñaba, desde la vez que tuvo el placer de tocarlos.
Naruto nunca se lo confesaría, pero cuando todavía estaba con Sakura y su relación era solida, ya había admirado antes lo bien dotados pechos de la Hyuga. Él y los demás chicos del grupo, secretamente —y vulgarmente también—, la habían nombrado como "Miss melones jugosos". Y ahora supo claramente que si antes no habían pasado desapercibidos, ahora jamás lo harían.
Se relamió los labios, admirando las cualidades de su mujer. Hinata ya no quería que la mirara tanto, así que lo abrazó y empezó a besarlo nuevamente. A su favor, Naruto aprovechó para pasar sus manos por la delicada y tersa espalda femenina, y lograr desabrochar el sostén. Como su pecho estaba unido al de ella debido al abrazo, pudo sentir como aquellos deliciosos senos se liberaron de la presión del sujetador, sobre su propia piel. Y sin tardarse nada, se separó de ella, le quitó el sostén del cuerpo, se abalanzó al primer seno que tenía enfrente y se lo metió a la boca.
Hinata jadeó al contacto de esa lengua sobre su pezón. Agarró el cabello del rubio y se lo metió entre los dedos, mirando cómo él le devoraba la carne; la chupaba, pasando la lengua una y otra vez sobre el pezón duro; lo mordía suavemente, volvía a lamerlo, mientras pasaba la mano por el otro pezón, atrapándolo con los dedos. Parecía un niño desesperado comiéndose una paleta de su sabor favorito.
Hinata no podía esperar más. Cerró los ojos para atrapar perfectamente todas esas deleitosas sensaciones. Estaba humedeciéndose ya hasta sobre la falda. Gimió una vez más. Naruto se separó de sus pechos para volverla a besar, pero ella quería que le hiciera el amor de la forma más intensa que existía, de una vez por todas. Se separó de él y le dirigió una mirada llena de agonía, anhelante, que le rogaba que terminara de complacerla. Lo necesitaba, ya, con desesperación.
Naruto lo entendió claramente. Él también lo necesitaba. Así que se puso de pie, mostrando una dura erección por dentro del pantalón. Ella enrojeció y se mordió el labio. Él empezó a desabrocharse el cinturón con prisa y continuó con los jeans. Se bajó el pantalón hasta quitárselo, viendo como ella también lograba deshacerse de su pequeña falda, con más pudor del que él alguna vez podría sentir. Pero eso lo volvía loco de deseo. Verla tan vulnerable, sólo lograba excitarlo más.
Hinata quedó totalmente desnuda. A él le faltaba poco. Una vez que se bajó los bóxers, pudo liberar aquella erección que parecía reventarle la piel y quemarle los genitales. Era un pene duro, listo para actuar y llenarla de placer.
Hinata sonrió y tragó saliva. Lo deseaba, dentro de ella. Pero era tan perfecto, que quería admirarlo por un poco de tiempo más. El deseo la estaba sacando de sí misma, así que no pudo resistirlo; se dejó caer de rodillas sobre el suelo de la alfombra, lo tomó por las caderas y se metió el gran pene a la boca. Naruto jadeó, sorprendido. No lo había esperado. Se dio cuenta de cómo ella empezó a chuparlo con fuerza, como si quisiera exprimirlo y sacarle los jugos de su interior. Vio con claridad el deseo de ella proyectado en el acto sexual, en su mirada, y se deleitó con gusto al verla allí, de rodillas, comiéndoselo por completo. Casi hasta el punto de hacerlo derretirse dentro de la cavidad de su boca.
Hinata tardó en detenerse. Cerró los ojos y se concentró el trance del sexo oral. Recordó cómo pasó la primera vez, pero esta vez le supo mejor. Ahora no sólo era una muestra de sexo, porque ahora él era de ella y sólo para ella.
Sintió que Naruto le ponía una mano sobre la cabeza, controlando la profundidad de la penetración. Dejó que la guiara. Ahora todo ese acto parecía una simulación al verdadero coito, sólo que esta vez no lo hacía con su vagina, sino con su boca sedienta.
Lo estaba disfrutando, le gustaba sentir la dureza de su miembro en sus labios y cómo su lengua lo rozara con fuerza. Abrió los ojos para observar como Naruto empezaba a fruncir el entrecejo y se dio cuenta que estaba muy cerca de hacerlo estallar. Se detuvo, para ver como él soltaba un gimoteo entrecortado debido a la desconexión.
—A-Ah, preciosa, eres estupenda… —Decía el rubio, dejándose caer rendido sobre el lujoso sofá.
Ella se pasó la mano sobre sus labios, quitándose el resto de su propia saliva escurridiza. Estaba ardiendo y verlo respirando agitadamente, sentado, con el miembro igual de erecto, la estremeció totalmente.
—Ven, siéntate sobre mí nena —Le rogó.
No tenía que rogárselo, ella moría por hacerlo. Se puso de pie y se trepó sobre él, aún sin sentarse, poniendo ambas piernas abiertas sobre el sillón. Naruto la atrajo por las caderas y pasó una mano sobre su carne palpitando, mojada y caliente. Se estremeció de deseo. Le besó el abdomen liso que tenía frente a su cara, mientras le pasaba los dedos por la abertura de sus labios vaginales. Hinata chilló, de puro placer. Tuvo que poner las manos sobre los hombros de su novio para poder sostenerte y evitar dejarse caer, ya que él todavía no le permitía sentarse en sus caderas.
Los movimientos de Naruto eran hábiles dentro de aquel manojo de nervios.
Ya no pudo más; Naruto estaba torturándola con sus dedos. Nuevamente era ella la que rogaba que la tomara de una vez por todas. Pero veía como él se divertía jugando con sus labios inferiores, sin pretender terminar de una vez por todas. Así que sin más paciencia, le apartó la mano de su interior y se dejó caer sobre él, acomodándose entre sus caderas. Él sonrió, viendo como ella le tomaba el miembro con la mano y se lo acomodaba en su pequeña abertura que no paraba de escurrir.
Naruto no pudo evitar soltar un gemido de puro deleite, cuando sintió que las paredes vaginales aprisionaban su genital.
Hinata por fin lo sintió. Chilló por el leve dolor que la penetración le causó, pero el dolor iba mezclado con el gozo de su carne, abriéndose, lista para ser embestida. Su vagina recibió por completo aquel miembro duro. Se detuvo un momento, para acostumbrarse a la intromisión de su interior. Estaba sudorosa y deseosa. Naruto la observó con admiración, viendo lo preciosa que se veía de esa forma tan acalorada. Era tan hermosa. Y no se cansaba de decirlo. Sediento de ella, se unió en un beso dulce.
La quería así, para él, sólo para él, por siempre.
El dulce beso pronto se convirtió en un beso desesperado, hasta convenirse en uno salvaje. Naruto le sostuvo las caderas para que ella empezara a mecerse sobre él, y así lo hizo. La penetración era honda, profunda, hasta su límite. La llenaba completamente. Hinata empezó a aumentar la velocidad de la embestida, y comenzó a brincar sobre su novio, buscando el placer que su cuerpo demandaba. Naruto dejó que ella hiciera el trabajo, sólo la sostuvo por las caderas para llevar el ritmo que ella misma marcaba. Extasiado. Frente a él, los dos enormes senos revotaban uno sobre el otro. Quería comérselos, tratando de pescarlos con la boca, pero debido al constante movimiento de ella mientras lo montaba, se le escapaban. Sólo podía sacar la lengua y lamerlo cada vez que estos pasaban por su cara.
Ella no paraba de gemir, aunque Naruto se dio cuenta que algo la reprimía. Sus gemidos eran reprimidos, como tratando de que nadie la escuchara. Ya conocía lo tímida que era la pelinegra, pero no iba a permitir que en el sexo también lo fuera. La quería ver gozar de la misma forma que él, libremente, sin límites. Quería escucharla y deleitarse con sus jadeos de placer.
Así que la sostuvo por las caderas, parando la penetración poco a poco. Ella se le quedó mirando con incredulidad, sin entender porque de repente se había detenido. Naruto le sonrió, pensando en la mejor forma de hacerle el amor y hacerla sentir al máximo.
—Ven nena, acuéstate abajo, sobre la alfombra —Le dijo.
Hinata asintió, y obedeciéndolo se apartó de su cuerpo. Naruto también hizo lo mismo, tomándola por la cintura para acomodarla como quería. Él dirigía y ella obedecía.
Terminó por acomodarla a cuatro patas sobre la alfombra y acomodándose detrás de ella. se acercó a su oído y le susurró seductoramente.
—Voy a cogerte de la forma que más me gusta y no voy a detenerme, preciosa. Así que quiero que lo disfrutes tanto como yo.
Los ojos de Hinata se iban abriendo a cada palabra que él decía, y terminó asintiendo con la cabeza, sumisa a su amante.
Una vez dicho todo, la penetró nuevamente y esta vez pudo sentir a su miembro sin la misma presión, pero con mejor fluidez. Hinata gimió nuevamente, y nuevamente se escuchó la represión de su garganta a permitir soltarse al placer.
El Uzumaki empezó a penetrarla, larga y hondamente, esperando a que ella se acostumbrara. Pero la lentitud no tenía planeado extenderse, porque duró poco y prontamente empezó a embestirla con más rapidez y más fuerza. Hinata sintió ese ímpetu llenarla por dentro, así que volvió a gemir.
Naruto continuó penetrándola con más fuerza, sosteniéndola por la cadera. Hinata se dio cuenta de la acción imponente de su novio sobre ella misma, sorprendiéndose del impulso que usaba para penetrarla. Escuchó el sonido de sus nalgas chocar con el cuerpo masculino y eso le causaba más anhelo por sentirse posesionada. Se dio cuenta que Naruto no bromeó con respecto a no detenerse. Porque estaba causándole un ferviente placer y él no le daba pausas para descansar. Así que volvió a chillar, y está vez más nítidamente.
Él le pasó una mano por uno de los senos que revotaba sobre su cuerpo y lo sostuvo para saciarse de su textura blanda. La otra mano la posó sobre su clítoris, estimulándolo a la vez que no dejaba de penetrarla. A Hinata eso le causó más espasmos de éxtasis y volvió a gemir, sin detenerse. Naruto sonrió, ahora la tenía como quería, y no pensaba detenerse.
Así que Hinata no pudo más. Se permitió lo que las veces pasadas no había hecho y empezó a disfrutar con libertad de la embestida que su amante le daba. Gimió de placer, hasta cansarse, hasta saciarse.
—¡A-Ah, Naruto, N-Naruto! ¡Ahh!
Ella no podía más, estaba experimentando el sexo que no había logrado llevarla hasta ese punto en las otras ocasiones. Lo sabía, porque era la primera vez que lo sentía, y estaba a punto de estallar.
Naruto sabía que no tenían protección, así que tenía que ser cuidadoso. Logró reprimir su propio orgasmo, hasta conseguir el de ella. Y lo logró. Vio cómo ella apretó los puños sobre la alfombra, al grado de dejarse los nudillos blancos y también sintió que la piel se le ponía de gallina.
Hinata estaba más que vulnerable que nunca, con todas las sensaciones a flor de piel. En un último chillido, Hinata alcanzó su primer orgasmo, en un subliminal éxtasis. Naruto también se dio cuenta de ello, permitiéndose relajar los músculos y dejar de contraer su propio orgasmo. En segundos, él también lo alcanzó, saliendo de ella y dejando escurrir el líquido espermicida en toda la alfombra.
Hinata se dejó caer sobre la alfombra, boca abajo. Naruto se tiró sobre ella enseguida.
No dijeron nada enseguida, pues las respiraciones entrecortadas no se lo permitían. En la cara de Hinata se dibujaba una sonrisa satisfactoria, y eso respondía a muchas cosas.
—Lo hice… sentí el orgasmo —Susurró ella aún con la respiración agitada.
—¿Cómo sabes que eso fue un orgasmo? —Preguntó él, curioso.
—Porque es lo mejor que he sentido en toda mi vida.
Naruto sonrió con satisfacción, y la besó en la nuca.
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En el departamento de Hinata se dieron una ducha en la tina y allí volvieron a tener sexo. Kakashi no llegó jamás, así que Hinata no pudo conocerlo. Pero poco importaba, porque realmente no quería conocerlo después de lo que ella y Naruto acababan de hacer en su sillón y en su hermosa alfombra de cebra. Para nada. Sólo se habían vuelto a poner la ropa, lavaron los vasos de whisky que se habían bebido y acomodaron la botella en su mismo lugar. Después de haber salido de la casa del mentor del rubio, lo único que querían era volver a repetir lo que había sucedido en ese lujoso apartamento.
Y así lo hicieron.
Hinata se había puesto la bata de dormir como única ropa. Naruto se puso los pantalones, pero se mantuvo sin playera ni el calzado. Ninguno de los dos quería cambiarse aún. Tenían pensado pasar el resto de la noche juntos en el apartamento, así que a Hinata se le ocurrió pedir comida china a domicilio, de un pequeño restaurante que estaba a cuatro cuadras. Tampoco para eso querían salir.
Veinte minutos después tocaron la puerta, y fue Naruto quien se levantó a abrir, ya con el dinero de la comida en la mano.
Pero cuando abrió la puerta, allí no estaba ningún empleado asiático de ningún restaurante de comida china. La que estaba parada en la puerta era Ino Yamanaka.
Hola queridas lectoras. Ya reaparecí otra vez con otro capítulo más de esta historia. Me emocionó saber que muchas de ustedes no abandonaron el fic y que continúan siguiéndolo. Sinceramente, me hacen feliz )': Es la segunda cosa que tod escritor de fic necesita: inspiración y reviews de sus seguidoras. Gracias a tod s!
Pd. Como ven Gaara no se ha perdido de la escena, pero esperen al siguiente capítulo para que vean más intromisión. Ah, y ya sabrán que sucederá con la aparición de la Yamanaka. Saludos!
Miss K
