Capítulo Noveno: Obliviate, y más planes

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Vio a Severus salir del Gran Comedor. Era algo que estaba esperando de hace mucho rato, y estuvo esos quince minutos muy atenta a cada movimiento del muchacho. Las miradas de ese día solo despedían odio, según ella. Estaba claro que le había hecho enojar lo que había sucedido en la hora de Transformaciones, y para mala suerte de ambos, no habían podido comunicarse, ya que él mismo se demostraba reacio y se escabullía. Quizá no quería tener más problemas con Potter.

Cuando la bastilla de la túnica del chico desapareció por la gran puerta, Lily soltó de inmediato el tenedor, fingiendo lo que tenía planeado hace rato: dolor de estómago.

— Uuugh… — gruñó colocándose una mano en el estómago.

— ¿Qué sucede? — indagó Alice demasiado sobresaltada. Había estado observando hacia la mesa de Ravenclaw muy atentamente. Longbottom hablaba con una muchacha morena muy bonita.

—Tengo retorcijones. No puedo seguir comiendo, iré a la enfermería — avisó parándose, sin esperar la respuesta de su amiga. De todas maneras, Alice atinó a asentir con la cabeza y volver a observar a aquel chiquillo.

Sin dejar su actuación, Lily salió rápidamente del lugar sin ser percibida por nadie. Dobló la esquina y miró hacia donde debía estar Severus, pero ya no estaba. Sin embargo, había dos posibilidades de su escape: las mazmorras y la biblioteca. Si él siguió a la biblioteca, había un único camino. Pero era poco probable que fuera hacia allá, porque no llevaba ni siquiera una pluma; así que optó por las mazmorras y corrió hacia el otro extremo, donde estaban las escaleras que llevaba a las profundidades del castillo. Bajó a zancadas los escalones, hasta que llegó al primer pasillo. Allí divisó la cortina de cabello negro de Snape, iluminada levemente por una antorcha.

Lily no supo si era porque había hecho mucho ruido al ir hasta allí, o porque Snape había nacido deforme y tenía ojos en la nuca, pero rápidamente se giró sobre los talones. La miró unos segundos, y siguió caminando.

— ¡Severus! — llamó la muchacha alcanzándolo, y poniéndose a su altura. Éste no se detuvo, hasta que Lily lo tomó del brazo y lo obligó a mirarla — ¿Qué demonios…? ¿Estás enojado?

Severus la miró dilatando los agujeros de la nariz, y respirando muy fuerte, como queriendo contener toda la rabia que le oprimía.

— Si es por lo de James, realmente…

— Es obvio que es por eso — terminó aclarando, apenas moviendo los labios, con las mandíbulas muy apretadas —. No creo que sea común que una chica espere a un hombre fuera de un baño de varones.

Lily se puso muy colorada, pero no le soltó el brazo, al contrario, se lo pellizcó.

— En vez de insultarme, ¿puedes preguntarme qué estaba haciendo allí?

Snape miró hacia ambos lados del pasillo, hizo que Lily lo soltara y se cruzó de brazos, mirándola furioso.

— ¿Qué demonios — y una serie de improperios más que soltó — hacías allí con Potter?

— Espera, ¿con Potter? Cuando tú apareciste estaba sola.

— Sabes a lo que voy.

— Fui a pedirle disculpa por una discusión que tuvimos hace un tiempo.

— Vaya, justo ahora que estamos… —Lily notó como las mejillas de Severus se sonrojaban — que… ¡que estamos juntos! — estalló, poniéndose más colorado aún, como si le costara expresar todo eso — Y — continuó antes de que Lily hablara —, a ver, ¿y de qué se trataba esa disculpa? ¿Eh?

— Precisamente por ti — le dijo Lily, muy ofendida —, porque hace un tiempo le grité de que no quería estar con él, y esta vez, le dije lo mismo, pero un poco más sutil.

— Ah.

— ¿Esa es tu respuesta?

No era por ser exigente, pero Lily se esperaba algo más cariñoso. Mas esperó aquellos diez segundos de lucha interna de Severus. Entonces sonrió. ¿Sonrió? ¡SÍ! Aunque usted no lo crea. Pero más bien fue una mueca parecida a una sonrisa forzada.

— Qué bueno que lo hayas comprendido — ultimó Lily sin hacerse más ilusiones. Era casi imposible sacar algo más de él —, buenas noches…

— ¿Esa es tu respuesta? — la voz del chico se tornó mucho más misteriosa. Lily había estado a punto de voltear. Lo miró sin entender.

A continuación el chico se acercó y la abrazó, colocando la cabeza en su hombro.

— No me gusta que te acerques a Potter — murmuró rudamente en su oído — así que cuando vayas a hacer algo que respecte a él, avísame.

— ¿Desde cuándo tienes derecho sobre mí? —abrazó también a Severus, aliviada de su reacción no cobarde (milagro).

— Desde ahora —dijo y la miró a los ojos. Dejó pasar unos segundos, y algo tenso, dijo— ¿Quieres salir conmigo?

Lily soltó una carcajada, algo nerviosa.

— Se podría decir, Severus, que lo que estamos haciendo es salir…

Severus puso los ojos en blanco.

— ¿Tengo que decirte todo literalmente? Está bien… ¿Quieres ser mi novia?

El corazón de Lily se aceleró. Y el de él también. Era muy obvia cual iba a ser la pregunta del millón, pero cuando la oyes, es muy diferente. No puedes dar una respuesta anticipada a algo como eso.

Asintió lentamente, con una sonrisa en los labios.

Severus, sacó la varita, apuntó a la solitaria antorcha que tenían a su lado y la apagó. Quedaron a oscuras, pero no totalmente, diez metros más allá había otra antorcha más.

Lily estuvo a punto de preguntar por qué había hecho eso, pero obtuvo la respuesta no verbalmente: un beso muy apasionado y lento. Severus la abrazó totalmente, para que ella no pudiera moverse. Pero ella tampoco quería hacerlo, así que se quedó allí, tal cual, como pegada por imán a los finos labios del muchacho.

Pasaron varios segundos así, — ¿o fueron minutos? ¿Cuánto tiempo puede uno estar besando a una persona sin ahogarse? —, sin darse cuenta que alguien había llegado hasta el rellano de la escalera. Ese alguien bajó sin hacer ruido. Sabía que alguien estaba allí. Podía distinguir una silueta deforme que contrastaba por la luz lejana de una antorcha.

Lily se soltó de los brazos del muchacho y lo rodeó por el cuello. Pero luego algo hizo que se sintieran incómodos. A través de los párpados distinguieron que el lugar se había aclarado. Entonces, una voz femeninamente grave dijo, con un toque de estupefacción:

— ¿Snape?

Instantáneamente los besos y abrazos se disolvieron. Con una agilidad increíble Severus sacó la varita y apuntó sin vacilar a quién había interrumpido.

— ¡Obliviate! —exclamó con furia, y de su varita salió un rayo blanco y llegó directamente a la cabeza de Bellatrix Black.

— ¡Severus! —vociferó Lily, asustada, cubriéndose la boca con una mano.

Bellatrix calló al suelo en cámara lenta, con una expresión muy relajada, casi dormida.

—Esto les pasa a los intrusos —dijo Snape, aproximándose a la atacada, para estudiar el efecto del encantamiento.

— ¿Por qué la desmemorizaste?

— Es Bellatrix, Evans — dijo cansinamente —, habría contado esto por todo el colegio.

— ¿Te importa mucho que lo sepa el colegio? —dijo Lily, apoyándose en la pared.

— No nos conviene a ninguno de los dos — levantó a Bellatrix del suelo. Aún podía mantenerse en pie con ayuda —, Potter me torturaría a mí —y bajando un poco más la voz, que le tembló levemente, agregó — y Bellatrix, a ti.

"Era obvio, lo sabías, cálmate, no es nada… sí, recuerda la vez anterior, Bellatrix siguiendo a Severus… no te alarmes" pensó Lily, sintiendo cómo la sangre le hervía. Fingiendo desentendimiento, levantó las cejas.

— ¿Por qué me torturaría a mí?

Severus se aproximó con Bellatrix, que apenas arrastraba los pies (estaba peor que Dudley cuando vio a los Dementores), quizá, en una de esas, Severus le dio una dosis de heroína vía varita mágica camuflado con un encantamiento desmemorizador. Se puso al lado de Lily, cerca de su oído.

— Quizá tengas competencia — susurró —pero —se adelantó al ver que la pelirroja iba a rebatir —, yo te quiero a ti.

"Qué lindo" pensó Lily relajando los músculos.

— Bueno, llevaré a esta estúpida a la sala común.

— Qué caballero…

— Es estúpida porque ella sabe que no me gusta que me sigan y que me anden insistiendo. Seguramente venía a pedirme que le ayudara con Pociones.

— ¿A mí me ayudarías? — Lily quería poner a prueba la respuesta de su, ahora, novio.

— Tú no necesitas ayuda. Eres un cerebro caminante — la atajó, y sin más rodeos, le dio un beso en la mejilla y se fue.

"Es cariñoso cuando se lo propone"

Lily tomó el camino largo, pero seguro, que la llevaría al séptimo piso. Debía fingir que había estado en la enfermería, pero quizá ya la mentirilla no le resultara. Alice, con su preocupación, seguramente habría ido a verla.

Entró a la abarrotada Torre de Gryffindor. Había muchos estudiantes en pie todavía que comentaban un reciente partido de Quidditch que había sido publicado en El Profeta.

Remus apareció a su lado, de un momento a otro.

—Lily — dijo con su voz grave —, Alice está ahí en el sillón muy triste. Sirius la estuvo molestando y ella lo mandó a freír espárragos…

— ¿Sirius? — indagó la pelirroja anonadada —. Estaba en la enfermería, quemado, ¿no?

—Sí — repuso Remus —, pero escapó cuando pudo, ya sabes como es Pomfrey… Y ya sabes como es Sirius, también, se tragó la poción entera de murtlap, y se aplicó una buena cantidad de crema para las quemaduras…

— Mhmm — resopló Lily con un gesto negativo de la cabeza —, ¿hace cuánto se tomó la poción?

—Bueno, se escapó hace media hora, así que se la debe haber tomado, precisamente hace treinta minutos.

—Te aseguro que después va a estar con un dolor de estómago insoportable…

—El costo de la belleza.

— ¿Y Alice? — interrogó la chica, recordando a su compungida amiga.

—No sé qué le pasa, pero supongo que te necesita a ti… Está en el sillón grande, junto al fuego.

—Gracias, Remus —agradeció ella, colocando una mano en su hombro. El chico tembló levemente, pero Lily, no se dio cuenta, porque ya había retirado la mano. Corrió hacia el lugar indicado, y efectivamente Alice estaba allí, con la cara larga y los ojos enrojecidos. Se sentó a su lado. Allí pudo darse cuenta, menos mal, que su amiga no había ido a verla a la enfermería.

— ¿Frank?

La chica asintió con pesadumbre.

— Y yo que pensé que iba todo bien… ¿Qué sucedió ésta vez?

— Nada — contestó simplemente Alice —, solo que… se veía tan contento hablando con su compañera que… me puse celosa.

Lily frunció el entrecejo. Eso lo encontraba muy extraño. Alice no solía ser así, tenía que haber algo más que le molestara, así que decidió insistir.

— No puede ser eso, dime la verdad… —le tomó la mano a su amiga.

— Han pasado dos años, Lily, y todavía no me pide nada… —confesó —, no me ha insinuado nada con respecto a ser su novia.

— Pero Alice… — susurró —quizá no ha encontrado el mom…

No alcanzó a terminar la frase. Sirius Black junto con James habían salido de detrás del sillón, como una caja de sorpresas.

— ¡Ajaaaá! Yo le dije a Corna… James, si nos ganábamos aquí, sabríamos porqué Alice Blenkinsop casi me lanza el Avada Kedavra. Así que es por ese Longbottom, ¿no?

Ambas giraron las cabezas hacia la pareja de amigos. James hizo un gesto coqueto con la mano, dedicado totalmente para Lily, y Sirius guiñó un ojo.

— ¿No podías aguantarte un poco, Black, de estar un día alejado de tu hermosura y las mujeres? —preguntó Lily.

—Es algo que tú no entiendes, Evans, y no es por la belleza… explícale tú, James.

—A los hombres nos gustan los riesgos, y para estar conformes, debemos correrlos, ¿no? Sirius prefiere estar ayudando a los necesitados y soportar un par de horas de intenso dolor de estómago…

— … a que estar encerrado entre las cuatro cortinas de una cama de la enfermería —concluyó el otro —. Nosotras, o sea, quiero decir, nosotros te podemos ayudar, Alice — continuó Black — podemos darle un empujoncito al chiquillo…

— No, gracias —contestó.

Pero Lily analizó mejor la petición, y respondió por Alice.

— No es mala idea.

— Una idea de nosotros nunca es mala —garantizó Potter.

— Exacto —corroboró Sirius.

—Ya que estamos solteros — James recalcó mucho la palabra "solteros" — y no tenemos chicas, decidimos ayudar a nuestro prójimo.

Ya que Alice no contestaba, y estaba decidida a seguir triste, Lily tomó las riendas del asunto.

— ¿Y qué harían?

— Amenazarlo, por supuesto —señaló Sirius — pero de una manera light… Pero no te contaré el plan, Lily, porque lo arruinarás. Sólo déjamelo a mí.

— ¿James no es parte del plan? — indagó la ojiverde.

— La verdad que no, porque James te quiere a ti, y sería extraño que él le dijera que si no se apura con Alice, se la va a quitar, así que…

Lily miró hacia abajo, y pudo sentir cómo James estaba disfrutando el efecto que habían tenido esas palabras, en ella. Realmente estaba decidido a seguir persiguiéndola. Aunque tampoco le molestaba. ¡Además estaba con Severus! ¡Já! No había nada que temer. Estaba completamente segura hacia donde se inclinaba la balanza, y podía dar por firmado que le encantaba estar con Severus, aunque fuera un pesado. Eso era algo que le gustaba. ¿Por qué a veces nos gustan los bichos raros?

— Bueno, ya que no recibimos contestaciones…. Eso haremos, yo seré el manager de Sirius… no te preocupes Alice, en menos de dos días tendrás a Longbottom colgado de tu cuello.

Alice afirmó con la cabeza muy agradecida.

— Es verdad, Alice… yo estoy segura que Frank te quiere, pero quizá hay algo que le impida preguntarte eso. Quizá espere una fecha especial, o algo, yo qué sé… pero arriba el ánimo. Y ahora, vamos a dormir.

— Sí —se secó las lágrimas — después de todo, la más mensa eres tú. Potter no se rinde, ¿eh?

— Pero no importa, te aseguro que no caeré a sus redes —finalizó Lily, ilusionada, pensando en su novio.