"Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego"
Gandhi
Venganza Perpetua
- ¡Te dije que esperaras a sacar la basura hasta la noche, imbécil!
-Cállate, vieja loca. Yo saco mí basura cuando quiero. Y por el amor de dios, nunca más salgas con esa redecilla en la cabeza.
Antonin Dolohov se revolvió inquieto entre las sábanas, muy molesto. Odiaba a sus vecinos. Odiaba el olor putrefacto que se colaba por las ventanas de su monoambiente. Odiaba al vecindario muggle donde vivía. Pero sobre todo, odiaba a la miseria en la que se había convertido su vida.
Apartó las mantas de un manotón, sabiendo de antemano que la batalla contra el insomnio estaba perdida. Sus vecinos de enfrente continuaban gritándose todo tipo de cosas menos palabras cariñosas, por lo que iba a ser difícil lograr el "clima adecuado" para dormir una buena siesta.
Bebió de un sorbo el contenido entero de una botella de agua: tenía demasiada sed. ¿Qué temperatura haría? El calor parecía magnificarse en su diminuta vivienda.
Eres mago, qué diablos, pensó, y rebuscó entre el motón de ropa sucia acumulada en un rincón del suelo, hasta que encontró su varita, de madera astillada y muy, muy gastada.
-¡Aguamenti!- exclamó, apuntando con la varita a la bañera de metal oxidado, ubicada a la izquierda de su cama.
El hechizo falló: en vez de llenarse de agua, la bañera quedó repleta de excrementos.
-¿¡Pero qué mierda...? ¡Evanesco! ¡Evanesco, he dicho, maldita vara!
La tina de baño se iba llenando más y más de lo que parecía ser bosta de caballo, y el olor a podrido se intensificaba a cada segundo.
¿Qué sucedía con su varita?
Toc, toc, toc
¿Y ahora quién viene a joderme?
Pensó que a lo mejor era el viejo quisquilloso del piso de arriba, que venía a quejarse por el mal olor que a estas alturas ya debía estar recorriendo todo el edificio. Dolohov guardó silencio, esperando a que quien viniera a molestarlo se cansara de esperar y se fuera.
-Sé que estás ahí dentro, Antonin. Ábreme.
El aludido sintió recorrer un escalofrío en su columna vertebral. Conocía esa voz que arrastraba las palabras al hablar. Pero, ¿qué hacía él allí?
-Te dije que me abras. No soporto estar más tiempo del necesario en esta cochambre de muggles.
Todavía perplejo, Dolohov caminó hasta la desvencijada puerta y abrió.
El soberbio rostro de Lucius Malfoy lo miraba con sorna. Entró al lugar sin esperar invitación. Con un movimiento de varita cerró de un golpe seco la puerta. Antonin se sobresaltó; hacía mucho tiempo que no estaba cerca de alguien que practicaba magia.
Malfoy inspeccionó con ojos fríos el desorden del lugar, deteniéndose en la bañera recubierta de excremento. Arrugó instintivamente la nariz.
-Vaya. Qué grato espectáculo.
-No lo hice yo.- farfulló a la defensiva Dolohov, cuyas mejillas estaban rojas- Es mi varita, no sé có...
La risa de Lucius lo interrumpió.
-¿Tu varita, Antonin? Esa no es tu varita.
Su interlocutor quedó confuso ante tal declaración -¿Qué dices? No te entiendo, Malfoy.
-Claro, ¿cómo vas a entenderme si ni siquiera sabes distinguir tu propia varita de una que es falsa?
-¿Pero cómo...?
-Fácil, Dolohov. La adquirí en Sortilegios Weasley; un producto fantástico, ¿verdad? Pero, vuelvo a preguntarte, ¿cómo vas a saber eso si tampoco te diste cuenta de que yo no soy Lucius Malfoy?
Dolohov, alarmado, estiró el brazo para tomar un cuchillo que reposaba sobre su mesita de luz, pero un Expelliarmus hizo volar al arma blanca lejos de los dedos nerviosos de Dolohov.
-No te muevas- le espetó fríamente el falso Malfoy.
-¿Quién eres?
-Te daré una pista de quién soy. Pero, antes, vamos asegurarnos de que no hagas ninguna estupidez- apuntó con su varita a Dolohov y de ella salieron un par de cuerdas que maniataron de pies a cabeza al robusto cuerpo de Antonin. Éste cayó al piso con un ruido sordo y creció su desesperación.
-Sólo mírame y tal vez te des cuenta de quién soy.
El agresor cerró los ojos, con expresión concentrada, y movió extrañamente su nariz y mentón. Y entonces, comenzó a transformarse. Cada movimiento espasmódico de su rostro iba acompañado de una modificación en su anatomía. El pelo rubio se fue acortando hasta pegársele a la nuca, se oscureció y enruló un poco; los ojos grises ya no eran de ese color, sino que se volvieron de un negro intenso, y la pálida piel se convirtió en morena. Empequeñeció unos metros, pero sus hombros se ensancharon un poco.
Antonin Dolohov se encontraba frente a un joven de unos veinte años, al cual nunca había visto en su vida.
-¿No me reconoces todavía?- le preguntó el extraño. Antonin negó con la cabeza y el joven prosiguió:- Ahora te darás cuenta.
Volvió a contraer la cara y el pelo del joven fue mutando en distintos colores, uno tras otro: verde, azul, fucsia, rojo, violeta, rosa...
Abrió los ojos y, al toparse con la mirada aún confusa de Dolohov, los cerró nuevamente y se concentró en una nueva mutación. Unas garras grandes como garfios le crecieron donde antes estaban sus uñas, y también rompieron la tela de sus zapatillas, alcanzando varios centímetros de largo. Unos colmillos se abrieron paso desde el interior de su boca y la piel se volvió de una tonalidad grisácesea. Un pelaje espeso fue cubriendo poco a poco las partes visibles de su cuerpo.
La bestia emitió un aullido escalofriante. Antonin estaba mudo del asombro y del miedo que le provocaba verla.
-Vamos, ¿aún no sabes quién soy?
Entonces, repentinamente, el rostro de Dolohov se iluminó de comprensión.
cabellos de colores... hombres lobos...metamorfomago...
-Sí, soy Ted Lupin- se reveló finalmente el visitante, volviendo a su fisonomía original.- El hijo de Nymphadora Tonks y Remus Lupin. Muertos por tu culpa- le tembló la voz al decir esto. Ya no parecía tan seguro y confiado como se había mostrado al principio.
Dolohov soltó una risa amarga.
-No hace falta que me lo recuerdes. Nunca me olvido de mis muertos.
Ted Lupin agitó la varita con furia y a Dolohov se le escapó un grito de dolor: las cuerdas se habían ceñido aún más a su cuerpo, apretándolo.
-Tú los mataste.
-Sí, ¿contento? ¿A qué demo...? ¡aaah!
Volvió a mover la varita y Dolohov se retorció en el suelo.
-¿Contento? ¿Cómo crees que voy a estar contento? ¡Los has matado! ¡Ni siquiera pude conocerlos! ¡Y otros infelices como tú hicieron lo mismo, arruinando a muchas familias! ¿Cómo mierda puedes pensar que estoy contento? ¡Ahora sí lo estoy, mira!
Ted Lupin realizó un complicado movimiento de muñeca, y las cuerdas que rodeaban a Dolohov se colorearon de un tono cobre: parecían arder.
Antonin gritó con todas sus fuerzas. Las cuerdas quemaban demasiado.
-¿A qué...a qué vienes, pequeño?- dijo entrecortadamente, pero sin perder el tono irónico- ¿Vienes a vengarte? Qué valiente muchachito. Tus padres estarían muy orgullosos de ti, ¿sabes? Entonces, ¿por qué no lo haces de una jodida vez y terminas con este trámite? Vamos, siéntete héroe por un rato, como tu maldito padrino.
-Los mataste...
-¡Qué esperas, pedazo de híbrido! ¡Igual que tus padres! No esperaba menos de un engendro como tú...
-Mataste a mis padres...
- ¡Deja de decir lo mismo!
- Mataste a...
-¡Ya lo sé, ya lo sé! Mátame, no me importa; ¿crees que le tengo miedo a la muerte? Tú sí, por lo visto, eres un cobarde. Mátame, no me interesa vivir, desde que mi Señor se ha ido este mundo no ha hecho más que convertirse en pura mierda. ¡Mátame de una vez, maldita sea!
-Mataste a mis padres...mataste... ¡Los mataste!- Los ojos de Teddy Lupin estaban a esas alturas llorosos, pero no dejaba de mirar fijamente al hombre tendido en el suelo.
-¡Cállate! ¡Deja de repetirlo! ¡Mátame de una puta vez! ¡HAZLO YA!
-No. – replicó el otro con firmeza, algo más calmo- No voy a darte ese gusto. No te lo mereces.
-¿Cómo...?
-Si te mato, dejarás de sufrir. Es como si te durmieras y no despertaras nunca más. Te busqué por muchos años, Dolohov; te busqué desde que supe que eras el asesino de mis padres y estabas suelto, viviendo impunemente a pesar de todos los crímenes que has hecho. No voy hacértelo fácil, Dolohov. Tu lugar es Azkaban y allí es donde te llevaré.
Los ojos de Dolohov se desorbitaron de pánico y terror.
-No...no puedes...no...
-Sí puedo. Un destacamento de aurors viene en camino.
-¡Eres un cobarde! Mátame, por favor...
Ted Lupin negó lentamente con la cabeza.
-No mereces morir. Mereces pudrirte en la cárcel por el resto de tu vida. Yo no soy un asesino, Dolohov. Sólo quiero hacer justicia.
Muuchas gracias por los reviews a Agus y lizblack! Se los agradezco mucho chicas, me alegro que les guste la historia, y espero que sigan leyendo y comentando!
Leyeron? Qué les pareció? Sabían que era Teddy antes de que Dolohov se diera cuenta? Cualquier comentario, duda, crítica, lo-que-sea, lo puedes hacer dejando un REVIEW.
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