Nada de esto me pertenece solo me adjudico la traduccion y adaptacion.
Capitulo 9: Distraccion
Era en momentos como ese cuando Bella se preguntaba por qué se tomaba sus promesas seriamente. Después del abrupto rechazo de Edward la noche anterior, no merecía la pena.
Pero allí estaba, atada por una promesa, tomando champán mientras la flor y nata de Kinnon Falls inspeccionaba el nuevo adorno que colgaba del brazo de Edward.. ella. Estaba empezando a arrepentirse de haber llevado a Alex a casa de su madre. Al menos, podría haber usado a su hijo como excusa para marcharse del baile en cuanto fuera posible.
Considerando que se había dormido después de llorar durante horas y horas, no por el incidente con Cary, sino porque se sentía como una idiota por haber caído en los brazos del casanova del pueblo y haber sido rechazada por él, Bella se alegraba de no haber gastado mucho dinero haciéndose el vestido. Considerando los malos recuerdos que le llevaría, dudaba que fuera a ponérselo de nuevo.
Pero la simplicidad del dibujo y la caída de la tela no disminuía el efecto. El estampado de hiedra sobre un fondo verde claro hacía que sus ojos parecieran de color caramelo.
Intentando no fijarse en la mirada oscura de Edward, Bella resistió el deseo de tomarse el champán de un trago y se limitó a observar a los invitados que llenaban el salón de banquetes del club. Algunos rostros le resultaban familiares. Estaba el jefe de policía, algunos periodistas de la televisión local, algunos ejecutivos e incluso un par de deportistas. Y una mujer tan embarazada que parecía a punto de dar a luz. Afortunadamente para la mujer, también había varios médicos entre los invitados, lo cual no era una sorpresa dado que el baile benéfico se había organizado con objeto de recaudar fondos para el hospital infantil.
Con las elecciones a punto de celebrarse, varios políticos locales habían considerado conveniente acudir a aquella reunión de principales y todos parecían conocer a Edward. Especialmente las mujeres.
Un fotógrafo tomaba instantáneas del evento mientras una orquesta tocaba una canción que Bella seguía con el pie.
—¿Quieres bailar? —preguntó Edward.
Ella vaciló un momento. Sería una tortura estar en los brazos de un hombre que quería bailar con ella solo para apartarse de otras mujeres más agresivas. Pues ella no sería una de esas patéticas mujeres que hacían pucheros cuando no se sentían queridas. Bailaría con él un par de canciones y después alegaría un imperioso dolor de cabeza y le pediría que la llevara a casa. Y tampoco sería mentira. Estar a su lado, respirar su aroma masculino, escuchar su voz y verlo tan guapo con aquel esmoquin hacía que le doliera la cabeza... y el corazón.
—No tienes que preocuparte —dijo él, tomando su mano—. Esto no es Cassidy y yo no soy Cary.
—No, eso es verdad.
Pero eso no la consolaba. Aunque estaba segura de que Edward no haría lo que Cary había hecho, tenía razones para temer estar entre sus brazos. Porque Edward tenía su corazón en la mano. Y si no tenía cuidado, se arriesgaría a que lo rompiera.
A pesar de sus iniciales dudas, unos segundos después estaban bailando, pegados el uno al otro. Y le gustaba.
Le gustaba cómo la miraba, con una mirada posesiva y hambrienta, y le gustaba estar en sus brazos, cálidos y protectores.
—¿Estás pensando en mí?
¿Por qué parecía leer sus pensamientos?
—Estaba pensando en una casa que he visto a la venta cuando veníamos al club.
—¿La de la avenida Kagle?
—Esa. Parece un sitio perfecto para Alex. Ojalá pudiera comprarla —suspiró Bella. Edward se puso rígido y ella pensó que lo preocupaba tener que buscar otra persona que cuidara de su hermano—. Pero no puedo hacerlo por ahora.
Era una forma de asegurar que seguiría en el apartamento durante un tiempo, pero tras ese comentario estaba también la aterradora certeza de que no quería marcharse. Aún no. Aunque llevaba poco tiempo en su apartamento, le parecía su casa. Y Alex parecía sentir lo mismo.
—No mientras yo pueda evitarlo.
Edward acercó su cara como si fuera a besarla y Bella no pudo evitar que su corazón se llenara de esperanza.
Estaba disfrutando demasiado. Disfrutaba de los brazos del hombre, de la atención que recibía de él. Aunque sabía que esa era una de las habilidades de Edward, una habilidad que había usado con docenas de mujeres, su corazón la obligó a levantar la cabeza.
Y entonces fue como si pasara una corriente entre ellos, haciéndole desear cosas que era mejor no desear. Cuando Edward deslizó la mano por su espalda para apretarla contra su pecho, Bella se dio cuenta de que él deseaba lo mismo.
Entonces la besó, suave, tiernamente. Pero no era suficiente. Cuando Bella se apartó, lo encontró mirándola con los ojos entrecerrados, como si quisiera ver dentro de su corazón.
Un movimiento distrajo a Edward y Bella siguió la dirección de su mirada hacia la embarazada que había visto antes. Aunque estaba bailando con alguien, la mujer no dejaba de mirarlos.
Edward la llevó hasta el otro lado de la pista de baile, donde había menos gente.
—¿Aquí mejor?
—Sí, mucho mejor.
Apartada de los demás, sentía que tenía a Edward solo para ella. No quería compartirlo con nadie.
—Imagino que no querrás asustar a un potencial pretendiente: Como tú misma dijiste, si te ven conmigo...
Aunque lo decía de broma, sus palabras estaban teñidas de dolorosa verdad.
—No quería decir eso.
Quizá había pensado eso unos días antes, pero... las cosas habían cambiado entre ellos. Algo había ocurrido la noche anterior que le hacía ver las cosas de otra manera. Y la nueva perspectiva la emocionaba y la asustaba al mismo tiempo. De repente, su reputación no la importaba. Lo más importante era estar en compañía del hombre que la hacía sentir bella, exótica y deseada. El plan era estar un rato en el club y después volver a casa a la primera oportunidad, pero la verdad era que quería quedarse con él. Pasar la noche bailando con Edward Cullen, sabiendo que la mayoría de las mujeres la envidiaban.
Era absurdo, pero su corazón parecía tener sus propias ideas.
El foco que había ido pasando entre la multitud se paró en ella en ese momento, como esperando que terminara la frase. Un flash la cegó entonces y Bella se quedó callada.
A Edward no parecía molestarlo la atención y siguieron moviéndose por la pista, como si fueran uno solo.
—No prestes atención —murmuró él—. Después de un rato, ni te darás cuenta.
¿Cómo podía ignorar el foco que los iluminaba? Quizá Edward se había acostumbrado a llamar la atención. Como hombre de negocios y mujeriego reconocido, se había acostumbrado a vivir bajo los focos. Al fin y al cabo, su fotografía solía aparecer en el periódico local.
Bella se puso nerviosa y lo pisó sin querer.
—Lo siento —murmuró—. La luz me está cegando. Aunque había admitido ante sí misma sus sentimientos por Edward, aquello le recordaba lo diferentes que eran. Mientras su idea de la felicidad era estar en casa, pasando el tiempo con su familia, a él parecía gustarle estar rodeado de gente. A Bella no le gustaría vivir así. Aunque eso daba igual. Edward había dejado claro que no estaba interesado en mantener una relación con ella. Desgraciadamente, eso no le impedía desearlo.
Otro flash la cegó y Bella empezó a ver estrellitas.
Edward se volvió hacia el fotógrafo y le ofreció su mejor sonrisa. Si el reportero conseguía lo que quería, quizá los dejaría en paz.
Pero cuando miró a la mujer que tenía en los brazos, vio que parecía mareada.
Bella estaba fuera de su elemento, pero hacía un noble esfuerzo por estar a la altura. No había querido ir con él aquella noche y solo lo había hecho para cumplir una promesa. Edward se alegraba de que hubiera ido. Y eso lo ponía nervioso. Como el hecho de que quisiera protegerla de las miradas y los cuchicheos que los seguían a todas partes.
La canción lenta terminó y la orquesta empezó a tocar un rock, dándole la oportunidad de salir de la pista. Edward la tomó por la cintura y la llevó hacia la mesa.
—¿Quieres marcharte?
En ese momento, la mujer embarazada apareció a su lado.
—He ganado una apuesta. Deanna insistía en que no vendrías, pero yo le dije que Edward Cullen nunca se perdía estas fiestas.
Edward tomó a Bella de la mano.
—Hola, Irina—la saludó, intentando alejarse. Desgraciadamente, el hinchado vientre de Irina se interpuso en su camino.
—¿Quién es? ¿La última en tu lista de...?
—Me alegro de volver a verte —la interrumpió él. Edward estaba agitado y dispuesto a escapar como fuera. Y no parecía dispuesto a presentársela. Eso despertaba la curiosidad de Bella.
—Hola, soy Bella Swan.
—Irina Austin —sonrió la mujer, estrechando su mano—. Deja que te advierta... Si estás pensando seriamente en este hombre, será mejor que te olvides. Solo busca una cosa y, cuando la consigue, desaparece —añadió, tocándose el vientre.
Bella había recibido una advertencia parecida una semana antes. Por su sonrisa, cualquiera diría que era la cajera de un supermercado advirtiéndola de que no comprara zumo de fruta porque estaba caducado.
Pero Bella vio miedo en los ojos de Edward.
—Ten cuidado, Irina —dijo, intentando sonreír—. Vas a dañar mi reputación.
Cuando Bella iba a decirle a la mujer que buscaran un sitio más tranquilo para charlar, Edward la interrumpió recordándole que tenían "planes". Planes de los que ella, por supuesto, no sabía nada.
—Otro día hablaréis. Yo contaba con esa cena a la luz de las velas que me habías prometido.
—¿Qué cena?
—¿Se te ha olvidado? ¿La cena en una manta, bajo las estrellas?
Bella se quedó sin aliento cuando Edward empezó a acariciar su cuello. El recuerdo de la noche anterior la envolvió y, a pesar de que estaban rodeados por cientos de personas, su cuerpo respondió como si estuvieran solos.
—¿Sigues con tus jueguecitos, Edward? —rió Irina, guiñándole un ojo—. Encantada de conocerte, Bella. Recuerda lo que he dicho. No le entregues tu corazón a este casanova. Él nunca se comprometerá con nadie.
Después de eso, la mujer se despidió con un gesto.
Las palabras de Irina fueron un jarro de agua fría para Bella. ¿En qué había estado pensando? ¿Cómo había podido enamorarse de un hombre como Edward Cullen, un hombre que era todo lo contrario de lo que ella buscaba? Bueno, quizá no todo lo contrario. Al fin y al cabo, tenía un cuerpo como para morirse y el rostro más atractivo que había visto nunca. Pero unos músculos fuertes no eran lo que ella estaba buscando. Y en cuanto a su cara, solo tenía que recordar cómo usaba Edward aquellos penetrantes ojos verdes para seducir a las mujeres. Y, según lo que había dicho Irina, todas quedaban tan hipnotizadas que eran incapaces de enfadarse aunque las hubiera dejado por otra.
Aunque no lo había dicho claramente, Bella estaba segura de que el niño era de él. ¿Por qué si no se había puesto Edward tan nervioso? ¿Por qué había querido escapar? Estaba claro que no quería saber nada del niño y, curiosamente, Irina no parecía furiosa por ello. Era increíble el poder que tenía aquel seductor.
Pero a ella no iba a seducirla. Bella no quería saber nada de un hombre así. Apartándose, se acercó a la mesa y tomó su chaqueta.
Edward se acercó, pero no dijo nada, no volvió a mencionar el asunto de la cena bajo las estrellas. Y eso le recordó dolorosamente que Edward Cullen no quería nada con una mujer como ella. No quería nada con una mujer que deseaba permanencia, compromiso y fidelidad.
—¿Pasa algo, Bella?
No había razón para enfadarse con él. Había sabido desde el principio cómo era, qué buscaba de la vida. Había sabido que no quería una relación estable. Y tampoco ella deseaba una relación con un hombre de su talante. Sabía que Edward la había elegido como pareja esa noche para apartar de sí la atención de otras mujeres... y lo había conseguido.
La había usado. Pero podría haber sido peor. Podría haberla usado como había usado a Irina. Y si no hubiera sido por la cicatriz, podría encontrarse en la misma situación.
—No pasa nada —mintió. Nada que no pudiera resolverse con el tiempo. Una vez que ahorrase para comprar una casa, Edward Cullen desaparecería de su vida—. Pero siento curiosidad sobre una cosa.
—¿Qué cosa?
—¿Es la primera mujer a la que dejas embarazada?
No era asunto suyo y Irina no parecía preocupada porque el padre de su hijo no quisiera aceptar su responsabilidad. Era el niño por el que Bella estaba preocupada. Ningún niño debería crecer sin un padre, especialmente cuando el hombre no aceptaba la responsabilidad porque carecía de sentido del deber.
—¿De qué estás hablando?
—No te hagas el tonto. No hace falta ser detective para saber qué ha pasado.
Edward abrió la puerta del salón que conectaba con el aparcamiento.
—Tienes una imaginación muy calenturienta. ¿Nunca se te ha ocurrido escribir novelas de misterio?
Pero Bella no pensaba abandonar. No era asunto suyo, pero la curiosidad y quizá su deseo de comprobar que era un canalla, para matar la fascinación que sentía por él, la obligaban a insistir.
Tenía que olvidarse de él para ofrecerle su corazón a alguien que lo mereciera.
—No has respondido a mi pregunta.
En ese momento, un hombre muy atractivo de unos treinta años entraba en el salón.
—Sigue gustándote la oscuridad, ¿eh, Edward?
Edward levantó la cabeza y al ver al hombre su expresión se suavizó. Los dos se saludaron amistosamente, con apretones de manos y golpecitos en la espalda.
—¡Jacob! ¿Dónde has estado metido?
—En Tennessee, trabajando en la empresa de mi tío —contestó el joven—. He venido a visitar a mi familia y ellos me dijeron que habías organizado otro de tus bailes para recaudar fondos ¿Cómo es que este año no te has ofrecido a ti mismo en la subasta de solteros? ¡Eso era una tradición!
Bella se aclaró la garganta. No le apetecía nada escuchar aquella conversación tan típicamente masculina.
—Bella, te presento a Jacob Black. Jake, te presento a... mi vecina, Bella Swan.
Bella se percató de que no se refería a ella como su "amiga" porque, de hacerlo, quizá Jacob creería que era su novia. Excepto por el breve momento en la pista de baile, parecía decidido a librarse de ella. De acuerdo, tenía una cicatriz. Pero tenía que haber razones más serias para que él pareciera tan poco interesado.
Entonces se le ocurrió algo. Pero no podía ser. Otra vez, no.
—Perdonadme un momento mientras voy a buscar algo de comer —se disculpó Jacob sonriendo—. Estoy muerto de hambre.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Edward cuando el joven desapareció—. Estás pálida como un fantasma.
—No vas a hacérmelo otra vez —afirmó Bella. Aunque debía buscar un hombre más adecuado que Edward, no tenía deseo alguno de volver a sufrir la tortura de una cita a ciegas.
Él la tomó por la muñeca cuando intentó darse la vuelta. Y Bella no podía soltarse sin montar una escena.
—¿A qué te refieres?
—A tus planes de emparejarme con cualquiera. Soy perfectamente capaz de encontrar un hombre sin la ayuda de alguien que se vende a sí mismo en una subasta.
—Solo lo he hecho unas cuantas veces –protestó Edward—. Además, nunca encontrarías a nadie mejor que Jake. Le confiaría a mi propia hermana... si la tuviera.
—Eso es lo que dijiste las dos últimas veces —replicó ella, intentando soltarse.
—Jake es todo lo que tú buscas en un hombre. Es serio, formal, un hombre de familia y... una persona que controla sus sentimientos.
Bella parpadeó, sorprendida por aquello último.
—También me dijiste que Tyler y Cary eran perfectos para mí. Y no funcionó.
—Jake es diferente. Somos amigos desde la universidad...
En ese momento, Jacob volvió a acercarse con una servilleta llena de canapés.
—¿Un canapé de gambas?
—No, gracias —murmuró Edward, que aparentaba estar arreglando la correa del reloj de Bella—. Ya está. Así no volverá a caerse.
En ese momento, Irina llegó a la puerta del brazo de un atractivo caballero, al que presentó como su marido.
—Buena idea. Te irá mucho mejor con Jake —le dijo a Bella al oído.
Pero desapareció antes de que ella pudiera replicar.
—Le estaba diciendo a Bella que éramos compañeros de universidad —dijo Edward entonces.
—Desde luego. Éramos completamente opuestos —rió su amigo—. Yo creo que la misión de Edward era corromperme. Y la mía, dar buen ejemplo. Ninguno de los dos consiguió nada.
—Ya te lo advertí.
Había algo que no tenía sentido. Bella sentía que Edward y ella estaban conectados de alguna forma, que deseaban lo mismo. Pero todos los signos, incluso la confirmación del propio Edward, la hacían ver que se equivocaba. Sin embargo, estaba convencida de que Edward tenía dos caras. Una que daba a los demás y otra, de la que Bella había visto un pequeño reflejo, cuando estaban solos.
Diciéndose a sí misma que no debía seguir por ahí, volvió a concentrarse en la conversación. Para entonces, Edward estaba hablando del último estreno cinematográfico que había llegado a Kinnon Falls.
—Tengo ganas de ver esa película -dijo Jake.
—¿De verdad? —sonrió Edward. A Bella casi le pareció que estaba frotándose las manos—. ¿Y por qué no llevas a Bella? Le encantan las películas de misterio.
—¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó ella, irritada.
—Lo sé, simplemente —sonrió él, haciéndole un guiño—. ¿Qué dices, Jake?
—Pues yo... —el hombre la miró, un poco sorprendido—. ¿A ti te apetece?
Bella suspiró. Tenía que salir de aquel absurdo carrusel de citas y buscar algo que fuera realmente prometedor.
A pesar de todo, miró a Edward a los ojos para comprobar si eso era lo que de verdad quería. Y no pudo evitar una punzada de desilusión cuando él le hizo un gesto, como diciendo, "vamos, ¿a qué esperas?".
Tenía razón. ¿A qué estaba esperando? ¿Al príncipe encantando en su blanco corcel? Los únicos corceles que había por allí eran los caballos del club de campo y no recordaba haber visto ninguno de color blanco. En cuanto a Jacob Black, ¿quién sabe?, se preguntó. Podría ser su alma gemela.
Se sentía peligrosamente cerca de Edward, sobre todo después de la noche anterior. Y él era un peligro para su corazón, como un cable eléctrico era un peligro para su hijo. Cada vez que Alex quería jugar con algo que podría ser peligroso, ella lo distraía con otra cosa. Quizá Jake sería una distracción... y la haría olvidar aquella locura de sentimientos por Edward.
—Claro —dijo por fin, obligándose a sí misma a parecer entusiasmada—. Me apetece mucho.
—Estupendo —dijo Edward—. Perfecto.
Jacob parecía un hombre agradable. Y su vena frívola agradecía el atractivo rostro y el físico atlético. Le dolía que Edward la dejara de lado como algo que no se deseaba, pero quizá fuera mejor así. Quizá él tenía razón. Quizá Jacob era el hombre que esperaba.
Pero, si era así, ¿por qué estaba tan segura de que iba a volver a equivocarse?
Lamento haberme tardado tanto en subir un nuevo capi, para disculparme conste que este capi es mucho mas largo.
Como siempre gracias por leer.
PD/ Esta historia esta llegando a su final, tan sol capis mas y el epilogo. Besos. Y gracias a las chicas que dejaron un comentario :)
