¡He vuelto! Esto no es del todo cierto, porque no tengo ni idea de cuándo actualizaré, pero intentaré hacerlo más pronto que tarde.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la CW.

#PALABRAS: 3,226.


LA CAZA


CAPÍTULO VIII

BATALLAS QUE LUCHAR

Klaus adoptó una postura defensiva, mientras que se contactaba con los dos únicos híbridos que había en aquel momento en la casa mentalmente. Enzo y Wes eran híbridos relativamente jóvenes, y aquello los dejaba en clara desventaja. Klaus era el híbrido más poderoso de toda la familia, pero April era igual o más poderosa que él; y las dos Cazadoras que había tras ella parecían fuertes, y al menos una de ella era bruja.

Por suerte, Klaus era fuerte, muy fuerte. Y además, estaba muy furioso. Así que, ignorando por completo a las dos Cazadoras y confiando en que sus dos híbridos se encargaran de ellas, se lanzó sobre April, dispuesto a descentrarla más que a matarla. No podía acabar con ella. Posiblemente ni siquiera sería capaz de hacerlo físicamente, pero aquello era lo de menos. No quería hacerlo. Tenía otros planes para ella. Mucha información que conseguir.

April lo estaba esperando, así que se apartó en el último momento, haciendo que Klaus perdiera el equilibrio y casi cayera al suelo. El híbrido se giró, y se encontró con una muy sonriente chica. Parecía casi inocente. Casi, porque su mirada era la de una asesina despiadada, y no la de una adolescente buena y tonta. Había jugado tan bien su papel. Había jugado bien sus dos papeles. Ahora Klaus comenzaba a darse cuenta de su error al haber permitido que se pusiera en contacto con Caroline y la influenciara tanto. Pero todavía estaba a tiempo de compensarlo.

Klaus fue acercándose a la tríbrida, lentamente, como si fuera un depredador acechando a su presa. Ella lo esperaba, así que cuando se acercó lo suficiente, ella simplemente desapareció. Un momento estaba ahí, y al siguiente parecía haberse desvanecido. Pero Klaus sabía que seguía ahí. Al fin y al cabo, ella era muy parecida a él, excepto por el hecho de que ella podía usar magia. Y la magia le daba una gran ventaja, permitiéndole, por ejemplo, ocultarse ante él.

El híbrido adoptó una postura defensiva, atento a cada sonido y movimiento en el pasillo. Vio que tanto Enzo como Wes seguían luchando con las Cazzadoras, y que a pesar de no haber sufrido grandes heridas por el momento, ambas mujeres les estaban poniendo las cosas difíciles.

Una mano apareció repentinamente, y le dio un fuerte golpe en la barbilla, tirándolo al suelo y desorientándolo momentáneamente. Klaus abrió los ojos, y vio que la chica lo miraba desde arriba, con suficiencia. Pensaba que lo tenía todo bajo control, que Klaus no podría hacer nada frente a ella. Que lograría matarlo. A decir verdad, el híbrido también estaba empezando a dudar su supervivencia.

Pero se levantó. Se levantó, y en apenas dos segundos se transformó en lobo. Tal vez aquel no fuera el movimiento más inteligente, pero en aquel momento necesitaba la libertad y la furia que le daba ser un lobo. Y, al fin y al cabo, tampoco era un lobo normal. Era un lobo bastante más grande que los comunes, más fuerte, más veloz y mucho más feroz.

Se lanzó sobre ella, que también había decidido transformarse, y le mordió en una de las patas, que cedió. April cayó al suelo, pero aquello no la detuvo; volvió a ponerse en pie y lo atacó con las garras, provocándole varias heridas en el lomo y en el morro. Ambos lobos se separaron, y comenzaron a rodearse, mostrándose los dientes amenazadoramente. Esperaban el movimiento del otro.

Klaus fue el primero en moverse, pero no hizo lo que April hubiera esperado; o, al menos, eso esperaba el híbrido. Se echó hacia atrás, y se metió en una habitación, una que estaba casi vacía y en la que los Mikaelson sólo guardaban lienzos, pinceles y otros recursos de pintura. Se escondió tras unas cajas, sabiendo que en realidad no estaba protegido para nada, y volvió a transformarse, justo antes de que April se lanzara sobre él de un salto. Él se apartó en el último momento, y dejó que la chica cayera al suelo. Se acercó a ella, y mientras que la chica estaba incorporándose, la mordió.

No era la primera vez que Klaus mordía a un lobo, pero seguía resultándose igual de asqueroso. Se le llenó la boca de pelo, y la sangre de lobo (y especialmente la de April) le resultaba muy desagradable, sobre todo tras haber bebido de Caroline. Pero consiguió el efecto deseado. April soltó un gemido lastimero, y comenzó a transformarse de vuelta. Klaus se levantó y la esperó. Cuando la chica se incorporó, Klaus se dio cuenta de lo ridículo de la situación.

Eran dos jóvenes desnudos, despeinados y heridos. A Klaus le sangraba la barbilla, y April se sujetaba el hombro, donde se podían ver claramente las marcas de la mordedura. Estaban hechos una mierda.

−¿Sabes? –April se tambaleó antes de volver a adoptar una postura defensiva−. No pensaba matarte todavía. Cuando vine, no pensé que todo fuera a ser tan apresurado. Pero entonces trajiste a la rubia, y me di cuenta de que estabas muy cerca de completar el ritual. Y creo que ya sabes que no puedo permitir que lo completes.

−Y yo creo que tú sabes que lo lograré, tarde o temprano. No puedes matarme, April.

−¿Y qué vas a hacer para impedírmelo? No eres lo suficientemente fuerte, Niklaus. No tienes magia. Puedo matarte sin moverme del sitio.

−Tal vez tenga un arma secreta –Klaus sonrió, y April frunció el ceño.

−No puedes…

Una figura apareció frente a la tríbrida, y le partió el cuello rápidamente. April cayó al suelo. El recién llegado, un hombre de pelo oscuro y vestido con un elegante traje, se giró hacia Klaus.

−Elijah –saludó el rubio.

−Cuánto tiempo sin vernos, hermano.


Kol Mikaelson estaba a apenas cien kilómetros de distancia de Portland cuando Elena y Kai idearon, finalmente, un plan. Bonnie, a diferencia de los otros dos, era incapaz de ver la situación desde un punto de vista racional. Estaba nerviosa, casi al borde de la histeria, y el hecho de que apenas fuera capaz de mirar a Kai a la cara no ayudaba nada a despejar la mente de la chica lo suficiente como para ayudar en el planteamiento.

Habían decidido atacar antes de que llegara Kol. Si sólo se enfrentaban a Rebekah, era bastante probable que pudieran vencer; enfrentarse a dos híbridos originales les sería mucho más complicado.

No era la primera vez que se enfrentaban a la híbrida, pero la otra vez que lo habían hecho la habían pillado desprevenida, y no se habían encontrado tan exhaustos. Ahora tendrían que planear todo milimétricamente, para poder asegurarse el éxito.

Así que Kai actuaría de la manera que se esperaba de él: impulsivamente, lanzándose al ataque sin pensar en las posibles consecuencias. Después de coger un par de cuchillos del sótano (aunque realmente parecía una armería dentro de la casa) y de repartirlos, fue al vestíbulo de la casa. Ahí se detuvo, y miró a las dos chicas, que actuarían a espaldas de Rebekah, aprovechando que esta estaría distraída con el ataque frontal de Kai.

El chico, sin pensarlo dos veces, se acercó a Bonnie y la besó. Elena alzó las cejas sorprendida, pero lo que realmente la sorprendió fue ver que Bonnie no se echó atrás. Tampoco correspondió al beso, pero el hecho de que no estuviera matándolo o, al menos, torturándolo, era ya algo raro. Antes de que Elena pudiera darle más vueltas al extraño beso que estaba sucediendo ante sus ojos, Kai dejó ir a Bonnie y se marchó.

Cuando la puerta se cerró tras él, Elena se giró hacia su amiga y la miró fijamente, esperando una explicación. Tras dos minutos de absoluto silencio, la chica alzó los brazos en señal de exasperación y comenzó a girar hacia la puerta trasera.

−Me lo contarás tarde o temprano. Lo sabes, ¿verdad?

−Más tarde que temprano, te lo aseguro −Bonnie se quedó donde estaba. Era parte del plan.

Elena no se preocupó por la falta de respuesta de su amiga. La conocía, sabía que se lo acabaría contando, porque Bonnie necesitaba hablar de las cosas que se salían fuera de lo normal con su mejor amiga. Lo hacía siempre. Igual que ella misma.


Kai se acercó a Rebekah con una amplia sonrisa, que la desconcertó. Había esperado que la atacaran antes de que llegara su hermano, porque una vez que su hermano se le uniera sería mucho más difícil enfrentarse a ellos. Un híbrido original era complicado de derrotar; dos, casi imposible.

−No sé por qué tienes que meterte con nosotros –comentó Kai, con expresión ofendida−. Sólo estamos aquí para visitar el hogar de mi infancia y tú vienes y nos arruinas las vacaciones.

−No me jodas. ¿Dónde están los otros?

−¿Qué otros? Aquí sólo estamos mis novias y yo.

Rebekah sonrió. Y entonces atacó. Sentía que, mientras que seguía hablando con él, el Cazador estaba preparando un plan maestro para acabar con ella, así que tenía que atacar antes de que él tuviera tiempo de preparar ningún hechizo.

Cayó sobre él mientras que soltaba puñetazos y patadas, y ambos rodaron por el suelo. La rubia acabó sentada a horcajadas sobre Kai, que en vez de preocuparse o atacar, se quedó en silencio, mirándola con el ceño fruncido. Casi parecía que no comprendiera por qué Rebekah lo estaba atacando. Casi. Rebekah aprovechó y se inclinó, mordiéndolo en el cuello. Kai, a pesar del dolor, sonrió, confundiendo a la híbrida. Aquel chico estaba como una cabra. ¿Cómo podía alguien temer a un chico tan loco como él?

Pero entonces contraatacó. Utilizó un hechizo muy poderoso, uno que Richard sólo le había enseñado a él. Gracias a aquel hechizo, pudo atravesar el cuerpo de Rebekah con su mano, a través de piel, carne y músculo. La chica gritó de dolor y se dejó caer al suelo. Cuando Kai se levantó, la híbrida estaba ya de pie, dispuesta a marcharse, pero se encontró cara a cara con Elena, que la atacó con un cuchillo más grande que el de un carnicero. La rubia evitó el primer golpe, pero el segundo le acertó en un brazo, haciéndola sangrar de nuevo.

Y entonces le tocó atacar a Bonnie. Le provocó aneurismas, y luego le lanzó un cuchillo, mucho más pequeño que el que tenía Elena. Se le clavó en el hombro.

−¡Bonnie! –Kai la miró, enfadado−. Tenías que matarla.

−No seas idiota. Sabe mucho. Deberíamos interrogarla.

−Deberíamos matarla. Ya sabemos todo lo que tenemos que saber.

−Eso es imposible –habló por primera vez Rebekah. Se había puesto en pie después de caer por culpa del dolor, y los miraba con odio nada disimulado−. No podéis saberlo todo, porque ni siquiera Niklaus lo sabe. Deberías elegir mejor las batallas en las que lucháis, niños.

Tal vez fueran sus palabras. Tal vez fuera el tono en el que los llamó niños. Tal vez simplemente estuviera haciendo lo que creía que era su deber. Elena avanzó sigilosamente hacia ella y, sin dudar ni un instante, le clavó el cuchillo en el corazón, paralizándola. El cuchillo no había tenido roble blanco, así que no logró matarla, pero sí que la dejó inconsciente, y no volvería a despertar a no ser que el cuchillo fuera retirado de su cuerpo.

−Listo. Ni una cosa ni la otra –Elena estaba enfadada. Ignorando el cuerpo a su lado, caminó hacia la casa−. Por dios, vosotros seguiréis discutiendo por tonterías hasta en la tumba.

Bonnie y Kai fruncieron el ceño al mismo tiempo. Se miraron por un momento, y luego, poniéndose de acuerdo sin cruzar palabra, agarraron el cuerpo de Rebekah y lo llevaron al pequeño cobertizo que había en el jardín trasero de la casa. No iban a meterlo en la casa, donde estarían desprotegidos ante un posible ataque.

Estaban locos, y lo sabían. Temían a alguien con un cuchillo clavado en el corazón.


April abrió los ojos y movió la cabeza. El crujido de los huesos tomando su posición correcta la hizo recordar. Había luchado contra Klaus. Y había sido una buena pelea. El hombre, a pesar de no ser tan fuerte como ella, no era para nada débil, y le había proporcionado una buena pelea.

Pero ella ganaba. Ella era más fuerte, tenía magia, y sabía cuáles eran todas y cada una de sus debilidades. Había algo que no encajaba. Si hubiera derrotado al tríbrido, no habría acabado en…

¿Dónde estaba? Estaba en una habitación casi vacía. Sólo había una caja de cartón, llena de pintura. Así que ya sabía dónde estaba. Seguía en casa de los Mikaelson. La chica se levantó, se alisó la camiseta, y miró a su alrededor.

Estaba en una celda. No podía describirse de cualquier otra manera, pues estaba en una habitación sin ventanas, con una puerta de acero con una pequeña ventanita en la parte superior, tan alta que ni siquiera podía alcanzarla sin ponerse de puntillas. Había una gotera en una de las esquinas de la habitación, y el ruido de las gotas golpeando el suelo la estaba poniendo histérica. Al otro lado de la ventanita, sentado en una aparentemente cómoda, estaba Niklaus Mikaelson, con una copa de champán en la mano y una amplia sonrisa en su rostro.

−April Young. Josette Laughlin. ¿Has tenido algún otro apodo? Estoy seguro de que sí. Vivir por siempre seguramente te haga aburrirte de tu propio nombre.

−¿Qué te hace pensar que April es mi nombre real? –preguntó la chica con una pequeña sonrisita. A pesar de la situación, estaba tranquila. Sabía que, al menos por el momento, Klaus no podía acabar con ella.

−Nada. Pero no me importa tu nombre. Lo único que me importa es tu muerte.

−No vas a conseguirla, Niklaus. No soy fácil de matar.

−Lo sé –la sonrisa de Klaus se amplió, y April estuvo a punto de perder el equilibrio. Odiaba tener que estar de puntillas−. Pero eso es lo de menos. ¿Qué tal si me hablas de tu plan por ahora?

La tríbrida alzó una ceja, pero habló. No le dijo gran cosa, sólo lo necesario para dejarle saber que tenía un plan muy bien preparado. Uno que llevaba organizando desde hacía ya casi dos siglos. Desde que había averiguado la verdadera naturaleza de Niklaus, había querido derrotarlo, porque disfrutaba siendo la persona más poderosa del mundo. Así que quiso matarlo antes de que él completara el ritual. Eso fue todo lo que le dijo.

Aunque también le habló de otros objetivos. De una daga, una que estaba a punto de conseguir y que tenía habilidades especiales. Y que la daga no venía sola, sino con un nuevo aliado suyo. No le dijo quién era ese aliado, pero teniendo en cuenta que la daga de la que le había hablado la habían creado Las Cazadoras, Klaus supuso que su nueva aliada sería una Cazadora. Le habló de que ese aliado sería muy fuerte, sobre todo con su ayuda. Y que, junto a él, no sólo lograría derrotarlo a él, sino al resto de la familia Mikaelson.

Klaus no comprendía por qué le había contado todo, pero decidió no prestarle atención a aquello. Tenía información sobre su mayor enemiga, y planeaba utilizarla. Todavía no sabía cómo, pero teniendo a April encerrada en su sótano, y con la ayuda del recién llegado Elijah, estaba seguro de que pensaría en un buen plan rápido y lograría derrotar tanto a April como a cualquiera que quisiera enfrentarse a él.

Pero antes, tenía otra cosa de la que encargarse. El ritual. Tenía que completarlo. Mientras que no lo hiciera, sería débil.

Caroline. Tenía que hablar con ella.

Sin decir nada más, Klaus abandonó la sala. April, a sus espaldas, sonreía.


–¿Kai? –era ya la tercera vez que Bonnie lo llamaba.

Sin embargo, el chico no contestaba. Bonnie salió de la cocina, dejando a Elena sola, cocinando, o al menos intentando cocinar. La bruja buscó por toda la planta inferior de la casa de los Parker, pero no lo vio, así que subió las escaleras y revisó el piso superior. Finalmente, lo encontró en lo que debía haber sido su habitación cuando era pequeño.

Para haber sido la habitación de un adolescente, era bastante aburrida. Las paredes estaban pintadas de blanco, y no había ni una sola foto, ni un solo póster. Las paredes estaban totalmente vacías. La cama estaba deshecha, y las sábanas eran tan blancas como la pared. Había un escritorio de madera frente a la ventana sin cortinas, y un armario del mismo tono al lado de la puerta. Aquello era todo.

Kai estaba tirado en el suelo al lado de su cama, y no tenía buen aspecto. Tenía la frente bañada en sudor, y su ceño se fruncía cada pocos segundos, casi inconscientemente.

–Kai, ¿qué te pasa? –preguntó Bonnie, acercándose a él. Lo cogió como pudo de la camiseta y cogió tumbarse en la cama. Se sentó a su lado y le puso una mano en la frente–. Estás ardiendo.

–Rebekah me ha mordido –consiguió murmurar el Cazador.

Bonnie alejó su mano, sin apenas poder resistir las ganas de golpearlo. Había sido estúpido. Demasiado estúpido, incluso para él. Había sido imprudente. Él, más incluso que las demás Cazadoras, era consciente de que un mordisco de híbrido podía resultar mortal para una Cazadora. Ahora, era muy probable que estuviera a punto de morir, y ni siquiera habría muerto por culpa de una gran batalla.

–Eres un idiota. Te mereces que te abandone aquí como a un maldito perro.

–Pero no vas a hacerlo, ¿verdad? –Kai sonrió ligeramente–. Vas a cuidarme, prepararme sopa y arroparme hasta que expulse mi último aliento. ¿Me equivoco?

–Te odio, Kai. Quiero que lo sepas antes de expulsar tu último aliento.

–No parecía que me odiaras tanto hace un par de horas.


Después de hablarle de su infancia y de su familia, Kai se quedó en silencio durante varios minutos, perdido en sus pensamientos. Bonnie tenía la sensación de que debía decir algo, contarle ella su propio pasado. Así que lo hizo.

La vida de Bonnie no había sido tan compleja como la de Kai. Bueno, exceptuando el hecho de que su madre los abandonó cuando ella era sólo una niña y que no había vuelto a ver a su padre desde que él había descubierto sus "poderes". Su abuela había sido la única persona que realmente la había querido y cuidado.

Y eso le contó. Le habló de cómo ella y su abuela jugaban a cartas todos los fines de semana, de los pasteles y magdalenas que cocinaban... Para cuando terminó de hablar, Kai sonreía.

Bonnie se sorprendió. Nunca había visto una sonrisa como aquella en el rostro de Kai, una sonrisa tan sincera. Y eso fue lo que la motivó a actuar del modo en que actuó. Se acercó a él y lo besó. Fue un beso suave, apenas un pico, pero Kai cerró los ojos al instante y la acercó hacia él.

Ambos se dejaron llevar. Bonnie lo rodeó con sus brazos y acarició los mechones de pelo de su nuca, mientras que Kai dejaba sus labios y comenzaba a besar su barbilla y su cuello.

Y entonces, el avión se tambaleó. Bonnie se soltó y se levantó, y sin decir una sola palabra más, se marchó de vuelta a su asiento.


–No te dejaré morir, Kai –Bonnie estaba llorando. No le importaba–. Te lo prometo.