+STAGE 09: ESO+

¿Viste? Nuestra separación fue algo de esperarse, seguro supiste que algo así, sucedería en cualquier momento.

Que yo renunciaría a algo que, en su condenado y maldito momento, me hizo sentir extremadamente viva.

¿Por qué? Y... porque no encajabamos, la verdad.

Bueno... no me sorprendí en lo absoluto, sabía que tipo de chico era él y que tipo, de mujer era yo.

Simplemente, lo busqué cuando quise sacarme las ganas y espléndidamente, él cumplió mis deseos como si fueran órdenes.

Y bueno... no duramos nada juntos. Qué lástima, ¿no?
Tampoco iba a andar llorandole a un hombrecito que, me mintió y jugó con mi maldita confianza, por doquier y al azar.

Al contrario, hasta tenía la idea fija de que me iba a hacer "la superada", que a mí no me costaba nada renunciar a "mi acción".

Caminé de regreso a casa luego de dar vueltas, a ver si me decidía qué hacer o no, porque hasta me sentí confundida.

O sea, tenía bien claro que me había equivocado y que había metido la pata, tantas veces como había podido...

Pero parecía como si sólo yo tuviese que aceptar la culpa, como si hubiese sido cosa mía, el satisfacerme sexualmente.

Cuando él hizo su parte y la hizo estupendamente bien, me encantó y hasta me obsesioné, con su manera de "atacar".

Entonces... ¿ahora yo solita tenía que pagar los platos rotos? ¿Tenía que ir a decirte yo lo que pasó?

Y otra vez él iba a zafarse, iba a quedar como la víctima que, fue arrastrada por mis deseos carnales.

Iba a quedar como si yo lo hubiese forzado, como si yo le hubiese apuntado con un arma y lo hubiese amenazado, con apretar el gatillo.

COMO SI YO LE HUBIESE DICHO QUE, LE VOLABA LOS SESOS, SI NO SE ACOSTABA CONMIGO.

De una manera u otra, iba a terminar yo pagando su condena y su castigo, cuando tú me pusieras en ambos lugares.

Te enojarías y hasta ibas a hacerme la cruz, me ibas a maldecir y putear hasta que gastaras, todo insulto que tuvieses disponible...

Pero, no valía que yo te explicara, ¿verdad? ¿En serio que no valía?

Bueno... tampoco iba a ponerme a discutir con un loco, que hasta podía llegar a golpearme y en el peor de los casos, matarme.

Ciertamente, sentí escalofríos de sólo pensar en esa posibilidad y se me heló el cuerpo, cuando vi mi sangre goteando de tus nudillos.

Si volvía contigo, eso era exactamente lo que iba a ocurrir, terminaría siendo yo "la mujer asesinada por tu malicia".

Ni hablar, cambié de rumbo y me fui para otro lado, otro lado donde no pudiese volver a cruzarte.

No ahora que no sabía que decir, no ahora que te debía una explicación, no ahora que debía luchar con tu malhumor.

Seguro preguntarías por qué me fui, por qué no te escuché y me fui detrás de otro, que "supuestamente" me molestaba.

Y yo me quedaría sin palabras, miraría para cualquier lado e intentaría esquivar cualquier cosa, hasta el timbre de tu voz.

¿Pelear? Y sí... dadas las circunstancias, seguro que ibamos a pelear.

Pero lo que más me asustaba era que, ibas a cortar conmigo sin detenerte a pensarlo, como si yo fuera un pedazo de basura.

Porque me convertí en ésa que, tú rotundamente te negaste a atender y muté de la manera, en que tú me llevaste a mutar.

Me convertí en la chica encaprichada, con un pedazo de carne que, obviamente, no era el tuyo.

Entonces... ¿Tú no eras responsable de nada, nene? ¿No fue culpa tuya que yo buscara satisfacción, con el paquete de otro?

¡Sí, por supuesto que fue tu culpa! ¡Te resististe y te negaste a mi cuerpecito, para que yo me fuera con otro!

Porque si hubieras dicho que sí, nada de esto hubiera pasado y nosotros dos estaríamos contentos de la vida, el uno con el otro.

Resultó mal, sí... pero no se podía arreglar, ¿o sí?

Yo ya me había mandado la parte y había metido la pata, hasta llegar a un extremo, en que me quedé atascada en él.

Y porque tú no viniste a sacarme, fue él quien me tendió la mano y me sacó, con una sonrisa en el rostro.

Para después ir convenciendome más y más, hasta que se ganó mi confianza, dignamente.

Pero, por tu andar de rebelde sin causa y por la poca atención que me prestabas, también terminó por ganarse...

MI CORAZÓN.

Porque me dejaste sola, alguien más ocupó tu lugar y me hizo sonreír, de una manera inexplicable.

Porque actuaste como un pendejo, alguien más se convirtió en "el hombre", que yo necesitaba desesperadamente.

Porque anduviste de vago por ahí, alguien me cuidó en tu lugar y te sacó de la silla, en la que estabas sentado dentro de mí.

Él te reemplazó cuando tú y yo lo dejamos, tomó tu lugar porque tú lo dejaste y yo se lo permití, él fue el que tú no eras porque yo quise.

Porque un aspecto de él me fascinaba y hasta me tenía loca, porque quería saber que secretros guardaban, sus ojos de asesino.

Y uno de esos secretos fui yo, yo que lo había tenido siempre a la espera, a la espera para mandarse al "primer ataque".

Él que me espiaba en silencio y conteniendo la respiración, ocultando su presencia y esperando, la oportunidad perfecta.

Empleó sus reglas y sus tácticas para acercarse a mí, hizo las cosas a su manera y sin que me diera cuenta, formó parte de mí en un segundo.

Hasta se me había hecho indispensable nuestro trato, nuestra relación que casi pero casi, estuvo a punto de ser algo serio.

¿Por qué no resultó? Porque me precipité y lo juzgué, sin saber qué le pasaba.

Preferí creer que me mintió porque se le dio la gana, porque hasta el momento él había estado haciendo conmigo, lo que se le antojaba.

Por eso le apunté con el dedo y lo mandé a volar, lo eché de mi vida porque él no fue más que, un simple y barato farsante.

¿Eligí mal, entonces? Sí, elegí mal, las dos veces.

Los dos terminaron por decepcionarme de la misma manera, me hicieron exactamente lo mismo y me trataron, como una estúpida todo el tiempo. Y supuse que la única diferencia, lo único distinto entre los dos casos, era que...

YO, ME HABÍA ENCARIÑADO, CON ÉL.

-¿Eh?-me encontró, cuando me senté, bajo un árbol-¿Maka?-

-¿Crona?-levanté, la vista

-¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó, sentandose a mi lado

-Nada en especial...-me abrazé, las piernas-Estaba pensando...-casi, temblé-Tengo problemas, ¿sabes?-

-Y no sabes cómo lidiar con ellos, ¿verdad?-fue al grano, directa

-Sí...-asistí, por lo bajo-Tengo problemas, con Black Star...-pronuncié, casi sin querer

-¿Black Star?-pensó, un poquito-¡Ah!-cayó, un poquito más tarde-Es el chico de la estrella, ¿no?-

-Sí, ése...-dije, no muy convencida

-¿Y... qué clase de problema tienes con él?-preguntó, sin irse de tema

-Bueno, en realidad...-empezé, a contar, despacito-Todo esto empezó como un juego, ¿sabes?-tiré, con un aire de nostalgia-Sólo quería divertirme un poco y de casualidad, él apareció...-más bien, cayó en mi casa, como un regalo-Y entonces, nosotros...-

-¡No, basta!-me interrumpió, agarrandose la cabeza-¡No sigas!-

-¿Eh?-la miré

-¡No sé cómo debería lidiar con eso!-e hizo esa señal particular, de despeinarse

Que ayuda, ¿eh? Como era de esperarse, en esta ocasión, ella no sirvió para ayudarme.

Bueno... en realidad, no era que estuviese sentada esperando, que alguien más viniese a solucionarme el problema.

Pero sí que necesitaba que alguien me diese una mano, que me diera un empujoncito y el valor que, parecía haber perdido.

Por desgracia, no me encontré a nadie así y tampoco quise encontrarlo, porque no me quedaba a quien recurrir.

¿Ir a pedirle consejos a Tsubaki-chan? No, ni hablar.

¿A ella que se cogía, al mismo chico que yo? ¡No, ni de chiste! ¡No me iba a acercar a ella ni loca!

La situación podía tornarse tan mal que, hasta llegaría al extremo que, ella interaría quitarmelo.

A él que me volvía loca con sus cosas tan particulares y con ésa manera de ser, que me estremecía hasta el último rincón, estupidamente.

A él que me tenía tan así, esperando y hasta intentando buscar algo de su parte, que nunca pero nunca llegaría ni a asomarse.

Porque idiotamente me había quedado esperando, que él diese la vuelta a la esquina y viniera a recogerme, de donde yo me quedé sentada con paciencia.

Pero ni modo, eso no iba a pasar nunca y que él pudiese preocuparse por mí en serio, no era más que la fantasía de una chica estúpida e inútil.

Y así de estúpida, me abrazé más fuerte y casi oculté mi cabeza en mis rodillas, para que nadie viera las lágrimas que se desprendieron de mis ojos.

-Sí...-asistí, bajo, con una pequeña sonrisita-Yo tampoco sé cómo debería lidiar con eso...-