Una viñeta de casi mil palabras a modo de disculpa por la demora :( ¡perdón, volveré pronto con otra!
Demonio y Mujer
#9
Cortó todo tipo de flores, las había rojas, amarillas y blancas, con un aroma dulce o polinizado; y todas ellas terminaban en su cabello o en ramos en sus manos. Nunca había cortado tantas, sus manos adoloridas se lo demostraban. Sonrió acomodando una nueva flor en su cabeza y estornudó por el polen que esta desprendió.
—¿Así? —preguntó la humana apestosa a lo que la señora del demonio verde se negó.
—Más —demandó y se cruzó de brazos, miró hacia un lado y observó cómo su esposo apilaba troncos secos y corría para buscar más. Más tarde tendría que pescar y se mojaría torpemente. Suspiró, esa no era la vida de recién casada que quería.
—Pero no sé dónde más ponerme, ¿enserio huelo tan mal?
—Apestas —resolvió mientras se cruzaba de brazos y buscaba con sus ojos amarillos a su esposo verde, Jaken se esmeraba en cumplir con su amo para que este le retribuyera algo con estima… pero ella nunca vio interés. ¡Y todo giraba en torno a la mocosa humana! Sesshômaru jamás haría algo por su señor esposo, es más, Jaken solo estaba siendo ridiculizado. Pronto se visualizó a sí misma rodeada de pequeños renacuajos, unos con nariz, otros sin, pero todos sin una imagen paterna presente. Su señor padre tenía razón sobre Jaken, solo traería desgracia a la familia. Miró a la humana una vez más, Rin luchaba con las flores para oler bien y cada cierto tiempo miraba a su amo de reojo… Sus cachorros sí tendrían a una figura paterna presente, además de Jaken como niñero—. Eres una humana, ¿te has dado cuenta de eso?
—Oh, claro que sí, el señor Jaken siempre me lo recuerda.
—¿Y sabes que no tienes nada que hacer entre demonios?
—Sí, eso también me lo recuerda el señor Jaken… ¿Así huelo mejor?
—¡Pequeña niña tonta! —Dijo la señora Jaken y se esfumó hecha una furia. La humana quedó extrañada, nada de lo que dijera una criatura verde como su señor esposo haría que Rin se perturbara, ya que había crecido con todo ese discurso repetido una y otra y otra vez, pero el demonio verde no parecía odiarla, solo lo decía para molestarla. Además, el señor Sesshômaru la quería presente. Se levantó como pudo, y con sumo cuidado para que no se estropeara su cabellera sobresaturada de flores, para caminar hasta el demonio blanco.
Como esperaba a esa hora del día, él reposaba bajo una sombra de un árbol. Se sonrió, dio un paso, luego el otro, y lentamente sintió cómo su corazón palpitaba más fuerte, ¿podría oírla acercarse con todo ese tamborileo? Seguramente ya sabía hace horas que iría a sentarse con él… era excesivamente predecible como lo decía el señor Jaken.
—¡Jaken! —oyó de pronto, y la curiosidad la mató. Tuvo que ir a ver qué era lo que sucedía con los esposos demonio. Se asomó un poco sobre el follaje y los vio: la señora estaba sobre el señor Jaken en una posición que no parecía muy placentera, de hecho parecía que pronto ella comenzaría a golpearlo—. Te dije que me quiero ir de aquí. Me prometiste un hogar, hijos y todo lo que una demonio quiere, pero aquí no lo veo. Solo una humana apestosa y tu amo.
Rin volvió a paso apurado a un lado de su amo, se sentó sobre la hierba y comenzó el tortuoso trabajo de remover todas las flores que la señora verde le había obligado a llevar.
—La señora Jaken estaba sobre el señor Jaken en el bosque. ¿Estaba hablando en voz alta? No quería decirlo, perdone. No volverá a ocurrir —dijo la pequeña humana y Sesshômaru abrió imperceptiblemente los ojos de la impresión, cualquier cosa podía perturbar el corazón inocente de Rin. Frunció la boca y observó su expresión extrañada. Si pudiese leer la mente de Rin tan bien como lo hacía con Jaken, podría saber que sus tribulaciones humanas no eran más que su mal olor humano y que eso le estaba dando problemas al matrimonio lindo de su señor Jaken. Ella soñaba con que el demonio verde tuviese un final feliz y poder cargar unos cuantos renacuajos en sus brazos y cuidarlos al igual que su padre renacuajo había hecho con ella. Su problema eterno era su olor, la señora Jaken no dejaría que los apestara con su humanidad—. Señor Sesshômaru, ¿huelo tan mal para alejarlos de mí?
—No hueles mal, Rin —dijo él con el ceño fruncido. Era el único olor en el mundo con el que podía vivir tranquilo, y con su directa bastante indirecta pensaba que lo había dejado bien claro. La humana frunció el ceño, no oler mal no significaba que oliera bien, ¿verdad? Volvió a poner las flores sobre su cabeza y se levantó para buscar más.
—Señor Sesshômaru, Rin, hay algo que debo decirles… —anunció el demonio verde, acercándoseles con la timidez que no lo caracterizaba. El demonio lo miraba molesto y la humana estaba de pie decidida a oler bien—. La señora Jaken se ha ido.
—No, no, no —dijo Rin—, oleré bien, ¡lo juro!
—No eres tú el problema, mocosa —replicó el demonio verde molesto. Estaba disgustado, pero por sobre todas las cosas, triste. Nunca había sentido amor además del que le profesaba a Sesshômaru. Ante la respuesta, Rin lo miró contrariada, demandando una explicación más precisa en silencio—. Mujeres, se acercan a nosotros como hechiceras y cuando se casan se transforman en unas brujas, ¿no es así, señor Sesshômaru?
—¿Qué? —Rin no entendía ninguna palabra de lo que decía el demonio divorciado. Miró a su señor Sesshômaru y vio que tampoco le había hecho mucha gracia el comentario ácido de su subordinado, la humana no debería escuchar más tonterías—. Ella quiere un hogar —decretó ella, Jaken la fulminó con la mirada al saberse espiado—, ¡señor Sesshômaru, quiero un hogar en que podamos vivir todos juntos!
¡Besshomarus!
