Estaba a punto de enfrentarse a la realidad, a Raven, a Bellamy y a su puta tarjeta. Iba detrás de la agente Ontari que la dirigía hacia el despacho de la gobernadora, con los nervios a flor de piel y sin ánimo para mirar esas piernas que asomaban debajo de la falda de la agente. Todo un despropósito porque por lo general a ella le encantaba disfrutar de aquellas vistas en primera fila.
El día de antes en el Hospital de Sydney...
Raven estaba en uno de los pasillos del hospital esperando a que Bellamy saliera de la sala de operaciones, estaba impaciente e iba pasillo arriba y pasillo a bajo maldiciendo por lo bajo a todas las reclusas de Azgeda. Esto no iba a quedar así, tomaría cartas en el asunto, podía perder a su marido por culpa de esas malditas perras.
A las pocas horas la avisaron de que Bellamy se encontraba fuera de peligro y que ya lo habían trasladado a la habitación para empezar el proceso de recuperación. Al final el destornillador no le perforó nada importante. Esas perras le clavaron un puto destornillador.
Fue corriendo directamente hacia la habitación, necesitaba confirmar con sus propios ojos que realmente estaba fuera de peligro.
-Bell, cariño, ¿Cómo estás? -Dijo con tono nervioso mientras le acariciaba la cara.
-Voy a sobrevivir, así que bien, supongo -Tosió haciendo que Raven pusiera un semblante aún más preocupado -Ey, estoy bien, cielo -Estiró la mano acariciándole la mejilla a su mujer.
-Juro que van a pagar por esto, Bell. Me preocupo por ellas, sabes todo lo que les facilito las cosas y todos los privilegios que les damos, ¿Y así es cómo me lo pagan? Dime, ¿Quién te hizo esto?
-Raven cariño, déjalo, pasan cosas de estas todos los días en todas las prisiones del mundo, sabemos el riesgo que corremos, es nuestro trabajo.
-En mi cárcel no, y espero que no apuñalen a mi marido a diario, así que dime ¿Quién fue?
-Raven, basta, no vi nada, quien fuera me apuñaló desde atrás y no pude verla.
-No puede ser que te apuñalen y no veas absolutamente nada, algo debiste ver.
-Cielo, no vi nada, te lo prometo -La miró con seriedad -Lo que sí recuerdo y necesitamos recuperar es mi tarjeta -Se incorporó un poco en la cama -Mientras estaba en el suelo apareció la reclusa Griffin que intentó ayudarme y le di mi tarjeta para que pudiera ir a buscarte -Se frotó la cara con ambas manos en un gesto de desesperación -La he cagado Raven, dime que podrás recuperar la tarjeta... ¡Dios! Espero que no haya hecho ninguna locura, juro que la amargaré durante toda su condena.
-Está bien, tranquilízate cariño, me haré cargo de todo. Ahora necesitas descansar.
Raven decidió aparcar por el momento el tema de quién lo apuñaló aunque no se creyera que no había visto absolutamente nada. Le prometió que se encargaría ella personalmente de recuperar su tarjeta y le reconfortó para que se tranquilizara acariciándole el pelo mientras le regalaba suaves besos por el rostro.
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Después de lo que le pareció una eternidad, por fin llegaron frente a la puerta del despacho de la gobernadora, ¿Habían colocado más puertas? ¿Cuarenta y seis les parecían pocas o qué?
La agente Ontari le ordenó que esperara mientras ella informaba de su presencia a la gobernadora. Pasados unos segundos Ontari la estaba invitando a entrar y, una vez dentro, la susodicha salió de allí dejándola sola ante el peligro, Raven.
Estaba nerviosa, le sudaban las manos y le temblaban hasta las pestañas. Se secó las palmas de las manos pasándoselas por las perneras del uniforme antes de sentarse en una de las sillas de en frente de Raven que ya la estaba torturando con la mirada, le estaba clavando los ojos como si intentara descifrar sus pensamientos. Joder, como no empezara a hablar, esa presión le iba a causar un fallo renal.
-Buenos días, reclusa Griffin -Dijo por fin sin quitar esa mirada intensa sobre ella.
-Buenos días gobernadora -No le salió tan despreocupado como hubiese querido, así que por si a caso, le regaló la sonrisa Griffin marca de la casa.
-Verá, voy a ser breve y directa. Después de lo ocurrido ayer, me planteo qué más puedo hacer para reconduciros a todas vosotras, hago lo que puedo y lucho constantemente contra este sistema injusto y despreciable, ¿Y qué hacéis vosotras? Montarme estos espectáculos y apuñalar a uno de mis agentes.
Raven hizo una pausa y cogió aire, probablemente para serenarse, hablaba con calma pero se le notaba a leguas que estaba muy cabreada. No sabía qué era peor, si esa mirada torturadora del inicio o aquello.
-Está bien, probaré a pedirle de buenas que me entregue la tarjeta que el agente Blake le prestó para ir a buscar ayuda -Dijo soltando todo el aire que cogió previamente.
"Joder"
-No la tengo.
"Muy bien Clarke, corto, conciso y segura de ti misma"
-Se lo estoy pidiendo de buenas maneras, no me haga ir por las malas porque mi paciencia tiene un límite, Griffin.
-Te lo juro, Raven -Adiós formalismos, se desesperó y la gobernadora le dedicó una mirada que casi la deja cadavérica al instante -Gobernadora, perdón, no la tengo, se lo juro.
-No me gusta que me hagan perder el tiempo, y mucho menos que se ría en mi cara una reclusa. ¿Sabe? Podría hacer que la metieran en aislamiento indefinidamente hasta que le apeteciera hablar, y no sólo eso, sino que daría parte al consejo y ellos se encargarían de llevarla a juicio, lo que ha hecho es un delito que extenderá mucho más su condena.
"Maldita Jennifer Lawrence latina".
Ahí la había pillado bien. Puta tarjeta, ¿En qué momento pensó que sería buena idea marcharse con ella? Tuvo que tragar saliva porque los nervios la estaban empezando a matar lenta y agónicamente. La gobernadora Reyes esperaba una respuesta y la miraba expectante, mirada que ella le devolvía mientras intentaba serenarse y pensar en la manera de salir de aquella situación. Y de pronto y como iluminada por La Virgen, se le ocurrió la madre de las ideas, no sabía seguro si funcionaría pero tenía que intentarlo. Carraspeó un poco antes de comenzar a hablar para que sonara tan firme como requería el momento.
-Le digo que no tengo la maldita tarjeta -Soltó con tono enfadado -Hagamos un trato, usted no hace nada de todo esto que ha dicho y yo no le cuento a nadie que está liada con Octavia... ¡Ah! Se me olvidaba, qué cabeza la mía, tampoco se lo diré a su marido, el agente Blake ¿No? Sería toda una sorpresa para él.
Dios, iba a vomitar su propio corazón, pero ya estaba hecho, ya lo había soltado y no había vuelta atrás.
Raven no decía ni hacía nada y esos diez segundos de silencio con su intensa mirada clavada en sus ojos se le estaban haciendo eternos. Realmente creía que había tenido la madre de las ideas.
Y entonces sucedió, vio como su gesto de enfado poco a poco se iba transformando en un gesto mucho más relajado.
-Está bien, Griffin, tú ganas, pero necesito esa tarjeta y sé que Bellamy te la dio a ti.
Joder, no se lo podía creer, la madre de todas las ideas había funcionado. Al final iba a resultar que se le daba de puta madre. Gracias Netflix.
-Tuve un problemón, gigantesco -Estiró los brazos mostrando el tamaño del problema - Y tiré de la tarjeta para salir del paso -Puso una mueca de circunstancia mientras le sonreía -Si me cubre las espaldas juro que la recuperaré, confíe en mí.
-Le daré ese voto de confianza y espero ver esa tarjeta en mi despacho en pocos días, Griffin.
Había salido del despacho de la gobernadora con el cuerpo mustio de la tensión vivida entre esas cuatro paredes y, por culpa de eso, en estos momentos su cuerpo se encontraba en fase terminal, pero por suerte estaba a diez minutos de finalizar su jornada laboral en el taller, ese era su trabajo en Azgeda, básicamente consistía en el mantenimiento general de aquel dichoso sitio.
Pasados esos diez minutos infernales salió pitando del taller dirección a su preciada celda, necesitaba reposar cuerpo y mente, pero no se quitaba de la cabeza que tenía que conseguir esa tarjeta como fuera, una tarea complicada, no sería fácil arrebatársela a la peluquera.
Nada más girar el primer pasillo, Lexa y Luna aparecieron de la nada por arte de magia. Las llamaría team Potter en adelante. Parecían bastante agitadas, como si acabaran de terminar una maratón.
-¡Clarke! Menos mal que por fin te encontramos. Llevamos dando vueltas a la prisión, buscándote, diecisiete minutos y veinticuatro segundos -Le soltó Lexa con claros síntomas de asfixia por cansancio.
-Ey ¿Qué os pasa? ¿A qué vienen tantas prisas, Potters?
La pregunta quedó en el aire porqué solo recibió un "vamos a mi celda que tengo el arsenal de venganza listo" de parte de Luna. La agarraron de los brazos, cada una de uno y prácticamente la arrastraron hasta llegar al lugar acordado.
Una vez metidas en la celda de Luna le explicaron con pelos y señales cómo habían seguido a Em y su mamut por los pasillos y cómo habían descubierto que aquellas dos habían robado material en la enfermería con la tarjeta de los cojones y que seguramente lo utilizarían para algo malo, muy, muy malo. Si algo le podía ir mal, le iría mal, era la historia de su vida. Pero dentro del drama que tenía en la cabeza con lo que le estaban contando el team Potter, observar a Lexa contar orgullosa cómo se habían escondido sin ser descubiertas la tenía algo embobada y no pudo evitar dejar salir una sonrisa en su cara.
De repente, llamaron a la puerta cortando aquel embobamiento momentáneo que estaba sufriendo.
-¿Se puede? -Nylah había abierto la puerta despacio y asomaba la cabeza para preguntar.
Miró a Luna encontrándosela enfrascada con una caja de tampones y murmurando cosas, entonces desvió la vista hacia Lexa que había cortado totalmente su conversación y no parecía ni hacer el amago de ir a responder a Nylah. Finalmente decidió responder ella.
-Claro, pasa.
-En realidad quería hablar contigo, ¿Puedes salir para hablar un momento?
-Si, claro.
Se levantó de la cama en la cual estaba sentada y miró a Lexa una vez más antes de salir de allí, pero Lexa ya había desviado su atención hacia Luna que aun seguía ensimismada con su caja de tampones. No sabía qué tenía que ver una caja de tampones en todo ese asunto y ya le estaba empezando a intrigar bastante, así que se prometió a si misma que lo averiguaría más tarde.
Una vez fuera, Nylah comenzó a hablar.
-¿Cómo estás? Estaba preocupada, ayer te noté demasiado agotada cuando te fuiste a dormir. Sabes que estoy aquí ¿Verdad? -Nylah se había acercado a ella mientras hablaba y le había cogido las manos -No digas nada, espera que termine. Acompáñame.
La guió hasta su habitación, no se hubiera imaginado nunca, bajo ningún concepto, lo que iba a encontrarse detrás de esa puerta. Estaba toda la celda llena de flores que seguramente habría recopilado del jardín, en la pared de al lado de la cama había varios retratos de ella que supuso que los había dibujado Nylah, se fijó también como con pintalabios rojo había dibujado varios corazones en el espejo que había encima del lavabo.
Miró a Nylah sorprendida de verdad, hacía mucho tiempo que nadie fuera de su entorno más cercano se preocupaba tanto de ella y se esforzaba tantísimo por hacerla sentir bien.
Nylah la observaba de forma tímida y algo nerviosa a una distancia prudencial. La chica le hizo un gesto con la cabeza para que mirara encima de la cama y entonces vio que había una pequeña nota en ella, se acercó a la cama cogiendo la nota y se sentó para empezar a leerla.
"Sé que nos conocemos desde hace poco tiempo y que aquí dentro puedo ofrecerte muy poco también, pero de si algo estoy segura es de que me has devuelto la alegría, Clarke, desde que entraste a Azgeda le has dado sentido a todo esto y ahora mismo solo me apetece cuidar de ti y hacerte sentir bien. Por favor, me gustaría que me dieras la oportunidad de compartir tiempo juntas, te prometo que no te arrepentirás, conmigo no te faltará nada.
Nylah."
Tuvo que releerla porque no terminaba de asimilar lo que acababa de leer. Claro que había notado que Nylah tenía sentimientos hacia ella, pero nunca había imaginado que fueran tan fuertes. Leer esa carta le estaba removiendo algo por dentro, desde lo de Álex no había estado en ninguna relación seria, sobrevivía a base de sexo sin amor, lo aprendió de su querida amiga Nicole. Con Nylah estaba siendo diferente, la hacía sentir querida y, lo más importante, era la primera vez que no sentía que traicionaba a Álex, seguro que incluso a la misma Álex le habría encantado saber que tenía a alguien que cuidara de ella, además de que Nicole siempre le repetía esa misma frase, pero ella no lo había logrado ver hasta ese instante.
-Nylah... no sé que decir, es... es precioso todo esto -Dijo señalando la pared, las flores y la nota.
Empezaron a caerle las lágrimas que estaba reteniendo. En cuanto Nylah se dio cuenta no tardó ni un segundo en sentarse a su lado en la cama y secarle las lágrimas con sus pulgares con un cariño que la estaba deshaciendo por dentro. Hacía tanto tiempo que no sentía, que todo esto la estaba sobrepasando.
-Tranquila, Clarke, simplemente quería que lo supieras y que me dejaras cuidarte -Nylah le sujeto la cara, le levantó un poco el mentón para enfocar su mirada y dedicarle una sonrisa.
Dios.
Acortó el poco espacio que había entre ellas y la besó.
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Por fin llegó el día. Habían pasado cuatro días desde el motín y tres desde que dejó entrar a Nylah en su corazón.
Una mísera puerta. Una mísera puerta de separación había entre Nicole y ella, entendía que para llegar a la gobernadora tuviera que atravesar las cuarenta y seis puertas, pero para llegar a Nicole deberían haber cien, mínimo. Nicole era su persona favorita en el mundo y el mundo debía saberlo, exigiría esas cien puertas.
-A partir de este momento tendrá una hora. Al salir le haremos una inspección de todas sus cavidades, supongo que ya se lo imaginará -Le explicó Ontari antes de pasar la tarjeta que abría la dichosa puerta -Otra cosa, como la visita era con una mujer no se le ofrecieron preservativos, pero nos insistió tanto que le proporcionamos varios.
No pudo evitar soltar una pequeña carcajada.
-Es tan pesada que siempre consigue lo que quiere, podría haber insistido en que me sacarais de aquí -Dijo en tono bromista.
-No se venga arriba, reclusa Griffin -Dijo Ontari con tono serio pero haciendo un amago de sonrisa.
Estaba ansiosa por cruzar la puerta que la trasladaría durante una hora a su dulce hogar. No podía evitar morderse las uñas detrás de la agente esperando a que acabara de abrir la maldita puerta. Finalmente la abrió dándole paso al interior de la sala y salvándola de quedarse sin uñas y transformar sus dedos en muñones. Gracias a Dios.
Le golpearon mil emociones ante la imagen que tenía enfrente. Ahí estaba Nicole, de pie frente a ella, se había puesto sus tejanos pitillo favoritos, los que solía llevar para las ocasiones más especiales, las que sabía que terminarían en una noche de sexo desenfrenado; una camiseta negra dos tallas mas grande que la que le tocaba y con unas letras blancas que ponían "eat pussy not animals", se la había regalado ella misma para su último cumpleaños.
Nicole estaba mirándola fijamente a los ojos con una sonrisa de oreja a oreja. Se fijó que en una de sus manos sujetaba algo en alto. No, no, no podía ser verdad, tenía un condón hinchado a modo globo para recibirla. Negó con la cabeza sin poder evitar reírse.
-Vaya, Clarke ¿Te han crecido las...? -Nicole puso su mano libre a la altura de su pecho -¿El pelo?
-Una hostia en tu cara me va a crecer -Dijo mientras seguía riéndose -Abrázame y déjate de tonterías -Se acercó a ella quitándole el globo-condón de la mano y tirándolo al suelo.
Se fundieron en un abrazo en el que se transmitía todo lo que se habían echado de menos, todo el cariño que se tenían y todo lo que se querían. Todo ello unido en un abrazo de la hostia.
-¿Me estás oliendo el pelo? -Le preguntó a Nicole mientras seguían abrazadas.
-Tu pelo huele a lirios, la flor de los funerales, Clarke -Le susurró al oído.
-¡Eres una idiota! -La apartó de un empujón.
-Vamos, Clarky, ya sabes que bromeo.
Nicole se dirigió hacia la cama, se tumbó en ella quitándose las zapatillas con los mismos pies para seguidamente lanzarlas por la sala. El orden seguía sin ser lo suyo. Dio unos golpecitos en la cama dándole a entender que quería que se tumbara a su lado.
-Quizá sí que te asesinaré después del vis a vis -Le dijo mientras iba a gatas cama arriba.
Se tumbó a su lado, pero en seguida Nicole estiró el brazo dejándole el hueco justo para que apoyara la cabeza entre su hombro y su pecho. No lo dudó ni un segundo, colocó la cabeza en el pecho de Nicole, con el brazo le rodeó la cintura y cerró los ojos. Suspiró. Por fin se sentía en casa, era como si nada de todo aquello hubiera pasado. Nicole empezó a acariciarle el pelo con una mano y con la otra le hacía dibujitos por el brazo que tenía encima suyo. Dios, estaba en la mismísima gloria.
-Clarke...
-¿Mmm? -Estaba tan relajada que no podía ni articular palabra.
-Te quiero -Le dijo mientras le daba un beso en la cabeza.
Le respondió con un pequeño apretón con el brazo que tenía descansando en su cintura.
-¿Ahora no tienes que decir que tú también me quieres? -Le demandó su amiga.
-Eres muy dependiente para ser una loba solitaria ¿Sabes?
Se incorporó en la cama, pasó una de las piernas por encima del cuerpo de su amiga quedándose sentada frente a frente y a horcajadas. Nicole también se incorporó quedando sentada en la cama y con ella encima, su amiga le colocó los brazos por detrás de la espalda y con las manos le agarró suavemente del culo. Siempre había sido muy intensa. Ella rodeó con las piernas su cintura, le cogió la cara con ambas manos y mirándola intensamente a los ojos, le dio un pico y le regaló una sonrisa seguida de un te quiero.
Volvieron a fundirse en un intenso abrazo mientras que Nicole dejaba caer su cuerpo hacia atrás quedando completamente tumbada en la cama haciendo que Clarke la siguiera acomodándose encima suyo, no sin previamente quitar las piernas de alrededor del cuerpo de su amiga, no quería quedarse sin ellas. Amaba sus piernas, las usaba para andar.
-Menos mal que sigues queriéndome igual que siempre porque haber venido en ese autobús ya ha sido bastante castigo por hoy.
-¿Has venido en autobús? -Se extrañó -No existe catástrofe en el mundo que te prohíba coger el coche, ha tenido que pasar algo muy gordo -Usó su mirada amenazadora para que le contara la verdad.
-Clarke, desde que te has ido he cambiado ¿Sabes? Ahora soy más sociable, ir en bus es algo que haría una persona sociable -Dijo Nicole convencida.
-Lo has siniestrado, ¿Verdad? -Entrecerró los ojos.
-Lo aparqué en una bajada y se ve que se me olvidó poner el freno de mano y, bueno, digamos que cayó por un pequeño barranco... -Agachó la mirada avergonzada.
Tenía una amiga que era un puto desastre, desordenada y un puto desastre en general. Pero la quería, la quería con todo su ser y daba gracias a Dios cada día por haberla tenido durante prácticamente toda su vida. Se conocieron en el colegio, en el primer curso de primaria, las sentaron juntas desde el primer día y ya nunca más se separaron. Habían pasado todas las etapas de sus vidas juntas, hasta se iniciaron en el ámbito sexual juntas, porque ¿Por qué no? Se querían, tenían confianza y querían que la primera vez fuera con una persona especial, estaba escrito en la Bíblia, vaya que sí. Desde entonces se unieron más aunque siempre tuvieron claro que solo las unía un gran lazo de amistad. La ayudó a conquistar a Álex, su profesora de dibujo de entonces y ella como buena amiga le devolvió el favor ayudándola a meterse en la cama de la compañera de piso de su Álex. Siempre fueron un gran equipo. Lo que el primer curso de primaria unió que no lo separase nadie.
-Clarke, me encanta tenerte encima, lo sabes, pero tus enormes tetas me están ahogando ya -Fingió ir perdiendo la voz a medida que avanzaba en la frase.
-Eres más tonta... No pones tantas pegas cuando me las manoseas -Le dijo mientras soltaba una carcajada y se dejaba caer a su lado en el colchón.
-Eso es lo que te gusta de mi, Clarky, bueno, dime, ¿Cómo van las cosas por aquí? Me dejaste preocupada con la última llamada -Empleó un tono preocupado.
Realmente no quería hablar del tema, necesitaba desconectar de todo aquello, estar con su amiga como si estuvieran en su propia casa, juntas y haciendo sus tonterías de siempre, así que le contó por encima todo lo ocurrido en su pasado jueves-martes trece y le suplicó de mil maneras diferentes que no le hiciera más preguntas que ya la iría informando a medida le fueran pasando las cosas. No la recordaba tan pesada con la insistencia.
Recordar todo ese día la volvió a agobiar un poco y se colocó de costado dándole la espalda a Nicole.
Pasados unos segundos notó como el brazo de su amiga pasaba por encima de su cadera, abrazándola y sintiendo como terminaba de pegar todo su cuerpo completamente al suyo. Ese gesto la volvió a calmar. Le cogió el brazo con el que la abrazaba y se lo llevó al pecho dándole un suave apretón. Nicole incorporó un poco la cabeza para darle un par de besos en la nuca y volver a apretarla contra su cuerpo.
-¿Te gusta Lexa? Perdón, perdón, es la última pregunta que te hago, te lo prometo.
Sinceramente nunca se lo había planteado, pero si que era cierto que si se ponía a pensar en las sensaciones que había sentido después de ese intento de violación y como le salió el cuidarla y hacerla sentir mejor, la necesidad de que la perdonase y como la hacía sonreír cuando se volvía una maniática sin control... Podía ser posible que sintiera algo por esa guapa maniática, porque guapa lo era un rato, las cosas como eran. Pero ahora mismo lo que si tenía claro era que Nylah le había robado un poquito el corazón desde ese día en su celda, le gustaba y le gustaba de verdad, había conseguido volver a sentir algo más que solo deseo sexual después de lo de Álex y eso era algo impensable hacía tres días atrás.
-Puede ser que haya empezado a sentir algo por otra persona y no voy a decir nada más sin la presencia de mi abogado -Puso una sonrisa maligna aunque su amiga no pudiera verla.
-¿Con quién tengo que compartir a éstas dos? -Dijo Nicole mientras le tocaba los pechos con la mano que tenía encima.
-Se llama Nylah y se ha estado preocupando por mí desde que llegué, me cuida y me trata genial, Nics, no sé, me ha pedido conocernos más y es lo que estamos haciendo, de momento la situación es esta, me gusta y se que a ella también le gusto.
-Asegúrate del porqué de su condena, Clarke, no vayas a enamorarte de alguien del que puedas arrepentirte -Le aconsejó.
Le encantaba y le entraba un no sé qué por el cuerpo cuando Nicole se ponía en modo madre osa para protegerla. Tenía una facilidad para pasar de la broma a la seriedad que la dejaba fascinada.
-No creo que pueda llegar a enamorarme, solo me enamoré una vez y ya sabes de quién.
-Volverás a enamorarte, Clarky - Le susurró Nicole al oído.
Nicole la soltó de ese abrazo que le daba por la espalda y que tanto le estaba haciendo sentir. A los pocos segundos notó como su amiga se levantaba de la cama dejándola allí abandonada a su suerte en aquella fría cama. Se giró y se incorporó para averiguar el destino de su amiga, aunque muy lejos no podía haber ido; la visualizó ahí de pie, en braguitas y sujetador. ¿Qué tramaba ahora esa loca?
-¿Qué coño haces ahora, Nics? -Puso los ojos en blanco.
-Enseñarte que puedes enamorarte de nuevo -Colocó una mano en su cabeza y empezó a agacharse mientras sacaba el culo para fuera simulando una postura sexy.
-¿Como puede ser que cada vez estés más buena? ¿Qué me escondes? - Dijo mirándola de arriba abajo.
Nicole le respondió alzando y bajando las cejas un par de veces. Menuda gilipollas, lo había vuelto hacer, pasar de la seriedad a la broma en un abrir y cerrar de ojos. Entre carcajadas, Nicole volvió a la cama junto a ella, seguía en ropa interior así que se metió debajo de las sábanas.
-Quítate la ropa y métete dentro conmigo -Su amiga levantó un poco las sabanas.
Le gustó la idea, podía parecer una tontería, pero estando ahí encerrada con delincuentes de todos los grados, algo tan simple como poder estar en contacto cuerpo a cuerpo con una persona a la que quieres era reconfortante. Poder sentir esa sensación de calma que te produce un abrazo y ese sentimiento de estar en el lugar correcto con el contacto caliente de su cuerpo. Realmente necesitaba ese momento y sabía que Nicole también, su amiga había creado esa cómica situación para terminar en aquella cama abrazadas. Tenía calada a esa capo cómica que tenía por amiga.
-Podría pasar la condena entera entre tus brazos, no sabes la tranquilidad que me está transmitiendo este momento... -Dijo con voz totalmente calmada alargando las palabras más de lo normal porque empezaba a quedarse dormida entre sus brazos.
-¿Crees que le hará gracia a Nylah? Si es muy celosa podemos hacer un vis a vis a tres, ¿Cómo se llamaría? ¿Tris a tris?
-Eres tan imbécil que me obligas a quererte -Volvió a sacarle una carcajada.
Se quedaron dormidas después de estar un rato en silencio y abrazadas debajo de esas sábanas. Las despertaron unos golpes en la puerta anunciándoles que les quedaban cinco minutos de visita. Se miraron a los ojos y en seguida les aparecieron lágrimas en ellos, se dieron un largo abrazo y salieron de la cama para empezar a vestirse. Continuaban en silencio y aquello era raro, por lo menos por parte de Nicole. Pero también entendía que a veces su amiga se derrumbaba y no tenía ganas de hacer tonterías y decir frases ocurrentes.
-Clarke.
-Dime -Se giró porque estaba dándole la espalda mientras se vestía.
-Te echaré de menos -Le dijo con los ojos llenos de lágrimas.
Le dolió ver a su amiga tan triste, así que cogió las riendas ella esta vez. Eran un jodido equipo de la hostia.
-Podemos hacer un vis a vis o tris a tris... -Le guiñó el ojo -... una vez al mes, además, te llamo cada día prácticamente, podría ser muchísimo peor, ¿No? -Terminó con una de sus sonrisas encantadoras.
-Tienes razón, me gusta el drama ya lo sabes, ven aquí anda -Estiró los brazos para que fuera a abrazarla.
Mientras estaban en ese abrazo de despedida notó como Nicole empezaba a quitar los brazos de su espalda y los deslizaba hacia delante cogiéndole ambos pechos y agachándose a la altura de ellos.
-Vosotras dos, ni se os ocurra traicionarme, nada de que os guste más que os toque Nylah que yo ¿Eh? Hemos compartido muchos años, os he hecho disfrutar, lo sabéis, y a esta tipa la acabáis de conocer, sería muy dura para mí esta traición. Confío en vosotras, bebés -Y les dio un beso a cada una la muy imbécil. No sabía si reírse a carcajadas o darle un guantazo por ser tan tonta. ¿No estaba en pleno drama hacía dos segundos?
Finalmente se decantó por un capón en la cabeza y se dirigió hacia la puerta. Una vez empuñado el picaporte de la puerta que las iba a separar se giró para verla una última vez, Nicole había hecho exactamente lo mismo, así que ahí estaban las dos diciéndose un te quiero con la mirada aunque luego Nicole lo expresara también en forma de corazón con sus manos.
Salió por la puerta y con ello la realidad más absoluta volvió a ella. Estaba en la prisión y aun le quedaba una larga condena por cumplir.
Fue directa a la sala de inspección, ya no la ponía nerviosa porque les hacían inspecciones prácticamente por todo, así que en poco menos de cinco minutos ya estaba saliendo de la inspección para volver a su celda.
La agente Ontari la frenó.
-Espere Griffin, su visita le dejó esto -Ontari le tendió lo que parecían dos libros.
Volvió sobre sus pasos cogiendo lo que le estaba entregando la agente y, cuando vio que tenía en sus manos lo que parecían dos libros con los títulos "Final de Sense8" y "Nueva serie: Killing Eve", le apareció una sonrisa de felicidad tan grande que la agente Ontari no pudo resistir comentarle que quería verla siempre con esa sonrisa dibujada en la cara.
Y hasta aquí el noveno capítulo de Azgeda. ¿Qué os ha parecido?
Y como la semana pasada no actualizamos por todo el ajetreo del Fanfest... Este viernes os regalamos un capítulo más largo.
Raven no se cree que Bellamy no haya visto quién le apuñaló. ¿Vosotras qué creéis?
¿Qué tramarán la peluquera y el mamut? ¿Cómo recuperará la tarjeta Clarke?
Nylah ha entrado pisando fuerte... ¿Quién no se rendiría a esta Nylah? Lexa seguro que no...
Amamos fuerte la relación de Nicole y Clarke, por fin han tenido ese vis a vis que tanto necesitaban ¿Lo habéis disfrutado tanto como ellas? ¡¡Nosotras siiiiii!!
Este capítulo, especialmente la parte del vis a vis, lo queremos dedicar a una de nuestras lectoras que está pasando por un mal momento. Ami"J"a, sabes que este cambio será para bien, lo sentimos así en nuestras entrañas, y lo que dicen las entrañas va a misa. Igualmente, aquí estaremos para apoyarte y levantarte si hace falta.
Un abrazo perezoso a todxs.
