LOS PERSONAJES SON DE STEPHANIE MEYER, LA HISTORIA ES COMPLETAMENTE MÍA
Cena con los Cullen
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Bella
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Decir que vivo un sueño es poco, la vida puede ser algo maravilloso en ocaciones.
Durante las pasadas semanas las cosas cambiaron más de lo que lo han hecho en los últimos años, hace ya tres semanas que comencé la universidad y llevo el mismo tiempo viviendo con Alice en nuestro apartamento. Edward tenía razón, vivir con ella puede llegar a ser una locura pero la verdad no está nada mal.
La próxima semana cumpliría dos meses como la novia oficial de Edward Cullen, durante todo este tiempo no habíamos avanzado más allá de las sesiones de besos, hablamos sobre el tema pero él siempre decía que era algo por lo que no debía preocuparme, cuando estuviera lista para dar ese paso simplemente sucedería.
Admito que por un lado quería ir más allá con mi novio pero por otro sentía miedo, cuando le pedí consejo a mis amigas Rosalie me aseguró que es una reacción normal ante algo desconocido mientras que Alice confesó que se sintió igual con Jasper la primera vez. Pero ahora, después de todo este tiempo, sentía lista para dar ese paso por lo que estaba decidida a aprovechar la oportunidad en cuanto se presentara.
Salí del baño envuelta en una toalla para encontrar mi ropa perfectamente colocada sobre la cama, rodé los ojos cuando noté que mi camiseta blanca favorita había sido sustituida por una remera color marfil sin mangas, lo acepté de todos modos con tal de evitar el drama de Alice si me negaba.
Hoy era un día especial, ibamos a la casa de los Cullen para que Edward finalmente me presentara como su novia ante sus padres. Sé que él hubiera querido hacer esto antes, y siendo sincera yo también, pero entre nuestros trabajos y mis clases nos fue imposible realizar este viaje relámpago a Forks.
Esme y Carlisle no sabían sobre nuestra relación, queríamos sorprenderlos con la noticia por lo que le prohibimos a Alice decir alguna palabra al respecto. Está de más decir que no le gustó para nada pero no tuvo otra opción que aceptarlo, Rose también ayudó amenazando dolorosamente a Emmett por si alguna de sus bromas arruinaba nuestra sorpresa.
Terminé de prepararme justo en el momento que sonó el timbre, oprimí el botón de la entrada en cuanto reconocí la voz de mi hermana. Acordamos que los chicos pasarían por nosotras tres al apartamento ya que Emmett tuvo que ir a la redacción del Seattle Times muy temprano en la mañana para acabar su articulo sobre el último juego de los Mariners.
―¡Bella! ¡¿puedes abrir tú?! – gritó Alice desde el baño, regresé a la habitación a dejar el peine sobre la mesita antes de correr a la puerta. Rosalie entró con una gran maleta azul rodando trás ella, la miré divertida, probablemente llevaba ropa como para un mes.
―No digas nada Isabella – contestó al ver mi mirada, yo negué sin borrar la sonrisa.
―¡¿Quién es?! – volvió a preguntar tontamente Alice desde el baño.
―¡Yo! – Rose se acomodó en el sofá – te ves bien Bella, me gusta tu blusa.
―Gracias – murmuré aguantando las ganas de rodar los ojos, ella sabía que no era mía.
―¿Qué demonios hace Alice allí dentro?
―Lo de siempre, lleve más de veinte minutos en el baño – reí.
―¡Las escuché! – exclamó la chica en la entrada de la sala – entonces, ¿qué tal me veo?
―Fantástica.
Alice asintió satisfecha y se marchó al dormitorio por su maleta, volvió con una color granate casi tan grande como la de Rosalie. Reí suavemente, al parecer era la única que no sentía la necesidad de llevar la mitad de mi guardarropa para un fin de semana.
Los chicos aparecieron un par de horas más tarde, Alice y yo revisamos por última vez el apartamento antes de bajar con Rose.
Emmett fue el primero en llegar, al ver a su novia se bajó del Jeep para ayudarla con su equipaje, la miró un poco sorprendido, imagino que por el volumen de ropa, pero ella lo ignoró, ambos saludaron antes de ponerse en carretera. No pasaron más de cinco minutos cuando Jasper estacionó a nuestro lado, al contrario de Emmett no hizo ningún comentario acerca del equipaje, supuse que ya estaba acostumbrado, Alice es de esas mujeres que siempre está preparada para toda ocación. Edward apareció mientras Jasper guardaba el equipaje, se bajó del Volvo riendo al ver a su cuñado pelear con la maleta de Alice mientras está le pedía que fuera cuidadoso.
―Buenos días amor mio – saludó besando mis labios.
Suspiré, jamás iba a cansarme de esto.
―Buenos días, cariño.
―¿Y tu equipaje? – preguntó mirando a todos lados, yo reí y le señalé el bolso deportivo en mi espalda. Supongo que buscaba otra maleta como la de Alice – ¿es todo?
―No necesito más – aseguré – y si lo hiciera sé que tu hermana lo lleva por mi – él rió y tomó el bolso de mi espalda, lo guardó en el maletero junto con uno gris de tamaño similar al mio.
―¿Cómo te sientes? – preguntó encendiendo el coche.
―Bien, un poco nerviosa pero bien.
―No tienes por qué, mis padres te adoran – si, pero como la amiga de su hija no como la novia de su hijo.
El viaje fue excelente, Edward y yo teníamos gustos bastante similares en cuanto a la música, afortunadamente, así que durante el camino escuchamos varios de los exitos de nuestras bandas favoritas incluyendo Linkin Park. Era imposible aburirse con él.
Poco antes de llegar a Forks comencé a ponerme nerviosa nuevamente, pero no por sus padres. No había pisado Forks desde el accidente, Edward apretó mi mano al notar el cambio, él sabía sobre esto, incluso sugirió invitarlos a Seattle unos días porque de esa forma no yo no tendría que viajar a Forks pero me negué. Sé que a su lado podré hacerlo.
Estacionó su Volvo junto al Jeep de Emmett y al Mazda de Jasper, los cuatro se encontraban con Carlisle y Esme. Alice estaba abrazada a su padre mientras que Esme reía con algo que Rose decía. Edward me miró y asentí, ambos bajamos del coche al mismo tiempo atrayendo las miradas de todos, mi novio se acercó a saludar a sus padres conmigo detrás.
―Bella querida, es una alegría verte.
―Esme, me da gusto verlos también – la abracé y luego besé a Carlisle en la mejilla.
―Alice debiste decirnos que traerías a Bella – reprendió suavemente a su hija – habría hecho algo especial para ella.
―Mamá, yo no la traje – negó Alice con una sonrisa.
Esme parecía confundida al igual que Carlisle.
―De hecho, yo la traje – comentó Edward mirnado a sus padres.
―Hijo, no sabíamos que conocías a Bella – ahora habló Carlisle.
―Oh, si que la conoce – Rosalie golpeó en el hombro a su inoportuno novio. Edward lo fulminó con la mirada.
―Mamá, papá – pasó su brazo sobre mis hombros – Bella es mi novia.
Esme jadeó y se lanzó a abrazarme otra vez, pude ver sobre su hombro a un sonriente Carlisle felicitando a Edward por la noticia.
―¡Eso es maravilloso! – exclamó ella en una forma muy de Alice – bienvenida a la familia, querida.
―Gracias – reí aliviada.
―Edward, no pudiste elegir una mejor mujer – me sonrojé causando la risa de todos.
―Lo sé padre, es la única para mí.
Carlisle y Esme quisieron saber la historia completa de como comenzó nuestra relación, les contamos todo, desde el día que me rescató hasta que llegamos aquí. Se sorprendieron un poco pero coincidieron en que éramos prefectos para el otro.
El resto de la tarde pasó entre risas, era gracioso ver a Emmett avergonzar a Edward y al revés, horas después mi novio y su padre se habían marchado para discutir algo sobre un caso de Edward en el hospital, Rosalie y Alice se encerraron en sus habitaciones a desempacar mientras que sus novios decidieron salir por provisiones de cerveza para la noche, así que decidí ayudar a Esme con la comida.
La cena fue espectacular, todos nos felicitaron por la comida. Esme y Carlisle se retiraron poco después de acabar quedando solo los chicos y nosotras, hablamos durante una hora más.
Emmett y Rosalie fueron los primeros en despedirse, Alice y Jasper los siguieron rápidamente quedando solo Edward y yo en el comedor así que subimos también.
Ibamos a dormir en la misma habitación, como todas las parejas. Cuando su madre lo sugirió él preguntó si me molestaba y le aseguré que no.
No estaba asustada estaba decidida, si algo iba a pasar esta noche entre nosotros no haría el menor intento por detenerlo.
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Edward
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Como predije mis padres tomaron muy bien nuestra relación, a pesar de los temores de mi novia sabía que no les caería mal la noticia. Esme se disgustó un poco porque no le contamos desde el principio pero cuando le aclaré que queríamos sorprenderlos ella lo entendió.
El día resutó mucho mejor de lo que hubiera imaginado, pude hablar con mi padre como lo hacía antes de marcharme a Londres, también disfruté de la comida de mi madre esta vez ayudada por Bella. Desde mi regreso solo vi a mis padres dos veces, me sentía feliz de estar aquí de nuevo.
Esme y Carlisle se despidieron casi al terminar la comida alegando que estaban cansados, los más jovenes nos quedamos otro rato en la mesa hablando, acepté más que nada porque todavía no estaba listo como para acostarme en la misma habitación que Bella.
Como novios, unos que llevan ya dos meses juntos, todos asumieron que dormiríamos juntos, ella no se negó así que yo tampoco lo hice, después de todo esta no es la primera vez que dormimos en la misma cama. Ella solía quedarse en mi apartamento algunas veces, o sino cuando Alice desaparecía con Jasper y la dejaba sola yo le hacía compañía. Si bien ya dormimos juntos varias veces no hemos tenido intimidad, debo aclarar que fue mi decisión, ganas no me faltaban pero quería estar seguro de que ella estuviera lista para dar ese paso conmigo.
A veces se me hacía muy dificil estar a su lado y no tocarla, cada vez tenía que controlarme más y estaba empezando a dudar de mi fuerza de voluntad.
―Estoy cansada – aceptó Rosalie al cabo de un rato – vamos a dormir Emmett, buenas noches – mi hermano la siguió sin rechistar escaleras arriba.
Encontré extraño cuando mi cuñada le guiñó a Bella, la miré interrongante pero ella simplemente sonrió.
―Nosotros también deberíamos acostarnos – sugirió Alice a su novio.
―Es verdad, ya son casi las dos de la madrugada.
Los dos saludaron brevemente, tampoco se me pasó por alto la rápida mirada de Alice.
―Creo que estamos solos – Bella me miró con una sonrisa – ¿quieres ir a acostarte? – asentí tomándola de la mano y guiandola a mi habitación.
No dormía en esa habitación desde que era un adolescente, todo lucía exactamente igual a la última vez que estuve allí. Me senté sobre la cama observando como Bella buscaba en su bolso su pijama, cuando notó mi mirada me sonrió brevemente antes de encerrarse en el baño.
Suspiré, iba a ser una noche larga.
Aproveché que estaba solo para cambiarme, acomodé la ropa del día sobre una silla y me dejé caer sobre la cama. Bella salió poco después, vestida con un pequeño short que apenas tapaba su trasero y una blusa elastizada que se pegaba a su cuerpo, parecía hecha para torturarme.
Dejó su ropa junto a la mía y se subió a la cama acurrucandose junto a mi.
―¿Fue un buen día, verdad? – preguntó, asentí.
―De los mejores, ¿ya no estás nerviosa?
―No – me miró sonriendo – sé que estaba siendo tonta pero no podía evitarlo.
―Nunca te consideraría una tonta.
Ella rió y se acomodó encima de mi, envolví mis brazos alrrededor de su cintura.
―Tu mamá mencionó que al contrario de Emmett y Alice nunca trajiste nadie a casa, ni siquiera una novia del instituto. Me alegra ser la primera.
―Eres la primera, y planeo que seas la única – admití, sus ojos brillaron y sus labios esbozaron una maravillosa sonrisa.
Acercó sus labios a los mios suavemente, yo por supuesto le correspondí. Nuestro beso se volvió más apasionado, sus manos se colaron debajo de mi camisa y acariciaron mi espalda, una sensación placentera recorrió mi cuerpo. Mis dedos recorrieron la piel de su cintura, estaba perdiendo el control y si no paraba ahora mismo no podría hacerlo después.
Separé nuestros labios unos centimetros intentando tomar aliento para hablar.
―Bella, sabes que te deseo, si no paras ahora no voy a poder controlarme – mi voz sonó ronca, respiré hondo e intenté alejarme pero ella no me lo permitió.
―¿Y que si yo no quiero que te controles? – la miré por un segundo, ¿está diciendo lo que creo que está diciendo?
―¿Cómo dices?
―Quiero estar contigo – murmuró contra mis labios.
―¿Sin presiones? – tenía que preguntar.
―Sin presiones, quiero ser tuya.
―Tu ya eres mía, – uní nuestros labios nuevamente – pero promete que si te arrepientes me lo dirás.
―Lo prometo.
Volví a besarla, recorrí con mis labios desde su oido hasta su cuello saboreando cada parte de esa hermosa mujer. Bella se apretó más a mi gimiendo, sabía que esta era su primera vez y quería hacerlo tan especial como fuera posible para ella.
Nos giré en la cama y me coloqué sobre ella yendo más allá de lo que antes me había permitido. Nuestra ropa fue desapareciendo lentamente mientras que recorría su cuerpo con suavidad. Me ocupé de cada porción de su anatomía, todo en ella era perfecto, todo en ella debía ser amado, adorado y besado.
―Te amo – le susurré.
Sus hermosos ojos brillaron con amor y deseo.
―Te amo – contestó roncamente mientras me adentraba en su interior.
Entonces, con nuestros cuerpos y nuestras almas completamente unidas, me aferré a ella y me dejé llevar.
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Bella
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Me despertó la luz de la mañana, giré en la cama perezosamente disfrutando de la sensación cálida en mi cuerpo. Abrí los ojos para encontrarme con la imagen mas hermosa de todas, allí estaba, completamente dormido, su expresión tranquila y relajada me hizo sonreir.
Me acerqué más a él haciendo que nuestros cuerpos desnudos se rozaran, una sensacion maravillosa, y comencé a acariciar suavemente su cabello recordando la noche anterior. No podía comparse a cómo imaginé que sería, ninguna idea se asemejaba siquiera, sonreí pensando que ahora yo era completamente suya y él era totalmente mio.
―Espero que esa sonrisa sea por mi – susurró con voz ronca sorprendiéndome.
―¿Por quién sino? – pregunté divertidamente, él gruñó alguna cosa antes de envolverme en sus brazos.
―Esta es una magnífica forma de comenzar el día.
―Lo es – contesté inclinándome para besarlo plácidamente, sin ninguna prisa.
Edward rió y nos giró colocándose él encima de mi, crucé mis brazos detras de su cuello y lo acerqué a mis labios. No se resistió.
―¿Cómo te encuentras? – preguntó con suavidad pero noté la preocupación en sus ojos, me costó un segundo comprender de qué estaba hablando.
―Estoy bien, más que bien.
―¿Segura? – insistió.
―Por supuesto – eso pareció calmarlo por completo.
Edward escondió su rostro en mi cuello, giré mi cabeza y noté el reloj en la mesita, eran poco más de las diez, probablemente deberíamos levantarnos.
―Sé que deberíamos levantarnos antes de que a alguien se le ocurra pasar a ver por qué demoramos tanto pero no quiero salir de esta cama ahora – él rió.
―O antes de que Emmett acabe con el desayuno.
―Es otra posibilidad – suspiré y haciendo acopio de toda mi fuerza lo liberé.
Edward se separó de mi con una sonrisa no sin antes dejar un casto beso en mis labios, salió de la cama y tomó una toalla del armario antes de entrar al baño dándome una completa visión de su trasero.
Supuse que debía estar avergonzada o algo así, pero en realidad no lo estaba, todo esto se sentía comodo y natural para mi ahora, como si el estar desnuda junto a él fuera lo más normal del mundo.
Muy interesante.
Yo también me levanté, me coloqué la remera y el short de la noche anterior antes de sacar una toalla para mi también del armario, comencé a recoger las cosas que estaban esparcidas sabiendo que en cualquier momento alguien podría entrar, sobre todo teniendo en cuenta la hora y las risas que venían del piso de abajo.
Edward apareció minutos después con solo la toalla envolviendo su cintura luciendo completamente irresistible, me recordé a mi misma que alguien podría entrar así que tomé lo que necesitaba y me encaminé al baño antes sucumbir al deseo de saltar sobre él.
Por supuesto no me lo permitió.
―No sé por qué me da la impresión de que estás escapando – contestó colocando sus manos en mis caderas.
Mi respiración se agitó.
―Deberias vestirte – ignoré su provocación y me las arreglé para escabullirme de sus brazos.
Lo último que sentí al cerrar la puerta del baño fue su risa.
Fue entrar en la cocina y todas las miradas se dirigieron a nosotros, sentí mi cara calentarse mientras que Edward ignoró a todos y nos condujo a la mesa como si nada. Rosalie me observó sonriente al igual que Alice y Jasper mientras que Emmett tenía una expresión pensativa, Carlisle y Esme se vieron divertidos por la situación.
―Buenos dias a todos – saludé en general sentándome.
Edward hizo lo mismo.
―Hola chicos, llegan justo a tiempo para acabar con el desayuno – rió Esme.
―Seh, ¿qué les tomó tanto tiempo allí arriba? – presionó Emmett lascivamente.
Alice rió.
―Lo de siempre, seguro sabes de que hablo – Edward se encogió de hombros tomando una de las espectaculares tostadas francesas de su madre – o tal vez no – todos rieron ante la cara de Emmett, incluyéndome.
Afortunadamente nadie hizo más insinuaciones por lo que el tardío desayuno contunuó con tranquilidad.
Para la tarde Edward y yo decidimos dar una caminata, recorrimos un poco de Forks por lo que pude encontrarme con algunas personas conocidas, por un momento pensé que eso me trería malos recuerdos pero, para mi sorpresa, fue todo lo contrario. Me detuve varias veces para saludar a viejos amigos de mis padres, personas que no había visto en tres años, todos ellos manifestaron su alegría ante mi completa recuperación y nos desearon a Edward y a mi muchas felicidades.
Volvimos a la casa de los Cullen poco antes de la cena, Esme isistió en que cenaramos con ellos antes de partir ya que no la volveríamos a ver en varias semanas.
El viaje de vuelta fue igual que el anterior, Edward y yo hablamos todo el tiempo, sobre todo de nuestros planes para la semana.
―Te llamaré mañana – susurró sobre mis labios ya frente a mi apartamento.
Al otro día él tenía trabajo en el hospital y yo debía ir a clases por lo que durante los próximos días nuestra comunicación sería básicamente telefónica. No quería despedirme todavía pero no me qudaba de otra.
―Estaré esperando, te amo – lo besé por última vez antes de desabrochar el cinturon de seguridad.
―También te amo.
Bajé del coche y saqué mis llaves del bolso, como siempre él estaba esperando que entre en mi apartamento antes de marcharse. Le lancé un beso del otro lado de la puerta de vidrio sabiendo que me vería, me volteé en el momento que sentí el motor encender.
Subí sin prisa las escaleras hasta el tercer piso, Alice ya estaba en casa, esquivé la maleta que estaba tirada en el medio de la sala y me encaminé a mi habitación preparándome para comenzar una nueva semana.
Esto es todo por ahora, espero les haya gustado... gracias por sus comentarios, alertas y favoritos... hasta otro capítulo.
