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09# Ropa.
No sabía por qué los humanos siempre llevaban ropa encima.
En todos los lugares iban con prendas, ya fuera en el centro comercial, por la calle, dentro de casa, incluso en la playa donde podían derretirse por el calor; podían ser piezas de tela muy gruesa, de diferentes colores, con diferentes formas, incluso había ropa para la cabeza.
Y no sólo eso, se ponían histéricos cuando alguien los veía sin nada: gritaban, pataleaban, ser avergonzaban y salían corriendo a otra habitación, ¿por qué? ¿Algo no estaba bien con sus pieles? Quizá no resistían el sol, o les daba frío, o tal vez eran débiles… aunque tampoco entendía, porque los animales no necesitaban ropa.
Ellos como gatitos les estorbaría al momento de hacer sus incursiones gatunas, y si tenían calor o frío, buscaban una sombra o el calor de un lugar cerrado.
Qué raros eran los humanos.
No sabía si también las hembras de su espese se complicaban más, pero lo que había visto en Ryan era bastante sencillo: no tenía mucha ropa, sólo algunos pantalones, unas cuantas camisas, playeras, un par de trajes formales, unas chaquetas… pero en los cajones del ropero junto a la ventana sí tenía más cosas. Ignoraba si su propósito era diferente.
Sin duda la piel de un gatito era lo mejor porque siempre era pachoncita, suave, tersa y linda; funcionaba para todo, se veía bien, ¡eran la envidia! Los humanos nunca tendrían el placer de contar con un pelaje así.
Por otro lado, admitía que Ryan tenía cosas coloridas que ponerse.
A veces sería divertido usar un trajecito de Star Wars o de The Hobbit, ¡sería el minino más genial del mundo!
…
Ese día, no obstante, su humano estaba en histeria.
Cuando entró al cuarto comenzó a abrir sus cajones, a buscar cosas que ni él mismo sabía.
Se colocó patitas arriba viendo curioso cómo sacaba más y más ropa… ¡Meow! ¡Cuántas cosas! Todo caía poco a poco en el suelo, hasta que parecía lleno.
Tuvo que saltar a la cama por correr el riesgo de quedar atrapado, ¡parecía un desierto de ropa! ¡Meooow! ¡Dunas de mezclilla y serpientes en forma de bufandas!
— ¡N-No puedo creer que esto esté pasando! — elegía entre dos prendas que luego salieron volando — ¡Gatitoooo! ¡¿Sabes qué pasó?!
— ¡Meow! – eso era un "No".
— ¡Emil…! ¡Emil y yo formalizamos nuestra relación!
¿Emil? ¿Quién era Emil? Le sonaba… uhn… ¡ah! ¿No era ese chico de cabello platino y ojos azules? Algo serio pero siempre rojo cuando estaba cerca de Ryan.
No sabía que siguieran viéndose, lo último que supo fue que salieron al parque de diversiones hacía meses, ¡pero era algo bueno! No había mejor humano que el suyo, así que se alegraba de que pudiera divertirse con otros humanos a parte de sus hermanos y de ese chico raro de Japón que formaba equipo con él en los juegos online.
— ¡Para eso va a presentarme a su hermano! ¡Qué nervios! ¡No quiero morir! Pero debo acudir, ¡ganaré la mano de Emil! Debo llevar todos mis amuletos de la buena suerte.
Iba a maullar pero… ¡waaa! ¡Todo se volvió oscuro! Estaba… debajo de una playera negra.
¡Trató de liberarse! Aun cuando caía más ropa sobre él intentaba liberarse, ¡meeeoooow! ¡No quería morir asfixiado! Pronto todo se volvió más pesado y sólo alcanzó a sacar su naricita para no ahogarse, ¡meoooow!
Fue entonces cuando escuchó el sonido de la ducha y luego el de la puerta… ¡salió! ¡Ryan salió y él seguía debajo de tooodooo! ¡NOOO!
Rodó, arañó, tomaba bocanadas de aire y volvía a luchar, ¡hasta que se cayó! Todo mareadito logró deslizarse hasta tener toda la cabecita de fuera, quedándose así hasta que regresó Ryan en la madrugada.
¡Que no se quejara del desastre! ¡Fue necesario para sobrevivir! Su humano comprendió cuando lo sacó y lo cargó para mimarlo.
Todo estaba lleno de pelos y varias piezas arruinadas.
¡Era supervivencia del más fuerte!
