Título: Sangre amarga

Sumary: Una nueva novia llega a la mansión Sakamaki luego de un largo periodo sin sacrificios como reemplazo de la anterior. Yui sigue viva y ha llegado el momento de elegir sólo a uno para convertirse en Adán.

Advertencias: Ooc, FC (Fan Character), Drama, Lenguaje adulto, Situaciones para adultos.

Cantidad de palabras: 1,672/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece, es de Reject. Sigo negociando los derechos de la Yui y del Carlitos, pero nomás no ceden xD

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"Dentro de mí hay un sentimiento que grita.

De un color rojo brillante..."

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La nueva humana que habitaba en la mansión Sakamaki suspiró de frustración y amargura, cansada de las varias vueltas que había dado recorriendo el terreno desconocido sin resultados. Su búsqueda había resultado inútil pues a pesar de haber revisado cada rincón de la casa y los jardines, e incluso habiendo llegado a pasadizos secretos en los que temió quedar atrapada, jamás encontró a Yui, parecía que no había ningún rastro de la humana. Quizás lo único que le faltó de revisar fueron los cuartos de los vampiros, pero decidió que no sería una buena idea molestarles y que a alguno se le ocurriera la fabulosa idea de intentar matarla.

Todavía podía intentarlo, pero si era sincera consigo misma, si Yui llegaba a estar con alguno de ellos poco podría hacer por quitárselas de las manos, era humana, no tonta, y ya había notado que su condición de simple mortal era nada en contra de su fuerza sobrehumana. Al menos con toda esa situación había logrado hacer un mapa mental de varias posibles salidas, había dos túneles que conducían al jardín principal, aparentemente correr por ahí era la única forma de salir rápidamente, entre comillas, puesto que todavía había un enorme tramo para caminar que estaba completamente a la vista de todos y el resto de los alrededores eran kilómetros y kilómetros de bosque antes de lograr encontrar alguna barda, si es que la había, y por pura suerte lograba no perderse antes en el intento.

La primera opción le garantizaba ser atrapada de inmediato, y examinar los bosques le llevaría tiempo, aunque Rui tenía la ligera impresión de que ese sitio tenía muchos más secretos de los que podría haber descubierto en cinco horas de exploración.

Con tanto por hacer la rubia comenzaba a preguntarse si su escape tendría sentido, pues desconocía las distancias a las que podrían localizarla con el olfato aquellos sujetos. Si terminaba en medio del escape ocultándose y siendo rastreada al minuto por su aroma su esfuerzo sería en vano y tal vez acabe muerta finalmente. Su esperanza estaba en que no les importara que la humana indeseada se largara, pero era una probabilidad del cincuenta-cincuenta, demasiado al azar como para probar.

Empezaba a molestarle que la determinación que la había apoyado desde el inicio y la hacía permanecer firme hasta ahora se estuviera desmoronando, pero todavía no quería darse por vencida. Le quedaba el hecho de que los Sakamaki no tenían el más mínimo interés en ella y a ello debía aferrarse para salir. Bufó frustrada, era demasiado para analizar ella sola con toda la información que desconocía, y lo peor es que la única que podría ayudarla estaba desaparecida.

Sus pasos desganados la llevaron de regreso a la estancia principal del domicilio, dispuesta a subir directamente a su cuarto de una vez por todas y esperar a que ella volviera, si es que ocurría. Los idiotas eran capaces, pero dudaba de que llegaran a ese punto, estaban obsesionados y no la dejarían ir tan fácilmente.

Justo como él... jamás la dejó irse...

La confusión momentánea de un pensamiento al azar detuvo su pesaroso andar.

—¿Él?

Rui se giró, demasiado extrañada por aquella frase, y luego observó el lugar con paranoia, buscando a alguien más capaz de decirle aquello sin encontrarse con nadie a quién adjudicarle esa oración. Miró con detenimiento sus manos temblorosas y se dejó llevar por la punzante sensación de dolor en su cabeza, temiendo que fuera a desmayarse de nuevo en medio de la sala y a merced de los locos imbéciles.

¿Aquello había sido un pensamiento suyo...?

Quizás estaba recordando, pero era realmente doloroso como para alegrarse por eso. No sólo era el dolor físico que le provocaba cada desliz de imágenes en su cerebro, no podía explicarlo, como la rabia engullía gran parte de su raciocinio solo al imaginar dos figuras que no recordaba para nada y la enorme desesperación que oprimía su corazón pero definitivamente podía vivirlo en carne propia.

Un pequeño destello de colores oscuros que cegó su visión vino de pronto, azorándola, junto a la imagen que inadvertidamente trataba de enfocar pues apenas era clara. En ella veía a un hombre de aspecto apenas presentado, sosteniendo a una figura mucho más borrosa, de lo que suponía era una mujer por su pequeño tamaño, comparado al de él. Ellos discutían, de alguna forma sabía eso, pero mientras la joven intentaba apartarlo él la obligaba a permanecer entre sus brazos y al calor de sus besos frenéticos mientras ella apenas y podía resistirse.

Quiso avanzar, enfrentarse a ellos pero era incapaz de moverse o de hablar, la invadía una gigantesca sensación de miedo y alerta, parecía que en su recuerdo su presencia se negaba a ser descubierta. Rui sentía como empezaba a entristecerse por igual, no le gustaba verla sufrir, pero de alguna forma ella estaba mal.

Mamá debía querer a papá.

Podía ver sus propias manos, pequeñas, como las de una niña, abrazándose a sí misma para no llorar junto a su madre y delatarse, pero los ojos rojos de ella pudieron advertirla primero y le pidieron en silencio que se marchara de la escena, tratando de mentirle, como siempre, intentando decir que ella estaría bien.

Nunca era verdad.

Rui podía ver con impotencia el reflejo brilloso que caía de la altura de sus ojos imprecisos, hasta que poco a poco estos se tornaban más exactos en su forma, tintándose sus pupilas del rojo carmesí más intenso que jamás haya visto antes. Pronto toda aquella escena se fue oscureciendo rápidamente, mareándola hasta que nada quedó.

[+][+][+]

—¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo? —cuestionó Yui alarmada, rondándola demasiado.

Sí, necesito que te vayas...

No sabía porque no podía decírselo. Era tan simple, podía incluso alegar estar cansada, pero se sentía incapaz de enfrentar sus ojos rosados llenos de preocupación. Aparentemente se había desmayado por el gran esfuerzo de recordar parte de su pasado, (de nuevo), y esa rubia había estado ahí todo el tiempo para cuidarla, a su lado, como si fuera su madre. No sabía cómo pero la había logrado subir a su habitación e incluso tuvo la osadía de lanzársele encima llorando de felicidad en cuanto había abierto los ojos, y ahora la tenía forzosamente recostada sin la posibilidad de moverse.

Definitivamente sería una mamá frustrante.

Necesitaba tiempo para pensar a solas de dónde había provenido ese sueño y es que de verdad era uno de sus recuerdos pero la molesta humana no se lo permitía. Era demasiado amable para su propio gusto, aunque muy en el fondo le agradaba un poco, sólo un poco, que ella estuviera así de asustada por su causa y lo atribuyó al hecho de que cualquiera se sentiría agradecido por semejante gesto, era normal.

Un pequeño ruido a su derecha la hizo alertarse, al verla con el plato en mano y una gran sonrisa mientras le extendía una cucharada la hizo retractarse, ahora quería forzarla a comer

—Oye, no...—balbuceó antes de ser semi asfixiada por la comida que entró intempestivamente en su boca. Masticó rápido para poder hablar. —¡No tenías por qué hacer eso! —protestó. La rubia de cabello platinado la ignoró deliberadamente e hizo el ademán de intentar de nuevo lo mismo, pero lo evitó a tiempo. —¡Maldita sea, Yui!

Ella siguió mirándola como si no pasara anda, más dejó el alimento en el buró de al lado y se concentró en acariciar su rubio cabello con destellos de rosado. —Te lo prometo, Rui...—murmuró suave, el eco de su voz era tan dulce que le causaba nauseas. Era tan agradable como odioso pensar, que ahí con esa pequeña mujer entre sus brazos, se sentía querida por una extraña y eso no era nada normal. El gesto repentino la dejó paralizada e iba a alejarla de golpe, pero se contuvo para dejarla hacer y enfocarse en averiguar sus intenciones. —No me importa lo que pase, yo te voy a cuidar.

—¿En verdad puedes hacerlo? —cuestionó con ironía, recordando el tono altanero de aquél pelirrojo y sus palabras, apartándola de la misma manera violenta que él apenas unos momentos atrás. Creyó que diría algo más trascendental, pero al parecer su fase de madre sobre protectora era para lo que vivía, así pudiera matarla. La más alta pudo ver como su cara pasaba de la pena al desconcierto, sin embargo esos ojos piadosos seguían clavados en ella como dagas. Cada vez la detestaba más. —Ellos lo dijeron, "no eres capaz ni de defenderte sola", ¿qué demonios podrías hacer por mí?

—Puedo protegerte —aseguró.

La vio sonreír. Una sonrisa repleta de una maliciosa tristeza, con sus orbes rosados brillando con determinación. Rui pudo sentir una punzada en su pecho al verla, el doloroso sentimiento se incrementaba gradualmente por causa de esa humana y un burbujeante rencor en su contra nació del pecho directo a la boca.

Quería que se retractara, deseaba ser capaz de hacerla retractarse de sus palabras pues parecía ser el punto débil de la mujer, que su charla no funcionara. Anhelaba lograr que sintiera la misma frustración que le hacía vivir con su sola presencia y dejó ir aquella frase que pensó la acobardaría, sin imaginar todo lo que desencadenaría a futuro.

—Si lo que dices es verdad...entonces déjame salir de aquí.

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La estabilidad de minutos antes pudo desvanecerse en tan sólo un instante con esas simples palabras. A través de su espejo mágico Karl Heinz y su acompañante miraban cómo Rui proponía la ruina de todos sus planes.

—¡Haz algo, debes detenerla! —exclamó exaltada al mujer de ojos carmines. —¡Si ella se larga todos estaremos acabados!

—¡Tranquilízate! —la instó el albino, tomándola por los hombros y sacudiéndola un poco para regresarle la cordura perdida. Al sentir el tacto del vampiro la mujer reaccionó de inmediato, deteniendo la ira que nacía al igual que todas sus emociones. —Querida, si tú no te controlas no importará nada de lo que ellas hagan —le recordó.

—Lo siento —masculló ella, ahora con su expresión vacía, mirando distraídamente el rostro familiar de la humana llamada Rui.

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Notas de Kou: Lamento desaparecerme, conseguí trabajo y fue mucho rollo entre papeleo y capacitación. Para que no digan que no las consiento, capítulo extra largo y con muchas pistas a futuro, probablemente ya varias han unido los hilos de la trama, esta vez no quise ser demasiado misteriosa xD Tengo planeado que las cosas vayan avanzando más rápido, deséenme suerte.

Lady in red: Muchísimas gracias, me alegro de que te esté gustando Rui, espero que esta vez también te agrade y lamento la tardanza, un abrazo :D