*Los personajes no me pertenecen, así como tampoco algunos sucesos de la trama.*
CAPÍTULO IX
Para Gilbert, las vacaciones de la escuela pasaron rápidamente, había mucho trabajo por hacer en la granja y ya que tanto él como Bash eran un poco inexpertos, hacer cualquier cosa les suponía el doble de esfuerzo que al resto.
Pero no les faltaban ganas, de un tiempo a esta parte Bash se veía mucho más interesado en el trabajo allí, y Gilbert estaba aprendiendo mucho, su mente estaba siempre ocupada pensando en formas de mejorar las cosas, pero aun así, no había pasado un día en el que no hubiera pensado en Ana.
La había visto en la iglesia, pero no habían intercambiado más que los típicos saludos de rigor, ella se había mostrado nerviosa y siempre que se cruzaban sus miradas, la apartaba rápidamente a la vez que se ruborizaba, era realmente encantadora…
- ¿Pensando en Ana? – preguntó Bash sonriente.
- ¿Por qué lo dices? – frunció el ceño divertido.
- Por la sonrisa de pánfilo que tenías hace un momento – rio.
Gilbert empezó a reír también.
- No es cierto, él único que pone ese tipo de caras eres tú – y acercándose a Bash añadió - ¿o quieres que te recuerde tus días de tonto enamorado? – le guiño un ojo.
- No será necesario, a día de hoy creo que sigo poniendo la misma cara cuando pienso en Mary.
Gilbert asintió. Y se quedó observando como su amigo terminaba de reparar una bisagra de la puerta del establo que se había soltado, le encantaba verlo feliz, y le gustaba aún más pensar que él había aportado su granito de arena para que eso sucediera.
- Bien, esto ya está – dijo Bash irguiéndose - ¿no es hora de que vayas ya a la escuela?
- ¿No necesitas que te ayude en algo más?
- Si – rio Bash – claro que necesito que me ayudes en más cosas, pero no es necesario que faltes, después seguiremos.
- Muy bien, pues hasta luego entonces.
Gilbert se puso su abrigo, recogió sus libros y salió en dirección a la escuela.
Aquella mañana era especialmente fría, pero a Gilbert eso no le molestaba, se echó el aliento a sus manos y las frotó para calentarlas, mientras paseaba iba pensando en cómo se presentaría el día, seguramente Ana estaría a la defensiva, sería divertido ver su reacción cuando lo viera, no sabía qué hacer para que Ana aceptara sus sentimientos. Por otro lado, también debía idear alguna forma para que Ruby entendiera que no tenía que esperar nada de él.
Pronto llegó a la escuela, y al entrar notó el calor que emanaba de la estufa situada en el centro de la sala. Se despojó de sus ropas de abrigo en el recibidor, y barrió con la mirada el aula buscando a Ana.
La vio inmediatamente, su imagen fue como un imán para sus ojos, era imposible no verla, no sólo por su pelo rojo, sino por la energía que emanaba toda ella. Ana se encontraba hablando animadamente con Diana, Ruby y… ¿Moody?, cada vez era más habitual verlo con las chicas, parecía bastante interesado en Diana, lo cual, después de lo que le contó Ana del juego de la botella, tenía sentido.
Se acercó con paso alegre al grupo para saludar.
- Buenos días – dijo sonriente.
Entonces, por un momento todos lo miraron nerviosos, e intercambiaron mirandas entre ellos, definitivamente estaban tramando algo.
- Buenos días Gilbert – Ruby fue la primera en devolver el saludo, como era habitual lo miraba con ojos de corderito, el asintió con la cabeza.
- Buenos días – siguió casi al unísono el saludo de los demás.
Ana, apenas lo miró. Gilbert frunció el ceño.
- ¿Qué es lo que estáis tramando? – pregunto con una sonrisa sesgada.
- ¿Qué te hace pensar que estamos tramando algo? – Ana por fin se dignó a mirarlo.
- Bueno – continuó rodando un poco los ojos – creo que es bastante obvio que lo hacéis.
- Pues si es tan obvio, supongo que también lo será el hecho de que no te concierne – añadió cortante Ana.
Diana, Ruby y Moody la miraron con sorpresa, Gilbert la miraba divertido.
- ¿Tan temprano y ya quieres discutir?, pensaba que como había pasado un tiempo sin vernos me darías unos minutos de conversación amistosa – y sonrió.
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Ya estaba ahí otra vez la maldita sonrisa de superioridad de Gilbert. No podía evitarlo, la exasperaba, aunque él dijera que no era de superioridad, lo era, siempre la hacía cuando quería molestarla y siempre lo conseguía, y lo peor es que él lo sabía, ¡claro que lo sabía!, ¿cómo no iba a saberlo?, siempre la utilizaba en el momento preciso.
Aunque en esta ocasión, tenía que reconocer que quizás fue un poco… demasiado brusca con él, ¡pero es que la ponía de los nervios!, además, justo estaban terminando de explicarle a Moody lo que tenía que hacer para que el plan de acercamiento de Ruby funcionara. Si no lo hablaban ahora, luego sería difícil.
Ana se levantó cuadrándose de hombros y lo miró altiva.
- Serías tan amable de darnos algo de intimidad, por favor – dijo con desdén.
- Faltaría más – y mirando a los demás se despidió sonriente – hasta luego pues.
Ana lo siguió con la mirada hasta que estuvo sentado hablando con otro compañero, entonces volvió a sentarse.
- Ana, creo que has sido injustamente maleducada con Gilbert – la reprendió Diana – él sólo nos ha saludado.
- Después de todo no lo veíamos desde hacía tiempo – añadió Ruby.
Ana puso los ojos en blanco exasperada.
- Lo mejor será que zanjemos el plan, la Srta. Stacy empezará de un momento a otro la clase – entonces miró a Moody - ¿tienes claro lo que debes hacer? –
- Eh… si, durante el almuerzo debo preguntar a Gilbert si tiene algo que hacer cuando terminen las clases.
- Moody, es importante que lo hagas cuando nosotras estemos cerca y podamos intervenir – le recordó Diana.
- Pero aún no me habéis dicho para qué es todo esto - se quejó confuso.
- Después te lo explicaré todo, ¿vale? - Diana le brindó su mejor sonrisa.
- Va-vale - contestó sonrojado.
En ese momento la Srta. Stacy entró y cada uno volvió a su sitio, Ana miró de soslayo en dirección a Gilbert, sus ojos se encontraron y ella giró rápidamente la cabeza, pero... ¿por qué tenía que sentirse intimidada por él?, no, no le iba a dejar ganar tan fácilmente, así que se armó de valor, y nuevamente miró en su dirección, Gilbert seguía con la mirada fija en ella, pero esta vez Ana no apartó la vista, él le sonrió y ella le arqueo una ceja desafiante. No sabía cuánto tiempo estuvieron con ese duelo de miradas, pero finalmente Gilbert bajo la vista mientras sonreía sacudiendo la cabeza suavemente.
