Capítulo 8
Janet decidió entrar en la ducha y tranquilizarse un poco. No deseaba ver a nadie, o hablar del asunto. Estaba acabado. Tres días se había guardado el secreto Scott, cuatro desde que estaba en casa y casi cinco desde que despertara. Y habían sido terribles en la soledad de su hogar.
Escucho la voz de Hank y como constantemente tocaba la puerta pero no quiero verlo. Y la verdad era que lo que sentía al ver a cualquier persona o verse a sí misma era vergüenza. No había dormido bien en esos días porque sentía que alguien la veía. Sentía que dolía. Pese a que estaba completamente sola.
Cerró los ojos un instante. La oscuridad y el agua le hacían sentir sola y desprotegida, le hacían sentir miedo y esa no era en totalidad ella, no desde hacía mucho tiempo.
—No…— De pronto sintió un tirón en su espalda. Por lo que se agacho en la bañera. — No…— sintió el tirón esta vez aún más fuerte. —Déjame… — susurro abrazando su cuerpo con fuerza, cuando de pronto sintió que alguien le inmovilizaba, no podía abrir los ojos, pero le lastimaba las muñecas. —Por favor…— su voz casi no dolía, el dolor en la espalda era bastante pero nada comparado con. — ¡NO! — sus ojos se abrieron encontrándose con el rostro de Hank Pym.
Su cuerpo de inmediato le empujo y se alejó de él para volverse a esconder. ¿Cómo había llego hasta la cama? El cuerpo de Hank estaba completamente empapado, así como el suyo propio. Tomo la sabana envolviéndose por completo y ocultándose de la mirada llena de shock del rubio.
Sentía mucho calor en el rostro y Janet comenzó a llorar de pura frustración. Mientras se aferraba a las sabanas. Entre todos lo que menos quería era que Hank la viera así.
— Todo está bien mi cielo…— escucho la voz del rubio, cuando sintió la mano de este deslizarse por su cabello, comenzó a temblar notoriamente por lo que de inmediato se alejó. — Jan… Necesito saber… Lo siento de verdad…
Sus ojos azules se abrieron en su totalidad cuando sintió la aguja penetrar su piel y el líquido en está comenzando a adormecerla. Se incorporó con esfuerzo, luchando contra el sueño, luchando contra Pym que la sostenía de los hombros. Fue tanta su desesperación que su tamaño cambio a apenas 10 cm y cayó al suelo. Apenas si podía abrir los ojos, trato de mover sus alas pero no pudo, ardía y dolía.
—J-Jan… Mi Jan..— escucho la enfurecida voz de Pym mientras le alzaba con ternura. Fue lo último que sintió antes de quedarse de nueva cuenta dormida. Volviendo a esos sueños que no le dejaban descansar.
