Disclaimer: Crepúsculo no es mío, es de Meyer.
~Wedding promises
9- Un trato.
Alguien me sacudió suavemente, comprendí que me había quedado dormida pero no me importo, estaba realmente agotada –física y mentalmente–, y podría jurar que Charlie, por consideración, me había dejado dormir tranquila.
Suspiré, dispuesta a dormir un poco más.
―Bella… ―susurró su voz.
Y escucharla fue como si me hubiese caído encima un balde de agua fría o algo peor. Abrí los ojos rápidamente y ahí estaba, recostado sobre mi cama, y yo… yo estaba recargada en su pecho como si tuviese todo el derecho de estar ahí.
― ¿Qué haces aquí? ―pregunté― ¿Cómo entraste?
Él sonrió, sus brazos –que habían estado detrás de su cabeza hace algunos segundos– se movieron hacia mí, rodeando mis hombros.
―Por la ventana ―confesó.
Di un vistazo a la ventana y gemí, recordando donde estaba y tratando de incorporarme.
― ¡Eres un tonto! ¡Son más de cinco metros desde el suelo hasta mi ventana! ¡Pudiste haberte lastimado!
Pareció confundido y sin embargo trató de detenerme, para que dejara de levantarme.
― ¿Qué? Bella, ¿De qué hablas? La primera vez que me rompí un brazo fue por caer por tu ventana, ¿no lo recuerdas?
Lo miré, horrorizada, claro que no recordaba eso, era imposible, pudo haber muerto… y entonces, él se echó a reír.
No tardé demasiado en comprender la verdad, así que me levanté de la cama –a pesar de sus esfuerzos para que no lo hiciera– y me alejé de él.
― ¿Tan divertido es engañarme? ―gruñí.
―No, lo divertido es desconcertarte, lo lamento, no lo haré de nuevo ―prometió.
―No sé porque no te creo.
―Lo siento, en verdad.
Al menos eso sonó más sincero.
― ¿Sabes? Eres más atractivo cuando no actúas como un patán ―confesé mientras caminaba hacia la mesita y miraba distraídamente la hora, casi las cinco, había dormido demasiado, pero no quería ni imaginar cuanto tiempo llevaba él junto a mí.
― ¿Lo crees?
―Sí. Eres más… tú ―me sonrojé, lo supe, así que comencé a buscar en mis cajones ropa decente.
Se acercó a mí y me hizo girar lentamente hacia él, aumentando mi incontrolable sonrojo. ¡Basta! Me ordené.
―Y tú eres más hermosa cuando dejas de preocuparte ―susurró.
―Entonces siempre debo lucir horrible ―bromeé. Él no contesto a mi broma y me levanto el rostro suavemente.
Observó mis ojos unos segundos, de nuevo tan profundamente como si pudiese ver a través de ellos. No pude desviar la mirada. Ni quise.
―Aún eres la misma niña de la que me enamo… ―puse mis dedos en sus labios, en un intento de silenciarlo, fallé y desvié su atención a mis labios.
―Te equivocas ―musité, tragando saliva e intentando que mi corazón dejara de latir con furia.
―Yo nunca me equivoco ―contestó.
―Oh, pues siempre hay una primera vez para todo y ahora mismo estas haciéndolo.
― ¿Te importaría recordarme la primera vez en que me besaste? Por favor ―dijo.
―A ti te importaría demasiado, así que no ―gruñí.
Tomó mi muñeca y la acercó hacia su pecho, descansando nuestras manos junto a su corazón y logrando que el mío se saltara un latido. Luché contra el impulso de extender mi mano en su pecho o de recargarme en este.
―Solo un beso ―prometió, exhalando su aliento sobre mi frente.
Su brazo rodeó mi cintura, acercándome aun más a él, dejándome ver que era muchísimo más alto que yo, suspiré y él se acercó un poco más.
―No sé porque no te creo ―susurré derrotada mientras levantaba la vista.
Y nuestros labios se unieron inevitablemente.
Edward sabía a miel, su cuerpo era fuerte y cálido, transformando el beso en algo intoxicante y adictivo.
Yo me encontraba atrapada entre su cuerpo y mi armario, me sentía débil e indefensa. Instintivamente traté de intensificar el beso acercándome más a él y Edward retrocedió, lo intenté de nuevo y él tomó mi iniciativa de la forma incorrecta comenzando a retroceder y a llevarme con él.
Y así, torpemente. Caímos sobre la cama.
Sus manos recorrían mi cuerpo, tocando, sintiendo, y jamás se había sentido tan… correcto.
Había ternura y pasión en sus movimientos y yo solamente estaba disfrutando, observando el brillo de sus ojos y los suaves gruñidos que brotaban desde su pecho.
Mi blusa se levantó un poco y sus dedos tocaron la piel de mi vientre, me estremecí y gemí, para luego comenzar a reír con nerviosismo.
Edward se detuvo, me miró, algo confundido, y de pronto pareció que algo hizo un clic en su cabeza, se alejó de mí y se recostó a mi lado en la angosta cama, tuvo que rodearme con sus brazos para evitar que cayera al suelo.
― ¿Hice algo mal? ―pregunté, realmente confundida y sin deseos de que se enfadara conmigo.
―No, no tienes la culpa de ser tan tentadora y ni siquiera notarlo ―sonrió.
Eso no silenció ni un segundo mi inseguridad, ¿Qué quería decir con que yo era tentadora? Y entonces… tuve una revelación.
― ¿Tú… me deseas? ―susurré, algo incrédula.
Él acarició mi mejilla suavemente y de pronto desvió el camino de sus dedos hacia mis labios.
―Bella… ―masculló.
Esa era la confirmación que necesitaba. De pronto me sentí poderosa, Edward Cullen me deseaba… claro que lo hacía, me había propuesto matrimonio, pero el hecho de notarlo en su rostro, era alentador.
Me incorporé por sobre ambos y me recosté sobre su pecho, traté de desabrochar los botones de su camisa y Edward me detuvo.
― ¿Qué haces? ―preguntó con recelo.
―Proponerte un trato.
― ¿Qué clase de trato?
―Edward ―dije, evitando mirarlo a los ojos y a cualquier otro lugar, sintiéndome repentinamente incomoda sentada sobre sus caderas, enfócate Bella―, yo no estoy preparada para el matrimonio… y sé que me deseas y yo te deseo… la única solución que nos queda… es el sexo.
Él se tensó debajo de mí.
―No tienes que casarte conmigo solo para hacerlo… no tienes que hacer nada, hay pasión entre nosotros y no será difícil aprovecharla.
Su mutismo continuó y yo no pude parar de parlotear como un ave habladora.
―Y ese es el trato, tú dejas de hablar de boda y yo… nosotros tenemos sexo.
― ¿Tratas… ―tomó aire― de convencerme de tener una relación sin compromisos…?
―No quiero nada de compromisos ―traté de que comprendiera.
― ¿Y lo compensas con sexo?
Gruñí ante su tono de incredulidad y enojo.
―Eres un hombre, los hombres buscan eso, sexo, sexo, sexo, te lo daré. ¿Qué más quieres de mí?
Se incorporó, levantándome con él y dejándome de nuevo en la cama mientras se encaminaba hacia la puerta totalmente enfadado, cuando creí que se iría, se detuvo y se giro hacia mí dirigiéndome una mirada fría como el hielo, paso una mano por su cabello.
―Todo. Lo quiero todo, Isabella ―gruñó.
Me dejó sin aliento un segundo y mis ojos amenazaron con llenarse de lágrimas, baje la mirada.
―Y yo no puedo dártelo ahora, Edward.
―Entonces esperaré hasta que puedas hacerlo ―abrió la puerta y dudó de nuevo― Yo… te esperaré abajo ―dijo y salió finalmente por la puerta.
A pesar de no comprender realmente lo que había sucedido ahí… supe que lo había arruinado todo.
¿Por qué rayos había dicho eso? Pensé mientras una torpe lágrima se me escapaba, gemí y me incorpore, buscando de nuevo entre mi ropa, sin ver en realidad.
Es decir, tal vez ahora él se alejaba de mi, horrorizado por mi indecente conducta… eso sería bueno, nada de bodas y… yo podría seguir con mi vida. Razonable.
Pero no me sentía feliz, para nada.
Tomé un baño rápido y me vestí con unos jeans y una blusa linda, es decir, traté de no lucir demasiado preocupada por cómo me veía… pero ¿Cómo iba a no estar preocupada? Iba directo a casa de los Cullen.
No es como si tratara de impresionarlos realmente, ellos no debían esperar demasiado de mí, pero… estaba feliz en esos momentos llenándome la cabeza de preocupaciones sin sentido y tratando de distraerme del momento en que viera a Edward a la cara de nuevo.
Me detuve frente al espejo, incómoda, y observé el lío que era mi cabello.
Bueno, no era una belleza impactante, pero no era tan horrenda… era pasable y… ¿a quién quería engañar? Era un desastre. Mi vida no se había resuelto milagrosamente en el momento en que Edward Cullen volvió a mi vida, a pesar de que podía haberse resuelto.
Aun tenía mi empleo en New York, mi departamento cerca del centro de la ciudad, a mi padre en la comisaria del minúsculo pueblo de Forks y a mi madre en Jacksonville, a Rosalie como amiga, a mis compañeras de la revista y… era feliz.
Bien, Alice había llegado a mi vida y ella era realmente agradable, podía ser que en el paquete se incluyera a Emmett, Carlisle y Esme… no era incómodo lidiar con ellos.
No era como si Edward lo complicara todo… no era como si su rostro rondara por mi cabeza demasiado y no era como si yo estuviese enamorada de él…
Simplemente era imposible.
Su vida en Seattle estaba demasiado lejos de la mía.
Todo debía ser una mala broma, él era un hombre inteligente, exitoso, su empleo era el que todas las madres desearían que tuviera el esposo de sus hijas, y lo mejor de todo, si señoras en busca de buenos partidos para sus hijas, era atractivo.
Y ¿Qué había de bueno conmigo? Era lista, si, era necesario serlo para sobrevivir, mi empleo no me convertía realmente en una chica exitosa, sino en una chica con suerte, que hacia lo que le encantaba en verdad y… simplemente era yo.
¿Qué tenía Edward en la cabeza? ¿Por qué le resultaba tan difícil aceptar lo que yo le pedía? Si tan solo aceptara mi propuesta seria más simple para ambos. Una relación corta, simple y apasionada.
Sí, yo quería una relación corta, simple y apasionada con él. ¿Por qué iba a aceptar su propuesta de matrimonio solo porque él lo deseara? Yo era una adulta y sabia lo que quería, y Edward lo sabría también.
No iba a aceptar un no por respuesta.
…
Bajé las escaleras unos minutos más tarde, me sentía fuerte, estaba decidida y me sentía atractiva. Y a punto de morir por los tacones que había elegido, pero eso era lo de menos.
―Estamos aquí, Bella ―dijo mi padre, llamándome hacia la sala, donde estaban ambos hombres prestando atención al partido de baloncesto en la televisión.
Sonreí un poco.
―Te tardaste, Bells ―masculló Charlie, no era realmente una reprimenda, si no una exclamación o algo así, yo no solía dudar demasiado en lo que a mi aspecto refería.
―Sí, bueno, quería estar lista ―dije, para luego sentarme en el sofá desocupado.
Edward, que no se había girado a verme desde que entre a la habitación, me miro, tal vez extrañado por mi tono de voz y tuve que sonreír al ver su rostro.
Bueno, el plan estaba en marcha.
Suspiré y me recargué un poco más en el sofá mientras acomodaba la falda que había decidido usar, era linda, Alice había escogido bien esa prenda de color azul hasta la rodilla y yo la había acompañado con una blusa blanca, al parecer mi plan había sido algo precipitado, pero no tenía tiempo que perder.
―Bells, creo que está haciendo un poco de frio allá afuera ―opinó mi padre mientras fruncía el ceño levemente.
Trate de no gruñir mientras luchaba contra el impulso de levantarme de mi asiento y correr a cambiarme de ropa.
―Lo soportaré. Edward, ¿podemos irnos?
Él dudó, pero debíamos irnos ya si queríamos llegar a tiempo, ¿Cuál era el problema?
―Sí, de acuerdo ―murmuró mientras se ponía de pie.
―Volveré después de cenar, papá.
―Oh, de acuerdo. Estaré atento al teléfono.
¿Al teléfono? Asentí y me encaminé hacia la puerta hasta que noté que Edward no me seguía.
― ¿Edward? ―lo llamé.
Charlie murmuró algo entre dientes y Edward caminó hacia mí.
― ¿Listo? ―pregunté reprimiendo un escalofrío.
―Sí ―suspiró.
Tome mi chaqueta y la retorcí entre mis manos, repentinamente nerviosa.
¿Qué demonios estaba haciendo? ¿A quien quería engañar? No podría, no me atrevería…
―Luces encantadora ―susurró, mientras me ayudaba a ponerme la chaqueta.
Lo miré con una sonrisa algo nerviosa y traté de batir las pestañas como había visto hacer tantas veces a Rosalie o Tanya.
―Y sólo para ti.
El viaje hasta su casa fue realmente silencioso, no tenso ni desagradable, simplemente calmado.
Así, de pronto nos encontrábamos frente a la casa de los Cullen.
Conmigo a punto de vomitar.
Es decir, eran los Cullen, los Cullen, ¿Qué había pensado vistiéndome así? ¿Qué pensarían ellos de mí? Estaba tratando de seducir a su hijo, me sentía como una malvada mujer traicionera.
―Edward, no puedo ―susurré.
―Vamos Bella, son mis padres. Claro que puedes hacerlo ―iba a contestar y él bajó del auto, lo rodeó y se acercó a mí.
Abrió mi puerta, dirigiéndome una enorme sonrisa lo cual me distrajo un segundo, lo suficiente como para que el desatara mi cinturón y me ayudara a bajar del auto.
―Sonríe, nadie va a morderte.
Parpadeé varias veces y de pronto noté que estábamos frente a la casa de los Cullen. Bien, no me sentía tan nerviosa y no estaba completamente fuera del juego.
― ¿Seguro que no? ―sonreí y la puerta se abrió.
―Tarde ―nos reprendió Alice―. Niños, está prohibido jugar en el bosque y perderse, ignorando mis indicaciones. Entren ya, todos estamos a la mesa.
Una vez adentro Alice me quito el abrigo y el de Edward, los lanzo en un sofá cerca de la puerta y nos arrastro por el pasillo.
―Muero de hambre, no hay nada mas estresante que estar sin saber nada de ustedes. Creo que me saldrán canas por su culpa.
―Lo siento, me quedé dormida.
―Y mi hermanito disfrutó de eso, ¿A que sí? ―sonrió Allie, rodé los ojos y de pronto llegamos al comedor.
―Bella, Edward ―saludó Rosalie.
―Hola tortolitos ―dijo Emmett, sonriendo abiertamente.
―Chicos, bienvenidos ―agregó Carlisle Cullen, sentado a la cabeza del gran comedor, poniéndose innecesariamente de pie.
Esme Cullen no perdió tiempo y se acercó a mí, rodeándome con sus brazos en un abrazo cálido y maternal que me oprimió el pecho.
―Bella, querida, es maravilloso verte de nuevo.
Le devolví el abrazo torpemente y murmuré unas palabras igual de torpes mientras me ruborizaba.
―Vamos niños, la cena esta casi servida ―dijo abrazando a Edward y guiñándole un ojo.
Alice me jaló hacia la mesa y Rosalie desapareció junto a Esme en dirección a la cocina.
―Tú aquí ―ordenó Alice, sentándome a una silla de Carlisle –que estaba en la cabecera de la mesa– y junto a Emmett.
―Hey, Belly-Bells.
―Hola Emmett ―contesté.
Él sonrió malévolamente.
― ¿Qué tal la luna de miel? ―escupió cruelmente –al menos así me lo pareció a mí– y comenzó a reír.
Me ruboricé y clavé la vista en el mantel, luego suspiré.
―No lo sé, aún no la hay ―contesté.
Esme y Rosalie entraron al comedor y dejaron la comida en el centro, Esme se sentó junto a Carlisle y Rosalie frente a Emmett.
Alice tomó asiento entre Rose y Esme y Edward se sentó junto a mí.
Destino tu nombre es Alice.
―Bella, espero que Forks te haya dado una buena bienvenida ―dijo Esme, mientras tomaba un poco de puré.
Sonreí y Emmett rió de nuevo.
―Sí, algo así.
Tomé un poco de ensalada y de pollo mientras esperaba que el bol del puré llegara hasta mí.
―Bueno, tampoco la hemos tenido tan aburrida y además este apenas es su tercer día en Forks, mamá ―sonrió Alice.
Tres días. Vaya revolución que habían dado los Cullen a mi vida.
―Sí, ¿Cuánto tiempo tendremos el placer de contar con tu compañía, Bella? ―pregunto Carlisle.
―Dos semanas si no surge ningún inconveniente ―contesté.
― ¿Dos semanas? Es muy poco tiempo ―me reprochó Esme.
―No creí tener mucho que hacer en Forks ―acepté, y era cierto, Edward gruñó suavemente y me dio por fin el deseado puré de papa.
―Es una lástima, me habría encantado tenerte por aquí más tiempo ―suspiró Esme.
―Volveré ―respondí automáticamente, ni siquiera estaba segura de poder hacerlo pero lo hice―, no es como si fuera para siempre.
―Ajá, tiene razones para regresar ―sonrió Alice.
― ¿Demandas por abandono de hogar? ―preguntó Emmett.
―Además de eso ―le sonrió Rosalie también.
―No es como si pudiera tomarme el lujo de darme unas largas vacaciones por el mundo ―mascullé.
― ¿Si, verdad? Es una lástima que vivas tan lejos ―meditó Alice.
―En parte…
―Si pudieses trabajar más cerca, ¿Lo harías, Bella? ―preguntó.
― ¿Bromeas? ―amaba mi trabajo, no lo dejaría solo para estar más cerca de… no lo haría, ¿Cierto?
―No mucho.
―Creo que me encantaría volver ―añadí con un torpe aire soñador.
―Claro que lo harías ―sonrió Alice.
Era malditamente fácil soñar con imposibles.
La cena fue lenta y agradable, Esme y Carlisle preguntaban cosas sobre mi vida en New York y por suerte tanto Rosalie como Alice dominaban ese tema, Emmett soltaba comentarios incómodos de vez en cuando pero bueno, era Emmett, a eso me atenía después de lo del bar.
Y Edward simplemente se mantuvo silencioso y al margen, yo trataba de comentar de vez en cuando pero él se mantenía en su mundo.
Y yo sabía que estaba enfadado, tenía derecho de estarlo. Yo también me sentía algo amedrentada, el nunca me había hablado con el tono tan frio que uso esa tarde pero comprendí que mi juego había ido demasiado lejos, era una lástima porque recién comenzaba.
Si él se escandalizaba lo suficiente se alejaría y… mis problemas se resolverían. Eso era lo que sucedería, Edward nunca caería en mi juego, lo sabía, la única con riesgos de caer en el juego del otro aquí era yo.
Y yo caería torpe y totalmente enamorada.
Dirigí una mirada a Edward solo para notar que él me estaba mirando, quede atrapada bajo su mirada esmeralda y pude retirar la vista sólo hasta que él lo hizo.
Me regañe mentalmente por eso y –totalmente ruborizada– miré a los demás, gracias al cielo estaban perdidos en su postre o en la conversación, sentí la mirada tierna de Esme sobre nosotros y eso sólo logró que mi rubor aumentara.
Perfecto, ahora su madre lo sabe.
Después de la cena nos trasladamos a la sala, que era enorme con unos ventanales que dejaban ver la luna a la perfección, el equipo de televisión y sonido era enorme y un gran piano negro complementaba la magnificencia de la casa Cullen.
Entonces recordé que era el piano de Edward y las clases que él tomaba cuando era un niño, pensaba que eran innecesarias ya que cuando fuera grande él sería un soldado y los soldados no necesitaban tocar el piano.
Yo solamente le había dicho que tocar el piano era lindo, tan lindo como Edward mismo. Y sí, yo lo recordaba.
Me senté en el sofá blanco mientras ponía atención a la charla de Rosalie acerca del lugar donde vivió parte de su infancia, Francia, junto a su hermano y sus padres y de lo hermoso que era ese lugar.
Emmett la observaba fascinado y tenía razones para hacerlo, Rose al igual que Francia era hermosa.
Instintivamente miré hacia Edward de nuevo, descubriéndolo mirándome, bajé la mirada y lo miré un segundo antes de preguntarme si Rosalie no le era indiferente.
Rosalie era la perfección andando, una de esas chicas a las que veías en las revistas de Sports Illustrated y la comprabas inmediatamente, ¿Por qué no habría de gustarle a Edward?
Es decir, no es como si ya nos hubiésemos comprometidos… ni que eso sucediera, él era totalmente libre, ¿No iba tras Rose por consideración a Emmett?
Edward me miró y siguió mi mirada hasta que se cruzó con Rosalie y pareció comprenderlo todo, una sonrisa se asomó en la comisura de sus labios y algo jugueteó en sus ojos.
Tuve el extraño impulso de gruñirle.
Él simplemente sonrió más y con una mirada me advirtió que hablaríamos luego.
¿Quién se creía? No podía saber lo que yo había pensado, yo debía estar imaginándolo todo. Edward se levantó de su lugar junto a Alice y se sentó junto a mí, paso distraídamente un brazo por mis hombros y me acercó hacia él.
― ¿Quién esta adorablemente sexy hoy? ―susurró.
―Tú no ―contesté.
―Y entonces, ¿Cuándo es la boda? ―preguntó Esme, tragué en seco y la miré, horrorizada.
― ¿Qué boda? ―dije algo más alto de lo necesario, dirigiendo las miradas de todos sobre mí, sobre Edward y sobre su brazo alrededor de mis hombros.
Tanto Esme como Carlisle disimularon una sonrisa, al contrario de Alice que sonrió con todos los dientes.
―De mi prima Kate, se casará pronto, su novio le propuso matrimonio hace unas semanas durante un viaje por carretera, ellos son aventureros así que a Kate le pareció romántico que Garrett se declarara mientras acampaban en un bosque ―contestó Alice.
―Garrett de verdad la ama, serán muy felices juntos ―sonrió Esme.
―La felicidad nos rodea ―guiño Emmett.
―Claro que lo hace ―dijo Rose con un tono digno de un brindis, suspire y trate de disimular no estar cómoda entre los brazos de Edward.
Mientras la conversación se dirigía a la boda que se realizaría en alguna playa de México, gruñí.
― ¿Estamos intensos esta noche? ―preguntó Edward.
― ¿Quieres que lo estemos? ―mascullé.
―No, no realmente.
―Creía que estabas enfadado ―dije―, sólo logras confundirme. Sólo di que te escandalizó mi propuesta y todo acabará, Edward.
―No me escandalizó, me sorprendió. Tanto como me sorprendió lo… difícil que me resulto negarme. Pero no dejare que todo termine Bella, te lo dije antes y te lo digo ahora, no te dejare ir tan fácilmente y sin luchar.
Gruñí de nuevo y estuve a punto de contestar cuando mi celular sonó con una canción calmada, a la que reconocí como una llamada de Ángela. Me sorprendió, era demasiado inesperada.
Me levanté del sofá y Edward me miró, enarcando las cejas, estuve a punto de sonreír pero recordé mi enojo y caminé directamente hacia el recibidor.
―Hola Ang ―contesté alegre―, ¿Qué tal todo?
―Hola Bella, ¿Qué tal tus vacaciones? ―soltó con un tono tenso e impersonal.
―Bien hasta ahora.
―Eso es genial ―masculló.
Un tenso silencio se instaló entre nosotras, carraspeé, nerviosa.
―Eh, Ang… yo…
―Bella, tenemos que hablar ―fue directo al grano, esa era la Ángela Weber que recordaba. Por lástima.
Si, eh, aun vivo. ¡Aleluya! Y… la inspiración llegó y… es muy por la mañana, muero de sueño y no quiero que la inspiración muera aquí conmigo así que me voy y ruego que me amen porque… el juego comenzó(? Más de cualquier modo, aquí habrá una boda ;)
Felices pascuas y hasta pronto! Roguemos por que sí(yn)
Pink lo-que-sea.
