Capítulo VIII: Un tema delicado

-...testigos que aseguran haber visto raíces brotando del suelo y deslizándose tierra adentro. Les repetimos que no hay ningún tipo de fiabilidad de esa información, no hay razón para pensar que la planta del meterotio haya conseguido extender sus raíces por debajo del fondo del mar y se dirija a colonizar el resto del país. No vamos a...
El programa de radio se cortó de repente.

-¿Cómo que nos van a cobrar los daños? -se escandalizó Gokudera-. ¡Pero si hemos acabado con un monstruo!
-Pero el establo de las cabras ha quedado irreparable -argumentó el dueño de la posada-. Si queréis pasar la noche aquí tendréis que abonar el doble del importe.
-¡Qué morro tienen algunos!
Gokudera tuvo que callarse y seguir aguantando en silencio su alergia, que lo había vuelto aún más huraño y peleón que de costumbre. Al menos todos estaban a salvo y ahora podían disfrutar de una merecida cena... a deshora, claro.
-Se me hace muy raro comer tan de madrugada, pero es cierto que no hemos comido nada desde la excursión -dijo Kyôko, que intentaba sin éxito ocultar que tenía un hambre de lobo.
-¡Esa planta era asquerosa! -chilló Lambo, que tenía la boca llena de... de lo que fuera que estaba comiendo-. ¡Intentó comerme! -sin ninguna discreción, pidió que volvieran a llenarle el palto y señaló a las chicas-. ¿Y qué hace aquí la novia que le cayó a Gokudera?
-¡Vacaburra!
Sentada entre Kyôko y Haru, Yako devoraba con un apetito voraz todo cuanto le ponían por delante. No le había quedado otra aparte de irse con ellos. Neuro había desaparecido de repente, y se comentaba por el pueblo que Godai había ido, entre lágrimas, a la playa a ver si encontraba su coche. Además ¡la habían invitado a comer!
-Gbzías pbt da cbmiba -dijo, con la boca llena a rebosar.
-¡La novia de Gokudera caída del cielo no tiene fondo! -canturreó Lambo, que tampoco parecía tener fondo si uno se fijaba en que iba por su cuarto plato de masa informe de aspecto gelatinoso.
I-Pin murmuró algo en chino acerca de Lambo que probablemente no fuera un comentario demasiado amable.
Al otro extremo de la mesa, Tsuna todavía se sentía morir de cansancio después del numerito que había montado escalando la dichosa planta. A su lado, su tutor comía y comía como si no pasara nada.
-Reborn -dijo-, no me digas que vamos a tener que hacer esto más veces... ¡Esa planta era mucho más fuerte de lo que esperaba!
-Era sólo una de sus raíces -aclaró el bebé-. La planta de verdad debe de ser indestructible a juzgar por la capacidad de regeneración de la que ha hecho gala durante el combate.
-¿Indestructible?
-Tranquilo; si la cosa se pone fea, estoy dispuesto a luchar. Mientras, ve pensando en una forma de matarla.
Tsuna se llevó las manos a la cabeza. ¿No bastaba con dejar de regarla o algo así?

Neuro había llegado a la ciudad en un tiempo récord. Normalmente no hubiera malgastado sus poderes en algo tan trivial como desplazarse a hipervelocidad por el plano físico, pero esa ocasión lo requería. Además, prefería ocuparse del asunto en persona. Durante el camino había tenido ocasión de comprobar que sus suposiciones eran correctas y que la información adicional del Evil Dex no mentía: la Gecolis Casiopea podía hacer que sus raíces crecieran por debajo de tierra miles de metros... ¡o más! Por los terrenos que rodeaban el pueblo había más raíces, aunque afortunadamente ninguna había dado aún señales de vida de una forma tan clara como la que había tenido que talar con el Evil Prudrer.
Ahora, a solas en mitad de un callejón oscuro, estaba dispuesto a recurrir a cualquier alternativa disponible para liquidar a esa planta... y devorar su enigma.
-Vaya, vaya, vaya... -dijo una voz desde la oscuridad-. Pero si es el monstruo.
Hisanori Hayasaka, el despiadado traficante de armas, mostró su sonriente rostro sin aparentar ni un ápice de miedo al encontrarse en presencia de un demonio. Naturalmente, a su espalda iba su hermano Yukinori, acompañándole... y dispuesto a arrancarle la cabeza cualquier que intentara jugársela.
-¿A qué debo que nos hayamos encontrado en una noche tan tranquila como esta?
-Necesito armamento humano -contestó tajantemente el demonio, sin ningún tipo de rodeos.
-¿No tenías tú esos truquitos tan chulos del Mundo Demoníaco? -respondió el traficante con un tono cargado de veneno.
-Me los reservo para el gran final. Pero hay una cosa en concreto que voy a necesitar antes de llegar a él.
Neuro le tendió una hoja de papel y Hisanori la examinó sin dejar de sonreír.
-¿Crees que tenemos esto? Me parece que eres un tipo inteligente, no puedo creerme que pienses que tenemos acceso a este tipo de armamento.
-No es el modelo lo que me interesa, sino la potencia. Vosotros conseguidme armamento que pueda igualarlo en potencia y yo haré el resto.
-Monstruo, estás jugando con fuego ¿sabes? -intervino Yukinori, también sonriendo.
Sin embargo, Hisanori se guardó el papel en el bolsillo de la chaqueta y miró al demonio.
-Podría intentarlo... Sólo por interés profesional. Aunque dudo que el alcance sea muy grande.
-Cuanto más preciso sea, mejor.
-En cuanto al pago...
Pero Neuro ya se había marchado en un descuido de los dos hermanos. Tenía demasiada prisa como para quedarse a charlar sobre dinero.
-Hermano ¿de verdad vamos a trabajar para él?
-No lo consideres un trabajo, Yuki... Esto es más bien una ayudita. Si ese monstruo quiere meterse en la boca del lobo con tanta dinamita como para igualar la potencia de una Bomba Atómica, allá él. No será nuestro funeral, pero sí que podría ser el suyo.
-¿Cómo vamos a conseguir esa potencia?
-Ayer llegó un cargamento interesante -dijo, acentuando aún más su sonrisa perenne-. Estoy seguro de que conseguiremos un apaño.