Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, ese es del grandioso Akira Toriyama. El título de este fic es homónimo al tema de Vegeta en el Kai.

Saiyan Blood

CAPÍTULO NUEVE

Los ojos azules de Bulma se abrieron poco a poco. Por extraño que pareciera, siempre que soñaba con el día en que intentó matar a Tulece siempre despertaba con una sensación de completa calma y de descanso absoluto. Aunque en un principio sintió todo el peso de su conciencia acusándola, después se tranquilizó a tal grado que se sintió liberada.

Bulma se sentó con las piernas en posición de loto y miró a Vegeta, desde la distancia se daba cuenta de que el ritmo de respiración era tranquilo y algunas de las heridas ya estaban curadas. No sólo era cuestión del efecto de la medicina, sino también de lo que ellos llamaban zenkai power. A ese paso, seguramente no tardaría en despertar, quizás en cuestión de horas.

Se levantó y caminó hacia la puerta, llamando a los otros saiyajin que, al parecer, se encontraban en la planta baja.

—Goku, Tarble, ya pueden subir —el chico de los cabellos en punta fue el primero en reaccionar y en un abrir y cerrar de ojos estuvo dentro de la habitación.

— ¿Ya despertó? —preguntó ansioso.

—Todavía no, pero seguro lo hace en un par de horas. Será mejor que te quedes con él. Yo iré a echar una siesta, no he podido pegar el ojo en toda la noche —mintió. Lo único que deseaba era poder salir de ahí y pensar en otras cosas, porque ahora su conciencia volvía para atosigarla con la idea de que le había salvado la vida a un saiyajin que merecía la muerte.

—Gracias —escuchó que le decía Tarble y eso sólo hizo que la vocecilla en su interior aumentara.

Bulma bajó las escaleras, sin ser capaz de ver por ningún lado a Raditz. Un poco inquieta, se fue a sentar en una de las esquinas, vigilando por si al tipo de la cabellera se le ocurría aparecer y hacer algo raro. Aunque con la confianza y agradecimiento de quienes se encontraban arriba, su seguridad se encontraba garantizada.

Flexionó una pierna y recargó el antebrazo en ella, aun recordando el sueño que había tenido.

"¿Qué fue lo que pasó después de eso, Bulma? Después de que Tulece no se murió en aquella bañera"

La mente de la chica comenzó a funcionar de nuevo y soltó una sonrisa irónica. Estaba empezando a prepararse para recrearse en sus recuerdos cuando la voz de Goku la alarmó.

— ¡Bulma, Bulma! —la ojiazul subió corriendo las escaleras y notó que Tarble trataba de sostener el cuerpo de su hermano que se convulsionaba— Repentinamente comenzó a hacer eso.

Chilló Goku, mientras Tarble le miraba suplicante. Por un instante a Bulma se le pasó por la mente que en vez de darle de beber la medicina se había equivocado y le dio 'el agua azul'. La chica negó con la cabeza y en su mente. Las cosas estaban debidamente etiquetadas y ella no podía cometer semejante error.

Corrió hacia donde Tarble y lo quitó de inmediato. Entonces se dio cuenta de que las heridas estaban cerrando con celeridad.

—Sólo es una reacción de su cuerpo. Dame algo para ponérselo en la boca o se morderá la lengua ¡De prisa! —Tarble y Goku buscaron rápidamente con la mirada, pero no fueron capaces de encontrar algo.

—Usa mi mano —le dijo Goku.

— ¿Qué? Yo no… —pero antes de que Bulma pudiera terminar la frase, el chico ya había metido la mano en la boca del príncipe.

El chorro de sangre escurrió de inmediato, salpicando el rostro de Vegeta. Goku apretó los ojos a fin de aguantar la mordida y finalmente soltó un grito. Bulma reaccionó empujando al de cabellos alborotados, pero eso sólo hizo que la herida se agrandara. Sin embargo, el cuerpo del heredero había dejado de convulsionar.

Goku sostenía la mano herida para detener la hemorragia.

—Revisa que esté bien, por favor —le dijo Goku con la voz impregnada de dolor.

—Kakarotto —le llamó Tarble, acercándosele.

—Él está bien, él está bien —chilló Bulma. Se encontraba alterada por lo sucedido. La herida era fea y emanaba muchísima sangre de ella—. Déjame ver eso ¡eres un tonto! ¿Por qué diablos hiciste eso?

—Por Vegeta. Aunque huraño, él jamás dejaría que alguno de nosotros muriera —Goku le enseñó los dientes en una tonta reacción.

—Jum ¿en serio? No lo creo de quien vi asesinar a su compañero sin pensárselo demasiado.

—Nappa era diferente a nosotros. Incluso Raditz es una buena persona a su lado. Mi hermano siempre le desprecio por todas esas cosas que… —Tarble dejó la frase en el aire, pero no agregó nada más.

Bulma guardó la información en alguna parte de su cerebro, para analizarla después, pues en esos momentos lo importante era la herida de Goku.

—Es demasiado profunda, otro poco y seguro te hubiera arrancado la mano. Tendré que suturar —Bulma soltó un suspiro—. No hay remedio.

Sacó la cápsula en donde guardaba su botiquín, aunque hubiese deseado seguir manteniendo su secreto, no existía alternativa alguna. Pero en cuanto la nubecilla se disipo, un brusco movimiento lanzó la caja junto con Tarble aun rincón de la habitación.

— ¡Suéltala, Vegeta! —Tarble dio un paso para ir a ayudarla, pues el príncipe había despertado de improviso y ahora tenía a la mujer agarrada por el cuello. Pero al dar el primer paso algo crujió.

"Ese debe ser mi cuello, rompiéndose", pensó la científica al escuchar claramente el ruido y a punto de quedarse sin respiración.

—Suélta… la… Vegeta —fueron las últimas palabras de Goku antes de caer inconsciente.

— ¡Maldición, ya déjala! —Tarble le propinó un severo golpe en el rostro a su hermano y finalmente su agarre se aflojó.

Vegeta le miró con recelo, pero no dijo nada, para luego observar sus vendajes y las heridas que parecían ya haber sanado. En tanto, Bulma tosía para recuperar el aliento.

—Go-Goku… —balbuceó la chica. Tarble se apresuró a conseguir el botiquín que se había desperdigado en la esquina de la habitación, pero al ir juntando las Hoi Poi su mano se cortó con lo que se había roto. Se trataba de la jeringa que había sido pisada momentos antes por él. Sin hacer mayor caso y rogando porque eso no fuera la medicina para curar a su amigo, le entregó todo a Bulma.

Ella buscó la cápsula indicada y pronto apareció un rudimentario instrumento para hacer suturas. Hizo el procedimiento rápidamente, a pesar de que los ojos todavía le lloriqueaban por la anterior asfixia. No quiso utilizar el líquido sanador para ya no levantar más sospechas, así que vendó la herida con otro pedazo de su camiseta.

—Listo, aunque ha perdido bastante sangre —Bulma miró el reguero rojizo por todo el piso.

—Entonces ¿se pondrá bien? —preguntó aliviado Tarble

—Claro, es un chico muy fuerte. Aunque se desmayó, es muy fuerte.

—Jum, eso no hubiera sucedido a no ser por este maldito artefacto —Vegeta sacudió su cola por un instante—. Esa herida no es nada comparada con las que ha sufrido en batallas.

—Cierto, aunque Kakarotto ahora ya no tiene cola —dijo Tarble.

— ¿Qué has dicho, Tarble? —las pupilas de Vegeta parecieron dilatarse.

— ¿Qué? ¿A qué te refieres?

—Vuelve a repetir lo que acabas de decir.

—Vegeta ¿te sientes bien? Actúas como si no supieras que Kakarotto ya no tiene cola.

— ¡Eso es! ¡Ugh, maldición! —el príncipe trató de levantarse, pero al parecer aún estaba débil y no lo logró.

—Será mejor que descanses, todavía no estás recuperado completamente —le sugirió Bulma.

—Cállate, mujer. No recibo órdenes de alguien como tú.

— ¿Cómo te atreves? He sido yo quien te curó y pasó toda la noche cuidándote, malagradecido.

—Nadie te lo pidió.

—De haber sabido, te hubiera dejado pudrirte bajo el sol. Ja, en estos momentos las rapiñas estarían dándose un banquete contigo.

—La luz de este lugar es artificial y no hay rapiñas tampoco.

—De cualquier forma tu cuerpo se estaría descomponiendo a estas horas.

—Mujer…

— ¡Basta ya, ustedes dos! —les paró Tarble— Parecen niños chiquitos. Vegeta, has caso y descansa. Yo me llevaré a Kakarotto para después limpiar todo este desastre. Andando, Bulma.

La chica bufó, pero obedeció, siguiendo al menor de los príncipes. Vegeta se acostó, dando la espalda hacia la puerta. Estaba molesto por la actitud de esos dos. Aunque había muchas cosas que su mente se negaba dejar escapar, poco a poco se quedó dormido.

—Sin cola… —murmuró antes de perderse en el sueño.

Mientras tanto en la planta baja.

—Vaya que tu hermano es odioso —espetó Bulma, sentándose a un lado de Goku.

—Puede llegar a ser odioso, pero es lo único que me queda —le respondió con cierta melancolía.

Bulma bajó la mirada y un nuevo picor en su conciencia se hizo presente.

— ¿Te refieres al genocidio de… de tu raza?

—Nosotros cinco somos los últimos saiyajin, bueno cuatro, porque cuando explotó Vegetasei estábamos en otras misiones. No quedó nada, todas nuestras familias murieron ahí. Papá, mamá —Tarble se quedó callado por un instante—. Vegeta nunca habla de eso, pero estoy seguro que cuando desapareció después de escuchar la noticia fue para guardar luto por todos ellos.

Bulma pareció sorprendida de nuevo. Nunca se imaginó que el temible príncipe heredero de los saiyajin tuviera esas muestras de sensibilidad. El chico la miró, notando su incredulidad.

—Aunque no lo creas, mi hermano no es lo que aparenta ser en todos los aspectos. Se ha obsesionado con ser cada vez más fuerte y parece ser el tipo más frío, cruel y despiadado, pero él es otra cosa.

— ¿Qué es, en realidad? —preguntó la científica y Tarble sonrió ampliamente.

—El príncipe saiyajin.

Bulma pareció no comprender la declaración, pero antes de que pudiera preguntar por ello, el chico se levantó.

—Iré a preparar algo de comer. Todos estamos hambrientos —y se fue a la cocina.

Tarble comenzaba a buscar los ingredientes para hacer la comilona, cuando un mareo le hizo perder el equilibrio, alcanzando a sostenerse de la orilla de la mesa. Movió de un lado a otro la cabeza para ver si así se le pasaba el malestar y pareció funcionar. No le dio mayor importancia, pensando que seguramente se trataba por la falta de alimento. Siguió en lo suyo.

En tanto, Bulma parecía estar demasiado afectada por la reciente plática con Tarble. Nunca se había detenido a pensar lo que la casi extinción de la raza saiyajin pudo significar para los pocos sobrevivientes.

No quedó nada, todas nuestras familias murieron ahí. Papá, mamá.

Su pensamiento antes de que las convulsiones de Vegeta iniciaran volvieron a surgir en su mente.

"¿Qué fue lo que pasó después, Bulma? Después de que Tulece no se murió en aquella bañera."

Los saiyajin fueron exterminados.

((…))

La última gota descendiendo de la regadera cayó en el rostro de Bulma. El sonido hueco se escuchó claramente en el silencio que le rodeaba. Fue entonces que cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo.

Hacia unas pocas horas ella había salido de su habitación para ir en busca de Tulece, darle de beber 'el agua azul' y matarlo. Tras lo cual, salió corriendo de ahí y, tan sólo llegar de regreso, se fue directo a la regadera. No le importó que el agua estuviera fría, tan sólo deseaba quitarse la sensación de la mano del saiyajin deslizándose por su pierna, razón por la que había tallado una y otra vez esa zona hasta irritarla al extremo.

¿Y qué decir de sus manos? En instantes las veía rojas, como manchadas de sangre, la sangre de Tulece. Y en instantes las veía impregnadas del 'agua azul'. Entonces las frotaba con desesperación, hasta que en medio de todo eso perdió la noción de su realidad y había terminado sentada en el piso de la ducha.

Con gran esfuerzo se obligó a levantarse y después salir del baño y por poco muere de un infarto al ver a Zaabon sentado sobre la cama. Soltó un gran grito.

Sí, buenos días también para ti.

¿Qué diablos haces aquí tan temprano? —Bulma notó a través de la ventana que apenas comenzaba a amanecer.

Me llegó un informe de que el agua de todo el edificio se acabó y quise cerciorarme de que al menos te habías bañado.

Qué gracioso —Bulma le lanzó la toalla con la que había envuelto su cabello.

Y también para decirte algo que quizá te interese —la chica pareció ignorarlo. En realidad lo único que deseaba era estar sola pues sentía el estómago terriblemente revuelto, además de un fuerte dolor de cabeza y de algunos remordimientos que se negaban a dejarla del todo en paz.

La chica tomó el cepillo y comenzó a desenredar su cabello, dividiéndolo en varios mechones y dándole la espalda al soldado.

Al parecer Tulece fue premiado con la presencia de una mujer —escuchar aquello provocó un nudo en el estómago de la científica. No le preocupaba, sin embargo, pues Zaabon debía estar al tanto de lo sucedido.

Debió disfrutar mucho de su regalo ¿no lo crees? —le respondió sin cambiar su posición.

No creo, la mujer salió hecha una furia porque al parecer el pobre simio se quedó noqueado después de beber demasiado.

Jum, un fraude después de todo —Bulma decidió seguirle el juego a Zaabon y hacerse la inocente.

El caso es que él no iría de misión hasta mañana, pero sus compañeros de escuadrón decidieron darle una visitadita al enterarse de que una mujer le había sido concedida y lo encontraron inconsciente en medio del baño.

¿In-inconsciente en medio del baño? —preguntó, dejando caer el cepillo y mostrando una expresión de terror en los ojos.

Después de un rápido chequeo y tras el testimonio de los guardias, el médico determinó que lo único que Tulece tenía era una congestión alcohólica. Vaya ridículo que pasaron sus tontos amigos porque armaron un escándalo creyendo que lo habían asesinado.

Eso no… eso no —de pronto, Bulma sintió que el aire le hacía falta o más bien que era tan denso que no alcanzaba a llegar a sus pulmones. Entonces, Zaabon se le plantó a la cara.

Te lo advertí, doctora. Nadie mata a nadie sin que el Gran Freezer lo autorice.

Pero, has sido tú quien me dio todos los medios para hacerlo —le espetó.

Para que lo mataras, pero no lo has hecho. Ahora les darás una buena excusa a todos esos simios para armar una pelea de verdad. Y no dudo que otros más se les unan ¿tienes idea de…?

No, si ustedes se les adelantan primero. Los saiyajin confían en la aparición de un súper saiyajin legendario que aparece cada mil años y a juzgar por la manera en como lo dijo Tulece, está a punto de surgir. Y por tu expresión deduzco que eso es precisamente lo que teme el Gran Freezer.

¿Te crees muy inteligente, no? ¿Tratando de manipular al emperador para salirte con la tuya? —Zaabon la tomó de los hombros enterrándola en la pared.

Te equivocas… yo sólo deseo que él gane esta batalla —Zaabon la soltó, mirándola aún con desprecio—. Yo no creo que Tulece hable de esto con alguien, sería demasiado humillante para él decir que una simple mujer estuvo a punto de matarlo. Pero de ser así, él debe morir cuanto antes.

Zaabon negó con un movimiento de la cabeza.

Lo importante es exterminar a todo el planeta lo antes posible, después será más fácil en individual. Tú, no te atrevas a salir de aquí ¿me escuchaste?

¿Y qué pasa si Tulece…?

Ese imbécil tardará un par de días en despertar. No sé lo que le hayas dado pero lo dejó fulminado —y Zaabon se marchó con prisa.

Se suponía que debía matarlo, no 'fulminarlo' ¡Maldición!

Bulma acató la orden, mientras repasaba una y otra vez los esquemas de su experimento. Todo seguía indicando que todo estaba perfecto ¿entonces por qué diablos no se había muerto?

¿Y si sólo había sido la forma de hacer que aceptara su culpa y llevarla ante Freezer? No, Zaabon estaba también muy envuelto en la situación. Pero, a final de cuentas, ¿qué tanto podía afectarle a él siendo el amante del emperador?

Esas y muchas más preguntas iban y venían a su mente y estaban a punto de volverla loca cuando, al cabo de tres días el jefe Ponto hizo su aparición. La muchacha se alegró de verlo e imaginó que se encontraba ahí por órdenes de Zaabon.

Veo que te han alimentado bien —le dijo a modo de saludo.

¡Jefe Ponto! No sabe el gusto que me da verlo. Entonces ¿eso quiere decir que ya puedo salir de aquí? ¿Qué todo se ha arreglado?

Ponto la miró con severidad y toda alegría por parte de Bulma desapareció.

Una raza más ha sido exterminada por Freezer, no veo cómo puede eso hacer que todo vaya bien.

Pero los saiyajin fueron los que conquistaron su planeta ¿o me equivoco? —le respondió con la misma seriedad.

¿No lo entiendes, verdad muchacha? Freezer es el verdadero problema y mientras él siga viviendo el problema seguirá, no importa que los saiyajin hayan desaparecido. Otros vendrán después de ellos.

Para alguien que es el jefe de investigaciones para el Proyecto de Vida me sorprende que diga algo así.

Freezer es más de lo que tú imaginas que es y para cuando lo descubras no podrás salir de esto con vida. Bulma, te deseo suerte —Ponto iba a salir de la habitación cuando se volvió para agregar—: Hoy en el bar Queronte, a las diez.

Y se marchó. Bulma no lo comprendió muy bien, hasta que llegó la hora citada.

Zaabon ¿qué haces aquí? Creí que Ponto sería quien vendría.

El doctor tiene mucho trabajo desde que cierta personita le ha dado por escuchar sus instintos de asesina. Pero bueno, hoy arreglaremos tu tonta actuación.

¿De qué hablas?

Hice que Tulece viniera esta noche al bar. Supuestamente le prometí que te entregaría a cambio de que traicionara a su príncipe —Zaabon rio divertido— Y el muy cobarde sobreentendió que la oferta también incluía perdonarle su miserable vida.

Pero por supuesto ¿no me entregarás a él, verdad? —Bulma tembló ante la posibilidad.

Oh, creo que mataría varios pájaros de un tiro —ella dio un respingo e intentó dar un paso hacia atrás, pero antes de que pudiera hacerlo Zaabon la capturó atrayéndola hacia su cuerpo—. Celebra conmigo, por la victoria de Freezer y por el perdón de tu vida.

Zaabon alzó su vaso y volvió a repetir la primera parte del brindis en voz alta. Los que estaban alrededor le imitaron y finalmente, Bulma se dejó contagiar por la emoción de ser perdonada.

Andando, Tulece viene hacia acá —le dijo al oído el soldado y ella le siguió, saliendo del Queronte.

¡Ustedes, miserables gusanos! Me han engañado —les soltó Tulece una vez estuvieron afuera.

Bulma se sorprendió por el aspecto que presentaba el guerrero. La piel de sus mejillas parecía como si se tratase de cartón y parecía cansado, se notaba que incluso respirar se le dificultaba.

Vaya, al parecer en algo le afectó tu experimento —dijo Zaabon a Bulma, para luego dirigirse al saiyan—. No te ves bien, Tulece.

El scouter de Zaabon detectó una presencia y chasqueó la lengua.

El entrometido de Nappa. Cambiemos nuestro lugar de reunión a otro lugar ¿les parece? —Zaabon apareció en un parpadeo ante Tulece y lo noqueó, luego tomó a Bulma subiéndola boca abajo en uno de sus hombros y llevando a Tulece bajo el brazo.

Bulma tuvo que cerrar los ojos por el vértigo que le provocaba volar a esa velocidad. Cuando sintió que todo el contenido de su estómago iba a salir, Zaabon descendió en lo que parecía ser un campo abierto. Sólo los molinos que producían la energía eólica podían verse alrededor. El ojimiel pateó a Tulece, quien tras un quejido pareció despertar.

Bulma dio un respingo. Parecía que en tan sólo en cuestión de unos minutos el saiyan hubiera envejecido unos treinta años.

Tulece soltó un alarido más fuerte y extendió la mano hacia ellos.

¿Quieres que te ayudemos? —Zaabon le pateó el brazo y este pareció partirse como si de una rama de un árbol viejo se tratase.

Bulma gritó, echándose hacia atrás de un solo salto.

De la herida no brotó sangre ni nada, al parecer estaba totalmente seco por dentro.

Pero, Bulma, no te pongas así. Es el resultado de tu invento —ella miró aterrada a Zaabon, quien parecía divertido—. El 'agua azul' finalmente ha tenido efecto. Ya veo, mientras más poder tenga el individuo más tardará en drenar toda la energía. Es por eso que Tulece no murió inmediatamente.

Bulma miró el cuerpo seco del saiyajin, quien se había resignado a quedarse sobre su espalda, mirando el cielo. Sus cuencas se quedaron vacías al quedarse secas, pues sus ojos habían desaparecido.

Por un instante la imagen del guerrero musculoso y temido se sobrepuso a la imagen que estaba viendo en ese momento. El guerrero al que odiaba y temía al mismo tiempo, el saiyajin que había matado a Yamsha sin siquiera pestañear. El guerrero al que ella había vencido.

El último aliento de Tulece se dejó escuchar, más como un alivio que como otra cosa.

Y entonces el viento se llevó los restos de su cuerpo.

FIN DEL CAPÍTULO NUEVE

¿Una buena muerte? ¿Qué les pareció? Varias cosas clave fueron reveladas en este capítulo y espero que haya sido de su agrado.

Gracias por quienes leen y no se olviden de dejar un comentario que ya sé no es obligación hacerlo pero qué bien alimentan a uno. Bueno, me he dado cuenta de que aunque pocos comentarios, sí están leyendo este desvario, así que, como a una servidora le encnata esta historia la seguiré subiendo ¡Pero no se olviden de los reviews!