Jon no pudo dormir aquella noche. Habían pasado largos meses desde la última vez que él había estado junto a Ella. Y tras sus suplicas para que se quedase, Jon decidió dejar de lado su egoísta deseo y marchó hacia el Muro.

Habían pasado meses desde que él se había propuesto olvidarla. Pero ahí estaba ella de nuevo. Siendo únicamente separados por dos torres.

Lord Comandante había cedido una habitación a la señora de Invernalia, agasajándola con algo de carne, queso, pan y un vaso de su mejor vino. Ella se había mostrado infinitamente agradecida, pero lo que la joven realmente necesitaba era una cama mullida; haber dormido en el suelo, rodeada del calor de un equino era algo a lo que todavía no estaba acostumbrada. A Jon no le hubiera molestado otorgarle su modesto cuarto, pero Lord Comandante se le había adelantado. Y había sido mejor así.

Durante toda su infancia, Lady Catelyn había delimitado la cercanía que el bastardo de su esposo debía tener para con sus hijos legítimos. Y Jon a veces la entendía. Lord Eddard había sido un hombre generoso, de reputación intachable. Pero una mancha negra apareció en su vida y la de su esposa el día que el hombre regresó de la guerra con un bebé en brazos.

Teniendo casi la misma edad que Robb, la competencia entre ambos normal. Robb era el auténtico heredero de Winterfell. Era un chico con rasgos propios de un Tully, pero era un Stark a fin de cuentas.

Siendo apenas un año y medio más grande que su hermana, Jon encontró el consuelo que necesitaba en ella. La joven jamás empleó la palabra bastardo contra él y siempre se disponía a defenderlo cuando su madre o terceros lo atacaban.

Jon recordaba con detalles el momento en que Lyanna había llegado al mundo. Si bien era pequeño, había cosas que no olvidaba, como por ejemplo que la primera hija de Ned Stark había llegado una noche de tormenta, donde los relámpagos alumbraban los rincones más oscuros del castillo. Jon había tenido miedo aquella noche, pero las historias de la vieja Tata lo calmaban.

A la mañana siguiente, a Robb se le había contado que había tenido una hermana; sus padres le habían llenado la cabeza con que ser el hermano mayor era una gran responsabilidad, por lo que el niño había hinchado el pecho y con Tono agudo e infantil, comenzó a pregonar que tenía una hermana. Todos en el castillo lo habían felicitado, pero fue Jon quién primero la conoció; su señor padre lo llevó a verla, explicándole que él también tenía responsabilidades para con la niña.

Muy a pesar de que lady Tully tenía sus oposiciones, en aquellos momentos la mujer no estaba en condiciones de discutir; el parto la había dejado agotada y cuando ellos llegaron al cuarto, la encontraron durmiendo. El Maestre Luwin le había dado leche de amapola para el dolor y Catelyn no dudo en rendirse ante los dulces brazos del sueño.

Cuando padre e hijo ingresaron al cuarto, tuvieron cuidado de no despertarla y juntos se acercaron a la pequeña camita que se hallaba junto al lecho matrimonial. El infantil rostro de Jon se había iluminado al ver al bebé que dormía envuelta de suaves mantas de lana. Era pequeña, tal vez tendría el largo del antebrazo de un hombre adulto y tal vez un poco más. Tenía las mejillas rojas y la piel blanca, como la nieve. Lord Stark le había contado que su nueva hermana se llamaría Lyanna Lysa, en honor a sus tías materna y paterna.

Jon era muy pequeño para recordarlo, pero su padre se lo había hecho recordar en más de una ocasión. Pero pequeño o no, él era capaz de recordar cada buen momento que pasó junto a su hermana.

Él la quería. Y era consciente que ella compartía el mismo sentimiento.

Debido a las miles de leguas que separaban a Desembarco del Rey del Muro, Jon fue consciente de los sucesos que habían ocurrido desde el momento en que él abandonó Invernalia. Su hermana, por órdenes del rey, había sido obligada a casarse con el Matarreyes; Jon pudo identificar por sus expresiones raciales que ella omitía ciertos temas. Pero fueron los cambios corporales lo que lo alertaron. Él recordar a una Lyanna esbelta y de cabellera negra. Pero la joven que se hallaba sentada en aquellos instantes frente a Lord Comandante tenía un poco más de carne en los huesos y los rasgos Tully habían comenzado a aflorar en las puntas de su cabello, convirtiendo aquella melena oscura en una mezcla de cobre y carbón.

Lord Mormont y Lyanna hablaron durante una hora, pero Jon se puso de pie a mitad de la conversación, excusándose con que estaba cansado y pidiendo permiso se retiró.

Una vez fuera de los aposentos de Lord Comandante, él se mordió la lengua y comenzó a bajar las escaleras. Su día de juramentación estaba cerca y pronto se convertiría en un Hermano de negro. Y por más que él quisiera a su hermana… ella debía irse.

-¡Mi lady!-un par de días habían transcurrido desde el momento en que Lyanna había abandonado el Muro. Ella le había agradecido a lord Mormont su generosidad y había repetido su juramento y en cuanto ella llegase a Invernalia enviaría tantos hombres como se le fuese posible, para completar las filas de la Guardia de noche.

Retomar el camino no había sido fácil. Había nevado en los últimos días y gruesas capas de nieve habían cubierto los caminos. En ms de una ocasión se vio obligada a desmontar y caminar varios metros hasta encontrar una superficie que fuese apta para las delgadas patas de su semental.

Séneca había volado dos noches atrás, con un mensaje para ser Rodrik; la joven le pedía indicaciones. Al segundo día de marcha se dio cuenta que había estado caminando en círculos y tenía perderse en el lugar, que irónicamente, conocía tan bien como la palma de su mano. Pero todo era difícil si la nieve lo cubría.

Pero, su suerte cambio al inicio del tercer amanecer. Pasando por un estrecho arroyo, ella comenzó a ver señales que la condujeron a su encuentro con el Castellano de Winterfell.

La Compañía Norteña se había asentado a unos cuantos kilómetros de donde habían encontrado a Lady Hornwood, casi a orillas de Cuchillo Blanco. El grupo estaba posicionado en Sheepshead Hills, a unos pocos kilómetros de Invernalia.

-Ser Rodrik.-saludó Lyanna con alivio mientras desmontaba. El Castellano la ayudó a desmontar y la sostuvo por debajo de los brazos durante unos instantes, hasta que ella pudo mantenerse por su propia cuenta. El viaje y el viento le habían entumecido las piernas y estirarlas era el placer más deseoso en aquellos momentos.

-Me alegra verla.-anunció el Hombre-Pero creí haber dicho que no hacía falta que viniese, mi lady.-

-El bastardo de lord Bolton aterrorizo a una de nuestras familia amiga; Lady Hornwood ha muerto por su culpa, ¿qué debería hacer, mi buen señor? ¿Quedarme bordando?-ella sacudió negativamente cabeza.-Lo lamento, pero debo velar por la seguridad de mi gente.-

-Hermana del rey debía ser.-murmuró el Castellano

-¿Dónde está?-el hombre se hizo a un lado, enseñándole el improvisado campamento que habían levantado él y sus hombres. Invierno se hallaba junto a la fogata; la loba masticaba un hueso con carne mientras los norteños que estaban a su alrededor degustaban un guiso de venado.

-Es ese que está ahí.-ser Rodrik señaló a un hombre amarrado junto a roca. Ninguno de los norteños se le acercaba y más de uno lo miraba con desprecio.-Dice llamarse Hediondo.-continuó el Castellano.-Era el paje del bastardo de Bolton.-

-¿Y dónde está el hijo de lord Bolton?-preguntó acercándose. Los hombres que comían se pusieron de pie para reverenciarla, pero ella les indicó que volviesen a sentarse.

-Le hemos dado caza, mi señora.-respondió Ser Rodrik.-Hace ya unos días. Los encontramos a ambos junto al cadáver de lady Hornwood.-la joven recordó el sueño dónde ella había vestido las pieles de Invierno, viendo con los ojos de la loba.-Lord Manderly se apresuró a tomar el castillo de su prima y desde una ventana nos dio el permiso de enterrar a la pobre Lady Hornwood en sus tierras.-el Castellano negó varias veces.

-Que los Dioses se apiaden de su alma.-Susurró la joven Stark con pesar.-Pero al menos su asesinato no quedará en el olvido.-

Lyanna respiró profundo y el aroma del guiso ingresó por su nariz, haciéndole rugir las tripas; ella sólo había comido una manzana en todo el día.

A medida que se acercaba al hombre atado, los norteños abandonaron los platos y tomaron sus espadas, secundando a la señora de Invernalia. Lyanna no entendía que peligro podía representar una personada atada de pie y manos.

Ella se detuvo a medio metro y frunció los labios.- ¿Qué es ese olor?-cuestionó. Un aroma putrefacto había eliminado el aroma del guiso y ahora las tripas de Lyanna rugían con asco, con arcadas.

Algunos hombres rieron entre dientes.-Está muerto en vida.-anunció uno de ellos, alzando su espada y señalando al paje.-Está cubierto con todo lo más asqueroso que se pueda imaginar, mi lady.-

-Por favor, mis caballeros.-pidió Lyanna, mirándolos por encima de su hombro.-Denme un poco de espacio.-solicitó. Los hombres comenzaron a murmurar en negativa y a tropel comenzaron a avanzar. Eran Norteños dispuesto a salvar a su señora.- ¡Caballeros!-exclamó, dándole la espalda al hediondo ser que se hallaba cerca y alzando los brazos.-Por favor, se los suplico.-insistió.

Ser Rodrik se interpuso entre los norteños y su señora, pasando sus anchos brazos encima de los hombros de la niña y apartándola de la multitud.- Irá conmigo, mi lady.-anunció.

-Pero…-

-Sin peros.-Lyanna podía tener un título real, pero seguía siendo una niña, una niña en un improvisado campamento de hombres experimentados

Invierno gruñó y dejó el hueso de lado. La loba se puso de pie y se acercó con un trote ligero a su dueña, caminando a su lado. Lyanna rozó la coronilla del animal, sintiendo la suavidad de su pelaje oscuro.

-De pie.-ordenó Ser Rodrik, tomando al prisionero de la raída capa. La joven arrugó la nariz en cuanto el muchacho que estaba de rodillas se levantó; el olor era insoportable. Olía a muerte.

Lyanna respiró profundo na vez y se irguió, entrelazando sus manos al frente de su cuerpo. Ser Rodrik lo arrastró frente a ella y Lyanna descubrió que aquella persona era sin duda más alta que ella, y no importaba cuan derecha ella se pusiera, jamás lo alcanzaría.

La muchacha lo observó con curiosidad. Debía tener la misma edad que Theon o tal vez un par de años más grande. Tenía un aspecto feo, de apariencia carnosa, con grandes labios en forma de gusanos. La mugre era visible desde kilómetros; si bien podía tener cabello largo y oscuro, la grasa, la sangre seca y la tierra hacía imposible ver cuán largo era en realidad. La ropa que usaba era harapienta, rota y empapada en lodo.

-Dime tu nombre.-pidió Lyanna.

El hombre levantó la cabeza. Un oscuro mechón le caía sobre los ojos, claros como el hielo pero surcados por dos grandes aureolas oscuras.

-Hediondo.-respondió con voz ronca. Los hombres a sus espaldas reían y murmuraban, pero Lyanna los calló levantando la mano.

-¿Conocías al hijo de Lord Bolton?-preguntó. La altura la intimidaba, por lo que La arrodilló e hizo señas hacia Ser Rodrik para que volviese a colocar a Hediondo en la misma posición en la que estaba antes. El harapiento hombre se desplomó en el suelo. Y ahora ambos estaban a la misma altura.

-El amo Ramsay.-murmuró.-Yo era su sirviente, no paje.-dijo, como si fuese una aclaración hacía ser Rodrik.

-¿Tú has visto lo que tú amo ha hecho con lady Hornwood?-costras de sangre seca se hallaban bajo sus uñas mientras que sus palmas tenían una coloración rojizo ladrillo, mezclado con tierra seca. Hediondo permaneció en silencio.

»Tonta eres. Arrodillarte frente a un posible asesino. Tu confianza es ciega, niña tonta«

Sus palabras internas solo servían para culparla, nunca para nada más. Pero era preferible eso a tener que recordar las advertencias de Jojen.

-¿Has participado?-el castellano de Winterfell le había pasado un informe sobre cómo habían encontrado a lady Hornwood, partiendo desde su desaparición luego del Banquete en el castillo y su trágico final: el bastardo de Roose Bolton la había raptado cuando la mujer iba de regreso a sus tierras. El mismo día la había obligado a casarse, forzándola a entregar todos sus derechos sobre sus propiedades para luego consumar el matrimonio en el mismo lugar y finalmente terminar encerrándola en una torre. Ser Rodrik notificó que Lady Hornwood había estado días sin comer y ante la prohibición alimenticia había comenzado a morderse los dedos.

-Ser Rodrik.-habló Lyanna, siendo incapaz de arrancar otra palabra de los gruesos labios de Hediondo.-Partiremos al amanecer.-anunció poniéndose de pie; la nieve se le había pegado al vestido.-Sujétenlo a un árbol y túrnense para vigilarlo.-ordenó, antes de girar sobre sus talones, siendo seguida por Invierno.

Un hombre fornido y calvo, llamado Cacerola troceó un poco más de ciervo y algunas verduras y las agregó a los resto del guiso inicial. Lyanna y Ser Rodrik se apartaron y hablaron en susurros mientras los miembros de la Compañía Norteña finalizaban su cena y un grupo de cinco se encargaba de vigilar al prisionero.

-Mucho antes de partir de Invernalia, he recibido una carta de mi hermano el rey, mi lord.-el maestre Luwin y el castellano eran por el momento los dos únicos adultos en los que ella confiaba plenamente y con los que podía discutir temas importantes, sin ser tratada como una chiquilla.-Ha solicitado nuevamente mi presencia en Aguasdulces; quiere que me haga cargo de la guarnición que le corresponde a mi tío Edmure.-

-Un excelente puesto.-alabó el hombre, enrollándose los delgados bigotes blancos.- ¿Qué es lo que la preocupa?-

Lyanna rió amargamente y ladeó la cabeza hacia el costado, de modo que su mentón reposó contra su hombro.

-Seria que es lo que no me preocupa.-replicó.-Durante años usted me ha enseñado lo básico sobre armas, pero ante la negativa de mi madre no podido tener el mismo nivel que mis hermanos.-ella suspiró.- ¿Cómo liderar un regimiento si apenas se esgrimir una espada?-

-Una persona no necesita una espada cómo única arma, mi lady.-expresó sabiamente el Castellano.-Las flechas también son una opción, de poco sirven en encuentro cuerpo a cuerpo, pero son útiles a largas distancias.-Lyanna bajó la vista, mordisqueándose el labio.-Gracias.-el hombre llamado Cacerola había traído dos platos profundos que rebosaban de guiso de ciervo; con gesto hosco asintió y se reunió con sus compañeros.-Come, niña.-el maestro fe armas le tendió uno de los platos y Lyanna lo tomó con cuidado de no quemarse.-Pero antes de que usted se vaya podemos practicar y podrá continuar con el entrenamiento una vez que este junto a la guarnición de su tío.

La joven sopló el guiso varias veces y aguardó antes de llevárselo a la boca.

El campamento estaba en silencio. Todos se habían reunido alrededor de la fogata y conversaban en voz baja. Hediondo había sido alimentado, pero con. La mitad de la ración con la que los demás habían comido.

Pero a pesar de los tratos previos por parte de la Compañía Norteña, Hediondo se encontraba muy tranquilo. Sus ojos color hielo observaban todo y sus gruesos labios estaban en silencio.

Un estremecimiento le recorrió la espalda cuando Lyanna recordó aquel sueño, donde aparecía el lobo decapitado, el león, el kraken y el hombre desollado.

-Ser Rodrik.-dijo ella frunciendo ligeramente en ceño y revolviendo la cena con una cuchara de madera.- ¿Usted cree que los sueños con ventanas al futuro?-

El hombre masticó un grueso trozo de carne y respondió exactamente lo mismo que el maestre Luwin. Ninguno de los dos no creían que los sueños tuviesen un significado que tuviese sentido o peso con sentido.

Cuando la guardia de Hediondo cambio por tercera vez, Lyanna se acomodó encima de su capa mientras que Invierno y su semental se enroscaban alrededor de ella, aportándole calor para pasar la noche.

La fogata era cada vez más débil a medida que el viento soplaba. Lyanna se contrajo más junto a sus animales e intentó cerrar los ojos.

La Compañía había cambiado la posición del campamento al interior se una ya que cuanto la luna realizó su brillante aparición, la nieve hizo la suya.

Pym el Bajo, un hombre de porte alto y barbudo encendió una nueva hoguera con leños de eucaliptos, lo cual permitió que el interior de la cueva estuviese perfumada durante un buen rato.

Entre los miembros de la Compañía había un bardo que no tardó mucho en sacar una vieja lira y con ella entonar canciones alegres. A medio camino del sueño, Lyanna escucho el Oso y na Doncella. Aquella canción le hacía acordar los banquetes que su padre solía dar en ovaciones importantes. A ella le encantaba bailar junto a sus amigas Tansy y Myranda, mientras que caballeros jóvenes pretendían ser los osos que la canción describía.

Días atrás, cuando los lotes menores acudieron al castillo, exhibiendo a sus herederos, Lyanna no pudo evitar pensar en Su Florian. En Ser Domeric Bolton.

Si bien aquel muchacho era unos cuantos años más grande que la propia Lyanna, no se parecía en lo absoluto a su señor padre. Domeric era tranquilo pero educado, leía historia, tocaba el arpa y cabalgaba como si hubiese nacido en una silla de montar. Lyanna nunca había pensado en él como algo más que un buen amigo. Pero el hijo de Lord Bolton se había tomado el atrevimiento de ir hasta Lord Stark y pedir la mano de su hija en matrimonio. En un primer momento, y por lo que ella tenía entendido, su padre se había negado pero había añadido que lo pensaría. Lyanna era una niña pequeña que aún no había florecido en aquellos tiempos. Pero Lord Stark se ha la tomado mucho tiempo para pensar. A dos del inicio de la guerra, la trágica noticia que el heredero de Fuerte Terror había muerto se expandió por todo el norte.

Lyanna giró encima de su capa y pasó un brazo alrededor de la mullida espalda de su loba, sintiendo el calor del pelo bajo sus yemas. El campamento se había dormido para esas alturas. Ser Rodrik ronroneaba muy cerca de ella mientras que los únicos que permanecían despiertos eran los soldados de guardia. Y peculiarmente, también el prisionero.

-.-.-

Cuando el grupo traspasó las puertas de Invernalia, Rickon salió desde el interior de la torre del Maestre Luwin a los gritos. Farlen se hizo cargo de su semental y con ayuda de Hodor, Lyanna desmontó. Los hombres arrastraron a Hediondo ante ella.

-¿A dónde lo llevamos?-preguntaron, sujetando al muchacho con una correa amarrada a las muñecas.

-Por ahora a los calabozos.-respondió ella, tomando en brazos a su hermano menor.-Más tarde me gustaría tenerlo en salón para continuar con las preguntas.-los hombres asintieron.-Proporciónenle comida y ropa nueva.-mucho de sus fieles caballeros continuaron murmurando entre dientes, pero ella era la hermana de un rey y sus órdenes no podían ser desobedecidas.

Los hombres arrastraron a Hediondo hacia los calabozos mientras que el resto de la compañía norteña procedía a dispersarse.

Rickon la lleno de preguntas a medida que ambos ingresaban a las galerías. Lyanna las respondió una por una, aunque siendo cautelosa con las respuestas que daba. Al llegar a los aposentos de la joven, Tansy y Myranda la esperaban en el interior.

-Qué bueno es volver a verla.-anuncio Tansy con las mejillas coloradas mientras hacía una leve reverencia.-Mi señora nos tenía preocupadas.

Lyanna depositó al niño en el suelo y abrazó efusivamente a su dama de compañía.

-No hay nada de preocuparse.-dijo pasando a Myranda. Ambas, a pesar de haberse criado juntas, jamás tuvieron la mejor de las relaciones. Myranda era hija de pastores, pero poseía una belleza que sus hermanas no. Y a medida que iba creciendo, utilizaba aquello como una ventaja. Por ella habían pasado Theon y casi todos los miembros de la Compañía Norteña y únicamente, la joven en cuestión, tenía 16 años.

-Le pondré un poco de agua caliente para que se bañe.-anunció Tansy mientras tomaba juego de toallas limpias.

-Myranda.-llamó Lyanna, abriéndose el broche de su capa.- ¿Podrías llevar a Rickon a su habitación?-la muchacha asintió brevemente y tomó al niño de la mano, sacándolo de la habitación.-Tansy.-dijo viendo a la mayor de sus damas, eligiendo un vestido de su armario.- ¿Cómo han estado las cosas durante mi ausencia?-

Tansy emergió con una prenda entre sus pálidas manos. El vestido en cuestión tenía mangas amplias en color rosa pálido, que se abría a na altura de las muñecas en forma de flor. El escote era en forma de corazón y con hilos de oro tejidos sobre una tela que servía para proteger la zona del pecho en el mismo color que las mangas. Del escote nacía un corsé dorado que a si mismo daba inicio a la falda color marfil con estampas de sutiles rosas blancas tejidas sobre la misma tela.

-Nada importante.-respondió la muchacha, depositando e vestido sobre la cama.-Solo que…-soltó una risita risueña, pero a los segundos se reincorporó.-El príncipe Bran ha ordenado que Barrigón no se bañase.-la muchacha volvió a reír por lo bajo.

-¿Qué no se bañase?-repitió Lyanna deshaciendo del vestido que llevaba puesto para únicamente quedar en enaguas.- ¿Y cuál ha sido el motivo de esa orden?-

-Según lo que se dice en las cocinas, el joven príncipe ha oído las palabras del Niño Rana, el hijo de Lord Reed.-

-Jojen.-afirmó Lyanna mientras que Myranda y otras doncellas ingresaban am cuarto, cargando tinajas con agua caliente.

-Según el joven Reed, el mar llegará al norte y manera las paredes del castillo, ahogándonos.-mientras vertía el agua dentro de la tina, Myranda dejó escapar un bufido.

-Solo tú te creerías esas tonterías.-manifestó.-Todo el mundo sabe que el mar no puede llegar a Invernalia, porque está a miles de leguas de distancia. Lo más cercano que tenemos para ahogarnos son los ríos y arroyos, pero nadie es tan estúpido como hacerlo solo porque un niño raro lo dice.-

-Deberías respetar los pensamientos y temores de los otros.-intervino Lyanna, sacándose las enaguas y quedando en ropa interior.-No creo que sea de tu agrado que alguien venga y te suelte lo mismo que has soltado tú, solo porque tu forma de pensar se basa únicamente en el escepticismo.-

-Lo lamento, mi señora.-Myranda bajo la cabeza y en cuanto no hubo más tinajas que verter se fue de la habitación, castañeando los dientes.

En la noche, durante la cena, ser Rodrik paso el informe completo con respecto al bastardo de Bolton. Bran estaba atento, escuchando cada palabra y olvidándose de cenar. El bastardo había muerto. La Compañía Norteña lo había atrapado en tierras de los Hornwood y lo acribillaron a flechazos cuando intentó huir a caballo. Pero habían llegado demasiado tarde para la pobre Lady Hornwood.

-Ese monstruo nos ha puesto en una situación espinosa.-comentó el anciano caballero al maestre Luwin.-Nos guste o no, Lady Hornwood era su esposa. La obligó a pronunciar los votos ante el septon y ante el árbol corazón, y se acostó con ella esa misma noche ante testigos. Ella firmó un testamento en el que lo nombraba heredero, y le puso su sello.

-Los votos pronunciados bajo la amenaza de una espada no tienen ningún valor.-argumentó el maestre. Lyanna sintió alivio al escuchar esas palabras, aunque era un poco tarde para ella poder usarlas.

-Puede que Roose Bolton no esté de acuerdo, con esas tierras en juego.-opinó mientras le llenaban nuevamente na copa con vino

Ser Rodrik parecía muy triste.

-Ojalá le pudiera cortar la cabeza también a este criado.-espetó, bebiendo de su copa.-Es tan malo como su amo. Pero me temo que habrá que mantenerlo con vida hasta que Robb regrese de la guerra. Es el único testigo de los peores crímenes del bastardo. Puede que Lord Bolton se deje convencer si oye su declaración, pero entretanto, los caballeros de Manderly y los hombres de Fuerte Terror se están matando entre ellos en los bosques de los Hornwood, y no dispongo de las fuerzas necesarias para detenerlos.-

-Tal vez cuando mi hermano dicte su veredicto podríamos mandarlo al Muro.-opinó la joven loba.-Durante mi visita he visto que Lord Comandante ando necesitando hombres. A lo que me recuerda, Maestre debemos enviarle a los ladronzuelos que atrapamos la semana pasada en los límites de Bosquespeso.-Lyanna terminó el contenido de su copa y tras limpiarse la boca con una servilleta, empujó la silla hacía atrás.-Me disculpo, caballeros.-anunció, al tiempo que un criado la ayudaba a correr el asiento.-Pero estoy demasiado cansada y me gustaría descansar.-

-Que descanse, mi lady.-deseó el maestre Luwin, asintiendo.

-Lo mismo para ustedes.-suspiró.

Tansy la alcanzó en la galería norte, mientras se dirigía hacía su torre.

-¿Tú abuela está bien?-preguntó, mientras enlazaba su brazo con el de su dama de compañía.

-Se queja de que el frío le cala los huesos.-respondió, lanzando una nueva risita risueña.

-¿Crees que podrá venir unos instantes a mi cuarto?-preguntó, mientras que ambas subían las escaleras de la torre.

-La haré llamar, mi lady.-asintió la muchacha, dejando a la joven loba subir el tramo hasta la habitación.

Unos minutos después Tansy regresó acompañada de una mujer menuda, de manos huesudas y cabeza cubierta por un paño.

-Arat.-saludó la norteña, recibiendo a la mujer con un corto abrazo.

-Ya me estaba preguntando cuando me llamarías.-respondió la vieja mientras Lyanna la conducía a la cama.

Según decían los norteños, tanto la vieja Tata como Arat Ojos Rojos habían estado desde hacía tiempos indefinidos. Las voces decían que la abuela de Tansy podía ser aquella mujer que tenía una choza en Lannisport y vivía bajo el seudónimo de Maggy la Rana, pero Arat siempre insistió que sus raíces eran de hielo y que sus cimientos crecían donde había nieve.

-¿Qué puede hacer una vieja decrepita por usted, mi lady?-Lyanna se sentó junto a ella y la tomó por las manos.

-De niña, solías darle significado a mis sueños.-la joven tragó saliva.-He tenido algunos que realmente no tienen sentido para mí y quisiera saber si tú…sí tu podrías hacer algo al respecto.-Arat la sujetó por la muñeca y del interior de su bolsillo sacó una fina aguja con la que pinchó la punta del dedo índice de Lyanna.

-Con una gota bastará.-anunció mientras una redondeada mancha roja comenzaba a brotar. La mujer recogió la gota y se la llevó a los viejos y agrietados labios. La saboreó y luego de unos instantes volvió la vista hacía la loba.-Dime tus preocupaciones y de mi respuestas tendrás.-

Lyanna se acomodó en el colchón y respiró profundo. Ella era consciente de que Arat tenía un límite, por lo que debía pensar todo con cuidado.

-¿Qué significado tendrán en mi vida el kraken, el hombre desollado, el león y el lobo decapitado?-preguntó casi como si su alma se lo estuviese reclamando.

-Rumores se han estado corriendo a lo largo y a lo ancho del castillo: el niño Rana dijo que el mar vendría a Invernalia, pero solo los más listos son capaces de entender una metáfora. El kraken reptará por las paredes, pero la manada resistirá.-respondió.-El hombre desollado es alguien que espera y sabe cómo hacerlo, buscando el momento perfecto para revelarse; su identidad es confusa, pero todo se esclarecerá cuando la máscara caiga. En cuanto al león…-la mano huesuda de la mujer se posó sobre el estómago de la joven y cerró los ojos, mientras entreabría levemente los labios.-Pronto habrá algo dentro de ti que te darás las respuestas que tanto busca.-

-¿Y el lobo?-preguntó Lyanna con desesperación. Nada de lo anterior parecía asustarla tanto como lo hacía el hecho de pensar que el lobo podía llegar a estar relacionado con Robb.

El rostro de la vieja se contorsionó en una mueca de asco mientras que ambas manos se cerraban en torno a las muñecas de la muchacha atrayéndola hacia adelante y rozando su arrugada frente contra la de Lyanna.

-Por lo que más quiera, mi lady, aléjese de las bodas.-pidió con voz ronca. Lyanna observó con terror como los ojos de la mujer se tornaban más claros que antes y como sus manos temblaban ligeramente.-Aléjese de ellas porque los gemelos no son de confiar.-