Recomendación: Me inspirado en este capitulo con la canción Shadowplay - The Killers
Hakuba se retiró meneando la cabeza, pensando cómo era posible que su amiga pudiera ser tan terca. Mientras, Kaito se quedó detrás la columna, meditando la conversación que acababa de oír.
¿En este corto periodo había tenido tiempo de enamorarse de un tío en el metro? ¿Ya se había olvidado de él? Ésa discusión, cuando ella le dijo que había pensado lo mejor de él, que confiaba en él… Le había hecho entender que le importaba ¿por qué sino se enfado tanto? Sus sonrisas durante ese tiempo le habían hecho creer que sentía afecto por él pero ¿ya estaba? ¿Eso era todo lo que le había importado?
Sus cejas se juntaron, la nariz se arrugó e hizo una mueca mientras oía rechinar sus dientes. Se sentía herido y traicionado. Y lo cierto era que no sabía muy bien el porqué. Lo único que sabía era que tenía unas ganas inmensas de dar una paliza a cualquier que se le pasase por delante y afirmara que se llamaba Kyo.
CAPITULO IX
- El resurgimiento del ladrón -
Después del desafortunado incidente que tuvo con Kaito Kuroba, Aoko se obligó a no pensar más en él. Y no quiso decir olvidarlo, por que esa era una tarea que veía irrealizable. No obstante, era irremediable recordarle de vez en cuando. Y se reprochaba a menudo porque, cuando su imagen le asaltaba en su cabeza, no podía evitar preguntarse la razón de su comportamiento. Y se enfadaba por que tenía respuesta delante de sus narices: él tenía un disfraz de amabilidad que había hecho que ella hubiese hecho una idea errónea de él. Sabía de bien cierto que en el fondo era culpa de ella por ser tan ingenua.
Por no recordar el momento fatídico que experimentó con Keiko en el suelo del lavabo… ¡Como si tuviera quince años, por Dios! Cada vez que la imagen le venía en mente su rostro adquiría un tono carmín y le venían largos e incesantes sofocones. Por lo menos, le hizo prometer a Keiko que no le dijese a nadie acerca de ese asunto.
Pero eso ahora no tenía importancia. Lo sucedido era un hecho y no había marcha atrás. Lo único que podía hacer era concentrarse al cien por cien en la captura de KID y ya se preocuparía luego de su reencuentro con Kuroba en la boda de su amiga Keiko. Así entonces, durante todo el tiempo siguiente, reorganizó su escuadrón policial añadiendo a su equipo a un elemento sólido y esperanzador que esperaba que le alcanzara la victoria a corto plazo: Saguru Hakuba. Como ella suponía, cuando el detective supo su propuesta, no se lo pensó dos veces. Era como si le hubiera entregado una piruleta a un niño: en decirlo, su rostro adoptó una expresión jovial, su sonrisa se ensanchó y sus ojos brillaban con un toque de diversión.
Se empleó a fondo en su tarea: formó nuevas estrategias junto a Hakuba, contrató a nuevo personal más especializado, se informó de las nuevas actualizaciones en el ámbito de vigilancia, elaboró una lista con todas las posibles joyas que podrían ser robas y que estuvieran en Japón, consiguió que su superior le entregará nuevo material para hacer más eficaz la captura… Sin embargo, a pesar de todo su empeño, se le escapaba un pequeño detalle: el ladrón. Curiosamente, durante más de un mes no había vuelto a aparecer. Los medios de comunicación informaban y especulaban sobre su posible situación o paradero, arrinconaban a Aoko y Hakuba preguntando si había alguna información nueva sobre él, organizaban debates, programas, documentales y especiales dedicados al mago como pretexto de provocar al ladrón y que saliera de su escondite. Pero eso no surgió efecto. KID no aparecía y los medios empezaron a perderle interés por la falta de información y los excesos de rumores y especulaciones varias.
Ante esto, Aoko empezó a ponerse tensa. El hecho de que se estuviera esforzando tanto y ver sus intentos inútiles le frustraba enormemente. Cada día llegaba a casa, se dejaba caer en el sofá y el propio cansancio producía que la habitación dase vueltas alrededor suyo, provocando un sutil mareo que tan solo podía calmar cerrando los ojos y, por consecuencia, se dormía en tan solo unos segundos. Y era consciente que no podía seguir en ese ritmo, tenía que echar el freno. Pero trabajar era la única solución que veía para no pensar en sus problemas, ya sean familiares, laborales o sentimentales. Aunque guardárselo todo para si misma y descargarlo en el trabajo no resultaba ser la solución, no esta vez. Necesitaba expresarlo a alguien, como había sucedido hacía un mes con su amiga Keiko. Pero le preocupaba poder importunarla por lo de la boda. No obstante, al final decidió llamarla para quedar con ella una tarde que coincidieron para librar. En hacerlo, Keiko le propuso que viniera a su casa para charlar un rato.
Mas la sorpresa le vino de repente, en cuanto vio al pasar la puerta, que a parte de Keiko, se habían reunido Ran, Kazhua y Sonoko. Eran Amigas que apenas veía: Kazuha vivía en Osaka con su novio Heiji y apenas venía de visita a Tokio; Ran, en estar casada con Shinichi, viajaba muy a menudo a Estados Unidos; y Sonoko iba de mansión a mansión con Makoto, alternando su residencia, por no mencionar lo ocupada que estaba desde que dirigía un puesto importante en la empresa Suzuki.
Ante tal conmoción, lo primero que hizo en reaccionar fue lanzarse hacia el sofá donde se hallaban ellas. Todas como respuesta rieron resueltas y la abrazaron con alegría. Las echó tanto de menos.
- Chicas, pero… ¿qué hacéis aquí? – Dijo echándose hacia atrás para contemplarlas – No tenía ni idea que venias.
- Esa era la intención – respondió Kazuha – queríamos darte una sorpresa. Ya hacía mucho tiempo que no nos veíamos y no hemos podido celebrar todas juntas tu ascenso.
- ¡Felicidades! – soltaron todas de golpe.
Aoko tan solo pudo fue soltar una risa llena de regocijo como contestación.
- Además – añadió Ran – Keiko nos dijo que estabas un poco deprimida porque con el trabajo no estas del todo satisfecha y nos hemos propuesto animarte.
- Muchas gracias chicas, la verdad es que lo necesito. Tengo demasiadas cosas en la cabeza, entre lo de mi padre y lo de KID… - explicó excluyendo adrede el tema de Kuroba, no tenía ganas de hablar de algo que le parecía tan vergonzoso e inútil.
- Ah, sí, lo de tu padre…- se lamentó Ran – lo debiste pasar muy mal.
- Sí, pero por suerte ya pasó.
En este momento, Keiko llegó con una bandeja de tes y pastelitos. Sonoko seleccionó un par de pasteles, los dejó a parte y cogió una taza de té mientras escuchaba a Aoko como relataba el proceso de recuperación de su padre.
- Me alegro mucho por la rápida recuperación de tu padre, Aoko – expresó sinceramente Sonoko – Pero pasemos a otra cuestión más interesante… - dijo mientras sorbía un poquito más de té y alcanzaba otro pastelito - ¿Qué hay sobre lo de ése tal Kaito Kuroba?
Aoko palideció de golpe en oír el nombre de tal sujeto y notó como un escalofrió recorría su espina dorsal.
- ¿C-Cómo?
- Oh, vamos Aoko, no te hagas la tonta – le recalcó Sonoko – Con nosotras no. Todas sabemos que te encaprichaste de ese tipo.
A Aoko se le subieron todos los colores y oyó como los latidos del corazón aceleraban. Acto seguido, frunció el ceño y dirigió una mirada asesina sin necesidad de disimularla hacia la clara culpable de esa difusión: Keiko.
- ¡Keiko! – Aulló enfurismada - ¿Por qué se lo dijisteis? ¡Me prometiste que no lo dirías a nadie!
- ¿Qué querías? – Se justificó Keiko – Somos tus amigas. Y si teníamos que animarte tenían que saber el motivo de tu tristeza. Y estaba segura que a ti te daría vergüenza.
Aoko tan solo resopló dándole así la razón.
- ¡Pero no te enfades! – Dijo Kazuha – todas hemos tenido problemas con los hombres. A veces, pueden parecer imbéciles.
- Pero Kazhua, este no lo parece, es que es un imbécil – expresó con vehemencia Keiko – Es un egoísta desconsiderado que esta orgulloso de serlo. Además de un mujeriego de cabo a rabo. Se aprovechó de la amabilidad que Aoko le depositó para después decirle cosas espantosas y hacerla sentir mal. Es un hombre que no se preocuparía de nadie más que de él mismo.
- Pero yo le conozco un poco – intervino Ran – Shinichi y él son amigos y me lo presentó. Y sí, es verdad que es un mujeriego y que no tiene mucha consideración con las mujeres. Pero no es mala persona, es muy buen amigo de Shinichi y este lo aprecia mucho. A lo mejor es por que no se ha enamorado aún, yo creo que si se enamorase...
- ¡Qué va enamorarse esté! – le respondió Keiko.
- Ran ¿No será por casualidad aquél chico que vino a esa cena, la de los Kinomoto? – En ver que Ran asentía Sonoko soltó una exclamación - ¿Era ése? ¡Pero si era guapísimo! No me extraña que te guste, Aoko.
- Sí, es muy guapo, pero el carácter le puede – sentenció Keiko.
- Pues a mi me pareció muy simpático.
- Lo es al principio, Sonoko, pero después te clava el puñal por detrás.
- En cualquier caso, yo creo que lo que tiene que hacer Aoko es volver a hablar con él – propuso Kazuha – Así se enteraría de si todo es un malentendido o si de verdad es idiota.
- No, no, no – negó Keiko – Lo que tiene que hacer es olvidarse de él de una buena vez. Hacer como si no hubiese existido. Hay muchos peces en el mar.
- ¡Pero a lo mejor si habla con él se reconcilian…! – La contradijo Ran – Yo aún pienso que no es tan mala persona.
- Un tipo así no se merece a Aoko – insisitió Keiko.
- Pues yo de ella quedaría con él – injirió Sonoko - Aunque tan solo fuera por verle ¡Era tan guapo!
- ¡Basta!
Ante tal exclamación todas sus amigas se la quedaron mirando con un silencio sepulcral, nada que ver con el gallinero que habían organizado instantes antes. Aoko exclamó para después sobarse las dos sienes. Sus amigas eran todas muy buenas personas, se interesaban y se preocupaban por ella. Pero cuando se juntaban todas, era imposible hablar con tranquilidad, sobretodo si el objeto de la conversación era ella. Sus voces y refutaciones se le mezclaban en su cabeza y la saturaban de tal manera que la confundían aún más. Las quería muchísimo pero a veces la estresaban. Suspiró con cansancio.
- Muchas gracias por vuestras opiniones, chicas – respondió con calma – pero creo que esta es un cuestión que debo solucionar yo. Y por supuesto, no es mi prioridad solucionar esta primero. Mi padre esta mucho mejor y creo que KID es mi preferencia ahora mismo. Quizá con el tiempo lo olvide quizá no. Quizá algún día me despierte y decida ir a hablar con él. Pero por ahora, prefiero ocuparme de otros asuntos.
Todas se miraron por un instante, bajaron la cabeza en señal de arrepentimiento y seguidamente la observaron con comprensión mientras Keiko le agarró la mano a Aoko con dulzura.
- Tienes toda la razón, Aoko – habló Ran – no deberíamos meternos en esto, pero compréndelo mujer. Nos preocupamos por ti.
- Lo sé, lo sé…Y os lo agradezco, de veras. Es solo que… Debo solucionarlo yo. Me temo que estoy muy desorientada últimamente. Mis sentimientos están muy confundidos, y no se cómo aclararlos. Creo que con el tiempo podrán esclarecerse un poco.
La mañana siguiente, Aoko se dirigió hacia el trabajo con aire renovado. Después de la charla con sus amigas de sus asuntos, se dedicaron a hablar del pasado, de anécdotas divertidas y de situaciones embarazosas vividas que no hacían más que arrancarles carcajadas. Después se dispusieron a mirar una tórrida película de enamorados y a cenar de forma animada, como si el paso de los años no hubiese existido. La verdad era que se lo pasó verdaderamente bien. Mientras seguía su camino habitual con paso ligero, sintió una presión en su nuca, como si alguien mantuviera una mirada fija en ella. Se giró intrigada, pero desgraciadamente no vio a nadie. Pensó que eran imaginaciones suyas, pero no podía evitar pensar que ya hacía días que notaba que alguien la vigilaba y eso la asustaba un poco. Sin embargo, no le dio demasiadas vueltas porque asoció su estado de alerta a su cansancio de este último mes, y continuó su camino con gran resolución.
Al llegar a su oficina correspondiente, apenas tuvo tiempo de dejar sus cosas, cuando una gran cantidad de compañeros suyos se abalanzaron sobre ella, emocionados y excitados, informándole que habían recibido por fin un nuevo aviso de Kaito KID y que su próximo objetivo seria el diamante "Apolo del Nilo" . Aoko se quedó muda por un momento, con la boca abierta y los ojos como platos, intentando asimilar la noticia.
- KID… - murmuró - ¡Ha vuelto!
Su semblante cambió de repente y una sonrisa se le dibujó en el rostro. Con la noticia y contagiada por el ánimo de sus compañeros, Aoko se mostró extasiada y emocionada. Hacía tanto que esperaba una nueva oportunidad, ya empezaba a pensar que KID había desaparecido de verdad. Luego reflexionaría, entre sorprendida y asustada, la reacción que tenía KID sobre ella.
- ¿A qué esperáis? – Preguntó con gran agitación – Id a avisar a Hakuba ¡Tenemos una estrategia que organizar!
- No te preocupes ya me he enterado – dijo una voz grave llena de entusiasmo detrás de su espalda, hecho que hizo que Aoko se girara – Y vamos a hacer que esta vez KID muerda el polvo.
Aoko vio la figura de Hakuba con gran resolución, agitando la nota de KID con pasividad mientras se le antojaba una sonrisa traviesa en su rostro.
La noticia provocó un gran revuelo tanto en la Comisaría como en todos los medios de comunicación. El día que el ladrón anunció aparecer, una multitud de personas se congregó en el lugar, hecho que hizo que el mago pudiera acceder a la zona con más facilidad y ocasionó a Aoko y a Hakuba un telele. No obstante, jugaron bien sus cartas: utilizaron nueva tecnología que permitía ver todas las salas posibles para acceder al diamante, usaron policías de confianza y técnicos que dificultarían la entrada, la zona estaba completamente acordonada, helicópteros por bandas diferentes cerca del objetivo y, lo más importante, cambiaron el diamante verdadero por uno de falso. El autentico fue guardado bajo custodia de unos cuantos policías, en el edificio de al lado. Aoko aún tenía la esperanza de poder capturarlo esta vez.
Cuando faltaban dos horas para el golpe, Hakuba llamó a Aoko para repasar los últimos detalles. Ella contempló a Hakuba con gran admiración mientras este le recitaba todos los puntos mostrándole el mapa completo, señalado por él mismo. Se notaba que le encantaba su trabajo, que se tomaba lo de KID como algo personal e importante y no podía permitirse ningún error. Como ella. Le conocía desde que eran pequeños y siempre había tenido un aire competitivo, era tenaz y eficiente. Sabía que sería un cargo hecho a medida, aunque tuviera la especialidad en los homicidios. Su deseo de ganar hacía que la imposible captura de KID solo augmentar las ganas de atraparlo.
A la hora del robo, Aoko y Hakuba acordaron distribuirse: Hakuba se quedaría con la joya falsa y Aoko se quedaría con unos cuantos policías con la auténtica. Disponían de comunicación directa del uno con el otro, así, dondequiera que apareciera KID, podrían avisarse fácilmente y llegar uno de los dos llegaría al otro edificio rápidamente.
Hakuba estaba en una sala llena de monitores, rodeado de técnicos especializados en vigilancia electrónica, advirtiendo que faltaban pocos minutos para la operación. La sala que contenía el "Apolo del Nilo" falso estaba vacía, pero llena de cámaras para detectar cualquier movimiento sospechoso. Los policías en cuestión se habían distribuido por todas las posibles entradas al edificio y por fuera de la sala.
Al fin, el reloj perfectamente sincronizado de Hakuba señaló a su amo que la hora había llegado y este fijó sus ojos suspicaces en las pantallas. Pasaron algunos segundos. Nada. EL detective se extrañó por el retraso del ladrón, pues este era famoso por su puntualidad y cogió el walkie-talkie que comunicaba con Aoko para informarle que estuviera bien atenta porque no había señales de vida de KID donde estaba él. Sin embargo, no tuvo tiempo ni de encender el transmisor, pues los monitores mostraban como la sala con el diamante se llenaba de un humo de color rosa pálido y espeso que impedía cualquier visualización.
Hakuba proliferó un seguido de maldiciones y ordenó a sus agentes que entrasen en la sala con mascaras antihumo, por si acaso había somnífero mezclado con el humo sonrosado. Cuando los agentes entraron, apenas podían verse a sí mismos, la humareda era tan espesa que estuvieron un buen rato para ahuyentar-lo. Por fin, pudieron llegar donde se encontraba la joya, pero en ella se encontraron una nota adjuntada:
Esta copia del "Apolo del Nilo" es de buena calidad. Por favor, felicitad al artista que la hizo. Me despido de vosotros, tengo un diamante que rescatar.
Con afecto
KID, el ladrón.
-¡Maldita sea! – vociferó el detective en saber las noticias que le habían comunicado con rapidez.
De pronto, una voz alarmada salió del transmisor que aún aguantaba firmemente:
- ¡Saguru, Saguru! ¡Es KID! ¡Se ha llevado la joya, la auténtica! ¡Necesitamos refuerzos!
Aoko dispuso la sala con el diamante verdadero con gran cautela: la habitación era pequeña y custodiada por agentes de alta confianza y examinados previamente por si acaso KID hubiera entrado disfrazado. Además, contaban con cámaras con infrarrojos y un soporte técnico impecable. No obstante, la vigilancia era más modesta que en el edificio de al lado, para no delatar que allí estaba la joya. Ella se encontraba en la zona de control, con los monitores, dispuesta igual que Hakuba.
Al fin, la hora llegó. Aoko miró impaciente las pantallas, con el transmisor que conectaba con Hakuba agarrado firmemente, esperando alguna especie de señal sospechosa. Pero nada. No hubo ningún movimiento sospechoso y eso la desconcertó y miró con duda al walkie-talkie que tenía en sus manos, esperando que Hakuba se comunicara con ella. Nada.
De pronto, la luz se cortó y los ordenadores dejaron de funcionar, sumándose todo el espacio en la penumbra oscuridad. Hubo bastantes gritos de exclamación y confusión por todo el edificio mientras Aoko blasfemaba desconcertada. Al cabo de unos segundos de incertidumbre e impotencia, la luz volvió y los potentes ordenadores volvieron a funcionar para exponer en sus pantallas la imagen de una decena de agentes inconscientes en el suelo y el Apolo del Nilo desaparecido.
- ¡Oh, mierda! – Aoko conectó el transmisor y expresó frenéticamente - ¡Saguru, Saguru! ¡Es KID! ¡Se ha llevado la joya, la auténtica! ¡Necesitamos refuerzos!
- Voy para allá – contestó con una inusual desconcertada voz.
- ¿Se puede saber que ha pasado? – preguntó a los técnicos de su alrededor - ¡El generador eléctrico del edificio estaba completamente vigilado!
- Lo estaba, inspectora. – Aseguró uno que llevaba un micrófono incorporado en la oreja – Pero me acaban de comunicar que todos están inconscientes, se ve que KID les tiró somnífero…
- Seguramente igual como los que estaban con el diamante – consideró Aoko.
- Se a cargado el generador de emergencia que teníamos provisto – continuó el técnico – por eso no hemos podido encender el ordenador con infrarrojos.
- ¡Maldito sea ese presuntuoso ladrón! – Se encolerizó – Bueno, ahora tan sólo podemos esperar los refuerzos de Hakuba.
Justo después de pronunciar tales palabras, la voz grave de Hakuba salió del transmisor, ahogada entre el bullicio de la multitud.
- ¡Aoko, me es imposible llegar! ¡El cúmulo de gente no deja pasar a mis agentes ni a mí! ¡Tendrás que espabilarte con lo que tienes!
- ¡Pero si no tengo a nadie! ¡Todos están inconscientes!
A contestación de su queja, tan solo oyó a un griterío incesante salir del aparato y seguidamente se cortó la transmisión. Aoko ahogó otro improperio y llegó a la conclusión que esto lo tenía que hacer ella sola. Cogió el abrigo con gran rapidez y se puso la mascara antihumo para después salir de la sala de control con intención de perseguir al ladrón, con esperanza de que tuviera el propósito de escapar con el ala delta, pues ella se dirigía hacia la azotea.
Aoko llegó a la azotea con la respiración entrecortada y con sudor recorriéndole la frente, pues el esfuerzo la había consumido después de recorrer las ocho plantas que restaban del edificio. Antes de abrir la puerta que daba al exterior, tiró la máscara antihumo, cogió la pistola que tenía en la cintura y quitó el seguro, dispuesta a enfrentarle por fin. Agarró el pomo de la puerta con gran consistencia, tragó duro y la abrió con gran resolución.
- ¡Quieto KID o tendrás que enfrentarte a las consecuencias!
Una figura inmaculada con grandes alas plateadas se posó ante su visión. Ella mantenía su pistola firme, apuntando hacia su blanca imagen, decidida a detenerle por fin. Al oír su voz, él se giró lentamente, mostrando así parte de su cara, pero que a la vez, un juego de sombra y luces hacia que su identidad quedara al anonimato. Si no fuera por la distancia y la oscuridad de la noche, Aoko habría jurado que KID estaba asombrado al verla allí, pero era imposible estar segura. Ella esperaba alguna especie de burla, alguna replica, algún sonido salir de sus labios… Pero el se quedó quieto, pétreo, observándola con detenimiento por un largo rato. Este hecho la lleno de incertidumbre y curiosidad, e hizo unos cuantos pasos hacia él para probarle.
- Vaya, KID. Cuanto tiempo – comenzó a decir – pensé que no volvería a verte.
- Al contrario, mi inspectora – habló por fin – Nunca dejaría una oportunidad como esta para burlarme de usted…
Esta era la contestación que esperaba Aoko, y sin saber porqué, en su rostro se dibujó una sonrisa divertida.
- Déjame corregirle – dijo apuntándole con más decisión – pero esta vez no tendrá la ocasión. Pienso arrestarle de una vez por…
Aoko se quedó muda de repente al ver que el ladrón plegaba sus alas y se dirigía corriendo hacia ella, acortando los pocos metros que les separaban con gran rapidez y abalanzándose sobre ella con un gesto atropellado, para después oír el estruendo ruido de un disparo. ¿Qué rayos estaba pasando? Oyó como KID, que estaba en el suelo encima de ella, blasfemaba repetidamente en su oreja. Aoko quiso quejarse por la estúpida maniobra de él, del porqué lo había hecho y preguntar quién había disparado. Pero no tuvo tiempo ni de abrir la boca porque esté se levantó de encima de ella, la cogió por la cintura, miró con rabia hacia un punto concreto de uno de los rascacielos que les rodeaban, desplegó nuevamente su ala delta, susurró un "agárrate" a Aoko, la levantó del suelo y se tiró al vació con ella en sus brazos.
Antes de lanzarse, Aoko pudo ver por el rabillo del ojo unas cuantas sombras a lo alto de un rascacielos cercano, justo el lugar que KID estaba mirando momentos antes. ¿Eran ellos los que habían disparado? ¿Y por que la habían disparado a ella? ¿Eran terroristas? Después de esta reflexión, Aoko se dio cuenta de que estaba surcando el cielo en brazos de su enemigo, miró hacia abajo y vio a la aglomeración de gente que Hakuba le había relatado, diminuta y lejana, lo cual le entró miedo y, con la faz llena de espanto, se agarró más fuertemente al cuello del ladrón.
- ¿Qué le pasa, inspectora Nakamori? – dijo KID entre una risa burlona - ¿Es que tiene miedo a las alturas?
- Sobretodo si estoy en brazos de un sucio ladrón como tú – le espetó ella - ¿Se puede saber que rayos ha pasado allí arriba?
- La han intentado disparar.
- Eso ya me he dado cuenta, listillo. Pero tú sabes quiénes eran ¿verdad? – él no contestó - ¿verdad? – repitió.
- Tan solo le diré, inspectora, que son una organización bastante peligrosa – contestó sin dejar de mirar adelante – O sea que no haga ninguna idiotez heroica de las suyas y este más atenta la próxima vez – ahora se quedó mirándola con una sonrisa irónica – No siempre estaré allí para salvarla.
Aoko refunfuñó por lo bajo y miró con fastidio el perfil del ladrón. Un destello cruzó por su mente. Aún con la oscuridad de la noche, la chistera y el monóculo, Aoko pudo verle algún rasgo, quizás la nariz quizás la boca, algo que le sonaba familiar…Se parecía a alguien. No obstante, no pudo llegar a descubrir a quién se parecía. Era como si la mente boqueara el proceso de información de sus sentidos, como si algo impidiera al cerebro llegar al fin del asunto.
Lo inspeccionó otra vez detenidamente para ver si algún otro destello se le venía en mente. Pero nada. Era como si hubiera sido una iluminación que tan solo pasa una vez en la vida, como una ilusión perceptiva. La única conclusión que pudo llegar era que tenía un perfil bastante atractivo.
- ¿Se puede saber qué estas haciendo? – preguntó él con cierto nerviosismo en su voz.
- Estoy intentando memorizar tu perfil – dijo entrecerrando los ojos, ensimismada con su tarea.
- ¡Eh, eso es trampa! – Contestó indignado - ¡Esto es el colmo! Te salvo la vida desinteresadamente y tú lo que haces es jugar sucio.
- Tan solo estoy aprovechando la oportunidad – Kaito lanzó un gruñido como contestación y Aoko reflexionó unos segundos – ¿Porqué me salvaste?
- ¿Como que porque te salve? Esta es una pregunta muy estúpida.
- No es estúpida – renegó – Cualquier criminal hubiese encontrado que era una situación idónea para deshacerse de mí. Y lo mejor es que el trabajo sucio lo hubiese hecho otro.
- El problema de su planteamiento, inspectora, es que yo no soy un criminal. Soy un artista.
- ¿Un artista que va robando y riéndose de la autoridad? – preguntó con una ceja alzada mostrando su incredulidad.
- Hay muchas especies de artistas – contestó convencido – Además, eres mi diversión personal ¿de quién sino me burlaría? – KID oyó como Aoko resoplaba -¿Enserio querías que dejara que te disparasen?
- Claro que no – dijo al fin - No si al final sí que será verdad que no eres tan mala persona.
- A buenas horas te das cuenta.
- Sí, bueno. Pero eso no quiere decir que no seas un ladrón. – dijo tozudamente.
- Pero mira que eres obstinada.
- Y tú un cínico.
Después de que KID dejara escapar unas risas sinceras, empezó a descender con el ala delta y aterrizó apaciblemente, como el profesional que era, en un edificio de no mucha altura. Dejó en el suelo a Aoko con gran suavidad, plegó las alas del ala delta con un botón incorporado en su traje y le sonrió con diversión.
- Bien, ahora que ya estas en tierra, es hora que me vaya.
- ¡Espera! – le pidió Aoko en ver que hacia el ademán de darse la vuelta para irse.
En ver que él se quedó mirándola con gesto interrogativo y con atención, Aoko le entró un pánico repentino y carraspeó para intentar de alguna manera sonsacar las palabras.
- G- gracias por salvarme – dijo mirando al piso.
- Vaya – dijo sorprendido y con una incrédula risa – Pensaba que no me las darías nunca.
- No pienses que es fácil – dijo francamente – Para mí, que siempre que he pensado que eras un criminal sin escrúpulos y siempre te he detestado…
- Vaya, me halagas – dijo con sátira.
- ¡Lo digo en serio! Te he odiado desde pequeña – se sinceró sin saber el motivo – Pero lo que has hecho hoy me hace dudar de todo lo que pensaba sobre ti. No sé por qué robas ni sé por qué devuelves las joyas… Siempre he pensado que era por burla. Pero ahora creo que no es por eso… - dijo mirándole fijamente - Es como si te burlases para esconder el verdadero motivo. No sé el motivo, pero tengo que admitir que te he juzgado mal. Y te pido disculpas por ello – Al ver el rumbo que tomaba esa conversación, se corrigió - ¡Pero eso no quiere decir que deje de creer que eres un ladrón, eh! – Increpó con gran vehemencia - ¡Tendrás que asumir los actos cometidos, sea cual sea la razón! ¡Y yo me encargaré de atraparte!
Aoko se sorprendió a si misma cuando recapacitó segundos después las palabras que acababa de pronunciar. ¿Por qué se había sincerado tanto con él? Estaba tan desconcertada por su gesto generoso que no pudo evitar expresar lo que pensaba y sentía. Le había roto todos sus esquemas. Toda la vida volcando su ira y desprecio hacia él, convirtiéndolo con un ser odioso e infame, que ahora que veía la verdad todos sus fundamentos se hundían de golpe. Y de verdad deseaba que él ahora se burlara de ella, le dijera que estaba majara y mostrase lo cuan detestable y delincuente era. Pero sabía que no lo haría, por que todo se lo había inventado ella sin ninguna prueba que fuera cierto, para culpar a alguien de que su padre sufriera tanto, para culpar a alguien de su soledad.
Pero ahora Aoko se dio cuenta que él no había dicho nada. Se había quedado en silencio, observándola detenidamente, sin poder ver la expresión de sus ojos a causa del monóculo y la chistera. Y en ver que el silencio duraba, ella se sintió incomoda de cierta forma. Vio como él dio un paso hacia ella y esta, instintivamente, retrocedió un paso. Cuando él dio el segundo paso, esta dio uno hacia atrás también pues su figura inquebrantable le imponía bastante y la asustaba por no saber sus intenciones. Lástima que sus piernas era más largas que las suyas. Con dos zancadas más, él ya estaba a pocos centímetros de ella.
Lo siguiente que vino, Aoko lo recordaría como un sueño borroso y fragmentado. Una mano enguantada se posó en su cintura y la otra en su mejilla, mientras un pulgar perfilaba su mandíbula. Ella intentó retroceder, pero él la mantuvo cerca con firmeza. Su rostro iba acercándose más al de ella, con lentitud y sutileza, mientras una brisa helada acariciaba su cabello. Su mano en su rostro se desplazó por detrás de la nuca y sintió la respiración entrecortada de él mezclándose con la de ella. Sus labios se juntaron. Al principio, el beso fue con suavidad, pero luego aumento su presión y se llenó con voracidad y pasión, hecho que hizo que Aoko se agarrase a la chaqueta del ladrón. Y antes de que el beso terminara, él mordió ligeramente el labio inferior de ella y se separó lentamente.
KID aprovechó el bochorno y el estado de shock de Aoko para sonreírle jocosamente, retroceder varios pasos, desplegar las alas, e irse despidiéndose con una mano al viento sin mediar ni una palabra.
La cara de Aoko pasó varias fases: empezó con color carmín, dada la vergüenza; luego siguió con palidez, en pensar quién la había besado; y por último color ciruela, por la rabia que sentía por haberse dejado manosear por él como una fan estúpida de las suyas.
- ¡Serás tonta, Aoko! – Se dijo revolviéndose su espeso cabello – ¡Ha vuelto a reírse de ti!
CONTINUARÁ…
Fin del Capítulo IX
¡Hola!
Esta vez no se pueden quejar mucho, ¡no he sido tan lenta!
Es lo máximo de rápido que puedo ir, porque tengo mucho trabajo, ¡pero tampoco puedo terminar esta historia con un capitulo! Siento que siempre vaya tan lenta, pero es que se me acudiendo la historia mientras escribo… ¡Espero que os haya gustado este capitulo!
Gracias a:
Clara, Pink_fish, asEkuia, Argin Heart, Jéssica_7, malkavianat, Lady Paper, karimariesk, annyuska14
¡Muchas gracias por vuestros comentarios!
