Hola a todos los lectores ya seeee (T.T)/ me eh demorado muchisimo en actualizar en verdad lo lamento, esta es una adaptación de la novela Minding Angel de La autora Lisa Marie Rise espero que les guste.


Un Nuevo Amor

Sasuke corrió, corrió y corrió. Hasta estar empapado de sudor, hasta que le estallaban los pulmones, hasta que dejó de oír el ruido de los coches sobre la nieve por encima del tronar del corazón.

Konoha era una ciudad bastante pequeña, circular y compacta. El bosque empezaba en las afueras. Sasuke podría haber corrido sin problemas hasta los límites de la ciudad y continuar más allá. Tal vez eso es lo que debería hacer, salir corriendo de la ciudad.

Pero por muy duro y rápido que corriera, le era imposible escapar de Sakura. La llevaba en la cabeza, en las fosas nasales, en las mismas células.

Correr siempre le aclaraba la mente y hacia el final de la carrera, todo lo que le molestaba se había difuminado y desaparecido. Había solucionado el problema o había decidido que, después de todo, no era un problema.

Pero Sakura era un problema que no podía solucionar, de ninguna manera. Los problemas eran algo exterior, cosas o situaciones que podían razonarse. Sasuke era muy bueno con esas cosas y situaciones, capaz de manejarlas hasta que quedaban bajo su control.

Nunca tenía problemas consigo mismo. Sabía lo que era, sabía lo que podía hacer y lo que no.

Sabía lo que podía conseguir de esta vida y lo que no y nunca mezclaba ambas cosas. Siempre sabía lo que quería y lo que no podía tener no lo quería. Eso hacía que todo fuera sencillo.

El problema de ahora no era sencillo ni fácil. No era nada que pudiera solucionar por la fuerza o la inteligencia. No tenía forma de enfrentarse a sus sentimientos que se deslizaban escurridizos al pensar en Sakura.

Era algo más que la excitación de una nueva compañera sexual, aunque el sexo era más intenso del que hubiera tenido nunca. Las nuevas compañeras de cama se convertían con rapidez en antiguas compañeras de cama, pero eso no iba a ocurrir con Sakura.

De repente cayó una nevisca y Sasuke se detuvo, corriendo sin moverse para no enfriarse.

Inconscientemente, se había dirigido hacia su casa como si se tratase de un refugio o santuario. Un santuario grande, frío y vacío. Allí no habría ninguno de esos sentimientos tan fuertes que no sabía cómo manejar. No habría ningún sentimiento en absoluto.

Pero no quería ir a su casa. Quería estar en el hogar de Sakura, con ella dentro, oyéndola hablar con su voz suave y el leve acento irlandés, oírla canta y tocar el arpa. No, tenía que ser honesto consigo mismo. No lo quería, lo deseaba con todas sus fuerzas.

De repente comprendió, mientras saltaba primero con un pie y luego con el otro, mientras el aliento formaba un vaho en el aire delante de él, que nunca volvería a estar contento solo en su apartamento. Había quedado atrás el modo de vida que había tenido hasta ahora, de repente había desaparecido, y la nueva vida en la que necesitaba a Sakura tanto como respirar había tomado su lugar.

Era una verdadera mierda. Ni siquiera cuando era niño había dependido de alguien, y ahora, de repente, en un descuido, una mujer se había hecho esencial para su bienestar. Era un condenado desastre, pero era lo que había. Sasuke no se escondía de la realidad, y ahora la realidad era que necesitaba a Sakura en su vida durante todo el tiempo que ella quisiera quedarse.

Con una mezcla de fatalidad y expectación, giró a la derecha y volvió a recorrer el mismo camino por el que había venido. Si se daba prisa, podría estar otra vez con Sakura en media hora.

Aumentó la velocidad.

Lo oía a medio bloque de distancia. Al principio era un sonido celestial e incorpóreo que venía de las profundidades de los remolinos de nieve, tan amortiguado que no tenía ningún origen que no fuera al parecer los mismos copos de nieve. Como si la nieve fuera la portadora de la música, copo tras copo, nota tras nota. Fue sólo cuando vio las ventanas iluminadas de la sala de estar que se dio cuenta que la música venía del arpa que tocaba Sakura.

Sasuke se detuvo un momento en el porche cubierto para recuperar el aliento. Jadeaba y estaba sudando, y quería tranquilizarse un poco antes de entrar.

Ahora podía distinguirse el sonido de la tonada que atravesaba la puerta y los cristales.

Reconoció la melodía que ella había estado tarareando en la ducha, sólo que ahora no había indecisión ni duda. Ahora era una melodía en toda la extensión de la palabra, fascinante y preciosa, compleja aunque desgarradoramente sencilla, la clase de música que se metía hasta en los huesos.

Ella cantaba al ritmo de la melodía aunque no podía distinguir las palabras.

La estaba viendo por la ventana, frunció el ceño. Mierda. Lo primero que haría al entrar sería cerrar las cortinas. Sakura estaba tan absorta que no quiso interrumpirla. Quería oír la canción.

Utilizando la llave que ella le había dado, Sasuke abrió la puerta sin hacer ruido, justo un resquicio. Ella estaba en la esquina más apartada así que no debería sentir el aire frío.

Cuando abrió la puerta, las palabras de la canción fueron como un martillazo en el corazón.

Un nuevo amor.

Estaba cantando, palabras que repetía una y otra vez en un estribillo perturbador de tan hermoso.

He encontrado un nuevo amor, que llena el vacío de mi corazón.

Un nuevo amor

A Sasuke se le pusieron los pelos de punta de todo el cuerpo.

Un nuevo amor.

Esa canción hablaba de él. Él era el nuevo amor.

Con las rodillas débiles de repente, Sasuke cerró la puerta sin hacer ruido, se tambaleó hasta el borde del porche y se dejó caer en los escalones, sentándose allí, aturdido, mirando cómo caía la nieve, oyendo apenas la música por encima del latido del corazón.

La canción era tan hermosa. Sabía lo bastante de música para comprender que se convertiría en un clásico de inmediato. La música hermosa siempre lo era. Nunca moría. Dentro de cien años, mil años, la gente seguiría cantando Un nuevo amor, y un poco de él seguiría viviendo cuando sus huesos blanqueados se hubieran podrido en la tierra fría.

Nunca, ni en sus más remotos sueños se hubiera imaginado que una mujer como Sakura compondría una canción que hablara de su amor por él. O —su mente se mostraba reacia a aceptarlo— que una mujer como Sakura pudiera amarle.

Sasuke se quedó allí sentado mientras ella ensayaba la canción, mientras iba perfeccionándola con cada canto, hasta que al final le parecía tan perfecta como una sonata o una puesta de sol en el mar.

Cuando estuvo seguro que las piernas le sostendrían y la voz no le temblaría, se levantó asegurándose de hacer ruido al caminar. Se detuvo ante la puerta, tocó dos veces y usó la llave.

La música había parado. Sakura estaba sentada en la sillita, apoyada en el respaldo, con las manos descansando en el regazo y la cara girada hacia la puerta.

—¿Sasuke?

—Sí… —la voz le salió ronca. Carraspeó—. Sí, ya he vuelto de correr.

Ella había estado moviendo la cabeza, hasta que localizó su voz. Le dirigió una sonrisa resplandeciente, y él dio un paso atrás ante aquella bienvenida y la calidez de su expresión. Nadie en toda su vida lo había mirado así.

—Me alegro que estés de vuelta. Te he echado de menos.

Él se quedó allí de pie, apretando los dientes con fuerza, apretando los puños con fuerza, con el corazón encogido, hasta que ella dijo:

—¿Sasuke?

Tuvo que obligarse a moverse.

—Pues ha sido una suerte que tuvieras a Inner para hacerte compañía —Caminó hacia ella y alargó la mano para tocarle el rostro. Deslizó el índice por la mejilla, maravillándose de la suavidad aterciopelada—. ¿Qué estabas tocando?

Ella se ruborizó y tocó una escala con la mano izquierda.

—La verdad es que nada. Tenía una idea para una canción y estaba probando a ver qué tal. Es un proceso algo caótico, me alegro que no estuvieras por aquí para oírlo.

Sasuke le rodeó el cuello con una mano y se inclinó para darle un rápido beso en los labios.

—Cuando la hayas acabado de componer, cuando estés satisfecha con la canción, ¿me dejarás oírla?

—Claro —La mano de Sakura le aferró la muñeca—. ¿Cómo ha ido la carrera? Parece que estás mojado, ¿está nevando?

—Bastante, pero ahora ya amaina. Hay unos ocho centímetros de nieve en la calle.

Ella suspiró y se levantó, apoyándose en su brazo.

—Me encanta la nieve —dijo con tristeza—. Era una de las cosas de Konoha que más me gustó cuando nos trasladamos aquí. En Irlanda no nieva mucho, sólo llueve. Me gustaría salir. Aparte de leer, es lo que más añoro desde el accidente. No ir a pasear.

—No hay problema —Sasuke la sentó en el sofá, fue hasta las ventanas para cerrar las cortinas y luego volvió donde estaba ella. Le cogió la mano y se la llevó a los labios—. Te llevaré a pasear siempre que quieras, cariño. Lo único que tienes que hacer es pedirlo.

—Gracias —contestó ella con una amarga sonrisa—. Pero es que es-es difícil. A veces la gente no sabe cuándo avisarme de un bordillo de la acera o de un bache, y tropiezo. O me lo dicen muy tarde o demasiado pronto y siempre tropiezo. Al principio me caía mucho. Y además creo que también-también me asusta salir a pasear.

—Conmigo no te caerás, garantizado —dijo él—. No dejaré que tropieces o te caigas.

—No —estuvo de acuerdo ella, acariciándole el antebrazo con la mano—. Puede que no.

Le dolió pensar en todo aquello de lo que se había visto privada. Cinco meses sin ir a pasear. Se estremeció sólo de pensarlo.

Sasuke se acercó más a ella, preguntándose cómo decirlo, intentado escoger con cuidado las palabras.

—¿Sabes, cariño? Uno de mis hombres perdió la vista. Por una mina terrestre — Gaara había perdido más que la vista. Había perdido un brazo y el bazo. A pesar de ello, más tarde se había casado y había encontrado un trabajo en una emisora de radio. La vida después de la catástrofe era posible—. En el hospital de Veteranos, tenían cursos de rehabilitación. Le enseñaron a leer el Braille y usar un bastón…

—¡No! —Sakura se levantó con brusquedad—. No necesito… —se calló y se mordió el labio.

Sasuke guardó silencio. Sí, lo necesitaba, por supuesto que lo necesitaba. Necesitaba aprender Braille y usar un bastón. Necesitaba un perro-guía. Necesitaba cambiar toda la casa. Por lo que veía, la casa no estaba en absoluto adaptada para una persona ciega. Había miles de modos en los que podía hacerse daño.

Como ahora, por ejemplo. Se estremecía de angustia, era obvio que deseaba caminar de un lado a otro de la habitación para calmar los nervios, pero estaba desorientada. Un movimiento equivocado y chocaría contra la mesita de centro de cristal. Una mesa de cristal no era algo adecuado para que una persona ciega tuviera en su casa.

—Siéntate —Sasuke le tiró de la manga del suéter. Ella se alejó.

—¿No tienes que darte una ducha después de ir a correr? —Lo dijo de forma agresiva, y levantando aquella barbilla preciosa y pequeña.

—Seguro que sí —contestó Sasuke con serenidad—. Apesto como un cerdo. Ahora siéntate.

—Cielos —Una inspiración rápida—. Lo siento —Movió la cabeza negando, mordiéndose el labio—. Oh, Sasuke, no quería… no pretendía…

Sasuke se echó a reír. No pudo evitarlo. Sakura creía que había herido sus sentimientos.

Había mencionado la ducha para sacarse de encima a un tipo susceptible.

Bien, era un buen momento para una reflexión. Se necesitaba algo más que la sugerencia de una ducha para ofenderlo, cuando se había pasado veinte años en AMBU recibiendo cada insulto y blasfemia que los reclutas más imaginativos y enfadados pudieran idear. Y por la misma razón hacía falta más que un cambio de conversación para distraerle cuando quería información.

—No, tienes razón, necesito una ducha, pero antes tengo que enfriarme —mintió—. Siéntate.

Ahora —Esto último lo dijo con voz de mando y ella se dejó caer con brusquedad en el sofá, maldiciéndose por su obediencia instantánea.

—Hablábamos de aprender a desenvolverse cuando uno está ciego.

—No, no hablábamos —El bonito labio inferior de Sakura sobresalió ligeramente. La boca estaba a punto de hacer pucheros—. Tú hablabas de eso.

—Uh-uh —Él le cogió la mano—. Nosotros hablábamos de eso. Como estaba diciendo, puedo hablar con ese tipo que conozco en el hospital de Veteranos y preguntarle si sabe de alguien por esta zona que sea bueno en rehabilitación. Podemos…

—No —Sakura apartó la mano y se quedó mirando al frente, sin intención de escucharle. Lo estaba dejando fuera. Esta era una conversación que ella no quería mantener.

Le estaba diciendo que no.

No. A él.

Sasuke apretó los dientes con tanta fuerza que fue un milagro que no le salieran el esmalte por las orejas.

Él tenía ideas muy precisas sobre cómo debían ser las cosas, y se había pasado la mayor parte de su vida consiguiendo lo que quería. Y más concretamente, se había pasado los últimos veinte años siendo obedecido al instante.

En AMBU estaba llena de hombres realistas que sabían lo que querían, lo que sería una receta excelente para el desastre si no fuera por la palabra mágica que hacía que todo funcionara, que hacía que todo el sistema fuera como la seda: jerarquía. Sasuke daba órdenes a los hombres de rango inferior y él a su vez acataba las órdenes de sus superiores. Durante los últimos doce años el oficial bajo su mando había sido Itachi Kurosaki, algo que había sido genial porque él e Itachi estaban de acuerdo la mayoría de las veces.

Sasuke no tenía ni idea de cómo enfrentarse a un no.

Sakura no era una recluta a la que pudiera dar órdenes. Ni siquiera era su novia o —¡Dios!—su prometida, aunque si fuera por él, sería suya ante los ojos de todo el mundo. Pero no lo era. Aún.

No tenía ningún derecho a decirle qué hacer y aún más, no tenía que obedecerle. Incluso si, tal como llevaba ella el asunto, estaba destinada a hacerse daño tarde o temprano, y la sola idea le volvía loco.

No podía hacer nada para protegerla de ella misma.

Sasuke no se sentía capaz de usar un tono de voz razonable, pero lo intentó.

—Escucha, cariño, la verdad es que necesitas…

Ella se giró hacia él con el mentón aún más levantado.

—Hablando de necesidades, me gustaría que te dieras prisa en ducharte, porque me está entrando hambre —le obsequió una brillante sonrisa con hoyuelos—. Si tienes suerte dejaré que me prepares algo de comer mientras termino de practicar, ¿crees que así aprenderé a ser una discapacitada?

Sasuke apretó otra vez con fuerza la mandíbula. Ella le había devuelto la pelota.

—De acuerdo —se rindió él de momento, levantándose a regañadientes. Tendría que ser muy persuasivo, pero no iba a ser fácil. No estaba acostumbrado a usar la persuasión. Al parecer, con Sakura, iba a recibir un curso intensivo sobre el tema—. Voy a ducharme y después miraré que hay en el congelador.

Ella se había girado hacia el arpa y había empezado a tocar.

—Ve, ve.


Espero que les haya gustado el capitulo. En verdad me disculpo por la demora en actualizar,

Hasta la proxima.