:C Siento haber decepcionado a algunas/os lectores/as con el cambio de título, consideré que era más adecuado porque casi todo se basa en los recuerdos de Lux. He decidido incluir el punto de vista de otros personajes para enriquecer mi relato, me disculpo de antemano si esto les causa alguna molestia. Les recuerdo que esta historia también contiene drama y nuestra querida Lux pasará por ratos muy amargos, como podrán ver en este capítulo u.u Pero no se preocupen, me enmendaré.

¡Feliz lectura!


El calor abrumador que irradiaba el sol y el aire extremadamente caliente (tan caliente como el aliento de un dragón furioso segundos antes de arrojar fuego por su boca), que colisionaba con la superficie de su rostro y la piel expuesta de su cuerpo, lo trajeron de vuelta al mundo que, según él, había dejado cuando lo envolvió aquella oscuridad que había sido producto de su estado avanzado de anemia y la deshidratación. Sus labios agrietados por la falta del líquido precioso que hacía días no había bebido y que el sol se había encargado de quemar, ardían como si una braza al rojo vivo estuviera sobre ellos cada segundo del tiempo que pasó desde que había vuelto a estar consciente y se negaba a tener que soportar el dolor que implicaría el moverlos al atreverse a articular las palabras que rogarían por un sorbo de agua fresca a sus captores.

¿A dónde me llevan? ¿Por qué habrían de conservarme si no valgo ni media moneda de cobre en mi estado? Eso les habría preguntado a los esclavistas si no se sintiera tan cansado y sediento. El hombre que halaba al caballo que lo llevaba a cuestas, lo miró de reojo y en el momento en el que se percató de que tenía los ojos abiertos, paró a su bestia de montar y, por tanto, también al caballo que halaba.

- ¡Denle agua y comida al desdichado antes de que se nos muera! –Ordenó a gritos-

Aunque la voz del hombre parecía ser la de un líder despótico por su tono imperativo, le agradeció por su cortesía y también a los dioses por haberle concedido un día más de vida –Gracias, señor de todos los dioses, muchas gracias- oró en silencio-. El hombre montó una pequeña lona para proveer de sombra a las mujeres –esclavas- que lo habrían de bajar del caballo para recostarlo en un catre, cuyas patas se hundieron levemente en la arena abrazadora del desierto, y darle pequeños sorbos de agua en un cuenco. Las maldijo porque quería beber una tinaja entera de agua de un solo sorbo, cuando ellas le daban la módica cantidad de una pequeña taza a sorbitos miserables.

- No bebas tan apresurado –Dijo una de ellas- O no podrás comer –Le advirtió con su voz jovial y una sonrisa aunque su rostro denotaba una tristeza inmensa-

- ¡Apresúrense, inútiles, que aún nos falta mucho por llegar a Demacia! –Exigió el hombre sudoroso e irritado que aún se hallaba a horcajadas sobre el lomo de su bestia de montar- ¡Métanle una manguera por la garganta de nuevo para que se apure a comer! –Sugirió el déspota y, ante tal sugerencia, él supuso que fue así como pudo volver a la vida; Primero pensó que la irritación que subía desde su esófago hasta la garganta se debía a la sed y al aire caliente pero ahora estaba seguro de que seguramente las mujeres debieron meterle una manguera por la garganta para mantenerlo con vida al menos hasta que volviera a estar consciente; ese era el método que algunos sanadores utilizaban en Zaun - Así que es a Demacia a donde me llevan… –pensó luego y deseó que los Dioses no le hubieran concedido estar vivo porque más valía estar muerto que caer en manos demacianas estando vivo; Aun no había experimentado los horrores de la guerra pero sabía, por boca de los veteranos, lo que los demacianos hacían cuando un soldado noxiano se negaba a cantar hasta el más ridículo secreto almacenado en el más recóndito rincón de su mente. Fue culpa de su ferviente deseo de seguir aferrado a la vida y la tenaz obsesión de volver a ver aquella sonrisa que le había robado el corazón, y ahora, debido a eso tendrá que soportar cualquier método de tortura que utilicen los demacianos, pero ya no le importaba, todo sea por volver a verla y por liberarla de las garras del cruel y despiadado general que lo condenó a vagar por el Desierto de Shurima.

Darius (PdV)

La vi un par de veces caminando por las calles de Noxus y, la primera vez que la noté, pensé que era una noxiana común y corriente que se dirigía al mercado a hacer sus compras habituales para preparar el almuerzo; Me pregunté qué habría preparado Senna para el almuerzo y el hambre que quería saciar desde que salí del cuartel general volvió a torturar mis entrañas, pero pudo más la atracción y curiosidad por esa joven y terminé por detenerme en medio del bullicio del mercado para observarla desde una distancia prudente. La seguí discretamente con la mirada, observando cómo se contorneaban las curvas de su figura mientras caminaba y me pregunté cuál sería su identidad porque conocía a casi todas las mujeres de por aquí gracias a mi hermano y, aunque fueron pocas con las que retocé, recordaría haber visto una figura como la de esa joven; Calculé que tendría alrededor de 16 o 17 años debido a sus características físicas, principalmente por su estatura.

Mientras ella se detenía para husmear en los puestos del mercado, aproveché para acercarme a ver su rostro y, para asegurarme de que ella no notara mi mirada, coloqué sobre mi cabeza la capucha de mi capa. El aroma a flores frescas que desprendían su cabello y su piel se coló por las fosas nasales de mi nariz y, afortunadamente para mí, ella se detuvo en un puesto donde se vendían espejos y pude lograr visualizar su rostro con detenimiento. Definitivamente ella era una mujer a quien jamás había visto; estaba seguro de que recordaría un rostro tan bello como el suyo y también estaba decidido a atacar porque eran raras las ocasiones en las que genuinamente me interesaba en una mujer (La mayoría eran mujeres que Draven se encargaba de proveer porque yo no tenía tiempo de cortejar a alguna) así que tomé la decisión de aprovechar el momento. Caminé apartando de mi camino a la gente que me estorbaba, decidido a abordarla empezando por presentarme y preguntar su nombre, pero a escasos pasos de llegar a ella me detuve, desconcertado ante la visión que estaba delante de mí: Un niño que iba corriendo tropezó y cayó, ella inmediatamente corrió a levantarlo y "discretamente" sanó las rodillas del niño que se habían lacerado al momento de caer. No sé si solo yo fui testigo de eso (y si alguien lo vio no hizo nada al respecto), pero cuando ella se incorporó y el niño salió disparado de donde venía, alcancé a ver que sus ojos tenían una luminosidad extraña, luego se tornaron de un color azul tan intenso como el del cielo y después volvieron a ser grises, todo esto en cuestión de segundos; Era una hechicera y no era noxiana… era una espía disfrazada de civil.

Esperé a que ella entrara a algún callejón para emboscarla sin causar alboroto entre los civiles ni provocar casualidades, los espías debían ser capturados vivos para después ser interrogados y posteriormente ejecutados, pero de eso no me encargaba yo. Caminé tras ella tan discretamente como pude pero, como era costumbre, las conocidas de Draven me identificaron y bloquearon mi camino al acercarse a tratar de iniciar una conversación conmigo. Al perderla de vista, esquivé los rostros de las chicas con la mirada, intentando recuperar la visión de la joven, sin ningún éxito, hasta que perdí la paciencia, las hice a un lado y caminé abriéndome camino entre los civiles. Pude captar el aroma de su perfume y lo seguí hasta dar con ella justo en el momento en el que doblaba para entrar a un callejón. Apresuré mis pasos hasta entrar al callejón para ver que se había esfumado –¡Maldición!- Mascullé irritado, mirando hacia todos los rincones del callejón, buscándola, pero pronto me di cuenta de que se había ido –Si es una espía, volverá y no escapará- me dije como consolación.

Fue desde entonces que se convirtió en una especie de obsesión. El aroma de su perfume y su bello rostro habían echado raíces en mi mente; a menudo pensaba en ella durante el día, en las noches soñaba con ella y de camino a casa la buscaba entre la gente que caminaba por las calles, con la esperanza de encontrarla. Tenía que saber quién era ella. Investigué en las listas de hechiceras de Noxus, Zaun, Piltover, Ionia, Bilgewater, Shurima... dejando Demacia para al final. Me dije que tal vez las listas no estaban actualizadas y que no la encontraría en Demacia, pero estaba totalmente equivocado; No había pasado ni la hora buscándola cuando por fin encontré su fotografía y estaba seguro de que era ella por el color de sus ojos y las facciones de su rostro, Luxanna Crownguard era su nombre. Colérico, estrellé el libro de registros contra la pared al darme por enterado de que me sentía atraído nada más y nada menos que por una demaciana. Estaba molesto conmigo mismo por haberme permitido desear a una demaciana, y salí a pasos acelerados de la biblioteca, pensando en las veces en las que expresé la repugnancia que me causaban delante de mis hombres y en que ya no tenía derecho a ordenarles no retozar con ninguna mujer demaciana… –No volveré a pensar en ella- Me dije al considerar mi posición en Noxus, en el ejemplo que le daría a mis hombres si se llegasen a enterar de que su superior deseaba a una demaciana, y en el odio que sentía por Demacia y su gente, pero su recuerdo persistió y hasta llegué a pensar que había sido un hechizo que ella había conjurado en su perfume y, que cuando lo respiré, surtió efecto en mí.

Tres semanas después la volví a ver husmeando de nuevo en los puestos del mercado –especialmente en los que vendían libros- y concluí que Luxanna Crownguard (Su nombre se había pegado a mi lengua) era una joven muy curiosa y culta. Debía arrestarla y después llevarla a prisión donde Draven se haría cargo de sacarle información y después ejecutarla, pero la mera idea de lo que le sucedería me desagradaba y decidí no hacerlo… por el momento. Llevaba puesto un vestido marrón que acentuaba las formas curvilíneas de su cuerpo y la línea de sudor corría desde la base de su cuello hasta desaparecer justo en su espalda baja casi me hace perder la poca cordura que me quedaba –Joder- maldije ante tal visión y al sentirme culpable por desearla, porque ella era demaciana - ¿Por qué estoy haciendo esto? –Me pregunté y me sentí patético porque era Darius, un sargento noxiano temido por el enemigo y respetado por sus subordinados -Debería ir por ella, arrestarla y enseñarle que Noxus no es un lugar para ir de compras y enviar su cabeza en una caja a Demacia como advertencia- Pensé, pero mi obsesión había llegado tan lejos que no me permitía cumplir con mi deber. La seguí por un largo rato y no pude ignorar que los demás hombres también la deseaban, porque no le quitaban la vista de encima; era irónico que todo el mundo a su alrededor estuviese consciente de su belleza y sensualidad menos ella, que caminaba segura de sí misma e ignorante de las miradas llenas de lascivia que le dirigían los hombres –incluyéndome a mí mismo-. Entró a una posada sencilla de clase media, cargando los libros que había comprado y yo entré tras ella; El posadero me saludó y me preguntó si venía a hospedarme y yo negué con la cabeza mientras buscaba algún rastro de Luxanna en el lugar.

- ¡Aaah, viene por la chica! –Concluyó y yo lo miré sin mostrar ninguna emoción que me delatara- No es el primero que viene a buscarla –Comentó y yo ignoré su comentario, no me sorprendía que otros vinieran atraídos por ella- Siempre se hospeda en la habitación 204, es muy linda, ¿no?

Pensé en subir hasta la habitación 204, tumbar la puerta, tomarla en contra de su voluntad y acabar con el ardor que me había atormentado desde que la vi por primera vez, después de todo era demaciana y no merecía ninguna consideración, pero mi orgullo y mi reputación intachable no me lo permitían -¿Quién se enteraría? Solo yo lo sabría y tal vez Draven y él era mi hermano… ¡No! es una locura, nunca lo hice en una invasión menos ahora- Pensé, retomando la lucha contra mis propios instintos-

- Notifícame cuando vuelva por aquí –le ordené al posadero-

- He dicho que usted no ha sido el único que ha venido por ella –Comentó el posadero, insinuando que debía pagar por la información y lo tomé del cuello y lo levanté del suelo; era un hombre grande pero no lo suficiente como para no poder levantarlo con una sola mano-

- ¿Insinúas que debo pagar por tu información? –Pregunté con agresividad, apretando su cuello y él trató de zafarse tratando de propinarme un golpe en la cara pero yo lo esquivé y le iba a mostrar con quien jugaba pero su esposa me tomó del brazo y me detuvo-

- Por favor, señor, tenga piedad de mi esposo, no es de por aquí –Suplicó la mujer y yo lo solté y él empezó a toser y a aspirar el aire con desesperación justo cuando cayó al suelo- Yo le prometo que le notificaré cuando la chica vuelva por aquí.

- No esperaba menos –Murmuré con arrogancia, di media vuelta y salí del lugar-

Me sorprendía la facilidad con la que los demacianos entraban y salían de Noxus y me pregunté qué carajo hacían los guardias. Debía reconocer que era imposible identificar a un espía que se había disfrazado de civil, pero en el caso de Luxanna Crownguard, que atraía tantas miradas no había justificación, tal vez si la había para ellos si tenían el mismo conflicto que yo pero su posición no estaba tan comprometida como la mía. Debía olvidarme de mi obsesión y cumplir con mi deber, Swain esperaba mucho de mí y no lo decepcionaría.

Intenté concentrarme en mi trabajo, específicamente en desarrollar nuevas estrategias en el campo de batalla, pero el recuerdo de Luxanna siempre encontraba cómo colarse de nuevo en mi mente. Entrené con mis hombres hasta quedar exhausto y magullado; lograba olvidarme de su existencia pero cuando caía dormido, soñaba con ella. Luego busqué la compañía de otras mujeres y siendo honesto nunca tuve dificultad en conseguirlas, pero todo era inútil hasta que conocí a la hija del General Marcus Du Coteau. Katarina Du Coteau era una mujer de carácter fuerte y difícil de impresionar, sin duda pensé que ella sería quien me haría olvidar a la demaciana y logró hacerlo… al menos por un corto tiempo. Al principio, Katarina no estaba interesada en relacionarse con alguien por debajo de su rango pero la persuadí a que cambiara de opinión de la manera en la que a ella no le quedó duda de quién poseía habilidades superiores a las suyas e incluso a las de su padre, quien era un asesino reconocido y famoso.

- Comandante Du Coteau –La saludé y ella no me devolvió el saludo- La reto a un combate –La desafié y en ese instante su atención como también la de todos los soldados en la taberna, fue toda mía-

- ¿Por qué habría de aceptar tu reto si no eres más que un bicho? –Preguntó con una sonrisa arrogante en el rostro y una mano en la cintura-

- ¿Tiene miedo de ser vencida por un un bicho como yo? –Pregunté con la intención de provocarla y ella soltó una carcajada-

- ¡Por favor! Fui entrenada por el mejor asesino de Valoran mientras tu correteabas por las calles de Noxus jugando con tu odioso hermanito ¿Qué te hace pensar que tienes oportunidad? –Se burló sin dejar de sonreír arrogantemente-

- Que si le gano, tendrá que salir conmigo –Dije y Katarina volvió a reír, esperando a que todos los hombres presentes hicieran lo mismo, pero no lo hicieron porque sabían quién era yo-

- Bien, te concederé el honor de enfrentarme, soldadito –Accedió y desenvainó sus dagas- Dile de una vez a tu hermanito que empiece a cavar el pozo donde se pudrirá tu cuerpo, así de segura estoy de mi victoria.

- Hecho –Dije, aceptando la humillación que me esperaba si es que ella ganaba, lo cual no iba a suceder porque yo conocía perfectamente todos sus movimientos; Ni siquiera necesitaba mi arma para vencerla y ella hizo un gesto de sorpresa cuando se percató de que la enfrentaría sin armas-

- Bien, así me harás más sencillo el trabajo de patearte el trasero –Dijo mientras desaparecía por un portal-

Los kunai no tardaron en volar desde todas las direcciones y los hombres en la taberna se resguardaron atrincherándose tras las mesas; yo los esquivé uno a uno, recordando el patrón que utilizaba Katarina para lanzar los kunai desde todas las direcciones, pero de igual forma uno alcanzó mi brazo izquierdo. Conté los segundos que duraba ese ataque en específico y los intervalos de tiempo entre los que ella tardaba en aparecer y abrir otro portal para poder atraparla pero ella muy rápida y no lograría llegar a tiempo para poder atraparla, mi estatura y mi masa muscular me hacían lo suficientemente lento como para no poder llevar a cabo esa estrategia, así que debía predecir dónde sería el próximo lugar donde aparecería. Noté que los intervalos se elongaban en función del tiempo que ella llevaba ejecutando sus ataques, lo cual significaba que su energía se estaba agotando y que optaría por esconderse en un lugar seguro mientras recuperaba sus fuerzas; ese era el momento que debía aprovechar pero sabía que sería muy breve así que predije en dónde aparecería después considerando los segundos que le quedaban de estamina. Cuando asomó uno de sus brazos para salir del portal, la tomé y tiré de ella con fuerza hasta que la estrellé contra el suelo, donde la desarmé y la sometí tomándola de ambas manos.

- ¿Cómo es que…? –Preguntó sorprendida cuando recuperó el aliento, porque nunca antes nadie había logrado sobrevivir a uno de sus ataques y todos los espectadores jadearon en sorpresa al unísono- ¡Solo has tenido suerte! –Exclamó indignada-

- Llámalo como tú quieras, comandante, pero te he vencido y ahora debes cumplir –Me puse de pie y tendí mi mano para ayudarla a levantarse pero ella rechazó mi ayuda, con la intención de salvaguardar el orgullo que le quedaba-

- Está bien –Dijo de mala gana- Pero que te quede claro que lo haré porque siempre cumplo mi palabra, no porque en realidad lo desee.

Katarina provenía de una estirpe de asesinos reconocidos en Valoran, cuyo linaje se extendía a miles de años antes de que Noxus y Demacia fueran los reinos que son ahora, ¿Por qué no habría de tomarla como esposa? Supongo que fue porque nuestra relación era muy complicada, porque a ambos nos gustaba mandar y ser obedecidos y constantemente entrábamos en conflicto, conflicto que siempre terminaba con una reconciliación muy placentera para ambos. Ella era tan buena amante como lo era de asesina y le gustaba que yo utilizara la fuerza para someterla; nuestros juegos estaban siempre llenos de perversiones y a menudo había algo nuevo que implementar. Llegué a pensar que a pesar de nuestras diferencias, podríamos consolidar un buen matrimonio y procrear la descendencia más fuerte de Noxus –La tomé como prometida- pero Katarina necesitó algo que yo no estaba dispuesto a darle. Yo no era un hombre detallista ni componía canciones ni mucho menos escribía poemas ridículos y era exactamente lo que ella quería de mí, no lo expresaba verbalmente pero si con su comportamiento en la intimidad y me desconcertaba porque no esperaba ternura de su parte. Sus reclamos aparecieron pronto para fastidiarme y hacerme pensar en una manera de terminar lo que yo mismo había empezado.

Afortunadamente para mí, ella buscó en otro lo que yo no podía darle e irónicamente lo encontró en un demaciano cuya fama era reconocida entre los soldados de Noxus y casualmente era el hermano mayor de quien se negaba a abandonar mi mente. Ignoro cómo se conocieron pero me enteré de la infidelidad de Katarina por una carta donde Garen le había escrito un poema y rogaba por su compañía. A pesar de que ya no deseaba a Katarina, sentí celos, rabia e indignación –porque me había reemplazado con un demaciano- pero no lo demostré, esperaría pacientemente para tomar venganza y esa oportunidad no demoró en aparecer.

Mi fama ya había sido elevada por haber vencido a la hija del mejor asesino y que, además, se había convertido en mi prometida –Swain estaba orgulloso- pero lo que finalmente me encumbró, fue la aplastante victoria que logré para Noxus, misma que conseguí al casi –Casi, porque alguien intervino para salvarle la vida- matar al Grande de Demacia, Garen, y provocar la huida del ejército demaciano. El único costo para el ejército noxiano fue la vida de mi capitán, quien era un cobarde, mismo a quien degollé de un solo tajo con mi hacha. Me había ganado el respeto de todo Noxus y aproveché el furor remanente de la reciente victoria para remover a todos los débiles y corruptos del gobierno de Noxus. Swain me nombró La Mano de Noxus, el segundo hombre más poderoso y me sentí satisfecho conmigo mismo por haber logrado tanto y, muy a pesar del arduo esfuerzo, en poco tiempo.

Tenía muchos pendientes que atender: visitas diplomáticas, entrenamientos, planeación de estrategias, reclutamientos, el gobierno de un reino poderoso, pero fue el mejoramiento de la seguridad en la ciudadela lo que rindió mejores frutos (como la instalación de los dispositivos supresores de magia en lugares frecuentados por oficiales de alto rango) porque así los espías no podrían conseguir información tan fácilmente y serían atrapados… Lo hice por Luxanna Crownguard, que había embrujado mi mente, negándose a dejarme tranquilo. Volví a pasearme por las calles de la ciudadela con la esperanza de verla caminando con aquella elegancia que la distinguía, ignorante de las miradas lascivas y contorneando su cuerpo con forma de reloj de arena, pero ella se había esfumado y esa situación me frustraba.

- Señor –Me saludó la esposa del posadero cuando me encontró husmeando por el mercado- La chica ha vuelto, pero no ha venido a quedarse en la posada.

- ¿Dónde está? –Pregunté, ocultando efectivamente mi emoción-

- Se ha ido a visitar al gran Draven con un par de amigas suyas –Soltó la información con más rapidez de la que esperaba y yo le di una moneda de oro como símbolo de agradecimiento-

Corrí a la taberna donde sabía que Draven visitaba todas la noches, si no llegaba pronto, la descubrirían y sería el final de Luxanna. Lo que sucedió cuando llegué a la taberna ya no tiene importancia porque logré atraparla y Swain permitió que yo decidiera su destino. Solo los dioses saben cuánto luché por mantenerme al margen y no tomarla la misma noche en la que la convertí en mi esclava, me sorprende que haya tenido tanta fuerza de voluntad, pero el tenerla cerca era intoxicante y verla tan vulnerable y frágil, en vez de causarme repulsión, me atrajo más y más hasta que perdí el juicio y mis instintos triunfaron en la lucha contra mis principios. Después de tanto tiempo deseándola, Luxanna era mía, por fin mía y no me importaba nada más ahora que me enteré de que está preñada.

El doctor Mundo me había citado en su laboratorio, pero antes debía ir a la oficina de Swain, quien, alegando que se trataba de algo sumamente importante, me había convocado esa misma mañana. Las noticias volaban rápido, sin duda, varios oficiales y camaradas con los que me crucé en mi camino hacia el cuartel general, me felicitaron al darse por enterados del estado de preñez de mi prometida. Es muy probable que Swain se haya enterado y me pregunté qué consecuencias tendría, pero no me preocupaba en lo absoluto porque después de todo yo era el segundo en la cadena de mando y, además, él era mi padre adoptivo, hecho que pasó a segundo término desde que entré al ejército pero aun así él era considerado… en algunas ocasiones. Cuando llegué a la oficina, lo encontré sentado en su escritorio, fumando el tabaco de la pipa que yo le había tallado y regalado hacía algunos años.

- Buen día, Milord –Lo saludé y él me devolvió el saludo con un suave asentimiento-

- Viendo las circunstancias, no me andaré con rodeos, General –Dijo al mismo tiempo que se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo- ¡Muchas felicidades! –Me felicitó con emoción-

- Gracias, Milord, pero debo remarcar que solo cumplí con mi deber –Respondí-

- Deber que sin duda hubiste disfrutado –Agregó y soltó una risa de complicidad-

- No lo niego –Dije sin evitar sonreír, aceptando su aseveración-

- Pero dejemos de lado los hechos de índole secundaria y tratemos los principales, los que nos darán el triunfo sobre Demacia; No es que no me alegre ser "abuelo", simplemente no quiero que todo esto se nos vaya de las manos –Explicó-

- Comprendo, Milord –Respondí y aclaré mi garganta para recitar mi informe- He conseguido salvar la vida de Lady Crownguard con ayuda del Dr. Mundo. En estos momentos se encuentra en recuperación y-

- ¿Crees que esté enamorada de ti? –Interrumpió-

- Así lo ha dicho y lo ha demostrado, Milord –Respondí e iba a continuar mi informe pero volvió a interrumpir-

- ¡Bien! –Dijo, palmeando mi hombro- Eso hará las cosas más sencillas para nosotros –Dijo y yo lo miré, arqueando una ceja en señal de curiosidad- Ha llegado una carta del Duque de Crownguard donde exige que su única hija pase sus días de preñez en la casa de verano de los Crownguard en Urtistan, al parecer se ha enterado de lo sucedido y te ha calificado como no apto como su protector –Explicó y no pude evitar soltar una risa de burla al mismo tiempo que negaba con la cabeza-

- ¿Te parece gracioso? –Preguntó Swain en tono indignado e irritado-

- Me parece gracioso que el distinguido duque se preocupe por la seguridad de su hija después de que prácticamente la vendió a Noxus –Expliqué aun divertido por la ironía-

- Sea como sea, vas a hacer que Lady Crownguard responda esa carta sin que se entere de los deseos de su padre, donde explique que se encuentra bien de salud y que es feliz contigo y, dado que ella está profundamente enamorada de ti, supongo que no tendrás dificultad en lograrlo, ¿Cierto? –Ordenó-

- Si, Milord –Obedecí, comprendiendo la delicadeza de la situación-

- Has sido muy descuidado, Darius y no voy a tolerar otra falla como esa porque si vuelve a suceder algo como lo que sucedió, el trato con el duque se cancelará y nuestros planes se vendrán abajo –Amenazó y yo suspiré en señal de molestia porque me frustraba el que me dijeran que de alguna manera he fallado en cumplir mi deber- Ya no eres un adolescente, Darius, y bien sabes que el que yo sea tu padre adoptivo no te da ninguna ventaja ni te otorga una mayor tolerancia de mi parte –Dijo en respuesta a mi suspiro de molestia-

- Lo sé, Milord, pero hay situaciones que no puedo controlar; Estaban en juego mi autoridad y mi reputación, y es costumbre nuestra el no mostrar piedad por quien nos ha ofendido, no iba a dejar de hacer lo que debía solo por el mero deseo de Lady Crownguard –Me defendí evocando la situación que provocó la cadena de acontecimientos que me colocaron en esta posición-

- Darius, las mujeres como Lady Crownguard son así de caprichosas, además, no estás lidiando con una noxiana sino con una demaciana y mi consejo es que seas más empático con ella, tenemos mucho que perder si las cosas no resultan como queremos. Sé que te cuesta mucho perder tu orgullo y doblegarte ante una mujer que resulta ser demaciana, pero te aseguro que todo tiene su recompensa –Volví a suspirar, molesto y frustrado porque no podía negarme- Mira, dejemos de lado ese pequeño error y veamos la forma de prevenir tus futuros errores.

- No habrá futuros errores, Milord –Contesté en tono indignado-

- En eso te equivocas, ¿Qué hay de tus sentimientos por Lady Crownguard? –Preguntó y tuve la sensación de haber recibido un fuerte golpe en el estómago-

- No sé de qué está hablando –Dije negando mis propios sentimientos con la intención de ocultarlos por más tiempo-

- Claro que lo sabes desde hace años, Darius, no soy ningún tonto. Siendo tu un soldado tan prometedor a tus 18 años, debía tenerte bien vigilado y lejos de cualquier distracción que pudiera afectar tu brillante carrera –Explicó y no me sorprendió su táctica porque por algo se había ganado el apodo de "El Maestro estratega" y tampoco me sorprendería que dijera que me adoptó para obtener el poder del que ahora goza- Pensaba que era solo una obsesión tuya pero ahora que te he visto en compañía de Luxanna, me enteré de que te estabas enamorando de ella, pero no te preocupes que aún no es tarde para enmendarte, existen muchos medios para olvidar a una mujer y estoy seguro de que los conoces bien –Dijo evocando lo sucedido con Katarina-. Eres noxiano y ella demaciana y tu boda con ella así como tu descendencia son meros negocios, de eso no te debes olvidar como tampoco debes olvidar cómo murieron tus padres.

- Si, Milord –Obedecí, evadiendo profundizar más en el tema- ¿Hay algo más que desee agregar?

- Ciertamente es que no, ya puedes retirarte –Respondió-

- ¡Por siempre fuertes! –Exclamé a modo de despedida, al mismo tiempo que lo reverencie-

- ¡Por siempre fuertes! –Respondió y salí de la oficina-

Tenía mucho que agradecerle a Swain porque de no haber sido por él, Draven y yo habríamos sido vendidos como esclavos, pero ahora él estaba tan en deuda conmigo como yo con él, sin embargo, él era el primero al mando y le debía obediencia, todo estaba planeado para que él siempre tuviera el control y en cierta forma a mí no me incomodaba porque lo admiraba –y lo sigo admirando- pero algunas veces, como esta, deseo fervientemente ser yo quien tuviera el control.

Ovidarme de Luxanna… ¿Cómo iba hacerlo? Si ya lo había intentado todo por todos los medios y no lo pude lograr, pero Noxus y mi deber estaban por encima de todo y, si era necesario ignorar mis sentimientos en beneficio del reino, lo haría sin bacilar.

La conversación que había tenido con Swain me dejó con mal sabor de boca y no tuve ánimos de ir al laboratorio del Dr. Mundo –Ya tenía algunos días evadiéndolo- así que volqué mi atención hacia otros asuntos que requerían ser resueltos y así se pasaron rápido las horas del día. No quise volver a casa a caballo porque tenía mucho que pensar y reflexionar sobre mis próximos movimientos. Supuse que el aire fresco, el silencio y la serenidad de la noche me ayudarían a reflexionar de manera más eficiente, pero al parecer no fui el único que pensó en caminar de vuelta a casa esa misma noche.

- Darius –Escuché la voz de Katarina justo detrás de mí y me di media vuelta; no me agradaba la idea de tenerla a mis espaldas. La miré esperando a que dijera lo que fuera que tuviera que decirme- Tu siempre eres tan elocuente, ¿No? –Comentó al no recibir ningún saludo de mi parte, con una sonrisa arrogante al mismo tiempo que se acercó y se detuvo a escasos centímetros de mí-

- ¿Qué es lo que quieres? –Pregunté con desdén, impaciente por terminar el asunto tan rápido como fuera posible porque no tenía ánimos de tratar con ella, pero al parecer ella no tenía ninguna prisa-

- A ti –Contestó, me tomó del cuello, dio un pequeño salto, enredó sus piernas alrededor de mi torso para sujetarse y me besó- Te he extrañado como no tienes una idea… -Me susurró después de besarme y mordió el lóbulo de mi oreja derecha; ella conocía perfectamente mis puntos débiles-

- Si no tienes nada importante que decir, retomaré mi camino –Dije ignorando lo que acababa de ocurrir y traté de quitármela de encima, pero ella se aferró- No me obligues a usar la fuerza.

- Hazlo, sabes que siempre me gustó y ahora que lo pienso… -Se acercó de nuevo a mi oído- nunca lo hicimos en un lugar público –Me susurró y mi burla retumbó por todos los rincones de la calle vacía- ¿Qué es tan gracioso? –Me preguntó molesta ante mi burla-

- Tú –Le respondí y ella se desprendió de mí, quedando de pie aun sin deseos de alejarse- Me tomas por imbécil, Katarina, y sea lo que sea que quieras, no lo vas a obtener utilizando esta táctica.

Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que Luxanna y yo tuvimos intimidad; Katarina lo sabía, y muy probablemente también sabía que el Dr. Mundo había ordenado no más intimidad durante el periodo de recuperación de Luxanna, por eso optó por tratar de conseguir lo que quiere por medio de esta táctica.

- Te equivocas y sé que tú también me deseas tanto como yo a ti –Dijo persistente al mismo tiempo que colocó su mano sobre mi entrepierna; yo la quité de inmediato y ella sonrió divertida- Porque si no fuera así, no habría ninguna evidencia y definitivamente la hay.

Es algo que ningún hombre puede controlar después de haber pasado tanto tiempo sin tener intimidad con alguna mujer, pensé en decirle, pero no era necesario gastar saliva en algo sin sentido, solo bufé en señal de irritación. La noche era fresca, más sin embargo, empecé a sentir calor y pronto comencé a sudar, definitivamente mi cuerpo era independiente de mi mente.

- ¿Ya olvidaste los buenos ratos que pasamos juntos? –Volvió a insistir y me abrazó pero yo la aparté, aunque su pregunta surtió el efecto que ella deseaba porque pasó por mi mente el recuerdo de cuando éramos amantes, a lo cual mi cuerpo reaccionó con más notoriedad- ¿Por qué estás sudando? Normalmente lo haces cuando te contienes; Aún recuerdo todas esas caricias discretas bajo la mesa durante aquella cena en la residencia de mi padre y tu reacción fue exactamente igual a la de estos momentos –No pude hacer más que mofarme-

- Toda esta situación confirma que tu demaciano no solamente es un fracaso como guerrero, sino también como amante, dime, comandante, ¿No deseas ahora estar en el lugar de Lady Crownguard? –Comenté con el objetivo de causarle irritación-

- Garen resultó ser menos agraciado que tú en ambos aspectos, pero te equivocas al decir que es un fracasado porque él es mucho mejor que otros y, siendo honesta, no me gustaría estar en el lugar de Lady Crownguard, principalmente porque no es mi deseo tener un conyugue como tu ni mucho menos tener descendencia, aunque claramente sí me interesas como amante –Respondió-

- Hablas como si tu rango fuera superior al mío, comandante, y me veo en la necesidad de recordarte que ese ya no es el caso; yo no deseo tenerte como amante porque como verás, Lady Crownguard te ha superado en todos los aspectos y ahora apenas puedo recordar mi tiempo contigo –Mentí, podía recordar absolutamente todo; Luxanna no era tan buena amante como Katarina y probablemente nunca lo sería, pero eso podía arreglarse, además, ella tenía muchas otras cualidades que superaban a Katarina por mucho-

- ¿Cuánto tiempo tardará tu demaciana en recuperarse para darte cumplimiento en la cama? –Preguntó en modo de burla; sin duda ella conocía bien la situación entre Luxanna y yo- ¿Por qué no te has dado media vuelta y te has ido corriendo a su lado? Siempre fuiste un buen mentiroso, pero te conozco tan bien que ahora te es imposible engañarme y aunque lo niegues, sé que aún me deseas. Deja que volvamos a los viejos tiempos –Sugirió mientras deshacía mi cinturón mientras me mordía el cuello pero volví a quitármela de encima-

- Sigues subestimándome, comandante Du Couteau, como tú hubieron muchas de las cuales solo tomé a las que quise –Dije al mismo tiempo que rehacía mi cinturón- Que haya habido algo entre tú y yo en el pasado no te confiere ninguna ventaja, no niego que tu desempeño fue remarcable, pero decidiste que un demaciano era mejor que yo –Dije con altivez y ella frunció el ceño- ¿Qué pasó? ¿Decidiste que Garen no era digno de ti desde que tuviste que intervenir para evitar que lo rebanara con mi hacha? –Pregunté y ella me miró con los ojos abiertos como platos- ¿Pensaste que me habías aturdido? Toma más que un hechizo para aturdirme, bien lo sabes.

- ¿Por qué no lo reportaste al alto General? Pudiste haberte deshecho de la Familia Du Couteau sin haber tenido la necesidad de luchar con mi padre – Preguntó-

- Esa táctica es típica de las mujeres y los débiles, como ves, no necesité de artimañas tan bajas para expulsar a tu padre de Noxus –Respondí a pesar de que en realidad nunca tuve la intención de deshacerme del mejor asesino de Noxus (Por obvias razones) pero era lo que ella pensaba y comenzó a sollozar en voz baja, tratando de ocultármelo sin éxito- Joder… -Murmuré impulsivamente al escuchar sus sollozos-

- Entonces, la razón no fue porque me amabas… –Concluyó y mi miró fijamente a los ojos; los suyos llenos de humedad y yo suspiré, cerré los ojos y froté mi sien- Nunca demostraste que yo te importaba, Darius, hiciste que me enamorara de ti sin intención de amarme, ¿Por qué? ¿Esperabas que no te cambiara por alguien más que pudiera darme lo que tú no me dabas? ¡Eres un desgraciado! –Me abofeteo y empujó-

Si había algo que me desarmaba era ver a una mujer llorar por mi causa, me recordaba a mi madre que siempre lloraba sin razón aparente y me hacía sentir impotente porque no podía hacer nada al respecto. Si, la había utilizado, era cierto que no la amé y eso me hacía sentir culpable, Katarina no era una mujer sentimental pero la había herido tan profundamente que provoqué que se quebrara y mi primer impulso fue el de abrazarla para consolarla, al principio se resistió pero terminó cediendo, nos quedamos así hasta que se tranquilizó.

- Yo lo único que quería era tu corazón… –Susurró y tuve la sensación de haber sido golpeado por un rayo-

- Vamos, te llevaré a tu residencia –Dije mientras la levanté en mis brazos y ella se aferró a mi cuello-

Caminé y ambos guardamos silencio durante todo el camino hasta llegar a su residencia, que era una de las más imponentes de Noxus. No había sirvientes en la puerta, ni guardias y tampoco había señales de Talon por algún lado, así que me tomé la libertad de entrar sin más y subirla hasta su habitación; conocía bien todo el lugar. Entré a su habitación y la coloqué suavemente sobre su cama –En la que varias veces yacimos juntos- pero ella se negó a desaferrarse de mi cuello.

- Debo irme –Dije para que me soltara-

- Quédate conmigo esta noche –Me lo pidió suplicante y me besó- Por favor, ámame una última vez, te juro que nadie lo sabrá… -Susurró-

Ella ya había logrado que me olvidara de Luxanna una vez, tal vez los dioses me daban de nuevo la oportunidad de enmendarme y hacer que las cosas volvieran a tomar el curso correcto.


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