Ante todo, Feliz 2012, espero que hayáis empezado con buen pie.
Dislaimer: Nada de esto es mío... bueno sí... las locuras.
Gracias a Laetitia Lycaelon, kritias, Fran Ktrin Black, Nagi w y natiiiiiiiiiii por sus preciosos comentarios.
Recordad, comentar no cuesta un duro, pero me haceis feliz... (espero que no suene demasiado a súplica) y ahora...a leer.
Ese mismo lunes tras el desayuno, Sirius les explicó a los niños el funcionamiento del pensadero. Aunque a ambos les pareció muy fácil así que se lo demostró. Para ello, escogió un recuerdo muy divertido, quería que fuera agradable; se puso la varita en la frente, y deslizó un hilo de plata desde su cabeza hasta el objeto.
Tras esto, instó a los niños a mirar dentro con una frase poco común:
-Gallina el último. O ¿es que no os atrevéis?
Como siempre, esa frase, funcionó y de repente los niños se encontraron en un valle precioso.
Era el Valle del Godric, donde residieron hasta su muerte los padres de Harry, allí los niños y el Sirius adulto, pudieron ver a la pareja con un bebé, a Remus y Sirius alrededor. Y cómo empezaron a hacer una guerra de bromas mientras el bebé aplaudía feliz.
-¿Soy yo?- preguntó tembloroso Harry.
-Si.- le contestó Sirius con una triste sonrisa- ese pequeñajo eres tú. Pero mira ahora, no querrás perderte esto.
Inmediatamente, los niños miraron la escena, donde pudieron ver como cuando iban a manchar al bebé tirándole algo de nata, el ponía cara de concentrado e inmediatamente sonreía aplaudiendo viendo como la nata se desviaba hacia su padre.
-Fue tu primera magia accidental, Harry- Le explicó el mayor.- Es un hecho muy importante, y fue muy divertido. – Siguió mientras se reía- tu padre no se podía creer que le hubieras echado la tarta a él.
Los niños se empezaron a reír, y ya todos mucho más alegres salieron del recuerdo a la habitación.
Sirius entonces cogió el recuerdo y se lo volvió a meter en la cabeza.
-Harry- le explicó- quiero que hagas lo mismo con tus malos recuerdos.
Ante eso, el niño se estremeció asustado e instintivamente Teddy le abrazó, mirando a su padre. Harry estaba mirando al suelo, mientras aguantaba las lágrimas.
-Mira- Sirius se bajó a la altura del niño y con la mano, suavemente, le hizo mirarle a los ojos- no quiero que esos recuerdos te sigan molestando. No los vamos a ver- le aclaró-, los guardaré en botellas hasta que seas un poco más grande y quieras volver a verlos. ¿Te parece?
-Bueno-respondió Harry, que tenía mucho miedo.
-No te preocupes, te prometo que estarán guardados, y que no te harán mucho daño. Pero sólo si quieres, sino no lo haremos.
-¿Puedo pensarlo?-respondió el niño casi llorando.
-Por supuesto- contestó Sirius- ¿te parece que me contestes a la noche?
-Vale- dijo el niño mientras sonreía un poco.
-Ahora-siguió el adulto poniendo cara de cordero degollado- ¿me daríais un abrazo?
Los niños inmediatamente se soltaron y le dieron un abrazo al mayor, que viendo que aún estaban tristes se transformó en perro y empezó a lametones hasta que les sacó unas grandes carcajadas.
Una vez acabada los juegos bañó a los niños, pues estaban llenos de babas, y subieron al laboratorio, donde se encontraron que había un señor desconocido, era algo mayor, no se parecía a nadie.
Teddy se escondió detrás de su padre, mientras que Harry se quedó totalmente paralizado, puesto que pensaba que allí estaba seguro.
Sirius asombrado carraspeó, y todos miraron hacia allí. Brenan y Jack se acercaron y dijeron, chicos, ahí está vuestro maestro.
Como Harry seguía totalmente paralizado, Jack se acercó a él, que subió las manos para protegerse, y entonces le habló.
-Harry-empezó suavemente- ¿te acuerdas que dijimos que iba a venir el padre de Temperance a enseñarte a leer?
El niño aún paralizado del miedo asintió con la cabeza, aunque tenía los ojos como platos.
-Pues ese señor de ahí es el padre de nuestra amiga Temperance. ¿Quieres que te lo presente?
El niño siguió mirando un rato más, a Brenan que asentía, a su padrino que también, a los científicos que estaban hablando con el hombre y a su tío.
-Va va vale- le dijo, mientras abría los brazos tímidamente y los subía un poco.
-¿Quieres que te lleve en colo? (NA: colo=regazo. Es una palabra gallega pero siempre me sonó mucho mejor) – le preguntó.
El niño asintió con la cabeza mientras miraba al suelo y bajaba los brazos, pero de repente se vio cogido con su tío, al que miró sorprendido.
-Te dije que no tuvieras miedo- le dijo Jack al niño- pero si lo tienes, no pasa nada, te ayudaremos en lo que podamos.
-Gracias- susurró el niño en el cuello de la camisa.
Así se acercaron a Max, y se hicieron las respectivas presentaciones. El niño le seguía mirando fijamente, así que cuando dijo.
-Encantado, ¿quién quiere aprender?
Todos se esperaban lo que sucedió, Harry levantó tímidamente su mano y Teddy empezó a saltar diciendo que también quería.
-Espera un poco-dijo Jack- Booth dijo que traería a Parker, debe estar al llegar.
-No os preocupéis-soltó Bones con su característica sinceridad- como padre es pésimo pero es un gran profesor.
Su padre, la miró dolido, pero entendía, ella era así. Además vio como el más pequeño de los niños, aparentemente, dejaba que lo apoyaran en el suelo y se cogía de la mano del otro pequeño.
De repente el teléfono de la doctora empezó a sonar.
-Brenan- contestó al mismo.
-De acuerdo, voy para allá.- con eso cortó el teléfono y los miró.- Os podéis poner en el despacho del fondo, allí nadie os molestará.
En eso vieron llegar a Parker, con una mochila, mientras Brenan se marchaba corriendo del laboratorio, tenía un nuevo caso.
Los niños y el maestro se fueron al despacho indicado, que con un poco de magia quedó perfecto para dar clase.
Sirius, antes de irse indicó al maestro- tiene que escribir con pluma. Son las reglas.
Y tras esa simple frase les dejó un montón de pergamino, tinta y plumas. De todas formas, los niños le miraron antes de irse, y él les guiñó un ojo. No entendieron mucho, pero pronto lo harían.
-Bueno niños- empezó el que a partir de ahora sería el maestro- vamos a empezar por las letras.
Así los niños se esforzaron por escribir las vocales con las plumas, que cambiaban de color según lo bien que lo hacían y era muy divertido ver como si la "a" la hacían demasiado grande engordaba, le salían ojos y cola y convirtiéndose en una ballena se escapaba del pergamino, si la hacían normal, no hacía nada; pero si la hacían pequeña, se convertía en un punto, y haciendo puff desaparecía.
Hicieron un descanso para comer, y aunque aún no hacían todas las vocales bien, pudieron hacer algunas, enseñándoselas a los mayores. Como estaban muy ocupados, y a los niños les hacía bien que les diera la luz del sol, Max se los llevó al parque donde estuvieron tratando de dibujar las plantas que el mayor les decía, por encargo de Jack.
Fue un día agotador, aunque al llegar de vuelta al laboratorio Parker se tuvo que despedir, puesto que iba a dormir a casa de su madre. Los científicos seguían trabajando, pero Sirius miró a Harry y le dijo.
-¿Qué tal el día?
El niño, ayudado por su propio hijo, le enseñaron todo lo que habían aprendido, todo lo que vieron, etcétera. Y lo bien que se lo habían pasado.
Tras unos momentos más, Sirius se puso serio y le dijo al niño:
-¿Ya tienes una respuesta?
-Si- contestó él- quiero que me los quites.
-Vale, - dijo Sirius- pues después de tu charla con Sweets lo hacemos. ¿De acuerdo? Y ¿qué tal helado de postre?
-¡Genial!- saltaron alegres los dos chiquillos.
Mientras Harry iba a su charla con Sweets preguntándose si haría bien o no, Teddy se fue con su padre, que le puso en contacto con sus amigos de la manada. Así podría hablar con ellos tranquilamente.
Tras la hora de terapia, con el niño muy ausente, Harry se dejó quitar los recuerdos uno a uno, y todos, que estaban escondidos detrás de un muro transparente para ellos, pudieron ver como la cara le cambiaba. Y como los recuerdos salían negros, e incluso se oían voces, ante lo que Jack se estremeció.
-¿Se va a olvidar de todo?- preguntó Sweets
-No-contestó Hodgins- va a ser como si lo viera en una película, no le dolerá, sólo es como si no fueran del todo suyos.
-De acuerdo- asintió el primero.
Una vez acabado el niño se quedó dormido y Sirius empezó la ordenación, con ayuda de Jack en botellas de esos recuerdos tan oscuros.
-Nunca había visto una cosa igual- contestó Sirius.
-Yo tampoco- contestó el segundo.
-Dejémosle dormir. Mañana va a ser cansado.
Acostaron a Teddy, los arroparon y se fueron de la habitación una vez que guardaron muy bien las botellas, seguro que no era apto para niños.
- ¿Crees que deberíamos verlos ahora?- preguntó Jack preocupado.
-No lo sé- contestó Sirius- el color y la forma de los hilos es preocupantes. Deberíamos preguntarle a Severus, el sabe más de estas cosas.
- Tendremos que asegurarnos antes de verlos que es seguro para todos- apuntó Jack.
-Si, no sabemos las consecuencias de inmiscuirnos en esos recuerdos- asintió Sirius.
- ¿Entonces creeis que podré verlos?-preguntó el psicólogo del grupo- seguro que eso me ayuda en el tratamiento.
-Eso creemos, en los recuerdos normales no suele haber ningún problema- contestó Jack- la sensación es como estar en un cine 3D.
-Según me contó Remus de ahí partió la idea- le indicó Sirius.
-Si quereis podemos probar con uno de los nuestros- sugirió Jack.
-Me gustaría ver como funciona- apuntó Brenan.
Sweets estaba emocionado, al igual que Ángela y Booth, el resto de los científicos estaban escépticos, no se lo creían mucho, pero tendrían que ver.
En este caso fue Jack quien escogió un recuerdo, y fue aquel de las navidades que pasaron encerrados por el caso y vieron a sus familias a través del cristal. Estaba seguro que todos se acordarían de ese día. Así vertió en el pensadero cuando hicieron el intercambio de regalos y el robot que había hecho Zack no seguía las órdenes, había sido muy divertido.
Cuando estaban a punto de entrar en los recuerdos las uñas empezaron a sonar y se vio un holograma de los dos que estaban lejos.
-¿Funcionó?- preguntó Sirius curioso.
-Bueno – contestó Severus mostrándole el lugar.
La calle que mostraban estaba llena de científicos emocionados, de magos con sus túnicas, resguardados en una casa que se caía a pedazos, cámaras de video, marcadores, focos, etc. Todo muy curioso.
-Que sepáis- empezó Remus- que la señora Figg ya no soporta a los gatos, y por mucho que intenta echarlos de su casa sólo vuelven.
Y con ello pudieron ver una señora que tiraba a los gatos por la ventana mientras otros le entraban por el tejado.
Todos empezaron a reír. Era muy divertido.
Al oscurecerse un poco la zona, las paredes del número 4 se volvieron naranja fosforito, que muchas vecinas empezaron a hacer corrillo y a criticar a Petunia mientras iba cerca de su casa. Eso la martirizaba, aunque no sabía qué pasaba.
Iban a ser unos días muy divertidos en Inglaterra- pensaron todos.
- Vamos a pedir que nos pasen una copia- les dijo Severus- creo que va a ser interesante. Ya os contaremos.
-Estamos dando ideas- susurró Remus mientras todos estaban pendientes de lo que ocurría en la casa.
-¿Qué han pensado los antropólogos de los magos?-preguntó Zack.
-Ah, eso. Simplemente se les ha dicho que son de un internado extraño. Que en moda es tan anticuado que aún llevan túnicas pero que tienen la psique y conocimientos científicos muy desarrollados. Y como hablan latín, se lo creyeron.
-Crédulos- soltó Brenan por detrás.
-De acuerdo, - confirmó Sirius- mantenednos informados. Por cierto Severus.
-Dime
-¿Alguna vez viste cuando se sacan pensamientos que fueran negros?
-No- contestó- pero sé que ocurre cuando son muy oscuros, tanto, que pueden dar lugar a depresiones. Tened cuidado y no entreis antes de que hagamos unas cuantas averiguaciones.
-Vosotros también. – Contestó- cuelgo. Hasta mañana.
Así todos se despidieron con sentimientos encontrados, por una parte alegres por la venganza que se estaba llevando a cabo y por otras tristes por el niño del que estaban a cargo.
Para no quedar con tal mal sabor de boca, Sirius sugirió meterse en los recuerdos y aceptaron aunque no estaban de muchos ánimos.
Al entrar pudieron verse a sí mismos en el laboratorio, entregándose los regalos, se acercaron y vieron las caras que habían puesto, intentaron tocarse, se escucharon. Además la doctora Brenan pudo ver la preocupación de sus amigos por ella, lo que de dió que pensar. No solía darle importancia a esas cosas, pero realmente esas navidades hubiera sido agradable participar en ese intercambio. Fue todo muy emocionante para todos, además de divertido, y ya algo más alegres se fueron cada uno a su casa para dormir teniendo una noche tranquila.
Y así empezaría una rutina.
El siguiente como máximo, en 15 días.
