Capítulo editado 14.11.2017
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Abriendo los ojos a la traición
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¿Qué te queda cuándo las personas que mas amas son las que te traicionan?
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Los débiles rayos del sol se adentraban por la vieja ventana de aquella habitación. Poco a poco, la luz le fue incomodando en los ojos e hizo que los abriera con lentitud. Su cansancio y la resaca tal vez le impidieron reconocer que aquel lugar no era su lujosa y acogedora habitación. Porque definitivamente aquellas paredes no se parecían nada, ni siquiera se acercaban a algo con buen gusto.
Su mente se fue aclarando, avivando los recuerdos de la noche anterior. Daphne Greengrass había salido nuevamente con ese chico y sabrá Dios qué fue lo que le dijo para convencerla de caer en aquel lugar.
Se sentó en la cama observando todo a su alrededor. Aunque tenía que reconocer que no había mucho que ver, pero sí criticar. Las paredes estaban ocultas bajo los grandes e innumerables posters de un equipo de fútbol, desconocido para ella. El armario no cerraba por completo las puertas debido a la ropa desacomodada que había dentro, las cortinas de la ventana estaban sucias y algo viejas; pero eso sí, había una televisión y muchos cojines alrededor de ella, como quien quisiera verla todo el día y estar cómodo e incluso invitar a más personas a verla. De hecho, había un plato de palomitas sin terminar y varios envases de refresco vacíos cerca de la televisión. Definitivamente ese lugar era característico de...
—¡Ronald Weasley!
La potente voz provenía del pasillo, justo afuera de la habitación. El pelirrojo, que antes roncaba con ganas, se incorporó de golpe con el pánico reflejado en su rostro. Tardó en comprender que haber llevado a Daphne, a seguir con su fiesta "privada", a su casa no había sido la mejor de sus ideas en su vida. Si su madre se enteraba que había utilizado su sagrada casa como hotel en lugar de pecas, lo que llenaría su cuerpo serían moretones provocados por la ira de Molly Weasley.
Inmediatamente se puso de pie, aún estaba desnudo, se apresuró a encontrar la ropa perdida de Daphne esparcida por todo el suelo.
—Tienes que irte —le dijo en un susurro desesperado.
—¿Disculpa? —se ofendió la guapa chica. Pero Ron no la escucho, seguía recogiendo la ropa y, sin ningún cuidado, se la aventaba a Daphne—. ¿Puedes tener más cuidado?
—Shhh… Por favor, Daphne, mi madre te escuchará —dijo mientras se ponía una pantalonera y playera de tirantes, quería dar la impresión que estaba profundamente dormido y que por eso no atendía a los llamados de su madre.
—¿Y qué si me escucha? —espetó la mujer aun sin ponerse sus prendas.
—No quieres saber eso —Los ojos de Ron reflejaban un miedo absoluto —En serio, has esto por mi, no volveré a pedirte nada.
—¿Seguro? Siempre tienes algo que pedir, Weasley.
—Sólo por hoy vete, Daphne, apiádate de mí.
Tardó en contestar. No era posible que alguien la tratara de esa forma. No toleraba ser tratada así, jamás nadie se atrevió a tratarla de esa manera. Pero la cara de Ron hacía que no pudiera enojarse con él. No entendía cómo un chico de su edad y con su complexión le tenía miedo a su madre.
—Muy bien —bufó al fin, tomando su ropa para cambiarse—. Según tu no quieres que me vea ¿Cómo quieres que me vaya si ella está del otro lado de la puerta?
—Bueno, tienes que salir por la ventana. —Los ojos de Daphne salieron de sus órbitas—. Prometo que te compensaré por esto, sólo tienes que irte ya, sólo eso.
Cuando estuvo vestida, Ron abrió la ventana, tenía que mencionar que su habitación estaba en lo que se llamaría ático, por lo que era equivalente a dos pisos de altura y la planta baja. Cerca de la ventana había un gran árbol, que Ron utilizaba para escapar varias noches. Por eso Molly deseaba talarlo, pero el señor Weasley decía que ese árbol le traía alegría al descuidado jardín trasero.
—¡Jamás me he subido a un árbol! —gruñó Daphne, acercándose a mirar por donde tenía que bajar.
—Nunca es tarde para hacerlo.
Sin mirarlo, tomó sus tacones en una mano, e hizo lo que ese inepto pelirrojo le pidió. En cuanto su invitada puso un pie fuera de la habitación, Ron abrió la puerta fingiendo un bostezo y cara de dormido. Su madre no se sorprendió por la tardanza de su hijo, todas las mañanas era lo mismo: subir a despertarlo para que llegara a tiempo a su empleo en la tienda de sus gemelos hijos, sabía que Ron tardaba en despertar.
—¿Qué sucede?
—¿¡Cómo que qué sucede!? ¡No tienes vergüenza Ronald! Se suponía que hoy acompañarías a Edmund a recoger a la madre de Hermione a Londres, pero como siempre se te olvidó, ahora Edmund te está esperando abajo y si no te vas ya no podrás comer de lo que prepare para el Baby Shower.
¡Golpe bajo! Si algo no soportaba Ron era que le negaran las delicias preparadas por su madre. Sin ducharse, tomó la ropa que usó la noche anterior y corrió a reunirse con el chico Pevensie.
•••
No deseaba tener que entrar en ese lugar. Ese departamento que tantos recuerdos le traían a su mente y lo peor era que él podría estar ahí dentro. Había tratado de evitarlo desde el día de la fiesta en La Mansión Greengrass. No quería mirarlo a los ojos, pues temía que descubriera eso que ahora estaba creciendo en su corazón y que, desgraciadamente, nada tenía que ver con él.
Pero ahí estaba, justo afuera del edificio. Tenía que entrar, decirle que no se verían ese sábado como siempre hacían. Aún no sabía qué excusa pondría, pero esa noche, ella tenía otros planes. Entró al edificio que tanto conocía, al que por más de dos años había frecuentado, el lugar al que acudía incluso a escondidas de sus padres para poder pasar una noche con Harry.
Abrió la puerta con su llave, todo estaba vacío y silencioso, hasta que escuchó los tecleos del chico en su laptop. Lo vio sentado en su cama, calmado y con una sonrisita mientras no dejaba de escribir.
—Hola —lo saludó Ginny con algo de ¿miedo? Ya no sabía cómo sentirse al estar con Harry.
—¿Eh? ¿Oh Ginny qué haces aquí? —se sobresaltó él, cerrando la laptop y poniéndose de pie.
—Te dije que iba a venir esta mañana.
—Vaya, lo había olvidado.
Y sin que ninguno de los dos lo pensara o viera venir, un silencio se apoderó del apartamento, un silencio que no se animaban a romper. Tal vez porque no tenían nada que decirse, no querían hablarse, o estaban cansados... tal vez un poco de todo. Lo que sí, era que ya no sabían cómo tratarse entre sí.
—Sólo venía por algo de ropa que tengo aquí —comentó Ginny, entrando al closet sin mirarlo. Lo más lógico era que Harry, como el novio que era, preguntara porque había decidido de pronto llevarse su ropa, pero en lugar de eso él volvió con sus cosas—. Esta tarde estaremos ocupados preparando el Baby Shower de Hermione, que ya es mañana —le contó aún estando dentro del closet.
—Oh, es cierto, creo que también lo había olvidado.
—Últimamente traes tu cabeza en otros lados, Harry. —Había salido del closet con unas cuantas prendas, no era toda la ropa que tenía ahí. Por un momento, Harry pensó que ella se la llevaría toda.
—Sí, perdona, se avecinan unos exámenes y estoy algo distraído con eso. Pero si quieres puedo ir a ayudarles.
—¡No! —exclamó Ginny desesperada, lo había dicho con demasiada efusividad—. Es que, no imaginas lo estresada que está mi madre con tanta gente en la casa, luego hoy llegan la madre de Hermione y Fleur con todos sus hijos. Y la verdad no creo que sea buena idea que vayas, ya ha corrido a Fred y George, y creo que por poco a Ron.
—Me imagino, esta bien, iré ya mañana al festejo.
—Bien, tengo que irme o mi madre me matará.
Tomó su bolso y salió del apartamento. No se despidió de Harry, y éste tampoco levantó la mirada al escuchar los pasos de su novia salir...
•••
Peter bajaba de su auto, se había quedado de ver con Draco en La Mansión Malfoy aquella mañana. No había tenido oportunidad de hablar con él debido a las juntas con el jefe del hospital sobre su posible ingreso como titular, que lo habían mantenido ocupado todo el viernes.
La verdad no le gustaba nada ir a aquel lugar. Desde pequeño siempre evitaba ir ahí por lo que siempre convencía a Draco de ir a su casa. No era por despreciar a su amigo, él nunca haría eso, pero la sola idea de toparse con Lucius no le agradaba nada.
Sabía todo lo que le obligaba a hacer a su hijo, todas las limitaciones absurdas que le ponía y los regaños que siempre sonaban a amenazas. Debía admitir que antes le daba miedo ver al Señor Malfoy, pero ahora sabía que no temería a la clase de persona que era, en realidad, un cobarde que lo único que lo hacía valiente era su dinero.
Se encontraba esperando en el salón, incluso la fachada del lugar era escalofriante. Esperaba a que su amigo llegara con las bebidas que le había ofrecido.
—Aquí tienes, lo de siempre. —El rubio llegó con unas bebidas frías. Sabía el sabor preferido de Peter, que por más que creciera nunca le dejaría de gustar—. ¿Qué querías decirme? —dijo sentándose a sus anchas en el sillón. Peter lo imitó.
—Esta noche saldré a cenar.
—Bien por ti, Peter. Creo que perdiste la importancia de saber que unas cosas se dicen simplemente con un mensaje de texto y otras en persona.
—Si me dejas terminar. Saldré con una chica y quiero que la conozcas.
—Vaya, esto se pone mejor. Pero hoy en la noche iba a salir con Astoria.
—Puedes llevarla.
—¿No te incomoda?
—Por supuesto que no. En verdad tienes que verla, porque necesito que me des tu punto de vista.
Draco frunció el ceño. ¿Su punto de vista? Peter jamás le había pedido que opinara algo en sus relaciones.
—¿Qué importancia tiene mi punto de vista?
—Así sabré si en ojos de alguien más estaría bien que siga esforzándome por ella.
—¿Por qué...?
—Ella tiene pareja.
Ahora todo estaba claro para Draco. Peter siempre fue un hombre que no le gustaban las infidelidades. Si bien fue un chico mujeriego en la preparatoria, pero nunca a más de una a la vez. Les dedicaba el tiempo necesario, pero como todo un caballero Pevensie, al momento de que apareciera otra no dudaba en terminar con sus relaciones actuales.
Una actitud extraña en un hombre, a Draco no se le dio eso en su juventud; sólo a partir de Hermione cambió por completo.
—¿Si sabías qué tenía pareja, por qué insistes?
Peter miraba su vaso que sostenía con ambas manos. Sonrío nerviosamente. Le tenía confianza a su amigo, pero en ese instante, aquella pelirroja lo hacía débil.
—Amigo, creo que ella es especial.
•••
Conducía nervioso. No podía creer que llegarían al aeropuerto 35 minutos después. Ese no era el recibimiento que le quería dar a la madre de Hermione. Quería dar una excelente impresión desde el inicio.
Todo el trayecto Ron se la había pasado cabeceando, se sorprendió que en ningún instante se hubiera golpeado en el vidrio de su camioneta.
Al fin llegaron, la sala donde llegaría la señora Granger estaba vacía. A Edmund le dio un latido doloroso al corazón al no ver a nadie. Se sentía mal, pero era algo exagerado y todo se debía a que la persona que ahora no encontraba, era alguien importante para Hermione.
—¡La encontré!
Gritó Ron mientras se acercaba al área de cafetería y descanso del aeropuerto. Edmund lo siguió deprisa, pensando como podía disculparse por lo ocurrido.
—Señora Granger —saludó Ron a la mujer—. Soy Ron, amigo de Hermione. Lamentamos haberla hecho esperar, pero me quedé dormido.
Edmund no pudo evitar suspirar al sentir ese alivio de que Ron hubiera dicho lo que en verdad había pasado.
—Oh, no te preocupes, me diste el tiempo de comer algo. Llegué hambrienta.
—¡Excelente! —exclamó Ron—. Mire, él es Edmund Pevensie. Amigo de Hermione.
—Mucho gusto —se apresuró a decir el pelinegro.
—Igualmente, Edmund —contestó la señora Granger con una amable sonrisa, similar a la de Hermione.
—Lo hubiera visto minutos antes —prosiguió Ron—. Venía muy nervioso, no quería llegar minutos después. Incluso sentía que podría aventarme de su camioneta por haberlo hecho llegar tarde.
Parecía que a Ron le causaba mucha gracia contar todo aquello. A Edmund le costaba respirar, de pronto todo se sentía muy bochornoso.
—Tranquilo, Edmund, no tenías por qué alterarte —ahora comprendía que la comprensión y gentileza de Hermione venía de familia.
—Sólo no quería fallarle a Hermione —sin poder evitarlo, las mejillas de Edmund se tornaron rosadas.
Y con toda la experiencia que la vida le había dado a la señora Granger, supo que el enrojecimiento de aquel muchacho significaba algo más, ¿Edmund estaba enamorado de su hija?
•••
A Astoria le sorprendió la invitación de su amigo Draco, pero tenía que confesar que le agradó mucho que el rubio la invitara a salir. Aunque habían salido un par de veces, pero solo a lugares donde la chica tenía que hacer algún encargo para su padre, Draco la acompañaba pero nunca se veía alegre de salir con ella. Astoria tenía la esperanza que esa actitud en él fuera por el hecho de estar en lugares aburridos con viejas personas hablando de negocios.
Tan sólo esperaba que en esa cena no apareciera la cara de aburrimiento que siempre solía llevar en todas sus salidas. Esperaba poder volver a ver aquella sonrisa traviesa, aquella que acompañaba al niño con el que solía jugar.
Se había puesto un lindo vestido rojo vino, corto con tirantes gruesos. Se dejó el pelo suelto, no quería verse tan formal como si fuera a una reunión de negocios. Quería verse como una simple chica que se arregla para una cita. Porque ¿Quién a sus 18 años se atreve a hacer los recados laborales de su padre, y al mismo tiempo de la universidad? Solamente Astoria, pues ese trabajo estaba destinado para su hermana mayor Daphne, pero todo mundo sabía que dejaría en bancarrota al Greengrass mayor con los negocios en sus manos.
Por eso esa noche no quería pensar en negocios, sino simplemente disfrutar a lado de Draco.
—¿A quién esperas, Draco? —preguntó Astoria después de ver como el rubio se detenía justo fuera de la entrada del restaurante.
—A un amigo, él y su chica cenarán con nosotros.
Astoria sonrió y asintió mientras Draco sacaba su celular.
—Han de estar cerca, ya casi es hora —dijo para sí mismo.
Draco estaba algo aturdido. Le daba la sensación de que no estaba ahí en ese fino restaurante. Por un lado se le hacía extraño ir a conocer a la chica de Peter, y por el otro, no lograba estar agusto con Astoria, pareciera que solo tenía en su mente esa meta de conquistarla porque su padre lo pidió y no veía más allá en ella que solo esa ridícula meta.
Esa era la pared que había en ambos, Draco construía ese muro siempre que la veía. No se daba cuenta que la pudiera derribar si se daba esa oportunidad.
Después de unos minutos, Peter apareció en su coche. Se bajó saludando a Draco mientras se dirigía a la puerta del copiloto para darle paso a su acompañante. Lo que primero vio Draco fue la llameante cabellera de la mujer. Una cabellera conocida.
—Draco —lo saludó animadamente—. Es ella, mira, te presento a Ginny.
Y Draco supo al ver esas pecas en su rostro que en verdad era la misma Ginny que él conocía. Era la menor de los Weasley, la novia de Potter el mejor amigo de Hermione. ¡Pero cuántos giros daba su vida!
Ginny lo miraba con la misma sorpresa, pero en sus ojos no había otra expresión que el odio; sabía que no debía alterarse frente a Peter, no quería arruinarle la noche al chico. ¿Así que Malfoy era el mejor amigo de Peter? ¿Precisamente el chico que juró golpear en cuanto lo viera de nuevo, simplemente por el hecho de haber hecho sufrir a su amiga?
—¿Te sucede algo, Ginny? —La voz de Peter la trajo de vuelta, haciendo que su mirada cambiara por completo.
—No, nada Peter —y sonrío hacia los otros, tratando de no mirar a Draco.
—Bien, él es Draco Malfoy y su acompañante Astoria.
—Hola —dijo casi en un susurro. Peter sólo pensó que estaba apenada debido al tipo de relación que ambos tenían y que demostrarles a alguien más que estaban viendose era complicado.
Después de que todos se presentaron, entraron al lugar. Ginny estaba encantada con el restaurante, de no ser por la presencia de Draco hubiera denominado su noche como "perfecta". Peter se comportaba muy atento con ella, incluso intentaba acercarse más a ella arrimando su silla a un lado de la pelirroja. Pero a Ginny le pareció incómodo en frente de Draco.
Aunque le daban nervios debido a lo que estaba haciendo frente a alguien que conocía a Harry, aún no se le olvidaba todo el rencor y odio que le tenía al rubio por lo ocurrido con Hermione. Incluso ya traía a otra mujer. Y tenía que reconocer que era una chica muy guapa, no podía disfrutar a Peter viendo esa escena.
—Bueno, Draco, ¿por qué tan serio? —Peter lo miró, esperando que por fin abriera la boca y dijera algo amable a su chica.
—El lugar no me gusta.
Astoria lo miró preocupada, de nuevo ese tono de voz, esa cara de aburrimiento.
—Sí, es nuevo. Hace unos meses que lo inauguraron. Quería probar algo nuevo.
—Sin duda —murmuró Draco para sí mismo, pero cierta pelirroja pudo escuchar el comentario del rubio, incluso le pareció que la había volteado a ver rápidamente mientras decía aquello. Apretó el puño alrededor del tenedor. Podría abofetearlo por haber dicho simplemente eso con doble sentido. Draco pudo visualizar toda la rabia que la pelirroja estaba guardando —Es bueno que sea nuevo, así se podría decir que no esta usado ¿cierto? —De nuevo Ginny pudo ver como una mirada fugaz se posó en ella.
Astoria sabía que algo pasaba con Draco. Se sintió mal, el rubio no estaba cómodo y temía que fuera por ella.
—Peter, necesito ir al tocador, ahora vuelvo —se disculpó Ginny y sin mirar a nadie más, se apresuró al baño.
Entró cerrando la puerta de golpe. Ese maldito se estaba burlando de ella. Después de lo que hizo no había cambiado nada en su forma de ser. Si bien, el era muy diferente con ella y sus amigos a como era con Hermione. Aunque jamás lo toleraron, siempre intentaron excluirlo pero la castaña lo incluía en todo los planes del grupo. Ahora podría hacerle daño al rubio, pero no quería que Peter viera un escándalo.
Trató de relajarse, y se prometió solo mirar y hacer caso a Peter. Salió del baño, dándose con la sorpresa de que el rubio estaba justo en el pasillo de los baños. En cuanto escuchó que la puerta se abrió, su vista giró hacia Ginny. No sabía porque se encontraba esperándole. Sólo quería ver a alguien que tuviera contacto con Hermione, pero su orgullo no le permitiría decir aquello.
—Con permiso —dijo la pelirroja sin mirarlo.
—Tenía entendido que eras novia de Potter, Weasley —manifestó lo más irritablemente que pudo.
—No te metas, Malfoy.
—No me importa que engañes a Potter, yo siempre supe que él no daba la medida para poder mantener con él a una mujer.
—Lo que yo haga no te incumbe, no sabes porque lo hago.
Draco rió con ganas.
—¿Disculpa? Lo haces porque Peter es mucho mejor hombre ¿O me equivoco? Sabes que Harry nunca tendría el valor para pedirte algo más en su relación. Ahora que lo pienso, era una pérdida de tiempo ¿No, Weasley? —Draco disfrutaba todo aquello, no podía detenerse, ahora estaba invadido por la desesperación, la impotencia y las ganas de descargar su enojo que tanto había guardado en su interior.
—¡No te atrevas a hablar así de mi relación! Yo hago lo que me plazca. Además, ¿quién te crees para reclamarme algo? ¡Tú eres el cobarde y traicionero aquí, incluso más que yo! ¿Abandonar a tu hijo? ¿Mandar a Hermione al hospital debido al impacto que sufrió por ti? ¡Tu eres un maldito cobarde!
Draco la miraba, ahora sin expresión alguna. Sabía que por una parte tenía razón. Solo una parte...
—Pero yo —el rubio volvió a adquirir fuerza en su mirada y en su hablar—. Yo la dejé antes de hacerle más daño, antes de lastimarla a ella y a mi hijo. ¿En cambio tu? Tú sigues haciéndole daño a Potter estando con Peter. Creo que aquí, la traicionera es otra.
Sin volver a mirarla. Se fue de ahí, dejando a Ginny a punto de llorar. Todo se le había regresado a ella. No tuvo fuerzas de detenerlo y plantarle un puñetazo. Ahora solo quería llorar. Entró de nuevo al tocador, cerrando con seguro la puerta.
•••
Le dijo a Peter que tenía que irse pues la comida del nuevo restaurante le había caído mal. Peter insistió en llevarla de vuelta, así que se disculpó con Draco prometiéndole que lo llamaría. Y se fue junto con una Ginny destrozada, que por más que intentara aparentar que estaba bien frente a Peter, él sabía que algo más había ocurrido con su pelirroja.
Al instante, Draco salió del restaurante como un demonio, ni siquiera se fijó si Atoria lo seguía o no. Caminaba deprisa hacia su auto en el frío estacionamiento. El viento se había soltado al paso de la noche. Astoria no dudó en seguirlo, pero el viento la hacía avanzar con dificultad, intentaba caminar a su paso acelerado mientras sostenía su vestido para que no se le subiera con el escurridizo viento. Pero Draco ni siquiera volteaba para ver si ella seguía detrás de él. Se sentía como una tonta.
—¡DRACO! —En su intento desesperado, solo pudo gritar lo más fuerte que pudo. El rubio se volteó deprisa, con asombro. Con todos esos pensamientos en su cabeza, se había olvidado por completo de Astoria—. ¿Qué te pasa? ¿Olvidaste que esta noche tenías compañía? ¡Me has ignorado y dejado esta noche! ¿Pero que..? ¡Me has ignorado en todas nuestras citas! ¡Nunca me haces caso, no te interesa en lo más mínimo salir conmigo! No sé porqué lo haces, pero si me vas a seguir tratando así, es mejor que dejes de buscarme. Desde un principio no tuviste grandes argumentos para pedirme que saliéramos.
Draco la miraba confuso, no podía asimilar nada. Todo en su cabeza daba vueltas. La imagen de Hermione no salía de su mente, ahora la de Astoria se interponía y sólo para reclamar. Todo era una locura en su cabeza y en su vida. Su vida daba asco.
Sin poder evitarlo, unas lágrimas brotaron de los ojos de Draco. Al darse cuenta, se cubrió los ojos con ambas manos. Las apretaba fuertemente a su rostro, incluso se estaba haciendo daño. No sabía cuándo fue que se volvió tan débil.
—¿Draco? —Astoria estaba sorprendida. Jamás pasó por su cabeza ver llorar a Draco Malfoy.
—Lo... lo lamento. Sólo que, no se que hacer, no se... —seguía sollozando, ya no podía guardarse más todo eso sólo para él. Eran tantos sentimientos para una persona—. Perdona Astoria por todo. Tienes razón, no sé por qué estoy saliendo contigo. —Se armó de valor, poco a poco bajó sus manos, dejando ver sus llorosos ojos—. Más bien, sí sé por qué quise salir contigo.
Conectó todo, la confusión de Astoria por el querer salir con ella, ignoraba totalmente los planes de sus padres; aunque se suponía que el señor Greengrass le diría su parte a su hija. Ahora Draco se daba cuenta que ni para eso había tenido valor. Astoria no comprendía nada, pero estaba dispuesta a escuchar todo de una vez. No quería ser tratada así por el hombre que quería.
—Te busqué porque mi padre me lo pidió. Si lo sé, es una tontería, alguien de mi edad siguiendo los caprichos tontos de su padre, pero todo lo hice por el bien de alguien.
—Draco, no entiendo nada. ¿Podemos entrar al auto? Está helando aquí.
El rubio no dijo nada, sólo se dirigió al auto, abrió las puertas y ambos entraron. Draco estaba agarrado del volante, miraba hacia enfrente, no sabía cómo decir todo aquello, no sabía ni siquiera si quería decirlo.
—¿Me dirás algo o ya me llevarás a casa?
—Escucha. Mi padre me pidió que volviera a salir contigo, que te conquistará.
—Ya dijiste eso, pero, ¿por qué tu padre te pediría algo así?
—Porque así aseguraría una fortuna. Aseguraría tener la fortuna Malfoy y la Greengrass en sus manos. Todas sus empresas estarían unidas.
—¿Mi padre..? —Astoria lo miró algo asustada. Tal vez su padre también...
—Sí, ellos dos planearon esto. Ellos desean que las empresas queden en manos amigas, que sigan obteniendo las ganancias a menos hasta que sus nietos también les toque el mando. Ahora imagínate teniendo el poder de las empresas de otra familia.
—No. —Astoria estaba aturdida. Siempre pensó que su padre estaba pidiéndole el favor de ayudarle en sus negocios. No para obligarla a ir por ese camino sólo para asegurar una fortuna. Todo por dinero y no por creer en ella—. Pero, ¿por qué hasta este momento te obligó a seguirme? Pudo habértelo dicho desde antes, o incluso después.
—Porque este era el momento que le convenía a mi padre, y tu padre ya no podía esperar más para llevar a cabo su plan.
—No entiendo.
—Hace más de un año me enamoré de alguien como nunca antes. —Las lágrimas no tardaron en salir de nuevo, para el rubio era imposible estar diciendo todo aquello. Pero ahora lo necesitaba—. Yo le di todo, yo cambie por completo para ella. Ella era perfecta. Pero mi padre me obligó a dejarla, pues según él, ella no era de nuestra misma clase y si la gente se enteraba de mi relación sería vergonzoso, sólo porque era una becaria del instituto.
—¿Qué tiene que ver?
—Después de un tiempo, ella quedó embarazada.
Astoria no podía creer lo que escuchaba. Ni siquiera se hubiera imaginado eso.
—Yo estaba tan feliz, estaba dispuesto a responder. Tendría una familia con la mujer que amaba. Pero al decirle mi decisión a mi padre él se negó. Amenazó diciendo que le haría daño a ella y al bebé si yo aceptaba apoyarla. Así que me obligó a conquistarte, todo era parte de su plan; conquistarte a ti a toda tu fortuna, abandonar a mi novia y así él no les haría daño. Y eso hice.
—Draco yo no sabía...
—Nadie lo sabe —le cortó el rubio—. Ni siquiera Peter, a nadie le he podido contar esto.
—¿Pero porque mi padre aceptó todo esto, en este momento?
—Porque no podía esperar más. Al empeorar tu salud, debía apresurar las cosas, así nos casaríamos y la fortuna ya estaba ganada, pero no podían perder más tiempo pues tú, la única hija Greengrass responsable, podría morir pronto.
