Hola a todos! Dejen sus comentarios, grácias.

Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, del libro de "Medianoche" y "Crónicas Vampíricas". La trama es de una amiga.

La casa de Patri estaba en la zona cara de Forks, que al ser un pueblo tan pequeño solo incluía diez casas en esa zona.

La casa era blanca de tres pisos, con los ventanales y el tejado azules, con un jardín con piscina detrás, y otro jardín pequeño en la entrada. Era como una casita de muñecas.

Subimos al tercer piso, que estaba formado por su habitación, y la de Jane, su hermana dos años menor.

La habitación de P era enorme con un gran ventanal que dejaba pasar muchísima luz al interior. El ventanal en realidad eran unas puertas de cristal que daban a una terraza que rodeaba la casa, y por tanto, comunicaba con la habitación de su hermana.

En la habitación destacaban el blanco y el azul, igual que el exterior de la casa.

Tenía pósters de "true blood", "perdidos" y "Bones" colgados por toda la pared. Pero no eran pósters cutres como los que regalan en las revistas, sino pósteres grandes y de buenísima calidad.

Nos sentamos sobre su cama y tendimos encima los libros y los apuntes, entre ellos, la libreta de color morado que Damon me había dado. Nos miramos los apuntes un par de veces y P se levantó a buscar su portátil. Obviamente no hicimos nada de deberes.

Entre vídeo y vídeo, P y yo íbamos hablando, y mientras comentábamos la actitud que había tenido Damon respecto a Jacob, salió el tema de los Cullen.

-¿Por qué crees que Edward se ha ido?-pregunté. Ella estaba concentrada mirando un vídeo de Kate y Sawyer, los protagonistas de perdidos.

-Ni idea, no sabía ni que se había ido.-contestó con indiferencia.

-Pues sí, Damon me lo ha dicho, está en Alaska.-P se giró algo confusa.

-¿En Alaska? ¿Pero qué…?

-No lo sé.-la corté.- Damon me ha dicho solamente que está por motivos familiares.-me encogí de hombros.-Creí que tu sabrías algo.-insinué. Ella volvió a mirar el ordenador.

-¿Por qué tendría que saber algo?-preguntó.

-No lo sé, tú el lunes me contaste que erais amigos y…

-Exacto: éramos.-me cortó. No sabía qué contestarle, pero por suerte sonó mi móvil.

"LUCAS"

-Bella, ¿dónde estás?-iba a contestarle pero continuó hablando.- Bueno, da igual, ¿has conseguido lo que te pedí?

-No.-contesté rotunda.

-¿Para cuando la tendrás?

-Lucas, ¿no me has oído? No se la voy a pedir.

-Bella, eres mi hermana, te necesito, y lo acabarás haciendo, porque me harás un favor, y los hermanos lo hacemos. No te lo pediría si no lo necesitara, así que por favor, consíguela. Te quiero.-y colgó.

Me quedé con el móvil en la mano y Patri mirándome algo curiosa.

-Mi hermano, que me controla las 24 horas del día…-contesté ladeando la cabeza.

Alguien llamó a la puerta, y las dos nos giramos para ver como una cabeza rubia se asomaba por el marco de la puerta. Jane, menuda y delgada vestía un camisón granate por los pies y un moño recogido en lo alto de la cabeza. Me miraba a mí.

-Mamá quiere saber si te quedarás a cenar.-preguntó con su fina voz.

-No… sois muy amables, pero tendría que ir volviendo a casa, de hecho es tarde y…

-Sí, se quedará a cenar. –tajó Patri, la miré incrédula mientras su hermana asentía y se largaba a la cocina.

-Pero no quiero ser molestia, y no creo que mis padres me dejen quedarme a cenar y…

-No te preocupes, luego te llevo yo en coche, o si quieres, te quedas a dormir.-sonreía ampliamente y lo decía totalmente en serio. Yo enmudecí sin saber que decir. Patri se levantó.-voy a contarle a mamá que te quedarás para cenar, ahora vuelvo.-y dicho eso desapareció por las escaleras.

Resultó que la madre de Patricia y mi padre trabajaban juntos, así que fácilmente convencieron a mis padres para que me quedara a cenar, e incluso, a dormir.

En la cena comimos Patri, Jane, sus padres, su abuela y yo. Comimos sopa de fideos que sí que tenía gusto, a diferencia de la del instituto, y de segundo lomo a la plancha. De postre habían preparado macedonia.

Una vez terminamos y recogimos todos los platos, Patri y yo subimos arriba a su cuarto, a seguir cotilleando la vida de los famosos en el ordenador. No sabía como, pero ella estaba metida en los foros de todas las series que puedas imaginar jamás. Había visto miles de entrevistas de todos sus actores y actrices favoritos y siempre sabía como encontrarlos.

Un rato después, Patri me prestó uno de sus pijamas, compuesto por una camiseta de tirantes azul y unos pantalones largos a conjunto. Ella llevaba un camisón blanco de tirantes y hasta las rodillas.

Cogimos una cámara de fotos e intentamos inmortalizar el momento, pero dentro había demasiada luz, así que salimos al balcón, dónde la única luz que había era la del interior de la casa y la de la luna.

Comenzamos a reír, jugar, saltar y bailar por el balcón mientras hacíamos vídeos y fotos diversas. Mientras ella me enseñaba un baile que ideó para celebrar cuando uno de los profesores no venía, yo empecé a toser.

No era por el frío, sino por el humo que venía del balcón de abajo. Nos asomamos y vimos a la abuela de Patricia sentada en un sillón que había en el balcón fumando un cigarro con una elegantísima boquilla.

Patri me llevó prácticamente a rastras hasta la habitación de su abuela, y después de llamar con los nudillos, entramos en su habitación.

Si el cuarto de Pati me había impresionado, éste lo había hecho el doble. Estaba decorado completamente de muebles elegantes y muy antiguos de la década de los cincuenta.

Salimos al balcón y Patri le dio un beso en la frente a su abuela, mientras se quedaba de pie apoyada en la barandilla. Yo me senté en otro de los sillones mientras empezábamos a charlar con la abuela. Hasta que nos ofreció un cigarrillo. Yo rehusé, y P también lo hizo. Pese a todo, la abuela lo encendió y lo dejó en el cenicero y tocó el tema tabú.

-¿Por qué Edward se ha ido a Alaska?-yo me tensé y P apretó las manos hasta convertirlas en puños. No era una mujer vieja que hubiera perdidos sus cabales, sino que pese a sus sesenta años seguía manteniendo el espíritu de mujer luchadora y terriblemente inteligente como era antes.

-Ni lo sé ni me importa.-contestó amargada. La abuela me miró a mí.

-Yo tampoco lo sé. Damon me dijo que por temas familiares.

-Ah Damon… ése muchacho nunca cambiará…-yo abrí los ojos todavía más. Ella me dedicó una mirada que no significaba nada y añadió- Sí Bella, sí yo conozco al mayor de los Salvatore desde hace muchísimos años… es un joven extraordinario, muy apuesto, educado, caballeroso.-hablaba con un tono de admiración hasta que de repente se tornó más defectivo-pero también es avaro, arrogante, caprichoso y no le importa nada excepto él… y Catherine.

-¿Catherine?-comencé a decir yo llena de celos y de un profundo odio hacía todo lo que me rodeaba.

-Y… ¡ah! Su hermano Stefan, bondadoso, bueno, inteligente, amable, dulce… y también cobarde, frío y distante. La única que es totalmente distinta de ellos es la pequeña Mary Ann, que tiene la suerte de no compartir el apellido Salvatore…

-De hecho lo tiene, su madre adoptó el apellido del señor Salvatore.-la contradije.

-Eso no cambia la sangre que corre por sus venas. Ella no tiene sangre Salvatore.-no contesté.-Ni siquiera Cullen, aunque realmente pocos la compartan…-P se dio la vuelta y miró a su abuela.

-¿A qué te refieres?-preguntó tensa.

-Pocos de ellos son realmente Cullen, la sangre Cullen corre únicamente por uno de ellos.

-Carlisle.-contestó Patricia.- Esme no es Cullen, adoptó el apellido de su marido, igual que los hijos, que son adoptados y no son Cullen.

-Poco tiene que ver eso, hija mía…-comenzó la abuela. Pero la puerta se abrió y dí un respingo. La madre de Patricia estaba en la puerta.

-Niñas, es hora de irse a la cama.-se dirigió a su madre.-tú también abuela, debes irte, ya es tarde y aquí hace mucho fresco.

Cuando lo mencionó me di cuenta que tenía la piel de gallina y los pelos del cogote erizados.

Dormimos plácidamente hasta que sonó el despertador y nos indicó que otro día en el instituto aguardaba._

Fin de la segunda parte del octavo capítulo.