Ausencia
Estaba en un cuarto completamente blanco, caminado sin rumbo fijo por toda la habitación
-Romano-lo llamo una voz-ven
-¿Hay alguien ahí?-pregunto Romano
Lovino miro a todas direcciones pero no vio a nadie a su alrededor
-Romano-repitió la voz-ven, sígueme
-¿Dónde estas? ¿Quién eres?-pregunto Lovino
-Estoy aquí-dijo la voz y una mano salió detrás un pilar y le hizo una seña para que se acercara
-España deja de jugar-dijo Romano fastidiado
-No soy España-dijo la voz-ven sígueme
Una sombra cruzo la habitación como rayo y salió por la puerta, Lovino la siguió corriendo lo más rápido que pudo.
-Oye-le grito a la sombra que corría frente a él-¿adonde me llevas?-cuestiono
-Con la persona con la que más deseas estar-contesto la sombra sin dejar de correr
- ¿Veneciano? ¿Te refieres a veneciano?-cuestiono
-Tal vez-dijo la sombra-ya llegamos-añadió señalando una puerta de madera-te están esperando
-Pero que demonios…-mascullo Romano pero la extraña sombra había desaparecido.
Romano camino hacia la puerta, la abrió y entro en la habitación, se trataba de una alcoba, tenia una cama amplia cubierta con sabanas blancas y muebles de maderas oscuras, floreros con margaritas en las mesas, caballetes, pinturas, algunos instrumentos musicales…
Un momento, aquel lugar se le hacia familiar pero no sabia porque, estaba a punto de marcharse de ahí cuando escucho el ruido de pasos y una voz conocida a sus espaldas llamándolo:
-Lovino-dijo la voz
Lovino se volteo dispuesto a moler a palos a la persona que estuviera llamándolo, ya estaba harto de que jugaran con él pero sus ansias asesinas desaparecieron cuando se encontró frente a frente con Feliciano.
-Lovino-¿Pasa algo?-pregunto el menor
Lovino no dijo nada solo lo abrazo y aspiro su aroma, su cálido y reconfortante aroma a hogar había vuelto, poso sus labios en su cuello dándole un suave beso, sus manos recorrieron su espalda hasta rodear su cintura y estrecharlo contra él, enterró la cara en el cuello de su hermano y aspiro su aroma nuevamente.
Se sentía tan feliz.
Feliciano no decía nada ni hacia nada, solo se dejaba hacer, tal vez porque necesitaba el contacto físico de una persona que no quisiera matarlo, tal vez porque necesitaba sentir recibir el cariño de alguien.
Tal vez la necesidad mutua de sentir a alguien fue la principal causante de lo que paso después. Besos, caricias, abrazos y arrumacos iban y venían de Lovino hacia Feliciano y viceversa, las ropas de ambos se fueron al suelo y ellos habían terminado siendo uno donde fuera posible, en la cama, sobre el escritorio, en el suelo, rodaban por cada centímetro del cuarto intentando aplacar la necesidad de ser parte de algo, de ser importante para alguien.
El interior del cuerpo de veneciano era cálido, húmedo y estrecho, cada estocada que Lovino le daba parecía acercarlos a ambos al cielo, un grito por parte de ambos fue la culminación de aquel acto y Lovino no podía recordar haber sentido mayor felicidad en toda su vida.
El despertador hacia un ruido de los mil demonios, Lovino abrió los ojos adormilado y lo apago de un manotazo, en un acto inconsciente busco a la persona que debería estar a su lado en la cama para después despertar de golpe al recordar que esa persona no estaba ahí.
Lovino suspiro cansado y se sentó en la cama al sentir húmedos los pantalones del pijama dejo escapar un gruñido de frustración, otra vez había tenido otro de esos sueños y había machado las sabanas y su pijama de nuevo, definitivamente Feliciano no debía ver eso cuando regresara a casa.
Si es que regresaba y esperaba en Dios que lo hiciera
Feliciano debía de regresar algún día. Tenia que hacerlo
Desde esa tarde en la que Feliciano se fue con la mafia había pasado dos meses, dos meses dolorosos y llenos de miedo, de preocupación y angustia, dos meses malditamente lentos cuyos días añadidos pesaban en la mente de Lovino como una piedra sobre la espalda.
Y lo peor era que lo necesitaba a su lado más que cualquier otra cosa en ese momento y él no estaba ahí, quería estar a su lado y él no estaba ahí, quería tocarlo y él no estaba ahí, quería hacer tanto, quería decirle tanto y él no podía hacerle compañía, ni escucharlo ni abrazarlo o darle consuelo porque no estaba ahí.
Porque ellos se lo habían llevado.
Menos mal que Feliciano había sido lo suficientemente previsor para adelantar con su parte del papeleo de los próximos cuatro meses antes de irse con la mafia así su jefe no notaria la falta de documentación y el podía cubrir a su hermano en las juntas.
-Por favor Dios mío, déjame verlo de nuevo aunque sea una vez-rogo Lovino antes de empezar a arreglarse para ir a trabajar.
Si Feliciano había sido lo suficientemente previsor para llenar su ausencia laboral pero no le había dado tiempo suficiente para llenar la ausencia que había dejado en su corazón desde que esos perros se lo llevaron.
Empezaba otro día en el martirio de necesitar a su hermano y que él no estuviera ahí
"Veneciano regresa pronto por favor" pensó Lovino antes de salir de la casa y tratar de olvidar su vacio emocional con un lleno laboral.
