Capítulo 9

Verdad sobre las citas # 5: La mejor manera de olvidar una mala cita es hacer algo que te gusta... a menos que ese algo que te gusta sea sólo más citas. No hagas eso.

La temporada de vacaciones se aproximaba, sólo quedaban dos días hasta la navidad. Todo el mundo corría por ahí con bolsas de las compras de regalos para envolver y alimentos para cocinar. Había un regalo que tenía muchas ganas de dar, y eso significaba ir a la tienda de café.

Llegué a The Kyubi una hora más temprano, una caja seguramente escondida bajo el brazo.

Una vez más, Naruto-kun no estaba a la vista. Pero Hanabi, suertuda yo, se encontraba al frente y al centro en el mostrador mirándome como si hubiese recordado traer palomitas para el potencial fiasco de hoy.

—¿Está Naruto-kun aquí?

—Sí.

—¿Puedo hablar con él?

—No.

Realmente esperaba que estuviera trabajando en su lado del mostrador. —¿Por qué no?

—Está hablando por teléfono con alguien al que sigue llamando cariño. -¿Cariño? Interesante.

—¿Por qué no simplemente dijiste que está hablando por teléfono?

—Tú no preguntaste.

Ni siquiera iba a discutir. Ya había aprendido que cuando se trataba de Hanabi era mejor quedarse tan lejos de una conversación real como fuese posible.

—¿Me puedes traer una escalera?

Por suerte, a Hanabi le interesaba más qué tipo de desastre preparaba que crear más problemas.

Desempaqué la caja, saqué mi caja de herramientas, la carpeta y el hardware que compré y lo puse sobre una mesa en la cual podía llegar a todo fácilmente.

Hanabi regresó, portando una de ocho escalones. Perfecta. Miró la mesa con las herramientas en ella y luego me dio una mirada severa.

—No estoy segura de dejarte hacer lo que estás a punto de hacer.

—Y sin embargo, dejaste que una mujer me golpeara. Más de una vez. Impactante. –Desplegué la escalera y empujé los seguros en su lugar. —No te interpongas en mi camino. Este es mi regalo de Navidad para Naruto-kun. Si está en el teléfono, entonces podrá ser una sorpresa. Así que... sigue con lo que sea que haces. Por allá. –

Señalé hacia atrás hacia el mostrador, demasiado cansada y demasiado preocupada por cita número cinco para ser más educada.

Además, el ser cortés se fue por la ventana cuando vio mi asalto como si se tratara del último show de Amas de Casa.

—¿Hinata?

—¿Sí? —Bajé la mirada desde donde medía las luces en el techo.

—Naruto me dijo que tengo que decirte que lamento no ayudarte o a llegar a él o llamar a la policía o algo el otro día. –Como disculpas fueron, más o menos un fracaso.

—¿Lo estás? —No debería haber preguntado. Debería haber dicho "está bien" y luego volver a trabajar.

Hanabi miró a sus pies, un dedo haciendo girar una cerradura con punta color rosa.

—Lamento que te lastimaras.

Bueno, eso fue un poco mejor. La chica era dolorosamente honesta. Por no hablar de la falta de tacto y poco amable. Todo lo contrario de Naruto. ¿Cuánto tiempo podría durar esta tutoría? ¿Y su honestidad se extendía a sus propias acciones? Sólo podía esperar que así fuese. Porque si no lo era, la suave despreocupación de Naruto-kun podría volver y realmente morderlo en el trasero.

—Así que, ¿qué haces con las luces?

Estaba a punto de decir, cambiándolas, antes de que mirara hacia abajo y viera que estaba realmente prestando atención.

—Compré unos accesorios de iluminación que le permitirán mostrar mejor el arte.

Tenía los accesorios y las bombillas equivocados. La potencia era muy baja. Una gran parte de lo que vende el arte es como se visualiza.

—Porque la gente es tan superficial —dijo ella. No era una pregunta.

Tomé una respiración profunda y recé por paciencia. Hanabi me trató mal desde el principio y no podía entender si era eso o la confianza en su actitud lo que me molestaba.

—No, porque el arte que no está bien iluminado, no se presenta bien. Sería como escoger música en un celular viejo. No sabes cómo suena realmente. Aquí. —Hice una seña a la pared—. La gente no sabe cómo se ve realmente el arte. La iluminación les ayudará a verlo. También se verá más profesional sin necesidad de crear un foco similar o un área excesivamente brillante y arruinar el ambiente de la habitación.

Tomé una de las pinturas de la pared para ver cómo estaban colgadas, comprobé los accesorios, y la baje de nuevo.

—Pero primero, tengo que bajar todas las pinturas. Están colgadas demasiado alto. Es como salir con un chico al que siempre hay que mirar muuuuuy hacia arriba. Te dan un calambre en el cuello, no importa qué tan caliente esté.

Podría haber jurado que casi sonrió. —Si deseas ayuda, puedes poner los cuadros abajo y apoyarlos contra la pared. Voy a empezar moviendo los equipos.

Traté de no mostrar mi sorpresa cuando lo hizo.

Con la ayuda de Hanabi, trasladé todas las pinturas, cambié las cuatro luces, y colgué los nuevos carteles de crema mate que había hecho junto a cada pieza.

Ya estábamos limpiando cuando Naruto salió de la trastienda, a media frase de su próxima ocupación para Hanabi. —¿Qué están haciendo?

—¡Feliz navidad! —Estaba tan emocionada que salté de los dos últimos peldaños de la escalera, corrí y tiré de él para conducirlo hacia allí—. Reacomodé tu pared. Ahora tienes una pared de la calidad del museo con pancartas. Compruébalo tú mismo. —Señalé las nuevas descripciones frescas que colgaban al lado de cada pintura.

—Guau. —Miró, solo se quedó mirando a la pared.

Me di cuenta de que puede no haberle gustado que alguien entrara y cambiara su tienda un poco, incluso si se les pagaba mucho para hacerlo profesionalmente.

—Um, ¿está bien, verdad? ¿Qué lo cambiara?

—Yo ayudé. —Hanabi se puso de pie al lado de la escalera con una expresión extraña, a medio camino entre esperanzada y desafiante, juntando sus labios en lo que parecía trataba de ser una sonrisa.

Ella no esperó. Se acercó a esperar el problema conmigo, o el agradecimiento, pero no me dejó allí sola.

Esa disculpa, la realmente lamentable y única que me dio unos veinte minutos antes, mentalmente la acepté en ese momento.

—No. Es genial. Sólo... no lo esperaba. —Naruto-kun pasó por delante de mí para estar de pie a pocos metros de la pared—. Realmente hace una diferencia, ¿no es así? –Me puse de pie de nuevo, disfrutando de mi trabajo.

—Esto es muy bueno. Gracias. —Se dio la vuelta, mirando hacia mí con esa sonrisa suave que tenía.

Debió ser la luz, porque no me había dado cuenta de cuan azules eran sus ojos, o que tenía unas marcas sobre sus mejillas –adorables, deseo destacar-, o lo alto que era. Está bien, me había dado cuenta de que no era mi tipo de alto, pero supongo que el metro setenta y cinco era más alto de lo que le daba crédito. Pobre metro setenta y cinco –que mal lo había criticado.

Además, mi mundo estaba lleno de chicos refinados. Ellos típicamente se sentían... más grandes, más grandes que la vida.

—No es un problema. Has sido genial con el lío de las citas que he tenido aquí. Pensé que era lo menos que podía hacer. Tal vez tendrás más artistas entrando si ven lo fuerte que tu pared se ve ahora.

—Este es, realmente, el mejor regalo.

—Realmente sólo quería hacer algo bueno para ti... unas gracias.

—Es el mejor gracias de todos. Pero, Hinata, no tienes que darme las gracias. -Awww…

—¿Para qué están los amigos? ¿Y las cafeterías? ¿Si no se puede tener locas primeras citas en una cafetería, donde más puedes tenerlas?

Eso era cierto.

Pero eran mucho más fáciles cuando las compartías con un amigo.

O lo que fuera Naruto-kun en ese preciso momento para mí.

CONTINUARA…