Prisionera de un sangre limpia
Contestación a reviews
Kiara McGonagall: Wola mi niña preciosa! Ok, no quiero perderte por un padre furioso, jajaja. Pasando al fic...Yo tampoco podría vivir sabiendo que en mis manos hay un asesinato, los remordimientos serían insoportables. :) Ángela ha sido muy valiente para escapar del mundo en que vivió y ahora, enfrentarse nuevamente con el pasado y los recuerdos. Pues...yo tampoco lo entiendo. Pero, en el mundo real vemos día a día que hay gente que apoya a las asociaciones terroristas, como Eta, Alcaeda y tantas otras. ¿Podemos entender las ideologías de esa gente? No. Por supuesto que no. ¿Podemos entonces entender a los mortífagos? Nunca. :( Pues Voldemort le pega la paliza a Ángela porque había descubierto la profecía de Harry Potter. Y utilizaba a Bellatrix tal y como la utilizaba a ella, por eso Ángela se sintió tan traicionada y dolida, porque se dio cuenta de que para Voldemort no era nada y ella, lo quería. Hermione, ains, pobrecita. Lo que está soportando, es toda una Gryffindor, sin ninguna duda. Pues sí, si te meten en la mente que tu futuro va a ser triste, solo y...¿cómo te sientes? (Lira se queda pálida y no articula palabra. Voltea la cabeza (a lo chuky) y le grita a Kiara Mcgonagall que mira con terror la pantalla) ¡QUE TU QUÉ! KIARA COMO VUELVAS A DECIR QUE TU FUTURO VA A SER COMO ESE ASQUEROSO MORTÍFAGO LE HA DICHO A HERMIONE TE JURO QUE....QUE...TE ENTERAS (Suspiro profundo) Po zi, qué lindos Ginny y Harry, se necesitan el uno al otro para seguir luchando. Sí, el recuerdo de Ron es muy triste, pero entrañable, recordar a tus dos mejores amigos (entre ellos la chica que te gusta) mirando al fuego acurrucados con el frío y el calorcito del chocolate caliente..y de pronto que te arrebaten al ser que amas :( Xi, a mí las tormentas también me dan mal yuyu. Me alegro que te guste el encuentro de ella y Lupin! Lo de la sangre lo puse porque es una gran tortura, es vomitivo, es odioso...da rabia. : Pues sí, a mí Dumbledore tmb me encanta :) Y tmb creo que no le irá bien con Rowling :( Ahora te despejaré todas las dudas sobre el ataque ;) Jeje, sí, Draco está muy confianzudo..Hermione... Bueno mi niña, me da pena que se acabe el review :( Te veo en el próximo! No me falles! Mil besos cielo!
Dark Raxiel: Wola loka! Jajaja, lo dejo con intrigilla, que os gusta a todas :D Jajaja, a ver, no te me pongas malita, eh! :P ¿Dónde tará Robby? (Lorena lo sabe) ¿Qué pasa con Remus? (Lorena lo sabe ota vez ) Jajaja, ¡Morir todos? Dios mío, y de paso me matáis vosotras a mí, ¿no? XD Jajajaja, Draco "enamorarse" de Hermione de tanto torturarla...mmm...lo veo complicado. :D Pero puede pasar de todo. Weno mi niña nos vemos en el siguiente capi!Mil besos!
Hitomi Felton: Wola preciosa! Jajaja, otra igual Estáis picadas, queréis que resuelva vuestras dudas Ok, ok. No me llores, eh! :D Muchos besos linda!
Xiaoyu-chan: Wola guapa!Gracias! Pues sí, Draco se está comportando muy..raramente. Puedes imaginarte que algo se propone, jeje. Ojalá Hermione tenga resistencia suficiente para soportarlo. Odiarlo..o no odiarlo, esa es la cuestión. :) Muchos besos! Espero que te siga gustando! ;)
Minah19: Wola! Gracias! Jeje, me alegra haberte sorprendido :P Yo creía que lo estaba dejando demasiado claro pero qué bien que os sorprendí Weno creo que va a ser muy muy muy dificil que entre ellos ocurra algo llamado "amor" :) Pero sí algo, algo...jijij. Muchos besotes!¡No me abandones!
Sweet-ally: ¡Hola guapa! Jeje, no me odies :( Jajajajaja, ey, ey, por ser mala no te voy a pasar lo que tú y yo sabemos No retes a Lira Black, pequeña :P Muchos besos!
HermyBlack: Wola linda! Muchas gracias! Pues Draco, sí, es probable que no cambie de actitud aunque, todo puede pasar! Espero no decepcionarte y seguir viéndote aquí! Mil besos!
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9. Lluvia, sangre y esperanza
Seguía llorando, temblando y con el dolor incesante en la cicatriz. Cerró fuertemente los ojos y corrió hacia la puerta.
La noche había caido, negra y fría. Pero no había otra opción.
- ¡Accio escoba! -gritó sin pensar en nada.
Un zumbido veloz le indicó que ya iba hacia él.
Creyó ver en sus ojos, nuevamente, la sangre en el suelo y aquellos dos ojos castaños, yaciendo sin vida. El miedo a perder lo que más quería le martirizaba. El miedo a que atacaran su punto débil, era casi inminente.
De pronto, sintió en su mano el borde de madera fuerte del palo de la escoba y, pasando una pierna por ella, se subió ágilmente, comenzando a escalar varios metros en el aire.
La oscuridad de la noche le brindaba un escondite seguro, mas, la propia oscuridad, era el filo de metal de una espada de dos caras.
Sus ojos verdes apenas vislumbraban bien el suelo borroso y no sabía dónde podía quedar de allí la ansiada madriguera. No podía quedar lejos, con la escoba, las distancias eran mínimas pero, orientarse, eso era lo más difícil.
La luna pícara brillaba en un extremo del amplio cielo nuboso, que avecinaba tormenta.
Volaba con ansiedad, lo más rápido que le permitía su saeta de fuego. Volaba con el recuerdo de su visión y el miedo de perderlo todo.
Desesperado, bajó un par de metros del cielo al suelo, intentando encontrar la dirección correcta. Creía que iba bien, a lo lejos se veían montañas y praderas.
Tenía que ser allí. Su intuición en aquellos momentos, era clave. No podía fallarle, si le fallaba, le fallaría a todos.
Los segundos iban pasando conviriténdose en agoniosos minutos que el reloj iba marcando. Cada vez menos tiempo y menos salidas. Mientras más avanzaba su escoba, menos tiempo le quedaba.
Harry Potter no debía ser subestimado, todo lo vivido lo había curtido para ser lo que era su destino, un gran mago, quizá el mejor mago de todos los tiempos. Su inteligencia y su poder mágico, solo eran más bazas que determinaban este hecho.
Ahogó un gemido, exasperado por llegar de una vez por todas. Una leve luz brillaba en una casa grande con un tejado picudo.
La Madriguera.
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Le temblaban las manos y solo veía reflejado en sus orbes marrones, los ojos de hielo de Draco Malfoy que, fijos en ella, tenían el brillo triunfador centelleando en cada milímetro de su pupila.
- Tranquilízate, sangre sucia...no puedes hacer nada.
Hermione cerró los ojos, apretándolos con fuerza, volviéndolos a abrir y volviendo a tropezar con su mirada. Habló, suplicante:
- Por favor, ¡dónde? - gritó con desesperación.
Malfoy se pasó la lengua por los labios, despacio, disfrutando de su histerismo, disfrutando con su débil insistencia y sabiéndose dueño de una información que solo él podía darle.
Ella parecía estar a punto de estallar en chillidos, en sacudirlo, en matarlo simplemente con su mirada, en derrumbarse y echar a llorar.
Sonrió de nuevo.
Quería verla flaquear, destrozada por el dolor. Quería inundar su mente de muerte, dolor y soledad. Quería que sufriera, que sintiera el dolor en estado puro, en su piel y en su alma, grabados a fuego.
- Por favor... - volvió a pedirle.
- ¿Y tú qué me darás a cambio?
La pregunta quedó en el aire, Hermione hincó las uñas en la mesa y suspiró profundamente, sintendo como el aire le faltaba. De un momento a otro iba a desmayarse.
Tenía miedo de decir algo, cualquier cosa. Desde nada, hasta todo. Todo y nada, ambas eran maléficas. Sabía lo que él quería, algo que ella no estaba dispuesta a dar, antes prefería darle su propia vida.
Tragó saliva y el silencio fue su respuesta.
- ¿Confesarías?
Clavó la mirada en el suelo, sabiendo en lo más profundo de ella misma, que no hablaría jamás. Nunca jamás.
- Ya veo. - el rubio suspiró. - ¿Sacrificarías toda tu vida para salvar algo que amas?
Un nuevo silencio inundó la sala.
- ¿Sacrificarías tu cuerpo, tu alma, tu mente, tu corazón...? ¿Sacrificarías tu tiempo, tu aire, tu Sol...? ¿Sacrificarías el resto de tus días? ¿Sacrificarías tu vida? ¿Te sacrificarías a ti...por ellos?
Hermione tembló, más que nunca el temblor la llenó. Estaba dispuesta a morir por ellos, estaba dispuesta a dar su vida y todo aquello que la formaba, por salvarlos.
Malfoy titubeó, observándola fijamente.
- Van a morir, esta noche. Esos que amas...jamás volverán a verte a ti, ni tu a ellos...al menos, en la Tierra.
La morena abrió la boca y sintió que sus piernas flaqueaban.
- Atacaremos la mísera casa de los pobretones. Allí se han reunido los Weasleys y...decenas de magos con sangre...impura.
Malfoy sonrió de nuevo, satisfecho.
- Morirán.
Hermione no pudo más y, quebrándose sus rodillas, se sentó de nuevo, sintiéndose desfallecer. Se llevó una mano al corazón, sintió como sus ojos le escocían, como su corazón latía desbordado.
No, no, no podía ser. Negó con la cabeza repetidas veces.
- Y la Orden, mientras, aguardará nuestra llegada, en el Ministerio. Pero no llegaremos nunca. Nunca.
Con otra mano se tapó la boca, para no gritar ni llorar, para soportar el dolor que crecía en su interior.
- Y los cuerpos de los Weasley se pudrirán junto a los de los sangre sucias...
No aguantó más, las lágrimas escaparon de sus ojos, corriendo por su mejillas y haciendo borrosa su vista.
- Mientes...
- No, no miento, es la pura verdad.
- No te creo. - dijo firme. - No te creo. Mientes para hacerme daño porque sabes que su muerte me destrozaría.
Draco bufó.
- Crees que si pienso que ellos han muerto, hablaré, traicionaré su recuerdo...pero te equivocas.
El rubio la miró, desafiante.
- Ellos están vivos, vivirán y me sacarán de aquí y tú...te pudrirás con tu escoria y arderás entre las llamas del más recóndito infierno.
Malfoy se levantó súbitamente, tirando la silla al suelo en un estruendo.
- Cómo te atreves a insinuar que miento...
- Eres así, Malfoy; mentiroso, ruín y miserable. Así eres y así serás hasta el día de tu muerte.
El rostro del Slytherin comenzó a adquirir un tono rojo furibundo y, de un golpe, al suelo cayó la copa de cristal con el vino, que se derramó por las losas.
Respiraba agitadamente sin dejar de mirarla, conteniendo su rabia que pronto se desataría.
- Mañana te traeré el periódico para que veas con tus propios ojos los cadáveres de tus amigos...
- En tus sueños, Malfoy. Mientras Albus Dumbledore y Harry Potter vivan, Voldemort, - tembló su voz, no debía temer un nombre. - los mortífagos, los dementores, tú...viviréis con el miedo de saber que no tenéis ningún poder.
Draco avanzó velozmente desde la otra punta de su asiento hasta el lugar donde Hermione yacía sentada. Fue hacia ella y con un movimiento brusco, tiró el mantel con todo, al suelo.
En un estruendo, el cristal de las copas se rompió, chocó el oro y la plata de los cubiertos y los platos contra las losas negras, rodó el agua y las flores fueron marchitándose...
Sus brazos se colocaron en ambos picos de la silla y aprisionó a Hermione entre ellos, mirándola fijamente, respirando con tal agitación que le temblaba hasta el labio.
- ¿Dónde está el poder de Potter? ¿Dónde?
- En todas partes. Empezando por ti.
Malfoy sonrió con burla.
- ¿Su poder es...que seas mi prisionera? ¿Su poder es acaso, evitar tu tortura? ¿O quizá es la habitación donde estás encerrada día y noche? ¿Ese es su poder?
- Su poder es que, aún sabiendo que él está fuera de estos límites, aún sabiendo que no sabe dónde está este castillo, aún sabiéndolo, le tengas miedo.
Potter, Potter...miedo a Potter.
La cogió por los hombros, tirando la silla; ella lo miraba con la mirada limpia y segura, parecía no tenerle miedo, parecía estar serena en aquel momento. A pesar de todo.
Apretó fuertemente sus manos en sus hombros y, girándose, la tendió en la mesa, con ahora un cristal desnudo, con furia y dureza, oyendo el choque de su espalda con el cristal.
Él sudaba, dudando de todo, sabiendo que solo con el miedo podría dominarla, solo manejando el dolor diestramente, y haciéndola sufrir.
- Creo que la única que debería sentir miedo en este momento, eres tú.
Hermione lo miró, sin moverse, encerranda entre las manos fuertes del Slytherin y su propia debilidad.
Draco chasqueó la lengua.
- Los seres maléficos como yo, no dudamos, Hermione, en usar cualquier método, cualquiera, para conseguir lo que queremos.
Hermione tragó saliva.
- Y yo...lo que quiero en este momento, lo único que quiero...es a ti.
Volvió a sentir aquel escalofrío recorriéndola de arriba a abajo.
- Y creo que no me será muy difícil conseguir lo que deseo tener.
Tembló, estaba temblando de pies a cabeza, en silencio y comenzaba a sentirlo, comenzaba a sentir que ese sentimiento se apoderaba de todo su ser, el miedo recorría sus venas, cada gota de sangre, cada latido de su corazón, con miedo.
Lo había conseguido, con su mirada y sus palabras, sentía el miedo. Miedo, mucho miedo, de él.
Entonces, desprendió una mano de su brazo. Ella no se movió, no podía moverse, estaba paralizada.
La mano del mortífago se enredó en uno de sus rizos, caracoleándolo y sonriendo al hacerlo. Lentamente bajó la mano hasta su mejilla.
- ¿Tienes miedo, Hermione?
Ella no habló. No hacia falta. Pero él quería oírla, oír su voz trémula.
- éstame, ¿tienes miedo?
Ese hombre podía hacerle mucho daño, y lo sabía. Y por eso ese miedo, por ello, ese terror hacia él.
- ¿Qué será esta vez? - preguntó, sintiendo como su pecho no podía respirar, como la garganta se le tapaba y el aire no llegaba a sus pulmones. Una sensación de asfixia y agobio.
Draco se pasó la lengua por los labios, pensando.
- Te he tratado de muchas maneras y tú, sigues sin aprender la lección. Primero te traté bien...te dejé luz, espacio y libertad.
Libertad, que hermosa palabra, que falsa sonaba en boca de Draco Malfoy. ¿A qué llamaba él libertad?
- Te di buena comida, incluso, conversación y, lectura. Pero, tú seguiste en tu papel, sin ningún error, así, que me vi obligado a tomar medidas más graves.
El Slytherin rió. Hermione continuaba debajo de él, a su merced, escuchándole y temblando. Le gustaba ejercer ese control sobre su cuerpo, le gustaba saber que estaba al mando.
- El dolor no funcionó, aunque fuera intenso, como aquel "Crucio". - sonrió. - No. No, seguiste callada. Después, no utilicé mi magia, como tú me pediste y, ¿qué? ¿Cómo me pagaste? Con tu silencio. Tuve que recurrir a, tu mente.
Cínicamente pasó sus dedos por su frente, tocándole dos veces muy suavemente.
- Sí, tuve que meterme en tus recuerdos para hacerte reflexionar sobre, tu vida y, tu futuro. Pero, lástima, seguiste insistiendo en hacerte daño tu sola. Y después, tuve que encerrarte en ese inóspito lugar, oscuro, sin luz, en soledad para que pensaras mejor lo que debías hacer.
Se acercó, demasiado a su rostro, hablándole sin distancias, a apenas centímetros de tocar su cara.
- Pero la soledad tampoco te sirvió. Comencé a enfadarme, sí, lo reconozco. Y perdí el control. Mmm...y, claro está, tú pagaste las consecuencias.
Sus dedos ágiles treparon por su rostro y con dulzura tocaron los rojos labios de la mujer, sin dejar de mirarla.
- Comencé a robarte, los sueños.
Los ojos marrones de la Gryffindor se enfrentaron con la poca fuerza que le quedaba a las pupilas grises de la serpiente. Sus sueños.
- ¿Quién ha dicho que lo único impenetrable en la mente humana son los sueños? Miente. Son la mejor fuente de acceso al alma.
Una lágrima escapó sin remedio por sus ojos. La estaba matando poco a poco. Le estaba quitando la vida. Y él lo sabía.
Draco miró la lágrima resbalar, observó el trazado frágil que dibujaba en su piel y dirigió un dedo hasta ella, tocándola. La punta del dedo se mojó con la gota salada y Hermione cerró los ojos, intentando demostrar fortaleza imaginaria.
No era capaz ni siquiera de mentirse.
- Te estoy quitando los sueños, Hermione. Soy un ladrón que penetra en tus sueños, en los más profundos y recónditos deseos de tu corazón. Y, voy a matarlos, uno a uno, hasta dejarte sin ninguno. Así, poco a poco, muy despacio, muy lentamente...
Sus sueños...
- Tu sueño era la felicidad. Mira la felicidad a tu alrededor. Tu sueño era el amor. ¿Dónde está ese amor verdadero? ¿Dónde?
Ella se mordió un labio, cerrando los ojos, haciéndose agitado el movimiento de su corazón.
- Tu sueño era que él fuera el primero en besarte. ¿Verdad?
Había soñado con sus besos, había provocado acercamientos, solo para mirarle a pocos centímetros de distancia, con esperanzas de que él la intentara besar.
Había esperado, solo para él. Para cuando él se decidiera a besarla, por primera vez. Y su sueño, estaba roto.
- Tu sueño era que él te confesara su amor. Te confesara que te amaba desde siempre. ¿Dónde están sus palabras? ¿Dónde su amor? ¿Dónde está él?
- Él vendrá a por mí. Él y Harry...
- ¡No! - gritó fuertemente. Su voz resonó, para hacerse de nuevo dulce, el tono elegido para susurrarle aquello. - No, Hermione. No vendrán, no vendrán.
- Vendrán, Malfoy, vendrán, sé que vendrán.
- Morirán. Y si ellos no mueren, lo harás tú.
- Vendrán, vendrán...
Siguió murmurándolo, con locura, "Vendrán, vendrán", convenciéndose de que era la verdad, que iban a rescatarla a tiempo. Pero la voz venenosa de Malfoy no dejaba de martitirizarla.
- Tus sueños están rotos, Hermione. Y tus fantasías, son solo mentiras, y tú lo sabes.
Negó con la cabeza. Malfoy sopló en sus labios, levemente, apretándola aún más, haciendo que el poco aire que consumía, llegara dificilmente a sus pulmones.
- Déjame decirte que él no te quiere. Déjame contarte, que los príncipes azules, no existen. Déjame enseñarte que el amor, es solo una fantasía más, una fantasía que no es real. Solo existe la violencia, el poder, la fuerza y la debilidad, el dolor, la felicidad, sí, momentánea...y todo está corrompido. Los buenos sentimientos, lo bonito y lo dulce, ya no existe.
Una mano se coló por detrás, por su espalda, tocándola hasta llegar a su cintura.
- Tus sueños, son solo mentiras. La verdad, la única verdad es que has soñado demasiado y que ahora, tienes que despertar.
La empujó suavemente y su cuerpo se vio impulsado hacia él, hundió el rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma, envenenándole el alma:
- Y despiertas, aquí, conmigo. Atrapada entre las mil paredes de este castillo, con el miedo de saber que estás sola, aquí, sola. Y que solo me tienes a mí, que me odias, sin saber, que soy tu única salida, tu único escape hacia el mundo libre.
Lloró, fuertemente, perdiendo la noción. Repitiendo que Harry y Ron la rescatarían, que irían, mientras las palabras de Draco la mataban.
- Soy tu pesadilla, soy tu demonio, soy tu secuestrador. Lo soy todo. Lo sabes. Sabes que es la verdad. Solo estoy yo. Solo yo.
Su boca se dirigió a su cuello y la mordió, mordió su cuello, con lujuria y maldad. Ella gimió, con dolor y rabia.
- Y tú, tú eres solo un fantasma de una niña vulnerable con la cabeza llena de fantasías y de amores, tú eres un ángel caído, tú, eres mi prisionera. Tú eres mía.
Y lentamente se acercó a su boca entreabierta y acercó su lengua de serpiente a sus labios rojos, uniéndolos, suministrándole el veneno de su sangre, el veneno de sus labios con los suyos. Besándola con pasión y remordimientos. Y ella, temblaba, con los ojos cerrados y las lágrimas cayendo.
Él la besó con avidez. Cogiendo su cuello con su mano y su cintura estrecha, apretándola hacia su cuerpo vivo.
- Estoy vivo. - le susurró. - Y tú, también.
La besó de nuevo. Más rápido, más veloz. Ella lloraba, ella negaba, ella se mentía.
- Hermione...Hermione...
Su mano entonces, abandonó su cintura, bajando por sus sus muslos, hacia abajo, para arriba. Para desnudar su pierna trémula y acariciarla con deseo acumulado. Palpando aquella zona inexplorada de su cuerpo, notando como su piel era tan suave como lo había imaginado. La piel que nunca nadie había tocado. La piel de sus piernas torneadas, temblando del dolor y los recuerdos, con la cabeza llena de palabras envenenadas.
Y lloraba, seguía oyéndola llorar, un llanto silencioso pero contunúo. Al compás con su respiración apenas ineludible.
La besó, poseyendo su boca como nunca lo había hecho. Poseyendo sus labios con ansia extrema, robándole los sueños.
Y su mano la acariciaba, sintiéndose dueña de su cuerpo inocente y puro. Al alcance de él.
La besó de nuevo, mientras su mano dibujaba el muslo por debajo de la cola roja de su vestido apretado.
Pero entonces, se sobresaltó. Ella había dejado de llorar. La miró.
Sus ojos marrones lo miraron, sin emoción, sin nada. Lo miró una vez más antes de hablar:
- Te odio.
Y cerrando los ojos, dejó de respirar y su cabeza cayó hacia un lado, inconsciente.
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Tiró la escoba, que se clavó en la tierra mojada y, corrió. Corrió con todas sus fuerzas hasta empujar con furia la puerta de madera que era la entrada.
Y cuando la abrió, contuvo el aliento, mirando a todas partes. Llamándola.
- ¡Ginny! ¡Ginny! ¡Ginny!
Sentía como su pecho subía y bajaba a un ritmo frenético. Como su corazón bombeaba más sangre que nunca y como sus ojos solo la buscaban a ella.
Corrió por toda la cocina, hacia fuera, corriendo, llamándola a voces. Solo quería ver que sus ojos castaños seguían vivos, que lo miraban con el amor y la ternura que solo ella poseía, que lo entendía sin hablar...Ginny, solo ella.
Por todos los cielos, ¡Ginny!
Se quedó paralizado y sintió ganas de llorar, llorar hasta más no poder. Llorar de rabia y dolor pero, reaccionando, subió las escaleras, precipitadamente, tropezando y cayendo su rodilla en el filo del escalón, haciéndose un corte y sangrando.
Pero sujetándose a la barandilla siguió subiendo, sintiendo que se le iba la vida sino la veía.
- ¡Ginny!
Escuchó pasos violentos.
- ¡Ginny!
Terminó de subir y corrió hasta que una puerta se abrió súbitamente y por ella apareció una figura.
- ¡Harry!
Era ella. Con sus ojos castaños y su pelo rojo fuego ondeando libremente por sus hombros. Era ella. Solo ella.
- ¡Ginny!
La pelirroja corrió hacia él y el buscador la cogió por la espalda y la abrazó con toda su fuerza, meciéndola entre sus brazos y murmurando su nombre. La Weasley no entendía qué ocurría pero lo abrazó con anhelo, sonriendo nerviosamente.
- ¿Qué ocurre Harry? ¿Ha pasado algo en el cuartel o...?
- Ginny, tenía tanto miedo...por ti...que te hubiera pasado algo. Yo te vi, en el suelo, en la visión, a ti y a ellos y...
- Harry, no te entiendo. ¿Qué ocurre? Por favor, explícame.
La abrazó y cogió aire. Seguía tenso, el pulso le temblaba. La separó de él, sujetándola por los brazos.
- Es una trampa. Nos han tendido una trampa.
- ¿Quiénes? - preguntó Ginny confudida.
- Los mortífagos, ¡Voldemort! ¡Vienen hacia aquí!
La pelirroja le miró fijamente con la boca abierta.
- ¿Cómo que vienen hacia aquí? No puede ser. Los mortífagos iban a atacar el Ministerio. - razonó rápidamente.
- Era una trampa. Todo era una trampa. Tenemos que llamar a Dumbledore, ¡pronto!
De pronto se escucharon nuevos pasos. Harry sacó la varita, colocando a Ginny a su espalda y apuntando fijamente al frente. Una puerta se abrió y de ella salieron dos individuos.
- ¡Harry! ¿Qué haces aquí?
La voz le era muy conocida. Una nueva voz surgió detrás de esta.
- ¡Harry! ¡Tú no deberías estar aquí! ¡Es peligroso!
- Señora Weasley, Lupin, nos han tendido una trampa, los mortífagos no van a atacar al Ministerio.
El licántropo y Molly Weasley se miraron absortos.
- ¿Qué barbaridad dices, Harry? ¿Cómo no van a atacar el Ministerio! - gritó Remus Lupin alzando los brazos.
- ¡Es una trampa! ¡Vienen hacia aquí!
- ¿Aquí! ¡No! ¡No puede ser! - chilló la Señora Weasley tapándose la boca con la mano.
- Vienen a por los refugiados. ¡Hay que avisar a La Orden!
- Dios Santo, los sangre impura. ¿Cómo no lo pensé antes? - chilló Lupin mirando escaleras abajo.
- ¿Dónde están ellos? - preguntó Harry mirando a su alrededor.
- Escondidos, abajo. - murmuró Molly.
- ¡Tenemos que avisar a La Orden! - repitió Harry, exasperado.
- ¡Tienen que estar a punto de llegar! - gritó Lupin. - ¡Cómo no me di cuenta! ¿Cómo!
- ¡Y Dumbledore! ¡Todo fue una trampa muy bien tramada! - gritó Molly.
- Rápido, Harry, tenemos que avisar a Dumbledore y los demás para que vengan hacia aquí. - dijo Ginny tirando de su túnica.
- No tenemos tiempo. No somos suficientes y ellos ya estarán al llegar.
- Lupin, podemos crear una barrera. - exclamó Molly Weasley.
- ¿Una barrera? - preguntó Ginny, sorprendida.
- Una barrera mágica. - aclaró ésta. - Con el poder de todos los magos.
- Pero durará poco. - dijo Lupin pensándolo.
- Lo suficiente para que alertemos a La Orden y acudan a ayudar. - dijo Harry, asintiendo.
Hubo un segundo en silencio en que los cuatro lo pensaron, aceptándolo.
- Bien, corre, Harry, vuela hasta el Ministerio lo más rápido que puedas. - le dijo Lupin rápidamente.
- Ginny, tú vendrás conmigo. - dijo cogiendo a la Weasley de la mano.
La pelirroja asintió.
- ¡Es peligroso! ¡No, Ginny tú...! - protestó la Señora Weasley pero Lupin la interrumpió.
- Molly, creo que es lo mejor. Harry no debe estar solo en esto y Ginny puede ayudarle.
Ella lo pensó, asimilándolo y acabó asintiendo.
- Tened mucho cuidado. - les dijo, mientras besaba en la frente a su hija.
Juntos corrieron escaleras abajo, subiéndose a la escoba y volando por encima de la Madrigera, dirección al Ministerio. Mientras Lupin y la señora Weasley, junto con los magos refugiados, conjuraban la barrera para frenar el ataque de los mortífagos, rezando porque La Orden llegara pronto, sino, todos ellos morirían o peor aún, caerían en manos de Voldemort. Algo peor que la propia muerte.
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Temblaba empuñando la varita y clavando sus orbes azules en la profunda oscuridad que se cernía sobre él en aquella noche maldita.
Pensaba en los mortífagos y su ataque, pensaba en la gente que le rodeaba. Ángela, Tonks, Dumbledore, Moody, Snape...todos los miembros de la Orden, con la idea fija de acabar con la escoria del ser más monstruoso de todos los tiempos.
- ¿Estás bien?
Una voz lo asustó. Giró el rostro y vio el gesto suave de Ángela Warren con sus sabios ojos oscuros, mirándole.
- Sí, sí, sí...
La mujer entornó los ojos y arqueó una ceja.
- No estés tan nervioso. Si me temes a mí, ¿qué sentirás cuando tengas que enfrentarte a ellos?
El pelirrojo tragó saliva y asintió.
- Perdona, es que, estaba pensando.
- Eres muy valiente. - le dijo ella, colocando una mano en su hombro. - Y lo sabes. Ten fe en ti mismo.
- ¿Por qué no llegan? Llevamos un buen rato esperándoles y ellos, no llegan.
- Así son. Intentan despistar. Calculo que dentro de unos diez minutos...pueden caer.
- ¿Estás segura? ¿Seguro que vendrán?
- ¿Por qué no iban a venir? - habló con el ceño fruncido. - Éste es su objetivo y, no dudarán en morir por conseguirlo.
Ron suspiró y miró en derredor. Detrás de ellos, Minerva McGonagall y Alastor Moody, más conocido como "Ojoloco" Moody, conversaban silenciosamente, atentos a cada movimiento.
- No sé por qué pero, sigo teniendo un mal presentimiento.
Ángela calló y alzó la vista, observando fijamente la calle desierta.
¿Acaso podría ser aquello...? No, Dumbledore no podía haberse equivocado. ¿O quizá sí? De todos modos, nadie era perfecto, ni siquiera un gran mago como él.
De repente, todos apuntaron sus ojos hasta el cielo. Un ruido sordo venía de él. Ron sintió un escozor en su estómago, sintiendo una sensación de angustia que no se atrevió a llamar miedo.
La punta de las varitas, fija en la mancha negra que se movía velozmente por el cielo, en dirección al Ministerio. Ellos, solo podían ser ellos.
Los aurores se miraron entre sí, asintiendo y manteniendo sus varitas firmemente dirigidas hacia la mancha.
Ron apretó la mandíbula, moviendo rápidamente sus ojos por todos lados, esperando alguna otra seña. Pero nada, solo aquella mancha cada vez más cerca.
Ángela agudizó su vista clavándose en aquel punto. ¿Qué significaba aquello? ¿Algo que volaba? ¿Qué era aquello?
- Voy a disparar. - habló Elphias Doge, con su voz jadeante.
Un nuevo silencio inundó la escena, ya de por sí en el más tétrico silencio. Solo el ruido de aquello acercándose.
Elphias abrió la boca pero, entonces, alguien gritó entre todo:
- ¡Alto!
Todos volvieron las cabezas, Albus Dumbledore había hablado. El mago también miraba la mancha y negaba encarecidamente.
- No es ningún mortífago. - dijo serio. - ¡Es una escoba!
Ron abrió la boca, sintiendo sus labios resecos y temblorosos. Una escoba.
- ¡Harry! - chilló el pelirrojo alazando los brazos.
Todos se quedaron paralizados ante la nueva. La escoba descendió rápidamente. Todos comprobaron, en efecto, que Harry Potter conducía la escoba, seguido de Ginny Weasley.
Dumbledore olvidando el por qué estaban allí, corrió hacia él.
Harry jadeaba, cansado.
- Señor, ¡es una trampa! ¡Se dirigen a la Madrigera!
- ¿Qué dices, Harry?
- Los mortífagos, van a atacar la casa de los Weasley. ¡Todo esto solo es una trampa para distraer su atención!
El mago de larga barba blanca se quedó atónito ante la afirmación.
- ¡Es cierto! ¡Tenemos que ir lo más rápido posible a la Madrigera! - exclamó, esta vez, la menor de los Weasleys.
Ron se adelantó, abrazando a su hermana.
- Gin, ¿dónde está mamá y los gemelos?
- Ellos están en la Madrigera. - le aclaró mirándolo con ojos asustados.
- ¡En la Madrigera! - gritó el pelirrojo sintiendo como la sensación de angustia se convertía en frío y metálico miedo.
- Han convocado una barrera mágica para detener el ataque, pero no durará demasiado. Tenemos que volver. - gritó Harry, desesperado.
- ¡No hay tiempo que perder! - alzó la voz Albus Dumbledore agitando los brazos. - ¡A la Madrigera todos!
- Pero...¿y si atacan el Ministerio? - preguntó Emmeline Vance, vacilante.
- No atacarán el Ministerio. Saben exactamente donde se encuentran los que buscan. - razonó Dumbledore pegándose en la frente.
Y la última voz que se escuchó fue la de Ángela.
- En la Madrigera.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Sigilosos y sin ruido alguno, los mortífagos avanzaban como unas simples sombras en la noche oscura.
Enfundados en el velo negro de la noche, se camuflaron detrás de unos arbustos, a esasos metros de distancia. No se oía nada en el silencio que rodeaba la casa. Siquiera un grillo o alguna libélula.
Unos ojos relumbraron entre las ramas y hierbas, mientras la figura se levantaba y caminaba encogido hacia la casa. Los jefes esperaban atentos a cualquier movimiento, con una malvada sonrisa dibujada en la cara. Era, según pensaban, el triunfo más fácil que nunca habían conseguido.
Un chasqueo de dedos le indicó que continuara.
Él siguió su camina, pentrando entre los árboles que bordeaban la casa. En cada muestra de movimiento, parándose. No querían cometer ni el más mínimo error.
El mortífago de ojos negros, agazapando su robusto cuerpo, pensó en cierto rubio que se encontraba en el Castillo del Lord. Sonrió al imaginar su felicidad plena al saber cuál era su plan.
El mortífago, al fin, llegó hasta su objetivo. Tan solo le faltaba entrar para saber que la batalla estaba totalmente a su favor.
Alzó la mano, todos los ojos estaban puestos en él. Sus dedos temblaron débilmente al contacto con el frío aire. Casi rozaba la madera de la puerta, su cuerpo ansiaba el tocarla mas algo le decía que aquello era demasiado perfecto. Demasiado.
Y, como un chispazo, la yema de sus dedos rozaron la puerta. Sonrió y, acto seguido, al ver lo que se le echaba encima, gritó.
Una explosión súbita asustó a todos los mortífagos escondidos. El hombre voló por el aire hasta caer de nuevo en la hierba, con sangre en la boca.
Como si se pusieran en funcionamiento las luces de navidad, la casa se iluminó. Sus ventanas cobraron luz, una luz blanca resplandeciente y, salido de la nada, unas nubes algodonosas de color azul metálico, comenzaron a cubrir cada parte de La Madriguera. Poco a poco, la casa fue siendo rodeada por las nubes azules, hasta que, al fin, se desenredó y las nubes, disipándose, se convirtieron en un círculo del mismo color que cubría la casa.
- ¡Un escudo! - chilló un mortífago señalando el lugar.
Robby Willow abrió la boca y, apretó el puño, borrando de su cara el resto de sonrisa y estupecfacción que le quedaba. Su rostro era el claro ejemplo de la rabia.
- ¡Lo han sabido! ¡Nos detectaron a tiempo! ¿Cómo? - gritó levantándose y dirigiéndose a los jefes.
Barner Wersess, el sub-jefe del comando se dirigió a sus hombres que con cara de decepción y odio eran el espejo de la situación.
- ¡Es imposible! - dijo uno con fuerza. - ¡Los habíamos engañado!
- Y así era, y así es. - habló Wersess mirando al jefe y a la tropa.
El capitán Gollgem no articulaba palabra viendo como el cuerpo aún trémulo del mortífago que se había aventurado el primero, aún yacía en la hierba, ensangrentado y respirando con dificultad.
Movió sus ojos azules lentamente y miró por encima del hombre de Wersses, suspirando.
- Esto complica nuestros planes, señores. - dijo con desdén. - Mas, no hay de qué preocuparse. El escudo, no durará mucho...
- ¿Atacamos, mi señor? - preguntó Robby Willow, mientras los otros se encogían de hombros.
Gollgem lo miró unos segundos, sin parpadear. Robby no le rehuyó la mirada. El capitán sonrió, asintiendo.
- Atacamos.
ooooOOOoooo
Una descarga nuevamente hizo temblar todos los cimientos de la casa. Las copas guardadas en los muebles de la cocina, renincharon golpeándose unas con otras. La señora Weasley respiró profundamente. En aquel momento, el estado de los muebles y los objetos de la casa, era lo de menos.
Lo más importante, sin duda, eran los cientos de magos y niños que conjuraban el hechizo protector de la casa.
Con pasos nerviosos, Molly caminó escaleras abajo. Apoyada en el marco de la pared, una mujer acunaba nerviosamente a su hijo, envuelto en unas ropitas finas bordadas.
Molly acarició la cabecita morena del bebé y sonrió a la mujer de cabellos castaños que lo abrazaba con miedo en los ojos.
- Todo saldrá bien, Eleonor. Hay que tener fe.
Ella asintió. El bebé lloriqueó y ella siguió meciéndolo.
Molly se adentró en la cavernosa cavidad donde los magos con las varitas enlazadas, estaban en total silencio.
Entre ellos, Molly observó a Neville Longbotton junto a su abuela. Ambos conjuraban el hechizo. Neville había crecido mucho en los últimos dos años pero, a pesar de todo, seguía siendo temeroso y algo torpe.
Pero, los acontecimientos que le rondaban en los últimos días, habían hecho que aquel niño miedoso diera un cambio radical. Nunca perdería el miedo que le caracterizaba pero, dentro de él, la furia de Gryffindor tronaba fuertemente.
En su pasado, Neville tenía tristes recuerdos y pesadumbres. En su presente, no tenía nada claro. Lo único que quería era que hubiese paz y no más muertes. Solo eso.
Sobre todo, no quería perder a nadie que quisiera, sobre todas las cosas, no tenía que volver a vivirlo.
Unos pasos más allá de él se encontraba la rubia de ojos azules, Luna Lovegood, con su extraña psicosís persiguiéndola allí dónde iba, Luna se hacía distinta entre todas por su espíritu soñador y sus raras aficiones de lectura y pasatiempos, como leer sobre cosas paranormales. Para "Lunática", como algunos la llamaban, el mundo mágico era todo un misterio de cosas fantásticas que ocurrían a su alrededor.
Pero, en aquellos duros momentos, tenía demasiadas cosas en las que pensar que en extraños sucesos paranormales. Su varita apuntaba junto a las demás, con toda la fuerza de su corazón y con todas las ganas y la pasión que tenía su alma para salvar a todos de la destrucción.
De pronto, alguien gritó con fuerza. Todos dieron un respingo pero, el contacto con las varitas no se debilitó, siguieron apuntando fijamente allí, ya que todos sabían que, en ese momento, sus vidas significaban aquel escudo. Y el tiempo solo corría en su contra.
Un hombre se desplomó al suelo. Molly corrió hacia él y junto a otro desconocido, lo dirigieron a una habitación donde ya reposaban varios magos.
Volviendo a abajo, la señora Weasley notó como el sudor caía por su frente y le faltaba el aire. La respiración allí debajo se hacia complicada.
- Mamá, descansa.
A su lado se encontró a sus dos hijos, George y Fred Weasley que, cogiéndola por los hombros, la sentaron, ante sus negativas, en un sofá cercano. Ella cayó en él, con lágrimas en los ojos y negando con la cabeza, sacudiéndolas a manotazos.
- Tranquila. - le dijo suavemente Fred. - Todo va a salir bien.
Ella asintió. George le pasó una mano por su cabello pelirrojo alborotado, herencia de todos los Weasleys, y sonrió.
- Sé fuerte, mamá.
- No tardarán en llegar, La Orden, con Harry, Ginny y papá. - le dijo Fred en tono conciliador.
- Ojalá nunca hubiérais tenido que vivir esto.. - dijo bajito, enterrando la barbilla.
- Es parte de la vida, mamá. - sonrió George. - Además, esto luego nos dará maquiavélicas ideas, ¿verdad, Fred?
- Cierto, George.
- Nunca he echado algo, tanto de menos, como regañaros por vuestras bromas, en paz.
Estaba agotada, muy cansada, su cuerpo y su alma parecían haberse rendido a la situación. Los mortífagos, atacando su propia casa, los pilares que tan duramente había construido junto a Arthur, ambos, luchando día a día por substistir y, de pronto...iba perdiendo a la gente que más quería.
Primero fue Percy... Una lágrima se escapó de sus ojos castaños. Después, el Ministerio caía. Luego...el caos. Y de pronto, Hermione.
- Oh, ¿cómo estará? - sollozó.
- ¿Quién, mamá? - le preguntó Fred con extrañeza.
- Hermione. ¿Cómo...cómo...?
- Shh...ya, mamá...ya...
Sin previo aviso, un nuevo ataque retumbó en la casa. Molly miró al techo, que temblaba.
- Ojalá vengan pronto. Ojalá. Porque no podremos resistir mucho más.
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La luz azul metálica que la coraza desprendía, iba perdiendo su brillo al soportar los ataques, que, uno tras otro, se cernían sobre ella.
Dentro el numeroso grupo de magos de sangre mezclada y otros tantos de sangre limpia, todos con el mismo fin de derrocar al causante de tanto dolor en el mundo mágico, peleaban porque el escudo no cayera, con la fuerza de su magia y de su propio cuerpo.
Y mientras, los mortífagos seguían lanzando mil maldiciones en contra de la casa que seguía temblando a cada descarga.
Robby Willow con los ojos rojos como la sangre, sonreía con cinismo, feliz con cada estallido, feliz con cada explosión, sabiendo que quedaba menos tiempo para que la coraza cayera y los magos quedaran desprotegidos.
Había empezado a llover, con una lluvía fina y chisposa que había empezado lentamente y, cada vez, caía más rápidamente, haciéndose más y más abundante.
De pronto, del cielo sonó un rayo que con debilidad se escuchó lejano.
Robby miró hacia arriba, agudizando la vista. Se quedó quieto unos segundos, con los ojos fijos en el cenit.
A su lado, un compañero extrañado mandó una maldición contra la barrera y miró al cielo, imitándole. Arqueó una ceja y lo llamó.
Los ojos negros del mortífago no se movieron del cielo. Lo sabía, lo había oído.
En la penumbra surgieron las figuras voladoras. Él sonrió malvadamente y su cabeza comenzó a maquinar.
Barner Wersess se percató unos segundos después y se quedó inmóvil, con la boca abierta. Reaccionando y gritando:
- ¡Capitán Gollgem! ¡Son ellos! ¡Vuelan hacia aquí!
El capitán movió lentamente sus ojos azules y rodó su mirada por el campo atestado de mortífagos.
- Bien. - dijo suavemente. - Que vengan, tendrán que morir para salvar a esos sangres sucias.
Robby sonrió apretando la varita.
- Los estamos esperando. - susurró peligrosamente.
ooooOOoooo
Ron Weasley sentía el aire frío golpeando sus mejillas pecosas, pálidas y congeladas. Era presa de un pánico casi razonable.
Había distinguido a kilómetros antes de llegar, la barrera azul que cubría la Madriguera. Su casa. Y también había oído los estallidos contra ella, las maldiciones y los golpes que sufrían los pilares de su hogar.
Volaba sintiendo que le faltaba el aliento, con todo el tropel a su lado, protegido por un rápido Alastor Moody que giraba su ojo mágico en dirección a la casa, observándolo con preocupación.
La profesora McGonagall, a la cual nunca se hubiera imaginado montada en una escoba, sin mediar palabra, tenía el rostro lleno de angustia y a su derecha, Albus Dumbledore, alto e inflexible. Fue incapaz de describir lo que el gran mago podía sentir.
Solo una palabra, inexplicable.
Casi podía oír las voces de los magos tenebrosos pronunciando los hechizos de magia negra que rompían poco a poco el escudo que protegía a su familia, a los magos de sangre mezclada y, su propia casa.
- Ron, ¡Ron!
Una voz lo llamaba. ¿Quién?
Disminuyó un poco la velocidad y a su lado, veloz como el rayo, se colocó su gran amigo, Harry Potter, junto a su hermana pequeña, Ginny.
- Ron, escúchame. - exclamó el buscador. - No hagas ninguna tontería.
El pelirrojo frunció el ceño, sin comprender.
- Ron, oigas lo que oigas, te digan lo que te digan, tu no los escuches. - repitió su amigo con la voz cargada de franqueza.
- Harry, ¿por qué me dices eso? - le preguntó él, sin comprender.
- Solo hazme caso, Ron. ¿Lo harás?
El pelirrojo se detuvo unos instantes, pensando y analizando las palabras. ¿A qué podía referirse? Estaba demasiado nervioso y asustado. Asintió velozmente.
Los ojos castaños de su hermana lo miraban con miedo y coraje.
- Gin, tú...no deberías... - comenzó a decir.
- Ron, yo también estoy dispuesta a pelear por defender lo que quiero. - dijo ella, simplemente. - No dejaré que esos mortífagos destruyan mi hogar y a mi gente.
- Ten cuidado.
- Tú también.
- ¡Descenso al contar diez!
La voz firme de Dumbledore resonó y todos acataron la Orden. El mago contó los segundos, uno tras otro.
Ángela Warren, unos lugares por detrás de él, lo observaba cabizbaja. Demasiados recuerdos, demasiados presentimientos.
- ¡Cinco!
Ron agarró con fuerza el pomo de su escoba.
- ¡Cuatro!
Cogió aire y lo expulsó con un doloroso suspiro.
- ¡Tres!
Sus ojos estaban clavados abajo.
- ¡Dos!
No iba a perder a más gente.
- ¡Uno!
No.
OoooooooooO
Los mortífagos gritaron al ver como los magos descendían en tropel, con las varitas empuñadas y farfullando hechizos.
Ahí comenzó la lucha.
Cada uno iba por su cuenta, cubriéndose las espaldas y, sobre todo, cubriendo la barrera a punto de desmoronarse.
El barullo de la lucha era demasiado confuso para hablar o huir. Solo valía la acción y la decisión exacta y correcta.
Dumbledore fue directamente a por el jefe del comando, Gollgam lo esperaba impaciente por cumplir los deseos de su Señor.
Una fila de diez aurores se colocó frente a la casa, con afán de protegerla de más ataques, acabando con varios mortífagos que estaban dispuestos a hacerlo.
El resto, simplemente intententaba que los mortífagos desapareciesen.
- ¡Slep Ever!
Acto seguido el cuerpo inerte de un mortífago cayó en la hierba.
Ante ella un hombre la miraba con el rostro asombrado.
- Ángela...
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la mujer. Frente a ella, Barner Wersess con la boca abierta, la miraba.
- Veo que todavía me recuerdas, Wersess.
El hombre tragó saliva y volvió a su pose, alzando la varita. Ángela empuñó la suya, dirigiéndola hacia él.
- Cómo no recordarte, sucia traidora.
Ella bufó.
- ¿Traidora? No soy una traidora, fui traicionada.
- la Orden, te vendiste. - murmuró el sub-jefe con asco.
- Estoy con el bando que debo.
- ¡Bloo frua!
Ron dibló la patada de un mortífago desarmado de su varita, rota en el suelo y golpeó con el dorso de la mano al hombre, que cayó en la hierba.
Por detrás, alguien le golpeó, a la altura del cuello, cayendo él mismo en la hierba y rodando a tiempo de esquivar un hechizo.
Se levantó, sintiendo su estómago encogido y gritó el hechizo desarmador al tiempo que la varita de su oponente reposaba en su mano. La rompió. Su enemigo le golpeó nuevamente, esta vez en el costado.
Ron, lleno de rabia, le dio un puñetazo. Su enemigo se llevó una mano al rostro, descubriéndolo.
El pelirrojo parpadeó repetidas veces al observar a su enemigo, o mejor dicho, enemiga.
Una mujer de rubios cabellos y ojos azules hielo sangraba por la nariz, sangre que empañaba su rostro pálido.
No supo qué hacer, y estúpidamente, se quedó quieto, viéndola.
Tendría quizá un par de años más que él, como mucho, pero en su cara se distinguía la vida y la muerte, los años marcados a fuego en su piel.
Ella gritó y, antes de que él pudiese hacer nada, se avalanzó, tirándolo al suelo y clavándole las uñas en el cuello, con afán de ahogarlo.
Ron se revolvió, rodando ambos por la hierba atestada de hierba, lluvia y sangre.
La mujer gritaba y no paraba de arañarlo por todos los sitios donde podía. Ron la apuntó con su varita, torpemente, para que ésta se le soltara de la mano cayendo a unos pasos de él.
Se revolvió de nuevo y, gritó cuando la mortífaga le mordió en el brazo, produciéndole un intenso dolor.
Su mente no paraba de dar vueltas y vueltas. Solo pudo pensar que quería salir de aquella pesadilla de una vez por todas.
Golpeó con garra a su oponente, en el estómago. Ella exclamó un gemido de dolor. Ron tomó ventaja, golpeándola de nuevo, esta vez en el rostro, dejándola, al fin, inconsciente
Tiró el cuerpo a un lado, intentando levantarse, sintiendo como le dolía todo.
Estiró la mano, buscando la varita con nerviosismo cuando, de pronto, alguien se puso frente a él. Empuñaba una varita.
- Ronald Weasley, gusto en conocerte.
La voz era grave y maliciosa. Tenía un toque..venenoso, un toque...Slytherin.
Ron buscó con ansia su varita y al fin la agarró, sintiéndose armado, se levantó. Entre la oscuridad y la lluvía que los empapaba, no distinguió realmente bien al hombre que le hablaba.
- ¿Quién eres? - preguntó sin bajar la varita.
- Tú no me conoces, mas yo a ti, demasiado.
Ron arqueó una ceja.
- ¿Quién eres? - repitió con tono rabioso.
Ante su sorpresa, el hombre se rió a carcajadas.
- ¡Contéstame!
- Estúpido, pobretón.
Ron abrió la boca, parpadeando.
- ¿Malfoy?
- Casi. Malfoy te manda muchos recuerdos. - carraspeó levemente, frío y calculador. - Y la sangre sucia Granger, también.
Se oyó un rayo, esta vez, cercano, cercanísimo. Ron creyó que estaba a su mismo lado.
Pero la voz sonaba hueca en el interior de su cabeza. Hermione.
- ¡Hermione!
Ron dio pasos adelante.
- ¡Dime dónde está ella! - gritó.
El mortífago volvió a reír, a carcajadas abiertas.
- ¡Dónde está, maldito mortífago!
Nuevamente el eco de las risas fue su respuesta. Oía su respiración descontrolada.
- Está en buenas manos, no te preocupes. Malfoy la está cuidando muy, muy bien. No creo que esa puta quiera volver...
Aquello fue demasiado para Ron, alzando la varita, murmuró un hechizo que impactó en el cuerpo del mortífago, haciéndolo caer al suelo.
Ron se arrodilló, manchándose de tierra todo el pantalón y la túnica.
Agarró por la túnica al mortífago y lo levantó levemente, hacia él.
Otro trueno, otro estruendo, más gritos, más silencio, más sangre, más muerte, menos tiempo.
Y ante él observó los ojos negros como pozos abismales del mortífago, ojos negros terroríficos y malévolos.
El mortífago sangraba por la boca, con una sonrisa.
- Se está divirtiendo con Malfoy, Weasley...
Ron lo sacudió.
- ¡Dónde está?
Él rió, con risa sádica.
- Nunca lo sabrás. No podrás llegar hasta ella. No, Weasley. No.
- ¿Quién eres? ¿Cómo conoces a Malfoy y a Hermione?
Un trueno les estalló a escasos metros. La lluvía los empapaba. Nada entonces importaba. Solo la respuesta a la pregunta.
Pero no llegaría.
Un golpe en la espalda lo desestabilizó y antes de que pudiera hacer nada, cayó al suelo, medio insconsciente. Pero lo suficiente para oír la voz tétrica del mortífago que estaba de pie, frente a él.
- Robby Gillow, Weasley, que no se te olvide.
Ron meneó la cabeza, doliéndose del golpe en la espalda, antes de cerrar los ojos.
- Nos volveremos a encontrar y, te mataré.
Lentamente, cerró los ojos, oyendo un nuevo trueno y, a lo lejos, un grito de retirada.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Lo sacudieron, dos, tres, cuatro veces. Al fin abrió los ojos, sintiendo como le pesaban, como le dolía todo el cuerpo.
Ante él, arrodillada, su madre, Molly Weasley, llorando amargamente.
- Ron, Ronald, ¿estás bien?
Le dolía demasiado, todo. Negó con la cabeza y tosió, escupiendo sangre.
- Ya ha pasado todo, hijo mío, ya...se han ido. Les vencimos. - sollozó la señora Weasley, acariciando el pelo de su hijo.
- Mamá... - murmuró el pelirrojo, mirando a su alrededor.
- Shh...descansa.
- Mamá...Hermione...
- ¿Hermione? - preguntó ella, con una mueca. - ¿Qué pasa con Hermione?
- Ella, ella...
Una sonrisa se dislumbró en el rostro del pelirrojo, con los labios sangrando. Una sonrisa de alivio y de esperanza.
- Ella...está viva.
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Wola a tods mis fieles lectors!!!!
Mil perdones por el retraso justificado. Este fic es muy difícil de escribir, dificilísimo, te tienes que meter en la piel de una persona cruel, déspota y sin sentimientos, y a la vez, en su propia víctima.
Y crear las historias del propio alrededor.
Espero de todo corazón que este capítulo les haya gustado porque está muy trabajado
Algunas preguntas...
¿Qué hará Voldemort después de su derrota?
¿Cómo lo encajará Draco Malfoy?
¿Qué le esperará a Hermione Granger?
¿Cuál será el próximo encuentro de Robby Gillow y Ron Weasley?
¿Sabremos toda la historia de Ángela y Lupin?
¿Cómo encontrará La Orden del Fénix a Hermione?
¿Seguirá viva...hasta que den con su paradero?
Deseo sus reviews, e-mails, comentarios, lo que sea! Por favor, ponedme todas vuestras dudas, críticas y opiniones!
Os quiere!
Lira Garbo
" Nunca una noche ha vencido un amanecer, y nunca un problema ha vencido la esperanza "
