DISTRACCIÓN

[Capitulo 9]: Lo que desconocemos.

[Peeta]

No sé cuánto tiempo llevo observando el techo. ¿Minutos? ¿Segundos? ¿Horas? No importa realmente. Por más que busque, las respuestas a mis preguntas no las voy a encontrar ahí.

Sé qué me pasa. Me encuentro en un estado que roza el shock y la locura. Mi mente intenta decantarse por una de las dos pero no se decide así que se queda en el medio. Estoy a punto o de sufrir una parálisis mental o de volverme loco. Lo peor de todo es que me he sentido así dos veces en menos de veinticuatro horas.

Recuerdo como hace unas horas me encontraba de la misma manera en el sofá, observando a Katniss dormir para luego dirigir la mirada hasta mi mano. La mano cuyos dedos la han tocado y, por la humedad abundante, parece que le ha gustado lo que le hacía. Porque, sinceramente, nunca he tocado a una chica así. Esta es toda la intimidad que he podido experimentar.

Cuando pienso en "sexo" pienso en mis hermanos y, cómo no, en mi padre. Él fue el encargado de darme la charla cuando alcancé la edad, mis hermanos se encargaron únicamente de traumatizarme. Aún me acuerdo del arsenal de porno que me enseñaron cuando se enteraron de que por fin sabía de dónde venían los niños. Muchas veces se traían chicas a casa cuando mis padres no estaban y a mí me mandaban al salón. A pesar de saber que yo estaba en la casa no les importaba subir el volumen. Lo peor fue cuando me explicaron cómo hacerle sexo oral a una mujer con un bollo de cre…

Agito mi cabeza intentando alejar esos recuerdos. Tengo a Katniss Everdeen desnuda en mi cama.

Desnuda.

En mi cama.

Lo hemos hecho.

Por más que intente repetir estas palabras en mi cabeza, no obtengo una respuesta lógica, simplemente creo que todo eso no ha pasado y ha sido un sueño.

Hasta hace nada no nos hablábamos, sólo cruzábamos palabras de saludo y despedida. No me sentía cómodo a su lado, no me gustaba verla siempre destrozada en su casa, no me gustaba cuando no comía. A veces hasta me odiaba por no dejar de pensar en ella, en cómo estaría. Luego llegó mi frustración sexual. Y ahora estamos aquí, desnudos en la misma cama.

¿Cuándo exactamente cambió todo? ¿Cuando la vi desnuda en el lago? ¿Cuándo la besé? ¡Me tiró una taza a la cabeza! No sé cuándo. A lo mejor fue un error traerla a mi casa. ¿Y si esto lo empeora todo? Me acuerdo de su casa destrozada, los cristales por el suelo, los platos rotos, los sofás arañados… y ella en la cama como un animal herido acurrucada debajo de su manta intentando protegerse del mundo. Entonces entendí que tenía que sacarla de allí, traerla conmigo e intentar que estuviera mejor.

Porque si ella no se recupera yo tampoco puedo hacerlo.

El beso en la lluvia me trajo recuerdos de los besos en la arena para las cámaras, en la playa, en el Capitolio… Ese fue diferente porque nunca habíamos profundizado tanto. He probado su pasión y me ha embaucado. Luego volvió a hacerlo y no pude parar. Fue entonces cuando supe que yo nunca la rechazaría, al menos no sin poner todo mi empeño… y no quería ponerlo.

Lo que quería era acostarme con Katniss Everdeen.

¿Pero ella quería lo mismo? Odiaba el contacto físico, ni siquiera me pudo ver desnudo en la Arena. A lo mejor a ella este descubrimiento físico le ha gustado tanto como a mí.

Pero debe ser así, debe de gustarle esto.

Debe de gustarle cuando la toco, cuando me toca, cuando la beso, cuando acaricio su lengua con la mía. Si no le gustara no lo haría. Y yo no voy a negarle nada. A pesar de la guerra aún soy un adolescente.

En el sofá intenté no pensar y me dejé llevar. Cuando ella se durmió lo único que hice fue observarla durante lo que parecieron milenios, preguntándome una y otra vez ¿qué acaba de pasar? En vez de disfrutar de mi excitación y de tenerla en el sofá con la ropa mal puesta y con el tacto de su cuerpo aún en mis manos, únicamente sentí arrepentimiento. Tenía miedo de que, al darse cuenta de lo que había hecho, se fuera. Así que cuando se levantó intenté hacer como si nada hubiera ocurrido.

Con todo este resumen en mi cabeza, me levanto y abro un poco las cortinas. Dejo que la luz ilumine tenuemente la habitación y luego vuelvo a la cama. Me giro y es como verla por primera vez.

Porque algo ha cambiado.

Una vez más, no soy capaz de encontrar esa conexión con el antiguo Peeta.

Mis sentimientos por ella no son al cien por cien como antes. A pesar de que mi memoria está mejor que antes, los sentimientos no se pueden recordar con solo imágenes, sino con lo que provocan en nosotros. Y sé que he perdido algo y que no lo he recuperado.

No sé si la quiero, no sé qué tipo de sentimientos debo de tener.

Solo tengo este sentimiento de excitación que me recorre el cuerpo cada vez que la veo, y que sé que después de esto mi deseo por ella irá en aumento.

No, no creo que merezca la pena intentar llegar a una respuesta.

Al menos, no ahora.

[]

Cuando me levanto, Katniss no está.

Me incorporo de sopetón. Mi primer pensamiento es "me odia y ha huido". Toco el lado de la cama donde ha dormido: aún está caliente. Debe de haberse ido hace mucho. Busco mis pantalones por el suelo y me los pongo rápidamente. Bajo las escaleras, no oigo ruidos ni en el salón ni en la cocina. Abro cada una de las puertas que tengo cerca.

Pego mi frente al marco de la puerta que he abierto. ¿Y si ella no sabía lo que hacía y yo…?

—¿Peeta? —Me pregunta Katniss a mi espalda—. ¿Te encuentras mal?

Me giro y tengo a Katniss detrás de mí. Tiene la ropa puesta y una caja en las manos. Respiro de alivio.

—Es que… no sabía dónde estabas —contesto soltando un suspiro de alivio.

—Me he levantado hace nada, tenía que recoger unas medicinas que me mandó el doctor Aurelius —dice mostrándome la caja. Sus palabras no suenan tranquilas y de hecho ni me mira.

—Aun así, es muy pronto —digo mirando la hora en el reloj de la pared.

—He dormido casi un día entero —es verdad, tiene el sueño muy alterado. El otro día, en el sofá, eran las seis de la mañana y se levantó por la tarde, y el resto de días más de lo mismo.

—Me podrías haber despertado y te hubiera acompañado —contesto un poco molesto, la cabeza me duele un poco por haberme levantado con tanta ímpetu.

—Quería ir a primera hora —responde, y parece pensar mucho en lo que va a decir—. Tengo pensado ir a cazar.

—Ah… —suelto, porque no sé qué más decir. Me ha dejado un poco descolocado. Digo lo primero que se me ocurre—. ¿Hago el desayuno?

Ella asiente con la cabeza y pasa por mi lado para subir al piso de arriba. Voy a la cocina a paso lento y empiezo a sacar los utensilios para hacer el desayuno.

—Estúpido… —Me pego mentalmente. Hemos hecho lo que hemos hecho sin hablar nada.. No hablé, no pregunté, no me preocupé de si lo hacía porque estaba sensible. Ahora siento que me aproveché de ella cuando quizá debí haberla parado.

Pero lo admito, me gustó y mentiría si dijera que no quiero repetirlo.

Katniss baja mientras termino de freír el tocino. Lleva puesta la ropa de ir a cazar, la trenza bien peinada y el carcaj con flechas a la espalda. Hace tanto tiempo que no la veo así que me quedo maravillado. Incluso su expresión es diferente, no está tan pálida, no tiene cara de estar cansada, no parece triste.

Katniss deja su plato en el fregadero y luego me ayuda a recoger la mesa. Antes de irse, me habla:

—¿Continuamos con el libro esta tarde?

Su voz es tan normal y decidida que casi se me cae un plato mientras friego. No se parece en nada a la vocecilla triste y pesarosa de estos días.

—Claro, ¿te espero para comer? —pregunto esperanzado. Ella asiente con la cabeza y se va.

Me quedo mirando fijamente la puerta de la cocina. El grifo sigue abierto pero yo no hago nada hasta que oigo el sonido de la puerta principal cerrándose. Buttercup me saca de mi ensimismamiento rondándome los pies. Le pongo en el cuenco lo que ha sobrado del desayuno y algo de leche que se me acaba derramando debido al tembleque de mis manos.

Agotado y rendido, decido tirarme en el sofá. Me paso la mano por la frente y me echo el pelo hacia atrás mientras dejo mi mente en blanco unos segundos. Me pongo de lado, los cojines huelen a ella. Por mi cabeza pasan un sinfín de imágenes de Katniss acostada conmigo sobre ella. Observo la mano con la que la toqué ayer. Aún no me creo que me dejara hacerlo. A pesar de que no hace ni dos años que la conozco oficialmente, sé que es reacia al contacto físico y en los meses que llevo aquí en el Distrito se ha vuelto más reacia aún.

Cuanto más me quedo en el sofá, más pienso en ella y en lo que pasamos en él. No puedo evitarlo, me observo los dedos con los que la toqué. Niego con la cabeza, quedarme aquí esperándola no hará que ella vuelva antes, lo único que puedo hacer para que las horas pasen más rápido es irme a la Plaza. Thom me estará esperando seguramente. Subo a mi habitación para darme una ducha rápida y cambiarme de ropa.

Al entrar reparo en mi cama deshecha. Me siento y acaricio la zona por la que Katniss estuvo a noche. Entonces mis dedos alcanzan una pequeña mota rosácea. Al principio no soy capaz de entender qué es, luego me doy cuenta. Perdió la virginidad en esta cama.

A pesar de todo, algo dentro de mí se alegra. Katniss era virgen. Siempre me he preguntado hasta qué punto llegó su relación con Gale. Eran tan cercanos y él era tan popular entre las chicas que la idea de que Katniss hubiera intimado con él me resultaba comprensible aunque punzante. Pero no. Dejó que fuera yo quien estuviera dentro de ella. Cuando recuerdo esa zona abrasadora se me eriza el vello y siento la dureza entre mis piernas.

Respiro profundamente. Todo me recuerda a ella. Cambio las sábanas por unas limpias y meto las sucias en la lavadora.

Intento distraerme para no pensar en lo de anoche pero es inútil. Al igual que en la cocina, no me centro en lo que hago. Mi mente divaga y mis oídos rememoran los gemidos de Katniss. Se me caen los ladrillos, tiemblo mientras pongo el cemento, doblo los clavos con el martillo, se me rompen las bolsas de tierra. Thom me pregunta si estoy enfermo porque me ve pálido y distraído. Lo único que se me ocurre decirle es que he pasado una mala noche.

Una parte de mi me dice que le pida perdón, la otra me pide que no sea tan falso.

[]

—Hola, ¿cómo te ha ido? —Hago lo que puedo para no tartamudear pero la visión de ella de cazadora, con el pelo revuelto, hojas y ramas por la ropa y las botas manchadas de tierra, me paraliza. Irradia esa valentía y temeridad que siempre me ha atraído de ella.

—Bien. Aún me acuerdo de cazar, por lo visto —bromea mientras se saca una hoja del hombro. Deja la bolsa con lo que me parecen un par de ardillas muertas en la encimera—. En verano siempre es más fácil.

No logro seguir la conversación porque ella se excusa rápidamente para ir a la ducha y ponerse ropa limpia. Mientras pongo la mesa y le doy de comer a Buttercup, aúno todas las fuerzas que tengo para no pensar en Katniss duchándose.

Esto va a acabar conmigo.

Sí, definitivamente va a acabar. Verla comer ha dejado de ser inocente y normal para mí, hasta la manera que tiene de masticar me parece seductora. La observo tanto tiempo que me olvido de mi propio plato. La comida transcurre tranquilamente, ¿querrá hablar de lo de anoche? No lo parece.

No luce incómoda. De hecho, la veo mucho más tranquila de lo que estoy acostumbrado.

Mientras termino de fregar, oigo a Katniss en el salón preparando las cosas para seguir con el libro. En estos minutos que tengo para mí, intento mentalizarme. Me preparo para pasar el resto de la tarde con ella sin hacer el ridículo. Pongo el último plato en el escurridor, me seco las manos y voy a lavarme los dientes.

Cruzo el salón y me encuentro con ella. Está sentada en el sofá viendo unos dibujos míos de plantas. Me mira y me sonríe. Es una sonrisa pequeña que hace tiempo que no veo pero suficiente para paralizarme y hacer que el vello de mi cuerpo se erice. Intento que nuestra distancia sea prudencial pero da igual donde esté, su calor corporal me llega.

Llevo exactamente media hora con la misma línea. Intento disimularlo poniendo dibujos ya terminados alrededor. Los ojos se me van, la observo mientras escribe. Me doy cuentan de que un mechón de pelo se le ha escapado de la trenza y tengo que luchar para no ponérselo detrás de la oreja. Sus labios están entreabiertos, sus ojos tienen un poco más brillo de lo normal. Esos ojos grises que siempre han conseguido atraparme sin escapatoria. La luz del salón hace que su piel aceitunada brille allá donde no tiene cicatrices. Eso hace que recuerde cuando me pidió que cerrara las cortinas.

No me dejó verla desnuda completamente, pero sí tocarla. Aun así no es suficiente, quiero verla y deleitarme. Sé que lo haré porque sus cicatrices no la afean, le dan un aspecto más valiente y fuerte de lo que ya es. Pero eso ella no lo sabe.

—¿Peeta?

Su voz me saca de mi ensoñación, me ha pillado de pleno.

—Katniss.

—Dime.

—¿Te... te hice daño?

Una pregunta que va directa al grano. Es evidente que no se la esperaba, yo tampoco esperaba que saliera tan rápido de mi boca. Se pone roja y aparta la mirada pero no parece molesta.

—No realmente. Al principio sí, pero luego… bueno… fuiste… ya sabes —la veo lidiar con una maraña de palabras. Sé que odia que la pongan en este tipo de situaciones en las que tiene que expresarse—. Fuiste muy bueno.

Quiero hacerle las millones de preguntas que llevo dentro. Como ya he soltado una, las demás están esperando su turno. Sin embargo ella se enfrasca otra vez en el libro, cosa que me vuelve a paralizar. Me he prometido no agobiarla y callarme, no puedo faltar a mi propia promesa el mismo día en que la hago. Las siguientes horas de la tarde son más tranquilas. Hace mucho calor así que preparo té con hielo y añado unas galletas. Katniss vuelve a regalarme una de sus pequeñas sonrisas cuando le doy la taza y yo hago lo que puedo para no temblar.

Mientras hacemos nuestro descanso busco algún tema del que hablar pero no encuentro ninguno. La espío por el rabillo del ojo y la pillo mirando con atención uno de mis dibujos de Prim y Lady. Busco en su expresión cariño o tristeza, pero no es eso lo que encuentro. No encuentro nada.

—¿Te gusta? —Le pregunto en un susurro cuidando mis palabras, yo nunca menciono a su hermana.

—Es precioso —contesta sin apartar su mirada del dibujo.

Sin previo aviso coloca su mano encima de la mía en busca de apoyo y yo se la aprieto con fuerza. Una pequeña lágrima rueda por su mejilla a pesar de que ella sigue inexpresiva. Por un momento pienso que va a sufrir otro ataque de histeria pero sigue impasible. Verla en este estado, ante una imagen de su hermana, es extraño. Cómo no sé muy bien qué hacer, me acerco más a ella y la abrazo por los hombros, su cabeza descansa en mi pecho pero ella no me devuelve el abrazo. Simplemente sigue mirando el dibujo.

Justo cuando empiezo a pensar si esto ha sido una buena idea, noto una ligera presión en mi cuello. Un cosquilleo me recorre el cuerpo de la cabeza a los pies. Habrá sido un accidente cuando ha levantado la cabeza. Empieza a abrazarme, su pecho colisiona con el mío y, a pesar de la ropa, estos simples roces me provocan un intenso calor en todo mi ser. No para, acaricia mi cuello con sus labios. Al principio es sólo un roce, pero a medida que mi respiración se descompasa las caricias se convierten en besos.

Creo que voy a incendiarme en este momento.

—Katniss… —la llamo suavemente, quiero preguntarle si está bien pero cierro los ojos y disfruto.

Me besa y mi cuerpo se consume en fuego.

Me dejo llevar a medida que crece la intensidad del beso. Por un segundo pienso en detenerme, está triste y sensible.

Pero al final cedo.

Nuestro beso se vuelve salvaje, desesperado y con sabor a lágrimas. Como ya he admitido esta mañana, no puedo negarme a nada de lo que me pida. ¿Por qué? ¿Por deseo? ¿Por el antiguo Peeta? ¿Es una mezcla de todo? Me abraza con fuerza, como si temiera que fuera a desvanecerme sin dejar rastro. Meto mis manos por debajo de su camiseta y le acaricio la piel.

De repente Katniss avanza y se sienta encima de mí a horcajadas. El deseo quema toda la cordura que me queda. Todo se vuelve borroso cuando nuestras zonas íntimas se tocan. Estoy perdido. Me desea y eso provoca extrañas sensaciones dentro de mí. Sensaciones instintivas y animales. Intento poner mis pensamientos en orden pero mi cerebro se niega a colaborar.

Nuestras lenguas siguen peleando. Me separo y ahora soy yo el que agrede su cuello con mis labios. Me deleito con los sonidos que salen de su boca.

Le gusta, y a mí más.

Mis manos, que aún siguen debajo de su camiseta dan grandes caricias a su pequeña espalda. Puedo sentir la textura de sus cicatrices. Parece incomodarla porque se aparta bruscamente.

—No —suplico en un susurro e impido que se aleje. Antes de que haga nada, la atraigo hacia mí y vuelvo a pasar mis manos por su piel desigual, dejándole claro que me gusta, que me vuelve loco. Ella se queda quieta y prácticamente la obligo a quedarse entre mis labios, le muerdo el cuello pero ella parece haberse enfriado.

No, no quiero que se detenga.

Con el único pensamiento en mi cabeza de que quiero impedir que paremos, le doy un besito en los labios y la aparto un poco. Me quito la camiseta, le cojo la mano y la paso por mi estómago, donde también reposan mis cicatrices. Especialmente ahí tengo una de las más grandes. Coloco mi cabeza en su cuello. Ella está inmóvil, todavía sintiendo mi estómago. Sigue sin reaccionar y como último intento junto nuestros labios, aunque esta vez con más lentitud. Parece que mis intentos surten efecto porque me rodea el cuello de nuevo para luego morderme el labio inferior.

Consigue liberarse de mi agarre para quitarse la camiseta. Mis ojos se abren de par en par extasiados y más aún cuando se quita el sujetador. Pero no para ahí, se levanta, cuando veo su pantalón caer seguido de su braguitas mis venas se quedan sin sangre. De hecho parece que toda se ha concentrado en el mismo lugar.

Ahora el que se queda inmóvil soy yo porque la noche anterior no me dejó verla desnuda y ahora me lo permite.

—Quiero estar dentro de ti.

Me mira como si mintiera. El calor del momento me impide que me avergüence de la verdad que acabo de decir. Tampoco es que tenga mucha oportunidad porque me vuelve a besar. Ella abre más la boca y me dejo la piel quitándole cada respiración.

Luego las cosas van muy rápido. La cojo, la acuesto en el sofá y me quito mis pantalones y la ropa interior a la vez. Me pongo encima de ella. Le doy besos mientras le acaricio el pelo, le vuelvo a tocar el cuello con mis dientes. Me abraza la cintura con las piernas. Me posiciono entre sus piernas…

Y me pierdo.

Gime en mi oído volviéndome más loco de lo que estoy. Me abraza con fuerza. Es nuestra segunda vez y tengo que ser consciente, aunque sólo sea un poco, de que todavía puede dolerle, así que junto todas mis fuerzas mentales para contenerme.

Mientras la oigo gemir más y más, mientras salgo y vuelvo a entrar, mientras mi mente se vuelve más borrosa, mientras agarro con fuerza el respaldo del sofá, me doy cuenta de que el sexo con Katniss Everdeen es una droga.


NOTAS DE LA AUTORA: Buenas a todos y todas, aquí tenéis otro capitulo más. La verdad es que cuanto más avanzo con esta historia más me doy cuenta de que me gustan más los POVS de Peeta, supongo que será porque es uno de mis personajes favoritos, suelo tener conversaciones con mi beta para profundizar mi conocimiento de los personajes sobre los que voy a escribir. Conversaciones en plan "¿Crees que haría esto?" ¿Qué opinas de que tal haga tal?" etc. Y recomiendo este tipo de conversaciones los que escribáis o queráis escribir, lo mejor para hacer un análisis de personaje es comentarlo con alguien con quién compartáis vuestra historia. Pues el caso es que, tocando este tema, pensé en que tanto Peeta como Katniss, estan aún muy rotos por dentro, y considero que su corazón tienen muchas heridas aún por sanar como para descubrir en seguida lo que sienten. ¿Vosotros que opináis?

Gracias por los reviews! Ahora me pondré a contestaros ^^.

Espero que este capítulo os haya gustado, dejadme un review si os ha gustado por fi, y si no también! xD

¡Cupcakes de chocolate blanco!