TODA LA VERDAD
Capítulo 9: Inapropiado
Hikari seguía a Mimi. Podían estar dibujando círculos con sus pies y jamás se hubiese enterado. Absorta en sus pensamientos, se imaginaba lo diferente que se presentaría esa noche de no haberse conocido nunca. Si sería ella, con la compañía de la soledad, capaz de enfrentarse al rostro de Takeru. Porque lo creía olvidado.
Quizás, en ese universo alterno donde no existían las conversaciones a media noche con Mimi. Tampoco las carcajadas nerviosas en los probadores o las reflexiones perdidas que nadie más se molestaba en escuchar. Pensaba en cómo sería todo. En quién sería. Si seguiría el camino de aquellos que, como Koushiro, preferían dejar de intentarlo. Volverse de piedra. De arcilla, no iba a ser fuerte. Moldeable. Sonrió, podía ser muchas cosas, pero jamás una piedra.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Mimi al percatarse de su sonrisa.
—Bobadas —respondió sonriendo más fuerte y secándose una lágrima de felicidad—. Solo que es curioso lo mucho que puede cambiar la vida. Es como si apenas tuviésemos poder en lo que ocurre, todo son casualidades tras otras y lo único que puedes hacer es adaptarte.
Mimi guardó silencio, parecía sentirse preocupada a pesar del tono optimista utilizado por su amiga.
—¿Ya no quieres cambiar el mundo? —preguntó Mimi.
—Todos esperan que te hagas mayor y elijas cambiar tú —reflexionó Hikari, pensando en lo absurdo y en lo innegable de su respuesta al mismo tiempo.
Era un sentimiento constante provocado por las numerosas veces en las que le recomendaban ser más egoísta. Las ansiosas miradas a su alrededor buscando a alguien que sintiera lo mismo, pero sin estar cansado aún. Lo que ella había sido en otro tiempo, cuando cerraba los ojos esperando abrirlos y sanar, que todos lo hicieran. Pero cada vez era más difícil encontrar gente sin arrugas en el alma.
—No creo que eso mejore nada —opinó Mimi con inocencia.
—No —confirmó Hikari con sequedad, creyendo que ya no necesitaba explicar más. Grabó aquellas palabras en su mente para, cuando llegase el momento, tener la contestación perfecta—. Siempre dicen lo que no puedes hacer y qué importa eso. De verdad, qué tontería. —Tragó saliva y siguió hablando, bajando el tono—. Lo que más me gustaba (y a la vez me ponía de los nervios) de Takeru era su idealismo. Siempre con sus sueños.
Mimi sonrió lo suficiente para indicar su disposición a seguir escuchando. Hikari continuó:
—Ningún problema le hacía esconderse o rendirse. Siempre buscaba el lado bueno, lo que podía salvar. A veces yo intuía que era mentira, pero él parecía tan convencido que me hacía dudar de si era realmente ingenuo o quizás demasiado maduro, si tal vez sabía cosas que yo desconocía. Tampoco era de piedra. Nunca temía llorar, solo quedarse sin lágrimas —dijo al tiempo que se estremeció con una sonrisa fantasma—. Demasiado bueno ¿no crees?
—Para ti no.
Hikari se rio.
—Ahora me recuerdas a Tai.
Observaron la cola formada para entrar al recinto, continuaba más allá de lo que la vista alcanzaba. Habían quedado con Jou hacia el final de la calle, el mismo final por el que apenas se podía transitar.
—Kari, no pienses más en él —pidió Mimi agarrándole las manos, como si se acabase de dar cuenta del error que había cometido al permitirle recordar. Un daño irreparable—. Hasta año nuevo sin hombres.
—Tranquila, hablo de eso porque ya es pasado.
—Conozco esa mirada.
Hikari se soltó y continuó con su paso preguntándose si realmente era tan trasparente o si se trataba de un truco.
—Créeme, es del todo inapropiado pensar que hay algo —remarcó asintiendo—. Hoy más que nunca.
Mimi abrazó a Hikari impulsivamente, como si con ese gesto tratase de transmitir fuerzas a su amiga. Se separaron cuando un chico de unos veintidós años apoyó una mano en su hombro.
—¡Jou! ¡Qué alegría verte! —reaccionó Mimi con excesiva efusividad.
Jou enrojeció y pareció dudar unos segundos, pero su sonrisa se fue formando hasta mostrar todos los dientes. Hikari comprobó que Jou seguía siendo tan cuidadoso con su higiene dental como antes.
—Tengo que pediros disculpas. Intenté ir, pero apenas pude hacer un hueco para estar hoy aquí.
—No pasa nada —le dijo con naturalidad Mimi. Intercambiaron miradas. Jou conservaba sus mismas gafas. Su peinado volvía a ser corto, lo que le hacía parecer un clon de su hermano y de su padre. Vestía los mismos colores de siempre, azul oscuro y blanco. Sin detalles, sin nada que expresase lo contrario a la formalidad. Jou inspiraba una oficina, con sus informes ordenados alfabéticamente y archivados por fecha—. No has cambiado nada.
Jou permaneció en silencio como si no supiera el modo de contestar al cumplido (por el alegre tono de Mimi, debía tratarse de un cumplido). Hikari comprobó que Jou, a pesar del paso de los años, seguía sin poder vencer su timidez con Mimi. Como si al verla se trasladase a sus tiernos doce y sus gafas ligeramente torcidas.
—Tú… —titubeó hasta que un chillido le interrumpió.
—¡Mimi! ¡No puedo creer que hayas vuelto! ¡Qué guapa estás!
Hikari observó cómo Miyako agarraba del brazo a Mimi. Las dos chicas encabezaron el paso hacia el final de la cola. Mimi se giró hacia atrás, indicándole con la cabeza que se uniese a ellas pero Hikari negó con una sonrisa. Ir junto a alguien que ignoraba su presencia no era un gran plan. Disimular y sonreír falsamente hasta provocarse heridas en la boca ante la amistad que no devolvió sus llamadas cuando más necesitaba su apoyo, era el menos apetecible de los planes. Intentar demostrar que ahora ella era la mejor amiga de Mimi, sabiendo los celos que podía provocar eso en Miyako, debido a su tan reconocida idolatría, era demasiado infantil. Sin duda era…
—Inapropiado —murmuró Hikari pensando en lo mucho que le gustaba esa palabra. Le atraía demasiado. Lo ilegal, inmoral, lo complicado…
—¿Perdón?
Hikari recordó lo poco recomendable que era hablar sola teniendo gente a su lado.
—Que al final no pude convencer a Tai.
Empezaba a sentir cansado el brazo derecho. Había sido un error ir tan abrigada, se lamentaba de no haber tenido en cuenta el calor de la gente. Aquello era una locura, Yamato todavía no había hecho aparición pero ni siquiera era capaz de oír sus propios pensamientos.
¿Qué se sentiría al escuchar a tantas personas gritar tu nombre, como pidiendo un pedazo de ti, sabiendo que recordarían esa noche como un símbolo de su juventud? ¿Qué esperaba toda esa gente sino detener el tiempo?
—Es alucinante esto. He visto chicas con el símbolo de la banda tatuado —gritó Hikari, a pesar de tener a Jou a escasos centímetros. El chico se inclinó para facilitar el entendimiento.
—Lo sé, Yamato ha tenido que reforzar la seguridad. Ya no solo los fans, también por los paparazzis. Es una persecución. El precio de la fama ¿eh? Yo desde luego no querría nada de esto.
—Supongo que te acabas acostumbrando.
Como si se tratase de un rayo, el escenario se iluminó por unos segundos, lo que provocó más gritos histéricos. Cuatro focos de luz señalaban a cada uno de los músicos excepto a Yamato, quien hizo su aparición minutos después, caminando al ritmo de los acordes desde el fondo. Hikari lo reconoció gracias a los chillidos del público.
Mimi, aún custodiada por Miyako, retrocedió unos pasos para hablar con Hikari.
—Me tiene un aire a Cobain —opinó y volvió a girarse.
Hikari alargó el cuello unos segundos. Había que admitir que el peinado era muy similar, la ropa parecía inspirada en el icono y hasta su expresión recordaba al músico.
—Curioso —murmuró.
—A Yamato le gusta —oyó y se giró bruscamente.
—Tk —expresó sorprendida denotando alegría.
—Eh… si.
Se hizo un silencio incómodo. No sabía qué decir, si debía decir algo o si quería hacerlo. De qué poco había valido el tiempo invertido en imaginar lo que sucedería. Hikari desvió la mirada con vergüenza mientras Tk saludaba al resto.
—Creo que quiere identificarse con él —le dijo colocándose a su lado.
—¿Qué? —preguntó despistada.
—Con Cobain. Escucha su música, lee sobre él, habla de él… Aquí hay chicos que quieren imitar a mi hermano, quieren ser como él y él admira a otro que supongo también tendría su propio ídolo.
Hikari observó la forma en la que Miyako miraba a Mimi y cantaba con ella.
—Quizás sea una necesidad.
—Apuesto que tú no tienes —dijo Takeru como si se tratara de un cumplido. Todo lo que se saliera de la normalidad lo era.
Hikari se encogió de hombros con modestia y también por dentro ¿Por qué se volvía a sentir así? Todo era culpa de Miyako, pensaba. Miyako, que se había apoderado de Mimi y sola no era más que arcilla.
—Él un día me dijo —contó Takeru mientras Hikari tensaba las piernas— que la gente se interesa por su vida, se identifica, para olvidar lo insignificantes que son sus vidas en realidad. Que cumple una función social. Sé que no suena muy modesto.
—No lo es, pero debe ser cierto.
Takeru sonrió pero pronto se vio interrumpido ese gesto.
—¿Te vienes a por bebida? —le preguntó tras darle un abrazo por la espalda la misma chica que Hikari había tenido la suerte de conocer en el baño.
—Está bien —dijo despidiéndose con la mano y desapareciendo entre la multitud. Hikari dejó de escuchar los gritos de la gente, la música se fue apagando por completo. Solo quería estar con alguien o no estar con tanta gente. Ni siquiera lo sabía.
—Voy al baño —le indicó a Jou. No quiso decir nada a Mimi. No podía odiar más a Miyako.
Una sonrisa, una conversación amable, no podía ser suficiente. No podía.
Dentro del lavabo algunas chicas se maquillaban, lo que le hizo recordar que ella llevaba maquillaje también. Había olvidado su coraza. Volvió a pintarse los labios. Se apoyó en la pared cansada, tenía un hilo saliendo de sus medias y tiró de él hasta que se rompieron. Hizo una mueca, así estaba mucho mejor. Salió, dio unos pocos pasos y se paró. No se veía nada bien en esa zona, por lo que se encontraba despejada de gente. Decidió quedarse un rato, una canción, se dijo. Sí, mucho mejor.
La canción era muy cañera. El tipo de sonido que Hikari evitaba, pero sintió que le gustaba.
Cambio, se repetía a sí misma hasta que se sintió estúpida por ello.
Una canción más, decidió abrazándose a sí misma.
—Me gustaría aprovechar este momento. Ya que estáis tan entregados y sois tan increíbles, para compartir con vosotros un tema inédito. Sí, espero que os guste ¡Vamos! Se llama "No hay final".
La frase le traía recuerdos a Hikari.
Empezaba con un sonido delicado pero iba aumentando la brusquedad, hasta volverse cruel, por primera vez se hizo el silencio. La gente quería escuchar bien la novedad.
Recuperé algunos rotos,
el collage de lo pasado ya
Los besos son toscos
cuando recuerdo el final
Recorres el camino,
no te vuelves atrás
Allí es más difícil respirar
aunque creía que nunca más
Dime cuánto debo esperar
No hay final
Sin final
Dime si no vienes jamás
a la reserva con vistas al mar
Dime cuánto debo esperar
Si no hay final
Dijiste no corras más,
y quedarme contigo,
componiendo canciones a cambio del cielo
Me pregunto si tienes los mismos sueños
(recuerdos nuestros)
Mientras los caminos nos alejan sin remedio
(nuestros recuerdos)
Dime cuánto debo esperar
Dime toda la verdad
Te presto mis mentiras
si no hay final
Yamato acabó el tema con un grito que desgarraba el alma. El resto de sentidos habían perdido su función, su música tenía un efecto hipnótico. Quizás era esa base musical, tan tormentosa, algo alejada de sus habituales rasgos pop-rock. Tan distorsionada como lo que debía quedar del Yamato que conocían.
—¿Estás bien?
Hikari se sobresaltó. Takeru la había vuelto a encontrar y, una vez más, desprevenida.
—Sí, sí, estaba escuchando lejos de los coros de la gente. Los odio.
—¿Te gusta?
—Sí, es muy psicodélica. Es increíble el sonido.
—Es para el nuevo álbum —explicó acortando la distancia—. Está experimentando un poco. Espera menos aceptación, pero a muchos les entusiasma y son fieles. Realmente es lo que importa.
—Es mejor hacer lo que quiere —opinó Hikari.
—Siempre lo hizo. La gente cambia.
Hikari asintió sin dirigirle la mirada.
—Te noto rara —confesó algo preocupado.
Hikari se sintió más cerca suya. Quería menos distancia aun.
—La verdad es que… es un momento extraño en mi vida este. Los años van más rápido de lo que les puedo seguir. Bueno, no sé por qué te digo esto, olvídalo.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó, como si se tratase de su mejor amigo o de un completo desconocido con el que no importase confesarse.
—Nada. Será… cosa del odio. Vete con tu chica, te estará esperando.
Takeru se rio como si fuese mayor que ella.
—Estoy donde quiero estar.
Sin mayor aviso que apartar el vaso de plástico para evitar derrames, la besó durante apenas un segundo. Ella retrocedió, aunque también era el lugar en el que quería estar. Ese y no otro.
—Lo siento —dijo él, dando la impresión de que buscaba borrar lo sucedido—. Creo que he bebido demasiado.
Hikari comprendió que al igual que Jou, acababan de experimentar un retroceso. Solo que adulterado con alcohol.
—Somos como desconocidos. No te recordaba bebiendo y yo me pinto los labios. Te he manchado y tu novia se encuentra a escasos metros.
Al momento pensó que era incapaz de dejar de ser tan analítica. No había cambiado en absoluto. Le hubiera hecho miles de preguntas pero no se sentía capaz de oír las respuestas.
—Dime sólo una cosa —pidió él buscando un último recurso—. Y si pudieras volver atrás… ¿no cambiarías todo? Volver a ser amigos.
Hikari se encogió de hombros, dando una impresión equivocada.
—Quizás sea cierto que nos alejamos sin remedio.
—Yo al menos no huyo. No lleva a ningún lado. Esperabas que fuera a por ti y yo esperaba que volvieras. Y no sé ni lo que digo.
—Lo siento.
Takeru asintió y se alejó de ella. A cada paso Hikari deseaba tenerlo más cerca, deseaba tantas cosas contradictorias entre sí que no hizo nada más que intentar mantener la postura hasta que el concierto finalizó.
—Yo tenía ganas de verle —confesó—. Y estoy realmente enfadada.
—¿Por qué sonríes entonces?
—¡Creo que estoy enamorada! —gritó feliz, desconociendo el dolor que podía causarle. Hikari le mandó hablar más bajo. Era tarde y no quería molestar a los vecinos ni despertar a Taichi.
—Pero si ni siquiera le ves desde que erais críos —señaló, creyendo que Mimi abusaba del término amor.
—¡Lo sé! —dijo Mimi nerviosa tapándose la cara—. Pero no dejo de pensar en él desde que fuimos a su casa, puede que antes de eso. Desde que me dijiste que no pareció importarle que yo viniese. Empecé a comerme la cabeza intentando descubrir los motivos ¿cómo podía pasar de mí? Y ahora creo que estoy un pelín obsesionada, igual es eso. Sí, no debe ser más que eso —reflexionó hiperactivamente— ¿Crees que significo algo para él?
—¡Quién sabe! Es todo tan raro... —comentó con ganas de dar por terminada la conversación.
—¿Estás molesta por lo de Miyako? —preguntó Mimi, al notar más tensión de lo normal en Hikari— Sé que estuvo feo, pero desapareciste sobre la tercera canción.
—Tranquila, la verdad es que me molestó un poco. Pero no estoy pensando en eso.
—¿Me lo vas a contar?
Hikari dudó. Si no lo contaba sería más fácil olvidarlo, hacer como si no hubiese pasado, convertirlo en otro de sus sueños. Pero por otro lado, le quemaba bajo la piel guardárselo. Así que decidió abrirse.
—Vaya —dijo tras pasar un tiempo en silencio, algo demasiado extraño tratándose de Mimi—. Creo que me serviré otra copa ¿Quieres?
Hikari asintió, aunque no le apetecía.
—No sé que ha pasado —dijo, seguía dándole vueltas—. Deseaba tanto esto y a la vez sabía que no podía ser. Ahora ya no sé nada, pero no funcionará. Solo tú me ves como soy en realidad.
Mimi se rio exageradamente. Hikari volvió a pedirle que hiciera menos ruido.
—Vamos, no seas tonta. Todos podemos tener secretillos.
Hikari suspiró, ojalá viese las cosas tan sencillas como Mimi.
—Es más que un secretillo. Es como estar fuera de lo aceptado. Y no hay muchas opciones, engañas o te aíslas ¿No te das cuenta?
Mimi agitó su vaso mirando fijamente el fondo. Luego a la televisión, la tenían puesta sin volumen, ya no recordaban por qué estaba encendida.
—Me dijiste que antes ibas con otra persona.
Hikari tragó saliva. También fijó la vista en la teletienda. Mimi sabía su vida a trozos y ya no le quedaban motivos por los que seguir ocultándose.
—Le conoces. Iba con Daisuke.
—¡Qué dices!
—Él sacó el tema, nunca se me hubiese pasado por la cabeza decírselo. Ni a él ni a nadie. Realmente, ya no me acuerdo cómo surgió. Eso nos unió más por un tiempo, a veces quedábamos solos y poníamos excusas al resto. Una vez el resto nos pillaron, y creo que ahí empezamos a distanciarnos porque… bueno, la confianza se deteriora.
—¡Pensarían que estabais liados!
—Ni idea, nunca me dijeron nada sobre eso. De todos modos, no fui mucho con él, al principio creí que ir en plan parejita sería una buena táctica, pero era un descarado y me ponía nerviosa. Le daba igual todo, demasiado imprudente. Creo que solo intentaba impresionarme. Pero imagínate a Takeru en su lugar ¿Qué crees que pensaría de mí?
Las dos lo sabían perfectamente. Y Mimi no quiso dar falsos ánimos.
—Dudo que lo aceptase, en eso tienes razón. Creo que Izzy tampoco lo vería bien, sería incapaz. Como mucho Miyako, a ella la veo.
Hikari se molestó ¿Por qué tenía que mencionarla?
—Quizás ella sí. Qué importa.
—Entonces, ¿crees que solo por eso Daisuke ya te conoce mejor que Takeru?
—Sé lo que intentas decir, que no es algo tan importante. Pero yo no quiero engañar… ni decepcionar.
—Siempre tratamos de mostrar lo mejor de nosotros mismos.
Hikari estuvo de acuerdo. Todo dependía de como te adaptases, de tu valía como actor. Pera ella quería algo de verdad o si no, no quería nada.
—No sé, yo no lo veo. La confianza lo es todo.
—¿Acaso preferirías de pareja a Daisuke solo porque le podías confiar eso?
—Era un buen amigo pero no llegué a sentir lo que se supone que hay que sentir. Quiero decir, la pasión es lo que separa a la amistad del romance ¿no? Por mucho que quieras a alguien, que estés a gusto, tiene que haber atracción. Y en la atracción influyen muchas cosas que son incontrolables.
Mimi sonrió y al poco tiempo le entró un ataque de risa.
—¿Y si fuese Daisuke el último hombre en la Tierra y, a pesar de poder escoger entre tantas mujeres, siguiera loco por ti?
Hikari negó con la cabeza. De ningún modo podía cambiar lo que sentía hacia él.
—Ni en ese caso.
—¿De verdad? —preguntó sorprendida Mimi—. No deja de ser el único hombre en la Tierra.
Cualquier otro día Hikari se hubiese reído de las ocurrencias de Mimi, pero estaba demasiado cansada.
—Pues no sé si después de mucho tiempo le empezaría a ver con otros ojos, pero es posible que antes me hiciese lesbiana. Claro, que es algo demasiado hipotéti…
Ocurrió tan de repente que apenas tuvo tiempo de respirar. Los labios que acababan de besarla se encontraban a escasos centímetros de ella. Formaron una sonrisa, indicando que había sido un gesto inocente, divertido, que no debía tomarse en cuenta. Los labios se volvieron a abrir, se acercaron una vez más, despacio, para acabar dejando escapar una carcajada descarada con la que voló lejos toda la tensión que habían producido apenas unos segundos atrás. No fue capaz de recordar la absurda conversación que lo desencadenó todo hasta pasados unos días.
—Tenías que haberte visto la cara —le dijo Mimi sin parar de reír.
Se sentía ridícula, era una amiga y tampoco era para tanto. Era algo normal, seguramente ni siquiera se trataba de la primera chica a la que Mimi besaba.
Del todo inapropiado.
Hola gente, el título de la canción por si alguien no lo ha pillado (que también ha pasado mucho tiempo desde que publiqué), está en parte relacionado con un capítulo anterior. Uno de hace miles de años en el que Hikari decía que para ella no había un final en la historia con Takeru.
La letra de la canción la inventé yo, sé que no es muy buena pero si le pones música molona no parece tan mala jaja
Había una persona que me dejó review allá por los primeros capítulos diciendo que le encantaba el fic y que estaba haciendo la pareja Mimi-Hikari muy realista. Yo le contesté que el fic no iba a ser propiamente yuri, que contendría algún elemento y jugaría con la tensión pero que yuri yuri no era. Y vuelvo a decir lo mismo.
Igual pensáis que me pasé un poco con Miyako. Yo no lo veo así, está con el punto de vista de Hikari, simplemente. A veces surgen problemas y nadie tiene la razón absoluta.
Bueno, espero que no me haya quedado mal el capítulo o que por lo menos no haya bajado el nivel, que eso queda bastante feo. Yo, la verdad, sigo sin tener opinión, así que me orientais bastante. Muchas gracias por seguir este fic.
