AMARGA VENGANZA
CAPÍTULO IX: Gemela
Hillary.
Luego de escuchar aquellas palabras dejo escapar un grito que mi mamá calla de inmediato:
-¡¿Qué rayos te pasa?! -Susurra-.
Cierro los ojos con fuerza y respondo:
-¿Mami? ¿Podrías abrazarme fuerte por favor?
-¿Ahora? Hillary, no es el momento adecuado para eso. ¡Abre los ojos y vamos!
-...Está bien. -digo, haciendo caso a su mandato-.
Al cabo de una caminata larga, igual de decente y con más prisa, llegamos al lugar: Hay una cantidad considerable de personas presentes (han de ser familiares y amigos de los padres, y de ella por supuesto). Sus padres están junto a la urna, llorando; no hay nadie de la escuela salvo el director y me llama la atención un grupo de jóvenes que desconozco por completo, que están al otro lado de la urna, pero alejados, cabizbajos mas no llorando.
Mamá se aproxima a dar las condolencias a los padres de Amaya primeramente, y luego voy yo. Aunque no me conocían demasiado, me abrazan fuertemente como si siempre lo hubiesen hecho y agradecen mucho nuestra asistencia.
Posteriormente mamá se acerca hacia el resto de las personas que lloran para dar sus condolencias, y conociéndola, seguro que también tratará de obtener más detalles sobre lo que pasó, o simplemente buscará una forma de socializar y conocer gente. Por mi parte, me coloco al lado de los padres de Amaya (que no han dejado de llorar en ningún momento), y hago lo mismo que ellos, mas sin ver a mi amiga. No soy capaz, no puedo, no tengo ganas, ni la fuerza emocional para verla allí dentro. Sólo lloro y recuerdo el poco, pero invaluable, tiempo que pasamos juntas y la amistad que sin darme cuenta forjé con ella. De repente, alguien llega y da las condolencias a los padres: «Es Ryo» -pienso-, «Su voz es desagradablemente inconfundible». Se acerca a mí y me abraza fuerte, y yo lo aparto. Él no dice nada y se va: Sabe perfectamente que no lo quiero cerca, y mucho menos en este momento. Continúo llorando un rato más hasta que corresponde cerrar el ataúd, y de repente la mamá de Amaya se levanta y comienza a gritar entre lágrimas y con la voz quebrada:
-¡Es culpa suya, desgraciados! ¡Por culpa suya mi única nena se ha ido! ¡No se los perdonaré jamás!
Por lo que puedo deducir, esas palabras (no muy cariñosas) estaban dirigidas al grupo de cabizbajos, que ha de estar conformado por los americanos amigos de Aaron, quien está en la cárcel. La urna se cierra, nos alejamos y comienzan ponerla en su sitio respectivo en donde descansará por el resto de la eternidad. Guardamos un minuto de silencio luego de que los hombres que trabajan en el cementerio terminan con su labor. Finalmente, los padres de Amaya, entre lágrimas pero más calmados, agradecen la asistencia de todos y luego se van a hablar con sus familiares cercanos, quienes se disponen a consolarles.
Yo me quedo parada junto a la tumba, contemplándola, pensando muchas cosas. Ryo se me acerca:
-¿Estás bien? ¿Necesitas algo...? -Susurra-.
-Necesito que te alejes, gracias.
-Umeko me pidió que te dijera que no pudo venir porque no consiguió Taxi.
-No me interesa, es mejor que no haya venido. Así no tengo que soportaros a ambos.
-Cuánto has cambiado.
-Ustedes tres, y todos los demás, me hicieron cambiar.
De repente el director me llama. Me acerco hacia él:
-Buenas, señor, ¿qué se le ofrece?
-Hillary, quiero hablar contigo seriamente sobre algo que me tiene un poco desconcertado.
-¿En serio? «Qué extraño...», ¿qué le preocupa?
-Han habido muertes recientemente, casualmente de alumnos de la escuela. Quería saber si sabías algo al respecto.
-La verdad es que no sé nada al respecto.
-No te hagas la estúpida. ¡Sé que tienes una Death Note! -Susurra-.
-¿De qué está hablando?
-Has podido ver a Fubuki. ¿No?
-¿Fubuki? ¿Quién es?
-Hillary, más te vale que me entregues el Death Note ahora, de lo contrario...
-¡No tengo nada que entregarle, porque no tengo nada! -Digo, alejándome de allí rápidamente-.
Ryo se preocupa, pero no me acerco a él para evadir sus preguntas. Voy directo hacia donde está mi mamá y le digo que nos vayamos de inmediato pues es una emergencia. Ella se despide de las personas con quienes hablaba y luego nos despedimos de los padres de Amaya rápidamente. Entonces nos montamos en el auto y ella arranca. Miro hacia atrás y puedo ver al Director en su auto junto con el Shinigami blanco que entró a mi habitación hace poco, ambos con maléficas sonrisas en el rostro. «¡Nos están siguiendo!», pienso, y luego le grito a mamá que acelere tanto como pueda.
Mamá se altera, le explico que nos están siguiendo y entiende, comenzamos a recorrer toda la ciudad seguidos por el loco del director. Remi me habla:
-Al parecer ya nos han descubierto, querida. ¿Tienes algún plan en mente?
-No realmente -Susurro de tal forma que sólo Remi puede oírme-.
-¿Has pensado en matar al director?
-¡¿Estás loca?!
-¡¿Qué rayos te pasa?! -Mamá grita y me da un bofetón, y luego sigue conduciendo- ¿Estás loca o qué, Hillary?
-Disculpa, estoy un poco mareada y estresada. Estar en el cementerio me afecta los nervios.
-¿Aún nos están siguiendo?
Miro el retrovisor, ya no están siguiéndonos. Le digo a mamá que puede tranquilizarse y reducir la velocidad. Ella se dirige a una estación de gasolina y llena el tanque del auto, pues se ha ido casi todo en la persecución que me ha acelerado los latidos del corazón. Remi me habla mientras mi madre no está en el auto:
-Eso ha sido muy divertido, ¿eh?
-¡¿Estás loca?! Estoy casi cien por ciento segura de que querían matarnos, y eso de divertido no tiene nada.
-Ése ha de ser el humano con la Death de Blanice.
-Aun no entiendo, Si no he tocado la Death note del director, ¿cómo he sido capaz de ver a su Shinigami?
-Los Shinigami con mucho poder son capaces de adoptar formas. Blanice es poderosa, y por tanto puede adoptar la forma de un gato y puedes verla por la misma razón.
-Quieren quitarnos tu Death Note...
-Probablemente para quemarla. Si la queman, volveré al mundo Shinigami sin energías.
-No lo permitiré, Remi.
-Yo tampoco. Lo que no me explico es, ¿por qué no escribió tu nombre y se quedó con mi Death Note de una vez?
-Tal vez quiera algo más que sólo el cuaderno. La pregunta es, ¿qué?
El resto de la noche estuve pensando en el incidente con el director hasta que concilié el sueño. Aquella noche tuve una pesadilla, una de las peores que he tenido, de hecho. Estaba en una especie de templo, encerrada, y podía escuchar el aterrador sonido de un órgano siendo tocado, pero no podía ver quién lo tocaba ni en dónde se encontraba dicho instrumento. Se me puso la piel de gallina cuando se encendieron una serie de velas que apartaron parte de la oscuridad. Las velas me rodeaban y no me dejaban ir a ningún lado, tampoco iluminaban fuera del círculo (formado por dichos objetos) en el que me encontraba. Sólo podía verme a mí misma con una especie de bata blanca, parada sobre una alfombra roja. La música no se detenía, y me sentía atrapada y vigilada. Podía escuchar una voz, la misma que escuché en el cementerio, de ultratumba, grave, que congelaba mi ser con sólo escucharla y que sólo me hacía pensar en el día de mi muerte:
-No descansaré hasta que me alimentes, con tu sangre, o con la de otros. No descansaré.
-¡¿Quién eres?! -Pregunté, desesperada-.
-No debes dejar que el falso cariño se camufle y te engañe con su disfraz de sinceridad. ¡Nadie te quiere! ¡Debes acabarlos, a todos ellos! Y así me saciarás, y te dejaré en paz.
-¿De qué hablas? ¡Déjame ir! -Comienzo a tratar de tumbar las velas que me rodean para huir, pero es imposible, están calientes como el sol, y fijas al suelo como barrotes. Estoy completamente aislada, atrapada, y justo enfrente de mí aparece una figura cabizbaja, las velas se apagan y puedo ver unos ojos rojos frente a mí, mirándome fijamente. Algo sostiene mi cara y me hace ver fijamente a los ojos rojos que ahora iluminan la habitación, la melodía siniestra del órgano se hace más fuerte y la voz concluye:
-Tú saciarás mi sed.
Despierto con el corazón a punto de salirse de mi pecho y la respiración agitada. Creo que incluso mi temperatura es más fría de lo regular. ¿Acaso estaba muriendo?, No, fue sólo un espantoso sueño del que pude escapar ilesa. El reloj, la hora: 03:10 am. Cada vez que me despierto de un sueño preocupante la hora aumenta. ¿Qué significará? ¿Será casualidad o tendrá algo que ver con la Death Note, o con el sueño que tuve? ¿Quién era esa sombra? Las preguntas son tantas que me siento mareada, y comienzo a toser, tengo ganas de vomitar pero intento controlarme. Respiro profundamente y tomo mi diario, me coloco bajo las sábanas y con mi teléfono comienzo a iluminar mientras escribo tanto mi pesadilla como mis comentarios sobre la misma. Cuando comienzo a bostezar, pongo todo en su sitio y me dispongo a dormir nuevamente. Tuve otro sueño, menos preocupante, en el que tenía una hermana gemela, no hablaba, pero se veía relativamente seria. Sólo recuerdo que me dio un abrazo fuerte, no estoy segura si de saludo, reencuentro o despedida, y luego de ello sonó la alarma, que se me olvidó desactivar ayer. La escuela ha declarado duelo por la muerte de Amaya, y no tendremos clases hasta el Jueves, hoy es Martes. Le doy a Remi un cálido buenos días y ella hace lo mismo. Bajo para desayunar y luego mis padres se fueron a trabajar, dejándome sola, con Remi, en casa. El resto del día no hice nada salvo ver la televisión. Vi una novela muy patética, luego vi algunos videos musicales (entre ellos uno de la banda de chicos emo que detesto, One Deception) y finalmente tomé una siesta hasta la tarde. Se me olvidó almorzar, pero por alguna razón no sentía hambre, pues todo el día me sentí extrañamente diferente.
Estaba a punto de encender la televisión por segunda vez cuando Ryo me mandó un mensaje de texto. Sentí una extraña efervescencia en el pecho cargada de ira (más de la normal) cuando leí su nombre. Luego de que me calmé un poco, leí el mensaje:
"¡Hola! Espero que estés bien...Sé que estoy siendo un poco molesto al respecto pero quería saber si podrías venir a mi casa hoy a pasar el rato. Claro, si es que no estás ocupada, y si es que quieres. En caso de que no pues, lamento haberte molestado. Es en una hora...".
Iba a decirle que estaba ocupada, «Ocupadísima...», pero entonces en mi cabeza pude escuchar una voz que repetía desesperadamente: "¡Debes saciar mi sed!, ¡Debes saciar mi sed!", y entonces le envié un mensaje aceptando la invitación, casi inconscientemente, como si otra persona controlara mis manos y dedos y me hizo escribir eso. Como no podía retractarme, tomé una ducha y me cambié de ropa. Bajé las escaleras y fui hacia donde estaban las llaves. Me llamó la atención ver la Death note allí. La tomé y mientras la tenía en una mano, pude notar que había una llamativa pluma color Rubí encima de la mesa en donde estaba el cuaderno. «Se ve cara, y muy bonita...», y luego escucho la misma voz nuevamente: "¡Debes saciar mi sed!, ¡Debes vengarte! ¡Hazle pagar!".
Remi.
Silenciosamente me coloqué al lado de Hillary cuando ella estaba contemplando el Death Note. Por su mirada, puedo deducir que estaba pensando o recordando algo. Repentinamente deja salir una especie de gemido débil y coloca su mano en la cabeza mientras frunce el ceño de dolor. Entonces comienzo a sentir una inusual presencia maligna, extraña. Me preocupa Hillary, así que miro en todas las direcciones posibles pero no hay nada ni nadie cerca. Al volver a centrar mi atención en la chica, para mi sorpresa, ésta se encontraba escribiendo rápidamente la causa de muerte de alguna pobre víctima con el bolígrafo que estaba en la mesa. Tenía una sonrisa extraña en la cara, que irradiaba una mezcla de ira, maldad, y locura. Entonces la toqué justo antes de que pudiera escribir el nombre de la víctima:
-Hillary...
-¡AAAAAAAAH!
-¡No grites! Calma, soy yo, Remi. Sentí una extraña presencia y creo que provenía de ti.
-¿De mí, dices? Pero...-Frunce el ceño y coloca su mano en la cabeza nuevamente-.
-¿Te duele la cabeza?
-Estoy bien...creo. ¿Por qué tengo este lapicero en la mano? ¡¿Y quién rayos escribió este testamento en la Death Note?!
-Fuiste tú, ¿no puedes recordarlo?
-Creo que no -Dice, colocando el bolígrafo en donde estaba y luego respirando profundamente mientras se sentaba en un sofá con el Death Note-.
Luego, se dispuso a leer lo escrito en la hoja del cuaderno. Me preocupa lo que le ocurrió. ¿Acaso estará poseída o algo similar? Sacudo la cabeza y despejo esos pensamientos, para luego sonreír nuevamente como de costumbre.
-Esto sí que es raro -Dice ella-.
-Hillary...
-¿Sí?
Estaba a punto de preguntarle una serie de cosas para determinar si ella era ella, o no. Pero luego decidí no hacerlo:
-¿Qué no tienes que ir a casa de Ryo? ¡Vas a llegar tarde! ¡Vamos, pira, yo te acompaño! -digo, dándole empujones para que salga de la sala de estar y se dirija hacia la puerta de entrada-.
-¡Vale, Vale, no me empujes!
Caminamos unas cuantas cuadras y llegamos a nuestro destino: La casa del ex de la portadora de mi Death Note.
Hillary.
Al llegar, toco el timbre. Ryo me recibe sorprendido y luego se alegra. Me invita a pasar. No hay más nadie, sólo él y yo en su casa.
-Muchas gracias por venir, Hillary. En serio me alegra mucho que después de tanto tiempo estés de nuevo en mi hogar.
-¿No van a venir tus amigos?
-Decidí no invitarlos porque creo que tenemos...Cosas que conversar y aclarar.
-Ryo, te lo diré directamente y en tu cara: No me gustas, No quiero tener nada contigo, Te odio y no te perdonaré por el dolor que me causaste. No soy el tipo de persona que da segundas oportunidades luego de que me hagan algo de una magnitud tan grande como esta.
-A ver, primero que nada, quiero pedirte disculpas porque sé que lo que hice fue incorrecto, sé que creerle a las palabras de otra persona antes que a la de mi novia está mal, en especial si están hablando de mi novia. Y sé que estuvo aún peor que tuviera una relación sentimental con Umeko poco después, también te pido disculpas por ello. Pero tienes que saber que...
-¿Que qué? ¿Que eres un hombre? ¿Que no eres feliz si no tienes una mujer a tu lado, aguantando tus estupideces? ¿Que sólo te interesa el sexo? ¿Que eres machista? ¿Que quieres mi amistad y mi perdón? Te haré una sola pregunta al respecto, ¿Qué tan estúpida crees que soy?
-Por algo eres una de las mejores de la clase, ¿eh?
-No por nada me gano mis calificaciones.
-Hillary, yo te pido mis más sinceras disculpas -se arrodilla-, lo que hice fue un error.
-Arrodillarte no bastará para que te disculpe. «Nada bastará».
-¿Y qué puedo hacer entonces? ¿Eh? -Se acerca a mí lentamente, y luego rápidamente me toca un seno y lo aprieta-.
Inmediatamente le di un puñetazo en la boca con toda la ira y odio que tengo acumulados por dentro. Debo reconocerlo, sí, me gustó que me tocara, pero la verdad es que haberlo golpeado con tal dureza se me hizo muchísimo más placentero. Se cayó debido a la fuerza que usé para golpearlo, «Además de que seguro esperaría otra reacción de mi parte», Él se levanta lentamente, con la mano cubriéndose la boca; yo no puedo evitar reírme porque al fin fui capaz de causarle una parte del dolor que me causó a mí. Entonces escucho aquella voz: «No es suficiente, Hillary, debes escribir su nombre, debes hacerlo». Y luego, la ira y el odio que tenía acumulados hacia él se intensificaron tanto que no pude contenerme, tomé la Death Note y escribí su nombre en el espacio en blanco que había dejado en el escrito. Por alguna razón, sentí como si otra persona me hizo hacerlo, como si otra persona fue quien escribió su nombre, usándome como instrumento. Pero, al mismo tiempo, sentí placer porque al fin tendría lo que se merecería. El odio me consumía, y estaba muy contenta de lo que había hecho, lo cual no es natural en mí, pero así era como me sentía:
-¿Sabes qué? ¡No vales la pena, Hillary! No vales ni mi tiempo, ni mis disculpas, ni mis suplicas, ni mi atención. Debo agradecerle a Umeko pues gracias a ella me alejé de ti. ¡Eres una estúpida! Iré a agradecerle a Umeko justo ahora -Dijo Ryo, con la mano ensangrentada y teniendo aún un poco de sangre en la boca. Abrió la puerta con fuerza y la dejó abierta. Comenzó a correr sin mirar a los lados-.
-Yo te recomendaría que no...-Dije, pero no pude terminar la frase pues un camión que venía a toda velocidad ya lo había atropellado y dejado tirado en la calle, muerto-.
-¡Vaya...! Pobre chico. Lo has hecho otra vez, Hillary -Dice Remi, con una mezcla de lástima y risa-, ¿Cómo te sientes ahora?
-Me siento... ¡Me siento demasiado bien! -Digo, y luego comienzo a reírme, complacida, ¡Feliz! Feliz como no me había sentido jamás. Y entonces me di cuenta de que aquella voz perturbadora se había quedado callada, seguramente está complacida también-.
Finalmente, en compañía de Remi, me levanté del sofá sobre el que estaba sentada discutiendo con Ryo hace unos instantes. Y con toda dignidad y felicidad caminé tranquilamente hacia mi casa, no sin antes contemplar su cadáver con una sonrisa en el rostro...
