Disclaimer

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi autoría.

Capítulo beteado por Mirem Sandoval, Betas FFAD

www. facebook. groups /betasffaddiction/

Como siempre gracias a mi Beta por aguantarme y ayudarme siempre Mirem ¡te adoro!, a mi pequeña hermanita Andrea A. Lavayen, gracias por todo, y a las betas que me ayudan apoyando y recomendando mi historia muchísimas gracias: Jo, Miry, Sharon, Sachita, Martina, Emmaly Swan, gracias hermosas.

A todas las que siguen el fic, no sé como agradecerles por todo el apoyo y cariño, como siempre GRACIAS por tomarse tiempo y leer la historia, dejar sus reviews o simplemente leerla. ¡GRACIAS!

No sé si esto es 100% necesario, pero de todos modos lo hago. Este capítulo tiene contenido sexual asi que si eres menor de edad lo lees bajo tu propio riesgo.. bla, bla, bla. xD

¡Espero que les guste el capitulo!

Capítulo 9

— ¿Nos vamos? — Edward me preguntó, rompiendo el silencio.

Lo miré y asentí, luego volteé hacia Seth, él era tan dulce, odiaba lastimarlo.

— ¿Nos vemos pronto? —pregunté, tratando de ser cortés.

Él asintió sonriendo.

—Nos vemos pronto —me dijo, tomó mi mano y depositó un beso en ella.

Vi como la expresión de Edward se iba endureciendo. Me gustaba pensar que estaba celoso; celoso porque sentía algo por mí.

—Edward. —Se despidió Seth con tono desafiante.

—Hasta pronto —respondió Edward.

Una vez que estuvimos solos, él se veía más relajado.

— ¿Dónde vamos? —pregunté emocionada.

Él me devolvió una linda sonrisa.

—Ese es un secreto —respondió, tomando mi mano.

—Mmm… me gustan las sorpresas —le dije.

Él empezó a reír.

—Entonces ven —me dijo, mientras salíamos del edificio. Pensaba encontrarme con su gran moto negra pero en su lugar, encontré un hermoso Camaro negro esperándonos.

Aún tomados de la mano, me llevó hasta la puerta del pasajero. Desde que me encontró hablando con Seth, no me había soltado, hasta el momento en que me abrió la puerta del auto para que subiera al coche.

Una vez que estuvo dentro del auto, arrancó y me miró con dulzura.

— ¿Estas lista? —me preguntó mientras tomaba mi mano y depositaba un dulce beso.

Sentí como la sangre iba huyendo a mis mejillas, estaba agradecida de que estuviera oscuro así, él no me vería.

—Lista —respondí emocionada.

— ¿Cómo estuvo tu día? —Se veía realmente interesado por saber.

—Mmm… mi día, bastante bien —le respondí—. ¿Qué me dices del tuyo?

—Bueno, estoy poniéndome al día para empezar a trabajar —comentó.

Lo miré sorprendida.

— ¿Trabajaras en Cullen Creative Business? —quise saber, un poco alarmada.

Él rió ante mi reacción.

—Volveré a trabajar —explicó—. Dejé el trabajo hace un año para irme de viaje, ya te lo había mencionado, ¿recuerdas? —me preguntó.

Había mencionado algo la última vez que nos habíamos visto, pero en ese entonces, no sabía quién era él exactamente.

—Sí, lo recuerdo —susurré.

— ¿Te molesta? —me preguntó algo confundido.

Negué con la cabeza.

— ¿Eso quiere decir que serás algo así como mi jefe? —seguí con el interrogatorio.

Él rió con fuerza.

—No Bella, ayudaré a mi papá con algunos papeles, pero seré el fotógrafo. Es lo que en verdad me gusta. Nada de trajes formales, ni estar detrás de escritorios.

Le devolví la sonrisa. Con él era tan fácil estar bien, hacía sentir que el mundo desaparecía junto con mis problemas y preocupaciones.

Nos quedamos conversando acerca de lo que habíamos hecho durante el resto de la semana. Él había estado en el mismo edificio que yo durante toda todos estos días, yo creía que solo había ido de visita por las veces que lo había visto, pero pensándolo bien, ahora tenía tanto sentido que también hubiera tenido un par de desagradables encuentros con Leah.

Cuando me di cuenta estábamos en el puente de Brooklyn, lo miré con curiosidad.

— ¿Dónde vamos? —le pregunté,

—Ya casi llegamos, mientras tanto, es un secreto —me dijo sonriente.

—Por favor —le pedí mientras hacia un puchero.

—Bella, no seas tramposa. —Me regañó mientras reía.

Entonces, intenté algo diferente para convencerlo. Me solté el cinturón de seguridad y me acerqué a él y depositando un beso en su mejilla.

— ¿Por favor? —volví a pedirle con ternura.

—Me encantan tus besos —dijo, haciéndome sonrojar—. Pero aún es una sorpresa.

Me senté y crucé los brazos como niña. Mi mejor cualidad no era la paciencia, pero aún así me encantaba, el hecho de que él quisiera sorprenderme y siempre buscaba la manera de hacerme sonreír.

—Si te digo que no faltan ni cinco minutos, ¿me regalarás una sonrisa? —me preguntó con ternura.

No hizo falta que dijera más para que una sonrisa se dibujara en mi rostro, volteé para intentar ocultarla.

—Tal vez —le respondí.

—Ya estamos acá —comentó mientras estacionaba el auto.

Era algo como una pequeña casa justo debajo del puente de Brooklyn y a la orilla del Río Hudson, tenía una vista espectacular hacia Manhattan. Me dejó sin palabras, era un lugar increíblemente hermoso. Edward salió del auto rodeándolo para abrirme la puerta, una vez fuera, volvió a tomar mi mano, era un lugar bellísimo.

—Wow… —Fue lo único que pude decir.

— ¿Te gusta? —inquierió.

—Es increíble…

—Ven, vamos a comer algo.

Fuimos directo a la puerta donde un mesero esperaba.

—Buenas noches, bienvenidos de River Café —nos saludó educadamente—. ¿Tienen reserva?

—Sí —respondió él—. A nombre de Edward Cullen.

—Señor Cullen, por acá por favor. —Nos guío hacia una mesa en una pequeña terraza, de hecho era la única mesa ahí, teníamos la vista hacia el río y Manhattan.

Edward apartó la silla para que me sentara y luego, él se sentó frente a mí.

—Te ves hermosa —me dijo.

—Gracias —respondí algo avergonzada.

Durante los siguientes quince minutos, hablamos acerca de lo que ordenaríamos para cenar. Había tantas cosas que quería saber, pero también estaba segura de que me tocaría responder un par de preguntas.

Cuando el mesero finalmente nos dejó solos, él se quedó mirándome y me regaló mi sonrisa favorita, esa sonrisa que hacía que mi mundo diera un giro de 180 grados.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo, sacándome de mis pensamientos.

Yo asentí como respuesta, le daría a él la oportunidad de responder primero así él no podría negarse a responder mis preguntas después.

— ¿Te sentiste decepcionada cuando te diste cuenta que había sido yo quien te invitó a cenar y no Seth?

Lo miré, una sonrisa empezó a dibujarse en mis labios. A él de verdad le importaba, y me gustaba pensar que era porque sentía algo por mí.

—La verdad… no —dije con total sinceridad.

Su sonrisa se hizo aún más grande al escuchar mi respuesta.

— ¿Por qué le dijiste a Seth que lo verías después?, ¿te gusta? —preguntó algo molesto y borrando inmediatamente la sonrisa de su rostro.

Yo reí ante su reacción y él me miró confundido.

— ¿Estás celoso? —pregunté aún riendo.

—Sí —respondió sin ningún rastro de duda.

— ¿Por qué? —quise saber, estaba intrigada.

— ¿De verdad no lo sabes? —preguntó como si dudara de lo que decía.

—No —dije tímidamente, aunque en mis adentros rogaba de que yo tuviera razón y él sintiera algo por mí.

—Tú causas algo diferente en mí, haces que todo sea mejor cuando estas cerca —dijo, haciéndome sentir que el mundo, mi mundo, se reducía solo a él y el hecho de que me hacía sentir exactamente lo mismo.

Mi corazón empezó a latir frenéticamente. Él era, en muchos sentidos y de muchas maneras, alguien que me hacía sentir bien conmigo mismas, me hacía sentir más fuerte pero sobre todo, más feliz con su sola presencia.

— ¿Y qué hay con Leah? —le pregunté para sacármela de la cabeza lo más rápido posible.

—Leah ahora, es solo una amiga… pero ella, en su momento, fue una parte muy importante de mi vida —dijo.

Sentí como si mi sangre empezara a hervir. Sí estaba celosa, celosa porque ella había logrado convertirse en una parte importante de su vida

—Ah… —Fue lo único que pude responderle.

— ¿Estás celosa? —me preguntó, mientras una sonrisa pícara se empezaba a dibujar en sus labios.

Volteé mi rostro y empecé a mirar lo increíblemente hermoso que se veía Manhattan esa noche. No podía concentrarme en nada, la realidad era que no podía mirarlo, no quería mostrarle que me afectaba tanto que me hacía sentir como si tu tuviera un extraño sentimiento de que él era solo mío, o al menos eso era lo que yo más quería.

Tomó mi barbilla con ternura e hizo que lo mirara, aún tenía dibujada esa adorable e increíble sonrisa en su rostro.

— ¿Estás celosa? —me preguntó con ternura.

Cerré los ojos y tomé un profundo respiro

—Sí —respondí. Cuando abrí los ojos un pequeño y extraño brillo apareció en sus ojos.

Sin decir más se levantó de su asiento e hizo que yo también me levantara, tomó mi rostro entre sus manos y empezó a besarme. Yo colgué ambos brazos alrededor de su cuello, luego suavemente, ambas manos se arrastraron hasta que estuvieron en su nuca asegurándome que no se alejara de mí. Era increíble sentir cómo nuestras lenguas se acarician, cómo nuestras respiraciones se aceleraban cada vez más. Fue hasta que nuestros pulmones quedaron sin aire que empezamos a separarnos, dándonos pequeños y dulces besos.

—Me encanta el sabor de tus labios —dijo entrecortadamente en un susurro con su frente apoyada en la mía.

Levanté el rostro y me acerqué a darle otro pequeño beso.

—A mí también —le respondí.

Escuchamos a alguien aclarándose la garganta para llamar nuestra atención; cuando volteamos, el mesero estaba esperando para traernos nuestras bebidas, ambos empezamos a reír disimuladamente para luego volver a tomar nuestros asientos. A pesar de nuestro momento anterior, había algo que necesitaba saber:

— ¿Por qué me dijiste que Leah fue una parte muy importante de tu vida? —le pregunté, no sabía si de verdad quería escuchar la respuesta, pero no podía quedarme con la duda.

Él suspiró y me miró. También sabía que lo más posible era que no me agradaría la respuesta pero necesitaba saberlo.

—Hace un año rompí mi compromiso con Leah —me dijo.

Sentí un enorme agujero se abría en mi pecho, definitivamente no necesitaba saber esto.

— ¿Ibas a casarte con ella? —sentía cómo la voz se me iba debilitando.

— Sí, pero eran por las razones equivocadas y yo no podía seguir con esa mentira —me dijo, como si intentara convencerme de que decía la verdad.

— ¿Las razones equivocadas? —volví a preguntar, aunque ahora estaba un poco confundida.

Él asintió con los ojos cerrados.

—Simplemente, creí que me había enamorado, pero cuando intenté imaginarme una vida con ella, no pude. Entonces, me di cuenta que ella no era para mí, que estaba cometiendo un error —me dijo.

Volvió a abrir los ojos y tomó mi mano que estaba sobre la mesa.

—Pero contigo es diferente. Desde que te vi en el ascensor, todo dejó de tener lógica, todo se sentía bien. — Depósito un suave beso en mis nudillos.

—A mí me rompieron el corazón de todas las maneras posibles —le dije, conteniendo unas lágrimas que amenazaban con salir.

— ¡¿Qué?! —exclamó sorprendido.

—Confié mi corazón a alguien que decía amarme, le di lo mejor de mí, pero él creyó que era un juego, que podía lastimarme sin ninguna consecuencia y, al principio, yo lo deje —admití enojada conmigo misma—. Él se encargó de hacerme creer que nunca sería suficientemente buena para nadie. —Sentí como las primeras lágrimas empezaban a caer por mi rostro.

Cuando levanté el rostro, él me miraba dolido, como si entendiera mi dolor.

—Tú eres demasiado buena para cualquier persona en este mundo, incluso para mí —dijo sosteniendo mi mano con más fuerza.

Con un último sollozo, limpié mis lágrimas.

—Eres un tonto —le dije.

—No llores —me pidió.

Lo miré y sentí todo mejorar con su sola presencia.

—Tú haces que todo se sienta mejor cuando estás cerca.

Tomó mis manos entre las suyas y empezó a besarlas con ternura, me miró haciendo que mi corazón empezara a enloquecer.

—Quédate conmigo.

— ¡¿Qué?! —pregunté confundida, aunque con una sonrisa.

—Solo quiero que te quedes conmigo, no quiero alejarme de ti.

— ¿Qué significa todo esto?

—Significa que quiero hacerte feliz, quiero que sonrías junto a mí, que vuelvas a confiar. Quiero que quieras estar junto a mí. —musitó.

—Quiero estar contigo —susurré.

Una hermosa sonrisa se dibujó, en su rostro.

—Entonces, ¿qué quieres hacer hoy? —preguntó entusiasmado.

—Mmm… aún tengo hambre así que, ¿te parece si terminamos de cenar? —le dije sonriente.

—A sus órdenes —dijo besando mi mano una vez más.

Mientras cenábamos, Edward intentó averiguar cada detalle de mi vida de la que no habíamos hablado antes y yo trataba de hacer lo mismo. Él había estado en casi todo el mundo durante los meses se que trabajo como fotógrafo con National Geographic Magazine y yo, con mucha suerte, había salido de Estados Unidos, pero parecía fascinado con cada pequeño detalle de mi vida.

— ¿Qué te parece si mañana te invitó a cenar a mi casa? —me preguntó, antes de beber un sorbo de vino.

Suspiré, porque recordé que mañana tenía una cita con Alice pero pensé que tal vez sería divertido ponerlo un poco celoso.

—Mmm… mañana tengo una cita, lo siento. —Me disculpé mientras era yo quien tomaba un sorbo de mi bebida.

— ¿Tienes una cita? —inquirió completamente serio.

—Si tengo una cita —le respondí sonriente.

— ¿Con quién?

—Bueno, tal vez lo conozcas.

— ¿Con quién? —volvió a preguntar ahora sonaba realmente molesto.

Volví a tomar un sorbo de mi bebida, intentando disimular mi sonrisa, dejé el vaso a un lado y lo miré.

—Con Alice —respondí muy seria.

Su rostro cambió completamente y empezó a sonreír de nuevo.

—Me quieres matar, ¿verdad? —Me acusó.

—Nunca —le respondí, mandándole un beso.

— ¿No puedes cancelar tu cita con Alice? —me preguntó dulcemente.

—Mejor hazlo tú, a ver si sales vivo de eso —le dije riendo.

Puso los ojos en blanco.

—Alice tiene suerte. ¿Dónde irán?

—Aún no lo sé, primero iremos de compras y luego a beber algo… creo —le respondí.

—Buena, suerte con eso —dijo riendo.

—Eres un tonto… pero gracias.

— ¿Ya terminaste? —me preguntó señalando mi plato.

—Sí, gracias.

— ¿Tal vez un postre?

Luego de preguntarme eso, tenía en la cabeza la idea de un postre perfecto que incluía a Edward, solo para mí. Sentí como la sangre empezaba a ir correr a mis mejillas debido al rumbo que tomaban mis pensamientos.

—Bella, ¿estás bien?

—Eehh… sí, lo siento.

— ¿Postre? —Volvió a preguntarme.

Volví a sonrojarme. ¡Bella! ¿Qué te pasa? Me pregunté a mí misma.

—No, gracias —le respondí.

— ¿Vamos? —me preguntó mientras estiraba su mano para que la tomara.

—Eeehh… ¿no vas a pagar? —pregunté antes de tomar su mano.

—Ya lo hice —me respondió con una sonrisa.

—Vamos. —Me levanté tomando su mano y antes de que empezáramos a caminar, me puse de puntillas y le di un pequeño beso en sus labios—. Gracias por todo.

Él sonrió como respuesta, tomó mi mano, entrelazamos nuestros dedos y empezamos a caminar. Cuando llegamos al auto, él me acompañó hasta la puerta del pasajero, una vez que ambos estuvimos dentro el auto, me miró sonriente.

—Señorita, ¿dónde desea ir?

—Sorpréndeme —le dije sonriendo.

Esa noche visitamos desde Time Square, wonder Wheel hasta Victorian Garden en Central Park, pero no importaba dónde estábamos, siempre terminaba con una enorme sonrisa en mi rostro.

— ¿Te gusta? —me preguntó Edward.

—Sí —le respondí con una enorme sonrisa, mientras abrazaba con fuerza el pequeño león que él había ganado para mí.

— ¿Aún quieres más sorpresas?

—La verdad… por hoy me bastan, estoy muerta.

— ¿Quieres que te lleve a casa?

—Eehhh… debo ir por mi auto, lo dejé en el trabajo.

Me arrepentí de haber dicho eso, porque significaba que mi noche con Edward iba a terminar.

—Qué te parece si ¿luego te acompaño a casa? ya sabes, para asegurarme de que llegaste bien —me dijo sonriendo.

Yo asentí emocionada, entre más tiempo pasara con él, mejor para mí. Durante todo el camino Cullen Creative Business, Edward no había soltado mi mano, era como si el también quisiera pasar la mayor cantidad de tiempo posible conmigo.

Cuando estaba a punto de bajar del auto, él volvió a tomar mi rostro en sus manos para besarme, pero ese beso fue completamente diferente, estaba lleno de ternura, pasión y deseo. Nos besamos hasta quedarnos sin aliento, mi cuerpo temblaba con su tacto, la electricidad se hacía cada vez más fuerte y mi corazón se estaba volviendo loco.

—Nos vemos en mi casa —afirmé, dándole otro pequeño beso.

Durante el camino a mi departamento intenté aclarar mis pensamientos, pero era difícil. Sentía como mi labio inferior seguía levemente hinchado por el beso que me había dado, recordar cómo se sentía el toque de su piel sobre la mía, hacía que se me erizara la piel, él lograba que todo en mí despertara, desde el cariño hasta el deseo.

Una vez que guardé mi auto en el estacionamiento, salí con la esperanza de encontrarme con Edward y ahí estaba apoyado en su auto, con los brazos cruzados. Cuando me vio, me regaló una linda sonrisa, de mis favoritas.

—Gracias por todo hoy —le dije mientras tomaba su mano.

—Gracias a ti, muñeca.

—No quiero que te vayas… así que, ¿quieres quedarte un rato más?

El asintió.

—Claro —me dijo besando el dorso de mi mano.

Una vez dentro del edificio, nos dispusimos a esperar por el ascensor. Cuando llegó a la planta baja y ambos entramos, la electricidad volvió a aparecer pero esta vez era extremadamente fuerte y atrayente. Aún tomados de la mano, él presionó levente la mía, eso quería decir que él también la sentía.

Cuando el ascensor llegó a mi piso, salimos tomados de la mano, pero aún fuera la electricidad seguía con la misma intensidad. Caminamos hasta llegar a la puerta de mi departamento. Cuando abrí me sorprendió encontrarme con todas las luces apagadas, las llaves de Rose no estaban en su lugar habitual y cuando miré el reloj y vi que ya eran las 10:15, me preocupé.

—Ven pasa. —Indiqué con mi mano—. Dame un minuto, ¿sí?

Busqué mi celular en mi bolso, no había llamadas ni mensajes. Eso era raro, así que marqué el número de Rose y la llamé, sonó un par de ves y luego contestó, casi no la podía oír por la cantidad de ruido que había.

—Hola Bells, ¿todo bien?

—Sí, solo estaba preocupada por no encontrarte en casa.

—Lo siento, olvide decirte, salí con unas amigas del trabajo y Emmett vendrá en un momento, ¿quieres venir?

—No, estoy bien, pásala bien. Te quiero.

—Yo también Bella, nos vemos mañana en el desayuno.

Una vez que terminé de hablar con ella me sentía mejor, más tranquila… ella estaba bien. Cuando miré a Edward, él sostenía una vieja foto mía y de Rose cuando éramos pequeñas, ambas peinadas con colitas y sacándole la lengua a mi papá que tomaba la foto.

—Me gusta —me dijo riendo.

Yo me sonrojé.

—Deja esa foto es bastante tonta.

—Bueno, eras una niña bastante adorable.

—Tonto —le dije sacándole la lengua.

Él rió con fuerza.

—Eres hermosa, siempre lo has sido.

Volví a sonrojarme.

—Gracias, ¿quieres algo de tomar?

—Mmm… café —me dijo.

De repente nos encontramos en el sillón, en el que tantas veces me encontré pensando en él, tomando una taza de café y riendo de las tonterías que se nos ocurrían, pero lo que más me gustaba, era que no importaba en qué situación, siempre estábamos tomados de la mano. Todo mejoró cuando empezamos a acercarnos y yo me vi apoyada en su pecho y jugando con sus dedos mientras conversábamos.

—Yo muero por conocer Londres y París algún día.

—Tú podrías ir conmigo —dijo sonriendo.

—Algún día.

Quedé embobada mirando sus manos, eran bastante grandes, con dedos largos, varoniles pero bien cuidadas, me preguntaba cómo se sentirían mientras recorrieran mi cuerpo, moví la cabeza intentado deshacerme de esos pensamientos.

— ¿Qué pasa? —me preguntó mientras jugaba con mi cabello.

—Solo pensaba que tenías unas lindas manos.

—Gracias —me respondió dándome un beso en la cabeza.

— ¿Quieres algo de comer? — le pregunté mientras me levantaba para verlo, pero lo que me encontré fue su rostro a pocos centímetros del mío.

—Te quiero a ti —susurró.

Sin decir más, empezamos a besarnos con demasiada urgencia, como si de ese pequeño detalle dependieran nuestras vidas. Mi corazón empezó a latir frenéticamente, un millón de sensaciones empezaron a recorrer mi cuerpo. Entonces, las caricias se empezaron a hacer más necesarias. Aún con nuestros labios pegados, me senté a horcajadas sobre él, sentí su erección pegada a mi cintura rozando mi sexo, esto hizo que quisiera besarlo con más fuerza, sentirlo más cerca.

Cada tanto nos separábamos para tomar un poco de aire, él dejaba pequeños besos regados desde mi escote hasta mi cuello, haciéndome estremecer. La ropa iba cayendo a medida que nuestras manos exigían un toque más cercano. Lo primero en caer fue mi blazer negro, siguió con mi pequeña polera blanca y terminó con mi brasier blanco de encaje cayendo al suelo. Fue lo mismo cuando él se sacó la polera blanca con cuello en V que traía… cuando nuestros cuerpos se juntaron. El sentir su piel contra la mía hacia todo más real, este no era un sueño como los que había tenido con él durante las últimas semanas, porque esta sensación no se podía comparar con nada.

Yo ya había estado con James, pero estos sentimientos y estas sensaciones, no tenían comparación, esta era la primera vez que me sentía completamente viva.

Todos mis sentidos iban agudizándose con cada unos de sus toques, de sus besos. Él acariciaba con delicadeza la espalda haciéndome estremecer, mientras cada tanto paraba para tomar un poco de aire. Edward paseaba por mis senos, dejando pequeños y delicados besos, jugando con mis pezones, haciendo que cada una de mis terminaciones nerviosas, cobraran vida.

Aún seguía sobre él en el sillón de la sala y a pesar de que disfrutaba del momento, me aterraba la idea de que Rose y Emmett llegaran en cualquier momento, así que tomé las manos juguetonas de Edward e hice que rodeara mi cintura para no separarme de él.

—Ven —le dije mientras me levantaba junto a él, y entre más besos caminamos hacia mi habitación. Una vez dentro, cerré la puerta y le puse seguro.

Él dejo de besarme durante algunos segundos.

—Me gusta tu cuarto —me dijo en un susurro y siguió besándome. Me arrastró directo hacia mi cama, echándome a mi primero para ponerse encima.

Posó su mano en el botón de mi jeans y antes de seguir me miró, como pidiéndome permiso, en sus ojos había un extraño brillo, lleno de emoción y excitación; como un niño que moría de ansias por abrir su regalo en la mañana de Navidad, así que mi respuesta fue asentir y buscar sus labios.

Una vez que se libró del botón de mis jeans, los fue bajando lentamente, dejando mis piernas al descubierto; se alejó de mí para ponerse de pie y quitarme completamente el pantalón. Con él aún de pie, me senté en el borde de la cama e hice lo mismo, desabroché el botón de sus jeans y los dejé caer hasta que desaparecieron completamente.

Tomé su mano y lo jalé de nuevo hacia mí, caí de espaldas a la cama y él termino sobre mí, ahora su erección era mucho más grande y visible. Volvimos a besarnos con la misma desesperación y lujuria, ambos recorríamos cada centímetro de nuestros cuerpos con delicadas caricias, haciendo notar el deseo que ardía entre ambos. Él estaba despertando algo completamente diferente en mí y yo, simplemente, quería ser suya.

Sentir su cuerpo tan cerca del mío, sus labios recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, disfrutando de cada unos de sus toques, perdiéndome en el momento, en el sinfín de sentimientos que recorrían mi cuerpo.

Edward tomó mis panties y me las fue quitando con delicadeza, explorando hasta el más íntimo detalle de mi cuerpo. Estaba completamente desnuda frente a él, pero nunca en mi vida me había sentido tan cómoda conmigo misma. Mientras Edward me miraba con adoración, como si estuviera frente a la imagen más hermosa del mundo, yo seguí su ejemplo y tomé sus bóxers, empecé a bajarlos disfrutando el roce con su trasero desnudo y disfrutando la imagen de su imponente erección.

Cuando ambos nos encontramos completamente desnudos, el momento se hizo más íntimo, las caricias más tiernas, pero también más sensuales y él, lentamente, fue acomodándose en medio de mi piernas. Entonces sentí cómo Edward empezaba a llenarme y yo disfrutaba de cada segundo. Mi interior se contrajo cuando entró completamente en mí, haciendo el placer aún más intenso. Tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos; cuando abrí los ojos, él me miraba con ternura, se acercó a mí y empezó a besarme, mientras su lengua y la mía se juntaban el beso callando algunos de mis gemidos, él se balanceaba sobre mí y mis caderas seguían su ritmo.

—Eres tan hermosa… tan única —me dijo con voz entrecortada.

Mi respuesta fue una sonrisa, unida a un gemido, no había palabras para describir lo que sentía con el dentro de mí, el ritmo de las embestidas de Edward se fueron haciendo más rápidas y yo estaba perdida en el placer, arqueaba mi espalda para juntarme más a él y poder sentirlo con más intensidad. Los espasmos del orgasmo me atacaban, todos mis sentidos estaban completamente despiertos y todas mis terminaciones nerviosas estaban despiertas.

Sentí cuando el clímax estaba cerca, él acariciaba mis senos, jugabas con ellos, entonces volvió a ponerse a mi altura y empezó a besarme con desesperación.

—Bella —susurró.

Mis uñas se clavaron en su espalda, entonces el placer me inundó por completo.

—Edward... —gemí.

Mi corazón estaba punto de salirse de mi pecho, Edward dio su última embestida, mientras yo arqueaba mi cuerpo para recibirla con gusto, se separó levente de mí para besarme la cara, desde mi frente hasta mi mentón, apoyó su frente contra la mía, me miró y sonrió diciendo:

—Eres perfecta.

Levanté mi cabeza de la cama y lo besé, lo besé como si ese fuera a ser mi último beso, porque él me había hecho descubrir cosas que no conocía, porque él me había hecho sentir una mujer completa por primera vez y, porque él, había sacado lo mejor de mí. De algún extraño modo descubrí, que lo quería más allá de lo lógico, más allá de lo que yo misma conocía.

Tomé su rostro en mis manos.

—Eres increíble —le dije casi sin aliento.

Él acarició mi mejilla con cariño.

— ¿Puedo quedarme contigo esta noche?

— ¿Necesitabas preguntar eso? —acoté, besando su nariz.

Salió de mí con delicadeza.

— ¿Estás bien?

—Nunca había estado mejor.

Me tomó por debajo de las piernas y me cargó para meterme en la cama, él entró cuando hice un espacio. Cuando se acostó a mi lado hizo que me acercara a él, apoyó mi cabeza en su hombro y, mientras acariciaba mi espalda en pequeños círculos, cayendo en un dulce sueño.

Cuando desperté aún no había amanecido, tenía el brazo de Edward alrededor de mi cintura. Moría de sed, así que me levanté evitando despertarlo, tomé la bata que tenía colgada en mi puerta y me la puse. Antes de salir volteé para mirarlo, él se veía tan dulce, tan tranquilo ahí dormido; vi como su pecho se movía con tranquilidad, no podía creer lo que había sucedido, pero todo valía la pena al verlo… ahí, descansando en mi cama, sabiendo que aunque sea por el momento, él era mío.

Abrí la puerta de mi habitación con mucho cuidado, una vez que estuve fuera miré el reloj; eran las 4:20 de la madrugada. Intenté no darle importancia a la hora, solo quería volver a mi habitación rápido y estar con él. Fui a la cocina, tomé un vaso del mueble y me dirigi al refrigerador para servirme un poco de jugo de naranja frío.

Cuando volvía a mi habitación me di cuenta que había algo de mi ropa y de Edward en el piso de la sala. ¡Dios Mío! ¿Qué habrá dicho Rose? Me pregunté a mí misma, mañana sería un día de preguntas pero ahora, estaba completamente dispuesta a responder a toda clase de preguntas. Aunque era una niña grande y no debía explicaciones a nadie, sabía que mi prima iba a estar feliz por mí, sin importar cuál era la decisión que había tomado.

Cuando me senté para recoger la ropa que había en el piso, mi cuerpo se estremeció, mi piel aún seguía sensible, estaba inundada por la presencia de Edward, de sus besos y caricias, cada vez que pasaba mis manos por donde él había estado, se me erizaba la piel con tan solo recordar.

Con un último suspiro, terminé de recoger nuestra ropa; la colgué en el antebrazo de la mano donde llevaba mi vaso con jugo de naranja, y con la misma delicadeza con la que había salido de mi habitación volví a entrar; dejé la ropa colgada en el respaldo de una silla, donde también estaba la chaqueta de cuero de Edward. Dejé el vaso en mi mesita de noche y me quité la bata, volví a entrar en la cama y empecé a mirarlo, "este hermoso chico de ojos verdes se ha robado mi corazón" me dije y antes de volver a acomodarme en sus brazos, le di un pequeño beso en la frente y volví a dormir.

Aún tenía los ojos cerrados cuando sentí unos pequeños besos en la espalda que me hacían estremecer, mi corazón volvió a latir frenéticamente, volteé mi cara hacia donde Edward estaba acostado, y abrí unos de mis ojos para poder verlo.

—Buenos días, dormilona —me saludó dándome un beso en la mejilla.

—Hola —lo saludé aún media dormida—. ¿Cómo dormiste?

—Increíblemente bien —me respondió acercándose a mí—. ¿Y tú?

Lo miré, le sonreí y me levanté para acercarme a él y darle un beso.

— ¿Eso responde tu pregunta?

El asintió y volvió a besarme; mis manos fueron directo a su nuca para acariciar su cabello, acercándolo a mí para poder besarlo con más fuerza. Definitivamente, despertar con él, tenía sus ventajas.

— ¿Bella? —me llamó Rose tocando la puerta. Decidí ignorarla, pero después de tocar un par de veces más, la escuché murmurar y reír, esa risa era inconfundible, esta mañana seríamos cuatro a la hora de desayunar y más de uno se llevaría una gran sorpresa.

—No nos dejará en paz hasta que nos levántenos.

Él rió.

—Cinco minutos más contigo aquí, ¿sí?

—Sabemos que no serán cinco minutos —le dije.

—Está bien —me dijo gruñendo.

Cuando estaba a punto de levantarse, tomé sus manos y me acerqué para darle un pequeño beso.

—Gracias, por todo.

Él acarició mi mejilla con ternura.

—Gracias a ti —dijo devolviéndome el beso.

Desganada, me levanté de la cama para buscar un pijama, encontré un par de shorts y una camiseta antigua. Cuando me peinaba una cola, Edward me abrazó por la espalda y empezó a besarme el cuello.

—Te ves hermosa —dijo, apoyando su mentón en mi hombro.

Le devolví una sonrisa mirando su reflejo en el espero.

—Me encanta como te vez con tu pelo alborotado.

Su sonrisa de hizo más grande.

—Es obra tuya.

Sentí como empezaba a sonrojarme, volví a mirar nuestros reflejos y sonreí al encontrarme con una chica que de verdad estaba feliz, que la sonrisa le llegaba los ojos, y a un chico que también se veía realmente feliz con sus decisiones.

Terminé de amarrarme la cola y tomé su mano.

—Ven, hora de desayunar —le dije sonriente.

Tenía un nudo en el estómago, estaba nerviosa por ver cómo reaccionarían Emmett y Rose al ver con quién había pasado la noche. Cuando salí del cuarto ambos estaban sentados en la barra de la cocina.

—Buenos días —saludé.

—Hola Be… —dijo Rose y abrió los ojos como platos.

Cuando Emmett vio la cara de Rose, se volteó y escupió el café que tenía en boca, yo tapé mi boca para ocultar mi risa.

—Hola —saludó Edward riendo.

Ninguno de ellos sabía cómo reaccionar, ambos tenían una cara de confusión bastante graciosa. Edward tomó mi mano y así fuimos hasta la cocina, mientras ellos miraban como si fuéramos un show de fenómenos.

Volteé para verlo.

— ¿Qué quieres desayunar? —le pregunté como si esa fuera nuestra rutina.

—Mmm… —puso su mano bajo su barbilla, me miró y se lamió el labio inferior haciendo que me estremeciera—. Por ahora, un café con leche y tostadas.

Sacudí mi cabeza y me mordí el labio. Saqué dos tazas del mueble, serví para él un café y para mí una taza de té, puse dos panes en la tostadora. Una vez que todo estaba listo los puse en la barra para acompañarlos a desayunar, Rosalie aún se veía sorprendida y algo confundía y ni que decir de Emmett su sola expresión me hacían dar ganas de reír.

—Aquí está la leche —le dije pasándole la botella.

—Gracias —respondió, mientras acariciaba mi mano.

— ¿¡Qué diablos pasa acá!? —preguntó Rose ansiosa.

—Eeh… le paso la leche a Edward —le respondí.

Ella me miró con cara de ¿enserio Bella? Cuando me disponía a abrir la boca para responderle a Rose, Edward se me adelanto.

—Bella y yo, estamos saliendo —respondió con un matiz de orgullo.

Mis labios se abrieron lentamente y empecé a respirar con cierta dificultad, mi corazón estaba acelerado y un sinfín de sentimientos me atacó. Desde mi rompimiento con James nunca había considerado salir con nadie más, hasta que Edward llegó y cambió todo en mi vida.

—Eso quiere decir que, ¿tendremos algo así como citas dobles? —preguntó Emmett sarcásticamente.

Rosalie le dio un codazo en las costillas, él hizo una mueca de dolor. Rose me regaló una enorme sonrisa, ella era una de las pocas personas que realmente me conocían y sabía cuando era realmente feliz.

—Bella, Alice me llamó y me dijo que no olvidáramos lo de esta noche.

— ¿Irás con nosotras? —pregunté a Rose, emocionada; aún no estaba lista para pasar tiempo a solas con Alice, así que me sentía aliviada.

Emmett y Edward nos miraron con cara de Buena suerte chicas. Ellos empezaron a burlarse de lo que "sufriríamos" yendo de compras con Alice, pero Rosalie estaba encantada con la idea y yo, bueno empezaba a emocionarme.

— ¿Puedo invitarte a almorzar? —me preguntó Edward.

—Eeehhh… —no sabía qué responderle, hoy era uno de esos pocos días en lo que podía estar con Rose.

Ella me miró confundida.

—Yo tengo planes con Emmett —me dijo sonriente.

Ya más tranquila por la respuesta de Rosalie, miré a Edward.

—Me encantaría.

— ¿Paso por ti a las 11:30?

—Perfecto.

Lo acompañé a la puerta, para despedirlo. Nunca pensé que mi noche iba a terminar como había acabado, pero no podía quejarme, ni arrepentirme de nada, había sido más… muchísimo más de lo que yo esperaba.

—Nos vemos pronto —me dijo dibujando mi sonrisa favorita en su rostro.

—Nos vemos pronto.

Se acercó lentamente a mí y me dio un suave y cariñoso beso en los labios, haciendo vibrar cada centímetro de mi cuerpo. Apoyo su frente en la mía, me miró.

—Si no me voy ahora, nunca me iré —me dijo riendo.

Tenía tantas ganas de decirle que no se fuera, pero debía controlarme.

—Nos vemos a las 11:30 —acordé dándole otro beso.

Suspiró y se despidió, dándome un beso en la frente. Me quedé en la puerta hasta que él entró en el ascensor. Una vez que me encontré sola empecé a sacudir la cabeza y dar pequeños saltos de emoción, luego de unos segundos de locura tomé una bocanada de aire y entré de nuevo mi departamento. Al no encontrarme con Rose ni con Emmett, fui a mi habitación y de ahí directo a mi closet; encontré un vestido straples bastante ligero morado con un cinta que me ayudaba a resaltar mi cintura y un par de sandalias sin tacón grises, era casual, pero tenía un toque de elegancia. Así que no importaba donde iríamos, me vería bien.

Tomé una rápida ducha, cuando salí del baño solo quedábamos Rose y yo en el departamento. Casi lista pero aún con la toalla en mi cabeza, fui a la cocina por una vaso de agua y Rose estaba ahí guardando todo lo que habíamos lavado.

— ¡Hey! —La saludé mientras sacaba un vaso y me servía agua.

—Justo estaba pensando en ti.

—Te extraño —le dije.

—Yo también. Pero ahora, necesito detalles.

— ¿De verdad?

—Sí, bueno… anoche vi ropa botada por todas partes, pero nunca me imaginaría que estarías con Edward —me dijo sonriente.

—Si te sirve de algo, yo tampoco.

—Te ves feliz.

—Lo sé, estoy feliz.

Ella se acercó a mí y me abrazó.

—Me hace feliz que seas feliz.

—Te quiero Rose —le dije devolviéndole el abrazo.

—Yo te quiero más. Por cierto, me encanta tu vestido.

— ¡Gracias! —le respondí sonriente.

—Ahora es mi turno para tomar un baño. —Se despidió yéndose directo al baño.

Yo volví a mi cuarto para terminar de alistarme. Sequé bien mi cabello y puse un poco de crema de peinar para acomodar mis rizos. Me maquillé levemente los ojos, puse un poco de delineador, máscara de pestañas y brillo labial, hoy no necesitaba rumor porque tenía un rosa natural en mis mejillas.

Mientras esperábamos, Rose y yo nos poníamos al día con todo lo que había pasado. Ella se había dedicado a avergonzarme, ya que exigía hasta el más mínimo detalle, quería matarla, pero así era ella. Cuando Rose quería saber qué tan bueno era Edward en la cama, el timbre sonó y nunca en la vida me había sentido más aliviada. Fui yo quien abrió la puerta y me encontré a Edward con unos jeans, un par de converse y una polera con un suave verde, Emmett estaba a su lado; él también llevaba par de jeans, unos zapatos casuales y una polera gris.

—Rose está en la cocina —dije casi automáticamente a Emmett.

Él entró riendo al departamento, tomó a Rose por la cintura y la elevó en el aire, luego la puso a su altura para besarla.

Edward acarició mi rostro e hizo que lo mirara fijamente.

—Te ves preciosa.

—Igual para ti —le dije.

Se acercó y me besó, como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo.

—Te extrañé —me dijo en un susurro.

—Y yo a ti.

— ¿Lista? —preguntó

—Listísima.

Me despedí de ellos con la mano y justo cuando estaba cerrando la puerta, Rose me llamó.

—No olvides que tenemos una cita con Alice, ella vendrá a las 6 —me recordó.

Asentí y cerré la puerta a mis espaldas. Mientras esperábamos el ascensor, Edward tomó mi mano.

— ¿Qué quieres comer? —me preguntó.

—Eehh… ¿comida mexicana? —sugerí.

Él asintió animado.

—Hoy recorreremos Nueva York como se debe, en Taxi —me dijo.

Una tonta sonrisa se dibujó en mi rostro.

—Me parece perfecto —respondí.

Una vez fuera del edificio Edward, como todo buen neoyorkino, hizo parar un taxi en una abrir y cerrar de ojos, él le dio la dirección. Al parecer iríamos a un lugar llamado "Rosa Mexicano" de hecho el restaurant no era demasiado lejos, estaba al otro lado del Central Park, pero era sábado y eso quería decir que todos los restaurantes estarían repletos.

Durante todo el camino Edward y yo estuvimos abrazados o tomados de la mano, siempre riendo con las ocurrencias que él tenía.

—Bajaremos aquí —indicó Edward, mientras le pasaba un par de billetes al taxista, este se estacionó y bajamos—. Hay algo que quiero mostrarte.

Caminamos unas cuantas cuadras hasta llegar a una pequeña galería, nos paramos frente a una gran vitrina donde habían expuestas muchas fotos.

—Aquí vengo a dejar algunas de mis fotos para que las vendan. —Edward sonaba algo tímido.

Había una foto que me llamaba la atención; era un perfecto atardecer, el cielo tenía varios tonos de naranja y rosa, sobre los imponentes edificios de Nueva York.

—Esa foto es perfecta —comenté.

—La tomé el día que te vi por primera vez —me dijo.

Sentí como mi corazón se hinchaba de un extraño sentimiento, me abalancé a él y empecé a besarlo.

De repente, alguien se aclaró la garanta; cuando nos separábamos, Leah estaba frente a nosotros. Se veía confundida además, tenía una expresión de amargura y odio puro en los ojos. En cambio yo, tenía una enorme sonrisa triunfal dibujada en los labios.

Como siempre no podía terminar el capitulo sin agradecer a todas las que me dejan sus reviews: freedom2604, Tata XOXO, Carelymh, Mon de Cullen, Ely Cullen M, janalez, yolabertay, Alexa08, MARIANA, Samantha, jhanulita, ashleyswan, Alejandra, Annabelle Berlusconi, katyms13, lovely joy, chiquitza, issisandrea, ALEXANDRACAST, VHICA, The Princess of the Dark, Cath Robsteniana

Y a las que no lo hacen, muchísimas gracias por leerme muñecas y apoyarme siempre, es bueno saber que les gusta la historia, ¡Las QUIERO!

Bueno les presento a mi primer LEMMON, espero que les guste como lo trabaje y como salió, ya saben críticas y opiniones son bienvenidos.

Díganme, ¿Qué les pareció el capitulo?. Yo Amo a Edward con locura es extremadamente tierno, y le gusta dar sorpresas.

Amo a Emmett siendo sorprendido y escupiendo café .

Y si Leah nos sigue cayendo mal ¿verdad?.

Nos leemos muy pronto.

¡Besitos!.

Jezz.