Un saludo especial para EunHye09 y DULCECITO311: Me alegro de que les haya gustado el capítulo y gracias por los comentarios. Pido perdón por la tardanza a todos, aparte de que tengo otras cosas que hacer, soy una colgada sin remedio. Bueno, después de saber la vida de Kenshin, podemos decir que ambos estarán viviendo un período de relativa tranquilidad. Pero como siempre, con el peligro acechando. Espero que este capítulo les guste, más de uno va a ponerse contento XD.
Atención: ¡Escenas de alto voltaje! Vayan preparándose para lo que van a leer. Después no digan que no les avisé XD.
Canciones: Soon We'll Be Found; y Dressed in Black, ambas de Sia.
Capítulo Nueve: Una Invitación
Come along
Vamos
Let's desert this day of hurt
Abandonemos este día de dolor
Tomorrow we'll be free
Mañana seremos libres
Turn around
Volvamos
I know we're lost
Sé que estamos perdidos
But soon we'll be found
Pero pronto seremos encontrados
Ambos miraban la linterna apagada. A pesar de la falta de electricidad, la habitación se encontraba iluminada por la brillante luna. La tormenta de nieve había pasado y las nubes dieron paso al brillo lunar.
Kenshin se levantó para reemplazar el gas de la linterna. Kaoru lo tomó del brazo para detenerlo.
- Está bien, Kenshin. Ya no temo a la oscuridad. - Sonrió, con el brillo de la luna reflejado en el rostro.
Kenshin volvió a sentarse y acunó a Kaoru en sus brazos. Dudó en preguntarle. En los ojos de la chica se veían lágrimas, no de tristeza o lástima, sino de dolor. Él sonreía porque sabía que ella había entendido. Su dolor era por su identidad perdida. Pero ahora la había encontrado…con ella.
- Mi pasado. ¿Aún quieres…? - empezó Kenshin. Quería estar seguro de si ella aún quería amarlo.
Kaoru se secó las lágrimas y sacudió la cabeza. - Tu pasado es algo que acepto. Todos tienen algo de su pasado que no quieren recordar. Ahora sé la razón por la cual te convertiste en esta persona. Ahora entiendo por lo que has pasado.
Ella apoyó la cabeza en el regazo de él, con el cuerpo estirado en el futón. - Pero quiero que sepas que sea no importa quién hayas sido antes, quién eres ahora, y quién serás…quiero estar contigo.
Kenshin inhaló sus palabras, apaciguado ante el hecho de que la mujer de la que estaba enamorado estaba dispuesta a dar el paso con él. - Gracias, Kaoru. Gracias.
Kaoru le dedicó una sonrisa franca. Tomó su mano y la apretó.
Los ojos de él memorizaron su rostro, cada curva, cada contorno, cada detalle. A pesar del frío, pequeñas gotas de sudor se formaron en su frente. Se las secó con la palma de la mano y luego dejó que sus dedos rozaran sus mejillas hasta tomar su barbilla.
Rodó su pulgar contra sus labios. Kaoru jadeó, ronroneando un incoherente sonido. Ella cerró los ojos y elevó un poco su rostro. Él contuvo el aliento y continuó acariciando su cara.
Cuando ella abrió los ojos, éstos brillaban de lujuria. Acarició sus mejillas y rozó su cicatriz, trazando suavemente la cruz. Ella notó el contorno de su boca, la profundidad de los ojos violetas, el resplandor rojo de su cabello. Sus dedos revolotearon lánguidamente sobre sus labios.
A cambio, Kenshin besó sus dedos, bajando hasta su muñeca y luego a su brazo. Kaoru cerró los ojos, respirando profundamente. Kenshin observó sus reacciones y se relamió con anticipación. Se contuvo de tomarla en ese momento. Quería saborear cada centímetro de ella, así que mordió y besó cada parte de su piel expuesta. Picoteaba sus brazos con delicadeza, escuchando sus deliciosas reacciones.
A través de sus ojos cerrados, Kaoru lo miró y suplicó, más bien ordenó. - Bésame, Kenshin.
Su petición fue casi su perdición. Kenshin bajó su cabeza para besarla, apoyando la cabeza de ella con una mano mientras que con la otra le acariciaba la parte baja de la espalda. Kaoru enterró su mano en sus cabellos. Le devolvió el beso, insegura de cómo corresponder a las hábiles maniobras de Kenshin. Kenshin sonrió y gimió contra su boca para animarla. Kaoru se volvió más descarada, deslizando su lengua para saborearlo. Kenshin succionó su lengua y giró la suya dentro de su boca. Ambos gemían a los movimientos del otro. A medida que el beso se profundizaba, Kaoru se levantaba hacia él y Kenshin se hundía en ella.
Sus errantes manos pronto encontraron los sitios sensibles de uno y otro, como el espacio hueco detrás de la oreja de Kenshin y el suave vientre plano de Kaoru. Antes de que pudieran ir más lejos, Kenshin se apartó, sabiendo adónde iba todo eso. Labios hinchados, corazones palpitantes…cada uno ansiando al otro.
- ¿Estás segura de querer hacerlo, Kaoru? - preguntó, gritando en su interior que dijera que sí.
Kaoru tragó y lo miró a los ojos. Ella se había enamorado de él hacía meses, pero suprimió sus emociones debido a su relación enfermera-paciente. Pero ahora, solos, en un lugar abandonado, la realidad fue suspendida. Él era suyo y ella de él. Con un abandono imprudente, lo quería y lo necesitaba.
- Sí, Kenshin, quiero hacerlo contigo.
Kenshin sonrió, agradeciendo a los cielos por su deseo concedido. Se inclinó para besarla e instarla a que lo montara en horcajadas. Al sentarse sobre sus caderas, Kaoru sintió que su bulto la presionaba. Jadeó y Kenshin sonrió tímidamente. La besó con más fuerza, abrazándola y deleitándose con la dulzura de su boca. Ambos gemían y se complacían, peleaban y bebían la esencia del otro.
Con emociones que la embargaban, Kaoru frotó sus caderas contra las de él, provocando un gruñido en Kenshin. Se apartó del beso, pensando que lo había lastimado. Kenshin frunció el ceño, con sus confusos ojos amatistas mirándola.
Kaoru jadeó ante Battousai, quien le mostraba los dientes y los ojos llenos de lujuria. Kenshin se dio cuenta de que había llamas doradas que crepitaban en sus ojos y sacudió su cabeza, como para volver al tono violeta. Kaoru lo detuvo, colocando una mano sobre su cicatrizada mejilla.
- Quiero estar contigo, en todas tus facetas. Tú, mi Kenshin. Y Battousai. Muéstrame tus lados y los amaré a cada uno completamente.
Y como si algo lo hubiera activado, Kenshin levantó a Kaoru y la colocó sobre el futón. Invadió su boca y pasó las manos por su cabello, su cuello y sus pechos.
Kaoru gimió al sentir el pulgar de Kenshin acariciar su pezón. Él se mordió el labio levemente, e hizo que Kaoru gimiera más fuerte. Kenshin sonrió, complacido por las reacciones que provocaba en ella.
Kenshin asaltó su cuello con besos, su lengua recorriendo desde sus orejas hasta su clavícula. Kaoru sólo se podía aferrar a su cabellera pelirroja. Sus manos viajaron hasta las costuras de su camisa y lentamente tiró de ella hacia arriba. Kaoru lo apuró, desechando la prenda superior a un lado sin ceremonias. Kenshin rió entre dientes por su impaciencia.
Se detuvo para maravillarse con la carne rosada de Kaoru. La luna iluminaba sus formas, enfatizando sus curvas y su sudor. Su perfume de jazmín lo embriagaba y azuzaba a su bestia interior para devastarla.
- Eres tan hermosa, Kaoru. - susurró.
Kaoru trató de cubrirse, con un furioso sonrojo en sus mejillas. - Deja de mirar, Kenshin. Me da vergüenza.
Kenshin gentilmente apartó sus brazos. - Que no te dé. Eres perfecta.
Y volvió a asaltar su cuello. Moviéndose de forma descendiente, alternaba besos y lamidas hasta llegar a las cumbres de Kaoru. Lamió un seno con ternura, succionando su pezón a través de la tela. Con una mano acariciaba el otro seno, golpeteando el pezón con el pulgar. Al terminar con uno, se dirigió al otro.
Kaoru arqueó su espalda, dándole acceso a los tirantes de su sostén. Rió al ver que él no encontraba el gancho y susurró pesadamente, - Se desengancha por el frente.
Kenshin desató su sostén hábilmente, revelando los senos cremosos. Lamió y succionó con el mismo fervor que antes. Kaoru gemía cada vez más fuerte, mareada por las olas de placer que la atormentaban.
Kenshin marcó un húmedo sendero hasta su ombligo, dando vueltas por su abdomen. Sus manos acariciaban sus senos con movimientos circulares y lentos.
Al encontrar la liga de su pijama, Kenshin bajó la prenda hasta sus pies. Kaoru se la sacó apresuradamente.
Sus manos memorizaron la sensación sedosa de sus muslos. Los separó ligeramente y se incorporó. Levantó una pierna de ella y empezó a lamerla y a acariciarla. Kaoru gimió al sentir el deseo agolpándose en su entrepierna. Con cada beso, su mano se acercaba más y más a su sexo.
Al llegar a sus muslos, Kenshin vio el líquido que se filtraba por la ropa interior de Kaoru. Sacó su lengua para lamerlo ligeramente, llevando a Kaoru al límite. Ella se movía contra él, suplicándole que la tomara. Kenshin le sacó la prenda, que Kaoru hizo a un lado.
Colocando las manos en sus nalgas, Kenshin volvió a sacar su lengua, golpeteando suavemente el pequeño brote en su núcleo. Kaoru gritó su nombre y arrugó la manta debajo de ella, sin saber qué hacer. Kenshin lamió de nuevo, haciendo círculos lo más delicadamente posible. Y luego aceleró, haciendo bailar su lengua sobre su sexo. Lentamente, la insertó en su interior y probó de su cavidad. La sostuvo mientras ella se retorcía y tiraba de su cabello.
Al ver que estaba lista, libero una de sus manos. Suavemente, trazó su línea con un dedo. Kaoru exclamó maldiciones que ni sabía. Estaba tambaleándose de deseo. Él se detuvo, sabiendo lo que seguía después.
Kaoru miró al hombre que le estaba pidiendo permiso. Resopló, - Por favor. Por favor, Kenshin. Por favor, tómame.
Con cuidado, introdujo su dedo índice mientras devoraba su capullo. Los ojos de Kaoru rodaron, su boca abierta. Lo que sea que estaba sucediendo con su cuerpo la hacía temblar más. Kenshin succionaba fervientemente su sexo, con su dedo deslizándose entre sus jugos. Con ese maravilloso tratamiento de Kenshin, Kaoru pudo volar alto. Estaba llegando a algo que nunca antes había sentido. No pasó mucho tiempo hasta que lo alcanzó; sus músculos interiores envolvieron los dedos de Kenshin, su cuerpo se estremeció en el orgasmo, y su voz se enronqueció al gritar el nombre de Kenshin.
Al recuperar el aliento, Kaoru abrió los ojos para ver a Kenshin lamerse sus jugos en sus labios. Se colocó sobre ella, apoyándose con uno de sus brazos y acomodando sus piernas a los lados de ella.
Inmediatamente, Kaoru le quitó la camisa. Besó y chupó con fiereza cada parte de él que podía alcanzar: su cuello, su pecho desnudo y sus tetillas. Kenshin cerró los ojos al sentir la boca de ella envolver una tetilla. Ella curvó sus piernas sobre las de él para luego voltearlo.
Divertido, Kenshin observó a la chica sentada sobre él. Ella se detuvo, pasando sus manos con amor sobre sus cicatrices y sus músculos tonificados. - Deja que te devuelva el favor, - Kaoru presionó su núcleo contra el suyo.
Kenshin gimió, acariciándole las piernas. Sacudió su cabeza. Era la primera vez de la joven, así que la experiencia debía ser para ella. - No hay necesidad, Kaoru. No…
Antes de que Kenshin pudiera seguir protestando, Kaoru lo silenció con un profundo beso. Probó de su propia esencia y notó que era dulce. Le abrió la boca con la lengua, lamiendo cada resto de ella en él. Kenshin pasó su mano sobre su espina dorsal, provocándole piel de gallina.
Dejando que sus instintos la guiasen, tiró hacia atrás la cabeza de Kenshin para exponer su cuello y lamerlo. Fue recompensada con un gemido bajo y un pellizco en la espalda. Kaoru continuó hacia abajo, lamiendo la línea de sus cicatrices, adorando al hombre que resistió cada herida. Tiró de sus pantalones. Él la ayudó, liberándose de la ropa.
Kenshin se mordió un labio, mirando a Kaoru a través de sus ojos ambarinos. Kaoru observó el miembro erecto de Kenshin y se relamió. Pronto, pasó la lengua a lo largo de él. Kenshin echo su cabeza hacia atrás, conteniendo el aliento. Un sonido gutural se le escapó.
Más animada, Kaoru giró su lengua sobre la punta y lo agarró suavemente. - Dime qué hacer, Kenshin.
Calmarse le tomó a Kenshin toda su fuerza de voluntad. Tomó la mano de Kaoru y la movió para que lo acariciara mientras le urgía que lo tomara con la boca. - Así.
La obediente estudiante acarició la punta con la lengua. Kenshin dejó salir un sonido incomprensible. Kaoru sintió que sus muslos se tensaban, pareciendo contener algo. Kenshin realmente se contenía porque de no hacerlo, explotaría en ella y la atormentaría.
Kaoru lo tomó lentamente, reemplazando el agarre de su mano con lo que su boca podía alcanzar. Sus dientes rozaban su longitud, haciendo que el guerrero siseara. Kaoru quiso retirarse, pensando que lo había lastimado, pero Kenshin la detuvo. Kaoru prosiguió, notando que sabía a sake: almizclado y picante. Quería beber todo de él. Kenshin se sacudía debajo de su diosa, gimiendo, siseando, gruñendo y jadeando. Kaoru succionaba su longitud y disfrutaba de su placer.
Sabiendo que estaba llegando a su límite, Kenshin apartó a Kaoru. - Es hora, Kaoru.
Kaoru asintió. Kenshin se sentó e hizo que ella se sentara a horcajadas sobre él. Ambos atrapados en una mirada profunda, Kaoru descendió sobre Kenshin. Jadearon al volverse uno. A pesar de querer sentirla más, Kenshin no se movió hasta que estuviera lista.
Kaoru luchó contra el dolor, besando a Kenshin y envolviéndolo con sus brazos. Ella bajaba sobre su longitud lentamente, acomodándose. Aceleró el paso al no sentir más incomodidad. Kenshin le susurró palabras dulces al oído para animarla. Kaoru se volvió hacia Kenshin, y él arremetió con sus caderas para unirse a ella por completo.
Kaoru sentía que estaba en una costa, casi llegando a las olas. Nuevamente cerca del clímax. Kenshin nadaba en el océano, las olas lo llevaban a Kaoru. Sabía que estaba cerca del orgasmo.
Y luego golpeó: las olas lamían sus pies, el éxtasis flotaba y fluía a través de ella. Sólo así Kenshin permitió soltarse. Las olas los habían juntado en la costa.
Cayeron sobre el futón, jadeando y sudando. Kaoru se deslizó fuera de él y se colocó a su lado. Le acarició el cuello, cerrando sus ojos.
Cayendo en la cuenta de algo, Kenshin dijo, - Kaoru, lo siento. No debimos hacerlo sin protección…
Kaoru agitó perezosamente su mano para tranquilizarlo. - Está bien, Kenshin. Recibí mi inyección anticonceptiva el mes pasado.
- ¿Inyección anticonceptiva? - Kenshin miró con curiosidad a la mujer que ronroneaba a su lado.
Kaoru asintió. - Aparentemente, Saitou-sama y los demás son lo suficientemente pervertidos como para pensar que lo haríamos. Así que el guardia que vino el mes pasado me inyectó eso. Piensan en todo, ¿no lo crees?"
- Ya veo. - Kenshin asintió y luego sonrió. - Entonces estás en un gran problema, jovencita.
Kaoru abrió los ojos ante la mirada maliciosa de Kenshin. - ¿Eh?
- Porque voy a hacerte el amor todos-los-días. - Dijo Kenshin, plantando besos en sus labios.
Kaoru reía mientras Kenshin la volvía a tomar.
Después de tres intensas rondas, durmieron desnudos en los brazos del otro.
Cuando Kenshin despertó, la electricidad había vuelto. Las luces de la lámpara lo cegaban y escuchaba el suave ruido de la cafetera.
Se dio la vuelta y fue recibido por un ronquido de Kaoru. Estaba acurrucada de costado, de cara a él. Él reprimió una risita, encantado y divertido con la mujer inconsciente a su lado.
Sus ojos se fijaron en sus rasgos, recordando cómo olía y sabía. Suavemente, pasó las manos por su figura, trazando la curva de sus caderas y la suave textura de su carne. Estaba tan concentrado que no se dio cuenta de que había abierto los ojos.
En silencio, Kaoru observaba cómo los ojos de Kenshin recorrían su cuerpo, como si fuese una obra de arte. Él levantó la vista y vio que estaba despierta.
- Buenos días. - Dijo, sonriendo coqueto.
Kaoru pasó los dedos por sus cabellos. - Buenos días.
Kenshin le dio un beso en los labios, que ella devolvió con fervor. Antes de que pudieran volver a hacerlo, Kenshin rompió el beso. - Primero comamos. Estoy famélico.
Kaoru asintió. - Está bien. Más tarde tendremos el postre.
Kenshin rió y frotó su nariz. Se levantó y se vistió mientras Kaoru lo miraba fijamente con amor.
Kenshin abrió la puerta y se calzó. - Haré el desayuno.
Kaoru se desperezó como un gato. - Te ayudaré. Dentro de un rato.
Kenshin sonrió y se fue.
Kaoru se dio la vuelta, extendiendo sus brazos sobre el futón. Todavía podía oler a Kenshin en su cabello, sus manos y sus labios. Aún no podía creer lo que había sucedido la noche anterior (hasta el amanecer). Sus partes le dolían pero no estaba lastimada. No estaba segura de poder caminar, debido a la ferocidad del acto de amor.
Se había entregado a Kenshin. Seguramente Yumi lo veía venir…más bien, todo Hikaru lo vio venir, ya que la habían inyectado hacía unas semanas. Quería preguntarle al guardia pero se dio cuenta de lo incómodo que sería hacerlo.
Poco sabía que eso sucedería más pronto de lo esperado. ¿Esperado? ¡Kaoru, no es como si fueras a seducirlo! Se regañó a sí misma. ¿O si? Reflexionó. Suspiró y sonrió. No importaba. Lo que sucedió, sucedió porque ambos lo quisieron así.
Sin embargo, seguía teniendo esa pesadilla. Pensó que podía superarlo, ya que no había vuelto a tenerla por un tiempo. La pesadilla se había vuelto más vívida: con más detalles. Un hombre de bigote y mirada vaga. Otro que tenía una espada ensangrentada. Estaba preocupada.
Sacudió la cabeza y decidió alistarse para el nuevo día.
Pasando sus ojos por la habitación, observó una de las camisas de Kenshin a los pies del armario. Extendiéndola, vio que era al menos dos talles más grande que él. Recordó que le había dicho que era un regalo de Sano. No sabe comprar. Sería mejor que Megumi-san lo ayudara, pensó.
Se envolvió con ella. Encogiéndose de hombros, se puso la ropa interior y salió sigilosamente para reunirse con su cocinero.
Kenshin tarareaba mientras cocinaba el guisado. Era el desayuno favorito de Kaoru. También había sido la primera comida que le había cocinado.
Al contrario de Kaoru, Kenshin había dormido bien. Debió haberse desmayado al minuto de terminar la tercera ronda. Lo siguiente que distinguió fue el brillo de la lámpara. No había dormido así desde hacía un buen tiempo. No tuvo pesadillas que lo perturbaran o visiones de Tomoe que lo atormentaran.
No…nunca había dormido de esa manera. Pensó.
No sabía cómo Kaoru iba a reaccionar con su historia. No sabía por qué compartía tanto como podía con ella. Sólo sabía que estaba preparado. En las últimas semanas en la villa se había abierto a la chica. Y sabía, incluso si esa noche no hubiera sucedido, que ella también se abriría a él.
No le preocupaba lo que pudiera sucederle a ambos con el paso del tiempo. Pero algo le decía que todo mejoraría. Por un lado, él estaba mejorando. Y se esforzaría por estarlo por Kaoru. Por una vez, realmente quería experimentar la nueva era. Con ella.
Kaoru salió de la habitación, vestida con la camisa de Kenshin.
Kenshin estiró el cuello para mirar a Kaoru. Cuando vio lo que estaba usando, sonrió.
- Eso luce familiar, - dijo.
- Creo que me queda bien. - Kaoru giró, modelando la camisa.
- Yo también lo creo. Ven para que podamos comer. - Dijo Kenshin mientras ella se acercaba a la mesa.
Envolviendo con un brazo su cintura, la besó gentilmente.
Cuando se separaron, Kaoru tocó sus labios y lamió los suyos propios. - Sabe igual a un buen desayuno.
- Hice tu favorito. Guisado de arroz. - Kenshin colocó un tazón para ella.
Kaoru tomó su cuchara y saboreó el arroz. - Como siempre, está delicioso, amor. Gracias.
Se detuvo al darse cuenta de cómo lo había llamado. Kenshin sonrió y le correspondió el apodo. - De nada. Amor.
Kaoru sonrió, sentía mariposas en el pecho. - Me encanta cómo suena, amor. - Rió.
Kenshin comía su guisado. - ¿Cómo te sientes, amor? ¿Puedes caminar normalmente?
Kaoru se sonrojó. - ¡Kenshin! Por supuesto que puedo.
Kenshin echó un vistazo a sus piernas y pies descalzos. - ¿En serio? Pensé que estabas cojeando hace un rato. ¿Segura de que estás bien?
Kaoru agitó la mano para no darle importancia. - Estoy bien. Puedo caminar bien.
- Aunque no después de más tarde. - Kenshin levantó la barbilla y la miró con picardía.
- ¡Kenshin! - Kaoru se sonrojó aún más.
Poco después, su guisado quedó sin terminar, ya que ambos volvieron al futón de Kenshin para hacer el amor.
Además de administrarle las medicinas a Kenshin, excusarse por ciertos procesos corporales, y preparar sus comidas, los dos se refugiaron en la habitación de Kenshin por el resto del día. Aunque la tormenta ya había parado, una capa gruesa de nieve cubría el campo verde. Permanecer en la habitación de Kenshin, pensaban, hacía al frío soportable.
- ¿Qué hay de ti, Kaoru? ¿Cuál es tu historia? - preguntó Kenshin mientras Kaoru se colocaba un mechón de cabello tras su oreja.
Kaoru miró al techo y curvó sus labios. - Hmmm. ¿Qué hay de mí? Bien, la mía es una historia normal. Escuchar de tu pasado hace que mis problemas parezcan triviales. En ese entonces, mi mayor depresión se debió a que Shun Oguri se había casado.
- ¿Quién es Shun Oguri? - Kenshin entrecerró los ojos, pensando en un posible ex novio.
Kaoru rió. - Es un famoso actor japonés.
Kenshin suspiró, aliviado. - Ya veo, ya veo. Pensé que era un ex novio.
- No, Kenshin. No ha habido nadie más. Sólo tú. - Kaoru sonrió tímidamente.
Kenshin apretó sus manos. - Por favor, continúa, amor.
- Mi vida fue ordinaria. Fui criada por dos amorosos padres en una modesta casa. Mi madre es una ama de casa a la que le gustan las artes y las artesanías. A menudo teje suéteres y bufandas para mí y mi padre; las paredes están cubiertas de sus creaciones. Por otro lado, mi padre tiene un dojo donde enseña el Kamiya Kasshin Ryu. Soy la Ayudante de Maestro del dojo, pero nunca terminé mi entrenamiento debido a la enfermería.
- ¿Kamiya Kasshin Ryu? - Kenshin se preguntaba si había oído acerca de esa técnica antes.
Kaoru asintió. - No es como el Hiten Mitsurugi, pero es una forma de kendo. Usamos un bokken para enseñar el estilo. 'La espada que protege la vida', ése es nuestro lema. Sé que es raro, porque como dijo tu Shishou, la espada es una herramienta para asesinar, y el arte de la espada es el arte de matar. Pero creemos que algún día el kenjutsu no matará, sino que protegerá; no destruirá, sino que construirá. No tenemos muchos estudiantes, así que mi padre trabaja en una empresa que cotiza en bolsa durante la semana. Mi madre a veces vende sus artesanías cuando necesitamos dinero.
"Soy hija única, pero siempre he anhelado tener un hermano. Quería un hermano más que una hermana. No sé por qué, tal vez porque necesitaba a alguien con quien pelear. Como somos una familia pequeña, somos muy unidos. Celebramos de todo y por cualquier cosa. La nueva corbata de papá. El nuevo patrón punto cruz de mamá. Mis primeros tacones. Somos muy simples.
- Suena a una familia perfecta, Kaoru. Me hubiera gustado tener esa misma infancia. - Dijo Kenshin con tristeza.
- Yo también, Kenshin. Cómo quisiera que hubieras tenido la infancia feliz que yo tuve. Tal vez las cosas hubieran sido diferentes para ti. Sólo por tener un pasado oscuro, no quiere decir que tengas un futuro oscuro. Siempre puedes cambiar tu vida. Es lo que haces de tu pasado lo que importa, ¿ne? - Kaoru sonrió.
Kenshin asintió. - Es verdad.
- Siento como si te hubiera conocido de toda la vida, Kenshin. Como si fueras una parte perdida de mí. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Kenshin asintió. - La primera vez que te vi, algo se movió en mi interior. No tenía explicación. Pero sabía que serías especial para mí.
- Creo que es lo que llaman destino. - Kaoru se inclinó para besarlo. Kenshin le devolvió el beso y la abrazó.
Kenshin se apartó, no sin antes besarla por última vez. - Por favor, cuéntame más de ti.
Kaoru se sentó y continuó con su historia animadamente mientras Kenshin escuchaba con atención, tomando notas mentales de sus anécdotas. No se percataron de que habían pasado cuatro horas desde que empezaron a hablar.
Pasaron algunas semanas llenas de felicidad. Aunque sus días estaban llenos de alegría y contento, Kaoru no podía dejar de lado sus reservas. Todas las noches, la misma pesadilla la perseguía, y en todas esas noches, más detalles aparecían. El velo se levantaba, pero Kaoru no quería ver lo que había del otro lado.
- Sabes que puedo leerte. - Le dijo Kenshin despreocupadamente un día que estaban jugando con el trompo.
A Kaoru casi se le tambaleó el juguete. - ¿Eh? ¿A qué te refieres, Kenshin?
Kenshin fijó sus preocupados ojos en ella. - Algo te está molestando y no me lo estás diciendo.
Kaoru sacudió la cabeza. ¿Por qué no le puedo decir? Él me mostró su alma, y sin embargo aquí estoy, conteniéndome. ¿Pero por qué? Se reprendió a sí misma.
- No sé de lo que estás hablando, amor. - Frunció los labios.
- No te obligaré a que me lo digas, Kaoru. He aprendido que hay un tiempo adecuado para todo. Pero por favor, no finjas estar bien sólo porque somos felices juntos. - Kenshin tomó el trompo y lo giró.
Kaoru suspiró y asintió. Se mordió las uñas y vaciló. Y con un largo suspiro, decidió decirle. - He estado teniendo pesadillas.
Kenshin detuvo el trompo y lo dejó a un lado.
- Las he tenido desde que tengo memoria. - Se estremeció al recordar.
Siluetas de demonios, riendo a carcajadas. Un líquido color rojo siendo vertido en una copa de vino. Pétalos de jazmín girando como un tornado. Un globo ocular rodando sobre el suelo de madera. Su boca abierta, gritando sin sonido. Y una voz masculina llamando por su nombre una y otra vez.
- No sé lo que significa. No recuerdo que algo así me haya ocurrido a mí o a mi familia. Y no entiendo por qué últimamente se han vuelto vívidas. Me preocupa. - Kaoru inclinó la cabeza y se miró las manos.
Kenshin levantó su mentón y besó su frente. - Es sólo un sueño, Kaoru. Lo que tenemos aquí, ahora, esto es real.
- Lo sé, Kenshin. Sólo que no entiendo por qué he estado teniendo esos sueños. Tengo miedo... Tengo mucho miedo porque no quiero perderte. - Las lágrimas caían por las mejillas de Kaoru.
Kenshin la hizo callar. - Nada malo va a suceder. No dejaré que nada te suceda. Te protegeré, mi amor. Por favor, ya no llores. - Besó con suavidad las lágrimas cayendo por sus mejillas.
Kaoru asintió. - Lo siento, amor. Lo siento mucho. Es que hemos estado aquí por mucho tiempo, pero eso no significa... Quiero decir, amo estar contigo. Amo lo que tenemos. Pero es mucho tiempo y las cosas están en el aire. Antes no me importaba porque éramos felices, pero las pesadillas y la falta de comunicación desde Hikaru… No lo sé, pero todo esto me está volviendo loca.
Kenshin rió entre dientes. - Bienvenida a mi mundo. Tal vez deberías tomar mis medicinas.
Kaoru le dio un suave golpe en su brazo y rió. - ¡Kenshin!
Kenshin levantó sus manos alegando inocencia y luego secó sus lágrimas. - Entiendo, Kaoru. Pero ahora nos tenemos el uno al otro. No te dejaré ir. Te protegeré a ti y a tu felicidad.
Kaoru rió y frotó su nariz. - Gracias, Kenshin. Por favor, ten presente que también te protegeré. No soy tan fuerte como tú, pero desde mi corazón, mientras estés allí, y eso será para siempre, te protegeré con todo el amor que pueda dar.
Kenshin asintió y volvió a besarla.
Día 90
Kenshin se agitó al escuchar que tocaban la puerta.
Kaoru se despertó con el sonido. - Aún no es tiempo de que vengan con víveres. - murmuró.
La pareja se miró con complicidad. Se vistieron y arreglaron.
Kenshin entrecerró los ojos. - Quédate aquí. Veré quién es.
Llevando un atizador, Kenshin se aproximó lentamente a la puerta. Giró el pomo, listo para golpear al visitante inesperado. - ¿Qué haces aquí? - Kenshin bajó el arma.
Los minutos pasaban y Kenshin no volvía. ¿Qué pasa con Kenshin? Pensó Kaoru.
Se levantó de la cama y fue hacia la puerta. - ¿Kenshin?
Kenshin le sonrió y la llamó desde afuera. - Mira, Kaoru.
Afuera, vio que él estaba felizmente montado sobre una motocicleta negra. Kaoru inspeccionó el vehículo y observó el rostro feliz de Kenshin. - Kaoru, esta es Mizuki, mi motocicleta. Mizuki, ella es Kaoru, mi amor.
Kaoru se inclinó con respeto ante Mizuki. - Es un placer conocerte.
- Mizuki dice que el placer es suyo. - Kenshin se inclinó en nombre de la motocicleta.
El guardia le entregó a Kenshin las llaves y éste las guardó en el bolsillo. Luego le entregó también un iPhone. Hizo un gesto para que Kenshin lo colocara cerca del oído.
- ¿Hola? - Saludó Kenshin a la persona en la otra línea.
Saitou saludó despreocupadamente. - Himura.
- ¡Saitou! Es genial escucharte. ¿Cómo está…
- Cállate y escúchame con atención.
Kenshin se calló y escuchó, como le indicaron.
- Himura, Mizuki sólo puede viajar un total de 20 km. Así que ni se te ocurra huir. Sólo lo hacemos para que no se vuelvan claustrofóbicos. Ahora que has atendido a la chica, deberías llevarla afuera. Los guardias han despejado el camino, así que eso no será un problema.
- ¿Atendido a la chica? ¿A qué te refieres…? - Kenshin dijo eso en voz baja para que ni Kaoru ni el guardia pudieran oír.
- Lo has hecho, ¿no es así? De todos modos, ni me lo digas. No me interesa. Aunque la Mujer Zorro está gritando que lo has hecho. - Resopló Saitou.
Kenshin cambió de tema. - ¿Qué sucede allí? ¿Han atrapado al traidor?
- Aún no. Pero estamos cerca. - Suspiró Saitou.
- Espero que puedan mantenernos al tanto todo lo que puedan. Kaoru está muy preocupada. - Suspiró Kenshin a su vez.
- Lo sé. Pero no puedo hacerlo siempre, como ya bien sabes. Además, estoy usando un teléfono celular desechable para hablar con ustedes, par de tortolitos. Mientras tanto, ustedes se quedan dónde están, teniendo sexo o lo que sea.
Saitou hizo una pausa, aparentemente para escuchar a alguien en el fondo. Dejó salir un suspiro de exasperación y continuó, - Y Megumi dice que está saltando de alegría cuando confirmaste que lo están haciendo. Cuídense.
Se cortó la comunicación. Kenshin le devolvió el móvil al guardia quien lo hizo pedazos con sus zapatos militares. Con un breve asentimiento, dejó a la pareja.
- ¿No es encantador? - Comentó Kaoru.
Kenshin rió. - Sí que lo es.
Le transmitió la información a Kaoru quien casi saltó de alegría. Era posible que el encierro le estuviera afectando y sea la razón de sus malos sueños.
Kenshin desmontó a Mizuki y la colocó junto a la puerta.
- Antes de irnos, creo que sería mejor refrescarnos. - Colocó un brazo alrededor del hombro de Kaoru y la llevó adentro.
Los dos se dirigieron al baño para "refrescarse."
Kenshin colocó un casco sobre la cabeza de Kaoru e hizo lo mismo con él. Montaron a Mizuki, los brazos de Kaoru envolvieron su cintura. Poniendo en marcha el motor, Kenshin condujo alejándose de la villa.
Tal y como había dicho Saitou, no habían rastros de nieve que cubrieran el camino. Y habían pasado muy pocos días de cuando Kenshin ni siquiera podía abrir la puerta de la entrada de la capa de nieve que la bloqueaba. Aunque no podía entender por qué tenían que alejarse de la villa. Tenía una sensación de inquietud en el pecho, pero no podía identificar qué era. Sentir el fuerte agarre de Kaoru y poder oler su esencia de jazmín hacían que sus dudas se disiparan.
Observaron la larga fila de pinos que escondían la villa del resto del mundo. Pero una vez que llegaron al final de esa línea, la luz del sol los saludó. Vieron un campo abierto que se extendía en una carretera serpenteante. Aparentemente, la villa estaba ubicada en la cima de una colina que daba a un pequeño pueblo de pescadores. Kenshin reconoció el lugar. Sabía dónde estaban.
- Creo que Katsura-sama tiene algo con los caminos serpenteantes. - Comentó Kaoru.
Kenshin asintió. - Agárrate fuerte, amor. Esto será un recorrido accidentado.
Así que Kaoru se mantuvo sujeta, sintiendo sin querer (pero sintiendo al fin) los tensos músculos que se ocultaban bajo la camisa de Kenshin.
El camino estaba cubierto de árboles de sakura caídos, plantados en altas paredes de tierras. Kaoru extendió su mano hacia los pétalos que caían. Kenshin sonrió, observándola por el espejo lateral.
Pasando los árboles de sakura había un prado verde donde una anciana que vendía flores llamó la atención de Kenshin.
La pareja se detuvo y dejaron sus cascos sobre Mizuki. Se acercaron a la mujer del solitario puesto.
- Jovencito, cómprale unas flores a tu novia. - Animaba a Kenshin, señalándole diferentes ramos de flores como iris, camelias rojas y nomeolvides, entre otras.
- Son hermosas, Kenshin. - Kaoru olió las lilas y se fijó en algunas violetas.
- ¿Cuánto por las nomeolvides, obasan?
La anciana negó con la cabeza y le entregó el ramo. - Llévate todas las que quieras, joven. Ya han sido encargadas. - Le guiñó un ojo.
Kenshin se preguntó si Katsura había pagado por eso. Claro que sí, baka. Especialmente en este lugar, se dijo mentalmente.
- Gracias. - Tomó las flores y se acercó a Kaoru, quien estaba fascinada con las flores de diferentes colores en el pequeño puesto.
Kenshin se aclaró la garganta y escondió el ramo tras él. Kaoru volvió de su trance y lo miró.
- Para ti, mi señora. - Kenshin le extendió las flores.
Kaoru se sonrojó. Era la primera vez que alguien le regalaba flores. No era una tonta romántica, pero sentía envidia de sus amigas cuando recibían un ramo. Tomó y abrazó el suyo. - Son hermosas. Gracias, Kenshin.
Kenshin sonrió. - De nada, mi amor. ¿Quieres algo más de la tienda?
Kaoru negó con la cabeza. - Esto es suficiente.
- Joven, al final del camino, hay una encantadora cabaña con vista al centro del pueblo. Te sugiero que la lleves allí. - La anciana volvió a guiñarle un ojo a Kenshin.
Kenshin y Kaoru asintieron y le agradecieron.
- Eso fue raro. Un puesto de flores en medio de la nada. - Comentó Kaoru mientras se alejaban con Mizuki.
- Sólo disfrutémoslo, amor. Esas flores se ven bien en ti. - Kenshin se mantuvo atento buscando la famosa cabaña.
Kaoru agradeció que el casco ocultaba el rubor de sus mejillas.
En pocos minutos, llegaron a la cabaña. Se sorprendieron al ver una mesa con una gran canasta de picnic y botellas de agua con gas puestas en un cubo con hielo. Un arreglo floral de lirios blancos y jazmines adornaba el centro.
- Parece que alguien preparó esto para nosotros. ¿Será obra de Saitou-sama? - Kaoru entró a la cabaña de madera y se sentó en el banco. Tal y como había dicho la anciana, la cabaña tenía una vista panorámica del centro del pueblo.
Kenshin vio una nota en la canasta y la leyó.
Un picnic en medio del invierno. Confía en la creatividad del viejo. Disfruten.
– S
P.D.
Dejen todo una vez que hayan terminado. Y asegúrense de comer todo. Tokio cocinó los ohagi.
Kenshin se sentó junto a Kaoru. - Parece que Saitou lo preparó para nosotros. Disfrutemos entonces.
Kaoru asintió y abrió la canasta. Dentro había un montón de cajas de bento con todo tipo de comidas: bolas de arroz, karaage, tofu salado, diferentes tipos de sushi, ohagi, y frutas surtidas.
- Wow, parece un picnic para una familia de cinco. No podremos terminar con todo. - Kaoru dejó las cajas en la mesa y le entregó a Kenshin sus palillos.
- Deberíamos intentarlo, amor. Tokio-san cocinó los ohagi. A Saitou no le gustará que dejemos sobras. - Kenshin le mostró a Kaoru la nota y ella asintió comprendiendo.
- Entonces quiere decir que estaremos aquí un buen rato. - Tomó una servilleta de papel y la colocó sobre su regazo.
Kenshin observó a Kaoru y contempló el escenario. La vista romántica al pueblo. La elegante mesa de picnic. Sonrió al darse cuenta de algo.
Kaoru miró a Kenshin quien estaba silencioso. - ¿Qué pasa, Kenshin?
- Creo que estamos teniendo una cita, Kaoru. - Kenshin le sonrió.
Kaoru se sonrojó de nuevo. - Oh. ¿No es un grupo algo indiscreto?
Kenshin rió con ganas. - Debes admitir que esto es romántico.
- Aunque no puedo imaginar a Saitou-sama preparando todo esto. - Reía Kaoru mientras trataba de imaginar a un severo Saitou diciéndole a los guardias que arreglaran las flores de cierta manera.
- Un guerrero como él sabe de esas pasiones, mi amor. Como yo. - Kenshin la miró con malicia.
Kaoru le dio una palmada en el brazo. - ¡Kenshin! ¡Aquí no!
Kenshin negó con la cabeza, fingiendo inocencia ante lo que Kaoru quería decir. - ¿Por qué me golpeas? No estoy insinuando nada.
- Oh, señor. No finjas que no sé de lo que hablas. - Lo desairó Kaoru.
Kenshin rió y cambió de tema. - Comamos.
Ambos se inclinaron y empezaron a comer.
La pareja contempló la vista.
- No estoy segura de dónde estamos. No luce como un pueblo pesquero cualquiera. Quiero decir, mira allí, hay un café Internet. Es un poco extraño. - Le señaló Kaoru a Kenshin.
- Estamos en Maru, una isla aislada cerca de Hokkaido. Katsura-sama es el dueño de esta isla. - Kenshin masticaba un trozo de col.
Los ojos de Kaoru se ensancharon. - ¿De verdad? Bueno, no debería sorprenderme dada su posición. Puede permitirse comprar una isla.
- Sí. Pero le pertenece desde la era Bakumatsu. En ese entonces, usaba pequeñas islas como bases militares. Una ventaja logística, ya que podía controlar quién entraba y salía del lugar. Además, como son muy pequeñas, no son muy obvias. Todos los habitantes de esta isla son aliados de la facción Choshu. Probablemente ellos o sus familiares pelearon en la guerra.
Kaoru obervaba el pueblo. Todo lo que ella veía era pescadores ordinarios, llevando a cabo su rutina diaria y mercaderes que espantaban las moscas de sus productos. No podía imaginárselos blandiendo armas de guerra. Sonrió. - Al menos en esta nueva era, ya no están peleando.
Kenshin miró a Kaoru, desconcertado.
- Míralos. Venden vegetales y pescan para que sus familias puedan comer algo, mientras que antes, tomaban vidas para proteger a sus familias. La nueva era les ha proporcionado paz. - Kaoru bebía agua.
Kenshin asintió.
- Y muy pronto, serás como ellos también. - Kaoru le sonreía.
- Espero que sí. - Kenshin apretó su mano.
- Tu tratamiento clínico está casi terminado, Kenshin. Megumi-san y yo te hicimos una buena evaluación el último Diciembre. Ésa era la que determinaría los resultados. - Kaoru se incorporó, recordando la fecha del fin del tratamiento.
- En realidad, ¿sabes qué? ¡Hoy es el último día del tratamiento! Tal vez ésa sea la razón del por qué nos dejaron salir. ¡Para celebrar! ¡Para celebrar tu último día como paciente! Oh, Dios mío, soy tan feliz, Kenshin. ¡Al fin eres libre!
Kaoru abrazó al confundido pelirrojo.
En medio del mortífero agarre de Kaoru, se las arregló para preguntar. - ¿Pero cómo estás tan segura de que seré un hombre libre después de esto?
Kaoru rodó los ojos. - Mi amor, leí tu 'contrato'. Dice que si el tratamiento de GSK es exitoso, estás curado de tu enfermedad, tu tratamiento se terminará y podrás salir de Hikaru.
Kenshin finalmente entendió el entusiasmo de Kaoru. Una sensación cálida brotó de su pecho. - Ya veo.
Kaoru le sonreía. - ¿Qué vas a hacer cuando dejes Hikaru? - Aunque su emancipación significaría que Kenshin podría al fin salir adelante de su horrible pasado, Kaoru también sabía que sus caminos podrían separarse.
Kenshin consideraba las posibilidades. Podría irse con Sano y unirse a su banda de inadaptados. Podría ir donde Sayaka-dono y ayudarla con su puesto. Podría visitar la tumba de Tomoe y presentar sus respetos. Ninguna de las opciones lo llamaba. Y luego, recordó.
- Encontraré una manera de expiar mis pecados como hitokiri. - Dijo resuelto.
Kaoru asintió, sonriendo. - Justo como lo dijiste.
- Luego compraré una casa cerca de Hikaru para poder visitarte todos los días. - Kenshin le sirvió un poco más de agua a Kaoru.
Kaoru le agradeció y bebió el líquido. - ¿Cómo vas a empezar tu aventura si me visitas todos los días?
- Cada día es una aventura si estás conmigo. - Kenshin le dio un beso en la mejilla.
- Kenshin, eso es tan cursi.
- Y aun así te sonrojas.
- ¿Y cómo podrás pagar una casa, eh? No estás trabajando.
Kenshin se encogió de hombros. - Bueno, ser un hitokiri tuvo sus beneficios. Me pagaron muy bien por mis servicios. Nunca me gustaron las cosas materiales, así que guardé mucho dinero.
- Genial. Al menos tienes algo con qué comenzar tu aventura.
Kenshin asintió. - Es por eso que, como dije, compraré una casa.
- Kenshin, en serio. Te estoy preguntando en serio. En serio.
- Lo había notado. - Sonrió Kenshin.
Kaoru le pellizcó juguetonamente la mejilla. Kenshin rió.
Con un suspiro, respondió. - Supongo que viajaré por Japón. Encontraré mi respuesta en el camino. Protegeré al débil sin blandir una espada. No lo sé. Tal vez me convierta en un oficial de policía. O formaré un grupo como el de Sano. Aún no tengo un plan concreto. Nunca imagine que mejoraría, ya sabes. En ese entonces, la vida después de Hikaru era algo imposible para mí. Y ahora que está al alcance de mi mano, no lo puedo creer. Realmente no puedo creer que esté sucediendo. Y todo es por ti, Kaoru. Tú me salvaste.
Kaoru negó con la cabeza. - Te salvaste a ti mismo, Kenshin. Incluso podría haberme acercado, tú no hubieras escuchado, y todo habría sido por nada.
- Gracias, Kaoru. Por darme una segunda vida. - Kenshin besó sus labios con ternura.
- De nada, Kenshin. Gracias por estar vivo. - Kaoru le devolvió el beso.
- Te extrañaré. - Kenshin entrelazó sus dedos.
Una lágrima perdida cayó de los ojos de Kaoru. - Dios sabe que yo también. Pero será para mejor. No podría estar más feliz por ti. Nos mantendremos en contacto, ¿sí?
Kenshin asintió. - Te lo prometo.
Milagrosamente, pudieron terminar el festín preparado para ellos.
Para ahorrar combustible, Kenshin aparcó a Mizuki en un lugar cerca del pie de la colina. Un pequeño pero largo río separaba el pueblo en dos: el que estaba cerca del mar y el puerto y el área de pesca, mientras que la otra parte era un compendio de varias tiendas. Merodearon por el pequeño pueblo a pie y decidieron visitar la pescadería. Curiosamente, cerca había una tienda de artesanías que vendía molinillos de viento y vasos de cerámica. Cruzando la calle había una pequeña librería que presentaba algunos mangas famosos. Pronto, encontraron chocolate artesanal y mujeres disfrazadas en las rendijas entre las estructuras.
En poco tiempo, ya era la puesta de sol. Con las piernas cansadas volvieron a Mizuki y la pareja regresó a la villa. Tan pronto como se fueron, algunos agentes reportaron a Katsura lo que había ocurrido esa tarde.
Al volver a la villa, vieron que el guardia los esperaba. Extendió su mano y Kenshin entendió. Le arrojó las llaves de Mizuki y el guardia las atrapó de manera imperturbable.
- Gracias. - Kenshin se inclinó ante el guardia.
El guardia no dijo nada y se marchó, llevándose a Mizuki. Otro guardia lo ayudó a abordar la motocicleta en el helicóptero militar.
Kenshin y Kaoru miraban cómo el helicóptero se alejaba.
- ¿Entonces estuvieron aquí todo este tiempo? - Caviló Kaoru.
Kenshin asintió. - Posiblemente. Esperando a que volviéramos.
- Bueno, eso es raro. No es como si pudiéramos escapar. - Kaoru se encogió de hombros. - Oh, sí que a veces pueden ser paranoicos.
Kenshin frunció el ceño y consideró lo dicho por Kaoru. ¿Por qué tuvieron que esperar a que les devolviéramos a Mizuki? No podemos usarla para escapar si estamos en medio del mar. ¿Es posible que hayan estado buscando algo en la casa?
Kaoru entró. Colocó las nomeolvides en un jarrón vacío y lo posó en el centro de la mesa.
- ¿No son hermosas? - Aplaudió con alegría.
Kenshin también entró, aún perdido en sus pensamientos.
Kaoru se le acercó. - Kenshin, dije que si las flores te parecían hermosas.
- ¿Eh? Ah…sí, muy hermosas. - Concordó Kenshin.
Kaoru vio que estaba muy pensativo. - ¿Qué pasa, Kenshin?
Kenshin negó con la cabeza. - No es nada.
Kaoru insistió. - Himura Kenshin, ¿qué pasa?
Kenshin suspiró. - Es raro. Los guardias pudieron habernos dejado con Mizuki. Ella prácticamente estaba vacía, así que aunque si la tuviéramos aquí, no podríamos escapar. Para empezar, no hubiéramos podido atravesar el mar con Mizuki. Pero aun así se quedaron y nos esperaron. Vi las colillas de cigarrillos afuera, por eso lo sé. ¿Pero por qué esperar?
- Es un poco extraño. Pero no veo cambios en este lugar. - Kaoru observó alrededor y vio la taza de café que ella había dejado en la mesa de la sala de estar.
Kenshin meditaba sobre lo que podría haber sido. - A menos que…
- ¿A menos que qué? - Kaoru se anticipó a la respuesta de Kenshin.
- A menos que hayan colocado algo en la villa que les haya tomado todo el día instalar. - Dijo Kenshin examinando las paredes.
- ¿Cómo qué? - Kaoru lo seguía, aún sin estar muy segura de lo que estaba sucediendo.
Kenshin inspeccionaba las paredes buscando cualquier cosa sospechosa. - Micrófonos. O cámaras.
- ¿Qué? - Kaoru recordó su teoría de la cámara de seguridad en la habitación de Kenshin. Si hubieran cámaras aquí, entonces ellos nos verían a Kenshin y a mí… Kaoru se quedó sin aliento.
- Kaoru, por favor, trae la caja de herramientas del jardín. - Kaoru hizo lo que le dijo. Notó que las margaritas estaban marchitas. Se preguntó por qué, si estaban perfectamente bien unos días atrás.
¿Por qué instalar cámaras ahora? ¿O puede ser que ya haya habido cámaras antes? Kenshin continuaba con su inspección. Si fuera así, entonces ellos nos han visto a Kaoru y a mí… Kenshin se quedó sin aliento.
Cuando Kenshin golpeó un lugar cerca del interruptor de la araña, percibió un sonido diferente. Golpeó la madera de al lado y comparó los sonidos. Convencido, abrió ese lugar. Allí, vio cables transparentes que estaban cuidadosamente ocultos detrás de las ranuras entre las maderas de la pared.
- Por favor, ten cuidado. - Kaoru juntó sus manos, ansiosa ante lo que pudiera pasar. Permaneció cerca de Kenshin.
Kenshin tiró de los cables y se rompieron partes de la pared y el techo. La araña osciló, y fue allí que Kenshin se dio cuenta. Todos los cristales de la araña eran en realidad cámaras en miniatura. Colgaban del techo para tener una mejor vista.
- Fue esta araña todo este tiempo. Algunas cámara tal vez funcionaban mal, así que tuvieron que reemplazarlas. Debí haberlo visto antes. Lo siento, Kaoru. Debí haber sido más cuidadoso. - Kenshin se inclinó frente a Kaoru.
Kaoru negó con la cabeza. - No es tu culpa. ¿Cómo se supone que lo íbamos a saber?
Kenshin apretó los dientes y miró la araña. - Esto es demasiado, Katsura-sama. Ya no puedes interferir con nosotros.
Tomó el alicate y cortó el cableado. Las luces de la araña se apagaron.
No descansó esa noche hasta hasta terminar de romper cada equipo de vigilancia que pudo encontrar. Kaoru lo ayudaba y trataba de apaciguar la ira de su amante.
Después de cinco horas destrozando la villa, ambos pudieron descansar.
De vuelta en Hikaru, Katsura maldecía a los dioses. - ¡Ahora ya no podremos protegerlos! ¡Haz algo, Saitou! - Gritaba.
- Lo haré, Katsura-sama. - Fue la firme respuesta del subordinado reprendido. Se dirigió a los aposentos de los guardias.
- Fue invasión a la privacidad, Katsura-sama. - Dijo Megumi a regañadientes.
- Hemos aprendido la lección con Tomoe. No podemos permitir que les suceda. Es una espada de doble filo. Si no los monitoreamos, no sabremos. Si lo hacemos, sabremos mucho. Pero es un riesgo que estoy dispuesto a tomar. Especialmente ahora, que estamos tan cerca de encontrar al traidor. - Katsura revisó el plan que había trazado para ese día. Era impecable. Los sentidos de Kenshin debían haber vuelto como para permitirle ver más allá de las frivolidades.
Pero no pudo haber sido tan fácil. Lo tenía todo tan bien planeado. Simplemente no era posible, se preguntaba Katsura sin encontrar respuesta. ¿Por qué siempre tengo que fallar? ¿Ha pasado tanto tiempo y aún no puedo ser capaz de entenderlo?
Megumi observaba impotente cómo Katsura se desataba ante ella. Nunca lo había visto tan inseguro, confundido y agitado. La cacería al traidor lo estaba poniendo al límite. Y este último incidente había puesto a Kenshin y a Kaoru en peligro. Sin saber qué hacer, colocó una mano sobre el hombro de Katsura. - Katsura-sama, todo estará bien.
Katsura miró la sonrisa tranquilizadora de Megumi. Ella entendía su dolor y no lo juzgaba. Y se quebró en los brazos de Megumi. Trataba de explicarse a sí mismo, pero no encontraba las palabras. Megumi lo arrulló y lo dejó llorar.
Día 91
Hubo un fuerte y constante golpe en la puerta.
Kenshin aún dormía, soñando con el picnic que había tenido con Kaoru. Kaoru estaba cambiando el agua del jarrón con las nomeolvides.
Kaoru dejó el jarrón en la mesa y se acercó a la puerta. Giró el pomo y la abrió. Al ver quién era la visita, sonrió.
- Mucho tiempo sin vernos. - Dijo el visitante.
Life had broken my heart, my spirit
La vida ha roto mi corazón, mi espíritu
And then you crossed my path
Y luego te cruzaste en mi camino
You quelled my fears, you made me laugh
Acallaste mis miedos, me hiciste reír
Then you covered my heart in kisses
Luego cubriste mi corazón de besos
