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Y siguiendo con la temática del Husbando… 7w7)r Basado en los capítulos del manga 366, 367, 368 y 369 de la Saga de Tártaros: Jellal Vrs Oración 6. Espero que lo disfruten…
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Disclaimer I: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Hiro Mashima. La historia es especulación mía de la interiorización de Jellal durante los capítulos del manga.
Disclaimer II: Fic participa en el "Taller Pro IC defendiendo el honor del foro Cannon Island."
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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Oraciones
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No es que fuese la mejor manera. No. Es que era la única manera.
Jellal Fernandes lo supo desde el inicio, aunque aún no tenía la certeza absoluta.
―¡No puedes hacer esto por ti mismo! ―era lo que le decía Meredy al verlo luchar con cinco de los seis miembros de la antigua Oración Seis.
―Tengo que hacerlo yo mismo ―le respondió con firmeza, si bien había recibido muchos de los golpes, se encontraba bien. Sentía que había sido correcto recibir parte de ese resentimiento de manera física. La única manera de mostrarles el camino correcto era ese, la lucha. Tenía que permitir que ellos expusiesen sus corazones que aún estaban aprisionados por miedos y fantasmas pasados.
Corazones encadenados en los calabozos de una oscura torre.
―¡No dejaré que te metas con mi libertad! ―la ira en Sawyer era evidente, su ataque reflejó las veces que quiso ser más rápido que los guardias de la Torre para poder escapar.
Aún tenía miedo de ser atrapado.
―¡No lo voy a dejar de nadie! ―el ataque de Erik fue con vehemencia, la misma con la que día tras día soñaba escuchar la voz de su compañera.
Aún tenía miedo de no cumplirlo.
―¡Las cadenas que una vez nos rodearon ya no existen! ―Sorano extendió su poder sin su seguridad usual, esa que la hizo llamarse a sí misma Ángel, confiada de que lograría elevarse con blancas alas al cielo.
Aún tenía miedo de alzar vuelo.
―Nuestros caminos comenzaron en una torre oscura ―Macbeth lo miraba con una mezcla de odio y resentimiento―, pero eso no era más que una falsa libertad. Creíamos que habíamos sido salvados, desgarrados entre sí, maldiciendo al mundo ―el chico que prefería dormir para huir de la realidad sucia le hablaba con toda la conciencia despierta― ¡No éramos nada más que peones destinados a sellar a Zero! Ahora... finalmente la verdadera libertad se presenta ante nosotros...! ―su voz se quebró y Jellal lo supo, sabía muy bien lo que sentía― Nosotros…
Aún tenía miedo de aceptar el mundo que le rodeaba.
Libertad.
Ese era el resumen de las oraciones que una vez Brain utilizó para su beneficio, deseos acumulados y esperanzas rotas de niños inocentes de los que él mismo de una u otra manera se aprovechó, y no solo de los que estaban frente a él en ese momento, habían más, muchos más como ellos, como Milliana, Sho, Wally, Simon…
«Erza…»
Su puño se cerró con fuerza y su decisión se hizo más firme.
―¡Yo los liberaré! ―su cuerpo brilló dorado y su puño impactó en el chico que siempre deseó ser lo suficientemente rápido para escapar de todo― ¡Su libertad sigue siendo una mentira! ―interceptó el golpe de Erik que habría sido peligroso si su antigua compañera hubiese estado junto a él combinándose en el ataque― ¡Y así será siempre si ustedes no dejan ir esa oscuridad! ―Sorano en ese momento supo que no tenía las alas para elevarse al cielo y evadir el posible ataque de Jellal.
El antiguo promotor de la construcción de la torre que se construyó gracias a la desgracia de miles de personas respiró hondo sin perder de vista a sus contrincantes, pero aunque frente a él estaban presentes en forma adulta, Jellal no podía ver más que a un grupo de niños asustados que temían salir al mundo porque conocían de lo que eran capaces las personas fuera de las paredes que los mantenían seguros, su falsa fuerza, su falso cinismo, su falsa seguridad, su falsa maldad.
Su falsa libertad.
―¿Tú nos harás libres? ―Macbeth lo miró más escéptico que antes― ¿Qué puedes hacer?
¿Qué podía hacer él?
Él, quién no pudo librarse de la manipulación de Ultear.
Él, quién fue participe de esa oscuridad que los enjauló.
Él, quién ayudó de cierta manera a crear sus miedos.
Él, quién estuvo a punto de echarse a morir.
¿Qué podía hacer él?
―Yo puedo derrotarlos ―afirmó Jellal para ellos y para sí mismo también, él no se daría por vencido hasta lograr derrotar esos miedos que los ataban. Si él había ayudado a crear esas jaulas iba a ayudar a destruirlas, así como una bofetada y las palabras de alguien más fuerte que él le habían recordado que la vida era una lucha que no debía ser evadida con excusas y atajos― ¿Qué es lo que desean hacer ustedes? ¿Desaparecer?
No podía culparlos, él lo quiso hacer.
Sucumbir, dejar de existir, descansar por siempre…
Morir.
Pero esa no era la manera, de esa forma solo habrían vivido para el bienestar y los planes de Zero, el hombre egoísta que yacía a unos metros de donde estaba él.
No lo iba a permitir.
No iba a dejar que, aún muerto, Brain se saliese con la suya, no podía seguir atando los deseos y oraciones de esos niños a su existencia, esas oraciones no debían de dejar de existir, debían seguir con vida por el bienestar de los que las habían creado.
No más miedo.
No más atadura.
No más culpa.
Sí, él también tenía cadenas que cortar.
―¡Tú eres quién va a desaparecer, Jellal! ―la voz de Zero llegó casi al mismo tiempo que el impacto, sus ojos captaron la sorpresa en tres de los orantes, sus oídos escucharon el grito de Meredy quien junto a Richard veía como su cuerpo caía al suelo.
¿Así acababa todo?
¿Él moriría sin lograr su nuevo objetivo?
Escuchaba a Meredy llorar, le dijo que escapase y ella negó.
¿Escapar? ¿Por qué?
¿Él seguía siendo tan débil?
«¡Estar vivos… es una señal de fuerza!»
Las palabras vinieron a su mente y el sentimiento que lo llenó la primera vez que las escuchó lo llenó de la misma manera.
No, no podía escapar.
«Debes vivir por el bien de la persona que más te importa»
Observó de nuevo las caras de los presentes, horror, miedo, intranquilidad, soberbia contenida.
―Nosotros… ―susurró Jellal y sonrió.
Y entonces Zero decidió terminar con su existencia.
Gritos, incredulidad, miedo, satisfacción.
Y la ilusión de Macbeth se despedazó como un espejo.
―¿¡Mi pesadilla!? ―el chico de cabello bicolor miraba incrédulo la escena― ¿¡Fue destruida!?
Jellal no les dio tiempo de pensar, su visión era pura oscuridad pero ahora veía todo con más claridad que antes, así como había destruido la magia de Macbeth dañándose a sí mismo, de esa misma forma destruiría sus falsas caretas de seguridad ante lo que pretendían hacer con sus futuros.
No lo iba a permitir.
No dejaría que ellos encadenaran con odio los días que aún no habían vivido.
―Grand Chariot ―pronunció su hechizo en medio de la conmoción―. Sean juzgados por las siete estrellas.
Sorpresa. Magia. Poder. Miedo. Gritos.
Sus dedos no dudaron en sus siguientes movimientos, la contundencia de su victoria lograría que por fin abrieran sus oídos y sus ojos a sus palabras, debía de romperlos por completo para que por fin dejaran de remendar cada pedacito que se les caía y en su lugar decidieran renacer del desastre que la oscuridad había hecho con su pasado.
―Sema.
Su magia descendió de los cielos y los terminó de aplastar. No sintió culpa, no sintió remordimiento. Solo esperó que solo eso fuese necesario porque estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para que ellos entendiesen.
―Es nuestra derrota… ―Macbeth fue el primer susurro, una imploración derrotista― Mátanos...
Eso jamás.
―No tengo ninguna intención de hacerlo ―Jellal respiró hondo, su poder mágico aún estaba impregnado en sus dedos.
―¿Nos regresarás a prisión? ―Sorano ahogó la súplica que quiso salir.
Eso tampoco.
―No ―Jellal dejó que su magia se desvaneciese, podía sentirlo, era el momento de exponer el objetivo de ese enfrentamiento, la razón de las palabras, la ejecución de su propia oración― El gremio independiente de Crime Sorcière ―presentó con seriedad absoluta la propuesta y observó la incredulidad en la cara de Erik que fue exteriorizada en una pregunta ahogada de Sorano ―. Únanse a nuestro gremio.
Eso era.
Independiente.
Nuestro.
Ellos eran los únicos calificados para unirse, sabían de la oscuridad y querían liberarse de ellas, conocían el miedo y las pesadillas y aún tenían la fuerza para luchar contra ellos.
Ellos eran como él, como Meredy y como Ultear.
―Sus oraciones serán finalmente oídas ―continuó y escuchó el casi silente bufido de la indecisión creciente en Macbeth― Se los prometo.
Y estaba seguro de ello, y la razón era simple.
Ahora no relegarían sus deseos a un tercero que las utilizaría para su propio y egoísta beneficio, no. Ahora sus oraciones serían escuchadas por sí mismos, por sus corazones y determinación, y serían ellos mismos, cada uno de ellos, quienes lucharían día a día por cumplirlas, y para cuando pudieran sentir que su oración era una plegaria de un imposible, ese gremio creado para renegados estaría allí para ayudarse entre sí.
―¿Pero para lograr eso que deberíamos hacer ahora…?
―Debemos combatir al mismo enemigo ―Jellal se acercó a Macbeth ayudándose de su sentido mágico y de las sombras que apenas percibía debido al daño en sus ojos, lo tomó del cuello de la camisa y exteriorizó el objetivo principal de su gremio― ¡JUNTOS DEBEMOS DERROTAR A ZEREF!
Listo, estaba hecho, y ahora solo quedaba dejar que ellos usarán la libertad que merecían.
¿Lucharían por sus propias oraciones?
No lo sabía.
…Pero agregó una oración propia mientras esperaba sus respuestas…
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¿Review?
Gracias por tomarse el tiempo para dejar sus comentarios
NwN
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Gracias mil por leer.
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