Pasaron dos días desde el Rating Game e Issei, a pesar de estar totalmente curado, seguía sin despertar. Asia había sido designada a cuidarlo mientras que Rias y el resto de su séquito iban a su fiesta de compromiso. Durante esos dos días el azabache fue constantemente a la casa de su amigo, quería estar ahí cuando despertara.

- ¿Le llevas eso a Issei? – preguntó el Hyakuya a Asia, quien llevaba un bol con agua.

-Sí- respondió sin muchos ánimos.

Cuando ambos estuvieron frente a la puerta del Hyoudou, Yu la abrió y se sorprendieron, había despertado. Asia sin perder el tiempo corrió a abrazarlo, ella era la más preocupada de todas.

-Me alegro- dijo Asia llorando -Me alegro de que despertaras, temía que nunca lo hicieras.

-Lo lamento Asia- se disculpó el castaño acariciando la cabeza de la rubia -Lamento volver a preocuparte.

-No, mientras estés bien no hay problema- se apartó del Hyoudou mientras secaba sus lágrimas.

-Es bueno verte bien- comentó el azabache adentrándose a la habitación y haciendo acto de presencia.

-Yu- sorprendido Issei vio la cara relajada de su amigo - ¿Qué haces aquí?

-Vengo a ver al perdedor, que más- respondió burlesco provocando un ceño fruncido en el castaño - ¿Cómo te sientes?

-Bien, creo- se rascó la nuca apenado. Un pequeño silencio se formó en la habitación, e Issei quiso aprovecharlo para decir su decisión -Escuchen Asia, Yu, iré a ver a la…

El Hyakuya tomó de la cabeza a su amigo y lo tiró en la cama -Nada de eso, te quedaras aquí descansando apropiadamente.

- ¡No puedo quedarme aquí! – gritó exaltado -No puedo sabiendo que Buchou se casará con ese bastardo.

-Issei-san- Asia miró con admiración al Hyoudou al escuchar esas palabras.

-No te preocupes por eso- dijo el azabache calmado -Porque no se casará.

Rubia y castaño lo miraron sorprendidos - ¿A qué te refieres? – preguntó poniéndose de pie.

-A que interrumpiré esa fiesta de compromiso- respondió con ambas manos en los bolsillos.

-No puedes- dijo Issei encarando a su amigo -Yo tengo que ir… esto es mi culpa.

-Di lo que quieras, pero no iras- el de ojos esmeraldas volteó en dirección de la puerta -Asia encargate de cuidar muy bien de Issei ¿Bien?

-Sí, Yu-san- respondió la rubia estando de acuerdo con el azabache.

El Hyakuya estaba abriendo la puerta cuando Issei le habló -Por favor Yu, trae de vuelta a Buchou.

El aludido volteó levemente para ver a su amigo, el castaño estaba parado detrás de él con una mirada seria, fuerte y decidida. Podía ver la voluntad y determinación en sus ojos al decirle esas palabras.

Yuichiro sonrió para sus adentros y volvió a mirar al frente -Por supuesto que lo haré, y gracias por la "entrada"- agitando el papel con el círculo mágico se despidió de sus amigos.

Issei se tocó su bolsillo y comprobó que estaba vacío -Si eres tú, definitivamente la traerás- pensó esbozando una sonrisa.

El azabache se despidió de los padres de su amigo y salió de la casa, pero en cuanto salió se encontró con cuatro chicas no muy contentas. Miró a cada una de ellas y siguió su caminata sin dirigirles la palabra.

- ¿A dónde crees que vas? – preguntó la rubia y de ojos violeta parándose en frente del chico.

Él la ignoró y pasó de ella, pero la voz de la Hiiragi lo hizo detenerse -Irás por Rias ¿Verdad?

- ¿Y qué si lo hago? – la miró amenazadoramente intentando intimidarla, pero la peli morada ya lo conocía muy bien. Sabía que esta era su forma de ocultar su preocupación por sus amigos, actuando rudo y duro.

Desde siempre fue bien sabido que Hyakuya Yuichiro era alguien temerario, no le importaba arriesgar su vida si era por sus amigos, no le importaba perderlo todo. Pero ahora la situación era diferente, tenía personas que se preocupaban de él, personas que lo querían y llorarían si algo le llegara a pasar.

-No tienes que actuar rudo con nosotras- dijo Krul viéndolo seriamente.

-Ya no estás solo- agregó Mitsuba de brazos cruzados.

-Ahora tienes personas que se preocupan por ti- Shinoa se acercó al chico y acaricio levemente su mejilla -Así que no hagas nada que te ponga en peligro ¿Bien?

Miró a las tres chicas y todas le sonreían de la misma forma, con cariño. Un gran calor se instaló en su corazón en ese momento, estaba muy agradecido con todas.

- ¿Otou-sama? – la pequeña Rei lo llamó jalándole sus ropas.

Miró a la niña y no pudo más, esas cuatro chicas lo habían desarmado por completo, por primera vez en miles de años Hyakuya Yuichiro había perdido.

Tomó a la menor entre sus brazos y comenzó a reír levemente -En verdad… no sé qué haría sin ustedes- miró a cada una de ellas y con una de sus sonrisas las hizo sonrojar a todas -Gracias.

Luego le entregó la menor a la Hiiragi, tenía una promesa que cumplir -Tengo que irme.

-Sí- respondió con la niña en brazos -Cuidate.

-Eso haré- luego abrió el círculo y desapareció de la vista de todas.

-Bueno, ya es hora de volver a casa- dijo la rubia comenzando a caminar de vuelta.

-Tal vez podamos comprar un pastel en la ausencia de Yu-san- propuso la Hiiragi mirando a la pequeña.

- ¡Sí, pastel! – gritó emocionada y con los brazos en alto. Las cuatro chicas en vez de ir directamente a casa fueron a comprar uno de los mejores pasteles, debían aprovechar la ausencia del azabache.

.

.

.

Cuando Yuichiro llegó al palacio fue "cortésmente" recibido por los guardias, era razonable si un chico aparecía de la nada frente a ellos y con una cara no muy amigable que digamos.

- ¿Dónde se está celebrando la fiesta? – preguntó a uno de ellos, quien asustado le dijo que estaba en el salón principal, al fondo del pasillo.

El Hyakuya se volteó y caminó directamente hacia el salón, pero varios guardias le impedían el paso. Suspiró cansado, no quería tener que pelear más de lo necesario, pero sabía que no lo dejarían pasar, así como así. Lenta y pacientemente fue derrotando a cada uno de los guardias, solo los golpeaba con la intención de noquearlo, después de todo ellos no tenían la culpa, solo hacían su trabajo.

Luego de haber "acabado" con la mayoría de los guardias, por fin pudo ir hacia el gran salón. De una patada abrió la gran puerta e hizo acto de presencia. Todos los invitados quedaron estupefactos al ver a un totalmente desconocido parado frente a ellos.

Cabello negro azabache, ojos color verde esmeralda, estatura "promedio" y rasgos finos, pero afilados. Esa fue la descripción rápida que todos tuvieron del Hyakuya. El silencio reinaba el salón, nadie emitía palabra, y era razonable desde cierto punto de vista. El azabache estaba sujetando de la ropa a un totalmente inconsciente guardia, su sola presencia asustaba a la mayoría.