Abarai Renji se encontraba en su cuarto del sexto escuadrón, tumbado en su cama. No lo tenía muy decorado, sólo las cosas necesarias, al estar acostumbrado a vivir de pequeño sólo con lo necesario, de mayor siguió con la misma filosofía. Mientras miraba al techo no podía parar de pensar en Rukia ¿dónde estaba? Se lo podía imaginar, tenía sus sospechas, pero era casi imposible salir de la Sociedad de Almas sin que nadie se enterase, necesitaba ayuda, mucha más de la que pudiera darle el Capitán Ukitake. Suspiró y puso sus manos detrás de su cuello. Se le acababan las opciones, y si por si fuera aún poco, Kuchiki Byakuya estaba de un humor de perros, le había mandado más trabajo de lo normal, y él sabia la razón: tenerlo vigilado, o eso creía. De sus pensamientos le sacó una voz femenina que le llamaba desde el otro lado de la puerta de su habitación.
-Pasa, Teniente Matsumoto. –Y la mujer entró en la estancia tal y como le habían indicado.
-Vengo a pedirte que me acompañes. –Abarai se levantó bruscamente de la cama.
-¿Qué ocurre?.
-No te lo puedo explicar aquí, sígueme…
-No iré si no me dices a donde. –Se temía una de sus fiestas de sake, normalmente hubiera aceptado sin problemas, pero esa noche no le apetecía nada.
-Es sobre Rukia, pensé que te interesaría.
Sin más preámbulos Renji se decidió a seguir a Matsumoto, con mucho sigilo se deslizaron por las callejuelas menos transitadas del Seretei, el Teniente de la división sexta observó como se acercaban al escuadrón número trece. Una vez allí, estaba seguro que se dirigían a una pequeña sala que Renji conocía muy bien, era la favorita del Capitán Ukitake. No lograba entender como teniendo grandes habitaciones prefería reunir a la gente en ese lugar tan diminuto, pintado de colores extravagantes y sin ningún mueble. Al acercarse comenzó a escuchar risas, ajetreo… eso no pasaba desapercibido para nadie ¿para qué tanta discreción? Se escuchaba a Shunsui Kyouraku, Capitán de la división octava, riendo sin parar. Ya no tenía ninguna duda, era otra de las fiestecitas nocturnas, que organizaba sin aviso la Teniente del décimo escuadrón.
-¿Me has llamado a estas horas de la noche para beber sake?. –La mujer ser reía tímidamente, quizás para que no la escuchara nadie, así que tal y como pensaba, le había llamado para una de sus fiestas… lo que no sabía era como había engañado al Capitán Ukitake para celebrarla en su escuadrón. Esta vez se había superado.
-Tu sólo pasa, Renji, te están esperando. –Y mientras decía eso, golpeo la espalda del joven tatuado.
Al entrar, la primera persona que vio fue a Hitsugaya Toushirou sentado con los brazos cruzados y cara de pocos amigos, observando la escenita que le estaban regalando los otros dos capitanes. A su lado Nanao comenzaba a estar cada vez mas colorada, no de vergüenza, sino de mal humor. Su Capitán bebía contento en una situación que no tenía mucha gracia, y además contaba una historia donde ella no quedaba muy bien parada, se estaba decidiendo entre sí tirarle algo a su taichou, o bien, volver a contar hasta diez. Al contemplar la escena, Renji se acordó de una película que había visto hacía muchos años en casa de Ichigo, no lograba acordarse del nombre, era en blanco y negro, no paraba de entrar gente en un camarote de un barco, y tanta pasó que al final todos salieron disparados por la puerta. No pudo remediar reírse, si Ukitake seguía metiendo gente en la habitación, al final pasaría lo mismo.
-¡Me estuvo persiguiendo durante una semana! ¡Una semana!. –Exclamó divertido Shunsui.- Total… sólo era una bromita… menos mal que mi Nanao-chan se ha olvidado ya… -La aludida estaba a punto de explotar. "…ocho, … nueve" pensaba, pero la llegada de Renji, hizo que no llegara hasta diez.
En el momento que se percataron de la presencia de Abarai, todos se le quedaron mirando, las risas se apagaron y las caras –que no lo estaban ya- se pusieron serias. Al final, no parecía una fiesta, por mucho que el Capitán del octavo escuadrón se esforzara.
-Renji, siéntate. –Ordenó el Capitán Hitsugaya.- Tú también Matsumoto.
-¿Qué ocurre? –Preguntó el joven tatuado.
-Tenemos más información acerca de Shiba Kaien y Kuchiki Rukia. –Contesto el muchacho de pelo blanco. Seco y directo, como siempre.- Y necesitamos tu ayuda.
-Lo que sea necesario Hitsugaya-Taichou. –Contestó.
-Esta es la situación, Renji. –Comenzó a contar Ukitake.- Unos pocos capitanes hemos decidido comenzar una investigación acerca de todo lo que esta ocurriendo. Desde que el Capitán Kuchiki se ha retirado de todo este asunto, nos es más fácil actuar. –Cuando Rukia habló con su hermano y abandonó su casa, fue un golpe duro para él. Y con su última desaparición, decidió apartarse.- Hemos descubierto algo evidente y a la vez tranquilizador: la persona que han dicho ver, no es Shiba Kaien, sino alguien haciéndose pasar por él, la poca información que tenemos nos hace pensar que hay varias personas implicadas en el asunto. Debemos actuar con discreción Renji –advirtió- no sabemos qué está pasando, pero, por ahora, sólo podemos confiar en las personas de esta sala. Y en la Capitana del segundo escuadrón, que mantiene una cercana, pero escasa, relación con el mundo de los humanos.
-Podéis contar conmigo, pero ¿qué puedo hacer yo para ayudaros?
-Tu conoces al ex Capitán de la división doce Urahara Kisuke, ¿no es cierto? –Renji, asintió con la cabeza.- Él debe saber algo, ya que no podemos confiar en Mayuri, no nos cuenta toda la verdad desde hace tiempo. –Continuó diciendo Hitsugaya Toushirou.- Te mandaremos al mundo de los humanos, y desde allí infórmanos de todo lo que sepas. Soi Fong está haciendo los preparativos. Calculamos que en pocos días estará todo listo para que salgas.
-¿Y Rukia?
-La seguiremos buscando, pero la primera vez que desapareció no logramos encontrarla. Y ya hace mucho tiempo que desapareció. No te voy a engañar Abarai, yo no me haría ilusiones.
-¿Y mi Capitán? No me dejará marchar. –Ignoró el comentario acerca de Rukia.
-De eso nos ocuparemos nosotros.
A Soi Fong nunca se le había dado bien buscar en los archivos de la Sociedad de Almas, se desesperaba, era una mujer de acción, no una rata de laboratorio. Hacía ya más de una hora que Yourichi le había pedido que buscara información sobre la luciérnaga azul. "Que nombre más estúpido", pensó . Era un cuento de niños que le contaban a ella para dormir. ¿Qué tendrá que ver una fábula infantil con la desaparición de Kuchiki Rukia? No tenía tiempo para estas tonterías, esa misma tarde pensaba mandar a Abari Renji al mundo de los humanos, estaba muy ocupada y en vez de seguir con los preparativos estaba buscando información sobre un cuento de niños. Se sentía algo estúpida.
Mientras, pensaba que nunca cambiaría, Yourichi-sama jamás le contaría toda la verdad, y ella seguiría obedeciéndole. Se había resignado a esa situación. Al no encontrar nada en los archivos informatizados tuvo que acudir a los archivos físicos, eso si qué le ponía de mal humor. Tras un buen rato mirando en fichas y maldiciendo a los inútiles que no habían pasado todo a soporte informático, por fin lo encontró. Su búsqueda había dado resultado, no uno sino dos archivos. Le sorprendió la diferencia de fechas que había entre uno y otro, ambos de Urahara. "Como no… –pensó-, cuánto daño ha hecho con sus investigaciones".
El primero de los informes fue sencillo de encontrar, por una vez, estaba en el lugar adecuado. Todo un milagro. En cambio, el segundo, y para romper con su buena suerte, no se encontraba en su sitio. ¿Y ahora como lograría encontrarlo? Era casi imposible, Yourichi tendría que esperar. Mientras ojeaba los archivos contiguos, por si había suerte, escuchó una voz de fondo que se acercaba. Se escondió, no tenía ganas de dar explicaciones a nadie, tenía demasiada prisa como para ser sociable y amable. Si tenía que huir, ella era –casi- la más rápida.
-Son tan estúpidos, no se reconocerían a sí mismos ni delante de un espejo. Y esperan que yo les haga todo el trabajo sucio. ¿Dónde pusimos el archivo 313, Nemu?
-En el pasillo 598, sección 23, tercera estantería.
Soi Fong había encontrado su archivo perdido –o mejor dicho, escondido-, al fin y al cabo, parecía que la buena suerte no le había abandonado, después de todo. Y, además se encontraba mucho más cerca que ellos de el informe, así que fue a buscarlo. Y lo encontró. "Nemu es muy efectiva" pensó. Se alejó del lugar, ocultando su reiatsu todo lo posible. A lo lejos se escuchaba a Mayuri chillar y maldecir, de ésta se haría una reunión de Capitanes como poco.
Ahora ya podía mandarle los informes a Yourichi, pero no sin antes hacer una copia y enseñársela al grupo de Capitanes que habían decidido investigar ese tema. Eso sí, el mensajero no sería el habitual.
Renji corría por los pasillos de su división, llegaba tarde. Hoy volvería al mundo de los humanos. No sabía como se las habían arreglado para que su Capitán hubiera dejado vía libre al asunto. Pero eso era lo de menos, tenía tantas ganas de ponerse en marcha, y por fin iba a hacer algo para ayudar en toda esta empresa que se había montado, de unos días para atrás.
-Abarai… -Dijo quedamente una voz, que heló la sangre del muchacho.
-Kuchiki Taichou. –No lograba entender como podía estar siempre tan tranquilo, él era un manojo de nervios, y si tuviera el poder y la posición de su superior no hubiese tardado en mover cielo y tierra. Pero él no, Kuchiki Byakuya estuvo a punto de dejar que su hermana fuera ejecutada sólo por seguir las órdenes. Pero, ¿qué órdenes seguía ahora? Ninguna. Y aún así seguía sin hacer nada.
-No vengo a detenerte. –Renji suspiró para sus adentros, no tenía ganas de pelearse con su Capitán, ya que tenía claro que no le detendría sin pelear.- Sino a advertirte: No quiere que la encuentren, no lo hagas. Hace tiempo que dejó de ser un shinigami, no se merece todas estas atenciones.
Y sin más, desapareció. Como un espejismo. Dejando ese halo de misticismo que tan bien sabía dejar. Abarai no pudo más que seguir corriendo, ahora llegaba muy tarde. Ya reflexionaría en otro momento esas palabras de su Capitán.
Muchas gracias por pasaros por aquí kaoru240 y zidanezaith, espero no tardar tanto la próxima vez.
