¡Siguiente y último OS del evento! :)
Summary: Conducida por una recomendación de un profesor. Sakuno decide realizar una de las acciones más valientes que podría hacer una chica en San Valentín y todo porque su novio no se encuentra con ella para esas fechas. ¿Logrará sobrevivir a un día tan deprimente?
Nick en FF: Gabbap
Primer concepto: Chocolate
Segundo concepto: Sonrojo
Disclaimer: Prince of tennis le pertenece a Konomi Takeshi, la historia es de autoría de Gabbap.
Casualidad
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La "Praline Chocolatier". Uno de los profesores de su universidad le había recomendado aquella fábrica de chocolates para el día especial. "Son realizados con el mejor cacao del planeta y cualquiera que lo pruebe quedará inmensamente enamorado de ustedes" La seguridad y orgullo con el que hablaba la habían inspirado.
Su profesor le gustaba viajar por el mundo y degustar sabores inigualables y, a pesar que consideraba sus expresiones algo dramáticas y exageradas, estaba convencida que su criterio sería bueno para ese tipo de decisiones…si, compraría bombones para autoregalarse en San Valentín.
Los problemas no faltaron cuando se trataba de tomar una decisión de tal índole, entre la situación que vivía hasta el criterio y cultura de su país en cuanto al día pero ella quería hacerlo, aquel detalle tendría un significado trascendental para ella, haría algo que no formaba parte de su zona de confort.
Oh, tampoco la pasaba tan mal por ello. Vamos, que tenía 21 años y no estaba solterona, su novio había sido uno de los más guapos de su bachillerato y era un tenista reconocido mundialmente, por aquella profesión viajaba incesantemente por el mundo y en esos días, ya llevaba 8 meses sin verlo ¡8 meses! ¡2 cuatrimestres! ¡Más de 240 días! Era más de lo que ella pudiera soportar.
A veces se encontraba sumida en la desesperación, la duda sobre su amor por él y viceversa, los celos inevitables, la desconfianza y lo más doloroso de todo, la soledad infinita. Era peor que tener remordimientos por algo que había tenido y perdido, se sentía como si caminara por una cuerda floja y no sabía que hacer, si caía lo perdería todo y si seguía caminando sobre ella, la indiferencia tocaría su puerta y hasta un corazón tan dulce como el de ella se podría convertir en el más frío y todo por la peor amiga: la soledad.
Claro que, como había momentos así, existían otros de pura ilusión y enamoramiento. Su novio lograba alzarla hasta las nubes con un simple "creo que me hace falta un buen desayuno" y eso viniendo de alguien como Ryoma Echizen, era la más pura señal de amor y nostalgia, sabía que él también la extrañaba aunque no se lo dijera. Esos sentimientos tan distintos y confusos la frustraban, al punto de llegar a tomar esa decisión.
No quería deprimirse como personas que conocía por tener una relación a larga distancia, si bien le destruía el corazón no aceptar esos estúpidos detalles clichés románticos como salir con su novio y todo lo demás, no quería estar en su casa llorando como una tonta maldiciendo sus desgracias y al menos si lo hacía, lloraría comiendo los mejores chocolates del mundo según expertos.
Y así como lo decidió lo hizo…
Decidió visitar el lugar un día antes del dichoso 14. Sería mejor que salir el mismo día y encontrarse miles de pareja saliendo, sonriendo y disfrutando de su relación, aquello realmente haría que ella se volviera una antisocial. Pensó en invitar a sus amigas al lugar pero descartó la idea cuando supo que estarían con sus novios, quizás el ir sola la haría sentir más independiente.
El llegar al lugar para ella realmente había sido una odisea, su mala orientación había ocasionado que caminara en círculos durante un buen rato hasta que lo encontró. Allí fue donde descubrió que existía otro tipo de magia, una que reamente haría que todo su mundo cambiara.
La fábrica no era extravagantemente grande; las vitrinas repletas de chocolate, los colores pasteles que tenía el lugar y sobretodo aquel aroma a cacao puro era lo que de pronto había hecho que su humor cambiara significativamente. Una gran cantidad de personas abarcaba el lugar; el profundo silencio acompañado de sutiles susurros hicieron el ambiente sutil y elegante. La mayoría de los clientes eran hombres pero ella no le prestaba mucha atención a aquello, su atención estaba en el particular aroma.
Era como si fuera posible que por el sentido del olfato pudiera saborear perfectamente el chocolate, un aroma lo suficientemente dulce para no empalagar y lo suficientemente fuerte para sentir la intensidad del cacao infiltrarse por todos sus poros. Su corazón latió por unos segundos rápidamente mientras ella respiraba profundo, era delicioso.
Con meticulosidad y timidez observó como funcionaba el lugar. Atendían por número, las personas podían pedir desde un pequeño bombón hasta un gran corazón de chocolate, la variedad le sorprendía y todo la dejaba anonadada. ¿Chocolates con infusión de flores lavanda? ¿Con trozos macadamia? ¿Perfumado con vainilla de Madagascar? Joder, tuvo que tomar un respiro para poder decidir que era lo que realmente quería. Decidió acercarse a la vitrina que los separaba a ellos de las personas que preparaban los bombones para poder tener más información sobre los bombones. Espera…
¿Acaso no es…?
Su corazón palpito rápido y fuerte, de pronto su respiración se detuvo al igual que todo su mundo. Aquellos cabellos negros alborotados, aquella estatura baja, la gorra de Tennis… Se acercó en zancadas hasta él y lo tomó del hombro, al verlo sintió que había caído de una nube de ilusiones.
— T-Taichi-kun… -
— ¡Ryuzaki! –Dan Taichi la abrazaba con fuerzas – tanto tiempo sin verte –sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas y rodeó los hombros del chico para tener un poco de consolación y volver a tener ánimos -¿qué haces aquí? Si Echizen… –
— Quería probar los bombones de acá –Le interrumpió mientras limpiaba sus lágrimas y soltaba el abrazo. Respiró profundo, no había notado como su novio lograba subirla hasta lo más alto del cielo y hacer que cayera en picada por un barranco profundo, con solo el pensamiento.
— Pues me alegra haberte encontrado porque la verdad estoy muy confundido con todo esto –La sonrisa insegura de el chico la enterneció, no quería enfrascarse en sus desgracias en esos momentos, eso lo dejaría para la noche.
— Déjame ayudarte –
Dan se comportó tan o más tímido que ella en la elección de los bombones. Con ayuda suya y de la proveedora pudo comprar una caja de bombones surtidos: blancos, oscuros y de leche. Lo escuchó hablarle de su relación con una chica que estudiaba con él y de lo feliz que se sentía están con ella. Se sintió impotente, tanto que las ganas de comprar chocolate para ella se estaban escapando de su mente a cada que lo escuchaba.
De un momento a otro Dan se fue con una gran caja en forma de corazón y una sonrisa en sus labios. Sin saber por qué ella siguió en el lugar, las dos partes principales de ella se estaban debatiendo en si quedarse o irse. Quería comer chocolate y al mismo tiempo tirarse en el suelo y llorar como una niña pequeña.
Suspiró, sabía lo que tenía que hacer.
Pidió un bombón, para probar y certificar que el chocolate era bueno. Por un momento todos sus pesares se fueron, aquel chocolate de leche estaba tan suave por fuera y crocante por dentro que sentía que de nuevo llegaría al cielo. Se le escapó un leve gemido al tragarlo y saborear lo que aún le quedaba. Era delicioso.
Trató de no pensar en cómo hubiera reaccionado el ambarino, en su cara indiferente que quizás dejaría ver una diminuta y fugaz sonrisa, o sus perlas ámbares que brillaban cada vez que lo sorprendían. De nuevo sus lágrimas inundaron sus ojos, era difícil no pensar en él en ese momento. Respiró hondo y prosiguió.
Ordenó apenas 5 bombones, todos similares. Seguramente serían suficientes para poder calmar su ánimo tan bipolar, la espera para pagar fue eterna, tanto que hasta le comenzó a doler la cabeza, tantas personas felices y aquel ambiente le alegraban, entristecían y hasta molestaban. Tuvo que sobar su cien más de cinco veces y suspirar bastante hasta que llegó.
Finalmente pagó los bombones y se dirigió a la puerta, descubrió que tenía una ansiedad por salir de aquel lugar que estaba siendo una tortura para ella. Abrió las puertas y salió del lugar, respiró profundo cuando vio las calles. El sol ya estaba escondiéndose dejando ver un hermoso crepúsculo, de nuevo el ruido de la ciudad, el humo y las personas pasando la devolvieron a la realidad.
Se alejó de la puerta para dar paso mirando los alrededores. Había entrado en un trance donde sus pies seguramente comenzarían a andar solos y a decidir que camino tomar por ella. Observó el supermercado frente a la fábrica, los semáforos resplandecer, los autos pasar rápidamente, la gente entrando y saliendo de todos los lugares, Ryoma la miraba sorprendido y hasta asustado cuando cruzó los ojos con él.
…
¿Ryoma?
…
Al momento en el que recobró la conciencia del tiempo y espacio donde se encontraba lo vio. Reaccionó rápido, su corazón volvió a latir como nunca tanto que su respiración le perdió el paso. Aquellos ojos ámbares la miraban tan sorprendidos como ella a él, se acercó a zancadas y cuando estuvo lo suficientemente cerca, tocó su mejilla.
— R-Ryoma-kun –Logró articular y es que además del shock de encontrárselo, notó que estaba más hermoso que nunca. Sus facciones endurecidas, sus pestañas largas que la seducían, su cuerpo tenso y moldeado y sus cabellos largos. Aquella mirada la estaba matando.
— Tch –Él apartó la mirada de ella y asustada alejó la mano de él – no se supone que debas estar aquí –
En ese momento su mente quedó en blanco. Lo miró aturdida y furiosa, sabía que dentro de poco iba a estallar.
— ¿D-dónde se supone que debía estar? –Sus ojos se llenaron de lágrimas.
— Casa –
— N-no iba a estar en m-mi casa –Comenzó a llorar e hipar – no iba a deprimirme po-por esto, no quería porque tu llegabas dentro de dos meses –
— Era una sorpresa –
Volteó a mirarlo, sus ojos estaban fijados en otra parte que no fuera ella. Su mano cubría la parte baja de su cara desde su nariz hasta su boca, lo miró con curiosidad aun con los ojos llorosos.
¿Acaso estaba…?
Él colocó su mano en la parte trasera de la cabeza y la aproximó hasta él. Sus brazos la envolvieron en un abrazo y las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos, los cerró con fuerza y aceptó el abrazo.
— Tadaima –Susurró por lo bajo Ryoma mientras depositaba un beso en sus labios. Suspiró aliviada, aquella sensación de verlo después de tanto tiempo era mucho mejor que la de comer aquellos chocolates…
— ¡Los chocolates! –Pensó en voz alta aturdiendo al ambarino – y-yo compré chocolates, q-quiero que pruebes uno –
Ryoma enarcó una ceja aun abrazándola. Ambos buscaron el banco más cercano y se sentaron. Ella no sabía que decirle, tal había sido la sorpresa que la había dejado sin habla. Se dedicó a desenvolver la caja y sacar un bombón para darle al ambarino. Sus manos temblaban y escuchó una risa silenciosa de su parte, ella sonrió sin poder decir nada. La felicidad la embarcaba en plenitud.
— ¿C-cómo te fue? –
— Lo hablamos en la casa –Le respondió, había olvidado que él disfrutaba más sus tiempos juntos si no había nadie que los molestara. Sin embargo, notó que no se había negado a probar los bombones, volvió a sonreír y suspiró, hacía tanto tiempo que no se sentía de aquella manera.
Sacó uno en forma de corazón y se lo tendió en la mano. Lo miró fijamente mientras introducía aquel dulce en la boca y lo saboreaba, apareció el rostro que ella más disfrutaba de él, sus ojos se abrieron desmesuradamente dejando ver el color dorado brillar con esplendor, sintió que toda su sangre bullía sin control por sus venas, sabía que se estaba sonrojando y sucedió.
Ryoma la miró fijamente y notó como un color rosado abarcaba sus mejillas. ¡Allí estaba de nuevo! Se sorprendió y lo miró mientras él volteaba la cara, en vano porque aun se percataba de los pigmentos que abarcaban sus mejillas. Su yo interior gritó entusiasmada y dejó de mirarlo seguramente aun más roja que antes.
Era hermoso.
Era mágico.
— No está mal –Lo escuchó decir y luego él se levantó – lo mejor será que también comamos en la casa –
— P-pero hay pocos –
— Yo también compré –Lo miró confundida. Él estaba llegando cuando ella se estaba yendo, ¿en qué momento lo haría? Su gesto cambió como si le hubieran pillado un plan, se dio la vuelta – es un secreto –la tomó de la mano y comenzaron a caminar.
Pronto le alcanzó el paso y sonrió. Su San Valentín ya no sería una noche de miserias y lagrimones.
— Te extrañé –Escuchó de la voz masculina y sintió como apretaba su mano. Sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo.
— Yo también –Y no sabía cuánto.
Quizás sería el mejor de todos.
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¡Espero que lo hayáis disfrutado! :)
Este es el último del evento de San Valentín, esperemos que en un futuro podamos traeros otro ~
Muchas gracias a las que participaron y a los que leyeron y dejaron opinión :D No olvidéis dejar en este último galletitas, que no es menos que el resto ~
¡Muchas gracias de nuevo! Sed felices ;)
