Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
SEGUNDA PARTE: RETRATO DE FAMILIA.
"Papá y yo estamos aquí para ti, siempre. "
-Nos vemos más tarde, chicos – saludó Carlisle a sus hijos mayores, antes de que estos se bajaran del coche.
-Adiós papá – contestaron los dos a la vez.
En ocasiones era bastante perturbador cuando hacían eso. No eran muy unidos a pesar de ser gemelos, pero sí tenían ésta tendencia a decir las frases en perfecta sincronía, como si lo hubiesen practicado antes.
-Me esperan aquí afuera, que yo los vendré a buscar – los dos asintieron – Seguramente para entonces vuestra madre y Edward ya estarán en casa. Y ésta tarde tendremos una larga conversación todos juntos en familia.
-¿Ésta tarde? - se quejó Rosalie con un gemido - ¿No puede esperar?, yo tengo planes.
-No Rosalie, no puede esperar – Qué triste era pensar que a Carlisle no le sorprendía para nada que su hija protestara, más bien se lo estaba esperando – Ya saldrás cuando terminemos de hablar, u otro día.
-Pues no me parece justo, ya tuve que renunciar a salir todo el fin de semana. Y todo por Edward, como si él fuera tan importante.
Ese último comentario no ayudó mucho a su causa.
-¿Qué puede ser más importante en estos momentos que Edward o tu familia? - Ya Carlisle empezaba a estar molesto, y eso era algo que él no quería – Lo digo muy en serio Rosalie, para mi no supone ningún problema prohibirte salir durante toda la semana, así que no me tientes.
Rosalie se cruzó de brazos con molestia, pero también con resignación.
-Está bien – dijo entre dientes.
Jasper le sonrió a su padre de forma tranquilizadora, deseando disipar la tensión que se había creado dentro del coche en el último minuto.
-De acuerdo papá, nos vemos más tarde – abrió la puerta, haciendo ademán para bajarse.
Carlisle sonrió agradecido.
-Hasta más tarde, hijo.
Con eso Jasper salió del coche y cerró la puerta detrás de sí. Pocos segundos después lo hizo también Rosalie, sin pronunciar ni una sola palabra más. Mientras se alejaba del instituto Carlisle suspiró con cansancio. Tenia que ser paciente, se recordó, como había dicho Elezar no debían excluir a los gemelos de lo que estaba ocurriendo, porque para ellos también era muy difícil toda esa situación.
Fue en dirección de su apartamento para buscarse una maleta con la ropa y las cosas que iba a necesitar durante su estancia con su familia. Ya la noche anterior había dormido en la casa junto con los gemelos, ellos aun no sabían de la decisión que sus padres habían tomado, pensaban que el motivo por el que estaba allí era para que le diera tiempo el lunes por la mañana de acompañarlos al instituto, mientras su madre pasaba la noche en el hospital con Edward. Él se había instalado en una de las dos habitaciones de huéspedes, y no era ninguna casualidad que hubiese escogido la que estaba enfrente de la habitación de su pequeño.
Después de estar satisfecho con la maleta que había hecho, se fue al hospital. Ese lunes en la mañana, después de todo el fin de semana hospitalizado, daban de alta a Edward y él tenia que estar allí.
…
-¡Eres un lame pelotas!, ¿Lo sabes no? - le siseó Rosalie a su hermano cuando lo alcanzó, después de que los dos se bajaran del Mercedes de su padre.
-¿Y eso por qué? - quería contestarle el insulto, pero había prometido que iba a intentar reducir las discusiones con ella.
- "De acuerdo papá, nos vemos más tarde" - imitó el tono grave de la voz de Jasper – Siempre el niño bueno, ¿verdad?; Haciendo todo lo que mami y papi dicen, así yo quedo como la mala del cuento.
Jasper puso los ojos en blanco.
-Lo que tú digas, Rosalie. No es mi culpa si tus prioridades sobre lo que es importante o menos están distorsionadas. O si quieres fingir delante de los demás que te importa una M. que Edward haya vuelto.
Eso tomó a Rosalie desprevenida. ¿A qué se estaba refiriendo Jasper con fingir?. A ella de verdad le traía sin cuidado lo que estaban viviendo con su hermano menor, lo único que le molestaba era como todo esto estaba afectando a su vida.
Si, era eso.
-Te equivocas – negó a las palabras de Jasper – No estoy fingiendo. Lo que pasa es que yo, a diferencia tuya, sí tengo una vida social y amigos con los que divertirme y pasar el rato.
-¿Entonces por qué no te vas con ellos y me dejas en paz? - soltó Jasper con brusquedad, ya se estaba empezando a cansar – Ya te está esperando tu comité de bienvenida – apuntó con la cabeza en dirección de Bella Swan, que los observaba intensamente – Yo podré ser un lame pelotas, pero tú definitivamente eres un grano en el culo – Se alejó sin decirle nada más, ni dejarle el tiempo a que ella contestara.
Rosalie se había quedado boca abierta, ¿Pero cómo se permitía él decirle algo así?. Una vocecilla en la parte posterior de su cabeza le susurró que el primer insulto lo había lanzado ella, y Jasper solo se estaba defendiendo, pero la ignoró. Ella era Rosalie Cullen y nadie la hablaba de esa manera, ni siquiera su hermano.
Agradeció mentalmente la distracción que presupuso cuando Bella se acercó a ella. Por lo menos de esa manera podía controlar las ganas que tenia de salir corriendo detrás de Jasper, para sacarle los ojos. Si lo hacia seguramente la terminarían expulsando del instituto, ¿Y quién se iba a soportar a sus padres entonces?.
-Hola extraña – saludó Bella cuando llegó a su lado. Rosalie le lanzó una débil sonrisa – La que te perdiste éste fin de semana, la fiesta en casa de Gianna fue increíble. No me acuerdo de mitad de lo que pasó y la resaca me duró hasta ayer por la noche, y aun así no veas cómo me divertí. Aunque te echamos de menos.
Rosalie suspiró.
-Lo siento, pero tenia … un asunto familiar al que no podía faltar.
No tenia por qué estar dando explicaciones de nada, lo que ocurría en su vida era problema de ella y de nadie más.
-Si, eso fue lo que nos dijo Royce. Que por cierto no estaba muy contento con tu ausencia.
-Oh no – eso sí le preocupó a Rosalie, no quería estar peleada o tener problemas con su novio - ¿Dónde está?, ¿Ya ha llegado?.
-No, dijo algo de que se iba a saltar las clases de hoy para dormir la resaca. Pero no te angusties tanto, seguro que ésta tarde se lo puedes recompensar en el aparcamiento – sugirió Bella con una sonrisa pícara.
Qué bien, las cosas iban de mal en peor.
-Ésta tarde tampoco voy a poder ir – dijo con una voz suave, para nada común en ella.
Bella elevó una ceja.
-¿Y eso por qué?.
-Hoy tengo una reunión familiar, y a ésta también estoy obligada a asistir.
- Tu familia te tiene muy solicitada últimamente.
Rosalie puso los ojos en blanco.
-Dímelo a mi – gruñó.
-Bueno es en momentos como éste que me alegro de no importarles a mis padres – comentó Bella con un tono agridulce y una sonrisa irónica – Charlie vive, come, respira y muere por su trabajo. Y Renée el 99% de las veces ni siquiera se acuerda de mi.
Eso llamó la curiosidad de Rosalie, a pesar del pacto tácito que tenían de no inmiscuirse en la vida familiar de la otra; pero el resentimiento en las palabras de Bella era casi palpable y ella no podía evitar sentirse intrigada. Bella, leyendo las intenciones de pregunta en el rostro de su amiga, se apresuró a cambiar el tema.
-Y hablando de familia y padres, ¿El que os trajo a Jasper y a ti es tu padre? - Rosalie asintió – Oh madre mía, ya veo a quien salió Jasper. A él no me importaría llamarlo "Papi" - dijo con una expresión lasciva.
Rosalie la miró con disgusto.
-Ya estás atravesando la linea que lleva al terreno peligroso, Bella – le advirtió – Es mi padre de quien estás hablando.
Bella rió e hizo un gesto con la mano, para restarle importancia al tema.
-Relájate, estaba solo bromeando.
-Como sea, hay ciertas cosas que simplemente no se dicen.
Justo en ese momento la primera campana para el inicio de clases sonó, y las dos se empezaron a encaminar a la entrada.
-Está bien, está bien. No tienes por qué ponerte así. Te prometo que a partir de ahora me guardaré lo que pienso de "Papito Cullen" para mí misma. Aunque tienes razón, después de todo vamos a terminar siendo familia, porque tarde o temprano de convertirá en mi suegro.
Las dos se rieron y después de separaron en el pasillo, mientras cada una iba a su primera lección del día.
…
Jasper llegó a su taquilla para dejar sus libros y respiró profundo para aplacar toda la rabia que la discusión con su hermana había dejado en él. Al carajo lo que le había prometido a sus padres, ya intentaría controlarse cuando ellos estuvieran presentes, o delante de Edward; pero en ocasiones había momentos en los que sencillamente era imposible ignorar a Rosalie.
-¡Eres un irresponsable! - escuchó una voz cantarina, pero furiosa que le acusaba detrás de él.
Cuando se dio la media vuelta se encontró con Alice Brandon, que tenia los brazos cruzados en el pecho. Para ser una persona tan diminuta y de facciones delicadas, la expresión que ahora tenia en el rostro era una que ciertamente daba miedo.
-Alice – Jasper la miró confundido. ¿Qué era lo que le pasaba?.
-Siempre pensé que tu comportamiento de "No me importa nada de ustedes, ni de lo que hagan" era para mantener a la gente alejada. Quiero decir tienes unas notas excelentes, así que creí que tenías aspiraciones en la vida. Pero ahora me empiezo a plantear si tus notas no han sido compradas por tu apellido.
-¿De qué hablas? - Jasper estaba muy confundido, y francamente un poco herido también.
Alice y él no eran precisamente amigos, pero sí se llevaban muy bien, eran buenos compañeros. Y de alguna manera la opinión de ella era muy importante para Jasper.
El que ahora Jasper fingiera ignorancia hizo enfureces aun más a Alice.
-¡Estoy hablando del trabajo de literatura que aparentemente eres demasiado bueno para hacer!
-El trabajo de literatura … - murmuró Jasper para sí mismo, pero Alice le escuchó.
-Así es. Me quedé esperando todo el fin de semana como una tonta a que me llamaras, para darme la dirección de tu casa, pero nada. Y cada vez que te llamaba yo a tu móvil, me salía el buzón de voz.
El rostro de Jasper se trasformó en sorpresa cuando por fin cayó en la cuenta de a qué se estaba refiriendo Alice. Ese trabajo de literatura. El cual había olvidado por completo. Toda la cuestión de Edward no había dejado espacio en su mente para nada más.
-Alice lo siento mucho – decidió que lo mejor era no dar ninguna excusa y hablar con la verdad – Se me olvidó que habíamos quedado para ayer, y a mi móvil se le descargó la batería y no tenia el cargador conmigo.
A Alice eso le sonó a justificación barata.
-Muy conveniente, ¿No te parece?.
-No te miento. Éste fin de semana ocurrió algo que nadie se mi familia se esperaba, y ni siquiera estuvimos en mi casa.
-¿Sabes qué? No me interesa, haz lo que se te pegue la gana. Yo voy a hacer el trabajo sola y lo entregaré con mi nombre. Ya después ves tú cómo te justificas con el profesor; es tu problema, no el mio. Pensaba que eras diferente, qué decepción.
Se dio la media vuelta y dejó a Jasper allí solo, con la boca abierta.
-Alice – llamó a su espalda, pero ella lo ignoró y giró el pasillo a su izquierda. Haciendo que Jasper la perdiera de vista.
¿Qué acababa de ocurrir?.
Quería correr detrás de ella, alcanzarla para contarle lo que pasó y aclararle por cual motivo no habían podido empezar el trabajo. ¿Y por qué no?, después de todo Alice le inspiraba la confianza suficiente como para ser la persona a la que él le contara todo, finalmente.
Pero la campana sonó y él suspiró, abandonando su propósito. Ya tendría que ser para después, porque si no se deba prisa iba a llegar tarde a su primera lección.
…
Carlisle llegó al hospital con prisas, se había topado con un accidente por el camino y eso le había hecho retrasarse. Subió corriendo las escaleras que llevaban hacia la habitación en la que se encontraba Edward. Quería estar allí presente cuando su colega le diera las últimas recomendaciones, antes de darle alta a su hijo.
Cuando entró en la habitación y vio a su pequeño, no pudo evitar sonreír al pensar una vez más en la dicha y bendición que acababan de recibir.
Él estaba a salvo y con ellos.
En esos momentos estaba sentado en la cama, viendo los dibujos animados con una expresión asombrada, como si fuera la primera vez que veía la televisión. El corazón de Carlisle se detuvo ante ese pensamiento, el cual muy probablemente era cierto. Edward no se acordaba de su vida antes del secuestro y fiándose en lo que le había contado Esme, no es que James Hunter le permitiera muchos placeres y diversiones a su hijo.
Esme estaba sentada en la silla al lado de la cama, hojeando una vieja revista de forma distraída, sin detenerse una solo segundo a leer ninguno de los artículos.
Cuando él cerró la puerta con un click, dos pares idénticos de ojos verdes se giraron a verle. Esme le sonrió suavemente y él correspondió enseguida.
-Hola – susurró un saludo.
-Hola – contestó ella con el mismo tono de voz.
Entonces los dos se giraron a mirar al pequeño, quien tenia los ojos grandes como platos, observando a Carlisle con miedo; estaba preguntándose por qué su padre estaba en su habitación, ¿Había ido a regañarle o hacerle algo?.
-Buenos días, Edward – saludo Carlisle con afabilidad y una sonrisa a su hijo. Se estaba muriendo de las ganas de ir hacia la cama y abrazarlo, pero sabia que tenia que ir con calma y tiento - ¿Cómo estás hoy?.
Edward lo miró extrañado y confundido. James nunca le había preguntado cómo estaba. ¿De qué manera tenia que contestarle?. Nadie la había enseñado cómo comportarse en esos contextos y sus libros no ayudaban particularmente.
Esme de alguna manera entendió el dilema que estaba viviendo su hijo, tomó su manita y la apretó.
-Va todo bien mi amor – dijo suavemente – Papá y yo estamos aquí para ti, siempre.
Edward asintió y suspiró en un vano tentativo de calmar el errático latido de su corazón.
-¿Qué es lo que te preocupa? - preguntó Esme con amabilidad.
Edward decidió hablar con la verdad.
-No sé cómo contestarle a la pregunta que me hizo antes – agachó la cabeza, esperando ser castigado por la insolencia que había tenido al decirles esas palabras.
Sus padres intercambiaron una mirada preocupada; Pero fue Carlisle, que con su infinita paciencia, se atrevió a dar un paso hacia adelante y sentarse en la cama, enfrente de Edward.
-¿No entendiste la pregunta, es eso? - Edward negó con la cabeza, observando los hilos de la sábana del hospital, se negaba a encontrase con los ojos azules de Carlisle – Entonces, ¿De qué se trata? - la voz de su padre aun no sonaba enfadada, pero él no podía estar seguro – Puedes decirme lo que sea, te prometo que no me voy a molestar – le aseguró.
Edward lentamente levantó la vista y se encontró con la sonrisa tranquilizadora de su padre. Titubeó antes de hablar.
-Nunca me han preguntado cómo estoy – dijo con la verdad – Y no sé qué contestar.
Carlisle cerró los ojos con fuerza para controlar las emociones que las palabras de Edward le provocaron, no sin antes ver cómo Esme se secaba rápidamente las lagrimas de los suyos. Edward se preocupó al ver las reacciones de sus padres y cuando ninguno de los dos habló en un buen rato. Esto tenia que significar que se había puesto en problemas, seguro que ahora estarían molestos y lo castigarían.
-Lo siento mucho – dijo agachando la cabeza nuevamente. Quizás si se arrepentía a tiempo y aprendía la lección, lograría minimizar los daños; por lo menos eso era lo que en más de una ocasión le dijo James.
Carlisle y Esme salieron del dolor en el que se habían ensimismado. Edward era su prioridad, se recordaron, no importa lo que podían provocar sus revelaciones, aunque fueran pequeñas, sobre lo que fue su vida en los últimos cinco años. Ellos se tenían que concentrar en que su hijo supiera el lugar que ocupa en su familia, y lo importante que es para sus padres.
-Edward, mírame hijo – pidió Carlisle, y por mucho que se tratara de una orden, el tono de su voz era suave. Cuando Edward obedeció, él sonrió – No tienes por qué disculparte, ni Esme, ni yo estamos molestos contigo. No debes tener miedo de decir lo que piensas, sea lo que sea, ¿De acuerdo?.
-Si – contestó Edward con una vocecilla.
Carlisle y Esme soltaron un disimulado suspiro de alivio.
-Muy bien, ahora vamos a hablar de la pregunta que te hice antes – Esperó a que Edward asintiera antes de seguir – Quiero que pienses cómo estás en éste momento, cómo te sientes. Tómate todo el tiempo que necesites.
Edward hizo lo que le dijeron, era algo que James había dejado bien grabado en su personalidad, y se puso a pensar cómo se sentía. Aun estaba muy confundido, seguía sin recordar a su familia, y no dejaba de ser extraño pensar que el hombre que él conocía como su papá era el que lo había apartado de ellos.
Estaba además muy cansado, no entendía por qué por mucho que dormía, tenia siempre sueño y ganas de reposarse. Y también estaba en miedo, estaba aterrado ante lo que le esperaba, la incertidumbre del futuro, de que ahora estaba fuera cuando nunca había salido de su casa, y el mundo le parecía un lugar muy grande y espantoso.
Sus padres vieron como todas las emociones se reflejaban en el rostro de su hijo, durante los minutos en los que él reflexionaba. Cuando por fin Carlisle vio que ya tenia claro cual era su estado de ánimo, se atrevió a repetir la pregunta que hizo antes.
-Entonces, ¿Cómo estás hoy hijo?.
Edward suspiró antes de contestar.
-Estoy confuso y cansado – se detuvo un momento y se mordió el labio inferior. Sus ojos se llenaron de lagrimas que él no controló. No sabia si era lo mejor continuar o no, pero se decidió en ser honesto – Y tengo miedo – susurró.
Los dos querían ir a consolarlo, pero Carlisle sabia que Edward aun no aceptaría su abrazo; así que él no se movió mientras veía a Esme sentarse en la cama y acunar a Edward en su regazo.
-Es normal mi niño – le susurró Esme – Que te sientas así es normal, no te avergüences de ello. Además nosotros estamos aquí para ti, para cualquier cosa que necesites. ¿Verdad que sí, Carlisle? - se giró a verle, buscando que él no se sintiera excluido del momento.
Él le regaló una sonrisa, agradecido por el gesto. Con mucho cuidado posó una mano sobre la pierna de Edward que estaba expuesta, y su corazón brincó de felicidad cuando él no se apartó del contacto. Los ojos verdes de su hijo se concentraron en los suyos un momento, al ver que se trataba de él y no había ningún peligro, enseguida se relajó en los brazos de su madre, pero no apartó la mirada de su rostro.
Carlisle asintió para secundar a Esme.
-Aunque tú no te acuerdes de nosotros, somos tus padres Edward. Es nuestro deber, pero también nuestro derecho estar a tu lado y ocuparnos de ti, y eso vamos a hacer. No tienes que tener miedo, porque nosotros te vamos a ayudar, y vamos a superarlo todo, juntos.
Edward continuó mirando fijamente a Carlisle, el hombre que era su papá pero él no lograba tener ningún recuerdo suyo. No era como lo que ocurría con su mami, porque a pesar de que de Esme tampoco se acordaba hasta que ella lo encontrara, el hecho de haber soñado siempre con su voz la volvía familiar.
Pero aun así era como si su joven e inocente corazón si hubiese reconocido al hombre que le dio la vida, aunque él no fuera consciente de ello; porque sus palabras y la forma en cómo él lo miraba hacían que se sintiera seguro y tranquilo. Eso era algo que no le había pasado nunca, hasta que se encontró con su mami. Tenia como la impresión que Carlisle, al igual que ya lo había demostrado Esme, haría lo que fuera por su bienestar y felicidad.
-Está bien – murmuró, cerrando los ojos y apoyando su cabeza sobre el hombro de Esme.
Volvía a sentirse cansado, otra vez. Pero no se quedó dormido, simplemente disfrutaba de la presencia de sus padres, mientras ellos se susurraban esa clase de preguntas que solo los mayores parecen entender. Pensaba en el hecho de que éstas eran las dos personas que le crearon y, a pesar de que habían pasado solo unos pocos días (o por lo menos eso le habían dicho, a él le habían parecido más), no podía evitar notar lo diferente que ellos se comportaban y lo trataban, respecto a James e incluso Victoria. Entonces de preguntó si eso era solo algo pasajero y pronto cambiarían con él, o si por el contrario iban a ser siempre así.
¿Qué pasaría si al final James tenia razón, cuando le decía que él no era más que un mocoso tonto, bueno para nada?. ¿Y si su familia también se terminaba dando cuenta de ello?. Después de todo él ni siquiera había sido suficiente para impedir que Victoria muriera; eso le había dicho James y, a la época, él no tenia ningún motivo para no creerle: Que Victoria no se salvó porque el hecho de que él estuviera en sus vidas, no sirvió para nada. ¿Qué sería de él si sus padres también compartían esa opinión?. Después de todo ya habían vivido cinco años separados, ¿Y si ahora que lo habían recuperado se daban cuenta de que era mejor cuando no lo tenían? ¿Qué iba a hacer él entonces?.
Al final no importaba lo cómodo que estaba en los brazos de su mami, los besos que ella depositaba periódicamente en sus cabellos, o que la cálida mano que su papá había depositado en su pierna seguía allí, y de vez en cuando los dedos se movían en una suave caricia. Esos obscuros pensamientos no abandonaron sus mente. Y tardarían un tiempo en hacerlo.
Continuará …
¿Qué dicen?, ¿Merece aunque sea un pequeño comentario?
Besos, Ros.
