"Muñequita"

Capitulo 8.

"Acto Final"

Bella PoV.

- ¿No te acuerdas de mi? Me llamaste marica hace un par de noches y te deje con las ganas en la cama desnuda – dijo con una risa mientras tomaba un sorbo de su cerveza – bien, quiero que esta noche me des un servicio completo...

¿Un servicio completo? ¡Mierda!

- La pasaremos genial – agregó, se puso de pie y se tambaleo hacia atrás en el proceso. Mi mirada voló hacia la mesa que estaba ocupada por cinco botellas vacías de cerveza.

- Ha bebido demasiado, caballero – conteste tratando de que mi tono fuera lo mas frio posible.

- Estoy bien – contesto obstinado tomándome por la cintura.

Mire con desesperación a Sam el cual, afortunadamente, entendió lo que mis ojos casi llorosos le suplicaban.

- Señor… creo que no es buena idea que usted…

- Tengo suficiente dinero para pagar una noche con ella – interrumpió Edward empujándome hacia las habitaciones.

- Sam – chille como la primera vez que me había visto obligada a hacer eso.

- Lo siento, Bella. Conoces las reglas, si tiene suficiente dinero debes estar con el cliente – contesto Sam apenado.

Me deje guiar por Edward andando a trompicones hasta que abrió una habitación y me hizo entrar. Por mis mejillas corrían silenciosas lágrimas. Edward me había alquilado, él no sabia que era yo, su Bella. No negaré que desee estar con él pero nunca en esta forma.

- Tírate en la cama – ordenó.

- Por favor, no me hagas esto – susurre débilmente. Estaba al pie de la cama sin poder moverme. Solo lo miraba mientras seguía parada y las lágrimas rodaban por mis mejillas.

- Pagaré por esto – dijo enojado – tírate en la cama y deshazte de tu conjunto ¡Ahora!

Las lagrimas cayeron mas deprisa por mis mejillas – Por favor, no me hagas esto, Edward – chille.

Pareció desconcertado - ¿Por qué conoces mi nombre? – pregunto acercándose a mi y atrapando mis ojos en una prisión de joyas de esmeralda.

Él se acerco hasta quedar a escasos centímetros de mi rostro. Tan cerca que podía aspirar su aliento impregnado de alcohol. Sus ojos seguían fijos en los míos cuando levanto una mano y paso acariciando mi mejilla hasta que alcanzo una parte de mi antifaz, mi mano voló hacia allá para frenarlo pero esta cayó al sentirse en contacto con sus dedos.

Entonces… tiro del antifaz y me miro desconcertado.

- ¿Bella? – pregunto con el ceño fruncido.

Mis rodillas se sintieron débiles y no pudieron soportar mi peso más; me deje caer de rodillas frente a él mientras el llanto seguía emergiendo de mis adentros.

- Lo siento… - susurre – lo siento, yo no… no quería que tu lo… lo supieras – llore cubriendo mi rostro. Me sentía sucia y llena de vergüenza al estar ahí frente a él.

Pareció que la borrachera desapareció de su cuerpo porque cuando se acerco frente a mí y me tiro los brazos para poder verme el rostro, sus ojos ya no se veían vidriosos a causa del alcohol.

- Tranquila – susurro acariciando mi mejilla húmeda.

- ¿Tranquila? – Pregunte desconcertada al ver su rostro sereno – pareces tan… despreocupado ¿No te doy… asco? – pregunte con una nueva oleada de lagrimas cruzando mi rostro.

El amablemente seco una parte de mis lagrimas sin dejar de mirarme a los ojos – Te amo, Isabella – respondió – sin importar que seas. Cuando te vi por primera vez supe que serias la mujer que yo había estado esperando.

- ¡Pero yo no soy nadie! – Respondí – soy una PROS-TI-TU-TA ¿y tú? Tu eres un importante escritor ¿En que lugar en el mundo una prostituta y un escritor famoso pueden ser pareja y pretender ser felices?

Una parte de mi quería mostrarle lo horrible que era mi vida para que se apartara de mi y no sufriera. Algo dentro de mí quería que él se fuera por donde había venido y me dejara continuar con mi "vida".

- Eso no me importa, muñeca – muchas veces me llamaban muñeca pero él lo hizo de una manera tan dulce y protectora que me sentí segura estando en sus brazos – tu eres un ángel, la vida te ha tratado mal pero Dios me ha mandado a salvarte, y mi recompensa será tu amor – agrego aun acariciando mi mejilla.

- Yo no quería esto – susurre débilmente – pero tampoco puedo irme de aquí. Jacob es mi dueño, él pago una fuerte cantidad por mí hace muchos años y como su esclava debo hacer todo lo que me diga… y obviamente él no me dejara irme de aquí.

- La esclavitud termino hace muchos años – susurro – tu, al igual que todas las chicas de este lugar, son libres de irse cuando quieran y de hacer lo que les plazca con sus vidas.

Negué fuertemente con la cabeza – no conoces a Jacob.

- Eres la segunda persona en este día que me dice eso pero ¿sabes que? No me importa conocer a ese tal Jacob, lo único que quiero es que tú vengas conmigo.

Me congele ¿ir con él? ¿A pesar de que ahora sabia lo que era él quería que todavía estuviera a su lado?

- ¿Por qué haces esto? – susurre llorando de nuevo.

- Simple, porque te amo – susurro con delicadeza sobre mis labios antes de depositar un fugaz beso en estos.

- No puedo irme – susurre – no me dejaran ni si quiera llegar a la puerta. Son órdenes de él.

Edward levanto la mirada, no había ninguna ventana en la habitación ya que Jacob había entendido hace varios años que dejar las ventanas sin bloquear era un paso directo para que "sus chicas" se escaparan.

- ¿No hay ninguna ventana a lo largo del local? – pregunto poniéndose de pie.

- No – susurre quedándome todavía de rodillas en el suelo – bueno, creo que las ventanas del baño de hombres son las únicas que están desbloqueadas.

- Entonces aprovecharemos esa salida al máximo – contesto sonriente.

Edward me miro con ternura y me tendió una mano para ayudarme a levantarme. Se quito el saco y me lo paso por los hombros.

- Si voy a sacarte de aquí no puedo dejar que salgas así – susurro antes de inclinarse a besar mi frente en gesto protector.

Sonreí a través de las lágrimas. Edward era mi ángel vengador; él me sacaría de esa vida de mierda y me enseñaría un nuevo mundo que yo no conocía.