Nuevo capítulo y vamos a hacer sufrir a Jack otra vez. Está algo largo pero vale la pena, vienen cosas acerca del pasado de Jack y Pitch.

El Origen de los Guardianes no me pertenece, es de Peter Ramsey y William Joyce.
Si fuera mío, digamos que las cosas habrían sido algo diferentes.

Ojalá les guste.


Por los Niños

Capítulo 9: El ataque de Pitch.

"¿De qué te vas a disfrazar este Halloween Jack?" Era lunes nuevamente y el grupo estaba en casa de los St. North, trabajando en los stands. Nick había terminado el primero el fin de semana y Aster por fin podía empezar a pintarlo. Ana trabajaba haciendo cuentas en su computadora y ayudando a Aster cuando él lo permitía, que se traducía en pasarle las pinturas y en llenar de nuevo los tazones cuando el agua se ponía demasiado sucia. El australiano no confiaba en nadie para traer sus diseños a la vida a menos que fuera absolutamente necesario. Aún intentaba digerir el hecho de que Jack estaba ayudando a cortar la madera, pero no había habido problemas hasta el momento.

Mientras tanto, Sandy se encontraba ocupado escribiendo en una libreta, inventando nombres para los eventos y organizando los horarios para que así Aster supiera que nombre pintar en el stand cuando terminara. Los chicos trabajaron en un cómodo silencio hasta que Ana habló.

Jack alzó la vista de la línea que estaba trazando sobre la madera y pensó un momento antes de responder. "Ni idea. El año pasado fui Danny Phantom, pero creo que este año trataré de hacer algo más complejo. ¿Y tú?"

"Bueno, las minis quieran que vaya como un hada. Siempre tengo que ir con ellas a pedir dulces y siempre se ponen a decidir que disfraz debo usar. Claro que normalmente dejo que lo hagan."

"¿Qué tipo de hada?"

Ana rió, "¿Importa mucho?"

Jack abandonó su trabajo y cruzó los brazos, con una mirada seria. "¡Claro que importa! No puedes ir como la típica hada, ¡no es divertido!"

"Está bien, ¿qué tipo de hada debería ser?"

Jack estudió a su amiga antes de contestar, "El hada de los Dientes."

"¡Agh, ni loca! ¿Quién querría tocar cosas que han estado en las bocas de los niños?"

Él rodó sus ojos, "No necesitas tocar los dientes de hecho, puedes tener ayudantes para eso."

Ana negó con la cabeza, "No gracias. ¿Por qué escogiste el hada de los dientes?"

"¡Porque siempre estas hacienda un millón de cosas y casi nunca te tomas un descanso! Ella es un hada que no tiene vacaciones, siempre trabaja para hacer felices a los niños."

La chica rió, sonrojándose ante el cumplido, "Está bien, que te parece este trato, yo iré de hada de los dientes si me acompañas a cuidar a las minis y me dejas escoger tu disfraz."

Jack consideró la propuesta. No tenía mucho interés en que Ana se disfrazara de hada de los dientes, pero la idea de ir con las niñas a pedir dulces era muy atractiva. Adoraba pasar tiempo con ellas. "Hecho, pero no me vestiré de mujer."

"¡Excelente! Ya sé como quiero que vayas, de hecho."

Todos estaban poniendo atención, curiosos de lo que Ana propondría como disfraz de Jack. "Vas a ser el Príncipe del Invierno, Jack Frost"

La risa de Jack hizo eco a través del taller. "¿Jack Frost eh? Eso suena divertido."


Durante las siguientes semanas Jack se encontró a si mismo siendo arrastrado a la casa de Ana los días que tenían libres para toma de medidas y pruebas. Ella insistía en hacerle el traje personalmente y no dejarle verlo hasta que estuviera listo. Ana pasaba horas en su cuarto cosiendo, haciendo que el albino subiera de vez en cuando para probarse algo con los ojos cerrados, mientras Jack jugaba con las minis. Las pequeñas estaban muy felices por poder pasar tanto tiempo con su compañero de juegos favorito.

Durante las reuniones del grupo, Jack y Nick terminaron de hacer la mayoría de los stands y Aster trabajaba pintando sus obras maestras. Cuando el enorme muchacho hacía algo demasiado complejo para Jack, el albino iba con Sandy a ofrecer ideas hasta que pudiese ayudar nuevamente. Había tardado un poco, pero ya formaba parte del grupo y a los otros les encantaba tenerlo cerca. Allá donde Jack Frost fuera, la risa, la diversión y las sonrisas parecían seguirlo.

En la escuela, el albino se encontró pasando su tiempo libre con Aster y los otros en lugar del leyendo. Para su sorpresa, el cambio no le afectó mucho. El solitario adolescente era feliz, por fin.


Pitch y Jack estaban caminando a casa por primera vez en casi una semana. Jack había estado muy ocupado y ahora se encontraba contándole a Pitch todo lo que había pasado en esos días. Rió mientras le contaba acerca de la reacción de Aster cuando Nick lo dejó hacer a él solo uno de los stands.

El pelinegro miró al otro chico y tuvo que usar todo su autocontrol para evitar golpearlo, tirarlo al piso y patearlo. No se suponía que Jack fuera feliz, se suponía que fuera su pequeño y maltratado juguete personal.

Cuando Pitch conoció a Jack, el chico tenía diez años. Se había unido a la clase de quinto grado donde estaba él a mediados de noviembre, era el raro niño nuevo con tristes ojos azules que parecía rehuir a todos. No sabían nada del pasado de Jack, para ellos solo era un solitario chiquillo que los odiaba a todos. Nadie trató de romper las paredes de hielo con las que se rodeaba para descubrir al divertido corazón que tenía dentro. Nadie, excepto Pitch.

Fascinado por el nuevo niño, Pitch trabajó duro para convertirse en el amigo de Jack. Por primera vez, o al menos desde que el de ojos ámbar podía recordar, quería ser amigo de alguien. Con el tiempo, y mucho esfuerzo, por fin alcanzó su objetivo. Un soleado día de Enero, cuando Pitch había seguido de nuevo al albino luego de la escuela, Jack se rindió. Le contó a Pitch todo: como había perdido a sus padres, como acababa de abandonar a sus hermanos menores, como odiaba este nuevo pueblo y deseaba haber muerto en el incendio que se había robado su mundo. Mientras el menor lloraba y se confesaba, Pitch sintió un enorme júbilo ante lo que veía. Jack era muy hermoso cuando estaba así, abatido. El dolor del huérfano le proporcionó un extraño sentimiento de logro, porque si no fuese por su insistencia, Jack no se habría convertido en ese sollozante desastre que estaba ante él.

Pitch entendió pronto que, de no haber sido por la reciente perdida de sus hermanos, nunca habría podido traspasar las barreras del albino. Ese fue el día en que aprendió que, para atrapar a Frost, necesitaba jugar con su corazón, un truco que usó muchas veces los siguientes años. Aunque la naturaleza amigable y divertida de Jack regresó cuando el tiempo atenuó parte del dolor y las personas comenzaron a asociarlo con las travesuras, la influencia de Pitch lo mantuvo sin amigos y sujeto a la voluntad del mayor.

El chico estaba desesperado porque alguien lo necesitara, y Pitch lo hacía. Era alguien que escuchaba sus planes y los aclamaba, y también el perfecto peón para ejecutarlos. Todo lo que Black necesitaba hacer era sugerir alguna travesura y Jack estaba más que dispuesto a hacer a su amigo feliz. En las raras ocasiones en las que el albino no estaba de acuerdo con sus ideas, Pitch jugaba con las palabras para confundir el corazón del menor y éste caía ante él. Esa era la manera en la que se había asegurado de contar con la ayuda de Jack para sabotear la beneficencia navideña del año anterior.

Sin embargo, Pitch había ido demasiado lejos. No le dijo a Jack todo el plan de esa noche. Todo lo que Jack sabía era que robarían parte de la escenografía de la obra y los esconderían un rato para causar pánico. No le había encantado la idea, pero ayudó de todas formas. Él no sabía que Pitch planeaba quemarlo todo. Cuando Pitch encendió el cerillo, algo despertó dentro del níveo muchacho. Fue la primera vez que Jack desafió a su amigo, y para sorpresa de éste, el albino apagó el incendio, salvando así la mayoría de las cosas.

Iracundo, Black atacó al menor, y los dos se enzarzaron en una pelea hasta que la conmoción llamó la atención de unos adultos. Con las pruebas frente a todos, ambos habían sido arrestados. Pitch fue culpado de orquestar el plan, pero Jack recibió un castigo igual por ayudarle, y nunca le dijo a nadie que él había apagado el fuego. Los adultos asumieron que las pinturas eran inflamables y por eso el fuego no se había propagado. Afortunadamente, Aster Bunnymund fue capaz de pintar nuevamente la parte dañada y la obra se desarrolló sin problemas.

Los eventos de esa noche causaron que Pitch abandonara a Jack. Se había imaginada que después de que el albino pasara tiempo totalmente solo y sin amigos, volvería arrastrándose a donde pertenecía: al lado de Pitch. Sin embargo, el plan había fallado.

Jack tenía nuevos amigos ahora. Había visto al traidor jugando en la nieve con Aster. Había observado mientras Nick le enseñaba cosas acerca de la talla de madera en el almuerzo. Había enfurecido cuando Ana y Jack pasaron junto a su lado riendo antes de entrar a cases. Había maldecido cuando una sonrisa apareció en su rostro por culpa de Sandy y una silenciosa broma. Incluso mientras Pitch reptaba despacio para regresar a la vida de Jack, el muchacho se volvía más unido al grupo. Lo hacía querer gritar de frustración. Jack era suyo. Era su pequeño y roto juguetito. Pero no estaría roto por mucho tiempo. Cuando estaba cerca de esos idiotas, Jack era más feliz de lo que Pitch lo había visto nunca.

Pitch tomaría lo que le pertenecía, e iba a romperlo en pedazos tan pequeños que nada ni nadie podría volver a unirlos.


Jack caminaba por las nevadas calles de Narvon, disfrutando de la gloriosa sensación de frío que acompañaba a la nieve fresca. Era veintiuno de octubre, y habían pasado siete años desde el día en que perdió a sus padres. Sonrió. Su mamá habría adorado a sus nuevos amigos y su papá se hubiera divertido molestando a Aster tanto como él. Por primera vez desde que perdió a su familia, Jack sintió que podían estar orgullosos de él.

De repente, su celular comenzó a vibrar en su bolsillo. El chico lo sacó, preguntándose quién podría ser. El número no le era familiar, pero reconoció el código de área: Burgess. Apretó rápidamente el botón de contestar y acercó el teléfono a su oreja, "¿Hola?"

"¿Hola, Jack?"

Reconoció la voz, aunque sonara como si el hombre tuviera un pequeño resfriado. El Sr. Bennett sólo llamaba cuando algo grave pasaba, como la vez en la que Pippa se había fracturado el brazo. "¿Qué sucede? ¿Están bien? ¡Por favor, dígame que están bien!"

"Todo está bien, pero quería pedirte un favor."

Esto sorprendió a Jack. Los Bennett nunca le habían pedido nada antes. "¿Sí?"

"Bueno, estoy seguro de que sabes qué día es hoy. Decidimos que ya es tiempo de que los gemelos sepan la verdad acerca de su familia." Jack casi dejó caer el celular, "Y queríamos pedirte que estuvieras allí. Deberías ser parte de esto."

El chico se quedó allí parado, en shock.

"Jack, ¿sigues allí?"

Él contestó tembloroso, "Sí."

"Sé que es una petición de último minuto, pero le tomó a mi esposa un tiempo aceptar que te invitara. Le tomó mucho incluso aceptar que debíamos decirles la verdad. Iremos al cementerio en un par de horas. Entiendo que no quieras ir, pero nos gustaría mucho que lo hicieras."

"No, no, estaré allí. Gracias Sr. Bennett."

"No, gracias a ti Jack. Cometimos un error y te hemos hecho daño durante estos siete años. Sé que no es mucho, pero queremos compensarte de algún modo, y empezar a hacer las cosas bien."

Jack casi lloró ante esas palabras. Se despidió apresuradamente del hombre y corrió hacia la estación de autobuses. El próximo viaje a Burgess saldría pronto y él debía estar en el. No se molestó en informarles a los Overland que saldría del pueblo ni en preguntarse como los Bennett habían conseguido su número.


El cuerpo de Jack estaba frío. Había estado esperando en la nieve junto a la tumba de sus padres a que los Bennett llegaran por casi tres horas y finalmente comenzaba a perder las esperanzas. Pasó un dedo sobre la superficie de mármol de la lápida y sonrió triste. Ese era el único día en que evitaba el lugar. Saber que ya había pasado otro año hacía que los recuerdos dolieran más. "Lo siento, mamá y papá, vine a visitarlos y ni siquiera traje flores. Pero no se preocupen, traeré extras en el cumpleaños de mamá."

"¿Jack?"

El albino volteó y se encontró con los preocupados ojos de Pitchford Black. Se sorbió la nariz, parpadeando para contener las lágrimas. "¿Pitch? ¿Qué estás haciendo aquí?"

El otro adolescente se removió incómodo y enseñó las flores que traía, un enorme ramo de rosas blancas y velo de novia. "Estaba en Burgess para hacer unas compras, y tenía un poco de tiempo extra así que pensé en pasar por aquí y dejar esto. No imaginé que estarías aquí."

Jack se quedó mirando las flores y empezó a llorar. Pitch casi aulló de gusto. Era demasiado fácil manipular las emociones del chico cada veintiuno. En lugar de eso, se arrodilló y encerró al sollozante chico en un fuerte abrazo. "Jack, ¿qué sucede?"

De algún modo, el albino logró explicarle a Pitch lo sucedido mientras los espasmos recorrían su cuerpo. Pitch lo sostuvo más fuerte que antes. "Jack, no sé qué decirte. Esas horribles personas… ¿cuándo dejarán de lastimarte?"

Jack solo lloró más fuerte, aferrándose a Pitch con toda su fuera, mientras el chico se levantaba, llevándolo consigo.

"Vamos, te llevaré a casa."

El chico asintió y dejó que Pitch lo llevara a la motocicleta. Su amigo se subió primero y se uso el caso mientras Jack se acomodaba tras él. El lloroso adolescente estaba sufriendo demasiado como para pensar en que no llevaba puesto su casco también cuando Pitch arrancó.

Jack se aferró a la chaqueta de cuero de Pitch, sollozando mientras la moto aceleraba por la nevada carretera. ¿Cómo le podían hacer esto los Bennett? No tenía sentido, no les había hecho nada. ¿Era acaso que ya no querían que Jack viera a los gemelos? ¿Se habían cansado de que el pasado no les dejara disfrutar los triunfos de sus hijos? Se había esforzado para que los Bennett no lo viesen cuando iba a Burgess. Quizás no se había esforzado lo suficiente.

Otro sollozo sacudió su cuerpo y sintió que la motocicleta comenzaba a frenar. Había estado muy ocupado llorando que ni siquiera abrió los ojos un solo momento en todo el camino, pero ya debía calmarse. Necesitaba moverse antes de que llegaran a la casa de los Overland. Cuando Pitch finalmente se detuvo, el albino había logrado calmarse lo suficiente como para caminar. Se bajó de la moto para agradecerle a Pitch y entrar a su casa, pero no estaban en Narvon. Se encontraban en un sendero a la mitad de un bosque nevado.

Miró alrededor, confuso, las lágrimas aún bajando por sus mejillas, "¿Dónde estamos Pitch?"

El pelinegro rió. "¿En serio quieres saber?"

Jack giró para enfrentarse con Pitch, el enojo despertando dentro de él, recibiendo un fuerte golpe en la cabeza. Se derrumbó en el piso, inconsciente, y Pitch arrojó su casco al suelo. Era lo bastante duro como para proporcionar un buen golpe que dejaría a cualquiera en el suelo. Se bajó de la moto y estudió la figura de Jack El chico vestía un abrigo más grueso que de costumbre, pero nada más que pudiera protegerlo del inclemente frío. Su cara estaba cubierta por rastros de lágrimas congeladas y algunas gotas estaban aún en sus pestañas. Un buen chichón comenzaba a formarse seguro bajo el cabello, pero nada era visible todavía.

Orgulloso de su trabajo, Pitch tomó la pierna de su antiguo amigo y empezó a arrastrarlo, buscando un lugar para dejarlo, cuando se encontró a orillas de un lago congelado. Sabía que no podía dejarlo en el camino principal, y este parecía un lugar donde nadie lo encontraría. Un pequeño empujón y Jack se encontraba en el hielo, otro más y el chico estaba la mitad del lago. Pitch regresó a la motocicleta y sacó unas tiras de tela vieja. Pronto, el cuerpo de Jack estaba inmovilizado y un pedazo mojado en aceite estaba amarrado fuertemente alrededor de sus congelados labios.

Pitch volvió a admirar su trabajo, y comenzó a reír. Jack era un chico fuerte, y tras un par de días volvería por él y lo llevaría casi muerto hacia el hospital con alguna triste historia sobre como lo había hallado mientras conducía en la noche. Dudaba que el muchacho recordara lo que había pasado en realidad teniendo en cuenta que ya daba signos de hipotermia. Incluso aunque lo hiciera, se vería como una víctima delirante, que confundía a su agresor con su salvador. Jack se recuperaría físicamente, pero Pitch dudaba que su espíritu fuera a ser el mismo de nuevo. Eso le enseñaría a no reemplazar a Pitch Black.