CAPITULO 08: NUEVOS SENTIMIENTOS, ANTIGUAS PASIONES

Candy bajaba las escaleras con prisa. Después de decidir ir a la oficina de su marido, pensó en vestir algo más acorde para salir. Un elegante pero sencillo jersey en negro, combinado con una blusa blanca con encajes, que cubría muy bien sus brazos pero dejaba entrever un escote en V.

El sonido de sus tacones alertó a Tom, que la esperaba al pie de la escalera.

-Lamento haberte hecho esperar, Tom-se disculpó ella al estar frente a él, con un pequeño bolso negro en sus manos

-Valió la pena, señora. Si me permite decirlo, se ve muy hermosa.

-Gracias. Es una lástima que mi cabello no pueda verse tan formal ahora-agregó ella apartándose un mechón del rostro.

-Para ser sincero, se ve mejor así. Le da cierto aire de juventud llevar ese peinado.

Para su cabello, Candy había optado por recogerlo en un moño alto, tratando en vano de controlar los rizos que insistían en caer por sus sienes.

-Tendré que memorizar el camino hasta allá-dijo ella estando ya sentada en el asiento del copiloto.

Al comprender que no sabía la dirección del edificio ni la oficina, Candy le pidió a Tom que la llevara hasta el lugar de trabajo de su marido.

-Con suerte, llegaremos antes de que el tráfico colapse las vías.

El viaje fue tranquilo y sin contratiempos. Al parecer, no era la primera vez que Tom visitaba aquél lugar, pues conocía la ruta y los caminos de menor congestión.

La rubia salió de sus pensamientos cuando el hombre le avisó de su llegada.

-Es aquí, señora-señaló un edificio muy moderno y lujoso frente a ellos-. Puede preguntarle a la secretaria por el señor.

-Gracias, Tom, eso haré-dijo ella descendiendo del vehículo.

-¿Está segura de que no desea que me quede a esperarla?

-Así es. Falta poco para las seis, y Terry estará libre a esa hora. Podré regresar con él a casa.

-De acuerdo, pero si me necesita, no dude en llamar.

-Claro. Hasta luego, Tom-se despidió ella.

Al darse media vuelta y quedar frente al edificio, Candy supo que no había marcha atrás. Avanzó con paso decidido hasta entrar, y se acercó al único escritorio visible.

-Buenas tardes. ¿El señor Grandchester se encuentra aquí?

-Así es, señora. Pero por desgracia, ahora no puede recibir a nadie. Está muy ocupado y no puede ser interrumpido-le informó una mujer de mediana edad.

-Por favor llámelo. Es su esposa quien está preguntando por él.

-Es que...el señor Grandchester prohibió la transferencia de llamadas. Estás tratando un asunto muy importante, y no quiere ser interrumpido.

-Esta bien. Entonces iré personalmente a su oficina-dijo ella resuelta-. Por favor dígame como llegar.

-Su oficina está en el onceavo piso-señaló la mujer el ascensor-...pero no puede subir si el señor no lo autoriza, señora-añadió al verla avanzar a el.

-En cuanto me vea, tendré su autorización-dijo la rubia antes de que las puertas se cerraran.

Unos cuantos minutos al subir le dieron el tiempo suficiente para escoger las palabras que usaría para explicar su visita. Intuía que no seria muy agradable para Terry verla allí, pero si quería salvar su matrimonio no podía quedarse de brazos cruzados.

Al salir del ascensor, varias miradas se posaron sobre ella. Hombres y mujeres con varios pendientes propios. Avanzó hasta cruzarse con un escritorio más pequeño que el primero visto.

-Buenas tardes ¿En qué puedo ayudarle?-habló cortes la secretaria.

-Necesito ver al Sr. Grandchester.

-Me temo que eso no será posible. Por los momentos está muy ocupado, y tengo la orden de no permitir la entrada a nadie en su oficina.

-Florencia-un hombre mayor, vestido elegantemente y con un sobre en mano apareció frente a ellas-. Hace diez minutos te pedí que archivaras este informe ¿Por qué te has retrasado?

-Lo siento, señor. Si me lo permite, lo haré ahora mismo-se apresuró a dejar su lugar para tomar el papeleo en sus manos.

-Hazlo. Y hay unos papeles en mi oficina que también deben ser ordenados-la voz del hombre se apagó cuando desaparecieron ambos por el pasillo contiguo.

"Que mundo" ¡La habían ignorado! Aquellos dos se habían marchado como si no hubiese nadie frente a ellos. "Deben tener muchas ocupaciones, como para ponerme atención", pensó antes de detenerse a decidir qué hacer.

La mujer había dicho que Terry estaba ocupado, pero también mencionó que estaba en su oficina. Si lograba dar con ella...

Decidió seguir hasta el final de aquel prolongado pasillo, hasta dar con una puerta que marcaba en lo alto: "Presidente Grandchester". No podía haber dos personas con ese mismo apellido, pero para estar seguros, Candy se acercó a la puerta y se cercioró de oír la voz de su marido antes de entrar.

-No tengo tiempo para eso ahora-esa voz grave pertenecía a Terry, sin duda.

-Por favor, Terry, sólo esta vez. No pudimos vernos el fin de semana, ¿y ahora también es más importante el trabajo?-era la voz de una mujer...

"Esa voz...", Candy la reconoció en el acto. La voz afanosa y aterciopelada de aquella llamada que interrumpió su viaje a Nueva York.

Impulsada por un sentimiento que no logró identificar, abrió con sumo cuidado la puerta, estudiando con cuidado cada imagen que a sus ojos llegaba.

-No me has dicho nada por mi vestido...-habló insinuantemente esa mujer.

La imagen de los dos le cayó a Candy como un piano en la cabeza. Ella, sentada en el amplio escritorio frente a él, con un vestido que daba la mejor de las vistas a sus largas piernas, y un escote que mostraba gran parte de los encantos de la rubia.

Terry yacía sentado frente a ella, inmóvil, con mirada seria, estudiando la anatomía que se pintaba frente a él.

-¿Qué significa esto?-habló Candy, con apenas un hilo de voz. Su expresión era de sorpresa, mezclada con decepción.

-¡Candy!-Terry se levantó al momento, abriendo los ojos desmesuradamente, igual de sorprendido que ella.

-Vaya, vaya-ella también se levantó y se irguió junto a él-, imagino que esta es la mujer que te mantiene alejado de mí, Terry.

-¡Cállate, Susana!-la mirada de él ahora estaba cargada de rabia.

-¿Qué sucede, Terry?-Candy buscó su mirada, con ojos débiles, igual que su voz.

-Sucede, querida-habló la rubia en medio de los dos-, que acabas de entrar a una oficina en la que se había cerrado el acceso. ¿O acaso la secretaria no te dijo que no podías entrar?

El silencio se prolongó por un momento, mientras el ambiente se hacía más tenso. Candy buscó la mirada de Terry, pero sólo encontró en los ojos azules una expresión de confusión.

-Imagino que tú debes ser Candy. La "esposa" de Terry-lo había dicho con ironía, casi de forma insultante-. Es un placer conocerte al fin.

-Lamento no poder decir lo mismo-contestó Candy mirando su mano extendida antes de volver sus ojos sobre el castaño- ¿Qué es esto, Terry? ¿Qué significa todo esto?

Su voz era casi un susurro, no había reproche en ella, sólo confusión y ansiedad por escuchar la respuesta.

-Esto, querida, es la razón por la cual tu esposo pasa más tiempo aquí que contigo-ambas rubias se miraron-. Mi nombre es Susana Marlowe. Socia de la compañía, y una buena "amiga" de tu esposo.

De pronto todo encajó en su mente. Aquellos rumores de los que jamás quiso indagar...

"Yo no me despegaría de un hombre como Terry. Tal vez la muy inocente no haya escuchado los rumores". "Tal vez se resignó a compartir". Los comentarios de esas mujeres en la fiesta...

El horario nocturno de llegada de Terry, las tempranas salidas, todas las horas invertidas en la oficina. Y esa mujer...su llamada a altas horas durante el fin de semana en Nueva York...La conversación que mantenían ambos antes de que ella entrara. Y la forma como Terry la había mirado...

-Dime que no es verdad...-pidió Candy mirándolo fijamente.

-Todo es verdad-respondió la rubia por él.

-¡¡Dime que no es verdad, que esta mujer no es tu amante!!-suplicó ella empezando a dejarse ganar por su dolor.

-¡Es la verdad, es la única verdad!-alzó ella también la voz para hacerse tomar en serio- ¿Por qué crees que pasa tan poco tiempo contigo? ¿Crees que va a esperar toda la vida a que decidas acostarte con él?

-¡Cállate, Susana!-Terry la miraba con odio profundo.

-¡Es verdad! ¡Yo le doy todo lo que no consigue a tu lado, ¿y qué?! ¿Qué puedes decir? ¿Que no puedes ejercer tu papel de esposa porque perdiste la memoria? No me hagas reír.

-Susana, te estas pasando de la raya, y no quiero tener más problemas contigo-habló Terry entre dientes, conteniendo su ira-. Por lo tanto, ¡te exijo que salgas de aquí!-avanzó hasta la puerta y la sostuvo con un ademán.

La rubia de ojos azules pensó por unos segundos antes de actuar.

-De acuerdo. Me iré, pero el asunto no termina así de fácil-dijo caminando hasta detenerse frente a Candy-. Podrá ser tu esposo, pero es mi marido también. Y si a ver vamos, nadie pasa más tiempo con él que yo. Terry es más mío que tuyo, y voy a encargarme de que pronto sea de una de las dos. Serás inteligente, si deduces cual de nosotras será, juzgando su reacción.

Al pasar frente a él le dedicó una sonrisa, y Terry sólo atinó a azotar la puerta.

-Bien, Candy-oyó su voz después de un largo silencio-, vas a decirme que demonios haces aquí.

¿Había oído bien? ¿Terry estaba molesto con ella? ¿Después de encontrarlo con otra mujer, protagonizando una escena comprometedora?

-¿Que qué hago aquí?-preguntó incrédula.

-Sí, qué haces aquí. ¿Por qué tuviste que venir aquí si te dije que iría a la casa?

-Dijiste que no ibas a volver...que no estabas seguro si podrías regresar o no, eso dijiste.

-Y por eso tenías que estelarizar la hazaña de venir aquí, ¿verdad?

-No comprendo tu molestia, Terry. Llego aquí y te encuentro con otra mujer, ¿y soy yo quien tiene que dar explicaciones?

-Dudo que exista una explicación que pueda justificar tus acciones. Al menos no una coherente.

-¡Pues yo no he oído una tuya todavía! ¡Y eso es mucho peor!-estalló ella.

-No hay explicación.

-¡¿Ah no?! ¡¿Entonces no hay explicación para lo que hiciste, no hay explicación para lo que vi?!

-¡No, no la hay, porque lo que viste no significa nada!

-¿Que no significa nada?-repitió atónita.

-Así es, no significa nada para mí, porque no ocurrió nada entre esa mujer y yo.

-¿El que no haya ocurrido nada entre ella y tú en mi presencia te redime por todo este tiempo que me has sido infiel?-por su pregunta, sonaba ofendida.

-Nunca te he sido infiel, Candy.

-¿No? ¿Nunca me has sido infiel dices, aunque te acabo de sorprender con ella?

-Las cosas no son lo que parecen.

-Tal vez las cosas son justo lo que parecen, y tu secretaria me lo dijo así.

-¿Qué te dijo ella?

-Dijo que estabas muy ocupado con un trabajo, y ahora compruebo que no se equivocó.

-Las cosas no son así, Candy. Ella acababa de entrar a mi oficina.

-Si claro, y supongo que su asiento preferido es sobre tu escritorio, ¿verdad?

-Lo hace para sacarme de mis casillas, Candy, le gusta hacerme molestar.

-Claro, y luego tú le das su justo "merecido", ¿no?

-¡¡Deja de calumniarme, Candy, te digo que no lo es!!-la sujetó con fuerza por los hombros y la sacudió un poco-¡¡Ella no es mi amante y yo no te he sido infiel jamás!!

-¡¡Y estaba casi encima de ti por casualidad, ¿verdad?!

-¡Te digo que esta loca! ¡Sólo busca darme problemas!

-¡¡El que busca solo los problemas, eres tú, Terry!!-se libró de la opresión de sus brazos y se alejó un poco- ¡Metes a cualquier mujer en tu oficina y luego me dices que tienes un trabajo que terminar!

-No te he mentido.

-¡¡No, Terry, me has ocultado la verdad, y eso es peor!!-gritó exasperada antes de callar.

Un incomodo silencio llenó el ambiente y ambos se miraron mutuamente por unos segundos.

-¿Sabes qué, Terry? Cuando venía a tu oficina estaba pensando en decirte algo que pudiera ayudarnos a salvar nuestra relación...Pero veo que cualquier intento es inútil, sobre todo porque no se puede salvar algo que no existe.

-Nuestro matrimonio existe-la contrarió.

-Sí, existe. Y como lo único que existe entre tú y yo es un papel que dice que estamos casados, entonces voy a destruirlo.

-¿Qué estas diciendo?

-Quiero el divorcio, Terry-respondió resuelta y segura-. Comprendo tus dudas hacia mí porque tenías indicios que te apoyaban. Pero esto es demasiado para mí, porque te he visto estando con otra con mis propios ojos, y después de eso no podemos seguir juntos.

-Estas en un error-reafirmó él.

-No, no estoy en un error, nunca he estado más correcta que ahora, y no pienso retroceder-hizo una pausa antes de continuar-. Lo que alguna vez existió entre nosotros, si realmente fue algo sólido, se ha derrumbado todo este día.

-Estas malinterpretando todo-insistió Terry.

-Cuando llegué a este edificio, Terry, tenía la intención de salir realmente como tu mujer. Pero ahora que me marcho sólo quiero ser una cosa para ti, y nada más: Tu ex esposa.

Y como si ya lo hubiese dicho y aclarado todo con ello, Candy se retiró de la oficina con la misma seguridad que usó para entrar a ella.

Escuchó como Terry la seguía, como la llamaba y trataba inútilmente de detenerla antes de que abordara el ascensor. Pero no quería verle más, al menos por un tiempo. Al menos hasta desahogar con lágrimas todo aquello que estaba sintiendo.

& & &

-No se preocupe, Sr. Grandchester. Yo me encargaré de contactarla-insistió la secretaria frente a él.

-Quiero que lo sepa. Que no piense siquiera en interpretar uno de sus papeles de víctima-la voz de Terry se oía severa.

-Descuida, Terry-el hombre mayor junto a él palmeó su hombro-. Estoy seguro de que actuara con decencia. Tendrá que hacerlo cuando sepa que los 18 miembros del comité están a tu favor.

-Gerardo, he tratado con ella por mucho tiempo, y sé que no entenderá. Va a negarse como siempre lo ha hecho. Es por eso que quiero prohibirle la entrada.

-Sin comité o con el, ella aún es una socia más de esta empresa, y un miembro más de nuestro grupo.

-Miembro o no, soy yo el presidente del comité. Por lo tanto, yo decido quien es nuestro socio y quien no, y ya ordené su exiliación del grupo.

-Todos te hemos apoyado en limitar sus decisiones. Pero pedirle que abandone la empresa...es excederse un poco.

-No, es actuar con la cabeza. Ella sólo nos ha causado problemas y más trabajos desde que llegó. Sabes que Arthur se preocupaba por ella, pero ni siquiera él querría que la empresa se viniera abajo por los caprichos de su niña.

-Él deseaba asegurar un futuro prometedor para su hija.

-Y lo logró. Todo este tiempo la fortuna de Susana ha crecido, aún a pesar de sus constantes derroches. Tiene suficiente dinero como para formar su propia empresa, así que ya no nos necesita.

-Hay algo que no entiendo, Terry-comenzó al verlo volverse a su escritorio-. Sé que ella y tú tienen diferencias, pero no veo la razón que te ha llevado a tomar esta decisión.

-Desde que ella asumió esas acciones, hay una cosa que no ha logrado comprender. Y eso, es no mezclar los negocios con la vida personal-explicó mientras cerraba su maletín.

-Ay, Terry-sonaba inconforme-, lamento que eso te haya afectado. Sólo espero, que todo pueda resolverse.

-Así es. Espero tu llamada, entonces, Gerardo-asintió él empuñando el maletín.

-De acuerdo, Terry. Que tengas mucha suerte-le deseó el hombre antes de despedirse de él.

& & &

El camino a casa se le hizo largo, especialmente porque viajó solo.

Tal vez había esperado demasiado de la rubia, porque incluso durante su discusión, se imaginaba yendo a casa con ella esa tarde. Claro que no contaba con la iniciativa de su esposa, quien tomó un taxi apenas salió del edificio.

"Ahora, sólo quiero ser una cosa para ti: Tu ex esposa", había sido lo último que le había dicho. Terry tenía que lograr disuadirla de la idea, sacarla del error. Nunca planeó hablarle de Susana porque sabía cuales serían los resultados. Ahora su mayor temor se había hecho realidad, y tenía que enfrentarlo.

Resolver el problema...Practicaría la única solución que le parecía lógica.

Dejó el auto en el garaje y se encaminó con pericia al interior de la casa. Supuso que Candy estaría en su habitación y fue justo allí donde se dirigió.

-¿Candy?-susurró su nombre a la vez que tocaba levemente la puerta del dormitorio.

-Vete, Terry. No tengo intenciones de hablar contigo-contestó al fin la voz de ella.

Terry no supo descifrar que era lo que su esposa estaba sintiendo. Su voz sonaba melancólica, dolida, y hasta traicionada, llena de rabia, impotencia y rencor.

-Candy, tengo que aclarar un asunto contigo. ¿Qué no entiendes que estas confundiendo las cosas? ¿Que no tengo nada con esa mujer?

-A mí no me engañas, Terry. Yo los vi con mis propios ojos, y sé que no estoy en un error.

-Candy, abre la puerta. Tendrás que darme la cara-al comprender que no lo haría, decidió hacer su voz más grave- ¡Candy, que la abras! ¡No olvides que también es mi dormitorio!

Al oírlo, la rubia abrió la puerta y rápidamente se alejó de él.

-Candy, estas equivocada-comenzó él.

-¿Lo crees, Terry? A mi me parece que nunca he acertado con tanta precisión.

-No es así. Estás creyendo lo que ella quiere que creas, es por eso que estas en un error-insistió Terry.

-¿Dices que ella lo planeó todo?-preguntó con fingida incredulidad.

-Es lo que ha hecho desde que se obsesionó conmigo. Susana es una niña caprichosa que quiere tenerlo todo, y cuando no tiene lo que quiere, siempre hace una escena.

-¿Y por eso yo debo creer tu historia y fingir que no te vi con ella en tu oficina?

-Si eres inteligente, lo harás-respondió él con expresión seria.

Candy lo miró con sorpresa, antes de darle su merecido...

-¡Eres un cínico!-gritó después de estrellar su mano sobre su mejilla- ¡Creí que no podías ser más imposible, pero me has sorprendido! No eres más que un canalla...

-Cuida lo que dices-le advirtió él.

-¡¡Eres un canalla, un cínico, un desvergonzado!!

Terry le devolvió la bofetada con fuerza, y aprovechando el retraimiento de la rubia, decidió aprisionar sus muñecas con ambas manos.

Al notarlo, Candy trató de liberarse de su agarre pero sólo logró retroceder en vano, cayendo uno sobre el otro en la cama.

-¡¡Suéltame!!-le exigió tratando de quitárselo de encima.

-De acuerdo. Si no quieres creerme, no seguiré insistiendo en explicarte la verdad-cercó su cuerpo al ver que la rubia se soltaba de sus manos-.Pero tampoco voy a escucharte. Y haré únicamente lo que me plazca.

La rubia no terminó de registrar sus palabras cuando sintió que sus labios eran aprisionados por los suyos. Casi al momento, Candy comenzó a intentar separarse de él, pero no tenía muchas ventajas. Terry era mucho más fuerte que ella, y tenía su cuerpo cercado con ambos brazos, impidiéndole cualquier salida. Las cosas sólo empeoraron cuando las manos que usaba para golpearlo en el pecho, fueron retenidas por las suyas para colocarlas al nivel de su cabeza.

-Tú...dijiste...que no me forzarías...-logró decir entre los besos que estaba compartiendo con él.

-Así es...no te estoy forzando...-la voz entrecortada, cargada de sensualidad la hizo estremecerse de pies a cabeza, al comprender que no se equivocaba del todo.

Ella también deseaba esos besos, y aunque supiera de su infidelidad con otra no dejaba de hacerlo. Se reprochó a si misma el ser tan débil, pero dos segundos después decidió cambiar su actitud. Aunque lo odiara, no podría rechazar a Terry mientras él la besara de ese modo.

Al sentir su lengua deslizándose entre sus labios, llevó por instinto los brazos al cuello de Terry, preguntándose en qué momento él la había soltado.

Con las manos libres pudo comenzar a recorrer su cuerpo. La sencilla pero elegante blusa blanca que la rubia estaba usando cayó al suelo, despertándola del ensueño...

-Terry...

¡Dios, que bien se oía su nombre en sus labios!, llamándolo con una agitación tan grande como la suya propia.

Antes de que pudiera decir algo, se apresuró a atrapar sus labios con un beso más intenso que el anterior, mientras que sus manos delineaban los voluptuosos pechos.

-No sabía lo frustrante que podía ser el desabrochar un sujetador-murmuró él con voz ronca, tratando de apartar la prenda de su cuerpo.

Sintiendo la urgencia en sus palabras, Candy se llevó las manos a la espalda y ella mismo desajustó la prenda, sin comprender que ese pequeño gesto de rendición sólo enardeció más al hombre.

Durante su matrimonio, Terry había obtenido placer muchas veces del cuerpo de Candy. Pero en ese momento, no podía saber si alguna vez la había deseado tanto. Sin pensar en nada más que en su deseo, se deshizo del chaleco, se quitó la corbata y desabrochó su camisa. Una vez desnudo cintura para arriba, se dedicó a besar sus labios, su cuello, sus hombros...

Terry estaba despertando una necesidad tan intensa y nueva para ella que la empujó a corresponderle. La rubia se permitió deslizar sus manos desde su cintura hacia arriba, palpando sus músculos, su pecho...

Los besos y las caricias de su esposo la llevaron a la inconciencia...de la cual despertó cuando se percató de que ambos yacían desnudos, uno contra el otro.

A pesar del escozor que sentía su vientre quemar, Candy se animó a hablar cuando sintió como su cuerpo se cuadraba sobre el suyo propio.

-Terry...espera...yo...-su agitada respiración lo hacía todo más difícil.

-¿Qué sucede?

-Es que...yo...no sé cómo decírtelo, pero...

-¿Qué?

-Yo...nunca he estado con nadie...nunca he hecho el amor con un hombre...

-¿Qué dices, Candy? Has estado conmigo...

-No. No es así. Nunca he hecho algo así, Terry.

-Candy, hemos estado juntos por cuatro años, y desde entonces has sido mi mujer.

-Pero, yo no lo recuerdo, Terry...es como si nunca hubiera sucedido...

-Tal vez esto te ayude a recordar-predijo él antes de besarla.

Con destreza el castaño retomó su posición anterior, buscando conectarse más con ella.

-No...Por favor...Terry...siento...miedo...

-No tendrías por qué...-murmuró junto a sus labios.

-¿Duele?-sonaba tan inocente, y tan osada a la vez.

-Si confías en mí, si te relajas y sólo sientes...no tendrás por qué sentir dolor.

-Yo confió en ti...pero aún tengo miedo-su voz denotaba el temor que trataba de controlar.

-No lo tengas. No voy a lastimarte-al ver su rostro dudoso, añadió-. Tendré cuidado.

Sonrojada como estaba, se colgó de su cuello, escondiendo la cara en su hombro. Pronto entendió que con ello la rubia quería decir que si, y una vez más, tomó el control de la situación.

Un gemido de sorpresa escapó de los labios de ella cuando sintió como Terry se adentraba en su cuerpo. El escozor comenzaba a desvanecerse, pero sintió algo más en su lugar...

-¿Estas bien?-preguntó al verla cerrar los ojos con fuerza.

-Sí...es sólo que...la impresión me aturdió...

Probablemente era una mentira, probablemente no se había relajado y como aquella primera vez se había dejado ganar por la tensión. Si tan sólo esta vez él pudiera intervenir...

-Jamás en mi vida imaginé que esta sensación al estar tan cerca...fuera tan placentera-a pesar de su pudor, optó por verlo a los ojos en ese momento.

-La sensación todavía no ha llegado, Candy-ella lo miró confundida-. Esto es el comienzo.

-¿Hay más...?-la pregunta iba cargada de incredulidad.

-No temas. Sólo debes abrazarme esta vez.

-¿Y lo demás?-preguntó sonriendo levemente al rodear su cuello.

-De eso, me encargo yo-dijo él resolutivo.

Mientras Terry comenzaba a moverse sobre ella, un intenso placer se fue arremolinando en su interior, hasta que fue muy fuerte y se aferró a sus hombros, sintiendo como era absorbida por esa nueva sensación.

Los sonidos de ambas respiraciones se confundían en uno solo, obligándolos a desbordar más y más esa pasión incontenible que explotó en sus cuerpos cuando alcanzaron un punto muy alto.

Permanecieron así, abrazados, uno sobre el otro, dejando que sus respiraciones volvieran a acompasarse. Terry se recostó levemente sobre el pecho de ella.

-¿Por qué, Terry? ¿Por qué estabas con esa mujer?

Era increíble que Candy tocara ese tema en ese momento, y aún más, con tanta calma...

-Es uno de mis socios. Pero como mujer, no tiene ninguna relación conmigo-respondió con igual tranquilidad.

-Entonces, ¿por qué la mirabas así? ¿Te gusta?

-Podrá ser hermosa, pero no hay nada en ella que yo encuentre atrayente-se distrajo jugando con uno de los rizos de la rubia cabellera-. Ella no es como tú...sencilla, inquietante, avallasadora...no despierta en mí el interés que tú si provocas...

-Cuando ella te miró...

-Mejor hablemos de otra cosa, Candy-sugirió al comprender que era un tema difícil para ella- ¿Te sientes bien?

-Sí...eso creo. ¿Fue mi primera vez...contigo?

-Sí, estando conmigo fue tu primera vez.

-¿Me dirías como fue?

-¿No has recordado nada?

-No. Pero si me cuentas algo...tal vez pueda construir cómo pasó.

Terry contrajo un poco su expresión. Recordar aquello no era fácil. Pero estaba seguro, de que era mil veces más fácil sólo recordarlo que narrar los hechos.

&-FLASH BACK-&

Después de la gran fiesta en aquella recepción, Terry llevó a Candy al que sería su lecho nupcial esa noche.

Desde el primer momento en que la vio, se percató de la gran atracción que sentía por ella. Se veía tan hermosa con ese vestido blanco, sus labios rojos, sus rosadas mejillas, su pelo dorado, las suaves curvas de su cuerpo, y ese escote en su pecho…

-¿Te gusta?-le preguntó al abrir la puerta de la habitación para que la rubia entrara.

-Es perfecto-dijo ella deslumbrada entrando al lugar-. Es todo tan hermoso y romántico.

Los suaves tonos pastel de la habitación, los arreglos de rosas por doquier, y las velas en la habitación le daban al lugar un ambiente perfecto. Y combinaban tan bien con la figura de la rubia envuelta en el vestido…

-Quería que todo fuera perfecto esta noche-explicó comenzando a avanzar hacia ella.

-Contigo aquí, ya todo es perfecto-le rodeó el cuello con ambos brazos cuando estuvo frente a él.

Fue su radiante sonrisa lo que lo invitó a besarla, pero al rodear la delgada cintura con sus brazos y sentir ese cuerpo junto al suyo, se vio obligado a levantarla del suelo y depositarla sobre la cama. Seguía besándola, sentado a su lado, cuando ella cortó el beso:

-Te amo, Terry-lo miró con intensidad y acompañó sus palabras con una caricia en su mejilla.

Un segundo después él retomó el beso y permitió que sus manos se asentaran en su talle. Después de un largo rato, se separaron por la falta del aire.

-Candy…-sus ojos expresaron lo que su voz no pudo terminar.

La rubia entendió su pedido y asintió levemente con una sonrisa. Sin agregar nada más, se recostó sobre ella y permitió que su anatomía se cuadrara a la suya.

La tensión crecía y crecía. Los besos se volvían más apasionados, y las caricias más osadas. La ropa empezaba a estorbar.

-Déjame ayudarte-comenzó a quitarle el chaleco al ver su vano esfuerzo por lograrlo.

Esa mezcla de audacia, y esa inocencia en su voz…Terry se distrajo por completo besando su cuello mientras ella se ocupaba de desabrochar su camisa. Cuando su torso quedó desnudo, él decidió ir a la par.

Mientras la besaba, deshacía los lazos de su vestido. Él mismo sintió el estremecimiento que recorrió el cuerpo de su esposa cuando deslizó la prenda por su figura para desnudarla.

Un juego blanco de lencería y el tenue rubor en sus mejillas era la combinación perfecta. No estudiar hasta el más mínimo detalle de ese cuerpo frente a él, era imposible…

-Te ves mucho más bella sin el-le aseguró con una sonrisa antes de posarse sobre ella otra vez.

No pasó mucho tiempo para que Terry apartara el brassier y el resto de la lencería de su cuerpo. Pero lo que le sorprendió, fue el atrevimiento de ella al ayudarle a deshacerse de su pantalón. En un abrir y cerrar de ojos, los dos estaban desnudos.

Antes de continuar, la miró a los ojos para saber que podía seguir. A pesar del leve temblor que apenas notó en ella, la rubia le sonrió dándole su consentimiento. Casi al instante de entrar en su cuerpo se detuvo…

-¡Candy!-buscó su mirada.

-¡Ahg!...estoy bien, Terry-habló con un hilo de voz aferrándose con fuerza a su cuello.

De modo que aquel temblor antes de unirse, había sido por ello. Tarde supo el castaño que la mujer con la que se había casado era virgen.

-Candy, ¿por qué? ¿Por qué no me lo dijiste?-la abrazó tratando de aliviar su escozor.

-No quería que pensaras que yo era una inexperta…-cerró con fuerza los ojos reprimiendo el dolor-…no quería que tuvieras que reprimirte por una niñita cobarde.

-Candy…

Todo lo había hecho por él. Era obvio que teniendo siete años más que ella tuviera más experiencia en el arte del amor. Pero de ahí a que la rubia se sacrificara a si misma para complacerle, para demostrarle que estaba a su nivel…

-No sabía que dolería tanto…-susurró ella exhalando lentamente.

-Debiste decírmelo, Candy. Yo…no tenía ni la menor idea de que…

-Ningún otro hombre me ha tocado, hasta ahora…sólo tú.

-Habría sido muy diferente, de haber sabido que lo eras, Candy-levantó si mentón para mirarla a los ojos-. Habría tenido más cuidado.

-Ya no importa, Terry…-dijo ella recostando su cabeza sobre la almohada.

Imposible no besarla cuando le estaba haciendo una invitación tan directa. Besó sus labios con suavidad, buscando redimir su acción anterior. Pero el beso sólo le recordó lo que hasta hacía un momento estaban haciendo, reactivando todos sus sentidos.

La excitación fue el detonante que lo hizo retomar su postura anterior, y así comenzó a moverse sobre ella. Más un callado gemido lo obligó a detenerse. Candy volvía a sentir la misma molestia.

-¿Estas bien?-preguntó en medio de la agitación.

-Sí…no te detengas por mí, Terry…-le pidió ella con una sonrisa antes de aferrarse a sus hombros.

Hubiera deseado detenerse, esperar a que pasara su dolor, pero ni el mismo pudo contener la efervescencia que lo recorrió. A pesar de los callados gemidos que ella trataba de reprimir, Terry continuó esos movimientos hasta el final. Una fuerte sacudida le indicó que habían llegado al orgasmo, y entonces el dolor de Candy desapareció por completo.

Habían llegado juntos a un paraíso, y lo visitarían con frecuencia de ahí en adelante.

&-FIN DEL FLASH BACK-&

Desde esa noche, Candy se convirtió en su perfecta amante, sacrificándolo todo y entregándose por completo para complacerle. No podía recordar a una mujer que lo hubiera dado todo por él.

Después de un largo silencio, Terry encontró las palabras adecuadas.

-No fue muy diferente a lo que acabamos de hacer. Te entregaste por completo a mí esa noche.

-Lástima que no pueda recordarlo. Siempre pensé en cómo sería mi primera vez.

-¿Qué habías pensado de ello?

-Que sería maravilloso entregarme al hombre que amara…y que me amara a mí.

-¿Y ahora, qué piensas?

-Que no me importa nada, más que estar contigo-sentenció antes de aferrarse a su pecho y cobijarse entre sus brazos.

Le dio un tibio beso en la frente antes de entregarse ambos al sueño profundo.

& & &

Los cálidos rayos de la mañana se escabullían entre el cortinaje del gran ventanal de la habitación. El trinar de las aves sacó al castaño de sus sueños. La imagen de su esposa entre sus brazos se le hizo agradable. Habían estado juntos, como un hombre y una mujer.

Se movió con cuidado para no despertarla y así poder estudiar su cuerpo con detenimiento. Un minuto después ya estaba sediento de ella otra vez. Besó sus labios apenas tocándolos, descendiendo por su mentón, su cuello, y su pecho. La sensación placentera despertó a la rubia.

-Terry… ¿qué haces?-lo empujó suavemente con pudor.

-¿No me dejarás besarte?-la miró con seducción, de una forma insinuante.

-Sí, pero... ¿así?... ¿ahora?...

-No hay un mejor momento para ello-sentenció antes de apartar sus brazos para descubrir sus pechos.

Las manos y la boca de Terry sobre sus senos, sus pezones, la estaba llevando a la locura.

-Terry...basta…no sigas…-gemía ella retorciéndose bajo su cuerpo.

Sabía que era difícil para ella lidiar con esas nuevas sensaciones, pero no por eso pensaba detenerse. No cuando ella misma disfrutaba de sus besos y caricias, aunque dijera lo contrario.

Candy comprendió que él no dejaría de besarla, pero aunque se dejó invadir por esa nueva ola de placer, no dejó de pedirle que se detuviera, más por pudor que por cualquier otra cosa.

Aún así, Terry no se detuvo, y por el contrario se vio seducido por esa inocencia de ella, incitado a derrumbar esa pizca de barrera que ella se esforzaba por mantener. No quería separarse de ella, no quería pensar en nada más. Candy volvía a ser suya como siempre había sido. Pero...

El timbre del teléfono comenzaba a hacerse familiar en momentos como ese. Se separaron con reticencia, tratando de controlar esa pasión consumante.

-Grandchester-habló él apenas moviéndose para alcanzar el teléfono, sin ánimos de alejarse mucho de su esposa.

-No puedo creer lo que has hecho, Terry. Me has quitado gran autoridad en la oficina. Y todo lo has hecho por la mujercita esa-la voz alterada de Susana llegó también a los oídos de Candy-. ¿Acaso yo no te doy todo lo que quieres, lo que ella no te da? ¿Cómo puedes hacerme esto, Terry?

La rabia se pintó en el rostro de Candy, quien no dudó en cubrirse con las sábanas con la intención de alejarse de él, dejarlo solo con el teléfono. Pero la mano de Terry reaccionó más rápido, y previendo su rechazo sujetó sus manos, manteniendo su cuerpo cerca del suyo.

Ella tenía que escucharlo, tenía que entender de una vez por todas que esa mujer no significaba nada para él.

-Escucha bien, Susana. Desde que tengo memoria, la familia Marlowe nunca me había dado problemas hasta que tú llegaste. Tu padre fue un hombre responsable y trabajador a quien siempre vi como un buen amigo. Ha sido por él que he tolerado tus caprichos desde que llegaste a mi compañía, pero ahora...has ido más allá del límite. Arthur me pidió que cuidara de ti, que nunca te faltara nada, y eso he hecho hasta ahora. Pero ya que has demostrado tener inteligencia y valor para darme problemas con mi esposa, creo que eres merecedora de un voto de confianza, en cuanto a cuidar de ti misma se trate.

-¿Qué estas queriendo decirme, Terry?

-Quiero decir, que estás fuera de la empresa. Ya no serás más mi socia, Susana.

-¡¿Qué?! ¡No, no, tú no puedes hacerme eso!-gritó encolerizada.

-Claro que puedo. Yo soy el presidente de esta compañía, y yo decido quien se queda y quien no.

-Mi padre tenía antigüedad, y por lo que sé, soy la segunda persona con más acciones allí-siseó segura y creída.

-Tal vez, pero todos los miembros del comité me apoyan, y como ya sabrás, la mayoría hace la diferencia-concluyó él con calma. Candy lo miraba incrédula-. Espero que entiendas que no deseo cruzarme contigo otra vez. Por lo tanto, tienes toda la mañana y el resto del día de hoy para buscar tus cosas y marcharte.

-¡¡No puedes hacer eso, tu compañía también me pertenece!!

-Y es por eso que hemos decidido darte una gran suma para recuperarla.

-¡¡Nunca te venderé mis acciones!!

-Tendrás que hacerlo, querida, o de lo contrario puedo demandarte-continuó él sin exaltarse-. El comité y yo podemos demandarte por mal uso y malversación de los fondos de la compañía, esos que casi acabaste con la excusa de "financiar" tus extraños proyectos.

-Todo esto... ¡lo haces por ella, ¿verdad?!

-No te metas en lo que no te incumbe-le advirtió.

-¡¡Todo lo haces por ella, ¿verdad?! ¡Esa rubia estúpida, recatada! ¡Ella es la que te ha dado problemas, de ella deberías librarte! No es más que una desvergonzada...

-¡¡No te permito que insultes a mi mujer, Susana!! ¡Ella es todo lo que tú nunca podrás ser!

-¡Vas a arrepentirte por hacerme esto!

-Créeme, Susana querida, la que se va a arrepentir por intentar destruir mi matrimonio, eres tú-y sin más colgó el teléfono.

Un incómodo silencio se adueñó de la habitación. Candy estaba estupefacta. Nunca pensó que Terry reaccionaría así ante lo que dijera esa mujer.

-Terry... ¿por qué hiciste eso?

-Porque quería que lo supieras, Candy, que supieras la verdad. Desde que ella llegó a la compañía no ha hecho más que hostigarme. Siempre estaba ocupado, así que sólo me dediqué a ignorarla. Aunque en el fondo, siempre imaginé que esto terminaría sucediendo.

-¿Me ocultaste la verdad pensando que sería lo mejor?

-Tú siempre estabas ocupada con tus obras de caridad, y lo último que quería era darte una preocupación. No quería que vieras fantasmas donde no los había, por eso no te lo conté.

-Pero siguen habiendo fantasmas entre nosotros-le recordó ella-. Los habrá hasta que confíes en mí.

-Candy...yo...

-Comencemos de nuevo, Terry, por favor-lo interrumpió ella con ansiedad-. Olvidemos este incidente, al menos hasta que surja algo más. No puedes seguir viendo fantasmas donde no sabes si realmente los hubo.

La teoría de la rubia tenía algo de lógica. A pesar de sus dudas, Terry no podía saber a ciencia cierta si su esposa había tenido amoríos con otro, aunque varias de las evidencias apoyaran esa teoría, todo podía ser meramente circunstancial.

-Dame una oportunidad, Terry. Sé que tienes dudas sobre mí, pero te pido que me des un voto de confianza-los ojos de la rubia se veían tan transparentes, tan sinceros...

-¿Crees que olvidar el pasado nos ayudaría en algo?

-No vamos a olvidar el pasado. Sólo vamos a obviarlo...hasta que pueda poner todo en orden y descubrir quien fui realmente.

La propuesta de Candy era muy convincente. Ninguno de los dos tenía la verdad en sus manos realmente. Y si a eso le sumaba que él también deseaba caminar a su lado esa nueva senda...era una propuesta imposible de rechazar.

-De acuerdo, Candy. Obviaremos todo. Y pase lo que pase, seguiremos juntos. Sólo tú y yo-decidió él sonriendo ligeramente.

-Terry...

Se arrojó a sus brazos, y él la recibió gustoso, demostrándole con un beso la realidad de sus palabras.

Notas finales:

¡Hola de nuevo, chicas! ¿A qué esto no se lo esperaban?, jajaja, les dije que la relación de Terry y Candy cambiaba completamente. ¿Qué les pareció la 1ra entrega de estos dos? A poco Candy se ha estado sacrificando desde el principio, no más lean lo que es callarse que era virgen por él; y a Terry pues le falta conocer a su esposa, aunque no lo quiera admitir.

Todas dieron en el blanco con Susana, y para premiarlas decidí aclarar su papel real en esta historia. Como vemos, ya sólo le queda a Terruce resolver quien es Albert, y a Candy convencerlo de vivir un presente y no de un pasado.

Hildy no te había leido antes, me alegra saber que te puedo ayudar de alguna forma con tus problemas, gracias por tus palabras; Lady, Lorena, Mony gzz y Nat, me inspiran mucho sus comentarios, trataré de mantenerlas animadas.

Avances del próximo Cap:

Candy por fin puede presentarse en la exposición de pinturas. Terry nota algo entre Anthony y su esposa que le desagrada y le hace dudar otra vez. Tras la conmoción de esa noche, el Sr. Grandchester sufre un… ¿accidente? :-O

Ahora si, me despido esperando haberlas deleitado y dejado con un buen sabor en los labios. ¡Bye!