ME ENCONTRÉ UN BAR


- ¿Porque lloras? –la infantil voz de un niño resonó en los oídos del pequeño rubio abrazado a sí mismo, con gesto adusto miro a su interrogador y rudamente con el dorso de su mano, limpio sus húmedas mejillas –¿también te pegó Jabu? –volvió a cuestionar curioso el niño peliverde sentándose a su lado sobre la fresca hierba a la sombra de los árboles en un día caluroso. Shun se tendió por completo en el pasto con los ojos cerrados.

- ¿Qué hacer tú aquí? –preguntó Hyoga sin recibir respuesta Shun se levantó y tendió la mano a Hyoga, esté lo miro extrañado y la acepto. Sin soltar la mano de Shun fue conducido a través de un estrecho sendero dentro del bosque, durante todo el camino el peliverde no dijo nada haciendo sentir incomodo a Hyoga aunque no lograba descifrar si era eso o que no lo soltará en ningún momento, el rubio había visto incontables veces que Shun tomaba la mano de su hermano mayor, lo cual le había valido la burlas del resto de los niños.

- Llegamos –señaló con la mano libre un cobertizo casi oculto entre la maleza.

- ¿Qué esto es?.

- Donde nos traen cuando nos portamos mal –murmuró con tristeza –no me gusta este lugar –su voz se quebró y derramó algunas lágrimas –quiero regresar a donde vivíamos.

- ¿Con tus padres, los extrañas? –preguntó Hyoga en un intento de distraerlo.

- No –dijo resuelto. Hyoga lo miró con rencor; él no podía dejar de pensar ni un momento en su madre recién fallecida y este pequeño no había dudado al contestar –no sé cómo eran, el único que ha estado conmigo es mi onii-san, él a veces me cuenta como era mamá dice que era muy hermosa y yo le creo –dijo orgulloso con sus mejillas húmedas sin soltar la mano de Hyoga.

- ¿Dónde él está? –interrogó curioso.

- El otro día, Jabú me quitó mi arroz, le dije a mi onii-san que no me importaba pero él le pego y Tatsumi lo trajo aquí diciendo que eso no se hacía, pero cuando la nieta de Kido-san lo hace, no hace nada –se quejó haciendo un puchero.

- Si el calvo te encuentra golpear a ti, si no estar en entrenamiento –previnó el pequeño ruso. Shun soltó su mano y se aproximó a un arbusto cercano, escondido, tenía un tazón lleno de arroz con un par de croquetas de cangrejo y un pan un poco duro envuelto en una servilleta.

- Pero tiene hambre, no nos dan nada cuando nos traen aquí –el pequeño estómago de Shun gruño, haciendo que se sonrojara levemente, sin prestar atención al reclamo de su cuerpo –no le digas –suplicó –cuando estaba por subirme por esa ventana oí a alguien.

- ¿Shun con quien estás hablando? Ya te he dicho que no vengas, si ese te encuentra te volverá a encerrar –preguntó desde dentro del ático Ikki.

- Es Hyoga –gritó.

- Aléjate de él, seguramente también te hará llorar.

- Onii-san no es como los demás, él es mi amigo –Shun sonrió tan sinceramente que Hyoga le correspondió con una leve sonrisa.

Ikki suspiró, era incapaz de entender porque su pequeño hermano llamaba amigo a toda persona con la que platicaba más de dos minutos. Subido en un mueble del otro lado de la fría pared, acepto gustoso la fría comida tomó levemente la suave mano del pequeño, filtrada por la sucia ventana, y le dedicó una mirada tierna a su querido hermano, seguida de una sonrisa.

- Ve con el extranjero –ordenó tiernamente.

- ¡No es extranjero! –defendió mostrando un dejo de molestia –es Hyoga.

- De acuerdo –Ikki entornó los ojos, de sobra sabía que no debía discutir con su hermano si deseaba que hiciera algo –ve con él y prométeme que te mantendrás alejado de los problemas.

- De acuerdo, debo irme, estaré bien –dijo bajando de las cajas, ayudado del rubio, que le permitían alcanzar la ventana empotrada en la pared a gran altura. Los niños caminaron hacia la casa, lejanos se oían las exclamaciones provocados por el arduo entrenamiento, repentinamente Shun se detuvó y soltó la mano de Hyoga.

- ¿Qué pasa? –cuestionó el ruso.

- Ya empezaron, te castigaran por culpa mía, lo siento –murmuró tristemente, sus ojos comenzaron a humedecerse nuevamente.

- No, no, es culpa de mí también, yo, tampoco quiero estar aquí, hoy es, era el cumpleaños de mi madre, ella murió hace poco –Hyoga por primera vez experimento el preciso don que poseía Shun, el de saber dar consuelo a los que lo necesitaban, se dejó conducir por un abrazo que deseo egoístamente con su destrozado corazón, que Ikki jamás saliera de aquel viejo ático –¿y ahora que hacemos? –preguntó Hyoga sentado en la hierba luego que habían visto como se metía el sol.

- Esperar, sí, esperar –continuó cuando Hyoga lo vio con incredulidad –si esperamos, lo suficiente pasará la cena y podremos entrar en la cocina sin que nadie se dé cuenta, cenar e ir a la cama, todo es cuestión de esperar…

- Contigo todo es esperar, Shun –reclamó empapado Hyoga –a veces no sé cómo te soporta.

- Deberías aprender un poco Hyoga, no creo que sean solo rumores lo que se dice últimamente y hazme un favor, ¡cúbrete! –Shun le aventó una toalla a su amigo que acababa de salir de la ducha del vestidor de hombres de la universidad.

- El cuerpo humano es hermoso, no tengo nada de qué avergonzarme –exclamó orgulloso.

- Supongo, pero esos chupetones, dan pena ajena –rió Shun –pareces ganado marcado.

- Mi querido amigo, no puedo hacer nada las mujeres me aman, ¿Quién soy yo para negarme? –dijo el rubio con la toalla atada a la cintura que se había sentado al lado de Shun que terminaba de vestirse.

- Eres odioso –bromeó –no entiendo cómo te soportan.

- ¿Y bien, cómo fue? –dijo por lo bajo.

- ¿A qué te refieres? –intentó esquivar la pregunta, poniéndose en pie.

- Vamos, Shun solo dame algunos detalles.

- Este… Hyoga, no sé de qué hablas –Shun seguía haciéndose el desentendido, mientras arreglaba su cabello esmeralda frente al espejo que pendía de su locker.

- Lo quieres con todas las letras –entornó sus ojos molesto –ya están saliendo en serio, ¿no?

- Hyoga...–una sonrisa asomó en el rostro de Shun –algo así.

- Lo sabía, se te acabo la libertad, una mujer enamorada es común un hombre enamorado es inaguantable, ahora solo me queda salir con Seiya –dijo dramáticamente –un minuto de silencio, por mi compañero caído, pero dime, ¿Qué tal?.

- Hyoga ya te he dicho que no te diré nada, sería una falta de respeto –amenazó con el cepillo que momentos antes se deslizaba por su sedosa cabellera.

- Es un hecho, te has enamorado, antes no tenías reparo en contarme los tórridos detalles –mencionó con picardía –vamos solo un pequeño detalle, ¿tu cama?, ¿un hotel?, ¿el rincón tras la biblioteca?.

- Hyoga –reprendió –mi casa, es todo lo que diré, aparte que su padre casi me mata por llegar tan tarde, de hecho era muy temprano –dijo pensativo mientras se daba unos ligeros golpes en la barbilla con el cepillo.

- No creo que te hubiera importado gran cosa –dijo con picardía –además, tendría que pensárselo muy bien si decidía ponerte un dedo encima, solo imagina –ensoñador Hyoga recordó un par de veces en que los padres de las chicas con que salía, le habían reñido que trajera tan tarde a sus hijas, aunque se deshacía en excusas y explicaciones se sentía muy seguro que nunca se vería en problemas graves –primero tú y luego Ikki, si llega a enterarse. Sería tan divertido lo sorprendido que quedaría ese tal coronel, debe andarse con cuidado…

- Disculpe no vaya a pisar las rosas, pero…no puedo creerlo ¿Hyoga eres tú? –preguntó una mujer madura.

- ¡Eh!, si –nervioso Hyoga respondió, mirando hacia ambos lados de la calle, donde había estado dando vueltas indeciso frente a una casa hacía ya algunos minutos –soy yo.

- Que alegría volver a verte –la robusta mujer de cabellera rubia y rizada lo abrazo efusivamente –pasa, pasa cariño, así me puedes contar que has hecho todo este tiempo –la mujer le hizo un ademán con la mano señalando su casa mientras sostenía por la espalda al rubio, obligándole a avanzar.

- Eh…Tsukishiro-san, tengo un compromiso, no puedo quedarme mucho tiempo –el rubio intentaba zafarse amablemente del agarre, mas sin embargo ya había atravesado el jardín y estaban en el umbral de la puerta –otro día puedo venir, en verdad, hoy es un día complicado.

- Entiendo –la mujer sonrió amargamente y lo miro con tristeza –no tienes que preocuparte por nada, no vive aquí, ¿sabes?.

- Si lo imagine –dijo por lo bajo –lo mejor será irme.

- ¿La has visto? –interrogo sorprendida la mujer.

- No, no la he visto –sonrió tristemente el ruso –si llega a verla, no le diga que estuve aquí es lo mejor, gracias.

- Pero Hyoga…–la mujer no pudo completar la frase puesto que el rubio había empezado a andar lo más rápido que le permitían sus piernas –pobre chico, tiene un buen corazón –dijo la mujer apretando con furia sus labios.

- ¡Ah, así que aquí has estado! –se refirió Ikki a Hyoga que estaba dormido sobre la barra del salón al cual acababa de ingresar – ¿Cuánto has bebido? –agitó la botella casi vacía de vodka que tenía en frente.

- ¿Te importa? –con voz somnolienta y ebria respondió.

- ¿La verdad? –señaló sarcástico, mientras sacaba un vaso de la doselada cantina junto con un fino whisky –me importa más que hagas otra escena, arruinaras la boda ruso –dijo mientras servía el licor en el vaso.

- No soy tan idiota –murmuró con enojo, Ikki enarcó una ceja incrédulo y en un intento de desviar la atención de él, continóo –brindo por el lobo solitario, resentido con el mundo y enemigo de los Kido. Que está al servicio de la "princesa" –cáusticamente dijo Hyoga tomando de un trago lo que quedaba de la botella, echando en cara la forma en que siempre se expresaba el peliazul de Saori.

- Sigue brindando de esa forma y terminaras con todo el alcohol de Japón –Ikki se sentó frente al rubio decidido a disfrutar su bebida.

- ¡Bah! Como si eso fuera lo que te importara –murmuró –queda el alcohol del mundo, al cual renunciaste por ser un esclavo más, no te preocupes por mi suministro –amenazo.

- Y humillar a tus amigos de paso –retó.

- Ya se todo a que viene –se levantó de su asiento, se tambaleaba un poco pero deseaba terminar con esto –sabes lo que hizo, no esperaras que seamos amigos.

- No espero nada ruso, y a decir verdad no he tomado partido, aunque no lo creas –añadió al ver su reacción, con una mano le ofreció que regresara a su asiento –no seas testarudo, puedo terminar contigo cuando quiera y en ese estado con un solo empujón, sería divertido pero hoy ha sido un día agotador.

- Con todo lo que nos dejó el vejete, podrías dejarlo ¿para qué seguir? –soltó sentándose torpemente.

- Nada más divertido que hacer rabiar a esos idiotas –recordó las diversas mesas directivas formadas por expertos que había doblegado ante su joven voluntad –idiotas como él.

- Me suena a que te estas enfermando de poder, todo aquello que odiabas, señor Oscar de la Renta –apuntó con su mano al fino traje café oscuro de Ikki combinado con una corbata rojo quemado.

- Vestir uno de vez en cuando no te sentaría mal, además si puedo sacar provecho de este retorcido apellido, lo haré –decidido miró los rojizos ojos del rubio.

- Suenas más al Ikki que recuerdo –desganado se recargó sobre su brazo izquierdo –pero dudo que te hayas quedado solo por diversión –su mirada estaba perdida en el jardín evocando la mezcla de sueño y recuerdos que le había provocado el alcohol –aunque sé que nunca lo dirás. ¿Para que esforzarme en preguntarlo? –Ikki lo miró y sin saber por qué, respondió.

- A diferencia de ti, no tenía un lugar a donde regresar, al igual que Shun –recalcó –¿te surgió lo sentimental ruso? No tenías a que volver –torció una sonrisa y suspiró –habemos quienes no recordamos el apellido de nuestras madres, perdí años en una búsqueda inútil –. Ikki apuró el vaso que tenía en las manos –alejando lo único que me quedaba, no lo dije para que me veas con lastima, no la necesito –Hyoga respondió con una sonrisa torcida – ¿y qué vas a hacer?, ¿terminar con el alcohol del mundo, golpear a mi hermano cada vez que tengas una oportunidad sin importarte a quien arrastres?, te conozco ruso eres mejor que esto.

- No sabes nada de mí –añadió con amargura.

- Hyoga –dijó con fastidio –insinúas que no sé cómo terminaban sus sesiones de estudio en tu departamento, que mi hermano no llegara a dormir significaba que otra vez andaban en algún antro o fiesta adicional y no en la biblioteca. Quisieron aprender a fumar; que no les haya parecido tan interesante a decir verdad es una fortuna; a pesar de lo mal que les fue la primera vez que bebieron a la semana siguiente lo hicieron nuevamente, prefieres mis postres a los que hace Shun y puedo seguir el resto de la noche. No puedes luchar con tu pasado, ni estar eternamente enojado, no me cabe duda que antes de provocarlo sentiste ganas de abrazarlo y hablar con él. Pero prevaleció tu odio; lo sé porque yo mismo lo sentí cuando los volví a ver, no eres el único, no te sientas especial o desgraciado, lo que te puede hacer sobresaliente es como salgas de esto y continúes con tu vida, además –agregó –dejá que el dragón se case en paz. Bueno, si aún no se ha acobardado para hacerlo –tras servirse otro trago, salió del salón sin decir nada más.

Hyoga tenía mucho en que pensar, nunca imagino que este chico al cual creía que era un rebelde resentido, fuera el que mejor le comprendiera, el ruso se preguntó si esto era lo que Shun se refería cuando, sonreía y les afirmaba que no existía una mejor persona para ser su hermano, cuando comparaban su dulce carácter con el de Ikki.


hola, muchas gracias a todas las que me dejan reviews y demanditas de actualizacion XD, se que prometi actualizar mas seguido pero tengo tanto trabajo que no tengo ni tiempo de respirar espero que el mes se termine y me pueda relajar, por lo pronto espero lo hayan disfrutado y que no les paresca un cap de relleno pero este par debe sentarse ya a hablar o Shunrei se queda como novia de pueblo, salu2